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Secundino García Vila

En 1919 pronuncia una conferencia en el Casino Español de Sagua de la Habana, con el título de «Cristóbal Colón y Fonterosa»

Santiago Riestra Calderón

Elegido secretario después de la conferencia del Médico Rodríguez en Pontevedra en noviembre de 1919

El comité directivo de Pontevedra designado después de la conferencia pronunciada por el doctor Rodríguez Martínez, «colón español», quedó constituido de la siguiente manera: Presidente, don Vicente Riestra Calderón; vicepresidente, don Prudencio Otero Sánchez y alcalde de Pontevedra; secretarios, don Isidoro Millán y don Juan Bautista Andrade; contador, don José Otero Búa, tesorero, don Santiago Riestra Calderón; vocales, don Agustín Sobrino, don Valentín Villanueva, Don Perfecto Feijoo Poncet, directores de los Establecimientos docentes presidentes del Casio y Artesanos, y directores de «Diario de Pontevedra» y el Progreso.

Salvador Freixedo Tabarés

 

Salvador Freixedo Tabarés

Salvador Freixedo Tabarés – Artículo de Julio de 2002 en el Diario de Pontevedra

Un estudioso de las teorías no oficiáis

Salvador Freixedo Tabarés es el autor de la obra “Un gallego llamado Cristóbal Colón, redescubridor de América” publicado por Edícións de la Casa del Capitán, Freixedo nace en el Carballiño (Ourense).

Durante 30 años perteneció a la orden de los jesuitas, Salió de ella a causa de la publicación en el año 1969 de su libro “Mi Iglesia duerme”. Ahora misma lleva más de 20 ediciones en varios países americanos, pero cuando salió estuvo prohibida en España. Con esta obra que presenta hoy en Pontevedra se aleja de los temas sobre los que más ha publicado, el fenómeno de los ovnis, los sucesos paranormales y el origen y consecuencias de las diferentes ideologías religiosas. Con este título por el contrario adentrase en la historia no oficial, por el contrario también reconoce tener afición. Otros títulos que ha publicado son “40 casos de injusticia social”, “Parapsicología y religión”, “Israel pueblo contacto”, “Porqué agoniza él cristianismo”.”Las apariciones marianas”, “Lana granja humana”, “Defendámonos de los dioses”, “Las religiones que en nos separan”, “Curantismo y curaciones por la fe”, los hijos de la Nueva Era”,”Él cristianismo, un mito más” y “Videntes, visionarios, vividores”». Su primera obra de 1940 y fue escrita en Cuba. “40 casos de injusticia social consiguió que el dictador Batista lo invitarse a abandonarla isla.

Después, en ”Mi iglesia duerme” planteó la problemática de una Iglesia «encorsetada» y denunciaba la actitud de algunos de sus dirigentes. Sus superiores le indicaron que debía abandonarla orden que profesaba.


Salvador FREIXEDO

“Algo sabemos hoy con seguridad es que Colón no era italiano.”
A las puertas del V Centenario del descubrimiento de América, Salvador Freixedo defiende en este documentado y polémico artículo el origen gallego del Descubridor. Y lo hace con una serie de argumentos convincentes, más irrefutables que los que proponen otros orígenes. Según las pruebas que ha reunido Freixedo, Colón fue un judío gallego, natural de la ría de Pontevedra; y en Galicia están su patria, su casa y su herencia.

Una razón profunda y poderosa movió al Almirante a ocultar su cuna y sus raíces: el conocido encono la persistente hostilidad que siempre demostraron los Reyes Católicos y la Iglesia contra Galicia y contra los judíos.

Estamos entrando en el 1992, cuando se cumplen 500 años del descubrimiento, o redescubrimiento, de América, y por ello es muy natural que vuelva a ponerse sobre el tapete el tema de la cuna del Almirante de la mar océana. La literatura en torno a ello es muy abundante y para escribir este articulo he manejado no menos de veinte libros, aparte de los viajes que he hecho a la que, según creo, es la cuna del Descubridor. No desconozco, por tanto, las tesis de los que defienden que Colón era mallorquín, ibicenco, castellano, portugués, catalán o corso, y, por supuesto, tenemos en cuenta la tesis oficial del Colón genovés. Pero si algo sabemos hoy con seguridad es que Coión no era italiano, por la sencilla razón de que nadie puede olvidar su lengua materna, cuando la ha hablado hasta ios 23 años, tal como nos dicen los documentos iíaíianos de la Raccolta.

