CRISTOBAL COLON Y PEDRO ALVAREZ DE SOTOMAYOR SON LA MISMA PERSONA

 

Algo que no deja lugar a dudas es que Cristóbal Colón procedía de la nobleza, era natural de los reinos de Castilla,( lo asegura la reina Isabel la Católica, entre otros datos), escribía con giros gallegos, conocía perfectamente las costas de Galicia principalmente las de Pontevedra, tenia tratos con la alta nobleza portuguesa, hay que buscar a algún noble con estas características, un noble súbdito de los reinos de Castilla de origen gallego, que se desenvuelva entre Portugal y el sur de Galicia (Pontevedra), que además era el único lugar del mundo donde existía el apellido Colón.

 

Gracias al trabajo de historiadores e investigadores hoy se sabe que Pedro Álvarez de Sotomayor mejor conocido como Pedro Madruga era Cristóbal Colón, noble en dos regiones Galicia y Portugal, Conde de Camiña (Portugal),  Señor de Sotomayor, Mariscal de Bayona y Vizconde de Tuy (Pontevedra, Galicia).

 

Pedro Álvarez de Sotomayor (Cristóbal Colón), y su hermano João Gonçalves de Sotomayor (Bartolomé Colón), eran hijos bastardos de Fernán Yáñez (Eannes) de Sotomayor, fruto de sus relaciones con Constanza Gonçalvez de Colón, tenían dos medios hermanos uno por parte de su madre, de nombre Diego Colón, y otro por parte de su padre de nombre Alvar Páez de Sotomayor (heredero legitimo de la casa de Sotomayor).

 

Cristóbal Colón tenía conocimientos de latín y de las sagradas escrituras,  por haber sido  seminarista en Santo Domingo de Tuy, entre 1440 y 1446, por deseo de su padre Fernnan Yáñez de Sotomayor, en 1446 cambia los libros por la espada y la navegación.

 

Su hermano Don Alvar Páez de Sotomayor, heredero de la casa de Sotomayor, sin tener descendencia y antes de morir, consiguió de Enrique IV, en 1468, la legitimación en orden de sucesión en los bienes y derechos de la casa Sotomayor a favor de su medio hermano Pedro Álvarez de Sotomayor, a la muerte de Alvar P. Sotomayor en las revueltas Irmandiñas, Pedro toma posesión de la casa Sotomayor, recuperando el patrimonio familiar perdido por la revuelta  y aumentando su señorío, convirtiéndose en uno de los señores feudales con más poder de la época.

 

Durante la guerra de sucesión  entre Isabel de Castilla (la Católica) y Juana de Castilla (la Beltraneja) apoyo la causa de Juana y de Portugal, al ganar la guerra Isabel la Católica, le despoja del señorío de Sotomayor, y Pedro A. de Sotomayor se refugia en Portugal.

 

Cristóbal Colón  aparece cuando desaparece Pedro Álvarez de Sotomayor, en una supuesta y misteriosa muerte que nadie investigo, ni apareció cadáver alguno ni sus hijos y descendientes reclamaron la herencia ni su testamento. Posterior a la fecha atribuida a su muerte se han encontrado varios documentos en donde se confirma que está vivo (pleitos, reclamaciones de deuda, etc.).

 

Por los escritos que dejo Colón se puede ver que los personajes son el mismo, Colón decía que la forma de vivir de sus antepasados fue el de mercaderías por la mar, como  los Colón de Pontevedra, que eran mercaderes, todos relacionados con las actividades marítimas de aquella época, su padre Fernán Yáñez de Sotomayor era un importante armador de Pontevedra, tenía la capitanía de barcos  propios, de mercancías y de “al corso” y están relacionados con los de Colón de Pontevedra.

 

Colón decía que vivió de las armas, Pedro Álvarez de Sotomayor se enrolo como mercenario, adiestrándose en el manejo de las armas.

 

Colón decía que estuvo veintitrés años en la mar y Pedro Álvarez de Sotomayor comprueba que estuvo veintitrés años en la mar,  hay constancia que justifican a Pedro A. de Sotomayor sus conocimientos náuticos y su ausencia de 23 años, existen varios documentos y cronistas de la época que lo avalan, entre otros, Vasco De Aponte que nos dice “Pedro Álvarez de Sotomayor llega a Galicia con muchas riquezas por sus correrías marítimas y grandes alianzas portuguesas” o como nos narra L. Ferreiro: “una vez liberado de la tutela de Fray Esteban de Soutelo, en 1446 “cambió los libros por la espada”, y en 1469 regresó a Galicia después de veintitrés años de ausencia”

 

El fraile Diego de Deza estudio junto con Pedro A.de Sotomayor, y fue de los que más ayudo a Colón en su empresa del descubrimiento. El cardenal de Toledo que también lo ayudo era pariente de los  Sotomayor, los amigos de Colón son también los amigos y valedores de Pedro A.de Sotomayor, los enemigos de Colón que siempre lo estuvieron fustigando son curiosamente los enemigos de Pedro A. de Sotomayor.

 

El comportamiento de Pedro Álvarez de Sotomayor a los que sus enemigos lo tenían por cruel, es igual que el comportamiento de Colón pese a lo que muchos creen Colón era cruel y déspota como lo aseguran sus marineros y contemporáneos, que es el clásico comportamiento de un señor feudal de la época.

 

Lucio Marineo Siculo, capellán y confesor de los Reyes Católicos, que conoció en la Corte a Colón, escribe un libro contando todo lo relacionado con la «gesta del descubrimiento» y en un párrafo refiriéndose a Colón, lo nombra como Don Pedro Colón, al igual que el historiador portugués  Gaspar Fructuoso, también contemporáneo a Colón, lo llamaba Pedro Colón, la propia Academia de la Historia, llega a la conclusión de que su nombre de pila completo era Cristóbal Pedro,  como se refleja en la abreviatura del documento de 1496: XPº de Colón. Los primeros nativos americanos que llevo Colón a Europa los bautizo con los nombres de Cristóbal y Pedro.

 

Felipa Muñiz quien tuvo un hijo de Colón, era prima de Teresa de Távora, mujer de Pedro Álvarez de Sotomayor de la que se separo después de exiliarse en Portugal. Colón escribió a los reyes una carta donde dice que dejo tierras, mujer, e hijos al desplazarse a Castilla, pero si lo acompañaba su hijo Diego y su otro hijo Hernando todavía no nacía además que ya no tenía mujer, se refería a la familia que dejo en Galicia.

 

Colón nos dice que tenía otros hijos en una carta que le escribe a su hijo Diego desde Sevilla el 1 de diciembre de 1504, le hace referencia al cuidado de otros diez hermanos «… Diez hermanos no te serían demasiados, nunca yo falle mayor amigo a diestro y siniestro que mis hermanos…». Pedro Álvarez de Sotomayor tuvo con Teresa de Távora, 9 hijos que sumados al que le nació de Beatriz Enríquez, serian los 10 hermanos de Diego.

 

Cristóbal Colón velo por los hijos de Pedro A. de Sotomayor a excepción de Álvaro de Sotomayor, al que Pedro A. de Sotomayor había desheredado.

 

En la corte de Carlos V existe un texto que menciona a Diego Sotomayor el hijo de Pedro A. de Sotomayor, como hijo de Colón.

 

La criptica firma de Colón es el árbol genealógico de Pedro A. de Sotomayor.

 

Pedro Correa de Acuña era cuñado de Pedro Álvarez de Sotomayor y es conocido como cuñado de Colón

 

Colón afirmo que conocía los secretos más celosamente guardados de Portugal, Pedro A. de Sotomayor, era del pequeño grupo de personas que conocía esos secretos.

 

El primer lugar donde fue enterrado Colón pertenece a la familia “de la Cerda” familiares de los Sotomayor, es el mismo lugar donde enterraron a Fernán Yáñez de Sotomayor, padre de Pedro A. de Sotomayor. La segunda sepultura de Colón se hizo en Sevilla en el monasterio de la  Cartuja junto a unos primos de Pedro A. de Sotomayor.

