Biografía resumida de CRISTOBAL COLON:

Cristóbal Colón & Pedro Madruga

Cuadro de un antiguo navegante que se encuentra en Tui (Pontevedra). Por las facciones parecidas al cuadro expuesto en el Muso Naval de Madrid, podía tratarse de Cristóbal Colón

El descubridor de América, según nuestros manuales de colegio,  era nativo de Génova, Italia, pero en realidad todo lo relativo a su biografía es un misterio, nacido no se sabe cuando, no se sabe donde, hijo de no se sabe quien, muerto el 20 de mayo de 1506, incluso se desconoce con certeza donde está enterrado. Sale repentinamente a la luz de la historia en 1492.

Colón tenía un secreto que debía mantenerlo bien oculto, motivo que era bien sabido por aquellos más cercanos, incluyendo a los reyes Católicos y a los reyes portugueses Alfonso V y su hijo Joan II.

Su hijo Fernando finge no saberlo cuando dice:

“Quiso que su patria y origen fueran menos seguras y conocidas.”

El mismo nos dice:

“Yo no soy el primer Almirante de mi familia. Pónganme, pues, el nombre que quisieren, que al fin David, rey sapientísimo, fue guarda de ovejas, y después fue hecho rey de Jerusalén, y yo siervo soy de aquel mesmo que le puso a él en tal estado.”

Presentó al rey Juan II de Portugal un proyecto para alcanzar ese destino navegando hacia el occidente ya que al no tener conocimiento de otro continente (América) se pensaba que la ruta sería más corta. En Portugal no tuvo buena acogida se presentó en la Corte de Castilla, donde sí fue apoyado.

Cristóbal colón partió de Huelva con tres embarcaciones llamadas la Santa María, la Pinta y la Niña. El viaje resultó más largo de lo previsto, debido a la confusión geográfica inicial. En octubre del mismo año, la flotilla alcanzó las tierras de Guanahaní, en las Bahamas, isla que Colón bautizó como San Salvador; después arribaron a las islas Fernandina, Isabela, Santa María, Juana (Cuba) y La Española. En esta última Cristóbal Colón instaló un fuerte y dejó la nao Santa María. Regresó con las otras dos carabelas, que llegaron por separado, una a Galicia y la otra a Lisboa, hecho este que dio origen a una disputa diplomática entre Juan II de Portugal y los Reyes Católicos acerca de los derechos sobre las islas descubiertas. Entre 1493 y 1502 Colón realizó tres viajes más. Primero alcanzó Puerto Rico y Jamaica. En La Española, su fuerte había sido devastado por los indígenas, por lo que hubo de reconstruirlo. Después llegó a la desembocadura del Orinoco, a Trinidad y Venezuela. Por último, descubrió la costa de América Central, a la altura de Panamá, Veragua, Costa Rica y Nicaragua.

Cristóbal Colón

Retrato de Cristóbal Colón, realizado según las referencias escritas sobre su aspecto y fisonomía.
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En 1506 muere en Valladolid, sus restos permanecieron en un convento franciscano de Valladolid hasta 1509 que por deseo de su hijo Diego se trasladaron a la Cartuja de la Cuevas en Sevilla, en 1544 vuelven a ser trasladados, esta vez a Santo Domingo, cuando ya parecía descansar el descubridor en su última morada, España pierde la Colonia a favor de Francia en 1795 y los restos son trasladados a Cuba, y en 1898 vuelven a trasladarse finalmente a Sevilla de nuevo. Anteriormente en 1877 realizando unas reformas en la capilla de Santo Domingo se encuentra una urna con las siguientes inscripciones: “D. de la A. Per. Ate” “, C.C.A.; Illtre y Esdo. Varon Dn. Criftoval Colon”. ¿Dónde está enterrado Cristóbal Colón, en Santo Domingo o en Sevilla?, parece que Cristóbal Colón se empeña aún después de muerto en llenar todo lo relacionado con él de misterio.

 

Cristobal Colón, Biografia y Viajes.

La gesta y su olvido

Falta el personaje

Acercándose el IV Centenario del descubrimiento de América, los nacionalistas italianos (Mussolini)  encuentran en Cristóbal Colón la figura propicia para enaltecer con tan glorioso personaje a la nación italiana, pero para ello sería necesario crear al personaje, ¿por qué?,  por que de Cristóbal Colón solo se sabía lo que habían dicho algunos cronistas, que era genovés, por que así se lo habían oído decir a no se que quien y a no se cuanto. La ciudad de Génova encarga catorce volúmenes entre 1892 y 1896, para así apuntalar la nacionalidad genovesa del almirante, es cuando aparece el “colombo” como solución a tanta desconfianza, mediáticamente resultó efectivo, sin embargo el personaje que se dio a conocer “Cristóforo Colombo”, no encaja con el del descubridor del Nuevo Mundo, “Cristóbal Colón”, resultando un verdadero despropósito y manteniéndose únicamente por una cuestión de fe.

El mito se desmorona

Es en 1892 es cuando un intelectual gallego, Celso García de la Riega, repasando los apuntes de su tío abuelo ya fallecido, sobre el río Lérez y sus bellezas, se encuentra unos testimonios de varias personas ancianas que aseguraban que cerca del arrabal de la moureira en Pontevedra, concretamente en la finca de “la puntada”, una casa que existía y aún existe cerca de un cruceiro (A casa da crus), había nacido Cristóbal Colón, el gran Almirante de las Indias, que así se lo habían transmitido durante generaciones de padres a hijos; este hecho fue comentado en el Café moderno de Pontevedra donde se juntaban los intelectuales del momento (Castro Sampedro, Valle-inclán, La condesa de Pardo Bazán, etc.), entre ellos se encontraba Antelo Carmelo Castiñeira (secretario de la sociedad arqueológica de Pontevedra), quien había encontrado  el primer documento donde aparecía el apellido “Colon”  (luego aparecerían muchos más). Celso García de la Riega dándole vueltas a las incongruencias manifiestas en la historia del almirante, empieza a ver con más claridad lo inverosímil de las fuentes oficiales.

El huevo de Colón

¿Quien era ese del huevo?

En 20 de diciembre 1898, Celso García de la Riega, realiza una conferencia en la Sociedad Geográfica de Madrid. La conferencia tiene un gran impacto, pues hasta ese momento nadie discutía abiertamente que Cristóbal Colón no era genovés, a pesar de algunas voces que ya  señalaban las incongruencias , la noticia de la nueva teoría llegó hasta muchos países Americanos, donde algunos cambiaron sus libros de texto convencidos de  que Cristóbal Colón era Gallego y de  Pontevedra. En 1914 Celso García de la Riega, ante la insistencia de muchos de sus seguidores, publica su libro “Colón español”, siendo el primero en dinamitar el candidato italiano “Cristóforo Colombo”, además trata de construir el personaje, creyendo que si él quiso y puso todo su empeño en ocultar su origen, lo sería por algo realmente grave, y grave era en 1492 ser judío. En una entrevista realizada en un periódico local, Celso García de la Riega muestra dudas sobre este hecho, y reconoce que el perfil del descubridor se acerca mucho al de un noble.

Reconstrucción de personaje

En 1953 Marcelo Gaya y Delrue, (Académico correspondiente de la Real Academia Aragonesa), publica el libro “El mito de Cristóbal Colón”  donde hace estudio pormenorizado del perfil de Cristóbal Colón, llegando a la siguiente conclusión:

“¿Quién era este hombre? Por ahora, todavía no lo sabemos. Por su lenguaje, ya lo vimos, debía ser un galaico-portugués de la región de Tuy. Circunscribiendo aún más el problema y para basarnos en sus propias afirmaciones, es probable que fuese oriundo de uno de los pueblos que, cuando la rectificación de fronteras, cambió de nacionalidad a consecuencia del Tratado de Trujillo, en 1479, fin de la guerra de sucesión de Castilla, entre este país y Portugal. Que naciese en un lugar anexionado entonces a Castilla, no mentía al decirse “extranjero”, puesto que en el momento de su nacimiento, se había cedido a Portugal, tampoco mentía, puesto que, aunque nacido castellano, se había convertido en –extranjero-“.

Más tarde, en 1977 Alfonso Philippot publica en el Faro de Vigo su primer trabajo “Don Cristóbal Colón de Soutomaior”, con una teoría totalmente inédita, Cristóbal Colón y Pedro madruga el famoso noble feudal gallego y/o portugués son la misma persona. En principio parece una historia fantasiosa parecida a las teorías levantinas, pero resulta que las piezas del rompecabezas empiezan a encajar, el documental probatorio gallego crece sin parangón. Philippot nos dice:

La importancia de estos hallazgos nos indujo a revisar el testimonio de Lucio Marineo Sículo, del año 1530, y de la propia Academia de la Historia, llegando a la conclusión de que su nombre de pila completo era Cristóbal Pedro, tal y como refleja la abreviatura del polémico documento de 1496: XPº de Colón. Por otra parte, la cita de Marineo, “Petrum Colonum”, viene corroborada por el reciente hallazgo de un texto del gran humanista y sacerdote portugués Gaspar Frutuoso (1522-1591) en su obra manuscrita “Saudades da Terra”, publicada hacia 1580.

 

El personaje se apuntala

Recientemente Rodrigo Cota, escribe su primer libro “Colón, Pontevedra, Caminha”, donde aporta una visión esclarecedora de la verdad, pero entre todas las pruebas indiciarias que refleja en su libro hay una que todavía retumba en el oído de los sordos. Rodrigo Cota:

“Casi cinco siglos antes de que Celso García de la Riega presentara sus trabajos sobre el posible origen pontevedrés de Cristóbal Colón y Alfonso Philippot hablara de su teoría, que sostiene que el descubridor y Pedro Madruga eran una misma persona, ya circulaba en la corte un texto que mantenía exactamente la misma tesis.”

A principios del siglo XVI, pocos años después de la muerte del almirante, el rey Carlos V recibió como regalo un manuscrito satírico realizado por Francesillo de Zúñiga, su bufón. Se trataba de una crónica burlesca sobre los personajes de la corte y en general de la nobleza española, se aireaban los trapos sucios de muchos de ellos y se hacían ‘afortunadas’ comparaciones entre personas y animales u objetos. Con el tiempo la crónica fue pasando de moda y las copias del explosivo manuscrito quedaron dormidas hasta el año 1855, en que el afamado editor Ribadeneyra incluyó el texto en un tomo recopilatorio titulado ‘Curiosidades Bibliográficas’. Entre otras referencias a la familia Sotomayor destaca el siguiente párrafo:

“Iba también con su majestad monsieur de laxao, e contábale como don Diego de Sotomayor é el clavero de Alcántara e Rodrigo Manrique no tenían justicia para pedirle la encomienda mayor de la dicha orden, que él era aficionado a ser de ella, y más si le daban la encomienda mayor. Decíale también que don Diego de Sotomayor parecía hijo bastardo de Cristóbal Colón el almirante de Indias, é solicitador de la mejorada…”

“Iba también con su majestad monsieur de laxao, e contábale como don Diego de Sotomayor é el clavero de Alcántara e Rodrigo Manrique no tenían justicia para pedirle la encomienda mayor de la dicha orden, que él era aficionado a ser de ella, y más si le daban la encomienda mayor. Decíale también que don Diego de Sotomayor parecía hijo bastardo de Cristóbal Colón el almirante de Indias, é solicitador de la mejorada…”

Es preciso aclarar que Diego de Sotomayor de quien se dice “parece hijo bastardo de Cristóbal Colón” era en realidad hijo de Pedro madruga, lo que, como mínimo, demuestra que Francesillo de Zúñiga y Alfonso Philippot, con cinco siglos de diferencia sostenían que Cristóbal Colón y Pedro madruga eran una misma persona. También resulta sorprendente que Cristóbal Colón fuera el “solicitador de la mejorada”, es decir, que era quien en vida había intermediado para que se le concediera a Diego de Sotomayor un ascenso, pues ¿qué hacía Cristóbal Colón ocupándose de un hijo de Pedro Madruga (Pedro Álvarez de Sotomayor)?.

Su origen

Cristóbal Colón cayó en el olvido ya antes de su muerte y no se empezó a estudiar  al  menos hasta principios del siglo XVIII, fueron sobre todo historiadores extranjeros los que recuperaron al personaje y le dieron la importancia que realmente tenía. El desconocimiento de Europa por la hazaña realizada por Cristóbal Colón,  y gracias al oportunismo de Américo Vespucio, al Nuevo Mundo se le llamó América. Su hijo Hernando el primero en ocultar y enmarañar todo lo relativo al origen de su padre,  el mismo nos lo confiesa:

“…quiso que su patria y origen fueran menos seguras y conocidas”

“…quiso que el Almirante imitase al mismo Cristo, que siendo sus antecesores de la sangre real de Jerusalén, tuvo por bien que sus padres fueran menos conocidos”
“…Fue su voluntad que sus padres fuesen menos conocidos, de modo que cuanto fue su persona a propósito y adornada de todo aquello que convenía para tan gran hecho, tanto menos conocido y cierto quiso que fuese su origen y patria…”. 

Por otro lado, los pleitos por la sucesión en el mayorazgo (1578 – 1606) no hicieron otra cosa que aportar más dudas a su vida, motivado por multitud de escritos falsos y adulterados, aportados por los litigantes con la única intención de ganar un pleito ciertamente sabroso. El más conocido de todos, es aquel donde aparecen las famosas frases de:

“siendo yo nacido en Génova … della salí y en ella nací…”, también “…ni en otro cabo del mundo no se fallase hombre de mi linaje verdadero que se hubiese llamado y llamase él y sus antecesores de Colón…en tal caso lo haya la mujer mas llegada en deudo y sangre legítima”.

Es necesario recalcar que este documento es auténticamente “falso”.

Cristóbal Colón no es Cristóforo Colombo

Siempre procedió como español, y como si fuera natural de España lo consideraban los Reyes que, en abril de 1497, al darle facultad para fundar uno o más mayorzgos, razonaban la merced, entre otros motivos, en que es propia cosa de Reyes y Príncipes “honrar e sublimar a sus súbditos y naturales”. Hasta el último momento de su vida, quiso llamarse Cristóbal Colón, a la española, y no Cristóforo Colombo, a la italiana. Siempre desdeñó a Italia. Ni un solo nombre de lugar de este país, ni uno solo que recordara a personas o cosas de Colombos en Génova, aparecen en las tierras que descubrió. Todo es hispano (castellano, portugués y gallego). En sus libros apuntó algunas palabras y frases en italiano, con muchas incorrecciones, de donde se desprende que conocía este idioma menos que el portugués y el castellano. Cuando las actas notariales de Génova sitúan a Cristóforo Colombo en un sitio, Cristóbal Colón asegura estar en otro. Cristóbal Colón demostró una gran preparación y cultura, estos conocimientos en la época, no eran accesibles para un “Lanero”, ni un “Lanero” sería recibido y colmado de honores por Reyes, Príncipes y Nobles. Cristóforo Colombo, nació en 1456, según los documentos italianos. Según propias declaraciones hechas por Cristóbal Colón, se deduce que nació en 1446.   Declaraciones sobres su edad:

En 1488 en su carta al rey Fernando el Católico: “…fui a aportar a Portugal…que en 14 años no le puede hacer entender lo que yo dije”.

Diciembre de 1492:“…23 años en la mar sin salir de ella…”

4 de enero de 1493: “…Después que yo vine a servir, que son siete años agora, a viente de Enero de 1493…”.

A finales de 1500, tercer viaje: “Señores: Ya son diez y siete años que yo vine a servir estos Príncipes con la impresa de la Indias: los ocho fui traído en disputas, y en fin se dio mi aviso por casa de burla…”.

En 1501:“…de pequeño entré en la mar… y pasa de 40 años que voy en el uso…”.

Jamaica, 7 de julio de 1503:“…Siete años, dice, pasé aquí en su Real Corte disputando el caso con tantas personas de tanta autoridad y sabios en todas artes…” “… poco me an aprovechado veinte años de servicio, que io he servido con tantos trabaxos, i peligros…” “…yo vine a servir de veite i ocho años, i agora no tenga cavello, en mi persona, que no sea cano, i cuerpo enfermo…”.

Carta al ama del Príncipe, finales de 1500:“… Siete años se pasaron en la plática y nueve ejecutando cosas muy señaladas y dignas de memoria…”

 

 

Colón gallego

Celso García de la Riega

Celso García de la Riega, iniciador de la Tesis Gallega y verdugo de la genovesa

Durante el IV Centenario del Descubrimiento muchos intelectuales creyeron que con la publicación de la Raccolta unos años antes, este asunto quedaba concluido en lo fundamental, pero el Christoforo Colombo lanero de la Raccolta, no se parecía en nada al Cristóbal Colón descubridor, y es que tanto Cristóbal Colón como sus familiares, hicieron todo lo posible por ocultar su origen y pasado, francamente casi lo consiguen.

En el año 1892 Celso García de la Riega encuentra el primer indicio de un origen gallego de Colón al leer el libro titulado El Río Lérez, en el que su tío Luís García de la Riega describe las bellezas de la comarca surcada por este río, menciona una escritura de aforamiento hecho a principios del siglo XVI por el monasterio de Poyo, en las inmediaciones de Pontevedra, a favor de Juan de Colón y su mujer Constanza. Más tarde Antelo Carmelo Castiñeiras secretario de la sociedad Arqueológica de Pontevedra y abogado, encontraría otros documentos en el Ayuntamiento de Pontevedra, donde aparecen los apellidos de Colón y Fonterosa -que eran los apellidos paterno y materno de Cristóbal Colón- estos documentos los llevó a la tertulia en la que él participaba, era la tertulia de Casto Sampedro fundador del Museo Arqueológico de Pontevedra, en esta tertulia es donde C.G. de la Riega retoma el tema de Colón, animado por los tertulianos y por la aparición de nuevos documentos encontrados y aportados por D. Casto Sanpedro, continúa en solitario hasta su muerte con la idea de un Colón pontevedrés viendo ya con más claridad lo inverosímil de las fuentes oficiales. El 20 de diciembre 1898 realiza una conferencia en la Sociedad Geográfica de Madrid. La conferencia tuvo un gran impacto por lo novedosa e innovadora, pues hasta ese momento nadie discutía que Colón era genovés, aunque se sospechaba de muchos de esos documentos por falsos, la noticia de la nueva teoría llegó hasta muchos países Americanos e incluso algunos cambiaron sus libros de texto diciendo que Colón era Gallego por Pontevedra, tuvo un gran éxito y todo el mundo esperaba la publicación del libro, el libro se publico en 1914 y D. Celso murió un mes después de la publicación a la edad de 70 años, consiguiendo dejar tocada de muerte la concepción genovesa del Almirante, sus argumentos en contra de un Colón genovés son todavía hoy en día utilizados por todos los que defienden un origen distinto al oficial.

Wenceslao Fernández Florez

Artículo del diario ABC de fecha 28 de agosto de 1926, una sátira burlesca sobre este asunto de las manos del gallego Wenceslao Fernández-Flórez, y que nos dá una idea de lo complicado que lo tuvieron los colonianos de prinicipio de siglo.

Una vez muerto, se organiza una cruzada con el fin de impugnar los documentos encontrados en los archivos de Pontevedra, la Academia de la Historia actúa de manera sospechosa y muy torpemente argumentado, publica un informe sobre los mismos, que quedará para el fin de los tiempos como la mayor vergüenza cometida por esta institución y sus firmantes. Al tiempo que el apellido Colón aparece documentado en Pontevedra, otras pruebas van engrosando la historia de la tesis: La toponimia, muchos de los lugares y accidentes geográficos que Colón iba encontrando los bautizaba con los nombres lugares de las rías Baixas. El idioma, Colón no hablaba ni escribía en italiano, acostumbraba a hacerlo siempre en castellano pero con giros puramente gallegos. La gallega, la carabela que Colón escogió en su primer viaje La gallega dedicada a la Patrona de Pontevedra “Santa María” y que había sido construida en Pontevedra llevando mayoritariamente tripulación gallega.

Galicia Pontevedra Cristóbal Colón

Lugar de nacimiento de Cristóbal Colón

Hoy por hoy la Tesis gallega es la más antigua después de la genovesa y la que más pruebas indiciarias acumula a su favor y en contra de todas las demás, a falta de una partida de nacimiento que nunca aparecerá, la ciencia empírica nos da la razón. La cantidad ingente de pruebas, coincidencias y testimonios que nutren la tesis gallega, son de por sí una prueba científica (empírica). El ataque pos-mortem a las pruebas aportadas por Celso García de la Riega acometido por traidores despreciables, es rápidamente contestado por sus opuestos, a favor de la tesis gallega con multitud de libros, artículos y comentarios de personajes relevantes de nuestra cultura que quisieron apoyar públicamente su compromiso con la Tesis Gallega. Tan solo la Guerra Civil fue quien de silenciarlos. Los libros a favor: Alfonso Philippot AbeledoEn 1977 Alfonso Philippot Abeledo publica en el Faro de Vigo su primer trabajo “Don Cristóbal Colón de Soutomaior”, con una teoría totalmente inédita, Colón y Pedro madruga el famoso noble feudal gallego y/o portugués son la misma persona. En principio parece una historia fantasiosa parecida a las teorías levantinas, pero resulta que las piezas del rompecabezas empiezan a encajar, el documental probatorio gallego crece sin parangón conocido y continúa. Philippot nos dice:

La importancia de estos hallazgos nos indujo a revisar el testimonio de Lucio Marineo Sículo, del año 1530, y de la propia Academia de la Historia, llegando a la conclusión de que su nombre de pila completo era Cristóbal Pedro, tal y como refleja la abreviatura del polémico documento de 1496: XPº de Colón. Por otra parte, la cita de Marineo, “Petrum Colonum”, viene corroborada por el reciente hallazgo de un texto del gran humanista y sacerdote portugués Gaspar Frutuoso (1522-1591) en su obra manuscrita “Saudades da Terra”, publicada hacia 1580.

Recientemente Rodrigo Cota, escribe su primer libro “COLÓN, PONTEVEDRA, CAMINHA”, donde aporta una visión esclarecedora de la verdad, pero entre todas las pruebas indiciarias que refleja en su libro hay una que todavía retumba en el oído de los sordos. Rodrigo Cota:

“Casi cinco siglos antes de que Celso García de la Riega presentara sus trabajos sobre el posible origen pontevedrés de Cristóbal Colón y Alfonso Philippot hablara de su teoría, que sostiene que el descubridor y Pedro Madruga eran una misma persona, ya circulaba en la corte un texto que mantenía exactamente la misma tesis”
Enrique Barreiro - Cine en color

Enrique Barreiro – primera película en color.
Cuando Pontevedra inventó el cine en color

A principios del siglo XVI, pocos años después de la muerte del almirante, el rey Carlos V recibió como regalo un manuscrito satírico realizado por Francesillo de Zúñiga, su bufón. Se trataba de una crónica burlesca sobre los personajes de la corte y en general de la nobleza española, se aireaban los trapos sucios de muchos de ellos y se hacían ‘afortunadas’ comparaciones entre personas y animales u objetos. Los Bufones eran generalmente plebeyos y su trabajo consistía en entretener al rey y a sus cortesanos. Para ello contaban con licencia para decir las verdades que otros no podían, siempre que lo hicieran con gracia. Los problemas para Francesillo comenzaron a raíz de la obra que nos ocupa, pues muchos de los aludidos, lógicamente, no veían con buenos ojos saberse ridiculizados ante el rey por un bufón. Francesillo murió asesinado, según todas las fuentes, por orden de algún noble que le pudo perdonar que hubiera puesto por escrito información inconveniente. Con el tiempo la crónica fue pasando de moda y las copias del explosivo manuscrito quedaron dormidas hasta el año 1855, en que el afamado editor Ribadeneyra incluyó el texto en un tomo recopilatorio titulado ‘Curiosidades Bibliográficas’. Entre otras referencias a la familia Sotomayor destaca el siguiente párrafo:

“Iba también con su majestad monsieur de laxao, e contábale como don Diego de Sotomayor é el clavero de Alcántara e Rodrigo Manrique no tenían justicia para pedirle la encomienda mayor de la dicha orden, que él era aficionado a ser de ella, y más si le daban la encomienda mayor. Decíale también que don Diego de Sotomayor parecía hijo bastardo de Colón el almirante de Indias, é solicitador de la mejorada…”

Es preciso aclarar que Diego de Sotomayor de quien se dice “parece hijo bastardo de Colón” era en realidad hijo de Pedro madruga, lo que, como mínimo, demuestra que Francesillo y Philippot, con cinco siglos de diferencia sostenían que Colón y Pedro madruga eran una misma persona. También resulta sorprendente que Colón fuera el “solicitador de la mejorada”, es decir, que era quien en vida había intermediado para que se le concediera a Diego de Sotomayor un ascenso, pues ¿qué hacía Colón ocupándose de un hijo de Pedro Madruga?. Aunque los más escépticos puedan pensar que el testimonio de Francesillo puede ser resultado de una bufonada, deben tener en cuenta que toda la información que proporciona la obra sobre hechos y personas y, que hasta el momento se ha podido comprobar, se ajusta a la realidad. Así, cuando afirma en otros casos que alguien “parece hijo bastardo de alguien las genealogías confirman que realmente lo era. También los hechos que se narran son ciertos. La intención de Francesillo al escribir su obra no era la de informar al rey sobre personas o circunstancias que el rey desconocía. El rey sabía de sobra quién era cada quién y lo que había hecho cada cual. Lo que Francesillo hizo fue contar con humor la realidad pues a fin de cuentas se trata de una crónica, aunque sea burlesca. y poca gracia hubiera tenido para Carlos V leer hechos inciertos.

Casa natal de Cristóbal Colón

Casa natal de Cristóbal Colón según la tradición de Portosanto – Poio

Pero hay más. El noble real del bufón era Francés de Navarra. El apellido Zuñíga (stuñiga) lo había tomado del duque de Béjar, Álbaro De Zúñiga y Sotomayor, a cuyo servicio había estado hasta ser reclamado por el rey. Y este sotomayor era pariente cercano de Pedro Madruga, y además ocupaba un cargo relevante en la orden de Alcántara, la misma en la que Diego de Sotomayor aspiraba a un encomienda, por lo que la información además de llegarle al bufón por su presencia constante junto a Carlos V, la obtiene de su cercanía a la familia Sotomayor.” Vuelvo a recalcar un pequeño detalle, Colón tuvo que nacer en algún sitio, de las teorías que existen solo una puede ser válida y en todo caso ninguna, habrá que conocer la verdad de un personaje de la transcendencia de Colón por encima de intereses oscuros, de momento las pruebas de adn han descartado claramente a tres teorías (genovesa, levantina y portuguesa). No se quiere cotejar el adn con muestras gallegas, a falta de una imposible partida de nacimiento (no era uso en la época) el coteje del adn será quien nos dé la razón o nos la quite como a los demás. Nosotros, hace tiempo que superamos el debate sobre su lugar de nacimiento, nuestro convencimiento es absoluto. Nos dimos cuenta que al buscar en el lugar correcto todo encaja y resulta más fácil. 

Toponimia coincidente entre Galicia y América

Carta toponimía

Carta náutica presentada en Marín por la Autoridad Portuaria, donde se refleja la toponímia coincidente

Cristóbal Colón iba bautizando lugares y accidentes geográficos con una toponimia coincidente en Galicia, la gran mayoría de esta toponimia se encuentra enclavada en tan solo un radio de unos 50 kilómetros dentro de las Rías Baixas. Cristóbal Colón bautiza a la primera isla descubierta como “San Salvador”, luego vendrían, Porto Santo, mar de santo Tomé (ensenada en la ría de Pontevedra), Tierra de Gracia, (ría de Pontevedra), cabo de La Galea, La Puntada, Punta Lanzada, etc. La tradición dice que en una casa de Poio (Pontevedra) de siempre se supo que había nacido el descubridor de las Indias, estaba y está situada en la parroquia de San Salvador, en el barrio de Porto Santo, enclavada en la finca de La Puntada, finca que en su parte sur la baña la ría de Pontevedra, justo entre la Galea y la Lanzada y enfrente de la ermita de Nuestra Señora de Gracia en la isla de Tambo.   Artículo Tomás Barreira en Faro de Vigo Cristóbal Colón, natural de Pontevedra – Son evidentes las raices gallegas del Almirante Artículo descriptivo de la Toponimia coincidente entre los lugares descubiertos en el Nuevo Mundo (América) y los mismos accidentes geográficos en Galicia. publicado por Tomás Barreira en 1953 en el número especial conmemorativo del centenarios del Faro de Vigo.