Posteriormente, cuando hablemos del lenguaje de Colón, haremos hincapié en lo extraño que resulta ver a alguien que escribiendo a una persona importante de su propia tierra, y más para pedirle un favor, lo haga en otro idioma diferente al de ambos. Por ello tenemos derecho a sospechar que no sabia escribir italiano ni genovés; y llegamos al pleno convencimiento de lo mismo, cuando vemos que las pocas líneas que Colón escribió, o intentó escribir, en italiano son un completo disparate; algo que parece proceder de una mente desquiciada, tal como comenta Madariaga. La tesis genovesa se cae además debido a las fechas que los mismos documentos italianos nos dan. Si Colón nació cuando ellos dicen, no tuvo tiempo de aprender las artes del mar – y menos aún de una manera tan eminente como él las sabía -para la época en que nos lo presentan como un marinero ya consumado, y hasta como capitán de barco. En !a actualidad hay veintiuna ciudades o lugares italianos que se disputan el honor de haber sido fa cuna de Colón: Albísola, Bogiasco, Calvi, Co-goieto, Cossería, Cúcaro, Cugureo, Finale, Fontanabuona, Chiavari, Módena, Nervi, Oneglia, Palestrello, Pradello, Piacenza, Quinto, Terrarosa y Cásale Montferrato, además de Genova y Savona. Frondosa imaginación italiana. Veintiún lugares son demasiados y no hay más remedio que aplicar el dicho escolástico: «quod nimts probat, nihil probat» (lo que prueba demasiado, no prueba nada). El resumen de toda la cuestión lo da el académico Ricardo Beltrán y Rózpide en su trabajo Cristóbal Colón y Cristóforo Co-lombo: «El Colón de los documentos españoles no es el Colombo de los documentos italianos» y «el Colombo de los documentos italianos no puede ser e! Colón que descubrió el Nuevo Mundo».

Últimamente ha hecho una incursión, en la palestra en la que se discute la cuna del Almirante, un documento aparecido en los forros de un libro del siglo XVI de un bibliófilo italiano. Es un breve texto llamado «Borromeo», por haberlo escrito un tal Juan Borromeo, de una muy ilustre familia italiana. En él, el mencionado Juan Bor-romeo afirma que no quiere irse a la tumba con el cargo de conciencia de no haber dicho la verdad sobre el origen de Colón. Y esta verdad consiste -según su confesión- en que «Colonus Christoforens era de Mallorca y no de la Liguria». Dejemos al buen Belarmino con sus escrúpulos de conciencia, que bien pudo haberlos hecho públicos en vida o a la hora de morirse, en vez de dejarlos escondidos en los forros de un libro para que los encontrase Dios sabe quién y cuándo. El «documento», en vez de solucionar el problema, lo embrolla aún más. Documentos directos en los que se muestre la existencia de una familia apellidada Colón o de Colón, tal como firmaba y afirmaba el Almirante, y no Colom, o Columbus, o Coullon, o Coulomp, como quieren otros, sólo los tienen los defensores de la tesis gallega. En cuanto a que su apellido fuese en realidad Columbus o Colombo, y que él lo cambiase al llegar a España por Colón, es algo que no tiene sentido y que, además, va contra la tesis genovesa. Si él quiso que creyesen que era genovés, es absurdo que teniendo un nombre auténticamente genovés ío abandonase por uno que no lo era. No es extraño, pues, que, años más tarde, su hijo Fernando confesase que después de haber buscado entre los Colombo de la Liguria no encontró nada en concreto.

EL ORIGEN JUDÍO DEL ALMIRANTE

¿Qué poderosas razones tenia Colón para ocultar con tanto embrollo e) lugar de su nacimiento? A nuestro parecer eran dos: el ser judío de origen y el ser gallego. Hoy día apenas hay dudas acerca de lo primero. Colón pertenecía al grupo de judíos conversos que vivían en el barrio de la Moureira de Pontevedra, adonde habían llegado huyendo de las persecuciones, y que, al parecer, estaban emparentados con los Colom baleares y catalanes y con los Colombo genoveses. Abona en favor de esta tesis la abundancia de nombres judíos que hay en la familia de Colón.