 

Se han realizado serias investigaciones sobre la escritura de Colón, el 14 de octubre del 2009  se dio a conocer un descubrimiento asombroso, gracias al adelanto tecnológico,  la perito calígrafo y grafo psicológico  Teresa Torres Legarreta, realizo un estudio comparativo de la escritura de Cristóbal Colón y Pedro A. de Sotomayor (Pedro Madruga).

 

La perito calígrafo mostró con gráficos y superposiciones de escrituras como las formas de las letras son muy similares en ambos personajes, tantas coincidencias  son una prueba más de que se trata de la misma persona.

 

Las investigaciones de la perito fueron comunicadas a la Universidad de Barcelona para la revisión del estudio y los expertos calígrafos coinciden en que aparecen todas esas similitudes entre las letras y sus formas. Lo que no deja lugar a dudas Pedro A. de Sotomayor y Cristóbal Colón es la misma persona.

 

 

 

Manuel Doval                                 

 

El mito de Cristóbal Colón

La propuesta de Marcelo Gaya plantea muchas cuestiones, todas diferentes entre sí, dejando constancia de un conocimiento muy profundo de la tesis gallega, se atreve a discutir muy acertadamente la disonancia  existente del comportamiento de Colón, posterior y anterior al descubrimiento.

Hace un relato pormenorizado del Colón que todos conocemos, profundizando en sus costumbres, lenguaje, personalidad, comportamientos, aptitudes y actitudes. Cómo, sistemáticamente, oculta su origen, incluso a sus hijos, por mas que se investiga, no hay rastro de la vida anterior al descubrimiento del insigne marino. En esencia es lo que todos conocemos del Almirante, enriquecido con aportaciones y apreciaciones personales del autor.

La vida “anterior” del Almirante que nos han enseñado, hoy, como dice E. Zás, dogma petrificado, es la descripción de un personaje con unas características completamente distintas a las conocidas, tal es así que Marcelo Gaya llega a plantear la posibilidad que los dos personajes existieron realmente pero  independientes, y que el descubridor hubiese tomado, o copiado o usurpado, el nombre del genovés. Cita en su libro el siguiente párrafo “Desgraciadamente, sin hablar de las contradicciones que presentan entre sí tales documentaciones  (Se refiere a los documentos genovistas  )y a pesar de que cada una esté sostenida por numerosas pruebas de su exactitud aparente, todas adolecen del mismo defecto: las consecuencias de las noticias que se dan del Cristóbal Colón antes de 1485 están en desacuerdo con los actos del Cristóbal Colón después de 1845, o sea: la reconstrucción de la vida del descubridor de América antes de que entre en la historia no es compatible con lo que de él se sabe después de esa misma entrada en la Historia. Las piezas del rompecabezas de su existencia no concuerdan”.

Las razones de que el Almirante ocultara su pasado antes de 1485, presuponemos que tienen que ver con la vida de P. Madruga, pero eso lo sabemos en la actualidad, M. Gaya coloca a C. Colón en Tuy,  porque evocando el lenguaje del Almirante, mezcla de castellano, portugués y gallego, le hace pensar que su origen estaba en tierras fronterizas, que    mediante tratados entre reinos rectificaban fronteras.

En la primera lectura del libro,  sorprenden algunas ideas del autor que plasma en forma de preguntas, como quien quiere aclarar determinadas lagunas correspondientes a los misterios que rodean “el mito de Cristóbal Colon”.

Al final de segundo capítulo hace una descripción del Almirante en lo tocante a su aspecto físico y rasgos personales donde establece claramente una sustancial diferencia entre el antes y el después de hacer historia.

“En lo tocante al aspecto moral, su personalidad es indiscutible. Volveremos sobre ciertos rasgos característicos de su mentalidad, además de un afán de lucro que le hacía caer en mezquindades indignas de su posición social, una falta total de generosidad, una egolatría sin límites, una grandilocuencia natural rayando a veces en lo poético, una constancia confundible, casi, con la obstinación, el desagradecimiento mas grande cuando su interés estaba en juego, y una bajeza sin límites cuando podía favorecer ese mismo interés. Añadamos a esto una gran irascibilidad, sobre todo para con sus iguales e inferiores, y un auténtico valor ante los peligros acostumbrados de la vida marítima. En una palabra, el carácter de un hombre llenísimo de ambición, falto de escrúpulos, pero en nada el carácter de un viajante corredor de comercio.»

¡El Cristóbal Colón posterior a 1476 no era, pues, el Cristóbal Colón de antes de 1476!

¡Si señor!

 

El mito de Cristóbal Colón. 1953. Marcelo Gaya y Delrue.

Edito: Capitulo 27 de la propuesta Mallorquina de Colón «El enigma de Colón»

La reseña  a continuación escrita pertenece a una publicación del propio Académico efectuada al publicar su libro.

La impresión que se saca de toda la Colombotecapublicada y sin publicar aún, hasta la fecha, pero que nadie se ha atrevido a formular abiertamente, es que Cristóbal Colón, a partir de 1485, y más aún después de 1492, cuando hubo alcanzado la fama, cuenta acerca de su pasado una fábula aprendida, pero mal aprendida, la historia de otro y que se compone, con la historia de este otro, una personalidad de juventud que no es la suya…

Esta impresión notada al leer las biografías más serias y más modernas del Almirante, así como las de sus contemporáneos, se la comunicaba un día a una de mis alumnas cuya vivísima inteligencia y perspicacia siempre me habían seducido y decíale cómo, cualquiera que fuese la hipótesis admitida, uno siempre daba con unas objeciones de tal peso que, en conciencia, veíase obligado a abandonarla para repetirse un constante, irritante y desesperante «¡¿Qué sé yo?!».

Séame lícito dar aquí públicas gracias a esta alumna, la señora doña Genoveva Dire de Boudoire, no sólo por la valiosísima ayuda que aportó en la labor preparatoria de este trabajo, sino también porque me alentó en los momentos de impaciencia (por no decir peor) provocados por el enigma colombino, cuya clave me dió su genial intuición.

«-¿Qué sé yo? -repetíale, pues, un día de perplejidad mayor que la de otros…

-Pero… ¿Y si hubiera habido sustitución de personalidad? -me preguntó, de repente, mi interlocutora.

-¿Cómo es eso?

-Sí, si el Almirante, por una razón o por otra, ¿hubiese tomado el nombre de «Colón» cuando la desaparición del verdadero «Colón»?… En este caso, las biografías del Colón genovés serían exactas pero no se aplicarían al Almirante puesto que serían dos personas diferentes, lo que explicaría esas dudas y esas contradicciones cuando de su juventud se trata y también el que no haya tenido nunca ninguna relación con su supuesta familia genovesa…».

Esta hipótesis, aunque muy atrevida a priori, fue para mí un rayo de luz en esta enmarañada historia.

 

Marcelo Gaya y Delrue
Zaragoza, 1953

La tesis de Marcelo Gaya y Delrue

Como todo en esta vida, la tesis del Colón Gallego y su vertiente Colón Madruga, tiene precedentes, aunque a veces y por diferentes motivos, unos y otros prefiramos ignorarlos. En 1953, Marcelo Gaya y Delrue formulaba una teoría que refutaba en parte la de García de la Riega. Sólo en parte porque también se apoyaba en ella en aquellos elementos que consideraba válidos. El caso es que este señor nos da las claves precisas para llegar a Pedro Madruga. Analizando la vida conocida de Cristóbal Colón, su lenguaje, la toponimia del descubrimiento, y los apuntes biográficos que el propio descubridor había ido dejando en sus escritos, llega a la siguiente conclusión:

¿Quien era este hombre? Por ahora, todavía no lo sabemos. Por su lenguaje, ya lo vimos, debía ser un galaico-portugués de la región de Tuy. Circunscribiendo aún más el problema y para basarnos en sus porpias afirmaciones, es problable que fuese oriundo de uno de los pueblos que, cuando la rectificación de fonteras, cambió de nacionalidad a consecuencia del Tratado de Trujillo, en 1479, fin de la guerra de sucesión de Castilla, entre este país y Portugal. Que naciese en un lugar anexionado entonces a Castilla, no mentía al decirse «extranjero», puesto que en el momento de su nacimiento, se había cedido a Portugal, tampoco mentía, puesto que, aunque nacido castellano, se había convertido en «extranjero».