Idioma de Cristóbal Colón

Antes de llegar Cristóbal Colón a España a ofrece la empresa de Indias, ya escribe notas marginales en sus libros italianos, en castellano y latín y que, además, no utilizase nunca el italiano, ya que durante toda su vida utilizó el latín o el castellano en la correspondencia con sus hijos, con sus hermanos, con gente de todas las nacionalidades con quienes trató e incluso con italianos. En sus escritos figuran muchas palabras del portugués, todas ellas de uso compartido con el gallego, otras de uso exclusivo del gallego y ninguna únicamente exclusiva del portugués. Solo una vez intentó escribir en italiano, pero de manera calamitosa, demostrando que solo lo chapurreaba. Cristóbal Colón escribía el castellano mucho antes de fijar su residencia en Castilla, pues ya en el año 1481 anotaba libros en español, y cuando leía y escribía en latín, incurría en solecismos propios de una persona de habla española. Es imposible que en las cartas a sus hijos, a sus hermanos y a sus amigos emplease siempre el castellano, con muchos giros (galaico- portugueses), sin que jamás se le escapase una frase, un dicho, ni una palabra en italiano. Igualmente sucede con todas las notas relativas a sus gastos, sus créditos y deudas. En 1951 el Capitán de Navío, Julio Guillén Tato, realizó un laborioso informe de investigación, “La parla marinera en el primer viaje de Cristóbal Colón”, que entre otras cosas decía:

 “Colón cuarteaba el compás o aguja con voces distintas a las del Mediterráneo y de las galeras, que emplea siempre Ramusio y tantos otros, incluso traduciéndolas del portugués…Y al emplear íntegramente esta rosa oceánica de origen nórdico, parece como si jamás hubiese navegado por el Mediterráneo, o tan poco, que ni en una sola ocasión se le desliza un “mediterranismo”. “Colón escribe según la parla navaresca ú oceánica: la de las naos, que nuestros marineros de Cantabria, Galicia y saco de Cádiz ya hablaban por lo menos un siglo antes”. 

El Académico Ramón Menéndez Pidal, escribiría el libro titulado “Peculiaridades principales de la Lengua de Cristóbal Colón”, en este estudio analiza las anomalías observadas en los escritos autógrafos del Almirante, que se refiere casi exclusivamente, al castellano. Del mismo resulta que no existe una sola palabra, giro, redacción o sintaxis italiana ni genovesa; únicamente aparecen en portugués o gallego. Antonio Fernández Fernández: “Nos vemos tentados a creer que todas las deducciones a que llega el ilustre académico como consecuencia de su estudio sobre la lengua de Cristóbal Colón, son pura ironía a la tesis genovisca, pues no encontramos:

 No se hace en el mentado estudio la menor alusión a los documentos gallegos de la época, quizá para no verse en la coyuntura de tener que admitir que las palabras no castellanas empleadas por Cristóbal Colón en sus escritos, son gallegas.

 No se presenta un solo vocablo, giro o  ejemplo sintáctico de italiano o genovés.

  Se sientan una serie de premisas, verdaderamente inocentes, para justificar el aprendizaje del castellano por Cristóbal Colón.

  Se hace resaltar que lo poco que escribió Cristóbal Colón en italiano es precisamente, para demostrar que no lo es.

  Que Cristóbal Colón traduce al español sencillas frases italianas.

  Que el latín que conoce es “genovisco” y esto porque le escriben una carta en el tal latín.

  Que no es capaz de aprender el portugués en nueve años de estancia en Portugal, y sin embargo, escribe el español antes de llegar a España.

  Que debió de aprender español para servir a los comerciantes genoveses en España, como si no pudiera servirlos lo mismo en Portugal.

  Que a la primera lengua moderna que Cristóbal Colón aprendió a escribir fue la española, y esta habiendo salido de Italia a los veintidós o veinticinco años.

  Se censura a los que perdemos el tiempo en hablar del Cristóbal Colón español y, sin embargo, se nos presenta un magnífico estudio que resulta fundamental para demostrar que el Almirante no puede ser genovés.

  Dice que aprendió el español aportuguesado, con lo cual viene a sentar que de ser español, solo puede ser genovés.

  A lo largo del estudio, unas veces muestra a Cristóbal Colón como un ser sobrehumano y, por el contrario, otras nos lo presenta como incapaz de aprender el portugués en nueve años de estancia en el país lusitano.

  También nos dice que el español de Cristóbal Colón es fácil, extenso y expresivo, pero del genovés, nada de nada.

  Se admira de su fuerza expresiva y copia algún párrafo de sus escritos los cuales traducidos literalmente al gallego, cobran mayor expresividad, tal y como si hubiesen sido pensados en dicho idioma.

Como puede observarse, en toda la obra del Sr. Menéndez Pidal no existe un solo párrafo que induzca a suponer a Cristóbal Colón genovés. Por lo cual, nos hemos quedado con la impresión de que dicha obra ha sido escrita por una persona firmemente convencida de todo lo contrario de lo que en ella trata aparentemente de defender. Por ello y como pretendemos atribuir a Cristóbal Colón su verdadera Patria, consideramos que este prolijo y magistral estudio del Excmo. Sr. D. Ramón Menéndez Pidal, de la Real Academia Española, es la mejor contribución, el más alto monumento, levantado a la VERDAD GALLEGUISTA DE COLON. Por ello hemos de mostrar nuestro agradecimiento al Ilustre Académico, por permitirnos reforzar, todavía más, la firme creencia de que Don Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana, Virrey de la Indias, fue natural de Galicia y de su provincia de Pontevedra.

Vidas paralelas

Colón y Pedro Álvarez de Sotomayor – Por Alfonso Philippot

1. Don Pedro de Soutomaior, 1 conde de Camiña, nació en 1432.

1.Según el testimonio de sus coetáneos, Cristóbal Colón,nació entre 1430 y 1436.
 
2. Su familia fue noble y en algún tiempo rica.
2. De acuerdo con su hilo Hernando y el padre Las Casas, Colón procedía de sangre ilustre.
 
3. Entre sus antepasados se encuentran cuatro almirantes.
3. “Yo no soy el primer almirante de mi familia”, decía Colón.
 
4. Su padre biológico -Feman Eanes de Soutomaior~ era un importante armador de Pontevedra que ostentaba la Capitanía de Naos.
4. El trato o manera de vivir de sus mayores fue el de mercaderías por la mar.
 
5. Sus conocimientos del latín y de las Sagradas Escrituras, se remontan a sus años de semi­narista. en Santo Domingo de Tui, entre 1.440 y 1446.
5. Dice el barón de Humboldt que sus rudimentarios conocimientos de latín debió apren­derlos en la niñez, como monaguillo de alguna oscura feligresía”.
 
6. Era familiar del Gran Cardenal de Toledo, D. Pedro González de Mendoza y el padre Deza, prior del convento de San Esteban de Salamanca.
6. “En sólo el Cardenal halló acogimiento”, dice Oviedo. En una carta a su hijo Diego, le pide el Almirante que visite al P. Deza y le recuerde “su primer amor fraterno”.
 
7. El 1446, una vez liberado de la tutela de Fray Esteban de Soutelo, “cambió los libros por la espada”, dice L. Ferreiro. Y en 1469 regresó a Galicia después de veintitrés años de ausencia.
7. “Yo he andado veintitrés años en la mar…”, le cuenta a los reyes. “Habiendo en sus tiernos años aprendido los principios de doctrina -señala el P. Las Casas- cuando ya fue mancebo pasó a Lisboa y se dió al arte de la mar”.
 
8. Entre sus deudos figuran los Diáguez de Funes, “caballeros de la banda”. Uno de los emble­mas más antiguos de su familia ostenta el león rampante de los Soutomaior de Galicia y Portugal . (Sepulcro de Alvaro Páez en la Catedral de Tui)
8. Las armas de los Diáguez, “caballeros de conquista” , como él les llama, figuran en la punta de su escudo. Y en el segundo cuartel, un león rampando de verde sobre campoblanco.
 
9. Durante el periodo comprendido entre 1460 y 1463, debió enrolarse como mercenario con Juan de Lorena, adiestrándose en el manejo de las armas de fuego que más tarde utilizó en Galicia.
9. De veintiocho años comencé a servir,,.” Después de la muerte de Alfonso Y de Aragón, la Corona de Nápoles fue disputada por Juan de Lorena. “La naturaleza brillante de tal empresa, atraía a los audaces espiritus de aquellos tiempos. La nobleza y la caballería, los soldados de fortuna los recios corsarios. Los osados aventureros, los ansiosos mercenarios.
 
10. “El tratado de paz entre los reyes de Portugal y de Castilla, concertado en 1479, quebrantó al conde de Camiña que tuvo que retirarse a Portugal.”
10 “Por volta de 1479 chega a Lisboa um navegador on comerciante chamado Cristováo Colombo Da sua origem quase tudo se ignora.”
 
11. Hacia 1482 surgen sus primeras desavenencias conyugales como consecuencia de las ges­tiones de su esposa -Teresa de Távora- cerca de los Reyes de Castilla para trasjDasarle a su primogénito el señorío de Galicia.
11. La mayoría de sus biógrafos afirman que el hijo habido en Felipa Muñiz, nació en 1482, si bien ya tenía otros de quienes -como él dice- jamás volvió a ocuparse.
 
12 Durante su exilio (1479-1486), mantuvo una intensa relación con sus parientes portugueses como Pedro Correa, primo de su mujer. Capitán donatario de la isla Graciosa y ex- Gobernador de Porto Santo.
12 “El trato íntimo y frecuente entre los dos cuñados (Pedro Correa estaba casado con Elena Perestrello, media hermana de Felipa Muñiz) debió ser causa de que se comuni­ casen mutuamente sus observaciones sobre los descubrimientos…”.
 
13 Primo segundo de su esposa fue tambien Diego de Azámbuja Gobernador General de la Mina entre 1481 y 1483.
13 “Debió ser en una carabela rumbo a Mina, mientras se construía el castillo, cuando Colón llevó a cabo su viaje a la costa de Guinea, hacia 1483.”
 
14. Los señores de Soutomaior eran primos dell marqués de Villareal, D. Pedro de Meneses, de quien proceden los duques de Camiña.
14 Este frio y cauteloso discurso del Obispo de Ceuta ante la junta de Lisboa, lastimé el orgullo nacional de Pedro de Meneses y arrancó de él una elevada y patriotica res­puesta , favorable al proyecto de Colón.”
 
15 El martes lOde enero de 1486, después de otorgar testamento en Refojos, “el conde se fue para la Corte -que a la sazón se hallaba en Alcalá de Henares- y habló a sus grandes parien­tes que tenía en Castilla, con el fin de obtener el perdón de los reyes”.
15. “Yo vine a les servir que son siete años agora, a veynte días de henero este mismo mes…” (Nota del Almirante correspondiente al 14 de enero de 1493. Dice Juan Manzano qu.e aqnel 20 de enero de 1486 cayó en viernes, día de la semana señalado para las audiencias reales.)
 
16 El 18 de febrero de 1486, los Reyes Católicos nombraron a Don Alvaro -primogénito del conde- administrador de las fortalezas que eran de su padre, y relevaron del juramento de pléito-homenaje a Pedro Falcón, alcaide del Castillo de Soutomaior.
16 Dice Juan Manzano que después de esta entrevista con los reyes, “comenzó para Colón el largo y doloroso calvario al que tantas veces alude en sus escritos. Colón …. nota que por momentos el ambiente de la corte se le enrarece, que todos le vuelven la espalda” .
 
l7 La desaparición de Pedro de Soutomaior en Alba de Tormes (Salamanca) se produjo el 11 de abril de 1486.
17. “La encomienda del asunto colombino a fray Hernando de Talavera -señala D. Juan Manzano- tuvo lugar a últimos de febrero de 1486” A partir de esta fecha nada vuelve a saberse de Cristóbal Colón -como si se lo hubiese tragado la tierra- hasta el mes de noviembre, en que se reúne la Junta de Salamanca para estudiar su proyecto.
 
18. Su influencia en la corte lusitana, se remonta al reinado de Alfonso V. En las “horas bajas”, privado ya de su hacienda, recuerda Vasco da Ponte que D. Pedro visitaba de vez en cuan­do al Rey de Portugal, “y éste siempre le daba algo”.
18. Hacia el mes de diciembre de 1487, Colón le escribe a Juan II desde Sevilla, solicitan­do su permiso para volver a Portugal. La respuesta del Rey está  echada eu 20 de marzo de 1488, y en ella le trata de “especial amigo”, animándole a regresar: “Tu industria y buen ingénio Nos será necesario.
 
19 La relación familiar del conde de Camiña con los Muñiz y Perestrello -como queda dicho- se produjo a través de su esposa.
19. A su llegada a Lisboa, el 4 de marzo de 1493, salió a recibirle Martín de Noroña, cliam­belán en la corte de Juan II, hijo de Catalina de Távora.
 
20. En Andalucía tenía grandes parientes. El señorío de Moguer pertenecía a los Portocarrero. Y el de Palos, “por iguales partes”, a las familias Silva y Castañeda, descendientes todos ellos de la Casa de Soutomaior.
20 E1 12 de mayo de 1492, Colón regresó a Palos, “porque allí tenía conocidos y amigos”, dice el P. Las Casas. Hacia el 30 de abril de 1493 hizo su entrada triunfal en Sevilla, dispensándole esta ciudad un apoteósico recibimiento encabezado por el conde de Cifuentes, D. Juan de Silva y Castañeda.
 
21. Los sangrientos pasajes de la Historia de Galicia, en sus luchas internas, evidencian el odio que se profesaban las familias Fonseca y Soutomaior… El arzobispo de Compostela, D. Alonso de Fonseca, era primo-hermano del Intendente de Indias.
21. El Intendente, D. Juan Rodríguez de Fonseca, fue el enemigo más cruel de Cristóbal Colón y de sus hijos.
 
22 Don Pedro de Torquemada, padre de Beatriz Enríquez, dice en su testamento que es hijo de Juan Ruíz de Biedma (deudo de la Casa de Soutomaior.) “Los de este alcuño -señala el P. Crespo- señorearon las tierras de Limia, Monterrey y Sotobermud.
22 Las relaciones de D. Hernando Colón con los Soutomaior, se prodigaron a lo largo de toda su vida. En la “Sedacina Totius”, anotó: “Diómelo con la “Suma” de Geber, don Xristóbal de Soutomaior hijo de la condesa de Camiña”.
 
23. D. Pedro de Soutomaior, el Parricida (nieto deI. 1 cond.e de Camiña), huyendo de la policia vaticana, en 1518, se ocultó en un castillo que era propiedad de los Colones.
23. “Pasando yo por Cugureo (Cogoletto) -dice D. Hernando- me informé acerca de dos hermanos Colombo, dueños de aquel castillo y deudos suyos”.
 
24. La dualidad de su nombre se descubre por I.a abreviatura que sigue a su firma: “Yo,Pedro, conde de Camyña, XFZ (Xristobo Fernández).”
24. La dualidad de su nombre viene confirmada por el testimonio del notable latinista y capellán de los Reyes Católicos, Lucio Marineo Sículo: “Petrum Colonum cun trigin­ta navibus”

La firma jerogrífica

 

La firma de Cristóbal Colón, constituye un verdadero geroglífico basado en una disposición concreta de siglas, vírgulas y enunciado. Muchos historiadores trataron de descifrar esta curiosa rúbrica, entendiendo que en ella el Almirante quiso encerrar muchos de los secretos que conforman el enigma de su vida. Cristóbal Colón mandaba firmar de esta manera:

 .S.

.S.  A  .S.

X    M   Y

Xpo FERENS

 

Así lo dice en una de las cláusulas de la Institución del Mayorazgo:

“… Don Diego, mi hijo, o cualquiera otro que heredase este Mayorázgo, después de haber heredado y estar en posesión de ello, firme de mi firma, la cual agora acostumbra, que es una X con una S encima y una M con una A romana encima, y encima de ella una S y después una Y griega con una S encima con sus rayas y vírgulas como yo agora fago; y se parecerá por mis firmas, de las cuales se hallarán muchas y por esto parecerá…”

Nunca firmó con “Cristóbal Colón” ni nada parecido y su firma jeroglífica evidencia una ocultación de identidad a la vez que la solución, pero hasta ahora nadie ha conseguido descifrarla… para ver artículo completo

 