No quiero repetir ahora los argumentos en que se basan Madariaga, Wasserman y otros autores para defender la «judeidad» de Colón, porque sería demasiado prolijo. Únicamente fundamentaré un poco más su tesis dejando ver la inclinación de Colón a bautizar lugares del Nuevo Mundo con nombres relativos a la cultura judaica: David, una pequeña bahía en Jamaica; San David, un cabo y una ensenada en la isla de Granada y una ensenada en la isla Dominica; Isaac, una punta de la isla de Santa María la Antigua; Salomón, un cabo de la isla de Guadalupe; Sinaí, un monte de la isla de Granada. Frente a esta realidad está el hondo rechazo – debido a su fanatismo religioso – que la soberana sentía por los judíos, y, por otro lado, el complejo que ambos reyes tenían al verse rodeados y, en cierta manera, económicamente dominados – por una gran cantidad de judíos o cripto-judíos, que tenían una gran influencia no sólo en el pueblo, sino en ia propia corte. La drástica medida de la expulsión de los judíos fue como una explosión de este hondo complejo, que era mitad resentimiento y mitad miedo. Un Colón abiertamente judío hubiese encontrado la puerta y los oídos de palacio más cerrados de lo que los encontró.

Hay 21 ciudades italianas que se disputan el honor de haber sido la cuna de Colón.

Examinemos ahora la otra causa que el futuro Almirante tenía para ocultar su origen: su condición de gallego. Para ello será conveniente que conozcamos cuales eran los sentimientos de los Reyes Católicos hacia el reino de Galicia, y en verdad hay que decir que no se distinguieron precisamente por su amor a esta tierra; aunque también habrá que reconocer que los nobles gallegos tampoco tenían demasiado afecto a los reyes de Castilla.

GALICIA Y LOS REYES CATÓLICOS

Unos pocos anos antes del descubrimiento, cuando Colón andaba por tierras lusitanas pidiendo ayudas para sus sueños, don Fernando y doña Isabel recorrían las tierras gallegas derribando castillos y fortalezas (alrededor de 50), arrebatando tierras y privilegios a los levantiscos nobles y quitándoles a algunos hasta la cabeza, como al mariscal Pardo de Cela y, como dice el cronista aragonés Jerónimo Zurita, dedicados a la «doma y castración del pueblo gallego». Este rencor hacia los gallegos tenía su razón, que resume así un historiador: «Debido a que en Galicia se oponían a que Isabel sucediese en el trono a su hermano Enrique IV, abogando y hasta luchando fieramente en favor de la «excelente Señora» doña Juana la Beltraneja, hija de aquél y de Juana de Portugal, nunca Isabel pudo perdonar a los gallegos por tan enconado apoyo a su sobrina». «Cuando mayores fueron los sufrimientos de Galicia fue desde su unión con Castilla, cuyos Reyes Católicos nos castigaron de una manera inmisericorde, impropia de cristianos». Para «domar aquella tierra de Galicia» y someter a «la gente de aquella nación» no bastaba imponer la ley del «palo y tente tieso», por medio de las armas y de una Audiencia montada con jueces castellanos, sino que aún hubo que acudir a una cédula de los tales reyes en que se ordenaba que, «para gobernar y administrar a los fieros gallegos», había que proceder «sumariamente, de plano, sin escritura o figura de juicio».

Tampoco bastaba con privar a Galicia de representación en las Cortes durante varios años, para «no escuchar sus justas quejas», ni con ajusticiar al mariscal Pardo de Cela y a otros hidalgos, sólo porque «los gallegos, por ser gente feroz, todavía no sosegaban». Y para que esta «doma» fuese eficaz llegaron a la increíble crueldad de dictaminar «pena de muerte para todo funcionario público que dictase sentencia en idioma gallego». Es decir, que pretendieron castellanizar a los gallegos en su lengua, destruyendo su manera de comunicarse.