 

Si analizamos a la luz de los conocimientos que en 1953 se tenían sobre el asunto el texto de Marcelo Gaya, descubriremos que solamente le faltó poner un nombre al descubridor: Pedro Álvarez de Sotomayor, nuestro Pedro Madruga, conde de Camiña. Pedro Madruga, además de conde de Camiña, fue tituladovizconde de Tuy. Allí se formó como clérigo, llegando a ejercer al menos formalmente como tal. Conquistó la ciudad varias veces, algunas de ellas bajo bandera portuguesa. Era en la práctica el propietario de la frontera entre Galicia y Portugal, pues además de las villas de Tuy y Camiña, llegó a controlar por diferentes períodos, las de Pontevedra, Vigo y Baiona. Nacido en Galicia, educado en Tuy, Señor de Sotomayor (Galicia) vizconde de Tuy (Galicia), conde de Caminha (Portugal), casado con la portuguesa Teresa de Távora, pasó la mayor parte de su vida en Portugal. Por tanto, la descripción que hace Marcelo Gaya es la de Pedro Madruga, aunque no haya acertado a ponerle el nombre, quizás porque ni lo conocía. Y lo hace en 1953, allanando así el camino a quienes vendrían décadas después. Mérito suyo y de nadie más.

Debemos unas cañas y mucho más a Fernando Alonso Conchouso, gran bibliófilo y recopilador de textos, quien nos hace llegar la obra de Marcelo Gaya.

Por Rodrigo Cota González

«Terra Rubra»

Pôr-do-sol no rio Minho

Muito já se escreveu sobre o tema da expressão latina utilizada em determinada altura pelos irmãos Colón: » (…) DE TERRA RUBRA». Italianos, catalães, gregos e portugueses apresentaram já as suas razões, identificando todos eles inconclusivas posições geográficas para berço ou origem do Almirante e seu irmão. Espero contudo não incorrer em nenhuma falha, se disser que na Galiza, ainda se não apresentou qualquer teoria neste particular. Contudo, como a obra é vasta, desde já avanço as minhas humildes desculpas, se acaso tal houver já acontecido e eu o ignore.

Sem entrar em divagações sobre hipotéticos significados implícitos na conjunção de ambos os vocábulos, será concensual dizer que «TERRA» corresponde à definição de um dos quatro elementos, e «RUBRA», melhor dizendo em latim correcto «RUBERA», não é mais do que a cor vermelha muito intensa, também chamada «vermelhão». Até aqui nada de novo.

Acontece que em tempos muito remotos, certo rio da Península Ibérica era afamado e muito cobiçado por dele se extrair ouro, metal que faz rodar o mundo desde que há memória… E o seu leito cedo foi sujeito às devastadoras demandas eldoradas, resultando da sua exploração um lodo ocre-avermelhado, semelhante aos que se podem encontrar nas minas de ouro ou prata. Infelizmente, ou não, já na Idade Média se acabara há muito tal receita, ficando aos povos apenas sumida memória dos factos, parcamente documentada por esparsos testemunhos que, francamente, até o tempo consumiu.

Porém, algo subsistiu para nos fazer pensar: o nome que designava essa torrente de água. Uma designação que evocava a cor que então o rio parecia levar,  que às populações dos alvores do segundo milénio já não era dado observar, e que nos dias correntes, ante a evidência das suas águas da cor de qualquer rio, nos suscita descrença. Um caudal de água cristalina, a que chamavam «Vermelhão» pela cor das terras que cubria.

Podia ter-se chamado «Rubro», se acaso as águas o fossem. Mas assim não era. «Rubra» era a terra que lhe dava leito, e o rubor apenas transparecia nas águas; não era parte delas. Por isso o achavam de vermelhão pintado mas nunca tingido: «minio» como então se dizia; «Minho» como hoje se lhe chama. A fronteira natural entre Portugal e a Galiza. Por isto, «Terra Rubra» também é «Aqua Minio».

E nunca é tarde para lembrar Marcelo Gaya y Delrue que em 1953, muito longe ainda da tese de Philippot, escrutinava deste modo a origem de Colón: «(…) debía ser un galaico-portugués de la región de Tui (…) de uno de los pueblos que (…) cambió de nacionalidad (…) en 1479, en fin de la guerra de sucesión de Castilla». O retrato de Pedro Madruga… de «Terra Rubra»!

Baracoa: Portosanto de Colón

Se para o Almirante, a baía de Acul era tecnicamente o melhor porto do mundo[1] e por isso a baptizou com o nome do mar frente ao “seu” porto de Cambados, na ria de Arousa (Pontevedra), natural se torna perguntar, qual foi a terra que mais o encantou sobre as demais, e que nome lhe terá então dado?

Comparação entre o recorte costeiro das baías de Miel e Baracoa (Cuba), e Portosanto de Poio (Pontevedra)
Fonte: Google Earth

A baía de Baracoa (Cuba) é a resposta, e “Puerto Santo” a chave toponímica em causa.

Descobriu o local a 27 de Novembro, cerca de três semanas antes de fundear no tal porto que comparou a Cambados e chamou “Mar de Santo Tomé”. Era uma baía larga (Baía de Miel) que apresentava a Oeste uma outra mais pequena em concha, com características de porto (Baía de Baracoa). Deslumbrado, não regateou adjectivos para qualificar a terra que via, mas o primeiro escolhido, prova como a considerou desde logo, única: “Un singularíssimo puerto”.[2]

Bartolomeu de Las Casas afirma mesmo que o Almirante “dice maravillas de la lindeza de la tierra y de los arboles”, acabando por concluir, encantado, que “era la más hermosa cosa del mundo”. Logo chamou ao lugar “Puerto Santo”.[3]

Mas como parte dessa beleza lhe vinha das muitas ribeiras que desciam as suaves vertentes das suas encostas, autores há que afirmam que na ilha portuguesa de Porto Santo se inspirou Colón, para lhe atribuir o nome. Óbvia confusão com a hidrografia da paradisíaca ilha da Madeira, ali bem perto e contudo tão diferente da “ilha dourada”, nome porque também se conhece a ilha de Porto Santo, devido à cor do seu solo arenoso e da sua vegetação. Para além do mais não tem ribeiras, ao contrário da ilha vizinha. Não possui sequer cursos de água permanentes, e a pluviosidade é baixíssima. Nada mais distinto da baía de Baracoa de que vimos falando, onde os navios do Almirante foram obrigados a permanecer seis dias, por causa do vento e da muita chuva!

Não sendo pois crível que o modelo geográfico servisse de termo comparativo para o caso português, necessário se torna reverter para o modelo sugerido já em 1898 por Celso García de La Riega, na conferência que pronunciou na Sociedad Geográfica de Madrid, apresentando ao mundo a teoria de ser Cristobal Colón galego, oriundo de Pontevedra: a “pequeña ensenada de Portosanto, lugar de marineros, en la parroquia de San Salvador (Poio).[4]

Segundo opinião expressa por Alfonso Philippot Abeledo, a “semejanza de éste lugar com la Bahía de Miel, en Baracoa, quedó plenamente demonstrada a través de las oportunas filmaciones del matrimonio Mansfield, hechas a princípios de siglo (XX).[5] Aqui fica também outra achega a essa afirmação, através da comparação por imagens de satélite, das linhas de costa mencionadas. Tal como no caso de Acul / Cambados, a semelhança também aqui é gritante, permitindo que desse modo se possa levantar a fundamentada suspeição, de que o Almirante conhecia ao pormenor este ponto crítico da ria de Pontevedra que nela marca a desembocadura do rio Lerez.

Sendo esse conhecimento uma realidade, e repetindo o Almirante maravilhas de muitos dos locais descobertos, só uma grande empatia da sua parte poderia justificar que de entre todos, o único que lhe lembrava o “Portosanto” de Poio – onde provavelmente nasceu -, fosse “la más hermosa cosa del mundo”!