Colón italiano


Mientras en todo el mundo se celebra el centenario del descubrimiento de América; mientras las naciones y los pueblos depositan sobre la verdadera tumba de Cristóbal Colón en Santo Domingo, un tributo de amor y de admiración, creemos oportuno dar á la publicidad el resultado de nuestras investigaciones, acerca de la verdadera patria de ese genio inmortal, que desafiando las opiniones de los siglos, derrocó las tradicionales columnas de Hércules, llevando á cabo la empresa más grande de los tiempos modernos. En estas regiones descubiertas por Colón para la civilización y para la libertad, y que ahora recogen con abundancia los frutos de esos bienes recibidos de él, se le quiere hoy tributar un testimonio de gratitud, levantándole un monumento que debiera ser único como única fue la hazaña de Colón, es decir, digno de ese gran hombre cuya gloria arroja un so de vivísima luz sobre el mundo civilizado. Yo también ha querido contribuir con mi humilde guijarro, al gran monumento de la historia de Colón, y me consideraría dichoso si mis observaciones pudieran llamar la atención de los eruditos sobre la cuestión de la patria del inmortal descubridor de América. La gloria de los varones eminentes reflejándose más particularmente sobre el país que los vio nacer, y sobre las familias de que salieron, y no sabiéndose nada de positivo de la patria y del linaje de Cristóbal Colón, muchas ciudades de Italia se disputaron el honor de enumerarlo entre sus hijos más distinguidos y varias casas de nobles insertaron su nombre en sus árboles genealógicos. Ente estas pretensiones, las que presentan fundamento más sólido y están acreditadas por mayor número de documentos, son las que emiten la ciudades de Génova y de Plasencia y que no son del todo irreconciliables, como veremos más adelante. Pero antes de examinar estas pretensiones, creo necesaria una breve reseña sobre el linaje Colón, es decir, sobre el abolengo que se atribuye al descubridor de América. El historiador Herrera, el conde de Roselly de Lorgues y otros autores, refieren que en el siglo X vivían en Lombardía los condes Pedro, Juan y Alejandro Colón (Columbus). A estos condes que pretendían descender de la romana gens colona (mencionada en le Libro XII de Cornelio Tácito) confirmó el emperador Oton sus posesiones feudales en la jurisdicciones de varias ciudades de Piamonte y de Lombardía y les concedió la investidura de los castillos de Cucaro, Lú, Conzano, Rosiñano, Ricaldone y Altavilla. En aquella época no quedan vestigios de otras familias del apellido Colón, pero esto no basta para admitir con Washington Irving que todas las familias Colón (Colombo) esparcidas en el Piamonte, en la Lombardía y el la Liguria puedan remontar su origen á un tronco común. Es indudable que algunas de ellas tendrán origen distinguido, y descenderán quizás del la gens colona, (lo que probaría que Colombo es italianización de colonus, y no Colón, españolización de Colombo) pero es absurdo pretender que todas ellas deriven de un mismo tronco por el mero hecho de tener un mismo apellido, derivado en la mayor parte de los casos de algún apodo ó del nombre propio Colombo, bastante común en Italia. Pero a cuál de estas familias pertenecía Cristóbal?. Para determinarlo es preciso antes comparar las diferentes opiniones á este respecto; En 1311 vivía en Génova un tejedor llamado Colón (Columbus) y esto bastó para que algunos hciesen hereditario este oficio en la familia hsta el padre de Cristóbal; y el marqués Staglieno publica un documento del 1º de abril de 1439, otorgado ante el escribano Benito Peloso y en el cual aparece Dominicus Columbus textor pannorum lance. Y en un convenio celebrado en Génova en 1479 y publicado por la Real Academia de la Historia de esa ciudad, fugura: “Cristophorus Columbus lanerius de Janua.” Otros autores y entre ellos Fernando Colón, hijo del almirante, en la vida de este pretende por el contrario demostrar nobilísimo el origen de la casa Colón, y particularmente Fernando impugna con energía las afirmaciones del genovés Giustiniani acerca de la humilde cuna del descubridor de América. Y el ilustre conde de Roselly de Lorgues dice categóricamente: “Les ancetre de Coloma appartennaient á la noblesse, cela est certain.” Y efectivamente ¿es acaso presumible que el hijo del cardador de lanas consiguiere con tanta facilidad la mano de doña Felibpa Perestrello, hija del ilustre cosmógrafo, del distinguido navegante, del goberndor de Puerto Santo, Pedro de los nobles Passastrelli de Plasencia, en aquella éoca en que las preocupaciones nobiliarias se anteponían á cualquiera otra consideración?. Sería preciso admintir, como justamente observa el conde Nasalli, que si Cristóbal fue cardador de lanas, lo fue de la misma manera como Dante, que por el hecho de hallarse alistado en los patrones del Arte deli Speziali, fue considerado boticario. Es notorio que hast el siglo XVI se conservó en ciertas ciudades de Italia, el uso de no admitir á los cargos municipales sino los que se encontraban inscriptos en los registros de las Artes, es decir, de las corporaciones civiles. Además, Fernando Colón dice, que habiendo visitado el castillo de Cúccaro, donde aún vivían dos nobles hermanos descendientes de aquellos condes arriba mencionados, se había convencido del parentesco que existía ente ellos y el almirante. Según el árbol genealógico de los Colombo de Cúccaro, conservado en el archivo Solabusca, de Milán, resulta que de ellos proceden los Colombo de Plasencia y de Cogoleto. El tronco principal de esta casa es un tal Ferrairus columbus. El nombre del almirante figura en este árbol, entre los hijos de Domingo, señor de Cuccaro!. En 1578, por muerte del último duque de Veragua, los condes de Cúccaro y los Colombo de Cogoleto, cerca de Savona, presentaron documentos para participar de lso derechos de la rama extinguida, pero su pruebas no fueron juzgadas suficientes, y los bienes y títulos de los duques de Veragua fueron adjudicados á la casa de Portugal, heredera más próxima del último duque por el casamiento de Jorge de Portugal, conde Gelves, con doña Isabel Colón, hija del almirante don Diego Colón, duque de Veragua, marqués de la Jamáica. A pesar del éxito negativo de sus autos los colombo de Cñuccaro y Cogoleto, siguieron en sus pretensiones, y en 1853, mon señor Luis Colombo, prelado doméstico de S.S. en la Vida del gran almirante, publicó una memoria justificativa de estas pretensiones. Rivarola y Piferrer; y sobre su autoridad, Jouffroy d´Eschavannes, de Magny y otros, para probar que Cristóbal nació en Chiavari ó en sus alrededores, según lo habían asegurado el obispo Las Casas y el historiador Busca, le atribuyen las armas de los Colombo de Chiavari, y citan una escritura otorgada en esa ciudad ante el escribano Gabriel Nocetti, el año de 1478. En este documento figuran los nombres de Columbus, de Columbu, de Batistina, de Jacubus, de Joannes y de Andreas, todos de Columbis; pero esta omonimia nada prueba. En el archivo de Savona, en cuyos alrededores se halla Cogoleto, también se encontró un documento (pero se ha extraviado!!…), en el cual aparece como testigo Cristophorus Columbus, fil. Dominici, Anno 1472. Una plaza de esa villa, lleva el nombre de Plaza Colombi (como quien dijera, plaza de las palomas), desde el siglo XIII. En 1278 Rufino Colombo era Obispo de Savona y en 1391 entre los fundadores de la cofradía de S.Pedro y S. Ctalina, aparece un Juan Colombo.- Pero el ilustre Harrisse demuestra que en esa época diez y seis individuos llevaban el Liguria esos mismos nombres y apellidos. El célebre poeta Chiabrera también hablando de Savona la llama patria de Colón, aludiendo sin duda á Cogleto que se halla como dijimos en los alrededores de Savona. Pero como homos notado más arriba las pretensiones de Bernardo, Colombo de Cogoleto, no fueron atendidas cuando el célebre pleito por la sucesión del último duque de Veragua del apellido Colón. El señor Belloro, abogado, fundándose en estos datos pretendió probar que el Cristóbal Colombo indicado en el documento de 1472, no era otro sinó el descubridor de América, y que su padre, Domingo Colombo, textor pannorum lanae, residía en Savona, desde 1436. Además, el mismo señor Belloro, sobre la autoridad de don Felipe Alberto Pollero, refiere que el magnífico Francisco Espínola, en 1618 copió en la Cartuja de las cuevas un epitafio que empezaba por las siguientes palabras: HIC YACET CRISTOPHOURUS COLUMBUS, SABONEXSIS ETC., pero el P. Spotorno, niega enérgicamente la autoridad de esta inscripción, que probablemente nunca ha existido, porque además de ser dudosa la época de la traslación de los restos de Colón á la Cartuja no se conoce el lugar fijo donde fueron enterrados, y luego … según refiere Fernando Colón sobre el sepulcro del almirante se leía solamente éste epígrafe: Á CASTILLA Y A LEÓN NUEVO MUNDO DIO COLÓN También se dijo, que en 1535, Diego Méndez, compañero de viaje de Colón, juró ser éste natural de SAvona; y en el archivo de la Orden de Santiago, según refiere el señor Francisco Uhagon, en un reciente folleto, se hallan las probanzas de los descendientes de Cristóbal, para cruzarse en dicha orden, y resulta, que sus antepasados eran de Savona. Pero, ya es sabido con que ligereza se obraba muchas veces en semejantes probanzas, y luego, Savona dista muy poco de Cogoleto; otra pretendida patria de Colón y Méndez juró para favorecer las pretensiones de Bernardo Colombo de Cogoleto (circundario de Savona – provincia de Génova) Luego, si estas provanzas tenían valor, por qué no fueron atendidas, cuando el célebre pleito motivado por la herencia del último descendiente masculino de Cristóbal Colón?. Luego, cómo podía jurarse que Cristóbal era natural de Savona ó de Cogoleto, cuando su mismo hijo Fernando Colón, que aún vivía ó hacía poco que había fallecido, en su historia repetidas veces dice hallarse completamente á oscuras acerca del lugar del nacimiento del almirante, çá pesar de sus investigaciones al respecto?. Por fin Calvi en Córcega elevó una estatua á su ilustre hijo Cristóbal, porque allí también se encontró una familia antigua del apellido Colombo; Módena, patria del ilustre diplomático Julio César Colombo (1522) y de Juan colombo, canciller de la República de Venecia parece asimismo asociarse á Nervi, Finale, Oneglia, Boggie, Cosseria, Quinto, Albissola y otros pueblos que se adjudican el honor de haber presenciado el nacimiento de Cristóbal Colón, pero sus pretensiones no merecen ser tomadas en consideración y se funda casi todas sobre una omonimia que solo sirve para engendrar confusión. Nos hemos limitado á indicar las ramas del linaje de Colón ó Colombo, que como veremos más adelante, tienen vínculos de afinidad ó de patria con la de Cristóbal. Examinemos ahora detenidamente las pretensiones de los plasentinos, comparándolas con ls de los genoveses, que como dijimos, no nos parecen irreconciliables, siempre que se prescinda de lo exagerado y de lo absurdo. El conde de Nasally.Rocca y el doctor Luis Ambiveri, sostenedores del origen plasentino de Colón, con varias importantes publicaciones, pretendieron probar que el almirante fue natural de Pradillo, en el Valle de Nure, cerca de Plasencia. Entre las pruebas que nos presenta aparece el decreto por el cual los Reyes Católicos confieren priviliegio de nobleza y escudo de armas á Cristóbal Colón. En este escudo figuran, según ellos, las armas de los antiguos Colombo de Plasencia y lo citan fundándose en la autoridad del padre Pedro Francisco Xavier de Charlevois. Este ilustre jesuita en su Historia de la isla de Santo Domingo, refiriéndose á las concesiones hechas por los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, se expresa del modo siguiente: “La familia de Colón consiguió privilegio de usar un escudo magnífico con las armas reales de Castilla y de León, con las anclas del almirantazgo y con las insignias de los antiguos Colombo de Plasencia y el mote: POR CASTILLA Y POR LEÓN NUEVO MUNDO HALLÓ COLÓN”. Pero el padre Chalevoix no publica el decreto y escribió ese período de su obra apoyándose en los testimonios de fray Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapa y de Oviedo y Valdés, escritores del siglo XVI, quienes, sin publicar el documento describen las armas de Colón del modo expresado. Oviedo y Valdés declara haber tenido repetidas veces entre manos el privilegio fechado en veintiocho de mayo de 1493. El historiador Herrera, López de Haro, mencionan la merced hecha á Colón por los Reyes Católicos y describen sus armas particulares: banda de azur en campo de oro; que son las armas del antiquísimo linaje Colombo de Plasencia. Hasta aquí las pretensiones de los plasentinos parecen justas. En efecto, ¿Cómo puede explicarse de otra manera la autorización dada por los Reyes Católicos á Cristóbal, para usar las armas de los Colombo de Plasencia si no resultara de una mantera evidente su procedencia de esta ciudad? Tenemos á la vista el texto del decreto que auténtico, sobre pergamino y con sello de plomo, conserva en su archivo el Excelentísimo señor don Cristóbal Colón y de la Cerda, actual duque de Veragua, y lo publicamos como apéndice. “Un castillo de color dorado en campo verde en el cuadro alto á la mano derecha, é en el otro cuadro alto á la mano izquierda un león de púrpura en campo blanco, romapando de verde, é en el otro cuadro bajo á la mano derecha unas islas doradas en ondas de mar; é en el otro cuadro bajo á mano izquierda, las ARMAS VUESTRAS QUE SOLIADES TENER.” El edificio que los plasentinos levantaron sobre este documento, antes de cerciorarse de su conformidad con las aserciones del padre Charlevoix, queda pues destruido. Los Reyes Católicos autorizaron á Crestóbal Colón para usar: “las armas vuestras que soliades tener” pero sin señalar sus emblemas. Argote de Molina, Muñoz, Du Cange, Menestrier, Washington Irving, Piferrer, Magny, Bossi Crollalanza, Ginanni y otros aurotes describen las armas de Colón divididas en los tres cuarteles indicados en el decreto. Efectivamente es muy verosímil admitir, que cuando Cristóbal fue elevado á la dignidad de almirante, no tuviese conocimiento de las armas de su linaje, habiendo pasado casi todo su vida lejos de su patria, y se limitase por consiguiente a dividir su escudo en tres cuarteles en lugar de cuatro como le daba facultad la real cédula. Nadie hasta aquí prestó atención á esta cédula, porque de ella resulta patentemente que los reyes católicos concedieron á Colón los emblemas de sus armas reales, per con distintos colores. Es así, que el campo del castillo en lugar de ser color de sangre, como lo usan los duques de Veragua, debe ser verde, y el león en lugar de ser rojo y coronado, debe ser de color púrpura, sin corona y con uñas verdes. Los Reyes Católicos, quisieron que estos emblemas, estuviesen unidos á los que más peculiarmente convenían al descubridor; las islas doradas sobre ondas de mar, dándole facultad de añadir un 4ª cuartel, con las armas propias del linaje Colombo, lo que probablemente no fue practicado, sinó por sus descendientes. Las cinco anclas que hoy figuran en el blasón del señor Duque de Veragua, como distintivo de la dignidad de almirante, también fueron añadidas más tarde, imitando el ejemplo de los Henriquez, almirante hereditarios de Castilla y, por último la divisa; POR CASTILLA Y POR LEÓN, NUEVO MUNDO HALLÓ COLÓN, no puede ser concesión de los Reyes Católicos, como quisieran algunos autores, porque según la antigua ortografía la palabra Halló se escribía FALLÓ y por consiguiente el verso sonaba mal. Las verdaderas armas de Cristóbal Colón, que yo por vez primera he dado á conocer y que van estampadas al frente de esta memoria se blasonan, pues, de la siguiente manera; Escudo partido de sinople al castillo de oro donjonado de tres piezs, y de plata, al león de púrpura armado de sinople; la punta del escudo, mantelada de azur, sembrada de istlas de oro.” Sobre el escudo, un morrión de acero bruñido puesto de perfil y vuelto hacia la derecha, sin corona ni divisa de ninguna clase. Hemos querido refutar las pretensiones de los plasentinos, acerca del escudo de armas del almirante, porque así lo reclamaba la verdad histórica. Esto, sin embargo, no quita valor á los otros argumentos que se nos presentan, para demostrar que los antepasados de Cristóbal, eran naturales de Plasencia. En primer lugar, si es lógico creer que Cristóbal dividiese su escudo de armas en los tres cuarteles indicados en el decreto y blasonados con mayores ó menores modificaciones por los autores citados, también es indudable que sus descendientes añadieron á ese escudo las armas de los antiguos Colombo de Plasencia. ¿Cómo se explica esta preferencia? ¿No estará acaso fundada sobre poderosos motivos, más bien que sobre simples conjeturas, sobre una casualidad cualquiera? Desde el siglo XVI, los autores plasentinos consideraban á Cristóbal Colón, oriundo de Plasencia, y entre otros Marinoni en su poesías impresas den Viterbo, en 1583, dice: “Cui mecum patria est eadem, henerose Columbe cujus avos praeclara Placentia misit”. El mismo Fernando Colón, en su historia, habla de su proyecto de pasar á Italia para visitar á “Plasencia, lugar lleno de recuerdos de mi familia paterna”, y más adelante dice que en Plasencia encontrón “sepulturas con armas é inscripciones de los Colón” y el P. Riccioli Soc Jes., en su Cronología reformata dice: “Christohorus Columbus ex Pellestrella stirpe placentina orunudus et postea Ligurioe incola”. Es evidente que el P. Riccioli quiso hacer alusión á la familia de la mujer del almirante, Felipa Muñiz de Perestrello, descendiente de los nobles Pallastrelli, de Plasencia. El P.Campi en su Historia Eclesiástica de Plasencia, refiere que Cristóbal nació en Pradello, cerca de esa ciudad, y Washington Irving y otros añaden que Bartolino Colombo, abuelo del almirante, poseía varios bienes en Pradillo, Enrique Harrisse, el historiador americano escribía en 1884, que si se podía establecer la residencia de Domingo Colón, padere del almirante, en Génova, antes de 1445, cesaría toda duda acerca del nacimiento de Cristóbal en esa ciudad, y en 1885, después de conocer el resultado de las investigaciones del marqués Staglieno, de que hemos hecho mención, dio por irrefutable su tesis. Ahora bien, si los genoveses poseen un documento del año 1439 por el cual resulta que Dominicus Columbus textor pannorum lance residía en Génova, los plasentinos también poseen una escritura del 5 de abril, de 1443, otorgada ante el escribano Giacomo Cuccherla y en la cual aparece Domingo Colombo concesionario de cieto terreno situado cerca de Pradillo, en el Valle de Nure. En las pretensiones de los plasentinos existen sin embargo muchas contradicciones y los documentos que ellos presentan para apoyarlas, no son todos indicutibles, como hemos visto en lo que se refiere al escudo de armas. Completamente absurda es la pretensión de algunos plasentinos que, apoyándose en la autoridad del P.Campi, quisieran para su patria no tan solo la gloria del origen sino también la del nacimiento de Colón, fundándose en la escritura otorgada ante el escribano Lucas Marengo el 5 de diciembre de 1481 y publicada por el padre Campi, en la cual se anuncia el fallecimiento de Domingo Colombo padre de Bartolomé, de Cristóbal y de Diego “qui jam per annos decem se absentaverunt a dicta civitate. Januce et iverunt ad insulas incognitas, etc.”. Pero el original de este acto no existe y sin duda nunca ha existido y es obra de un falsificador. En efecto: la fecha del año no corresponde á la de la indición, y luego el nombre de Diego dado en 1481 al hermano menor del almirante es la prueba más evidente de la falsificación. Es notorio que Jacobo Colón tomó el nombre de Diego en España, considerando quizás este nombre como traducción del italiano Jacopo. En ese documento apócrifo se nombran Juan y domingo colombo, primos de Bartolomé y de Cristóbal. En 1481, Diego, según el falsificador, había muerto, mientras es notorio que aún vivía á principios del siglo sucesivo. También carece de seriedad la deducción que los plasentinos hacen del casamiento de Cristóbal con Felipa Muñiz de Perstrello, por se ella oriunda de Plasencia. Pero los Pallastrelli se hallaban establecidos en Portugal, donde fueron llamados Perestrellos, desde el año de 1380. En cuanto al derecho que Plasencia tenía de enviar estudiantes á la universidad de Pavía, podemos opner que Génova también lo tenía. Aunque es indudable que Cristóbal tuviese una instrucción superior á la requerida para desempeñar el modesto oficio e tejedor que le atribuyen los genoveses, como lo demuestran sus escritos y sus hechos, todavía no se puede afirmar si cursó ó nó sus estudios en esa Universidad, como refieren Oviedo y Valdés, Las Casas, y Fernando Colón y sostienen enérgicamente el caballero Dall Acqua, y el profesor Ambiveri, haciendo notar además que hasta 1828 Pradello formón parte de la Diócesis de Pavía.- Por último diremos, que desde el siglo XII se prueba por medio de documentos la existencia en la ciudad de Plasencia, del linaje Colombo, á cuya caridad es debido la fundación de Hospital de San Mateo.- Tenían sus sepulturas en la Iglesia Parroquial de San Andrés, donde las visitó Fernando Colón.- Según el árbol genealógico del archivo Solá Busca, esta familia habría pasado de Cucaro á Plasencia en el siglo XV, y justamente después del nacimiento de Cristóbal, que el autor del árbol pretende, como hemos dicho, ser natural de Cúccaro. Los Colombo de Plasencia se extinguieron en 1576. Desde el siglo XV se hallaban en mediocre estado de fortuna y no dejaron recuerdos sinó en los libros parroquiales y en los padrones vecinales. Vivían del producto de su modesta hacienda y á pesar de su pobreza, recordando con orgullo su origen ilustre se mostraban dignos, por su honradez y por su laboriosidad, de sus nobles antecesores.
NACIMIENTO, FAMILIA Y EDUCACIÓN DE COLÓN. – Por Washington Irving (1783–1851) Nada se sabe positivamente de la infancia de Cristóbal Colón, de su familia ni del tiempo o lugar de su nacimiento; porque tal ha sido la confusa habilidad de los comentadores, y tales sus esfuerzos, que ya es imposible desenmarañar la verdad de entre las conjeturas que la rodean. A juzgar por el testimonio de uno de sus contemporáneos e íntimos amigos, debe haber nacido por los años 1435 ó 1436. Muchas ciudades se disputan el honor de haberle dado nacimiento; pero parece probado que fue natural de Génova. Acerca de su familia, también se han agitado cuestiones de la misma especie. Más de una casa noble le ha reclamado como suyo desde que se hizo su nombre tan ilustre, que antes pudiera dar honor que recibirle. Es probable que hayan brotado todos estos ramos del tronco común, y que las guerras civiles de Italia hayan desgajado muchos de ellos, y arrojado otros por tierra. No aparece, empero, que ni él ni sus contemporáneos tuviesen idea alguna de la nobleza de su linaje, ni es esto de importancia para su fama, que más honra ciertamente su memoria ser objeto de contienda entre muchas casas nobles, que poder designar como la suya la más ilustre de ellas. Su hijo Fernando, que escribió su historia e hizo un viaje para investigar este asunto, tácticamente abandona semejantes pretensiones, declarando más glorioso, en su sentir, que date del Almirante la nobleza de su familia, que averiguar si alguno de sus predecesores han recibido la orden de caballería y mantenido galgos y halcones; por que creo, añade, que menos dignidad recibiría yo de ninguna nobleza de aoblengom que de ser hijo del tal padre. La parentela inmediata de Colón era pobre, pero honrada: su padre había residido mucho tiempo en Génova, ejerciendo el oficio de cardador de lana. Era él el mayor de sus hermanos, Bartolomé y Diego, y de una hermana, de quien nada se sabe, excepto que casó con un hombre oscuro llamado Diego Bavarello. Su propio apellido es Colombo, latinizado por él mismo en sus primeras cartas “Columbus”, y adoptado por otros en los escritos que de él trataban, en conformidad con los usos de aquellos tiempos, que habían hecho de la latina la lengua de la correspondencia general, y aquella en que se escribían todos los nombres de importancia histórica. El descubridor es más conocido sin embargo en la historia española por el nombre de Cristóbal Colón, que fue con el que se presentó en España. Dice su hijo que hizo esta alteración para que se distinguieran sus descendientes de los de los ramos colaterales de la misma familia; con cuyo objeto acudió al que se suponía origen romano de su nombre, Colonus, y le abrevió Colón para adaptarlo a la lengua española. De esta variedad de apellidos se ha adoptado el de colón en la traducción presente, por ser más conocido en España. Fue limitada su educación, aunque quizá tan extensa cuanto le permitían las circunstancias indigentes de sus padres. Ya de muy niño sabía leer y escribir; y tenía tan buena letra, dice Las Casas, poseedor de muchos de sus manuscritos, que podía haber ganado su pan con ella. Después aprendió la aritmética, el dibujo y la pintura; artes, observa el mismo autor, en que también adquirió suficiente destreza par poder pasar con ellas la vida. Fue enviado por algún tiempo a Pavía, la grande escuela lombarda de las ciencias. Allí estudió gramática, y se familiarizó con la lengua latina; pero su educación tuvo por mira primitiva instruirle en las ciencias necesarias para la vida marítima. Estudió la geometría, la geografía, la astronomía, o como se llamaba entonces, la astrología, y la navegación. Desde la edad más tierna había manifestado un ardiente amor por la ciencia geográfica, y una inclinación irresistible por la mar, y seguía con entusiasmo todos los estudios que le eran congeniales. En los últimos tiempos de su vida, cuando reflexionaba acerca de ella en consecuencia de los asombrosos sucesos que por su mediación habían ocurrido, hacía mérito con solemnes y supersticiosas sensaciones de esta precoz determinación de su ánimo, como de un secreto impulso de la Divinidad que le guiaba hacia aquellos estudios y le inspiraba aquellas inclinaciones que le habían de hacer digno de cumplir los altos decretos para que el cielo le había escogido. Al trazar la historia primitiva de un hombre como Colón, cuyas acciones han tenido tan vasto efecto en los asuntos humanos, es interesante indagar lo que se ha debido a la influencia casual de las cosas, y lo que a la innata propensión de su ánimo. El ingenio más original y creador recibe mayor o menor impulso de los tiempos en que vive; y aquella irresistible inclinación que Colón pensaba sobrenatural, suele producirse por la operación de circunstancias externas. Toma el pensamiento a veces una repentina e invariable dirección, ora al visitar de nuevo alguna olvidada región de la sabiduría, y al explorar y volver a abrir sus abandonados senderos; ora al entrar con admiración y delicia por campos de descubrimientos que no hayan hollado los demás hombres. Entonces es cuando recibe un ánimo ardiente e imaginativo el impulso del día, se eleva sobres sus menos esclarecidos contemporáneos, dirige la misma muchedumbre que le puso a él en movimiento, acomete empresas a las que jamás se aventurarían almas más débiles que la suya. Colón nos da una prueba de este aserto. Aquella pasión por la geografía que tan al principio inflamó su pecho y que fue origen de sus acciones posteriores, debe considerarse como incidente a la edad en que vivía. Los descubrimientos geográficos eran la brillante y luminosa senda que debía distinguir para siempre al siglo XV, la más espléndida época en invención que los anales del mundo encierran. En la larga y tenebrosa noche de la falsa erudición y de las preocupaciones monacales, se perdieron para las naciones de Europa la geografía y las demás ciencias. Afortunadamente no quedaron perdidas para los otros hombres, pues vivieron refugiadas en el seno del África. Y mientras el pedante catedrático gastaba en balde en tiempo y el talento en los claustros, confundiendo la verdadera doctrina con sus ociosos ensueños, medían los sabios árabes de Señalar los grados de latitud y la circunferencia de la Tierra, en las vastas llanuras de Mesopotamia. El verdadero saber, tan dichosamente conservado, estaba entonces abriéndose camino para volver a Europa. La restauración de las ciencias acompañó a de las letras. Plinio, Pomponio Mela y Estrabón se cuentas entre los autores que sacó de la oscuridad el reciente pero enérgico amor de la literatura antigua. Estos volvieron a la inteligencia pública cierto fondo de los conocimientos geográficos, que hacía mucho tiempo estaban borrados de ella. Atrajo la curiosidad aquella nueva vereda, por tantos años olvidada, y tan súbitamente abierta. Manuel Chysoleras, docto caballero griego, había ya desde el principio del siglo traducido al latín la obra de Ptolomeo, haciéndola así más fácil para los estudiantes italianos. De otra traducción posterior por Jaime Angel de la Escarpiaria se hallaban en las bibliotecas de Italia correctas y bellas copias. También emprezaron a buscarse con empeño los escritos de Averroes, Alfragano y otros sabios árabes que habían conservado vivo el fuego sagrado de las ciencias durante el largo intervalo de la oscuridad europea. Los conocimientos que de este modo revivían eran necesariamente limitados e imperfectos: pero estaban, como la vuelta de la luz matutina, llenos de interés y de belleza. Parecía que llamaban una nueva creación a la vida, y brillaban en las almas imaginativas con todos los hechizos de la admiración. Se sorprendía el hombre de su propia ignorancia del mundo que le rodeaba; cada paso parecía un descubrimiento; porque eran para él, en cierto modo, tierras incógnitas cuantas no circundaba el horizonte de su país. Tal era el estado de ilustración, y tales los sentimientos que se tenían con respecto a esta ciencia interesante a principios del siglo XV. Los Descubrimientos que empezaron a hacerse después en las costas atlánticas del Africa despertaron por la geografía un interés aún más vivo, que debió de sentir con paritucalridad un pueblo marítimo y comerciante como el genovés. A estas circunstancias puede atribuirse el ardiente entusiasmo que respiró Colón en su infancia por los estudios cosmográficos, y que tanta influencia tuvo en sus aventuras ulteriores. Al considerar su limitada educación , debe observarse cuán poco debió desde el principio de su carrera a la ayuda adventicia, y cuánto a la energía natural de su carácter y a la fecundidad de su entendimiento. El corto período que pasó en Pavía bastó apenas para proporcionarle los rudimentos de las ciencias necesarias; el conocimiento familiar de ellas que desplegó en los años posteriores tuvo que ser resultado de una activa enseñanza propia, y de algunas horas casualmente dedicadas al estudio, en medio de los cuidados y vicisitudes de una vida tan turbulenta como la suya. Fue uno de aquellos hombres de alto y robusto ingenio, que parece que se forman ellos mismos; uno de aquellos que habiendo tendio privaciones y obstáculos que combatir desde los umbrales de la vida, adquieren intrepidez para atacar, ya facilidad para vencer inconvenientes durante toda ella. Tales hombres aprenden a efectuar grandes proyectos con escasos medios, supliendo la falta de éstos los abundantes recurso de su invención y su energía propia. Esta es una de las particularidades que caracterizan la historia de Colón, desde la cuna hasta el sepulcro. En todas sus empresas la ruindad y visible insuficiencia de los medios dan a la ejecución lustre y realce eminentes.

JUVENTUD DE COLÓN Por Washington Irving (1783 – 1851). Dejó Colón la universidad de Pavía aún muy joven, y volvió a Génova a la casa de sus padres. Giustianiani, escritor contemporáneo, asegura en sus anales de aquella república, y lo repiten otros historiadores, que permaneció algún tiempo en Génova, siguiendo, como su padre, el oficio de cardador de lana. Su hijo Fernando contradice con indignación tal aserto, pero sin darnos noticia alguna que supla su lugar. La opinión generalmente recibida es que abrazó desde luego la vida náutica, para la que le habían educado, y a la que le llamaba su genio ardiente y emprendedor. El mismo dice que empezó a navegar a los catorce años. En una ciudad marítima tiene la navegación irresistibles atractivos para un joven de fogosa curiosidad y fantasía, que se promete encontrar cuanto hay de bello y envidiable más allá de sus aguas. Génova, además amurallada y estrechada por fragosas montañas, daba corto vado a empresas terrestres, mientras que un opulento y extendido comercio, que visitaba todos los países, y una Marina intrépida, que combatía en todos los mares, llamaban sus hijos a las ondas como a su más propicio elemento. Toglieta habla en su historia de Génova de la inclinación de la juventud a errar en busca de fortuna, con el propósito de volver a fijarse en su país nativo; pero añade que de veinte aventureros apenas volvía dos; porque o morían, o se casaban en otros países, o se quedaban en ellos, temerosos de las tempestades y discordias civiles en que ardía la república. La vida náutica del Mediterráneo se componía en aquellos tiempos de peligrosos viajes y audaces combates y sorpresas. Hasta una expedición mercantil parecía flota de guerra; y frecuentemente tenía el mercader que abrirse batallando el camino de un puerto a otro. La piratería estaba casi legitimada. Los incesantes feudos entre los estados italianos; los cruceros de los corsarios catalanes; las flotillas armadas por ciertos nobles, especie de soberanos de sus señoríos, que mantenían tropas y bajeles a su sueldo; los barcos y escuadras de aventureros particulares, empleados a veces por gobiernos hostiles, y surcando a veces los mares por su cuenta en busca de ilegal presa; y últimamente, la guerra no interrumpida contra las potencias mahometanas, llenaban los estrechos mares, en que la mayor navegación se hacía de escenas sangrientas, cruentos combates y nunca oídos reveses. Tal fue la escabrosa escuela en se crió Colón, y hubiera sido altamente interesante observar el primer desarrollo de su carácter entre tantas y tan severas adversidades. Rodeado, cual debía estarlo, de los trabajos y humillaciones que asedian al pobre aventurero en la vida náutica, parece que conservó siempre elevados pensamientos, y que alimentaba su imaginación con proyectos de gloriosas empresas. Las rigurosas y varias lecciones de su juventud le dieron aquellos conocimientos prácticos, aquellas fecundidad de recursos, aquella indomable resolución, y aquel vigilante imperio sobre sus propias pasiones, que tanto le distinguieron después. Así, un ánimo aspirador y un ingenio vigoroso convierten en saludable alimento los amargos frutos de la experiencia. Pero todo este instructivo periódo de la historia está cubierto de tinieblas. Su hijo Fernando, que mejor que nadie hubiera podido disiparlas, no hablaba de él tampoco, a no ser para aumentar nuestra perplejidad con algunos escasos e incoherentes atisbos; quizá un falso orgullo le impide revelarnos la indigencia y oscuridad de que su padre se emancipó tan gloriosamente. Todavía existen algunas anécdotas vagas y sin conexión entre sí, pero interesante por la idea que dan de sus padecimientos y de las aventuras que debieron sucederle. Su primer viaje se cree que fue en cierta expedición naval, que tenía por objeto el recobro de una corona. Juan de Anjou, duque de Calabria, armó un ejército y escuadra en Génova en 1459, para bajar sobre Nápoles, con la esperanza de ganar y volver aquel reino a su padre el rey Reinier o Renato, por otro nombre René, conde de Provenza. La república d Génova tomó parte en esta expedición, suministrando para ella buques y dinero. También iban muchos aventureros particulares que armaron navíos o galeras, y se pusieron bajo el pabellón de Anjou. Entre estos se dice había un animoso marino llamado Colombo. Vivían por aquellos tiempos dos capitanes de mar de este nombre, un tío y un sobrino de bastante celebridad, que Fernando Colón llamaba sus parientes. Los historiadores hablan de ellos a veces como jefes marinos de Francia; porque estaba Génova entonces bajo la protección, o más bien bajo la soberanía de aquel gobierno, y sus bajeles y capitanes identificados con los franceses, por tomar parte en sus expediciones. Como los nombre de estos dos navegantes ocurren vagamente en la historia en los tiempos oscuros de la de Colón, han causado mucha perplejidad a algunos de sus biógrafos, que creían que por ellos se designaba al descubridor. Navegó con estos comandantes muchas veces y por largo tiempo; y se dice que estuvo con el tío en la expedición de Nápoles. No hay autoridad para afirmar este hecho entre los autores contemporáneos, ninguno de los cuales entra en particularidades acerca de esta parte de su biografía; pero se ha asegurado repetidas veces por escritores posteriores, y las circunstancias externas concurren a dar peso a su aserción. Está probado que tuvo una vez mando aparte, al servicio del mismo rey de Nápoles, que le empleó en la arriesgada acción de apresar una galera en el puerto de Túnez. Él mismo hace por acaso mérito de esta circunstancia en uan de su cartas a los reyes escrita muchos años después. Me sucedió, dice, que el rey Reinel (que ya le llevó Dios) me envió a Túnez para tomar la galeota Fernandina; y habiendo llegado cerca de la isla de San Pedro, en Cerdeña, me dijeron que había dos navíos y una carraca con la referida galeaza; por lo cual se turbó mi gente, y determinó no pasar adelante, sino de volverse atrás, a Marsella, por otro navío y más gente; yo, que con ningún arte podía forzar su voluntad, convine en lo que querían; y mudando la punta de la brújula, hice desplegar las velas, siendo por la tarde; y el día siguiente al salir el sol nos hallamos dentro del cabo de Cartagena, estando todos en la certeza de que íbamos a Marsella. No tenemos más recuerdos relativos a esta osada hazaña, por la que ya se hace ver aquel espíritu determinado y perseverador que le aseguró el buen éxito de otras más importantes. El medio de que se valió para aquietar el descontento equipaje, engañándole acerca de la dirección del buque, es análogo a la estratagema de alterar el diario, que puso en práctica en su primer viaje de descubrimientos. La lucha de Juan de Anjou, duque de Calabria, para apoderarse de la corona de Nápoles, duró como cuatro años, y no tuvo al fin resultado. La parte naval de la expedición en que colón se hallaba se distinguió por su intrepidez, y cuando se vio obligado el duque a refugiarse en la isla de Ischia, unas cuantas galeras recorrieron y bloquearon la bahía de Nápoles. Sigue a estos hechos un intervalo de muchos años, en que apenas se encuentran huellas de Colón. Se supone, empero, que los pasaría en el Mediterráneo y por el levante, navegando a veces en expediciones comerciales, y otras, en fin, empeñando en piadosas y predatorias guerras contra los infieles. Por acaso se habla, refiriéndose a él mismo, de su estancia en la isla de Scio, donde aprendió el modo de hacer la almástiga. Ciertos autores posteriores imaginan haber descubierto pruebas de que ejerció un mando importante en la marina de su patria. Chaufepie, en su continuación de Baile, cita el rumor de que Colón era en 1474 capitán de varios buques genoveses, al servicio de Luis XI de Francia, y que atacó y tomó dos galeras españolas, por vía de represalias de la irrupción de los españoles en el Rosellón; asunto sobre el que el rey Fernando dirigió una carta de protesta y vivas quejas al monarca francés. Bossi, en su memoria de Columbus, hace también mención de otra carta encontrada en los archivos de Milán, y escrita en 1476 por dos ilustres caballeros milaneses que volvían de Jerusalén, en la que refieren que en el año anterior, cuando la flota veneciana estaba sobre Chipre para guardar la isla, una escuadra Genovesa, mandada por un tal Columbo, pasó por junto a ellos, gritando: ¿Viva San Giorgio!, grito de guerra de los genoveses, y que se les dejó pasar sin molestarlos, por hallarse en paz las dos repúblicas. El Colombo de que se habla en estas ocurrencias era muy probablemente el antiguo almirante genovés de aquel nombre, quien, según Zurita y otros historiadores, mandaba por aquel tiempo una escuadra, en la cual llevó la rey de Portugal a la casota francesa del Mediterráneo. Pero como Colón servía frecuentemente bajo su pabellón, pudo haber estado con él en estas ocasiones. La última noticia dudosa de Colón, durante este oscuro período, nos la da su hijo Fernando, asignándole una distinguida parte en cierta acción naval de Colombo el menor, sobrino del que se acaba de nombrar, y que era, según Fernando afirma, famoso corsario, y tan terrible en sus hechos contra los infieles, que las madres moriscas solían asombrar a los niños con su nombre. Este audaz marino, habiendo sabido que venían cuatro galeras venecianas, ricamente cargadas de la vuelta de Flandes, las interceptó con su escuadra en la costa portuguesa, entre Lisboa y el cabo San Vicente. Una desesperada batalla siguió a este encuentro. Se abordaron y encadenaron los buques y pelearon las tripulaciones mano a mano y de uno al otro barco. La acción duró desde por la mañana hasta la noche, con inmensa pérdida y carnicería de amos contendientes. El bajel que Colón mandaba se batía con una enorme Galera veneciana, arrojándole granadas de mano y otros proyectiles incendiarios, hasta lograr envolverla en llamas. Y como estaba aferrados los dos navíos con cadenas y garfios de hierro, no pudieron separarse ni evitar el progreso de una conflagración común, que no tardó en devorarlos. Las tripulaciones se echaron al agua, y asiéndose Colón de un remo que casualmente flotaba al lado suyo y a fuerzo de ser expertísimo nadador, pudo llegar a la orilla, aunque distaba dos leguas. Le dio el Altísimo, añade su hijo Fernando, la fuerza que le preservara para mayores cosas. Después de recobrarse algún tanto de su debilidad, pasó a Lisboa, donde encontró muchos paisanos suyos, que le persuadieron a que fijase allí su residencia. Tal es la relación que da Fernando de la primera llegada de su padre a Portugal, y la que han adoptado los historiadores modernos. Aunque no es imposible que Colón se hallase en dicha batalla, debe tenerse presente que no se dio ésta hasta muchos años después del presente período de su vida. Algunos historiadores la ponen en el verano de 1485, estos es, cerca de un año después que Colón salió ya de Portugal. El solo modo de zanjar contradicción semejante sin poner en duda la veracidad del historiador, es suponer que Fernando haya confundido alguna otra acción en que estuviese su padre con la de las galeras venecianas que encontró recordarla, sin fecha, por Sabellico. Desechando, pues, como apócrifa esta romanesca y heroica llegada de Colón a las playas de Portugal, hallaremos en las grandes empresas náuticas en que aquel reino estaba empeñado, amplios alicientes para una persona de su profesión y carácter. Para esto, empero, es necesario pasar la vista por ciertos sucesos relativos a descubrimientos marítimos, que hicieron de Lisboa en aquel tiempo, centro de atracción para los sabios en geografía y ciencias náuticas de todos los países del mundo.