Esto en cuanto a la reina. Por lo que hace al rey Fernando todos los historiadores están de acuerdo en decir que simpatizaba aún menos con Colón y su aventura, aunque probablemente por otras razones. Y en cuanto a financiar el viaje se lavó las manos y lo dejó todo bajo la responsabilidad de su esposa, como no queriendo saber nada del asunto. El soberano de Aragón se inhibió ante la empresa y algo de esto podemos ver en el lema que más tarde se hizo popular: «Por Castilla y por León, nuevo mundo halló Colón».

Otro de los focos de poder en Galicia era la Iglesia, que, salvo el obispo Fonseca, tampoco mostraba simpatía por los afanes centralistas de los reyes, y por eso éstos la sometieron a los dictámenes de Valladolid al igual que la administración de la justicia.

«Fue preciso para los Reyes Católicos el convertir a Galicia en nación proletaria, apagándole todas las luces de su elevada cultura. La enseñanza de los conventos dominicos de Galicia existió desde su fundación con Estudios Generales, desde el año 1250, hasta que la infausta reforma en tiempo de los Reyes Católicos vino a cortarla de raíz’.

Algo por el estilo se puede decir de los monasterios benedictinos y del Cister, de los que en toda la Galicia medieval hubo una gran cantidad. En general, pasaron a depender de otros de Castilla; y así han estado las cosas casi hasta nuestros días. En mis años de jesuita pude comprobar todavía un resto de esta mentalidad viendo cómo e! superior de todos los jesuitas gallegos residía nada menos que en Falencia, que era donde radicaba la Curia Provincial.

Conociendo todos estos antecedentes, pensemos en cuál hubiese sido la suerte de Colón si se hubiera presentado ante los Reyes Católicos a cara descubierta, es decir, confesando su origen judío y gallego. ¿Qué le hubiese esperado, sino un rechazo tajante? De hecho, a pesar del barniz genovés con el que se presentó, eso fue lo que obtuvo durante varios años, y sólo su tozudez y su fe inquebrantable en la posibilidad de la gesta fueron las que lograron vencer el obstáculo.

Vayamos ahora a las pruebas de nuestra tesis. Las podemos dividir en seis apartados: 1.- Documentos, 2.- Idioma de Colón, 3.- Venta de unos terrenos, 4.- Negativa de Colón a recalar en Galicia, 5.- Tradición viva en Porto Santo, 6.- Toponimia del Nuevo Mundo.

DOCUMENTOS

He aquí lo que Enrique de Gandía escribe en su Historia de Cristóbal Colón: «Celso García de la Riega creyó ciegamente en un Colón gallego, porque en los archivos de Pontevedra tropezó con unos documentos en los que figuraban, a fines del siglo XV, nada menos que un Domingo Colón, El Viejo, un Cristóbal Colón, un Bartolomé Colón, un Juan Colón, un Diego Colón, una Blanca Colón, una Constanza Colón – en fin, todos los parientes y antepasados del descubridor y personas apellidadas Fonterosa como la madre del Almirante…»

Tras el entusiasmo inicial «cayó un descrédito enorme sobre De la Riega, pues se le acusó de falsificar los documentos. Paleógrafos imparciales estudiaron los documentos acusados de adulteraciones y comprobaron que, en efecto, el nombre de Colón estaba retocado; pero no para transformar en Colón un apellido diferente, sino para hacer resaltar las letras desteñidas por el tiempo. De la Riega había avivado las tintas ingenuamente para que la lectura resultase más fácil. No pensó que esa acción iba a traerle tan serias consecuencias. Hoy se ha comprobado la buena fe del erudito y no hay duda de que ciertos documentos, en Pontevedra, contienen realmente los apellidos Colón y Fonterosa. Pero son muchos los publicistas que aún se refieren con injusticia a los documentos gallegos como piezas burdamente falsificadas.

Repetimos que los retoques descubiertos no disminuyen en nada el valor de tales documentos». Esto dice Enrique Gandía, a pesar de ser un defensor de la tesis genovista y doliéndole mucho, porque en los documentos italianos no aparece ni un solo Colón.