Quase como se Cristobal Colón nos tivesse deixado, deste velado modo, duas das suas mais notáveis impressões de foro íntimo:

PORTOSANTO – A MAIS FORMOSA TERRA DO MUNDO

CAMBADOS – O MELHOR PORTO DO MUNDO


[1] Navarrete, M. F. (1858). Coleccion de los viajes y descubrimentos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV (2ª ed., Vol. I). Madrid, España: Imprenta Nacional, pp. 248-253

[2] Ibidem, pp. 220

[3] Ibidem, pp. 224

[4] García de La Riega, C. (1899). Cristobal Colón. Español? Conferencia en sesión pública celebrada por la Sociedad Geográfica de Madrid. Madrid, España: Establecimiento Tipográfico de Fortanet, pp. 37

[5] Philippot Abeledo, A. (1994). La Identidad de Cristobal Colon (5ª ed.). (A. P. Abeledo, Ed.) Vigo, Galicia, pp. 146

EL PROYECTO DE COLÓN

Las relaciones en 1485 entre España y Portugal eran tensas, llenas de amenazas y agravios por parte de las dos cortes, el rey portugués  descubre una conjura por parte de los nobles para darle muerte, encabezada por el duque de Braganza  y el duque de Viseu junto con todos los Braganza, estos eran parte de la familia materna de la reina Isabel de castilla, conjura que termina con la muerte de Diego, duque de Viseu, asesinado de una puñalada por el propio rey Juan II de Portugal el 22 de agosto 1483, después de este suceso y descubierta la conjura contra el rey portugués los Braganza huyen de Portugal en busca de refugio y amparo de la reina  Isabel, con lo que el rey portugués acusa a la soberana de Castilla de fomentar conspiraciones contra él y amenaza hacer salir a la “excelente señora” doña Juana “la Beltraneja” del enclaustramiento en que debía estar reducida conforme al convenio de Alcazobas.  Para la reina Isabel aquella amenaza era la más perturbadora que se le podía hacer por la consecuencia que traía consigo, se tuvo que hacer un gran esfuerzo de la diplomacia para mantener los términos de la “hermandad”.

Portugal, en ese entonces era la mayor potencia naval conocida, y tanto las rutas nuevas como otros asuntos relacionados con la navegación pertenecían al acuerdo de “sigilo y secreto” portugués, al que contadas personas tenían acceso. Pedro Álvarez de Sotomayor, Conde de Camiña, por supuesto que estaba incluido en esas selectas personas, Colón dijo que él había estado presente cuando Juan II recibió, en dos ocasiones, información secreta de asuntos navales, dos notas escritas de su puño y letra:

         “El Rey de Portugal envió a Guinea en el año del Señor de 1485 al maestro José su físico y astrólogo, para reconocer la altura del sol en toda Guinea. Este cumplió con todo y dio cuenta al dicho serenísimo rey, cuando yo me encontraba presente, en este año de 1488, en el mes de Diciembre, atracó en Lisboa Bartolomé Díaz, capitán de tres carabelas, que había enviado el serenísimo rey de Portugal a Guinea… Y dio cuenta al serenísimo rey como navegó más allá de lo ya navegado 600 leguas…El viaje lo dibujó y lo escribió legua a legua con una carta de marear, para presentarlo ante los ojos del serenísimo rey. En todo estuve presente.”

Pedro A. de Sotomayor (Pedro Madruga) al ver que las gestiones en su favor ante los Reyes Católicos no daban resultados, y los parientes que tenía en la corte no pudieron hacer que le restituyeran sus dominios ni sus fortalezas, decide trasladarse en 1486 a Salamanca, con el objeto de pedir perdón a los Reyes Católicos y exigir la devolución de sus bienes.

Esto fue muy oportuno para los Reyes Católicos, se oponen a restituirle su señorío pero pueden utilizar a Pedro A. de Sotomayor para conocer los secretos de navegación portuguesa, a cambio de nuevos títulos y bienes, el de Sotomayor,  les presenta el proyecto de una nueva ruta hacia las indias, ya que Portugal les está llevando la delantera, ya habían llegado al cabo de Buena Esperanza, los monarcas acceden exigiéndole un cambio de identidad, de ahora en adelante será conocido por su nombre materno Cristóbal Colón, tanto los reyes como otras personas eran consientes de esta doble identidad, convirtiéndolo en secreto de estado, el secretismo que le impusieron a Colón esta en correlación al secretismo de los Reyes en su política internacional.

Portugal había realizado en 1486 una expedición comandada por Fernáo Dulmo y Alfonso de Estreito en busca de las «Siete Ciudades» (tierras pobladas)  se trataba de una acometida perfectamente relacionable con la de Cristóbal Colón.

La fecha en la que se sabe que estaba Pedro A. de Sotomayor en Alcalá de Henares, 20 de Enero de 1486, bajo la protección del Duque de Alba, es  exactamente la misma fecha  en que aparece Colón por primera vez y desaparece Pedro A. de Sotomayor (Pedro Madruga), fue cuando aparece Colón en la historia, nada anterior a esta fecha hace referencia a Colón, los datos que se cuentan de Colón anterior a esta fecha fueron escritos después de 1486.

El viaje descubridor iba mucho más lejos que el coste económico, si se encontraba algo, habría de ser mantenido con las armas frente a Juan II, ese era el verdadero coste del proyecto, para los monarcas la autorización del proyecto en 1486 era un imposible, tendrían que mantener la guerra de conquista granadina y el conflicto permanente con el rey de Francia, o con la regente, que prometió que no se daría solución mientras no hubiera devolución del Rosellón y la Cerdaña, se abriría un enfrentamiento bélico con Portugal, era impensable pelear tres guerras al mismo tiempo.

Los reyes católicos nombraron una junta de cosmógrafos presidida por Hernando de Talavera, para el estudio del proyecto que presento Colón, esta junta dictaría sentencia negativa contra el proyecto, que además tenían razón, los cálculos de Colón estaban equivocados.

La junta no solo estaba compuesta por cosmógrafos, sino además por altos diplomáticos jurídico-políticos como el presidente, fray Hernando de Talavera que fue el que llevo a cabo las negociaciones  de paz con Portugal en el tratado de Alcazobas, lo que demuestra los tintes políticos que se analizaron.

El verdadero obstáculo para la realización del proyecto no fue de orden científico pues este no fue tomado en cuenta, tampoco de orden económico pues no represento grandes inversiones, solo queda la dificultad política que se resume a las relaciones con Portugal.

Los Reyes Católicos no toman en cuenta el resultado desfavorable de la junta al proyecto de Colón, todo lo contrario le proporcionan ayudas económicas, tuvo el favor real desde 1486 a 1489 y de 1490 a 1491, al parecer los católicos relajan el favor real cuando se a crecentan las relaciones entre la corona portuguesa y la de castilla, los tratos de Colón con los Reyes Católicos se constituían desde su comienzo en problemas de orden de estado, vinculado principalmente con Portugal.

Los Reyes Católicos buscando un enlace matrimonial que los beneficiara políticamente  y en vista que el heredero al trono portugués todavía no había cumplido los quince años, deciden enviar a Nápoles al comendador Jerónimo González en febrero de 1487 a negociar con el rey Ferrante el matrimonio de su hija con el heredero del duque de Calabria, negociación que no fructifico, además al no tener las prometidas entregas territoriales por parte del Sultán de Granada conocido como el Zagal, tuvieron que emprender una gran campaña para conquistar los territorios en manos de musulmanes, lo que menos necesitaban era otro conflicto especialmente la reina Isabel, como el que representaría que el rey portugués sacara de su enclaustramiento a la “excelente señora” Juana la Beltraneja, la solución fue el envío de Sancho Machuca a Portugal en mayo de 1488 a fin de refrescar la memoria del rey portugués  sobre el tratado de Alcazobas  en el que estipula el posible enlace matrimonial del príncipe Alfonso con la hija de los Reyes Católicos, para la solidez de unas relaciones fraternas.

Aquella gestión fue bien recibida por el rey portugués, a la vez que el príncipe Alfonso se acercara a cumplir los quince años, la reina Isabel no pondría ningún obstáculo para la realización del matrimonio.