Delcaraciones hechas por Don Cristóbal, Don Diego y Don Bartolomé Colón acerca de su nacionalidad Reúne y estudia la Comisión de Indias de esta Academia cuanto se escribe acerca de si fué o no Pontevedra la patria de don Cristóbal Colón, para formular el dictamen pedido por el Gobierno sobre una obra en que se pretende que el Almirante nació en Galicia. Desde que el señor García de la Riega enunció tal pensamiento, ya de palabra en los debates de la Academia, ya en escritos publicados en el BOLETÍN de la misma o en el de la Real Sociedad Geográfica he sostenido que, a mi juicio, carece de sólido fundamento cuanto se alega en favor de la tesis de que el gran navegante nació en España, lo que me impone el deber moral de abstenerme de emitir un voto en la sentencia de un pleito en que figuro como parte; pero creo que esto no obsta para que pueda y aun deba informar a la Academia, como uno de tantos que intervienen en la polémica, del resultado de mis estudios e investigaciones, a fin de que sean tenidos en cuenta por la Comisión que ha de formular el proyecto de dictamen. Uno de los temas más discutidos en la actualidad y menos estudiados es el de si el testamento que don Cristóbal se dice otorgó el año de 1497 es apócrifo o auténtico; el asunto merece la pena de estudiarse, porque en un párrafo de él declara que nació en Génova y en otro lo confirma con la conocida frase De Génova salí y en ella nací. Durante mucho tiempo el escrito se ha tenido por auténtico; pero ahora algunos lo declaran apócrifo a fin de anular uno de los argumentos de mayor fuerza que se emplean para demostrar la nacionalidad italiana del Almirante. A la muerte de don Luis Colón, tercer almirante de las Indias, presentó demanda ante el Consejo Real, en 12 de mayo de 1572, don Diego Colón, hijo de don Cristóbal, bisnieto por línea recta de varón del primer Almirante, pidiendo la sucesión del mayorazgo que éste había fundado. A la demanda se opusieron dos hijas del almirante don Luis, y comenzó el famoso litigio que se conoce en la Historia con el nombre de «Pleito de la sucesión del Ducado de Veragua». En el transcurso del tiempo fueron aumentando el número de los litigantes, los cuales pusieron en acción cuanto medios estuvieron a su alcance para recabar documentos y noticias que favoreciesen su causa y, sobre todo, para encontrar los testamentos que se sabía otorgó el Almirante y se suponían intencionadamente ocultados. El medio que mejor resultado dió fue el de las Paulinas, llamadas así por haberlas instituido el Papa Paulo III: eran éstas despachos expedidos por los nuncios apostólicos, en los que, a petición de parte, se conminaba a los que tuvieran noticia o en su poder se encontrase un documento de importancia que se consideraba perdido o maliciosamente oculto, a que las comunicara o entregare a la parte que solicitó la Paulina. Entre los documentos del pleito existe copia autorizada de una Paulina expedida en 15 de marzo de 1587 a petición de doña Francisca Colón de Toledo, que expuso no podía alcanzar su justicia por no tener noticia de qué personas «saben, entienden y han leído un libro encuadernado en cuero, guarnecido con unas manillas de plata y escrito en pergamino, de letra antigua, con algunas letras al principio iluminadas, de los Almirantes de las Indias, que contenía un testamento y mayorazgo del almirante don Cristóbal Colón, primer descubridor de las Indias, el cual testamento estaba firmado y signado de escribano público». Accediendo a lo solicitado, don César Speciario, nuncio apostólico en todos los reinos de España, ordenó, usando de la autoridad apostólica de que estaba investido, a los arzobispos de Toledo, Sevilla y Valencia, a sus vicarios y oficiales generales y al de la villa de Madrid que hicieran leer la Paulina en todas iglesias de sus diócesis, asignando algún término señalado, para que las personas que algo de lo pedido supiesen lo declararan y pasado sin éxito el término, diesen otro por breve tiempo, y todavía podían otorgar un tercero perentorio, transcurrido el cual sin resultado les ordenó «dar y promulgar sentencia de excomunión en las tales personas…; y si, lo que Dios no permita -añade-, las tales personas, imitando la dureza de Faraón, se dejasen estar en la dicha nuestra excomunión y censuras, por lo que no contentos con una pena, con mayor sean punidos y castigados, agravando y reagravando nuestras censuras, mandamos a vos los dichos vicarios y a cada uno de vos, que en los Domingos y fiestas en la Misa mayor, cubierta una cruz de luto, tañiendo campanas, matando candelas y Haciendo las demás ceremonias y actos que es uso y costumbre y el derecho manda, anatematicéis y maldigáis y tornéis a denunciar y declarar las tales personas por públicos excomulgados, agravados y reagravados, persuadiéndoles a la satisfacción y cumplimiento de lo que dicho es; y no dejéis de lo así hacer y cumplir hasta tanto que vengan a mandamiento de la Santa Madre Iglesia y merezcan beneficio de absolución, la cual a nuestro superior y Nós reservamos». Bien se alcanza la eficacia que tales anatemas habían de tener actuando sobre un pueblo tan religioso como era el español en el siglo XVI y que tan subordinado estaba a los mandatos de la Santa Sede. De las diversas declaraciones a que las Paulinas dieron lugar entresacamos aquellas que más directamente conducen a esclarecer los hechos. En 13 de febrero de 1588, el presbítero Juan Frayre de Andrada se presentó y dijo que, teniendo conocimiento de que, por parte de don Cristóbal Colón, hijo y heredero de don Luis, se había sacado cierta Paulina y descomunión, la cual había visto, para que todas las personas que supiesen de cualquier manera de testamento que hizo e instituyó don Cristóbal Colón, primer almirante de las Indias, lo declarasen, para descargo de su conciencia manifestaba que el año 66 y 67 servía el declarante de capellán a don Luis Colón, almirante de las Indias, y estando éste preso en la fortaleza de Pinto un día le dijo: «Ya habrás visto cómo me han dejado los más de los mis criados y especialmente Juara, y no tengo hombre de quien me fiar sino de vos; tomad este libro -que era a manera de cuaderno, y el dicho libro era encuadernado con unas manecillas, escrito en pergamino, y con algunas letras de iluminación y llevadlo al doctor Berastegui y entregáselo en su mano propia y no a otra persona porque me importa porque es mi mayorazgo y lo ha de ver cerca de muchas cosas»; que trajo el libro a Madrid y lo entregó a Berastegui; que leyó muy poco del libro y le pareció que eran palabras de testamento, y que después en casa del secretario Valmaseda vió un cuaderno a manera de libro escrito en pergamino por dentro y que trataba de cosas del Duque de Veragua y le pareció el que llevó a Berastegui, pero que no puede afirmarlo. En 23 de febrero de 1588 declaró Gaspar de Guinea, criado de Garci Juarez de Caravajal, para descargo de su conciencia, que haría ocho o diez años que se comenzó el pleito y se sacó una Paulina y se leyó en varias parroquias de esta villa y un día de fiesta después de leída en la iglesia de San Ginés, terminados la Misa y Sermón, envió a decir el doctor Berastegui, abogado en esta corte, a doña Luisa de Caravajal, madre del dicho don Cristóbal Colón y a este declarante, que fueran a su casa que tenía ciertos papeles tocantes a la fundación, y fueron, en unión de don Cristóbal Colón, y Berastegui no los quiso entregar sino al doctor Hurtado, tutor y curador de don Cristóbal, y llamado Hurtado le hizo entrega ante escribano, y el declarante fué testigo y se acuerda que en los dichos papeles había un libro encuadernado en color negro y las hojas escritas en pergamino, con iluminaciones de letras, y al principio de él estaban unas armas que, a lo que se acuerda, había pintado en ellas unas áncoras y este declarante leyó en él, como persona que trataba del dicho pleito, y trataba de la orden y fundación de dicho mayorazgo y demás esto se acuerda de haber leído un testamento o codicilo en que el dicho don Cristóbal Colón, fundador del mayorazgo, llamaba a sucesión a varón, excluyendo a las hembras. Con esta declaración coincide la prestada por doña Luisa de Caravajal en 23 de marzo de 1588, la cual dice que por temor a las censuras contenidas en la Paulina manifiesta que cuando comenzó ella el pleito, sacó una Paulina y se leyó en la iglesia de San Ginés y estaba en la iglesia el doctor Berastegui y le envió un recado en que le decía que tenía los papeles y mayorazgo y no los quiso entregar si no al doctor Hurtado, y lo hizo ante escribano que levantó acta; describe el libro lo mismo que el anterior declarante y añade que leyéndolo hallaron en él el mayorazgo y el doctor Berastegui numeró las hojas; además del libro le hizo entrega de otros papeles. El doctor Berastegui, el 19 de enero de 1586, declaró que desde el año de 552 hasta que don Luis murió fué su letrado y que le comunicó muchos negocios y secretos suyos y que las escrituras que tuvo sobre cosas de su estado las entregó al doctor Hurtado cuando fué proveído curador de don Cristóbal su menor, por inventario, al cual se remite5. En memorial ajustado del pleito se hace constar que en las actuaciones existía un recibo firmado del doctor Hurtado y de Pedro de Loba, escribano, el 7 de marzo de 1578, en el que constaba que el doctor Berastegui entregó al doctor Hurtado «otro libro mal encuadernado en pergamino, que en el primer cuaderno está el mayorazgo que hizo el primer Almirante, año de 97, inserto un traslado de la facultad que tuvo para hacer el mayorazgo y al fin de él están borradas tres firmas y escrito a mano cuatro renglones y está escrito el dicho mayorazgo en siete hojas, y después está la copia de las escrituras que quedan en la ciudad de Sevilla, en diversos envoltorios, en cuatro cuadernos». A petición de una de las partes el Consejo de Indias ordenó al doctor Hurtado la entrega del testamento de 1497, en su secretaría; así lo efectuó el 13 de mayo de 1579, siéndole expedido recibo en esta forma: «Digo yo, Francisco de Balmaseda, secretario del Consejo Real de las Indias, que recibí del señor doctor Hurtado, abogado de esta corte, una escritura escrita en papel simple que suena ser testamento de don Cristóbal Colón, almirante que fué de las Indias, que al principio de él dice: “En la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla”, y en la postrera hoja están escritos ciertos versos en latín, y todo ello en ocho hojas, con la de los dichos versos.» Trece años antes de estos hechos, el 24 de julio de 1566, y con motivo de las causas que a don Luis Colón, tercer almirante de las Indias, se seguían, el licenciado Artiaga, teniente de asistente de Sevilla, se personó, acompañado de escribano, en el monasterio de las Cuevas de Sevilla y ordenó que se abriese la caja de hierro que había en la capilla de Santa Ana, en la que se guardaban las escrituras de los Colones, y a su presencia y a la de Juan de Morales y tres frailes más, el escribano Agustín de Buyza hizo inventario de los documentos que contenía, entre los que figura un cuaderno de seis pliegos, en el cual están siete hojas simples escritas, que por él parece ser institución de mayorazgo de don Cristóbal Colón, almirante, en el cual está inserto el traslado de la facultad real que tuvo para hacer el dicho mayorazgo. De allí lo sacó el almirante don Luis, su legítimo poseedor y lo entregó a su abogado el doctor Berastegui, en unión de otros documentos de igual o mayor interés; éste lo pasó a Hurtado, obligado por la Paulina, el cual a su vez fué obligado a entregarlo en el Consejo; no existe, pues, en esta tramitación motivo para estimar que fuese hecho para servir intereses de determinado litigante. No terminó la peregrinación del testamento en la Secretaría del Consejo; de allí lo sacó, bajo recibo, Gaspar de Zárate, procurador de la Marquesa de Guadaleste, y habiéndosele exigido la devolución, notaron los oficiales de la Secretaría que faltaba una hoja y no lo quisieron recibir, lo cual ocasionó que don Cristóbal Colón, doña Francisca Colón de Toledo y don Baltasar Colón9 acusaran de la sustracción a don Francisco de Mendoza, almirante de Aragón, y a Gaspar de Zárate, procurador de doña María de Cardona, marquesa de Guadaleste, mujer del dicho Almirante, y a los demás que parecieran culpables; en la acusación, después de narrar las vicisitudes del testamento desde que salió del poder de don Luis Colón hasta que llegó a la Secretaría del Consejo, exponen que un día el Almirante fué al escritorio del dicho secretario Balmaseda y pidió se le diese dicho testamento original con ánimo de llevárselo sin conocimiento (recibo) y no habiéndoselo querido dar sin que Gaspar de Zárate, procurador de la Marquesa, hiciese conocimiento (recibo), le envió a llamar, el cual vino y en su presencia se contaron y rubricaron ocho hojas escritas que contenían el dicho testamento, con la última, que es de unos versos en latín, de los cuales dió conocimiento el dicho Gaspar de Zárate, y se dió el testamento al Almirante, que lo entregó a un paje para que se lo llevase; pedida la devolución «lo envió el Almirante de Aragón una noche, con un hombre desconocido, y el secretario Balmaseda y los oficiales no lo quisieron admitir, porque cotejándole con el conocimiento que dió Gaspar de Zárate hallaron que faltaba una hoja, en que estaban los llamamientos y que habiendo recibido ocho hojas escritas no se volvieron más que siete, y en la primera hoja, blanca, que no se suele numerar, se había puesto número uno y los demás se habían falseado, haciendo el número primero, segundo, y el segundo, tercero, y el tercero, cuarto, y volvió a traer el dicho testamento Gaspar de Zárate, pretendiendo que se le había de borrar el dicho conocimiento (recibo) y los oficiales de dicha Secretaría no lo quisieron hacer, mostrándole la falta de la hoja y falsedad de los números, y así el Gaspar de Zárate lo arrojó encima de la ilesa, dejando vivo y sin borrar su conocimiento. La gravedad del hecho denunciado y la categoría del principal acusado y de los acusadores hizo que se diera al asunto tal importancia que, para esclarecerlo, se designaron seis jueces del Consejo real para que se unieran a los del de Indias; formóse proceso y el Tribunal ordenó en 3 de marzo de 1588 que el Almirante de Aragón quedase preso en su casa y Gaspar de Zárate en la cárcel real. El proceso existe en el Archivo Histórico Nacional, y su resultado fué la absolución del Almirante y ordenar que se supliera lo que contenía la hoja robada tomándolo de una copia que don Baltasar Colón había mandado sacar antes que el Almirante se llevara el testamento y cuya copia se había comprobado que era exacta en un expediente que se instruyó al efecto; el Tribunal acordó que lo que se incorporase de esta copia al original tuviese el mismo valor legal que a éste se atribuyera. Si no hubiese otras pruebas de que el testamento o minuta de 1497 era tenido por auténtico y no había medios de probar su falsedad, la sustracción de la hoja en que se declaraba el orden de suceder sería más que suficiente, porque para recurrir, cualquiera que fuese el autor, a la comisión de un delito, arrostrando todos los riesgos que de él habían de derivarse, necesario fué que no encontrase otro recurso para anular los preceptos contenidos en la fundación del mayorazgo. En uno de los memoriales del pleito sobre la sucesión del Ducado de Veragua se inserta el testamento de 1497, completado con la copia de la hoja sustraída y tal como aparece en el tomo II, pág. 221 de la Colección de Viajes de don Martín Fernández de Navarrete, comenzando el documento: «En la muy noble ciudad de Sevilla a (en blanco) del mes de (en blanco) año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y cuatrocientos y noventa y siete años, estando dentro de las casas donde para el Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, Almirante mayor del mar Océano, Visorrey y Gobernador de las Indias y Tierra firme, por el Rey y la Reina nuestros Señores y su Capitán general del mar, que son en esta ciudad, en la Colación de Santa María, estando allí presente el dicho Señor Almirante, y en presencia de mí Martín Rodríguez, escribano público de la dicha ciudad y de los escribanos de Sevilla que a ello fueron presentes; e luego el dicho Señor Almirante presentó ante nós los dichos escribanos una carta de licencia para que pudiese hacer mayorazgo, del Rey y de la Reina nuestros Señores, escrita en papel y firmada de sus Reales nombres y sellada con su sello a las espaldas y firmada del Señor Doctor Talavera, según que por ella parece; su tenor de la cual, de verbo ad berbum, es este que se sigue. [box] «Y así mismo este es traslado de una carta de mayorazgo escrita en papel y firmada del nombre de su Señoría del dicho Señor Don Cristóbal Colón, según que por ella parecía, su tenor de la cual, de verbo ad verbum, es este que se sigue.»[/box] A continuación se inserta la Real cédula dada en Burgos el 23 de abril de 1497, facultando a don Cristóbal Colón para fundar mayorazgo y la Carta del mayorazgo que Colón instituyó. Al pie de este testamento o minuta dice el Memorial, que acaba en esta cláusula, «y sea causa de mucho bien y, descanso de mi anima»; luego están unas como firmas borradas que si fuere necesario se podrán ver y hay dos rengloncillos borrados; acerca de estos, Francisco de Burcena, oficial de la Secretaría del consejo, declaró que se hallaban escritos en la margen y que parecían de distinta letra. En la probanza que en el plenario se hizo por doña Francisca, don Cristóbal y don Baltasar Colombo (Colombo en italiano y Colón en castellano) articularon en la pregunta 8, que al fin del testamento, donde estaba borrado decía El Almirante con una cifra S S A S X M I y en otra parte, donde también estaba borrado, decía «fecha 22 de febrero de 1498». Resultado de esta pregunta fué el examen técnico de estas tachaduras. Los peritos estuvieron conformes en apreciar que la letra del testamento era antigua, que la firma borrada decía «el Almirante» y que los dos renglones borrados que estaban al lado de la firma, decían «22 de Febrero de 2.198», exponiendo Diego de Argüelles que a su juicio no hacía mucho tiempo que se harían hecho las tachaduras, por estar fresca la tinta. Debajo de estas borraduras, prosigue el Memorial, «está de otra letra diferente de la escritura, que se pretende es de letra del fundador y que lo que está al cabo de ella es su firma, con lo siguiente lo cual dice así: “No valga esta escritura y valga otra que yo hice de mi letra año de 1502, a 1 de abril, en el Monasterio de las Cuevas de Sevilla que tiene Fray Don Gaspar“.» Y debajo de estos renglones están, junto a ellos, unos caracteres en esta forma: S S A S X M Y XPO Ferens Y todo está sin borrar, sino limpio, así lo que está de diferente letra como los caracteres que están después de ello. A continuación hay un párrafo en latín diciendo que era el testamento de don Cristóbal Colón y unos versos también en latín. ¿Es apócrifo este documento, en el que dos veces declara don Cristóbal Colón que nació en Génova? Los litigantes en el pleito de la sucesión del Ducado de Veragua, a pesar del gran interés que algunos tenían en darlo por nulo, no niegan su autenticidad; unos le consideran como una simple minuta revocada y otros lo contradijeron por no solemne ni público y revocado. En la denuncia formulada por don Cristóbal Colón, doña Francisca Colón y don Baltasar Colón (Colombo en italiano, Colón en español), con motivo de la sustracción de la cuarta hoja del testamento, dicen, defendiendo su valor legal, que los llamamientos que se hacían en la hoja que faltaba estaba clarísima y por palabras individuas y que no reciben cavilación ni entendimiento alguno, las cuales son bastantísimas para declarar la voluntad del testador, aunque el dicho testamento no tuviere solemnidad alguna, mayormente teniendo la firma del testador, con inserción de la facultad real que tuvo para hacer mayorazgo, y día y mes y año y nombre del escribano, que se llamaba Martín Rodríguez, escribano del número de Sevilla, que se nombra dentro del dicho testamento, y concurriendo con esto el estar en poder del Almirante don Luis, tercero Almirante, y sucesor de estos estados, y de letra antigua y de papel antiguo, de la cual misma letra está escrito todo el libro, donde están otras escrituras y privilegios signados del dicho Martín Rodríguez y estando inventariado ante la justicia de Sevilla el año de sesenta y seis ante Agustin de Buyza, escribano de la dicha ciudad de Sevilla, sin que por entonces estuviera borrada firma ni añadido renglón ninguno de otra letra, como se ha hecho después; respecto a este extremo, al margen del escrito y de distinta letra, acaso la del relator del Consejo, hay una nota que dice: «Ansí es que está inventariado en el inventario del año 1566. En el inventario no se dice que estuviese borrado ni añadido renglón»15; en efecto, como ya hemos visto, el inventario nada refiere de esta circunstancia y la afirmación de que las enmiendas estaban hechas con posterioridad a la muerte del primer Almirante, tienden a demostrar la validez legal del testamento, que en substancia afirman que no difería del Codicilo de 1506 sino en estar más clara en éste la voluntad del testador. Los denunciantes consideraron que la fecha de 22 de febrero de 1498, que aparecía borrada al lado de la firma del Almirante, era la del testamento; por eso dicen que tenía día, mes y año, cuando en realidad, como queda expuesto, sólo tiene el año y éste es el de 1497. Los documentos aducidos tienen verdadera importancia, sobre todo el de que la letra del texto fuera la misma que la de otras escrituras autorizadas por el escribano de Sevilla Martín Rodríguez, y la de que el testamento estuviera inventariado el año de 1566 entre los documentos de los Colones existentes en el archivo que tenían en el Monasterio de las Cuevas, de Sevilla, en cuya fecha, seis años anterior a la muerte del almirante don Luis, nadas podía hacer prever que no dejara sucesión masculina legítima. Pero mayor importancia que todo lo aducido tiene, para probar la autenticidad, la nota que al final aparece. «No valga, esta escritura y valga otra que yo hice de mi letra año 1502, a I de abril, en el monasterio de las Cuevas de Sevilla.» En que la nota sea apócrifa no lleva aparejado el que la escritura tenga también que serlo; el que sea auténtica es la prueba definitiva de la autenticidad del documento. Para los que pretendían dar fuerza legal a la escritura, eran un obstáculo no sólo la firma borrada sino también la nota en que el Almirante anulaba sus disposiciones; por eso trataron de dar valor a la firma diciendo que había sido tachada recientemente, lo cual se probaba por lo fresca que estaba la tinta; y por eso don Baltasar Colón (Colombo en italiano y Colón en castellano), que como hemos visto pretendía que cuando el documento estaba en el monasterio de las Cuevas no tenía borrada la firma ni añadido renglón alguno, solicitó que del archivo de las Cuevas de Sevilla se enviasen documentos escritos y firmados por don Cristóbal Colón, con la esperanza de que, compulsada su escritura con la de los cuatro renglones, pudiera declararse que habían sido éstos escritos recientemente, en cuyo caso, anulado el valor de la nota y rehabilitado el de la firma borrada, podía sostenerse el del testamento como expresión de la voluntad no modificada del Almirante, aunque no tuviera las formalidades que las leyes exigían en los actos de última voluntad. Seis fueron los peritos designados para el cotejo de la letra de la nota con la de nueve billetes que se trajeron de Sevilla: Blas Navarro dictaminó que la letra de los renglones tenía alguna similitud con la de los billetes; Melchor de Villarroes, maestro de escuela, dijo que la letra de los renglones y la de los billetes se parecía mucho y que la letra de aquéllos parecía estar más fresca. Don Pablo Reys, presbítero, capellán de San Ginés, que tenía escuela de escribir, dijo que la letra de los renglones y la de los billetes le parece la misma, por ser del mismo carácter y aire de letra y por tal lo tiene; Juan de Baeza, maestro de escuela de enseñar a leer y a escribir, que la letra de los cuatro renglones que comienzan no vala la escritura y acaba que tiene Fray Don Gaspar y la letra de los dichos billetes le parece que es toda una letra y de una misma mano y así lo tiene por cierto»; Francisco Meléndez, nuestro de leer y escribir, dice que la letra de los renglones y de los billetes le parece ser toda una; Antonio de Navarrete, maestro que había sido de escuela de enseñar a leer y a escribir y se había ocupado en el archivo de Simancas ocho años, manifiesta que la letra de los cuatro renglones parece ser la misma letra y mano en la letra que están escritos los nueve billetes y así lo tiene por cierto y por último, Francisco de Avila, maestro de escuela de enseñar a leer y a escribir, declara que la letra de los cuatro renglones le parece ser toda una y de la misma mano que la de los nueve billetes, porque este testigo lo ha mirado muy bien, letra por letra. En cuanto a las letras X< >M< >I y encima tres S< >S< >S y una A que anteponía el Almirante a su nombre o categoría, a los peritos Blas Navarro y Juan de Baeza les pareció ser iguales a las de los billetes; a Lucas de Sorrivias también le pareció que las cifras que estaban al pie de los cuatro renglones y las de los billetes eran una sola, diferiendo sólo en que las de éstos tenían unas rayas de que carecían las de aquéllos, y esta misma diferencia observa Francisco de Avila, siendo Melchor de Villarroes el único que le pareció que las cifras del testamento no tenían el aire y rasgos de las firmas de los documentos traídos de Sevilla. Respecto a la firma no cabía comparación, porque en los documentos decía «El Almirante», y en lo que estaba al pie de los renglones en el testamento decía «Christophorus», con letras latinas. La prueba pericial fué, pues, favorable a la autenticidad de la nota y así lo reconoce el relator del Consejo al decir en un Memorial, redactado, como todos, de acuerdo con los litigantes «y la letra de todos ellos (los documentos que se trajeron de Sevilla) parece a los cuatro renglones que están al pie de la minuta o testamento, de los cuales cuatro renglones y letras de ellos en que dice no vale aquel testamento se vale doña María Colón y los demás pretensores para que esté revocado». El contenido de la nota se halla de acuerdo con el testamento o codicilo de 1506, en el que expuso el Almirante: «Cuando partí de España el año de quinientos dos yo fize una ordenanza o mayorazgo de mis bienes e de lo que entonces me pareció que cumplía a mi ánima e al servicio de Dios eterno e honra mía e de mis sucesores, la cual escritura dejé en el monasterio de las Cuevas de Sevilla a Fray Don Gaspar con otras mis escrituras e mis previlegios e Cartas que tengo del Rey e de la Reina.» En resumen: el testamento o la minuta de 1497, como en el litigio se le llama muchas veces, está probado que el año 1566 existía en el archivo de los Colones, en el Monasterio de las Cuevas de Sevilla, de donde lo sacó don Luis, tercer almirante de las Indias, y de él pasó a su abogado, que lo entregó ante escribano al doctor Hurtado, curador de don Cristóbal Colón, uno de los litigantes, y Hurtado hizo de él entrega en el Consejo de Indias, cumpliendo providencia por éste dictada. Se alegó en el litigio, sin que nadie lo rebatiera, que estaba escrito en papel antiguo y con letra antigua igual a la de otras escrituras del Almirante, firmadas por el escribano de Sevilla Martín Rodríguez, y el dictamen pericial comprobó que la nota anulándolo fué escrita por el Almirante, lo cual demuestra la autenticidad del documento; pero ¿puede considerarse como la institución del mayorazgo, o simplemente como una minuta cuyo contenido no llegó a ser elevado a escritura pública? Si nos fijamos que está escrito por la misma persona que escribió otros documentos autorizados por Martín Rodríguez y que en su encabezamiento están en blanco el día y el mes, determinándose sólo el año de 1497, lo cual no tendría explicación si el acto a que se refiere se hubiera llevado a efecto, y que no sólo no está firmado por Martín Rodríguez y los otros escribanos que se citan, sino que ni se hace mención de ellos como firmantes, ni se dice que sea copia, parece deducirse que el tal documento era sólo minuta, que siguiendo las instrucciones del Almirante redactó y le entregó el escribano Martín Rodríguez para si estaba conforme extender la escritura de fundación con todos los requisitos legales. La minuta tuvo que ser redactada en los días comprendidos entre 23 de abril de 1497, fecha de la Real cédula autorizando a don Cristóbal Colón para fundar el mayorazgo, y el 4 de octubre del mismo año, en que murió el príncipe don Juan, al que en el texto del documento se le ruega no consienta se tergiverse lo que la fundación dispone. La firma del Almirante y la fecha de 22 de febrero de 1498 que al dado de ella, pero separada del texto, leyeron los peritos, parecen indicar que estando el Almirante conforme con la minuta la autorizó y se formalizó en dicha fecha la escritura de mayorazgo. La sustracción de la hoja de la minuta y el haber sido arrancadas del registro del escribano de Sevilla Martín Rodríguez las hojas correspondientes al mes de febrero de 1498, en que debía estar inscrita la fundación caso de haberse otorgado la escritura en esa fecha, hacen más verosímil la hipótesis de que la minuta fué elevada a escritura y que las hojas del registro fueron arrancadas y la de la minuta sustraída por alguien a quien le convenía hacer desaparecer las disposiciones a que el Almirante sujetaba la sucesión en el mayorazgo. Que fuera o no elevada a escritura pública la minuta de 1497 importa poco a nuestro objeto; lo que nos interesa, y creemos haberlo conseguido es probar su autenticidad, ya que en ella declara por dos veces don Cristóbal Colón que había nacido en Génova. El testamento de 1497 no es el único documento en que don Cristóbal afirmó su condición de extranjero. En la carta que en 7 de julio de 1503 escribió a los Reyes desde la isla Jamaica, protestando de la acusación que contra él formulaban sus enemigos de que quería declararse independiente en las islas, ley decía: «¿Quién creerá que un pobre extranjero se hubiese de alzar en tal lugar contra V. A. sin causa ni sin brazo de otro príncipe y estando solo entre sus vasallos y naturales?» El padre fray Bartolomé de las Casas, que para escribir la Historia de las Indias tuvo a su disposición el archivo de los Colones, copia párrafos de muchas cartas. En una de ellas decía el Almirante a los Reyes: «yo he sido culpado en el poblar, en el tratar de la gente y en otras cosas, muchas como pobre y extranjero envidiado.» En otra que escribió a los Reyes dándoles cuenta de su tercer viaje, quejándose de las calumnias de que era objeto por parte no sólo de las personas que habían regresado de las Indias sino de algunas que no habían salido de Castilla, refiriéndose a éstas les decía: «Las cuales tenían facultad de probar su malicia al oído de Vuestras Altezas y todo con arte y todo por me hacer mala obra por envidia, como pobre extranjero»; y en otra que en 1498 dirigió a los Reyes desde la Española les rogaba que mandasen a los que en Sevilla entendían en los asuntos de Indias que no le fueran contrarios. «Yo no sé -les dice- lo que allá pasaría Ximeno salvo que es de generación que se ayudan a muerte y vida e yo ausente y envidiado extranjero no me desechen Vuestras Altezas, pues que siempre me sostuvieron». Como se ve, don Cristóbal Colón, no una sino repetidas veces en distintas fechas invoca su condición de extranjero; su hijo don Fernando, cuando escribió la Historia del Almirante, no sabía, o si lo sabía no quiso decir dónde nació su padre; pero cuando otorgó en Sevilla testamento, el 12 de julio de 1539, ya lo sabía, pues al dictar instrucciones al comisionado que había de recorrer Italia, adquiriendo libros para la Biblioteca Fernandina, le recomendaba que se valiera de los genoveses, a los que debía presentarse como «Sumista de la librería Fernandina, que instituyó don Cristóbal Colón, genovés, primero Almirante que descubrió las Indas; el hijo confirió la declaración que su padre hizo en el testamento de 1497 de haber nacido en Génova». De los hermanos del Almirante también se conservan pruebas de que eran extranjeros. Don Fernando Colón, en la historia de su padre, dice que don Bartolomé Colón presentó a Enrique VIII de Inglaterra un mapamundi, en el que estaba escrito: [box] Ianua cui patrie est nomen cui Bartholomeus Columbus de Terra-rubra opus edidet estud Lodoniis ann. Domini 1480 atque in super annos Octava Dec imaque die cum tertia mensis Febr. Laudes Christo cantentur abunde.[/box] Esto halló don Fernando escrito de propia mano, según dice, de don Bartolomé Colón, y agrega que lo inserta más por su antigüedad que por su elegancia. También el padre Las Casas encontró este documento en el archivo de los Colones y lo copia en su Historia general de las Indias, diciendo que estaba escrito de «muy mala y corrupta letra» y sin ortografía. Lo mismo don Fernando que el padre Las Casas conocían la letra del Adelantado, y al coincidir en que por él estaba escrito lo que antecede dan la prueba plena de la autenticidad. Pretendió el Almirante que a su hermano don Diego se le concediera un beneficio eclesiástico; en la Memoria que antes de emprender su tercer viaje dejó a su hijo don Diego, decía: «Has de procurar que Sus Altezas hagan merced a Diego mi hermano de algo en la iglesia una canongía u otra cosa»: mas para conseguir lo que el Almirante deseaba existía el obstáculo de que, según las leyes del reino, los extranjeros no podían obtener beneficios eclesiásticos. Así lo disponía la Novísima Recopilación, y los procuradores en las Cortes de Madrigal y Toledo pidieron a la Reina que la ley fuese cumplida y que no se falsease expidiéndose cartas de naturaleza a los extranjeros. «Jure e prometa Vuestra Alteza -le dicen a la reina Isabel en las Cortes de Madrigal de 1476- que de aquí en adelante no dará carta de naturaleza a persona alguna, salvo si fuere alguna persona por grandes merecimientos»; y la Reina así lo ofreció, y para cumplir lo ofrecido y al mismo tiempo complacer al Almirante, dice la Real cédula de 8 de febrero de 1594 que atendiendo a los servicios de don Diego le hace «natural de estos nuestros reinos de Castilla y León para que podáis haber e hayáis cualquier dignidad e beneficio eclesiástico que vos fueren dados e podáis gozar e gocéis de todas las honras e gracias e mercedes e franquicias e libertades exanciones e prerrogativas e inmunidades e de todas las otras cosas e cada una de ellas que podíades e debíades haber e gozar si fuésedes natural de los dichos nuestros reinos y mandamos a los Príncipes que vos hayan e tengan por natural de estos nuestros reinos así como si fuéredes nacido e criado en ellos». ¿Qué mayor prueba puede pedirse de que don Diego Colón había declarado que era extranjero que esta Real cédula, en que los Reyes y la Chancillería, reconociéndolo como tal, le conceden el que fuera tenido como si hubiese nacido en los reinos de Castilla y León? Alegan los que creen que el Almirante nació en Galicia que allí existían individuos del mismo apellido; lo cual nada prueba, porque también existían en Aragón, Valencia y Baleares. Lo que hay que probar con documentos (y hasta ahora no se ha hecho) es que las Colones de Pontevedra eran de la familia del gran navegante y que los padres de éste estuvieron allí establecidos en la época en que nació. La Historia ha de ser fiel expresión de los hechos; el investigador debe tener por único fin el hallar la verdad y exponerla imparcialmente, prescindiendo en absoluto de si halaga o contraría sus particulares sentimientos. Nosotros, que no hallamos base para sostener que don Cristóbal Colón nació en Pontevedra, celebraremos encontrar, o que otros encuentren, pruebas capaces de anular lo que resulta de los documentos que hemos estudiado, demostrando documentalmente, de manera que no ofrezca duda, que mintieron don Cristóbal, su hijo don Fernando y sus hermanos don Bartolomé y don Diego; pero entretanto que estas pruebas parecen, seguiremos dando crédito a sus declaraciones de que eran extranjeros. 18 marzo 1925.
por Alfonso Enseñat de Villalonga El Cristóbal Colón histórico: De Corsario genovés a Almirante Mayor de las Yndias. Conferencia pronunciada por don Alfonso Enseñat de Villalonga Investigador, Genealogista, Doctor Ingeniero y Alférez de Navío. NEBULOSA SOBRE LOS ORÍGENES DE COLÓN. Hasta fines del siglo XIX casi nadie ponía en duda que Cristóbal Colón fuese genovés; si bien existían todavía serias dudas acerca de cuáles fuesen su cuna y genealogía. Ni los biógrafos, ni los cronistas, ni las personas que le acompañaron en sus viajes de descubrimiento, ni sus íntimos amigos, ni los cortesanos, ni tan siquiera sus dos hijos -el natural y el legítimo- pudieron aclarar nada sobre sus orígenes, lo que hizo exclamar a su hijo natural Hernando que su padre “quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos”, y al historiador Francisco de Medina y Nuncibay (1557-1637) que “ni aún provocado por sarcasmos quiso [Colón] nombrar a sus abuelos”. El Almirante jamás hizo alusión alguna al nombre de sus padres, no precisó dato ni circunstancia alguna sobre su niñez y juventud, ni jamás, si se exceptúa la secreta institución del Mayorazgo de 1498, dijo claramente que fuera genovés. Y es que Colón, hombre sumamente enigmático, parece que se complacía en dejar una larga estela de incógnitas sobre su vida, lo que indujo a Menéndez Pidal (Don Ramón) a escribir en 1942: “Como la raposa borra su rastro con el rabo, así Colón quiso borrar su juventud”. Tan espesa es la nebulosa creada por estudiosos e historiadores en tomo a los orígenes de Colón que el gran historiador romántico Washington Irving (1783-1859), con cierto aire de desánimo y pesadumbre, se vio obligado a afirmar en 1828: “Tal ha sido la confusa habilidad de los comentadores, y tales sus esfuerzos, que ya es imposible desenmarañar la verdad de entre las conjeturas que la rodean”. Más pesimista se muestra todavía un siglo después -en 1927- el novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez cuando, sin pudor alguno, se atreve a escribir estas palabras: “Tal vez transcurran siglos y siglos sin que el nacimiento y la verdadera nacionalidad del Almirante queden probados de un modo indiscutible y para siempre. Tan embrollado dejó todo lo concerniente a su vida”. Para construir la biografía de nuestro personaje es preciso acudir a las fuentes puras de sus biógrafos contemporáneos, es decir al cronista áulico Lucio Marineo Sículo (1460-1534), que en 1530 escribió la crónica titulada De las cosas memorables de España; a Gonzalo Fernández de Oviedo (1478- 1557), primer cronista de las Indias, a quien se debe la Historia General y Natural de las Indias, publicada en 1535; a Hernando Colón (1488-1539), hijo ilegítimo del descubridor, que a su muerte acaecida en 1539 dejó escrita su Vida del Almirante Cristóbal Colón, que no fue publicada hasta 1571, después de que el manuscrito fuera vendido a precio de saldo por el polígamo y perdulario Luis Colón, tercer Almirante de las Indias, y que fue traducido del castellano al toscano por el aventurero español Alfonso Ulloa. Pero, sobre todo, debemos acudir al polémico dominico fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566), que nos legó su extensa obra Historia de las Indias, comenzada en 1527 en La Española y terminada en España entre 1550 y 1563. Depositó el fraile su obra, manuscrita en tres tomos, en el colegio de San Gregorio de Valladolid, con encargo de que no se publicase sino 40 años, por lo menos, después de su muerte; encargo tan escrupulosamente cumplido que, no sólo 40 años sino más de 300 han corrido hasta que aquellos tres enormes volúmenes hayan encontrado lugar en la Colección de documentos inéditos para la Historia de España, siendo impresos en 1875-1876. La publicación” se llevó a cabo por la Real Academia de la Historia, de Madrid, para probar la autenticidad de la Vida del Almirante, escrita por Hernando Colón, y acabar con las polémicas levantadas por algunos estudiosos –como el norteamericano Henry Harrisse- empeñados en distorsionar la biografía del Almirante. Aún cuando el Colombo de la tesis oficial, tejida por los genovistas a lo largo de trescientos años, no tenga nada que ver con el Colón descrito por sus biógrafos y cronistas contemporáneos (Hernando, Las Casas, Oviedo, Anglería, Bemáldez y Marineo), los genovistas siguen empecinados en sus planteamientos y aferrados a su inconsistente teoría y proclaman que todo lo que se oponga a la misma es falso. Yo, en cambio, he seguido el camino inverso. Primero, he definido las señas de identidad del genial navegante, extraídas de los escritos de los biógrafos y cronistas antes citados -únicos depositarios de la verdad salida de labios del propio Colón-, y luego he buscado en los archivos notariales genoveses la familia que se adapta rigurosamente a este perfil. La tesis aquí expuesta es fruto de cuatro viajes a Génova para investigar en el Archivio di Stato di Genova, donde 37 km de estanterías con legajos aguardan al estudioso. Pero para entenderla hay que desembarazarse de prejuicios y tópicos y familiarizarse con los hábitos vigentes en la Génova del siglo xv. IDENTIDAD DEL VERDADERO COLÓN. Según Remando, su padre navegó muchos años con un corsario de su mismo nombre y familia. Este corsario ha sido identificado por el investigador genovés Giuseppe Pessagno, en su trabajo “Questioni colombiane”, pu-blicado en 1926 en las Atti della Societa Ligure di Storia Patria. Lo ha identificado con Cristoforo Salvago, capitán de la nave corsaria llamada “Pasquerius” que “daba conserva” o protección al convoy genovés que fue atacado en 1476 frente al cabo de San Vicente de Portugal por el corsario gascón Coullon, vicealmirante del rey de Francia, y en la que navegaba nuestro Cristóbal Colón. Si además de tener el mismo nombre (Cristoforo), ambos pertenecían a la misma familia –como asegura Hernando- significa que Colón tenía que ser forzosamente miembro de la familia Salvago. Por otro lado, el hijo natural del Almirante nos revela que su padre limó su apellido para conformarlo a la lengua castellana. Si genovetizamos, pues, el apellido Colón se obtiene el linaje Colonne, que adecuadamente limado o sincopado se transforma, precisamente, en Colón. De ahí resulta que el gran nauta pertenecía, sin duda, a la familia Colonne. Surge, entonces, el gran dilema: ¿cuál es el linaje real y verdadero del descubridor, Colonne o Salvago, pues, según la vía de razonamientos que elijamos, nos conduce a uno u otro de los dos apellidos? Si analizamos la mecánica de los “alberghi” comprobamos que el inmortal navegante tanto podía llamarse Salvago como Colonne, lo que significa que en un tiempo perteneció a un albergo para luego militar en otro. Pero veamos cómo puede ser esto. Para empezar, desvelaré un hecho real-mente sorprendente: Tan sólo una cuarta parte de los genoveses que practicaban la mercadería, la banca y la navegación en el siglo xv utilizaba el apellido que les correspondía por su estirpe. En tiempos de Colón estas actividades estaban en manos de 149 familias agrupadas en 35 “alberghi”. Cada individuo adoptaba como apellido el nombre del albergo a que estaba afiliado, renunciando al suyo propio. Generalmente el albergo recibía el nombre de la familia coaligada más destacada, pero a veces se elegía un nombre nuevo. Así pues, puede afirmarse que las tres cuartas partes de los mercaderes, banqueros y navegantes genoveses utilizaban un nombre distinto del de su linaje verdadero. Esto supone que en la construcción de la genealogía de estos individuos tiene tanta o más importancia la mecánica onomástica de los “alberghi” que la lógica de la sangre. El albergo es una institución puramente genovesa, bastante original. Al principio -en pleno siglo XIII- constituía la reunión de todas las casas de la misma sangre en forma de alianzas familiares; pero, a principios del siglo XIV emerge otra forma de agregación, consistente en la reunión de diversas familias ligadas por estrechos vínculos matrimoniales o por meros intereses económicos. Las familias que constituyen un albergo toman el mismo apellido, las mismas enseñas y armas nobiliarias y se reconocen emparentadas entre sí. El vínculo que une estas agregaciones es más fuerte que la parentela o “parentate “, es decir más que la propia sangre. Generalmente los miembros de un albergo habitan en el mismo barrio de la ciudad de Génova, al que dan su nombre y enriquecen con bellos palacios. La formación de agrupaciones familiares prosigue durante todo el siglo xv; a veces se trata de simples agregaciones individuales, pero no son raros los casos de incorporaciones en masa, como es el caso de la incorporación global de la familia Scotto al albergo Colonne, que adopta la forma Columnis en los escritos latinos. El albergo Colonne se formó en 1403 y a él fueron asociándose sucesivamente diversas familias, entre las que cabe destacar la familia Scotto cuyos miembros se integraron en masa al mismo en 1429, adoptando desde entonces el apellido Colonne, pero para impedir que quedara relegado al olvido el linaje original, se hacían llamar -como era costumbre en la época- Colonne olim Scotto, es decir Colonne antes llamado Scotto. A través de la mecánica del funcionamiento de los “alberghi” resulta, pues, posible que los dos linajes encontrados -Colonne y Salvago- sean simultáneamente aplicables al descubridor. En efecto, en 1429 la familia Scotto se incorpora en bloque al albergo Colonne y todos sus miembros pasan a denominarse Colonne olim Scotto, pero en 1453 se empieza a desintegrar el albergo Colonne y varios de sus miembros se incorporan al albergo Salvago. De ahí surge la familia Salvago olim Scotto, en que olim significa “antes lla-mada”. Por consiguiente, los individuos que en 1429 se llamaban Colonne, ahora, en 1453, se llaman Salvago. Esto no sólo nos muestra que Colón pudo usar indistintamente estos dos nombres, sino que, además, ninguno de ellos era su verdadero linaje, pues el que le correspondía por sangre era el de Scotto y los otros -Colonne y Salvago- eran sólo nombres de “alberghi”. Oviedo notició que el padre del nauta se llamaba Domenico y Hernando admite que Bartolomé Colón bautizó la capital de La Española con el nombre de Santo Domingo en memoria de su padre, que también lo era del Almirante. Ahora bien, se ha comprobado en los archivos notariales genoveses que el joven Domenico Scotto, hijo del noble Raffaele Scotto, a partir de 1429, en que ha cumplido ya los 15 años, pasa a llamarse Domenico Colonne antes llamado Scotto al ingresar todos los miembros de la familia Scotto en el albergo Colonne. Sin embargo, el noble mercader Domenico Colonne, hacia 1445, se une en matrimonio con Mariola Salvago, se afilia al albergo Salvago y cambia su nombre por el de Domenico Salvago antes llamado Scotto. Así pues, si Cristóbal Colón era hijo de un Domenico y miembro de las familias o “alberghi” Salvago y Colonne, cabe concluir que su padre no podía ser otro que este Domenico Salvago antes llamado Scotto. Espigados los protocolos notariales del Archivio di Stato di Genova he podido construir el árbol genealógico de la familia de Domenico Salvago, habiendo constatado, con sorpresa y contrariedad, que ninguno de sus tres hijos varones tenía por nombre Cristoforo y que el primogénito se llamaba Pietro; y si esto es así, cabe preguntarse ¿cómo podemos seguir manteniendo que este Domenico es el padre del genial navegante si todo el mundo sabe que se llamaba Cristóbal? Pues bien, incluso, el nombre de pila de Colón -para complicar más, si cabe, la biografía del descubridor- ha resultado ser falso, como nos revelan dos fuentes fidedignas totalmente independientes y distintas entre sí. En 1530, es decir cinco años antes de que el primer cronista de las Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo diera a luz su Historia General y Natural de las Indias, Lucio Marineo Siculo, cronista del Emperador Carlos V, escribía en su crónica titulada De las cosas memorables de España, que los Reyes Católicos, después de conquistar Canaria, enviaron a Pedro Colón a descubrir otras islas mucho mayores. Al principio a nadie sorprendió la noticia de que Colón se llamara realmente Pedro, pero andando los años algunos historiadores apuntaron a un posible despiste del cronista. Sin embargo, nadie se ha dado cuenta hasta ahora de que el testimonio de Marineo es corroborado por el gran humanista portugués y sacerdote el doctor Gaspar Frutuoso (1522-1591), que en su obra manuscrita Saudades da Terra, bebiendo en fuentes exclusivamente portuguesas -y más concretamente en los archivos de la isla de La Graciosa en el Archipiélago de las Azores- descubrió que Hiscóa Perestrello, esposa del capitán de la isla de La Graciosa, era cuñada del Pedro Colombo que descubrió el Nuevo Mundo, pues estaba casado con Filippa Moniz Perestrello, hermana de aquélla. Según esto, resulta que en Madeira y las Afores el descubridor era conocido también por Pedro Colombo. Las dos fuentes en que bebieron Marineo y Frutuoso son tan antiguas y tan puras que no pudieron estar contaminadas por escritos posteriores. De ahí la importancia que debe otorgarse a estos dos testimonios, tan insólitos como casi olvidados. Sintetizando lo dicho hasta ahora resulta que el verdadero nombre del descubridor era Pietro Scotto pero se hacía llamar Pietro Colombo. Sólo nos resta ahora averiguar cuándo y por qué cambió su nombre Pietro Scotto por el de Pietro Colombo, primero, y Cristoforo Colombo, después. De los escritos de Hernando y Las Casas se infiere que Colón era un célebre corsario; hecho que ni siquiera se recató en ocultar en sus cartas a los reyes, ni tampoco su hijo natural se privó de magnificarlo en la biografía de su padre. De la biografía de Colón, escrita por Hernando, se deduce, en efecto, que en los años 1467-1470 se hizo corsario al servicio del conde de Provenza, René D’ Anjou, y que en 1476 navegó “dando conserva” a un convoy armado por los alberghi Spinola, Di Negro y Squarciafico, que cubría la ruta de Génova a Flandes y que el 13 de agosto de 1476 fue atacado -y, en parte, hundido- frente al Cabo de San Vicente en Portugal, por una escuadra francesa. Esta escuadra estaba mandada por el vicealmirante del rey de Francia Guillaume de Casenove alias Coullon, conocido por Colombo por los venecianos y genoveses. Estos dos relatos -recogidos por Hernando y Las Casas en la biografía del Almirante- son, sin embargo, una pequeña muestra de lo que fue su intensa vida corsaria por espacio de veintitrés largos años de su vida continuada en el mar; pero, además -y esto es lo más grave-, su vida corsaria vino precedida de una negra experiencia pirática, en asociación con el famoso y sanguinario pirata ligur Vincenzo Colombo, encubierto por los Doria, señores de Oneglia, y de quien nuestro héroe tomó el nombre de Colombo a modo de apodo al igual que se hacía en los “alberghi”. Pero ¿por qué adoptó este apodo? Sencillamente, porque las reglas de un albergo noble impedían que un pirata pudiera ensuciar su nombre prestigioso, y mucho menos podía nuestro héroe rescatar el linaje Scotto de su propia sangre, pues era éste uno de los más ilustres de Europa –como veremos más adelante-. Así pues, decidió retocar el nombre Colonne transformándolo en Colombo, que era casualmente el apellido de su socio. Pasado el ardor juvenil, el descubridor abandona su actividad pirática, se separa de su socio Vincenzo Colombo y se hace corsario-condottiero al servicio de varios reyes y señores. De su “curriculum vitae” quiso Colón lavar dos borrones muy negros y deshonrosos: 1.°) Su actividad de feroz pirata, y 2.°) Los años en que luchó como corsario al servicio de los enemigos del rey Católico y de su padre Juan II, que, concretamente, fueron el Gran Maestre de Rodas, el condestable dom Pedro de Portugal -rey intruso de Cataluña- y el conde René de Provenza, junto con su hijo el duque de Calabria, nombrado por el conde su lugarteniente. Colón no podía desvelar a la corte aragonesa sus orígenes porque inme-diatamente se le hubiera situado entre los criminales y los enemigos del rey. Como pirata debía ser ahorcado como hicieron los genoveses en 1492 con Vincenzo Colombo y como corsario debía demostrar su fidelidad al rey, si aspiraba a recibir sus favores y ganar su confianza, y ello requería tener un pasado limpio. Ocultar sus antecedentes piráticos y de condottiero al servicio de los enemigos del rey fueron el gran secreto de Colón. Hemos dado, pues, un paso más: el nauta se llamaba realmente Pietro Scotto alias Colombo. Sólo nos queda un misterio por aclarar ¿de dónde le viene el nombre de Cristóbal? La respuesta nos la da Remando Colón cuando afirma que su padre se dio a sí mismo el nombre de Cristoforo porque llevaba a Cristo, al igual que “San Cristóbal tuvo aquel nombre porque pasaba a Cristo por la profundidad de las aguas con tanto peligro”. Esto significa que Colón cambió el nombre de Pietro que sus padres le impusieron en la pila bautismal. Y surgen ahora otras dos preguntas ¿cuándo y por qué cambió de nombre?. En sus actuaciones piráticas por el Mediterráneo (1461-1469) el nauta es designado en las crónicas y documentos de la época con el simple apelativo Colombo, sin especificar su nombre propio. Por las actas descubiertas a finales del siglo XIXy principios del xx en los archivos notariales genoveses por el marqués Marcelo Staglieno y el general Ugo Assereto se sabe que utilizaba el nombre de Cristoforo Colombo durante, por lo menos, los años 1470 a 1479, periodo en que abandonó la piratería para hacer el corso “dando conserva” a convoyes comerciales genoveses, primero, y portugueses después; “esla etapa de la regeneración del nauta e inicio de su misticismo, como pone de relieve la elección del nombre “Cristóbal”. Al casarse en 1481, en Lisboa, con la noble dama portuguesa Filippa Moniz Perestrello y obtener al mismo tiempo la nacionalidad lusa, recupera el nombre bautismal de Pietro, como ordenan los cánones de la Iglesia romana, pero sigue utilizando el temible y respetado apelativo Colombo, que le cualificaba como experto hombre de mar. Con el nombre de Pietro Colombo figura durante su estancia en Madeira. Cuando en 1483 huyó de Portugal para refugiarse en Castilla, en calidad de fugitivo, volvió a usar el nombre de Cristoforo pero castellanizó el apodo Colombo transformándolo en Colomo, apellido que fue traducido al catalán en la forma Colom durante su estancia en Barcelona, en abril y mayo de 1493, al regreso de su viaje de descubrimiento. CORROBORACIÓN DE ESTA TESIS. Algunos se escandalizarán, tal vez, ante las conclusiones a que han desembocado mis razonamientos, pero habrán de rendirse ante la evidencia de los hechos. Mientras ninguna de las teorías colombinas pergeñadas hasta ahora -incluida la genovista oficial- consiguen conectar “su Colón” juvenil con el “Colón histórico” adulto; en el presente caso, en cambio, el ensamblaje es casi perfecto y si no veamos la realidad de los hechos. Empecemos por el cambio de nombre. Aunque el cambio de nombre de pila no es insólito en la Génova del siglo xv, y he conseguido documentar por vía doble que el Almirante así lo hizo, algunos pudieran ser escépticos de que también lo hicieran sus dos hermanos varones. Si el nauta cambió de nombre de pila, Bartolomé Colón debió de tener también muy buenas razones para hacerlo. Es más que probable que Bartolomé naciera en Portugal–como en mi libro demuestro– y aunque fuera inscrito como genovés con el nombre de Raffaele, pudo obtener más adelante la nacionalidad portuguesa, cambiando su nombre de pila por Bartolomeu, de uso más corriente en Portugal. Es casi seguro que si el futuro Adelantado de las Indias no hubiera obtenido la nacionalidad portuguesa, hubiera tenido dificultades insalvables para participar en los viajes de descubrimiento realizados por los portugueses y sobre todo, en el viaje más secreto organizado por la Corona portuguesa como es el que llevó a término en 1487-1488 el navegante Bartolomeu Diaz al sur del continente africano y que desembocó en uno de los descubrimientos más notables y rentables de su tiempo, el Cabo de las Tor-mentas, después llamado de Buena Esperanza, que abría el camino hacia la India y tierras de la especiería. Mientras algunos críticos se desconciertan ante el hecho de que Cristóbal y Bartolomé hubieran podido cambiar de nombre, nadie -ni siquiera los historiadores italianos- se rasgan las vestiduras de que lo hubiese efectuado el tercer hermano, Diego, y ello porque tienen que doblegarse ante la evidencia. Todos los historiadores, en efecto, están de acuerdo en que Diego Colón usaba otro nombre antes de arribar a Castilla en 1493, por la sencilla razón de que el nombre de Diego -muy corriente en Castilla y Portugal- era totalmente desconocido en tierras genovesas, como lo era también en tierras catalanas. Después del cambio de nombre hay otro tema que nos preocupa: Si Colón pertenecía a la familia Salvago, es lógico pensar que se relacionara a menudo con ella. En caso contrario, cabría dudar de la consistencia de la tesis aquí expuesta. Se observa que la familia Salvago rodea siempre a nuestro héroe. Domenico Salvago, padre del nauta, “estante” muchos años en Lisboa, es precisa-mente el eslabón que permite situar al niño Cristóbal en la ciudad del Tajo, cuando empieza a ordenar su lenguaje en el cerebro, lo que justifica su mejor conocimiento de la lengua portuguesa que la genovesa, aunque sus primeros balbuceos fueron en lengua genovesa. Gracias a este personaje, perteneciente al círculo de mercaderes y banqueros genoveses y florentinos que mueven el comercio y las finanzas lusas, Colón podrá relacionarse años después con el mercader florentino Lorenzo Berardi y obtener fraudulentamente una copia de la carta que Paolo del Pozzo Toscanelli remitió en 1474 al rey de Portugal a la que adjuntaba una carta de marear en que estaba dibujada la ruta que había que seguir para alcanzar la India navegando por Occidente. De este histórico con-tacto no sólo surge un intercambio de informaciones reservadas sino el compromiso de formar una sociedad para llevar a la práctica el proyecto toscanelliano, que suscribirá a los pocos años Juanoto Berardi, hijo de Lorenzo. También la familia Salvago está presente en la primera navegación de Colón. En 1461, en efecto, el joven Colón, al cumplir la edad de catorce años, embarca en una fusta capitaneada por su tío Imperiale Doria -perteneciente a la familia del futuro gran almirante Andrea Doria-, que forma parte de una escuadra armada por varios corsarios pertenecientes a los “alberghi” Salvago y Colonne para avituallar a la colonia genovesa de Famagusta y enviar socorros a la reina Carlotta de Chipre. Imperiale Doria estaba casado con Mariola de Colonne antes Scotto, prima segunda de Domenico Salvago, el padre de Colón, lo que explica el enrolamiento de éste en dicha nave. No pasan muchos años sin que la familia Salvago vuelva a aparecer junto al gran nauta. En 1476, Colón navega con el armador y capitán de naves Cristoforo Salvago, que le muestra la ruta de Flandes y le enseña a navegar por las bravas aguas del Atlántico. Este Cristoforo Salvago, “estante” muchos años en Sevilla, será la causa de la venida de Colón a Castilla en el año de 1484. Una vez en Castilla, sigue Colón relacionándose con la familia Salvago. En los años 1486 a 1492, en efecto, el futuro Almirante se relaciona en Sevilla con el banquero y mercader genovés Baliano Salvago, allí “estante”, y con el socio de éste, Francesco Sopranis de Riberol, que se convertirá al poco tiempo en el banquero, procurador y factor principal del Almirante. Incluso después de la muerte del descubridor, la familia Colón continúa haciendo negocios con el albergo Salvago. En 1508, Diego Colón “el Viejo”, hermano del descubridor, junto con su hijo natural Juan Antonio Colombo, se obligan a pagar a Gerolamo Salvago, mercader genovés, hermano del Cristoforo Salvago antes citado, la muy elevada suma de 235.948 maravedís que les prestó Diego Colón “el Joven”, segundo Almirante de las Indias, para pagar una letra de cambio a la banca Francesco Dona y Francesco Dona, banqueros genoveses. La cuantía de la deuda llama la atención por su gran volumen y pudiera ser consecuencia de un préstamo destinado a financiar, parcialmente, el fletamiento de alguna nave aprestada para el comercio con el Nuevo Mundo. BIOGRAFÍA DE COLÓN. Conocida la genealogía del descubridor, resulta ya fácil componer su biografía. El gran navegante Cristóbal Colón pertenecía al linaje Douglas, familia noble y poderosa que pasó de Escocia o Scotia a Piacenza, en la Lombardía, en tiempos de Carloinagno, en donde adoptó el nombre de Scotto. En la primera mitad del siglo XIIIlos Scotto se convirtieron en riquísimos mercaderes poseedores de una poderosa compañía mercantil domiciliada en París. A mediados del siglo XIVla familia Scotto era tenida entre las cinco principales casas de Piacenza. Alberto Scotto el Magno es elegido en 1290 Capitán del Pueblo y Señor Perpetuo de Piacenza y cinco años después es proclamado Príncipe de Piacenza. En 1302 derrota a Matteo Visconti y recibe la “bacchetta” del Principado de Milán, pero en 1315es derrotado por el hijo de Matteo Visconti, Gale-azzo, y confinado en Crema, donde acabó sus días en 1317. El hijo de Alberto Scotto, Francesco 1, llamado il Milite, no recuperó el gobierno de Piacenza, pero continuó gobernando los señoríos y castillos heredados de su padre, hasta que en 1447 los Scotto acabaron perdiendo sus tierras de Piacenza. Como testigo del pasado esplendor de la familia Scotto de Piacenza permanece todavía el magnífico mausoleo que esta familia construyó en la iglesia del convento dominico de San Giovanni in Canale, visitado por Remando Colón en su peregrinaje en busca de los vestigios de sus antepasados. Ya que el descubridor pertenecía al linaje Scotto, el Nuevo Mundo debiera haber recibido el nombre de Escocia y no el espúreo de América, pero la historia es así y no se cansa de ofrecemos incongruencias e injusticias. Una rama de la familia Scotto de Piacenza se instaló en Génova. De ella procede Cristóbal Colón. BIOGRAFÍA DEL PADRE DE COLÓN E INFANCIA DEL NAUTA. Domenico Scotto, procedente de la familia Scotto de Piacenza, hijo primogénito de Raffaele Scotto y de su esposa Selvaggia Spinola de Luccoli, nació en 1414 en el castillo de Roccaforte Ligure, en el Piamonte. A algunos pudiera extrañar que Domenico, el padre de Colón, naciera en este castillo piamontés, pero la extrañeza se disipa al averiguar que esta fortaleza pertenecía a la familia de Selvaggia Spinola, la madre de Domenico y abuela de Colón. Al fallecer Pietro I Scotto, abuelo de Domenico, en 1429,todos los miembros de la familia Scotto ingresan en bloque en el albergo Colonne y cambian su nombre por el de Colonne, por lo que desde entonces su hijo Raffaele, padre de Domenico, será siempre conocido por Raffaele de Colonne antes Scotto y el hijo de éste por Domenico de Colonne antes Scotto. En 1445, Domenico se casa en Génova con Mariola Salvago, hija de Ottobono Salvago y de Franchetta Marabotto, y al poco tiempo (1453) ingresa en el albergo Salvago, pasando a denominarse Domenico Salvago antes Scotto. El padre de Colón heredó de sus antepasados unas tierras en Parma(en la Tierra de los Rossi, conocida en latín medieval por “Terra Rubea”), junto al antiguo marquesado de Lavagna. Estas tierras eran poseídas en feudo de la familia Fieschi, pero le fueron arrebatadas por los Visconti en 1447, en las interminables guerras que asolaron la Lombardía. La posesión de estas tierras quedó reflejada en la firma “Colombo de Terra Rubea” que Cristóbal y Bartolomé Colón utilizaron en sus años mozos, y del enfeudamiento de las mismas por la familia Fieschi nos da testimonio el propio Almirante al afirmar que el genovés Bartolomeo Fieschi, su compañero de fatigas en el cuarto viaje de descubrimiento, tenía gran deudo con él, lo que -según aclaran las Leyes de Partida- significa que tenía un vínculo muy fuerte de vasallaje con la familia Fieschi. De ahí nacen, precisamente, las relaciones epistolares de Colón en 1502 y 1504 con Juan Luis Mayo -seudónimo que encubría el verdadero nombre de Giovanni Luigi Fieschi-, jefe de la rama principal de esta poderosa familia. Despojado de sus propiedades de Parma, Domenico se hace mercader y su pariente Bartolomeo Marabotto, mercader “estante” en Lisboa, le reclama para que le suceda en sus negocios de Portugal, a lo que accede Domenico, estableciéndose en la capital portuguesa a partir de 1451. Cuando Domenico llega a Lisboa viene acompañado de su mujer y de un hijo de apenas cinco años, llamado Pietro Salvago, que había nacido en 1446, y al poco tiempo se convertirá en Cristoforo Colombo. De que Colón naciera en 1446, ya no cabe dudar actualmente, pues ello no sólo resulta de las manifestaciones del gran navegante recogidas por sus biógrafos contemporáneos -Hernando y Las Casas-, sino también de escrituras notariales auténticas rescatadas del Archivio di Stato di Genova. Domenico Salvago antes Scotto se dedica al negocio de exportación de productos portugueses a Francia y, probablemente, a Inglaterra y Flandes, estando documentada la exportación de higos secos y uvas pasas a La Rochelle, donde se encuentra otro genovés, Polo Gentile, para recibir estas mercaderías. Domenico Salvago y Marco Lomellini, otro genovés “estante” en Lisboa, forman el 21 de junio de 1456 sociedad con el florentino Giovanni Guidetti, mercader “estante” también en Lisboa, para administrar la concesión, hecha a su favor por el rey Afonso V,del monopolio absoluto de la exportación del corcho portugués. Marco Lomellini participa en el capital de la empresa con el 55%, Domenico Salvago antes Scotto con el 25% y Giovanni Guidetti con el 20% restante. En cuanto a los beneficios de la sociedad, el rey se reserva para sí la tercera parte. Ha sido notable el hallazgo de que el padre de Colón vivió durante catorce o quince años en Lisboa dedicado a la mercadería, disfrutando de una concesión real, pues esto le permitiría a su hijo Cristóbal, pasados varios años, relacionarse con personas de gran relieve e influencia en la corte portuguesa. Domenico estuvo asociado a un conocido grupo de mercaderes y banqueros genoveses y florentinos “estantes” en Lisboa, muy bien informados sobre los descubrimientos portugueses en el continente africano; de cuya amistad, conocimientos y caudales se serviría años después para diseñar -e, incluso, llevar a término– su proyecto de navegación a la India por Occidente. Entre los mercaderes florentinos destacan Berardi -del que ya he hablado– y Bartolomeo Marchionni, que se convertirá en el mercader más importante de la trata de esclavos del siglo xv y el banquero más rico de Lisboa; era íntimo del rey y por esto estaba en posición de conocer todos sus secretos. En 1453, recién cumplidos los siete años, el niño Pietro Salvago (el futuro Cristóbal Colón), hijo de Domenico, es enviado a Génova, depositándolo, en calidad de donado, en el Convento de los padres dominicos de Santa Maria di Castello. Allí permanecería durante los años 1453 y 1454, donde aprendería a leer y escribir, cumpliéndose lo dicho por Remando Colón: “en su tierna edad aprendió las letras”. Pronto el futuro descubridor demostró sus grandes dotes intelectuales -intuitivas, imaginativas e innovadoras-, por lo que los frailes propondrían a Domenico Salvago que completara sus estudios elementales en uno de los conventos que la Orden tenía en Pavía -segura-mente el de San Giovanni in Canale-, donde era fama que enseñaban muy buenos maestros. Sabemos que llegó a la ciudad lombarda cuando tenía, precisamente, nueve años de edad. La precisión de esta edad se obtiene de las manifestaciones de Las Casas, cuando dice que Colón estudió en Pavía “los primeros rudimentos de las letras, mayormente la gramática”, lo que entonces se llamaba los “rudimentos de gramática latina” y que era precisamente la instrucción que se impartía en el tercer grado de la enseñanza elemental, cuando el alumno había alcanzado la citada edad de nueve años. Y si el futuro nauta empezó su instrucción en Pavía por el tercer grado de la enseñanza elemental, quiere decir que ya había cursado los dos grados anteriores en otro lugar, o sea, en Génova. Nuestro héroe continuaría en Pavía el cuarto y quinto grado de la enseñanza elemental, pues lo deja entrever Las Casas al afirmar que allí (en Pavía) “quedó experto en la lengua latina”. Como alumno aventajado que era, el joven Cristóbal, a los doce años de edad, iniciaría en la escuela monástica paviana los estudios de aritmética y geometría y es, incluso, probable que ya por entonces obtuviera los primeros rudimentos de geografía y cosmografía por boca de un maestro de filosofía natural y, asimismo, por boca de otro maestro en astrología -que abundaban entre los dominicos-, consiguiera asimilar los conocimientos necesarios de astronomía. Con ello se daría cumplimiento a las manifestaciones de Hernando Colón: “estudió en Pavía lo bastante para entender a los cosmógrafos, a cuya lección fue muy aficionado; por lo cual se dedicó también a la astrología y la geometría”. El 8 de enero de 1458 muere Mariola Salvago, la esposa de Domenico y madre de Pietro (luego llamado Cristóbal), y al poco tiempo -en 1459-, Domenico contrae en Génova nuevas nupcias con Bianchinetta Spinola de Luccoli. Después de este segundo enlace, Cristóbal, que ya había cumplido los trece años, regresa al Convento de Santa Maria di Castello de Génova, mientras su padre Domenico vuelve a Lisboa. En el convento de los padres dominicos de Génova, Cristóbal proseguiría sus estudios de geografía, cosmografía y astrología, por obra de frailes expertos en estas materias. A estos dominicos debió referirse Las Casas cuando afirma que, tratando con hombres doctos y gracias a su infatigable estudio, el descubridor consiguió la médula y sustancia de estas ciencias. Su estancia en el Convento de Santa Maria di Castello finalizaría a principios de 1461, cuando visitó este cenobio su pariente el banquero Ludovico Centurione Scotto para embarcarlo en la nave de Imperiale Doria, tío de Colón, rumbo a Chipre. Esta fue su primera entrada en el mar. El nauta completaría su formación geográfica y cosmográfica en Levante, donde tuvo “tracto e conversación con gentes sabias, eclesiásticos y seglares, latinos y griegos, judíos y moros”. La referencia a “latinos y griegos” sólo se comprende si uno se sitúa en Levante, donde, desde la muerte del emperador Isaac TIacaecida en 1204, coexistían los estados latinos, en poder de venecianos y genoveses, con los propiamente griegos, independizados del antiguo imperio bizantino. Por “judíos y moros” hay que entender que el nauta, al decir ‘judíos”, se refería a los “indianos” o gentes de la India -conforme figura en la versión italiana de la Historia del Almirante, escrita por Hernando Colón- y, al decir “moros”, quería decir “árabes”, pues en España desde antiguo se cometía el error de llamar “moros” a los “árabes”. Domenico, entretanto, permaneció en Lisboa hasta 1466, en que, a punto de expirar la concesión del monopolio del corcho, Marco Lomellini y Ottobo-no Salvago –ex suegro de Domenico– se reúnen en Génova en casa de los Lomellini para negociar la prórroga de la sociedad corchera; y al no lograrse un acuerdo, entra a formar parte de la misma el flamenco Martin Leme, en sustitución de Domenico Salvago olim Scotto. Un hijo de Martin Leme, llamado Antonio, pasados los años, se asentará en Madeira donde hará amistad con Colón. Después de abandonar la sociedad, Domenico regresa a Génova y se supone que entraría en los negocios del albergo Spinola, en su condición de hijo de Selvaggia Spinola y de esposo, al propio tiempo, de Bianchinetta Spinola. Este parentesco con los Spinola permitirá a Colón envanecerse de no ser el primer almirante de su familia, pues en la familia Spinola brillaron muchos y grandes almirantes en todos los tiempos. La afirmación del nauta en este sentido, que muchos juzgaron que era una pura invención de un ególatra, se apoya pues en una base sólida y auténtica. El 25 de agosto de 1485 el noble Domenico Salvago antes Scotto, encontrándose en el burgo de Riparolio, donde vivía la familia de su segunda esposa, postrado en cama por enfermedad, otorga testamento ante el notario de Génova Giovanni Antonio di Castello y fallece en los primeros días de noviembre del citado año. Con ocasión de la enfermedad de su padre, Colón viajó a Génova y aprovechó su estancia allí para exponer su proyecto al Ufficio di.San Giorgio. LO QUE APORTAN LAS RECIENTES INVESTIGACIONES COLOMBINAS, A LA BIOGRAFIA DEL ALMIRANTE. 1.°- No tiene sentido que se siga dudando de la autenticidad del Mayorazgo fundado por Colón el 22 de febrero de 1498, después del minucioso estudio que el académico Ángel de Altolaguirre hizo en 1926 de los documentos descubiertos en el Archivo de Simancas por la investigadora norteamericana Alicia B. Gould. Según esto, es indiscutible que Colón nació en Génova. 2.°- No se puede seguir afirmando que Colón mintió y que todo lo que se oponga a la teoría genovista oficial es falso, como proclama Henry Harrisse en 1892 y sus seguidores muchos años después. Por el contrario, las señas de identidad del nauta hay que buscadas en la biografía escrita por Hernando Colón, cuya autenticidad fue demostrada por la Real Academia de la Historia al publicar por primera vez, en 1875-1876, la Historia de las Indias de fray Bartolomé de Las Casas. Así pues, la biografía de Colón debe basarse principalmente en las obras de Hernando y Las Casas y no en el hallazgo de una familia en Génova en que un cierto Cristoforo Colombo, lanero, es hijo del tejedor Domenico. 3.°- Colón nació indudablemente en 1446, como se desprende de las revelaciones del nauta: empezó a navegar de 14 años y en 1484, cuando llegó a Castilla, ya había navegado 23 años sin salir de la mar. Así pues, no se puede seguir manteniendo como hacen los genovistas que nació en 1451. 4.°- El acta descubierta en 1904 por el general Ugo Assereto es auténtica, pero de ella se desprende que Colón nació en 1446, no siendo válidos, en cambio, los razonamientos del norteamericano Henry Vignaud que en 1921 llega a la conclusión de que el nauta nació en 1451. 5.°- La revelación de Colón a los reyes de que vino a servir de 28 años, no significa que tenía esa edad cuando llegó a Castilla en 1484, sino que cuando tenía esos años entró a servir al rey Ferdinando I de Nápoles, primo del rey Católico, y aliado de éste, pues el reino de Nápoles podía considerarse que era parte del Casal de Aragón. 6.°- La primera navegación de Colón tuvo lugar en 1461 en la fusta de Imperiale Doria, su tío, que formaba parte de la flota armada por los alberghi Salvago y Colonne para rescatar la colonia genovesa de Famagusta. A estos alberghi perteneció Domenico el padre del nauta. 7.°- La formación marinera de Colón la obtuvo de la familia Doria de Oneglia, encubridora de piratas y corsarios y aliada de René d’ Anjou, conde de Provenza. Sobre la familia Doria nos ilustra el senador genovés Federico Federici y el historiador francés Yves Renouard. 8.°- Merced a la mecánica de los “alberghi”, institución típicamente genovesa, y a los protocolos notariales del Archivio di Stato di Genova, ha podido descubrirse que el padre de Colón se llamaba Domenico Salvago y el abuelo, Raffaele Scotto, y que el verdadero linaje del nauta era Scotto, procedente de Piacenza. Los “alberghi” han sido estudiados por el francés Jacques Heers y el senador genovés Federico Federici. 9.º- Hernando Colón nos revela que su padre “navegó con un corsario de su mismo nombre y familia”. En estas palabras muchos historiadores y estudiosos han pretendido ver un parentesco cercano entre el corsario francés Coullon y Cristóbal Colón. Sin embargo, el investigador e historiador genovés Giuseppe Pesagno, en 1926, descubrió en el Archivio di Stato di Genova que el capitán de la nave “Pasquerius”, que daba conserva al convoy genovés que fue atacado en 1476 frente al cabo de San Vicente en Portugal por el vicealmirante francés Coullón, se llamaba Cristoforo Salvago. Habiéndose demostrado por Salvagini, Harrisse y Vignaud que Colón viajaba en este convoy, cabe deducir que viajaba también en esta nave en su condición de corsario. 10º.- El verdadero nombre de pila de Colón es Pietro y no Cristoforo. Esto nos lo revela el cronista de Carlos V Lucio Marineo Siculo en 1530, afirmación que ha sido corroborada por el sacerdote portugués Gaspar Frutuoso, natural de la isla de San Miguel en las Azores,el cual, según información obtenida hacia 1589 en los archivos de la isla de la Graciosa, de la que había sido capitán donatario Pedro Corréa, resulta que éste estaba casado con Hiscoa o Hizeu Perestrello, “cuñada de Pedro Colombo que descubrió el Nuevo Mundo”. 11º.- Colombo no es el nombre de familia del descubridor, sino un apodo, que adoptó al formar sociedad con el pirata ligur Vincenzo Colombo. Este pirata acabó en el patíbulo en 1492. De este pirata nos dan noticias los investigadores genoveses Emilio Pandiani y Giovanni Monleone. 12º.- Cuando Hernando Colón refiere que su padre “quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos” nos está diciendo que el nauta tenía algo que ocultar. Algunos historiadores creen que quería ocultar su ascendencia judía o su bastardía de algún personaje importante; pero lo que, en realidad, quería ocultar es su oscuro pasado pirático y su “curriculum” de corsario al servicio de los enemigos de la Corona de Aragón (Condestable Pedro de Portugal; René d’Anjou, conde de Provenza; y el catalán Pere Ramon Çacosta, Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén y de Rodas). 13º.- Según los trabajos de Virginia Rau, de la Universidad de Lisboa, publicados en 1956, y de Jacques Heers (1991), Domenico Scotto, el padre de Colón, se relacionaba en Lisboa con un poderoso círculo de mercaderes y banqueros florentinos, entre los que se encontraban Giovanni Guidetti, Gerolamo Semighi, Bartolomeo Marchionni y Lorenzo Berardi. Marchionni era tratante de esclavos y banquero de Joao II y Berardi es el mercader que proporcionó a Colón una copia fraudulenta de la carta de Toscanelli al rey, en la que le señalaba la ruta a seguir para viajar a la India por Occidente. Estos trabajos se complementan con los de Consuelo Varela, que revelan la existencia de una sociedad formada por Colón y Juanoto Berardi, hijo de Lorenzo, para explotar el negocio de las Indias (monopolios de fletes y esclavos). 14º.- Según el investigador genovés Alberto Boscolo, los extraños parientes de Colón, Juan Antonio y Andrea Colombo, eran hijos naturales de Diego Colón, el hermano del Almirante, lo que desbarata uno de los argumentos principales de la teoría genovista oficial. 15º.- En 1474, Colón hizo el corso contra Venecia en alianza con Ferdinando I de Nápoles, y con el consentimiento secreto del duque de Milán, que era a la sazón gobernador de Génova y no quería indisponerse con la Serenísima. Tal información resulta de las investigaciones realizadas por el historiador inglés George Hill en los archivos chipriotas y venecianos. 16º.- Según los trabajos de Bernabé Caunedo del Potro (1983) se descubre que Bartolomé Colón viajó en 1488 a Londres en la nave de Jofre Ibáñez de Sasio1a, la cual fue abordada por corsarios alemanes, que retuvieron secuestrado al hermano del Almirante durante seis años (1488-1492). 17º.- Según investigaciones propias en el Archivo Histórico del Reino de Mallorca, resulta que Miguel Ballester, Alcaide de la Concepción y fiel amigo del descubridor, era de origen mallorquín (Manacor) e hijo de Johan Ballester, secretario del rey Juan II de Aragón. Era, además, sobrino político de Luis de Santángel.