Colón y su proyecto se convirtieron en un instrumento secundario, al que no se le daría uso inmediato, Colón no se quedo de brazos cruzados ante los acontecimientos, empezó a buscar otras alternativas, envía a su hermano Bartolomé Colón a Londres, para ofrecer su proyecto al Rey Enrique VII, en febrero de1488 Bartolomé se encuentra en la corte inglesa ofreciendo un mapa de la ruta a las indias, mientras el propio Cristóbal Colón a principios de 1488 escribe desde Sevilla al rey portugués y prepara un viaje a Portugal como sabemos por la notoria contestación con la que respondió el propio rey portugués desde Avis, el 20 de marzo de 1488 en donde lo trata de “nuestro especial amigo en Sevilla” y  le ofrece tenerle por servidor, otorgándole un salvoconducto para su estancia en Portugal, Colón también envía una carta a los monarcas de Francia ofreciéndoles su proyecto.

A su regreso de Portugal en 1489 encuentra Colón un distanciamiento de los reyes católicos hacia su proyecto, dejo de tener la importancia que en un principio le atribuyeron, los monarcas ya no le conceden audiencia, Colón trata de presionarlos haciéndoles llegar las cartas de aceptación que ha recibido de los monarcas de Portugal, Inglaterra y Francia.

Las relaciones entre Castilla y Portugal se vuelven cordiales después de firmar en 1490 los acuerdos para la boda de Alfonso, hijo del rey portugués, con Isabel hija de los reyes católicos.

Todo volvería a cambiar tras la inesperada muerte del príncipe Alfonso, el 12 de Julio de 1491 de una caída de caballo, el rey portugués queda completamente consternado al no tener heredero legítimo, ni tampoco tenía esperanza de llegar a tenerlo. La infortunada viuda doña Isabel fue devuelta a Castilla después de la tragedia, en ese momento Colón vuelve a recuperar el favor real, y vuelve a tener relevancia el proyecto del viaje a las indias.

Manuel Doval

Cambados: o porto da discordia

Comparação entre o recorte costeiro de Acul (Haiti) e Cambados (Galiza)
Fonte: Google Earth

Enrique Zas provou pela primeira vez ao mundo há cerca de noventa anos, que Cristóbal Colón conhecia detalhadamente os portos de Cambados e Santo Tomé, na ria de Arousa. O facto por vezes esquecido de alguns, foi-nos há dias relembrado por Rodrigo Cota, aqui mesmo em “Colonianos”.No seu livro de 1923 “Galicia, Patria de Colón”, Zas apresentou dois mapas traçados à mão: o da baía de Acul, no actual Haiti, a que Colón chamou originalmente «Porto de la Mar de Santo Tomé”; e o da enseada de “Santo Tomé do Mar”, a sul de Cambados que já levava essa designação muito tempo antes da existência do Almirante. Depois reafirmou: “es sorprendente la semejanza de este puerto de Santo Domingo (…) com el que existe en Cambados (Galicia) (…). No es pues solo la configuración sino que también el denominativo, lo que ofrece singular semejanza”.[1]

Nos comentários à entrada em “Colonianos” acima referida, já Fernando Alonso provou por imagens do Google Earth que, além de não ter havido manipulação da parte de Zas, a realidade apresenta as mesmas semelhanças da cartografia. Saliente-se que o relevante não é o serem idênticos que, de facto, não o são e só por milagre o seriam; o que se regista é a sua semelhança morfológica.

Dir-se-ia que Enrique Zas só pecou por não ter sido tão ambicioso na comparação. De facto, entrando no “mar de Cambados” (pedaço da ria frente ao porto daquele nome), as semelhanças são ainda mais gritantes. E é esta outra “prova irrefutável” da comparação entre Acul e Cambados.

Não só esta, como outra que fará o corpo deste texto, baseada na seguinte dedução lógica: se Colón honrou além-mar aquele porto galego que bem conhecia, e os Soutomaior em 100 anos dele usufruíram e por ele litigaram; então COLÓN podia ser um SOUTOMAIOR!

Vista de Cambados sobre o Oceano Atlântico

De facto, em Agosto de 1371[2] o arcebispo de Santiago, reconhecido pelos serviços daquele que fora até então o arcediago do Salnés, D. Álvaro Pais de Soutomaior, concede-lhe entre outras freguesias, Cambados e Santo Tomé (de Nogueira).

Segundo Otero Pedrayo, foi o otorgamento também feito em nome da sua mulher D. Maior de Grés e Moscoso, e em mais duas vidas que lhes sucedessem[3]. Sendo esta senhora sobrinha-neta do arcebispo, deduz-se ter este benefício sido feito, à guisa de dote do matrimónio que ocorreu durante esse mesmo ano, tendo previamente o Soutomaior renunciado aos votos religiosos, para também suceder na Casa paterna, morto que estava o irmão primogénito, precocemente e sem geração.

Conforme sugere Villaverde Román[4], essas decisões unilaterais geravam por vezes sobreposições de interesses entre o arcebispado e as ordens militares que dispunham de jurisdição nos mesmos territórios. Esse foi um dos casos que obrigou a concertação posterior com as ordens do Santo Sepulcro e do Hospital.

Independentemente do processo seguido, a vila e porto de Cambados pertenceu à Casa de Soutomaior desde 1371, na condição de foreira com jurisdição civil e criminal, “alto vajo misto ymperio com sus pechos y derechos y todas las rentas y derechuras del mar y de la tierra y el patronasgo de las yglesias y benefícios”. E da mesma forma lhes pertenceu a jurisdição do porto de Santo Tomé.[5]

Morto Álvaro Pais algures na transição para o século XV, sobreviveu-lhe a viúva que em 1416 ainda vivia na vila, no “pazo e courral deso o piñeiro”, na condição de sucessora no foro, datando desse ano uma escritura em que nomeia os netos Fernan Yañez de Soutomaior e Lope Sánchez de Ulloa, como sucessores “para después de sus dias”.[6] É de crer que se terão cumprido “esses dias” à volta de 1421, uma vez que em Junho desse ano os novos foreiros, sob o testemunho do notário de Pontevedra Alfonso Perez, acertam os pormenores da partição daqueles bens pela metade[7].

Vista sobre O Grove e entrada da enseada de Santo Tomé do Mar, com as ruinas da torre de San Sadurniño.
Foto de J. Mosteiro

Meio século se havia já passado em que os Soutomaior estiveram na posse plena de Cambados. A partir deste acordo de 1421, o aforamento daquela vila portuária e também do porto de Santo Tomé, para além do extenso rol de freguesias, coutos e lugares que lhes estava associada pela concessão do arcebispo Moscoso, passou a ser considerado “pela metade”, entre os Soutomaior e os Ulloa.

Bem sintetiza aquela época da Galiza feudal, o facto de dois nobres de relevância repartirem e estipularem entre si, que bens ficariam ao Santo Sepulcro e quais caberiam aos Hospitalários de São João! A cada um deles, ficava o encargo de 400 maravedis anuais: 200 ao Comendador de Toroño (Ordem de São João); e outros 200 ao Comendador de Pazos de Arenteiro (Ordem do Santo Sepulcro). Magra quantia para decerto bem maiores rendas que a tenência daqueles territórios gerava.

E o interesse na sua posse demonstra-se pela simples leitura das mandas testamentárias ditadas à beira da morte em 1440, pelo primeiro daqueles cavaleiros: a sua sucessão deveria caber sem reservas ao filho único, Álvaro, ainda solteiro; se aquele não viesse a gerar herdeiro legítimo, herdava a tia D. Maior de Soutomaior; e ainda depois desta, caso o “problema” subsistisse, ficaria contemplada a sucessão na Casa àquele Ulloa, mas só na condição de “que tome el apelido, e armas de Sotomayor, e que si lo ansi non ficier e que non pueda haver, ni heredar cosa alguna dello”.[8]Na opinião de Suso Vila, as referidas partições viriam, já na década seguinte, a servir de arras e dote no casamento dos primos Álvaro de Soutomaior e Maria de Ulloa, filhos respectivamente de Fernan Yañez e Lope Sánchez[9]. Procurava-se deste modo, reunir de novo o pleno de Cambados sob tutela dos Soutomaior.