 

Colón levantino

Colóm Catalán – ibezenco – marllorquín – …

Colóm Catalán “El origen catalán de Colón era un secreto a voces”, dice el profesor estadounidense Charles Merrill, director del programa Columbus: secrets from the grave (llamado en español Enigma Colón ), que será transmitido hoy en Discovery Channel, y en el que también participan varios expertos españoles. Según sus estudios, el descubridor de América no era genovés ni hijo de un hilandero, como asegura la teoría más extendida. Se apellidaba Colom y nació en Cataluña, en el seno de una familia rica que luchó contra el rey Juan II en la guerra civil por la corona de Aragón (1462-1472). Por eso ocultó este dato “de sobra conocido” por los reyes católicos. “Barcelona fue muy activa en la rebelión contra Juan II, padre de Fernando el Católico, y Cristóbal castellanizó su apellido para evitar represalias”. De otra forma, el navegante no habría conseguido el respaldo necesario para sus expediciones. “Los monarcas decidieron que el Nuevo Mundo sería para Castilla, dejando de lado a Cataluña y Baleares. Eso explica que todo el comercio pasara por Sevilla y no por ciudades mediterráneas como Barcelona, Valencia o Palma. Además, no permitieron que viajaran mercaderes catalanes a América hasta el siglo XVIII”. Merrill, profesor de español y latín en la Universidad Mount St. Mary de Maryland, basa sus conclusiones en los escritos de Colón. “Aunque ocultó sus raíces incluso a los más cercanos y todo lo que tenemos son referencias a su persona, a través de la caligrafía podemos determinar que era un hombre culto y que su idioma materno fue el catalán”, afirma el investigador, añadiendo que tanto su escritura en castellano como los errores que comete muestran una clara influencia de este idioma. “El problema es que no dejó ningún texto en catalán, como tampoco lo hizo en italiano”, añade, respaldando así las TESIS CATALANAS que comenzaron en 1930, cuando el historiador peruano Luis de Ulloa documentó este asunto en varias obras. Merrill comenzó a escribir hace 15 años el libro Colom: los orígenes del descubridor de América , que publicará el año que viene y donde examina una decena de teorías diferentes, desde las más extrañas como Croacia y Noruega, hasta las más documentadas como Grecia, Portugal, Córcega, Italia y Cataluña. El profesor se queda con esta última, más sólida que la italiana por varias razones. En primer lugar, ni su apellido, ni sus amigos y protectores eran italianos. Y cuando su hijo Hernando viajó a Génova en busca de lazos familiares, no pudo encontrarlos. Sin embargo, tenía dos importantes razones para ocultar su identidad catalana: “Luchó contra el padre de Fernando y sabía que los reyes pensaban prohibir el comercio con Cataluña”. Merrill insiste en que su familia fue una de las más prominentes en la rebelión contra Juan II, que “Francisco Colom, entonces presidente de las cortes de Cataluña, podría ser su padre” y que “Juan Colom, tonsurado en Girona, podría ser el propio Cristóbal”. Y añade un dato más: sus posibles conexiones con un pueblo cercano a Cervera (Lleida), donde a principios del siglo XX “los ancianos aseguraban que Colón era hijo del pueblo e incluso el párroco habría encontrado documentación sobre ello, pero desapareció durante la Guerra Civil española”. Por último, el programa muestra los análisis de ADN de los huesos del descubridor. “Es muy difícil determinar su secuencia genética porque tanto sus dos hijos como uno de sus hermanos fueron también enterrados en Santo Domingo”. Los restos de Colón (1451-1506) viajaron varias veces a través del Atlántico. “Murió en Valladolid, el cadáver pasó por Sevilla y fue enviado a Santo Domingo, como era su deseo”, aclara Merrill. Después, debido a la inestabilidad política de la isla, lo trasladaron a la catedral de La Habana, desde donde regresó a Sevilla en 1898.

Otros orígenes

Francés. La idea es que Colón sirvió a las órdenes de un pirata llamado Guillaume Casenove Coulon, y ¿qué mejor manera de ocultar su pasado pirata que tomando el apellido de su antiguo jefe? Conclusión: ni Picasso era francés, ni tampoco lo era Colón. Vasco. Esta teoría sostiene que Colón habría nacido en Soraluze, cerca de Vergara, en Vizcaya, y Colono sería la traducción al castellano de su verdadero apellido, que era Maiztegi. Según los padrinos de este sensacional descubrimiento, Cristóbal Colón hablaría de una manera muy similar al Salvatore de “El nombre de la rosa”, es decir, chapurreando varias lenguas a la vez. Hay una carta en la que recomiendan a un marino vizcaíno que se llama Cristóbal Colón, y también, esta teoría entronca con la (4) en la que se afirma que sirvió a las órdenes de Coulon. Me gustaría ver la carta en la que se recomienda a Colón, y mientras tanto, quedamos a la espera de más datos del Almirante Maiztegi. Corso, de Calvi. Córcega estaba en esa época bajo control genovés, y Colón decidió ocultar su origen porque no tenían buena fama los habitantes de esta isla (supongo que por temas de contrabando y piratería). No hay evidencias documentales que prueben esta teoría. Griego, de la isla de Quíos que en ésa época estaba bajo control genovés. Allí no se hablaba mucho italiano, pero Colón -en una ocasión- se denominó a sí mismo como “Columbus el de la Tierra Roja” y Quíos es famosa por el color rojo de su tierra. Me parece una prueba totalmente circunstancial, además de no explicar porqué Colón no quería reconocer que su origen era este. Noruego. Un historiador noruego ha comparado el escudo de armas de una familia noruega (los Bonde) que emigró a Italia en el siglo XV con el escudo de Colón y los ha encontrado parecidos. Parece que le da lo mismo que los indicios se acaben ahí: había unos noruegos en Italia y un italiano famoso en la misma época y con escudos parecidos. Conclusión: tienen que ser los mismos. Judío. Parece ser que los análisis de ADN que realizaron hace unos pocos años descartan la posibilidad de que fuera judío. Por supuesto, habrá quien niegue que el gentil enterrado en Sevilla sea Colón, pero cada vez hay menos dudas a este respecto. En otro post contaré la abracadabrante historia de los restos de Colón, uno de los pocos hombres que viajó (casi) tanto después de muerto como estando vivo. Prusiano (de Dantzig). La hoy polaca ciudad de Gdansk contaba entre sus habitantes con una familia de navegantes llamada Colno, e incluso puede que alguno de sus miembros estuviera en la famosa expedición a Groenlandia en 1472. ¿Era Colón de allí? Si no aportan más pruebas que ésas, antes creeremos que era un indio Semínola que llegó nadando a Portugal que esto. Ya avisé de que la mayoría de las teorías que había eran bastante esperpénticas. Extremeño (judío). Vicente Paredes afirma que Colón era miembro de una conocida familia de conversos judíos extremeños, de Santa María, para ser más exactos. Se desconocen las pruebas que aportó para sustentar dicha teoría. Suizo, de Ginebra. Hubo (y hay) una familia Colomb allí, pero nada avala su parentesco con el Descubridor. Castellano. Tres historiadores (Ricardo Sanz, Margarita del Olmo y Emilio Cuenca) sostienen que Colón era pariente de los Medinaceli e hijo de Aldonza de Mendoza, duquesa de Arjona, y de Diego Gómez de Manrique, conde de Treviño. La pega que yo le encuentro a esta teoría es que -al igual que la ibicenca- sitúa la fecha del nacimiento en 1435. Inglés. Un libro editado en Londres en 1682 (dos siglos después del Descubrimiento) afirma que Colón era “nacido en Inglaterra pero residente en Génova”. No sabemos nada del libro ni de las fuentes que éste utiliza.

Carta de Cristóbal Colón

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes, relatando su primer viaje al Nuevo Mundo. Creative Commons

 

VIAJES

Los cuatro viajes de Colón y testamento

PRIMER VIAJE

Relación de los tripulantes que fueron con Cristóbal Colón en el primer viaje a las Indias Diario de Cristóbal Colón, de su primer viaje a las Indias. Apuntes del primer viajes de navegación (artículo en “Colonianos” Francisco Freijanes)

Finalidad de viaje:

Cristóbal Colón trataba de hallar la ruta del Cathay para llegar a las Indias Occidentales, por Occidente. Al realizar el Descubrimiento de América, cree estar en las Indias, llegando a confundir el río Orinoco con el Ganges, se cree que murió ignorando que había descubierto un Nuevo Mundo. Cuando la humanidad, pasados algunos años, conoció la realidad, comenzó a denominarlas Indias Occidentales, para diferenciarlas de las Indias Asiáticas.  Tan seguro estaba de ello, que llevó una carta de los Reyes Católicos para el Gran Kan, además de un intérprete en dialectos árabes (Luis de Torres).

Financiación del viaje:

Que la reina Isabel la Católica, empeñó las joyas para sufragar la expedición , es la idea más difundida, pero hoy es rechazada por la mayoría de los historiadores. El costo de la expedición se estima en 2.000.000 de maravedíes,  más el sueldo de Cristóbal Colón, Se cree que Cristóbal Colón aportó la cuarta parte, la mitad Luis de Santángel (Judio)  y el resto supuestamente los banqueros genoveses, Juanoto Verardi, la familia Di Negro y los Spinola, entre otros, con quienes Cristóbal Colón reconoció tener deudas. El 17 de abril de 1492 se firman las Capitulaciones de Santa Fe:

“Que en todos los navíos que se armaren para el dicho trato y navegación, cada e cuanto e cuantas veces se armaren, que pueda el dicho D. Cristóbal Colón, si quisiere contribuir a pagar la ochava parte de todo lo que se gastase en el armazón; e que también haya e lleve del provecho la ochava parte de la que resultare de tal armada”

Preparativos del viaje

El 30 de abril de 1942 dictan los monarcas una Real Provisión dirigida al Alcalde, Diego Rodríguez Prieto, y a los vecinos de Palos, los cuales estaban condenados a servir DURANTE DOCE MESES CON DOS CARAVELAS, por cierta desobediencia cometida durante la guerra con los moros. Otra Real Provisión de la misma fecha obliga a todas las autoridades de cualquier lugar de los reinos a facilitar artesanos, materiales, mantenimientos, pólvora, etc., en cuanto sea necesario para abastecer las carabelas, a precios razonables, y establece la pena de diez mil maravedíes al que ponga impedimento. A petición de Cristóbal Colón y en la misma fecha, fue dictada otra Real Provisión por la que se daba seguro de que no habría de hacerse daño ni desaguisado en su persona o bienes durante su ausencia y que se suspendiese cualquier mandamiento judicial contra alguno de los que con él fuesen y estuviesen en ese caso durante el viaje y dos meses después.

Las Carabelas

Según la Información de Moguer de 12 de febrero de 1515, Alonso Pardo, escribano Público de Moguer, declara haber embargado dos carabelas en Palos. Se desconoce si fueron al viaje estas carabelas u otras dos mejores. Estas carabelas se conocieron por la “Pinta” y la “Niña”, la Niña se le llamó inicialmente “Santa Clara” . La tercera fue fletada, a su costa,  por Cristóbal Colón, y fue la “Nao”, que en un principio se denominaba “La gallega”, propiedad de Juan de la Cosa, más tarde se la conocerá como “Santa María” al ofrecerla Cristóbal Colón a la Virgen, esta nave sería la capitana de la expedición.

Nao Santa María

Sección de la Nao Santa María o Gallega, de 29 m de eslora. Dibujo de Julio Guillén. (Archivo Pdf). Creative Commons

 

El Viaje

[dl style="dl-horizontal"] [dlitem heading="3 agosto 1492"]La expedición, cruzaba la barra de Saltés, rumbo a Canarias, se calcula que la componían 90 marineros y 120 expedicionarios.[/dlitem] [dlitem heading="6 de agosto"]Salta el timón de la “Pinta”  y Pinzón consigue repararla, pero se ven obligados a detenerse más tiempo en Canarias con el objeto de calafetear la dicha nave.[/dlitem] [dlitem heading="9 de septiembre"]Cristóbal Colón acordó contar menos leguas de las realmente navegadas, y consigna en el diario que lo hace “por si el viaje fuese luengo no se espantase ni desmayase la gente”.[/dlitem] [dlitem heading="22 de Septiembre"]En todos estos días, la hierba, los pájaros y ciertos animales marinos, con las rompientes y otras señales, les hacían creer en la cercanía de las tierras. En este día “vieron unas PARDELAS y otra ave”.[/dlitem] [dlitem heading="23 de Septiembre"]La mar quedó calma y la gente murmuraba que no habría viento, para volver.[/dlitem] [dlitem heading="25 de Septiembre"]Martín Alonso Pinzón cree ver tierra, variando la expedición el rumbo al Sudoeste, cuando se convencieron de la inexistencia de costa, se volvió al rumbo del Oeste que hasta entonces llevaban.[/dlitem] [dlitem heading="01 de Octubre"]Se habían navegado 700 leguas aunque a la marinería sólo le confesaba 580.[/dlitem] [dlitem heading="03 de Octubre"]Encuentran unos islotes, pero Cristóbal Colón decide no pararse al considerar que no es tierra firme.[/dlitem] [dlitem heading="06 de Octubre"] Llevaban andadas unas 950 leguas y por muchas que tratase de ocultar Cristóbal Colón, ya habían pasado el límite de las 800 que se había establecido. Martín Alonso Pinzón le pide derive al Sudoeste, ya que hacía allí van las aves, pero el Almirante no accede, pues creía inminente la aparición de la tierra firme.[/dlitem] [dlitem heading="07 de Octubre"]Los de la “Niña” creyeron ver tierra y desde su posición, avisan con un tiro de lombarda. Más pasado el día la tierra no aparece, creciendo la desilusión de los tripulantes. Cristóbal Colón les convence para que le den dos días más, y si no se encuentra tierra, entonces se volverán.[/dlitem] [dlitem heading="10 de Octubre"]Del 8 al 10 arrumbaron al Sudoeste, pese a que ya habían pasado los dos días que consiguió.[/dlitem] [dlitem heading="11 de Octubre"]Las señales de tierra ya son evidentes. Vieron un palillo labrado, otro cargado de escaramujos, etc. En la noche de este día vieron tierra, 12 de octubre de 1942.[/dlitem] El 18 de diciembre en el primer viaje de Cristóbal Colón, este manda ataviar las naves y festejar a la Virgen María de la O, el mismo día que en Pontevedra se conmemora a su patrona. Fr. Martín Sarmiento (siglo XVIII) opina sobre este particular:

“La Carabela en que salió Colón, se llamó La Gallega, según Oviedo, y era dedicada a Santa María, aludiendo a la Patrona de los de Pontevedra. Es mucho concurrir el que Henrique IV diese, como dio a Pontevedra, el Privilegio de una Feria de 30 días, 15 antes y 15 después de la Fiesta de Sn. Bartolomé, Patrono de la Villa. El que los Reyes Católicos hubieran dado como dieron a todos los Mareantes de la Villa, el Privilegio de que no los pudiesen ajusticiar sino como a Nobles, no siendo por delito de alta traición. El que los mismos Reyes mandasen que todos usasen escudos de la Fábrica de Pontevedra. Y el que la carabela de colón se llamase la Gallega y se llamase y estuviese dedicada a Sta. María. Es mucho concurrir todo eso, digo, para que sea inverosímil que la mejor nave, Argos Gallega o la Carabela en la cual montado colón descubrió en su primer viaje el nuevo Mundo, había sido fabricada en el Arrabal o Pescadería de Pontevedra y que se dedicase a Sta. María la Grande (que así llaman), que es la Patrona de todos los marineros en Parroquia separada. fr.Martín Sarmiento”

El regreso

El 4 de Enero: Parten de La Española.

El 15 de Febrero: Cristóbal Colón, donde Cristóbal Colón recala ocho días.

El 01 de Marzo: Llega Martín Alonso Pinzón al puerto de Bayona, en Galicia, tardando cuatro días más que Cristóbal Colón en hacer la travesía a Lisboa desde las Azores, donde permaneció hasta el 10 de marzo, fecha en que hizo rumbo a Palos de Moguer, llegando el día 15 de marzo.

El 04 de Marzo: Reconocieron tierra, se trataba de la Roca de Cintra, cerca de Lisboa.

El 09 de Marzo: Se entrevista con el Monarca portugués, Joao II.

El 11 de Marzo: Sale rumbo Palos de Moguer.

El 15 de Marzo: Entra con la “Niña”  en la barra de Saltes, a mediodía; por la tarde había de entrar Pinzón con la “Pinta”, quien fallece a los pocos días.

Cristóbal Colón sale para Sevilla y de allí para Barcelona, donde se hallaban los soberanos, en el mes de Abril es recibido triunfalmente por los Reyes Católicos. Explica el Descubrimiento y muestra cuanto trae del Nuevo Mundo. S.S. el Papa despacha varias Bulas, en el mes de mayo, en una de las cuales se señala la demarcación de los mares, pedida a instancia de Cristóbal Colón.

Los Privilegios

Confirmación del privilegio de 30 de abril de 1492, en Santa Fé.

“Para vos e cuantos fijos e descendientes e subcesores, uno en pos de otro, y después de nuestros días podades tener, y tengades, los dichos oficios de Almirante e Visorey e Gobernador del dicho Mar Océano e Islas e Tierra firme, que así habeis descubierto e fallado, e descubierdes e hallardes, de aquí en adelante, con todas aquellas facultades e preeminencias e prerrogativas de que han gozado, e gozan los nuestros Almirantes e Vosorey e Gobernadores que han sido e son, de los dichos Reinos de Castilla y Leon”.

Se le otorga a Cristóbal Colón escudo de armas que se describe así:

“Castillo dorado en campo verde, enel cuadro del escudo de vuestras armas en lo alto a la mano derecha; en el otro cuadro alto a la mano izquierda un león de púrpura en campo blanco rampante en… y enel cuadro bajo de la mano derecha unas islas doradas en ondas de mar, en el otro cuadro bajo a la mano izquierda las otras ARMAS VUESTRAS QUE SOLÍADES TENER.”

SEGUNDO VIAJE

Segundo viaje de Cristóbal Colón a las Indias Es natural que el descubrimiento del camino de Indias por occidente produjese una formidable conmoción en España, más explicable si se tiene en cuenta que la fantasía popular, alimentada durante siglos por las narraciones, siempre exageradas, del legendario viaje de Marco Polo, presentaba aquellas tierras como un emporio de riquezas, al que solo habría que llegar para obtener oro y especies, muestras de las cuales ya traían los que fueran al Descubrimiento. La flota estaba compuesta por 17 naves, donde repetía la “Niña” del Primer Viaje, y otra que se bautizó como “Marigalante” en honor a la del primer viaje,  el número de expedicionarios ascendió a entre 1200 y 1500, según distintas fuentes. En contraste con el primer viaje, la mayoría de la gente era voluntaria. Es posible que en la segunda expedición formases muchos hidalgos, pero resultó mayor el número de indeseables que el de gentes de bien.

Nuevas concesiones

Los reyes el 26 de mayo de 1493 se dirigen a Cristóbal Colón en los siguientes términos:

“Por cuanto por la brevedad de vuestra partida no hay lugar a que propongáis tres para cada oficio de gobernación, según con vos se asentó, vos damos poder para que nombréis a quien os pareciere y por el tiempo que quisieredes” “… por la presente vos confirmamos a vos e a los dichos vuestros hijos…, para agora y para siempre jamás los dichos oficios de almirante del dicho mar Océano e de Visorrey e Gobernador de las dichas islas e tierra firme”

Tal carta es de privilegio y no hay duda que se concede a un español ya que, si se tratase de extranjero habría de ser contrato. El Papa Alejandro VI, concede lo que se llamarán Las Bulas Alejandrinas, que a petición de Cristóbal Colón se solicita una línea a cien leguas al Oeste de las Azores e islas de Cabo Verde, a fin de no interferir los derechos de Portugal, y desde cuya línea los descubrimientos futuros quedarían reservados a la Corona de Castilla.

El viaje

Le acompañaron sus dos hijos, Diego Colón y Fernando Colón, este último dice:

El miércoles a 25 de septiembre de 1493, una hora antes de salir el sol, estando presentes mi hermano y yo, el Almirante levó anclas de el puerto de Cádiz, donde se había reunido toda la armada”

El 5 octubre 1493: Arriban a la isla de Gomera, donde se aprovisionaron de semillas, agua, leña y otros bastimentos.

El 24 de octubre: A cuatrocientas leguas al Oeste de la isla de la Gomera no encontraron los sargazos porque llevaban rumo más al Sudoeste que en el primer viaje.

El 3 de noviembre: Descubren tierra, a la que saltan al día 5. El veedor, Diego Márquez, sin permiso y acompañado por varios hombres se interna en la misma y se pierde en la espesura. Colón espera tres días; reaparecen y dan cuenta de haber visto cuerpos humanos colgados y otros en asadores, por que infieren hallarse en tierra de caribes, antropófagos. A la primera isla descubierta la llamó Dominica, por haber arribado en domingo según su hijo, pero lo lógico es que de ser así le llamara Dominga/o, Dominica debió ser en honor  de algún convento Dominico. La segunda fue llamada Marigalante, nombre del barco del Almirante. La tercera Santa María de Guadalupe por el triple motivo de evocar el santuario extremeño. A la cuarta Montserrat, por indicación de Fray Boyl, ermitaño de esas tierras. A la quinta la llamó San Martín, por descubrirla en 11 de noviembre.

El 22 de noviembre: Arriban a la costa de La Española, y el 27 llegan a puerto de La Navidad, desembarcaron el 28 y comprueban que el fuerte ha sido arrasado y quemado y muertos los que en él habían quedado. Cristóbal Colón se muestra, una vez más, prudente y cuando captura a Caonobó, el cacique, evidente autor natural de la muerte de los cristianos y arrasamiento del Fuerte de Navidad, sin duda por pesar en su conciencia la provocación por parte de las gentes que allí dejara, se limita a prenderlo y enviarlo a España, con el proceso instruído, a fin de que le juzgue la Audiencia Real.

El 7 de diciembre: Salen las carabelas del puerto de La Navidad y, en lugar cercano a las minas de oro, fundan la primera colonia de las Indias que se denominó Isabela, en honor de la Reina.

El 4 enero 1494: Cristóbal Colón escribe El Memorial a los Reyes Católicos.

El 2 de febrero: Salen para  España doce navíos con una tripulación de 400 hombres, al mando Antonio de Torres, para llevar con su memorial, las buenas nuevas de las tierras y minas de oro descubiertas.

El 24 de abril: Cristóbal Colón, sale con tres carabelas a explorar la isla de Cuba.

El 29 de abril: Cristóbal Colón, llega al puerto de San Nicolás, desde el que se divisa la punta oriental de la isla, a cuyo cabo, por creer que se halla en tierra firme, denomina Alfa y Omega. Es decir, comienzo del nuevo continente y final de su viaje.

El 3 de mayo: Se dirige al Sur y el 5 llega a la isla de Jamaica, a la que denominó Santiago.

Mientras, en la Metrópoli

 Llega su hermano Bartolomé Colón a España, recoge en Sevilla las instrucciones del Almirante, de llevar a sus dos hijos: Diego Colón y Fernando Colón, a la Corte,  donde la reina, Isabel I de Castilla,  había hecho merced de nombrarles pajes del Príncipe Don Juan. Se firma el Tratado de Tordesillas, por dicho tratado la línea de separación de las conquistas españolas y portuguesas se establece en 370 leguas de las islas de Cabo Verde.

El 12 junio 1494: Ya en las proximidades del extremo oriental de Cuba, con el agrado de todos, determina volver.  Con pocos víveres y el cansancio de la tripulación, deciden firmar un documento donde todos aseguran haber llegado a tierra firme, de ese modo podrían volver al estar cumplida en todos sus términos la condición de llegar a tierra firme por el camino del Oeste. Más tarde,  el gallego, Sebastián do Campo, descubre la condición insular de Cuba.

El 13 de junio: Ordena el regreso y arriba a la isla de Pinos, que bautiza del Evangelista.

El 18 de julio: Llega al Cabo da Cruz, en honor al cabo del mismo nombre en la ría de Arousa, en Galicia.

El 15 de septiembre: Se produce un eclipse lunar, que sirvió a Cristóbal Colón para determinar que la diferencia horaria con Cádiz es de cinco horas y veintitrés minutos.

En Junio de 1496: Cristóbal Colón regresa a España a bordo de la Santa Clara (La Niña), y acompañado de la India, primera nave construida en el Nuevo Mundo.

Aclaración: Colón regresa victorioso del Descubrimiento, este hecho crea una reacción en todos aquellos que no creyeron en la Empresa de Indias y que entran a formar parte de la fracción contraria al Almirante. Fernando de Aragón, excéptico en cuanto al éxito del Descubrimiento, había firmado las Capitulaciones de Santa Fé más por complacer a su esposa, que por considerarla conveniente o viable. Pronto se encuentra con el hecho consumado del que Cristóbal Colón ha de llevarse, para sí y para sus descendientes, una buena parte de las inmensas riquezas del mundo descubierto; que sus reinos, es decir, Aragón, Cataluña y demás, están al margen del descubrimiento, realizado exclusivamente para los reinos de Isabel. Se percata de la preponderancia que puede alcanzar Cristóbal Colón y surge la razón de Estado que le obliga a atar en corto, o a tratar de anularlo. Por todo ello, coincide que a su llegada del Segundo Viaje a las Indias, se crea una facción encargada de difamar al Almirante, de la mano de los catalanes enviados por Fernando de Aragón, Fray Buyl, Pedro Margarit y Bernal de Pisa, junto con otros dos enemigos naturales de Cristóbal Colón, Juan Rodríguez de Fonseca y Juan de Soria. Finalmente cuando Cristóbal Colón acude a la Corte, consigue convencer a la Reina y esta le colma de honores. Desacreditados los calumniadores, quedan de falsarios, no obstante, Fernando de Aragón se encarga de dejar impugnes a los catalanes, encargándose también el Católico, que el Obispo Fonseca le siga siendo leal.

TERCER VIAJE

El Tercer viaje de Cristóbal Colón a las Indias Cuando Cristóbal Colón parte para España en su segundo viaje, deja a Bartolomé Colón y Roldán, como Gobernador al primero y Alcalde Mayor al segundo. Roldán se subleva al poco de partir Cristóbal Colón.

El 30 mayo 1498: Zarpaban de San Lucas de Barrameda seis naves, bajo el mando de Cristóbal Colón, hacia las Indias.

El 9 de julio: Llegaban a la Gomera, mandando separar tres navíos para que fuesen directamente a la Española a llevar los bastimentos; los otros tres salieron a su mando para proseguir los descubrimientos hacia el Austro. Capitanes de los tres primeros fueron Pedro de Arana, su cuñado, Alonso Sánchez de Carbajal y Juan

El 21 de junio: Zarpa para la isla de Hierro y de allí puso rumbo a las islas de Cabo Verde a las que avista el 27 de junio y el 4 de julio las abandona. El 13 del mismo mes sufren mucho calor y el 14, observa el movimiento de las Guardas alrededor del Polo. El 19 vuelven a tener mucho calor que dura ocho días y por fin ven la primera tierra, al Oeste, el 31 de julio de 1498; era una isla a la que llamó de la Trinidad, donde desembarcan el primero de Agosto. Explora el golfo de Paria, recorre la tierra de Gracia y va descubriendo islas a las que da nombre; rescata oro y perlas, y por temor a que se le perdiesen los bastimentos, y por hallarse enfermo de la vista, parte para la Isla Española, con intención de enviar a su hermano Bartolomé a explorar aquellas tierras que tanto prometían.

El 18 de octubre: Cristóbal Colón da cuenta a los Reyes de la rebelión de Rodán. En diciembre llegarían las cartas y relaciones de Cristóbal Colón y los demás acerca de rebelión.

El 21 de marzo: Se nombra a Francisco de Bobadilla como Juez Pesquisidor atendiendo a los ruegos de Cristóbal Colón.  Tendría por misión tomar información sobre los rebeldes y, en su caso, procesarles y prenderles. En Abril se prepara el viaje de Alonso de Ojeda para comprobar lo descubierto en Paria y sus riquezas, regresando  por la Española en misión secreta contra Cristóbal Colón.

El 20 de mayo: Sale Alonso de Ojeda, portador del Mapa de Cristóbal Colón y con solo la licencia de Fonseca.

El 21 de mayo: Nombramiento de Francisco de Bobadilla como Gobernador de las Indias sin nuevo motivo ni causa conocida que lo justifique.

El 5 de septiembre: Después de una cortísima estancia en el Golfo de Paria, llega Alonso de Ojeda a la Española, donde se entretiene seis meses sin conseguir reactivar la disidencia contra Cristóbal Colón. Roldán el más directo enemigo del Almirante lo echa de la isla. No visita a Cristóbal Colón, pero hace bajas entres sus partidarios. Hurta palo del Brasil y toma indios que luego había de vender en Cádiz como esclavos pese a la orden en contra promulgada por la Reina. Al partir de la isla deja a Hernando Ladrón de Guevara para continuar su secreta misión y este termina alzándose contra Cristóbal Colón.

El 5 de octubre: Cristóbal Colón envía noticias diciendo que consiguió apaciguar la rebelión de Roldán y dando cuenta de la arribada de Alonso de Ojeda y de los disturbios y daños que produce en la isla.

En junio de 1500: Llega Alonso de Ojeda a España confirmando los descubrimientos de Paria. También relata a su sabor lo ocurrido en la Española, su fracasado intento contra Cristóbal Colón y dando cuenta de que allí deja para continuar su misión a Hernando de Guevara. Se decide enviar a Francisco de Bobadilla quien en lugar de pesquisar, toma la gobernación.

En octubre de 1500: Salen Cristóbal Colón y sus hermanos presos hacia España, llegando el 25 de noviembre.

Aclaración: Mientras la valedora de Cristóbal Colón era Isabel la Católica, Fernando de Aragón se mostraba receloso del Almirante, por no afirmar que era su mayor enemigo. Cuando el Almirante de las Indias va de éxito en éxito, conquistando nuevas tierras y aumentando el poder que tiene reconocido en Privilegios y Capitulaciones, el sentido político de Fernando de Aragón se inclinaba a minarle el terreno, a tratar de evitar que aquella ingente figura la más ligera sombra a su poder real. A la Reina habían de presentársele cuantos hechos colonianos fuesen en desprestigio de su protegido, como se lo ocultarían los de sus enemigos, o le restarían importancia quienes estaban tácitamente autorizados para ello mejor servir a su Señor. Todos los enemigos, alzados, etc., contra Cristóbal Colón, el único castigado es Roldán, pero se da el curioso caso de que también es el único que desoye las órdenes, verbales sin duda, que llevaba Alonso de Ojeda, como antes las llevara Aguado. Cada vez que el Almirante va a la Corte y explica su proceder, no solo desbarata los planes de los que no le son afectos, sino que ha de compensársele colmándole de honores, derechos y preeminencias; eso si, para combatirle posteriormente con redoblado ardor, una vez que se halla lejos de su Real Valedora. A tanto llega este desenfado que Alonso de Ojeda, creyendo moribunda a la Reina no se recata de pregonarlo en las islas, como no se recatan ya los enemigos de Cristóbal Colón en la Corte de publicar su desgracia. En estos años se perfila la animosidad de Fernando de Aragón, hacia Cristóbal Colón, lo que ha de culminar en el pleito que posteriormente han de sostener los herederos contra la corona, motivo de la ocultación de la patria del Almirante por estos.

CUARTO VIAJE

Cuarto viaje de Cristóbal Colón a la Indias Llevó Cristóbal Colón para este cuarto viaje, cuatro naves: la “Santa María”, capitana, mandada por Diego Tristán; la “Santiago de Palos”, al mando de Francisco de Porras, a quien acompañaba su hermano Diego de Porras, Escribano oficial de la Armada; el “Gallego”, mandado por Diego Terreros, y  “El Vizcaino”, capitaneado por Bartolomé Fliesco. Tampoco existe el Diario de Navegación de esta expedición, siendo conocidas las vicisitudes del viaje por los relatos de Fernando Colón, Fray Bartolomé de las Casas, Diego de Porras, la relación de Diego Méndez y la carta de Colón, en 7 de Julio de 1503, dirigida a los Reyes, desde Jamaica.