Fachada do pazo que Maria de Ulloa fez reconstruir na metade final do século XV, sobre o antigo pazo onde viveu D. Maior de Grés e Moscoso até cerca de 1420

Sem que a mulher fosse capaz de engendrar um herdeiro, e talvez influenciado pelo exemplo paralelo do rei Enrique IV de quem era próximo, Álvaro de Soutomaior procurou anular o casamento junto da Santa Sé, aparentemente sem nunca o conseguir. Morreu em 1468, na defesa de Tui frente aos “irmandiños”, deixando a viúva como única foreira de Cambados. Remodelaria os velhos pazos e seria promotora da igreja de Santa Mariña do Dozo.

Entretanto, legitimado pelo falecido irmão com autorização expressa de Enrique IV[10], Pedro Madruga, com o apoio, entre outros, do arcebispo de Santiago D. Alonso de Fonseca, derrota a rebelião “irmandiña”, tomando posse de todos os bens “muebles y rraizes” que haviam pertencido àquele Álvaro de Soutomaior. Recuperado o património, serenou-se a nobreza galega nos alvores da década de 70. Só o prelado de Santiago tentava reaver os bens do arcebispado, sob o controle das linhagens mais relevantes.

Contudo em 1471 decorrido que estava exactamente um século desde a concessão inicial, o porto e “vila velha” de Cambados, juntamente com o povoado marinheiro de Santo Tomé do Mar, pareciam afastar-se irremediavelmente da Casa de Soutomaior: insinuava-se o arcebispo Fonseca à viúva Ulloa, com os olhos postos no rendoso “mar de Cambados”!

Vista sobre a entrada da baía de Acul (Haiti).
Foto de Nick Hobgood

Baseando-se em documentos do “Preito Tabera-Fonseca”, Suso Vila ressalta que a delicada situação se pretendeu resolver no seio da própria linhagem, promovendo-se o casamento da libertina viúva com outro Soutomaior, da Casa de Lantañón, filho primogénito do mariscal Sueiro Gómez. Reagiu o arcebispo a contento da amásia, prendendo os referidos cavaleiros e nela gerando Diego, futuro titular consorte do condado de Monterrey[11]. Desse modo se consumava em 1473 aquele concubinato, agravando ainda mais a honra da linhagem do defunto marido, uma vez que, como muito claramente expõe Molinero Merchán, a honestidade das viúvas fazia a honra dos homens da família, “assim como a virgindad en las doncellas y fidelidad en las casadas”.[12] Nisso concorda Suso Vila, para quem o amancebamento de Maria de Ulloa acarretar-lhe-ia a“ perda das arras, e polo tanto da metade de Cambados”.[13]

Pedro Madruga não tardaria a ocupar aquela vila portuária e todo o couto de Nogueira que lhe estava associada. Por isso muito do ódio desenvolvido entre D. Alonso de Fonseca e o futuro visconde de Tui e conde de Caminha, ter-se-á originado nesta disputa por Cambados que se manteve latente ao longo de toda a década de 70.

A instância do senhor de Soutomaior, no ano de 1474 frei Juan de Valenzuela, prior de Leão e Castela na ordem de São João de Jerusalém, apresentou no capítulo de Cuenca, a escritura de 1371, vendo confirmados o seu teor, forma e cláusulas, por se considerarem ainda úteis e proveitosas para os Hospitalários[14]. Ficava assim ganha por Pedro Álvares de Soutomaior, a batalha legal pela metade de Cambados e Nogueira.

MAR DE SANTO TOMÉ
(Nome dado por Colón em Dezembro de 1492)

É sabido que Enrique IV morreu nesse final de ano, deixando o trono de Castela numa indefinição que levou à guerra peninsular opondo Isabel e Fernando de Aragão, a Juana e Afonso de Portugal. Também é lugar-comum que aos primeiros apoiou na Galiza o arcebispo Fonseca, enquanto os segundos tiveram o suporte incondicional de Pedro Madruga. Subitamente, conseguia a guerra por Cambados, um registo ibérico insuspeitado!

Saindo embora derrotado dessa meia década de contendas, o Conde de Caminha viria ainda assim a receber o perdão dos Reis Católicos em Março de 1480, recuperando todos e “qualesquier bienes que, por cabsa de haver servido e seguido al dicho rey de Portogal, le fuesen tomados e ocupados”.[15] Por certo que o assunto dos portos de Cambados e Santo Tomé do Mar, não se resolveu com a mesma facilidade do porto de Cangas, ou das fortalezas de Soutomaior e Fornelos, sobre que não havia dúvidas acerca da sua posse efectiva antes da guerra peninsular. Fonseca, no lado vencedor, pressionava contra a pretensão de Madruga em reaver a metade daqueles territórios, e não acatava a carta[16] que nesse sentido fora enviada a Maria de Ulloa, pela chancelaria real na mesma data.Finalmente, em Abril de 1484, as demandas de um e outro lado parecem ter a solução à vista: Isabel a Católica manda nominalmente que se restitua “a don Pedro Alvarez de Sotomayor, conde de Camiña, los lugares de Cambados y Noguera”.[17]

Avança o conde mais do que a conta, ocupando igualmente a metade que lhe não competia. Reage o arcebispo em defesa da manceba e quatro meses volvidos, novo documento da rainha afasta definitivamente Pedro Madruga da metade de Maria de Ulloa.[18]  Ficava reposta a verdade legal, cabendo no entanto ao Soutomaior algum amargo de boca!Os anos seguintes testemunham o declínio do conde de Caminha, a sua hipotética morte e sucessão do primogénito D. Álvaro de Soutomaior, incapaz de suster a pressão legal imposta sobre muitos dos seus bens. Alonso de Fonseca, procurando a revanche das humilhações que sofrera às mãos do pai do novo titular da Casa, ocupava militarmente os portos atlânticos dos Soutomaior: Cangas e Cambados. A morte de Álvaro, assassinado em 1495, marca o fim da posição dominante da linhagem no trato de mar das rias galegas.

SANTO TOMÉ DO MAR
(Nome antigo e ainda em uso para o «mar de Cambados»)

Nessa altura porém, é de crer que Pedro Madruga vivia ainda, sob a identidade de Cristóbal Colón, procurando reconstruir um novo potentado marítimo para senhorear enquanto “Visorey y Governador General” , e oito anos não eram suficientes para esquecer o orgulho de um século. Santo Tomé do Mar de Cambados por certo continuaria a ser a “menina dos olhos” do Almirante.

A 21 de Dezembro de 1492, reconhecendo a costa do Haiti, deslumbrava-se com certo porto, “hermosíssimo” no seu parecer, cuja entrada desde o mar pareceria “impossible a los que non hubiesen en él entrado, por unas restingas de peñas que pasan desde el monte hasta casi la isla, y no puestas por orden, sino unas acá y otras acullá, unas a la mar y otras a la tierra”.[19] Podia ser o retrato da entrada desde o Atlântico, no mar de Cambados… em Santo Tomé do Mar.

Descrevia ainda que a Oeste da entrada do porto havia um canal com uma boca que dava acesso a uma enseada ideal “para todos los ventos que puedan ventar”, fechada e profunda. A “boca” que a guardava era “muy cerrada de dos restingas de piedra que escassamente la ven sobre agua”. Parecia ter sido feita à mão, deixando “una puerta abierta cuanto los navios puedan entrar”. Só quem nunca viu a enseada de Santo Tomé do Mar e as suas ilhotas rasas à água guardadas pelos escombros de San Sadurniño, pode deixar de reconhecer aqueles traços familiares descritos por Colón

Na posse do diário do Almirante, pôde o padre Bartolomeu de Las Casas resumir o sentir maravilhado do descobridor[20]: “Es el mejor del mundo; púsole nombre el Puerto de la Mar de Santo Tomé, porque era hoy su dia[21]: dijole mar por su grandeza”.


[1] Zas, E. (1923). Galicia, Patria de Colon. (C.P.-C. Habana, Ed.) Habana, Cuba, pp. 32-33.