El 11 mayo 1502: Salen las carabelas del puerto de Cádiz, para este viaje. Navegó Cristóbal Colón hacia Arcila, por saber que esta plaza estaba cercada por los moros y para socorrer a los portugueses.

El 26 de mayo: Parte la flota desde la isla de Hierro y, después de una rápida y feliz travesía llega a las islas Caribes arribando más tarde a la Española, donde habrían de resultar defraudados, el comendador Ovando, niega a Cristóbal Colón el derecho de puerto y tampoco permite que compre un navío para sustituir uno inservible de los de la escuadra que lleva a descubrir, para los reyes.  Cristóbal Colón, se observa indicios de tormenta y aconseja al Comendador Ovando, advirtiéndole que en ocho días no dejase salir la armada del puerto porque corría gran peligro. Pero el Comendador Ovando no quiso consentir que el Almirante no entrase en el puerto y mucho menos impedir que la armada saliera para Castilla, que debería llevar al comendador Bobadilla a Francisco Roldán y a todos los demás que se habían sublevado.  Las predicciones de Cristóbal Colón se hicieron realidad y una tormenta hundió la flota ahogándose la mayoría de los hombres.

El Almirante: “Yo tengo por cierto que esto fue providencia Divina; porque si estos arribaran a Castilla, jam´s habrían sido castigados según merecían sus delitos; antes bien, como eran protegidos del Obispo Fonseca, habrían recibido muchos favores y gracias…”

Cristóbal Colón llamó a esta cuarta expedición “Alto Viaje”, ya que era, efectivamente, un proyecto de gran envergadura. Creía que Cuba era la tierra firme y había observado que su costa meridional corría hacia el Sudoeste y la de Paria hacia el Noroeste. También había observado que las corrientes del Mar Caribe se dirigían hacia Oriente, lo que le hizo concebir la idea de paso a Las Tierras de las Especies, al Mar de la India. Pone rumbo a esos parajes con miras a alcanzar los descubrimientos de los portugueses, pero por el camino de occidente, que el Almirante estimaba más corto que el bordeando el África, por el Cabo de buena Esperanza y regresar a España dando la vuelta al mundo. “Alto viaje” y de gran mérito para el Almirante si, como creía, había de ser el primero en dar la vuelta al mundo. Más, en aquel tiempo en que muchos todavía dudaban de la redondez de la tierra. El solo hecho de encontrarse con los portugueses ya era demostración suficiente y si tal conseguía, quedarían chasqueados sus detractores y quienes tanto le combatían.

El 1 mayo 1503: Toman Norte, y el 13 de este mes llegan a la isla de Cuba, para ir a La Española, escapando de los bajos que hay en la costa Sur de dicha isla de Cuba, peligro que había pasado en el segundo viaje, en los mismos parajes, se desvía más al Sur, pero deriva tanto que llega  a la isla de Jamaica, a donde llegan la víspera de San Juan.

Viaje a Jamaica

De D.Fernando Colón sobre los gastos hechos por su padre en Jamaica. Relación del viaje a Cuba y Jamaica

El 23 julio 1503: La carabela “Santiago” encalla, y el 12 de agosto corre la misma suerte la capitana en Puerto de Gloria, isla de Jamaica, anegadas hasta los puentes, se habilitan los castillos y los alcázares, proa y popa de las naves, para alojar a la gente. Quedan atrapados en Jamaica.
Fernando Colón:  “… los indios que eran gente buena y mansa, vinieron pronto con sus canoas, a vendernos cosas de las suyas… Para que en el trato no hubiera alguna diferencia entre los cristianos y ellos…” “Siendo necesario buscar manera de regresar a Castilla, algunas veces el Almirante convocaba a los Capitanes… para salir de aquella prisión… querer seguir allí con la esperanza de que algún navío llegase a aquellas partes era vano… y pensar fabricar naves de nuevo era imposible, porque no teníamos instrumentos… el Almirante determinó enviar a la Española a hacer saber que estaba perdido en aquella isla y que le enviasen un navío… Para este fin eligió a dos personas… con gran valor, porque el paso de una isla a otra parecía temerario e imposible…”

Cristóbal Colón escribe una carta el 7 de julio 1503 a la Reina, y envía a Diego Méndez y a Bartolomé Fiesco para que en su nombre pidan auxilio al Gobernador Ovando. Después de recorrer doscientas millas llegan a la Española, pero el Gobernador los retiene varios meses y permanece sin enviar ayuda. Mientras en Jamaica la gente empezó a enfermar, además de pensar que la ayuda no llegaría nunca, sospechando que dejarían a Cristóbal Colón a su suerte y con toda la gente.

El 2 enero 1504: El Capitán Porras y el Escribano de la armada, se sublevan y se marchan con muchos hombres en canoas, por donde pasan realizan muchos agravios a los indios: Fernando Colón: “Por todas partes donde pasaban hacían mil agravios a los indios… diciéndoles que fuesen al Almirante que él se lo pagaría; y caso de que no- que le daban licencia para que lo matasen…; llevando consigo en las canoas algunos indios… como los vientos eran poco seguros, y las canoas demasiado cargadas, determinaron volverse…” Los indios al sentirse agraviados por los sublevados, determinan la resistencia a llevar alimentos y aún la subversión contra los expedicionarios. Cristóbal Colón, entonces aprovecha su conocimiento de que va a producirse un eclipse lunar para hacer creer a los indios que a voluntad puede borrar el satélite del firmamento y confirmar, como creían éstos, que son enviados de la divinidad, lo que hace que continúen enviándoles alimentos. De esta forma Cristóbal Colón consigue mantener el suministro de alimentos, además de evitar el conflicto con los indios, provocado por los sublevados y sin derramar una sola gota de sangre.

Fernando Colón:

“Habiendo pasado ocho meses después que habían marchado Diego Méndez y Bartolomé Fisco… teniendo… por cierto que no podía llegar socorro… un maestro Bernal… y otros… hicieron otra conjura… Pero viendo Nuestro Señor el gran peligro que ponía al Almirante esta segunda sedición… quiso remediarlo con la venida de un carabelón enviado por el Gobernador de La Española… su Capitán Diego de Escobar… y ofreciole un barril de vino y un tocino… salió aquella misma noche.”

En marzo de 1504: pasados ya ocho meses desde la partida de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco, y cuando está a punto de producirse otra rebelión, llega al fin un barco al mando de Diego de Escobar, llega sin muchos víveres. Cristóbal Colón diría: “El Gobernador no lo envió a visitar sino a saber si era muerto”.

Cristóbal Colón y sus hombres, permanecieron por más de un año sin socorro, náufragos, en una isla salvaje y sin  ayuda alguna del exterior. El Almirante comunica a la facción rebelde la llegada del carabelón, a fin de que vuelvan a la obediencia, estos no lo hacen según Fernando Colón, por los siguientes motivos:

“Que por esto Roldán y sus amigos no se habían fiado de él, ni de sus ofertas en La Española; y les había salido bien, y fueron tan favorecidos que lo hicieron enviar con grillos a Castilla. Y que ellos no tenían menos causa y esperanza de hacerlo.”

Tenían razón, pues los hechos eran ciertos. Toda traición a Cristóbal Colón era favorecida. Fray Bartolomé de las Casas confirma que los caudillos de la rebelión propagaron que el carabelón era engaño, que la salvación era persistir en el levantamiento, pues tenían el favor de la Corte, y les sucedería lo mismo que los partidarios de Roldán, que no habían sido castigados. Basados en tales argumentos, los rebeldes intentan ir a los navíos a tomar lo que fuere, enterado Cristóbal Colón, envía a su hermano Bartolomé Colón a hacerles frente, en la refriega hay herido y muertos y Francisco Porras cae en manos de Bartolomé Colón, que se alza con la Vitoria. Los demás rebeldes suplican misericordia al Almirante, quien una vez más otorga perdón general, excepto al Capitán, a quien retine preso. Come era de esperar, una vez más reciben favor los traidores a Cristóbal Colón, según nos lo relata Ballesteros Beretta:

“Ovando pondría en libertad a Francisco de Porras. En una nómina de 1513, aparece Diego de Porras como pagador de Melilla, u se menciona a Francisco de Porras contino del Rey.”

Pero, por lo que se ha visto, no fueron castigados sino ensalzados. La promesa de Fernando de Aragón que, según Fernando Colón, había hecho el Rey de defender a su padre, no se ve por parte alguna. Por el contrario, la Reina escribe a Ovando con su sola firma, caso poco frecuente, ordenando se protejan los derechos del Almirante Cristóbal Colón:

“Es nuestra merced y voluntad que el dicho Almirante tenga en la dicha isla Española persona que entienda de las cosas de su hacienda, e reciba lo que él hobiese de haber… E mandamos al nuestro Gobernador… que cumplan e fagan guardar lo susodicho… mandamos que el dicho Almirante pueda traer de aquí adelante cada año ciento once quintales de brasil… E agora Alonso Sánchez de Carbajal, contino de mi Casa, en nombre del dicho Almirante me hizo relación que después… no habéis querido ni queréis acudir con las cosas a los dichos capítulos contenidos… Por ende yo mando que veáis los dichos capítulos… e cumpláis… e non fagades ende mal.”

Por estas cartas, se le obliga a Ovando terminantemente que atienda los intereses del Almirante, lo que tiene que hacer dudar a aquel de su actitud en no acudir en socorro de éste. Conociendo a la Reina ha de temer caer en su disfavor, y aunque no sea más que por precaución, acude en socorro del Almirante, y en consecuencia, accede a los deseos de Diego Méndez, quien: El Gobernador Ovando, dos meses después de haber sabido que Cristóbal Colón estaba vivo, da permiso a Diego Méndez para comprar un navío e ir en su auxilio. A las órdenes de Diego de Salcedo. Se embarcan el Almirante y su gente, el 28 de junio de 1504.

El 28 julio 1504: Se embarcan el Almirante y su gente, abandonan Jamaica, llegando en Agosto a Santo Domingo.

Conocimientos y Cultura

Libros utilizados por Cristóbal Colón

Mapa Colón y Juan de la Cosa

La Española: 1º Mapa de Colón a mano alzada – 2º Mapa de Juan de la Cosa – 3º Carta moderna

 

Como Marino

Cristobal Colón demuestra en muchas ocasiones su pericia navegando, acierta siempre en sus derroteros, sabe situarse en Canarias mejor que todos los demás pilotos, predice tempestades y lucha hábilmente contra los elementos.  Cuando decide partir de Las Azores hacia Lisboa, lo hace con condiciones adversas, más logra su objetivo. La razón de tomar ese rumbo, es un misterio, pudo ser por adelantarse a Marín Alonso Pinzón, o por tener motivos  serios  que aconsejaran no  arrimarse a baiona (Galicia).

Conocimientos de Astronomía

En la época de  Cristóbal Colón, ni mucho después, se resolvió el problema de situar un buque por la longitud. Cristóbal Colón, intuitivamente, lo hacía, sin embargo, por aproximación, basándose en su descubrimiento de la variación de la aguja magnética. Observa también el movimiento de las Guardas, con respecto a la Polar, lo que viene a servirle para determinar la hora. Concluye que la Tierra no es totalmente esférica y que está achatada en los polos. Fue quien de predecir eclipses, y concibió la idea de valerse de los eclipses para situar las tierras descubiertas, con respecto a España, los almanaques de la época no tenían calculados los eclipses para situar tierras tan lejanas.

Conocimientos de Cosmografía

Cristóbal Colón concibió la redondez de la Tierra, la falsedad del espacio Ptolomeico, la atracción central de la Tierra, la longitud del grado, etc., etc. En una época donde había pocos libros impresos, Cristóbal Colón estudió a la mayoría de los sabios que le precedieron: Aristótles, Séneca, Strabon, Ptolomeo, etc. También conocía de los trabajos de otros de su época como Toscanelli.

Conocimientos de Geografía Física

El descubrimiento de la variación magnética, o más bien del cambio de la variación en el Océano Atlántico, corresponde sin duda alguna a Cristóbal Colón, que además le serviría para saber la longitud en que estaba un buque. Descubrió la influencia de la longitud en la distribución del calor siguiendo el mismo paralelo, creyendo que estos dos fenómenos dependían uno del otro, comprobando la diferencia del clima del hemisferio occidental. Comprobó la dirección de las corrientes de los mares tropicales, como la gran corriente general de este a oeste que reina entre los trópicos, y atribuye a estas la configuración de las islas y causas geológicas.

“Muy conocido tengo, dice, que las aguas de la mar llevan su curso de Oriente a Occidente como los cielos, y que allí, en esta comarca, cuando pasan, llevan mas veloce camino, y por esta han comido tanta parte de la tierra, porque eso son acá tantas islas y ellas mismas hacen de esto testimonio, porque todas a una mano son largas de Poniente a Levante, y Noureste a Sueste que es un poco mas alto y bajo, y angostas de Note a Sur y Nordeste a Sudeste, que son en contrario de los otros dichos vientos. Verdad es que parece en algunos lugares que las aguas no hagan este curso (E.O.); mas esto no es, salvo particularmente en algunos lugares donde alguna tierra le está al encuentro y hace parecer que andan diversos”

Conocimientos de Arquitectura Naval

Cambió el velamen de las naves para navegar el Atlántico con más seguridad, Martín Alonso Pinzón hizo escala forzada para seguir su ejemplo. Dice Cristóbal Colón: “Yo creo que V. A. se acordará que yo quería mandar hacer los navios de nueva manera: la brevedad del tiempo no dio lugar a ello, y cierto yo había caído en lo que cumplia …”

Conocimientos sobre Cartografía

Cristóbal Colón en una época se dedicó a la cartografía, sus  mapas sirvieron a los demás para el seguimiento de sus pasos por las nuevas tierras.

Conocimientos Estrategia Militar

Ordena despiezar la Santa María y construir según sus indicaciones, el Fuerte Natividad. Desconocimientos Cuando quiso escribir en italiano, lo hizo demostrando un desconocimiento asombroso del idioma.

Cristóbal Colón nota autobiográfica de

Nota autobiográfica de Cristóbal Colón, en un pésimo italiano

Descubrimientos científicos de Cristóbal Colón:

Demuestra que el concepto ptolomeico del espacio terrestre era falso.

Comprueba que la atracción de la gravedad es una fuerza centra.

Descubre la declinación magnética de la aguja.

Enseña a situarse señalando la longitud, valiéndose de las variaciones de la declinación magnética.

Halla y determina la línea sin variación magnética en el Atlántico.

Determina aproximadamente la hora por medio del movimiento de las guardas.

Descubre la excentricidad de la Estrella Polar. Halla la situación de América, valiéndose de los eclipses.

Descubre la dirección de las corrientes marinas, en los mares tropicales; la corriente equinoccial y de rotación.

También descubre la corriente ecuatorial. Aprecia que las carabelas navegan mejor en el Atlántico con velas redondas.

Crea los verbos “nordestear” y “noroestear” que inmediatamente se adoptan en el idioma castellano.

Descubre el mar de los Sargazos. Distingue las focus de dicho mar, de las existentes en las costas de las Azores.

Aprecia que las especies de los árboles americanos son distintas de las europeas, y en las coníferas, distingue las del género monocarpo, americanas, de las del podocarpo, europeas.

Estudia la configuración geográfica de las Antillas y las causas geológicas que la determinan.

Emigración de las especies marinas hacia el Mar de los Sargazos.

Aprecia que la raza de los aborígenes de las tierras descubiertas, es diferente a las demás razas humanas.

Y… descubre el Nuevo Mundo.

Aclaración: La financiación de la Empresa fue realizada, por el Reino de Castilla, y en la que le tocó a Colón, por banqueros o amigos. Arman las dos carabelas y Cristóbal Colón fleta la nao Santa María, “La gallega”. Cristóbal Colón se vio obligado a firmar con los tripulantes de Palos de la Frontera, obligados a embarcarse por cumplir castigo impuesto por su ilegal tráfico con los enemigos, el regresar en caso de no encontrar tierra a las ochocientas leguas, motivo por el cual, Cristóbal Colón, hace previsión de descontar camino recorrido para tener una reserva de leguas. Pasadas estas ochocientas leguas, Pinzón en base a este acuerdo, obliga a Cristóbal Colón a variar el rumbo prefijado y seguir el rumbo del vuelo de las aves, esto impide que la expedición encuentren en su primer viaje, tierra firme, La Florida. La gran mayoría de los nombres impuestos por Colón coinciden con los accidentes geográficos o las advocaciones de los similares en las rías gallegas. Cada decisión importante, cada festividad o vigilia le sugiere un nombre del Santoral con amplio culto y rendida devoción en Pontevedra, Galicia. En el escudo que se concede a Cristóbal Colón, para nada figuran las armas aragonesas, como tampoco nada que pueda recordar ni el apellido Colombo, ni signo alguno de extranjería; por el contrario son, en cualquiera de sus aspectos, armas españolas. Aún cuando el diario de Cristóbal Colón haya sido copiado por un castellano y de esta versión haya tomado la suya Fray Bartolomé de las Casas, se observa que cuando transcriben palabras que desconocen, por no ser castellanas, resultan gallegas. Cuando el Fraile yerra en la interpretación, traducidas al gallego, la expresión resulta lógica y correcto el párrafo.
Lisboa siglo XV

Lisboa a principios del s.XV. Grabado alemán

 

Cristóbal Colón en Portugal

(De 1474 hasta 1484) En 1474, concibe a la edad de 28 años, conoce las cartas de Toscanelli sobre el viaje a las Indias por Occidente, esto le mueve a escribirse con el sabio florentino para completar sus datos. En su estancia en Portugal Cristóbal Colón, navega en 1476 con Casanove Coullón, corsario al servicio de Francia y aliado de Portugal, Fernando Colón, nos dice que es su pariente, en la Batalla del Cavo San Vicente, donde se enfrentan con barcos genoveses, su barco se incendia, y tiene que tirarse al mar, agarrándose a un remo llega a las costas de Portugal, en esta fecha, aseguran los que defienden un Cristóbal Colón genovés, que llega a Portugal por primera vez, sin embargo, Cristóbal Colón, nos dice otra cosa:

“… dije milagrosamente porque fui a aportar a Portugal a donde el Rey de allí entendía más que otro. El le atajó la vista, el oído y todos los sentidos, que, en CATORCE AÑOS no le pude hacer entender lo que yo le dije.”

Cristóbal Colón salió de Portugal en 1484, si le restamos CATORCE AÑOS, tenemos que se refiere a 1470,  pero si se cuenta desde la fecha de 1488, en la que el Rey portugués Juan II, expresó hallarse convencido de la viabilidad de la empresa y le llamó para enviarlo a descubrir. Por lo tanto, tenemos que como mínimo, ya estaba en Portugal en el año 1474.

Viaje de Cristóbal Colón a Thule

Cristóbal Colón: “Yo navegué el año 1477, en el mes de Febrero, ultra Thile, cien legus, cuya parte austral dista de la Equinocial setenta y tres grados, y no sesenta y tres, como algunos dicen; y no está dentro de la línea que incluye el Occidente, como dice Ptolomeo, sino mucho más occidental, y a esta isla, que es tan grande como Inglaterra, van los ingleses con mercaderías, especialmente los de Bristol”

Cristóbal Colón decide hacer un viaje al Norte, el que describe Fernando Colón tomándolo de las memorias de su padre. Comprueba que la isla más septentrional del mapa de Ptolomeo está a los 63º de la equinoccial y que, en lugar de precipitarse en el vacío, al navegar más allá de tal latitud, encuentra una isla, mayor que Inglaterra, cuya parte austral está a los 73º. Esto le demuestra el primer fallo, la primera equivocación, de la teoría Ptolomeica.

Viaje de Cristóbal Colón a África

“Yo estuve en el Castillo de San Jorge de la Mina de El Rey de Portugal, que está debajo de la equinoccial, y soy buen testigo de que no es inhabitable como quieren algunos”.

Entre 1479 y 1482, Cristóbal Colón, vuelve a comprobar, esta vez, viajando al Sur, que las teorías Ptolomeicas no se cumplen. Los viajes de Cristóbal Colón al África tienes tres finalidades fundamentales para el descubrimiento:

Comprobar personalmente que la tierra es habitable, en la zona tórrida, cosa que se reputaba imposible en aquellos tiempos, según la tesis Ptolomeica. Únicamente algunos navegantes portugueses sabían, por experiencia que no era así, mas Cristóbal Colón posiblemente dudaba de que hubiesen comprobado técnicamente su navegación más allá de la equinoccial.
Comprobar que, pasando la línea equinoccial no se caía en el vacío. De ahí el interés de Cristóbal Colón en señalar que la zona donde se halla enclavado el Castillo de San Jorge de la Mina está por debajo de la equinoccial.
Comprobar con el cuadrante y los demás instrumentos que se utilizaban en la época el valor del grado terrestre, a la sazón fijado en 56 millas y 2/3. La falta de precisión de los aparatos de que disponía justifica que no haya logrado obtener el valor del grado con rigurosa exactitud.

Con estos datos tomados personalmente por Cristóbal Colón en sus viajes al África, hacia el Sur, y con los que había tomado navegando diez grado más allá de Thule, en el Norte, se convenció de que navegando hacia el Oeste era factible llegar al Asia; al Oriente conocido. Fernando Colón, asegura, que la primera razón que movió a Cristóbal Colón a descubrir las Indias, es la siguiente:

“En cuanto a lo primero, que es razón natural, digo que él consideró que, como todo el agua y la tierra del mundo constituyen una esfera, era posible rodearla de Oriente a Occidente, andando por ellas los hombres hasta estar con pies los unos con los otros, en cualquier parte que en oposición se hallasen”.

Para admitir que tal podía ser posible, tuvo que pensar en alguna acción, en alguna fuerza, que impidiese caer al vacío. Al descubrir, más tarde el Nuevo Mundo, Cristóbal Colón fue el primero en comprobar que la fuerza de atracción terrestre es una fuerza central. Cristóbal Colón afirma que desde la edad de 28 años, se halla al servicio de la Empresa de Indias, y que desde esa edad se gastó todo lo que tenía. Es de suponer que estos viajes científicos fueron sufragados por él. En 1483 presenta su proyecto al Rey Juan II de Portugal. En 1484 Juan II de Portugal envía, a espaldas de Cristóbal Colón, una expedición para comprobar sus teorías, llegando a la altura del mar de los Sargazos, deciden dar la vuelta. Cristóbal Colón decide abandonar Portugal acompañado de su hijo Diego Colón, y entran en Andalucía, más tarde, en 1488, el monarca portugués, le escribe una carta pidiéndole que regrese ya que está dispuesto a atenderle, en esta carta se dirige a Cristóbal Colón como “especial amigo”, nombrándole como “Colón” y “Collón” indistintamente. Cristóbal Colón, no acude a esta llamada.

Cristóbal Colón en la Corte española

El Testamento y Mayorazgos

Testamento y codicilio de Cristóbal Colón A la muerte del cuarto Almirante Diego Colón en 1578, se extingue la línea directa de varón y motivó un pleito por la sucesión que no terminaría hasta el año 1608 (treinta años), en el juicio se presentan dos testamentos uno de 1506 en el que hace referencia a otros de 1502 y 1505 que nunca aparecieron. En el de 1506 constituye Cristóbal Colón mayorazgo a favor de su hijo Diego

“y non habiendo el fijo varón que herede mi hijo D. Fernando por la misma guisa, e non habiendo el fijo varón heredero que herede D. Bartolomé mi hermano por la misma guisa y por la misma guisa si no tuviese hijo heredero varón, que herede otro mi hermano; que se entienda de uno a otro el pariente más allegado a mi línea, y esto sea para siempre. E no herede mujer, salvo si no faltase no se fallar hombre, e si esto acaeciese, sea la mujer más allegada a mi línea”. 

Se presenta otro testamento en el juicio, donde aparece las famosas frases:

“siendo yo nacido en Génova … della salí y en ella nací…”, también …ni en otro cabo del mundo no se fallase hombre de mi linaje verdadero que se hubiese llamado y llamase él y sus antecesores de Colón…en tal caso lo haya la mujer mas llegada en deudo y sangre legítima”.

En el testamento de 1498, se advierten bastantes irregularidades:

La firma que aparece no se corresponde con la grafía del Almirante y cometen varios errores al colocar los puntos que Cristóbal Colón situaba a cada lado de las eses.

Se da como vivo al Infante D. Juan cuando había fallecido el 7 de octubre de 1497. Cuando se presentó este documento ya habían pasado 80 años desde los hechos.

No fue elevado a escritura pública.

Varios litigantes sacaron paulinas, eran unos despachos o cartas de excomunión que se expedían en los tribunales para el descubrimiento de algunas cosas que se sospechaba habían sido robadas u ocultas malicio samente, tomaron tal nombre por haberlas instituido el Papa Paulo III.

Aparecen varios renglones tachados y con distintas fechas.

Los giros gallegos que Cristóbal Colón tanto usaba en su habla y escritura, aparecen correctamente en el de 1506 y reemplazados en el de 1498 : aviamiento en vez de aviamento, señalar en vez de aseñalar, sellará en vez de asellará, entienda y entiende en vez de intenda y intende, asimismo en vez de asimesmo, almirantdgo en vez de almirantado, privilegio en vez de privillejo y privillejos, muestre en vez de amostrar.

La institución no era de su letra, al documento le faltaba una hoja, la más importante, y el tribunal con signa que: “no está auténtica ni solemne”

Aparece firmada por los Reyes Católicos y su secretario de Estado, don Fernando Alvarez, que había muerto en 1501 y que desde cuatro años antes no firmaba.

El testamento de 1506, otorgado en Valladolid, fue el único que se tuvo en cuenta como indiscutible para regular la sucesión de la herencia, títulos y privilegios, en él no dice que nació en Génova ni en parte alguna, ni hace mención a ningún pueblo de Italia ni del genovesado, ni distingue entre parientes legítimos e ilegítimos y tampoco figura la exclusión de cualquier apellido excepto los “de Colón”. A pesar de contar para el juicio el último testamento que sí fue elevado a escritura pública, lo cierto es que con el testamento de 1498 se consiguió enredar lo suficiente para dejar fuera a su verdadero heredero, Cristóbal Colón biznieto del Almirante, que era hijo adulterino del tercer Almirante Luís Colón, puesto que aparece ajustada al caso la disposición en que exige que el heredero ha de ser hombre legítimo y no ha de haber incurrido en falta gruesa que toque a la honra de Dios y de su linaje. Con el testamento falso, también consiguieron excluir a los Colombo litigantes, por no apellidarse “de Colón”. De esta manera los Colón de Portugal consiguieron heredar por línea femenina, cuando existía un heredero varón con mayor legitimidad.

Mapas y Portulanos

 

Mapa de Cristóbal Colón - data de 1477 y se basa en los cálculos del famoso geógrafo greco-egipcio Ptolomeo. El Atlas fue consultado por Cristóbal Colón en su primer viaje a América batió en el año 2006 todos los récords al venderse por 3,15 millones de euros (unos 4 millones de dólares) en la casa de subastas Sotheby’s, de Londres.

 

 

 

 

Mapa de Juan de la Cosa

El Mapa de Juan de la Cosa, es la representación del Continente Americano más antigua que se conoce, data de 1500. La cartografía que hace referencia a Europa es muy similar a la que aparece en el Mapa de Colón (arriba). Sorprende que donde debería aparecer el Océano Pacífico en las costas de Panamá, Juan de la Cosa colocó la imagen de un San Cristóbal.

 

Mapa de Piri Reis

Licencia Creative Commons

Mapa Piri Reis en castellano (pdf) El Mapa de Piri Reis (1513) es uno de los primeros mapas que retratan el Nuevo Continente. Perteneció al cartógrafro turco Piri Reis, emplea mapas de Cristóbal Colón, junto con otros veinte mapas más antiguos como referencia; algunos de ellos tratan de la época de Alejandro el Grande. Sorprende la perfecta cartografía del continente Americano.             Autor: Fernando Alonso Conchouso