[2] Rodríguez González, A. (1992). Documentación Medieval del Archivo Histórico Diocesano de Santiago. Compostellanum XXXVII, Nº 3-4, pp. 381

[3] Otero Pedrayo, R. (1951). Bienes y derechos de los caballeros sanjuanistas en tierra de Morrazo y villa de Pontevedra. El Museo de Pontevedra, VI, pp. 33

[4] Villaverde Román, X. C. (1999). As xurisdiccións nas freguesías moañesas durante a Idade Media. (B. P. Moaña, Ed.) Obtido em 26 de Maio de 2012, de Biblioteca Publica de Moaña: http://moana.servidores.net/libros/freguesias.htm

[5] Tato, I. G. (2004). Las Encomiendas Gallegas de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. Estudio y edición documental (Vol. I). Santiago de Compostela, Galicia: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Xunta de Galicia, Instituto de Estudios Gallegos «Padre Sarmiento», pp. 59

[6] ibidem, pp. 61

[7] Martínez, C. P. (2007). Documentos da Orde do Santo Sepulcro en Galicia. Anuário Brigantino, 30, pp. 220-221

[8] Vila, S. (2010). A casa de Soutomaior (1147-1532) (1ª ed.). Noia, Galicia: Editorial Toxosoutos, pp. 448-449

[9] ibidem, pp. 274

[10] ibidem, pp. 461-465

[11] ibidem, pp. 288-289

[12] Molinero Merchán, J. A. (2007). El convento de Santa Clara de la Columna de Belalcázar. Estudio Histórico-Artístico. Córdoba, España: Diputación Provincial de Córdoba – Delegación de Cultura, pp. 62

[13] Vila, S. (2010), pp. 274

[14] Tato, I. G. (2004), pp. 259

[15] La Torre, A., & Fernandez, L. S. (1960). Documentos referentes a las relaciones con Portugal durante el reinado de los Reyes Catolicos (Vol. II). Valladolid, España: Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Patronato Menedez Pelayo, pp. 22-25

[16] AGS. RGS,LEG,148003,343. 7 de Março de 1480

[17]  La Torre, A., & Fernandez, L. S. (1960), pp. 289

[18] Vila, S. (2010), pp. 275

[19] Navarrete, M. F. (1858). Coleccion de los viajes y descubrimentos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV (2ª ed., Vol. I). Madrid, España: Imprenta Nacional, pp. 248-249

[20] ibidem, pp. 253

[21] A co-relação entre a data e a festa litúrgica do santo é um facto circunstancial, e não justifica por si só a designação escolhida, face à associação dos termos “Porto” e “Mar”, e à evidente semelhança geográfica com o “mar de Cambados”.

 

Mussolini contra el Colón Gallego. La compra de Ángel Altolaguirre.

No es la primera vez que se publica el documento de arriba. Lo hizo en el año1987 la revista «Cristóbal Colón» que dirigía don Xosé Lois Vila Fariña, a quien hoy nadie se molesta en mencionar. Diría incluso que hay quien se molesta en que no sea mencionado, vaya usted a saber por qué. También lo reprodujo Philippot, algo después. Y anteriormente, el Sr. Modesto Bará había ya dado cuenta de la existencia del papelote, tan molesto para los genovistas. El documento tiene su propia historia, que trataremos de resumir.
Tras la publicación de la obra del gran Celso García de la Riega, «Colón Español», Génova se puso muy nerviosa. La teoría que hablaba de un Colón Gallego no gustaba en Italia y se expandía por el mundo de manera imparable. La cuestión trató de desactivarse tachando de falsa la documentación aportada por García de la Riega. No se consiguió del todo, pues varios de los documentos fueron declarados totalmente válidos, pero la duda estaba sembrada. En Galiciase siguió trabajando. Aparecieron nuevos documentos, que serían publicados pordon Prudencio Otero, y que demostraban de una manera simplemente irrebatible la existencia del apellido Colón en Pontevedra en tiempos del descubridor. Eso ya era demasiado para Génova. La cuna de su Colombo se desplazaba hacia Galicia y, sencillamente, no lo podían consentir. Decidieron comprar a la Academia de la Historia española, que era la encargada de dirimir estos asuntos. En 1922 escribieron, desde la ciudad de Génova, esta carta, dirigida al agregado militar en la embajada de Italia en Madrid. En ella, entre otras cosas, se dice:»(…) las pretendidas reivindicaciones del origen español de C. Colombo defendidas ahora por Prudencio Otero Sánchez valen desde el punto de vista científico los mismo que las de García de la Riega, las cuales fueron ya demostradas como completamente infundadas.«Lo cierto era que los documentos que estaba a punto de publicar Prudencio Otero valían mucho. Muchísimo, y en Italia se sabía. De ahí la mussoliniana necesidad de desactivarlos. La carta continúa:

«Tal falta de fundamento no es sin embargo apreciada por el gran público, y de ahí que sea muy oportuna la obra que se propone desarrollar S.V. Ilustrísima

¿Qué «obra» se proponía desarrollar el agregado de la embajada de Italia en Madrid por encargo de Génova en realación a los documentos sobre el Colón Gallego? Dejemos por un momento la pregunta en el aire, y pasemos a explicar, también por el aire, quien era Ángel Altolaguirre y Duval.

Altolaguirre era uno de esos académicos que había de determinar el alcance de los documentos gallegos. Presidía una comisión que debía trasladarse a Galicia para el estudio, no sólo de los documentos sino de otras pruebas como la famosa inscripción de la Basílica de Santa María. Pero, coincidiendo con la carta de la ciudad de Génova al agregado militar, acérrimo fascista, Altolaguirre no solamente se negó a desplazarse a Pontevedra con las excusas más peregrinas. Además, se dedicó a atacar con una virulencia indigna de un académico, de un historiador, y hasta de un mamífero, a la tesis gallega. Publicaba informes negando la veracidad de los documentos que no estudiaba y haciendo gala de una parcialidad y una subjetividad indecentes, insultaba rabiosamente a cualquiera que osara afirmar que acaso Colón era gallego. Y todo eso, sin renunciar a la presidencia de la comisión encargada del asunto.

Bien. En los años 50, felizmente muerto Ángel Altolaguirre, esperamos que tras larga y dolorosa agonía, sus descendientes decidieron vender su biblioteca. Un señor catalán, interesado en la figura de Colón, adquirió un lote de libros provenientes de la colección de Altolaguirre y entre las páginas de uno de ellos, encontró varios documentos. Eran las cartas dirigidas por Prudencio Otero a  Ángel Altolaguirre, en las que le pedía insistentemente que procediera a realizar, como presidente de la comisión académica, el viaje prometido a Pontevedra para analizar las pruebas sobre el Colón Gallego. Junto a las cartas de Prudencio Otero, el documento que vemos arriba. El señor catalán, un bibliófilo llamadoJaume Colomer i Montset ató cabos rápidamente y contactó con Modesto Bará, periodista e investigador que mucho aportó al Colón Gallego, dando cuenta de su extraño hallazgo. La carta de Colomer dice que la embajada italiana se encargaba de buscar:

«(…) que alguien estudiara el problema del origen de Cristóbal Colón, a fin de oponerse a la argumentación de la tesis gallega. Todo hace pensar que el encargado de llevar a cabo esta campaña había confiado el asunto al Sr. Altolaguirre. El hecho de que poseyera él la carta del Ayuntamiento de Génova lo hace así presumir.


Vd. que conocerá los pormenores de los incidentes tenidos entre la comisión de académicos que se tenía que trasladar a Pontevedra y la comisión que allí aguardó inútilmente su llegada, sabrá encajar esta carta genovesa que explicaría muchas cosas, pero que aparte de la polémica surgida demuestra que alguien había «tomado su partido» antes de examinar los documentos de Vds»

Así se supo el porqué de la inquina remunerada de Altolaguirre contra el Colón de Pontevedra, y así se supo cuál era la obra encargada por Mussolini, a través de la ciudad de Génova, a su agegrado militar en Madrid. ¿Por qué una carta de la Ciudad de Génova a su agregado militar, en la que se muestra la preocupación italiana ante los documentos de Pontevedra, acaba en poder de Altolaguirre, la persona encargada de analizar esas pruebas pontevedresas? ¿Por qué precisamente Altolaguirre guarda esa carta junto a las de Prudencio Otero? ¿Cuántos académicos más fueron comprados por Génova? ¿Cuántas cartas como la que aquí reproducimos fueron escritas desde Italia? ¿Cuántos altolaguirristas caben en un Fiat Cinquecento?

Es conocida la furia con la que Mussolini defendió a su Colombo contra el empuje del Colón Gallego, ¿hasta dónde llegó esa furia? La carta que nos ocupa nos llegó de una manera imprevista y casual. En realidad, nunca nos debió haber llegado, y si podemos hoy leerla es porque el burro de Altolaguirreolvidó destruirla y la dejó perdida entre las páginas de un libro. Eso nos permite sospechar que estamos ante la punta de un iceberg.

Hay quienes citan las obrillas que escribió Altolaguirre con la misma veneración con que verían una aparición de Mussolini. Sepan que todo lo que haya escrito Altolaguirre en relación a Cristóbal Colón, al menos a partir de la fecha de esta carta,  ha de ponerse en cuarentena, y tras citar a Altolaguirre, lávense la boca con detergente. Y lean a Enrique Zas, que demostró punto por punto que Altolaguirre sólo escribía bobadas.Y aún por encima, pagadas por Mussolini.

A quien piense que soy desconsiderado con Altolaguirre, le pediré que busque las perlas que Altolaguirre y algún que otro académico dedicaban a García de la Riega, por aquel entonces recién fallecido. No seré yo quien las reproduzca por respeto a don Celso, respeto que no merecen ni Altolaguirre ni sus entusiatas cachorrillos.

Colón Gallego. Prueba irrefutable.

La imagen de abajo, nos muestra el mar de Cambados (Galicia). Este mar ha sido conocido siempre y lo es aún hoy como «Santo Tomé del Mar», como podemos comprobar haciendo una rápida búsqueda en Google. Colón utilizó mucho la toponimia de esa zona para bautizar lugares descubiertos por él en América, pero el caso que presentamos hoy es llamativo, sorprendente e irrefutable. Sucede que en el actual Haití existe un lugar llamado «Bahía de Acul» (si lo buscamos en Google escribámoslo así, entrecomillado, porque de otra manera el buscador se empeña en que no queremos buscar Acul sino Azul, vaya usted a saber por qué). Ese mar fue bautizado por Colón como «Mar de Santo Tomé». Si nos fijamos en la configuración de ambos mares y sus costas, habremos de coincidir, siempre que tengamos dos dedos de frente, que quien bautizó el lugar representado en el mapa inferior, por fuerza tenía que conocer el superior, pues son exactamente iguales, calcados. Podríamos haber utilizado imágenes de GoogleMaps, pero hemos decidido ser fieles al gran historiadorEnrique Zas, que fue quien nos mostró, allá por 1924, esta enorme «coincidencia». Otros han publicado estos mismos planos, posteriormente, sin molestarse en citar a Enrique Zas. Y eso no se hace. A Enrique lo que es de Enrique.

Así pues, arriba «Santo Tomé» (Galicia), y abajo «Santo Tomé» (América). Hasta la mente más obtusa entenderá que las semejanzas entre ambas costas algo tendrán que ver en el nombre utilizado por Colón para bautizar el Santo Tomé de América.

O «mar português» de Pedro Colón (V) – Teria estado na Mina?

 

Foz do rio Minho. Foto de Luís Miguel Cruz

 

Sobejam, pois, referências factuais, integrando as casas de Távora e de Pombeiro da Beira, no processo marítimo português, pelo menos desde os anos trinta do século XV, com particular incidência nas décadas de cinquenta e sessenta, em que o cargo de Almirante de Portugal foi exercido por dois dos seus elementos. É precisamente à data do falecimento do último destes (1467), que se vai negociar o matrimónio de Teresa de Távora (1468).

Que outra razão, que não a mais-valia do controlo extra de quase quarenta e cinco milhas da costa ocidental galega, levaria Afonso V de Portugal, a aceitar e promover a entrada de um nobre castelhano, numa das linhagens mais afectas ao seu conselho, à segurança da capital do reino, e à eventual política de sigilo atlântico a que já se referiram inúmeros estudiosos? E seria desprezável a capacidade mobilizadora e armadora, de uma casa como a de Soutomaior, nas rias de Vigo, Pontevedra e Arousa, quando Portugal se preparava para novas investidas norte africanas, ainda no âmbito do apelo de Calisto III à Cruzada anti-otomana[1]?

Pelas razões atrás evocadas, bem assim como pela constatação de que, entre os aliados familiares mais próximos, podia o conde de Caminha encontrar quem dominasse a grande maioria dos pontos-chave da costa portuguesa e dos leitos fluviais de maior relevância, deve poder questionar-se qual o verdadeiro papel que Pedro Álvares de Soutomaior representou na corte portuguesa, de 1469 a 1485. Tal janela interpretativa não pode mais ficar posta de parte, quer na historiografia galega, quer na portuguesa. Urge reequacionar a figura de Pedro Madruga, também enquanto homem de mar, armador ligado às rotas de comércio e corso, participante activo – directa ou indirectamente – no movimento renascentista dos descobrimentos marítimos da segunda metade do século XV português.

Termino com uma pergunta potencialmente perversa.

Atlântico e São Jorge da Mina

Após o pacto de Alcáçovas-Toledo que, em 1479, pôs fim à guerra de sucessão peninsular, o perdão do conde de Caminha dependia do acatamento das disposições ditadas pelos Reis Católicos. De todas, a mais importante e mais penalizante, seria a entrega de Tui e respectivo preito de vassalagem ao bispo Diego de Muros. Em finais de 1481, a cidade estava ainda na posse do governador Acuña, representante dos Católicos. O acordo com Soutomaior, estipulava que até 15 de Janeiro seguinte, esta lhe fosse entregue, para que pudesse cumprir os protocolos de menagem, reconhecendo a soberania do prelado. Contrariando as expectativas, Pedro Álvares não esteve presente, enviando procuradores[2].

Simultaneamente – segundo um estudo dedicado ao “Castelo da Mina” por Carlos Antero Ferreira – , navegava no atlântico, uma armada de dez caravelas, um navio pesqueiro e duas urcas, sob o comando de Diogo de Azambuja, fundeando na costa da Mina nesse mesmo 19 de Janeiro. Dois dias mais tarde, teve início a construção da primeira fortaleza portuguesa do litoral ocidental da África[3], onde Colón afirmou ter ido algumas vezes.

Escrevendo sobre Tui, Suso Vila documenta que, a 23 de Janeiro, ainda se esperava a qualquer momento, a vinda de Pedro de Soutomaior «a Caminna ou Valença ou daquel cabo», para que fosse a Tui cumprir o acordado com Acuña e o bispo Muros, o que só aconteceu passados quase três meses e meio, no princípio de Maio[4].

Entretanto, a fortaleza da Mina ganhava forma rapidamente. Em meados de Fevereiro estavam levantadas as muralhas e o sobrado da torre. Presume-se que a esse alucinante ritmo, estivesse concluída em finais de Março, senão mais cedo. Depois, o capitão-mor enviou de regresso a frota e, se a viagem de ida demorara cerca de cinco semanas, conclui-se que em Abril já os navios demandassem a costa portuguesa.

Pedro – que esse era também o nome de Colón segundo Lúcio Marineo Sículo[5], cronista dos Reis Católicos – poderia estar em todos os lugares do mundo conhecido de então, menos no norte português ou no sul galego; estrategicamente, talvez aguardasse apenas que o tempo ganho numa propositada demora lhe fosse favorável de alguma forma; mas o bom senso, obriga à pergunta: pela demora, teria o conde de Caminha estado na Mina?


[1] Gomes, S. A. (2006), pp. 177-178.

[2] Vila, S. (2010), pp. 176-177.

[3] Ferreira, C. A. (2007). Castelo da Mina. Da Fundação às Representações Iconográficas dos Séculos XVI e XVII. Lisboa, Portugal: Livros Horizonte, pp. 17-27.

[4] Vila, S. (2009). A cidade de Tui durante a Baixa Idade Media (1ª ed.). Noia, Galicia: Editorial Toxosoutos, pp. 165.

[5] Marineo Sículo, L. (31 de Julho de 2008). L. Marinei Siculi regii historiographi opus de rebus Hispaniae memorabilibus modo castigatum atq. Caesareae maiestatis iussu in lucem editum, 1533. (M. d. Enguia, Ed.), pp. 106v. Obtido em Janeiro de 2011, de Memoria Digital Vasca: http://hdl.handle.net/10357/374