Hoy día, pasados más de 70 años, después de los dictámenes de los «peritos», y con unas técnicas mucho más desarrolladas, podemos asegurar con toda certeza que García de la Riega no adulteró ningún documento, y que en !os pocos casos en que se permitió retocar alguno fue para hacerlo más legible. Y hay que advertir que los «peritos» sólo examinaron una mínima parte de los documentos y que hay muchos otros en los que De la Riega no hizo retoque alguno-, porque él no fue el que los encontró, y también en ellos aparecen los apellidos Colón y Fonterosa. Dejemos, pues, de repetir estúpidamente, como loros, que los documentos de De la Riega son falsificados. Ya los quisieran para sí los defensores de las otras tesis, que, en este particular, tienen que contentarse con conjeturas o zanjan radicalmente la cuestión cambiando a su antojo el apellido de Colón. Y, si se tratase sólo de dos o tres documentos, podríamos tener dudas, pero lo cierto es que se trata de una veintena de documentos en los que aparecen todos los nombres y apellidos de la familia de Colón. .Documentos que, además, están respaldados por hechos que confirman que estos Colón son, precisamente, los parientes inmediatos del Colón que cruzó el Atlántico por primera vez. De esos documentos ríe seleccionado cinco para que el lector de E.T. tenga alguna idea de ellos:

1431. Escritura de aforamiento por la que se obliga a pagar a! abad del monasterio de San Salvador de Poio 274 maravedises a Blanca de Colón. (Es importante resaltar que Colón tuvo una hermana llamada Blanca y que en este mismo documento aparece Bartolomé de Colón «o vello»). 1436. Aforamiento de una viña colindante con la de Jacob Fonterosa, El Viejo.

1437. Se manda pagar a Benjamín Fonterosa y Domingo de Colón 24 maravedís por el alquiler de dos acémilas que llevaron con pescado al arzobispo de Santiago. (Domingo era el nombre del padre de Colón).

1444. El Consejo de Pontevedra maneta devolver unos maravedises a Diego Colón y Bartolomé Fonterosa. (Aquí tenemos los nombres del hijo y del hermano de Colón).

1496. Aforamiento a María Alonso de un terreno colindante con la heredad de Cristóforo (xpo) de Colón.

Como hemos dicho, todavía quedan alrededor de quince documentos más en que estos nombres y apellidos de la familia de Colón se repiten y se barajan. De ellos se deduce que justamente en los tiempos de Colón había en Pontevedra gentes que se apellidaban Colón, que se dedicaban a navegar y a las faenas de la mar, que tenían precisamente los mismos nombres que conocemos de la familia de Colón y que, además (y éste es un detalle importante que está contra los defensores del Colón mallorquín o balear), no sólo se apellidaban Colón a secas, sino que con frecuencia aparecen con el «de» por delante, tal como don Cristóbal dice taxativamente en su testamento y en la Institución del Mayorazgo, si este documento es auténtico: «que nadie que no se llame «de Colón» es de su verdadera familia y antepasados». Por lo tanto, mucho menos Colom o Colombo. Y por si los papeles o pergaminos no fuesen suficientes, tenemos el apellido de Colón grabado en piedra en dos lugares diferentes de Pontevedra: uno en la Iglesia de Santa María, en una lápida en la que se lee textualmente (ver foto adjunta): OS DO CERCO DE YOAN NETO A YOAN DE COLON FECE-RON ESTA CÁPELA. ¿Falsificaría también el Sr. García de la Riega esta inscripción?

La otra inscripción se halla, ¡Oh casualidad!, a tres metros escasos de ia casa natal de Colón en e! barrio de Porto Santo y con la fecha inscrita de 1490. Está en la base de un crucero llamado tradicionalmente «O cruceiro de Colón» y dice así, textualmente: «Joao Colón. RB. Año 1490». Pero dejemos el tema de los documentos, a sabiendas de que se les puede sacar mucho más partido. Pasemos al segundo argumento.

El IDIOMA DE COLÓN

Aquí los genovistas permanecen mudos, porque todo está en contra de ellos. Como dijimos, Colón no sabía italiano. Lo entendía escrito, pero no sabía hablarlo ni escribirlo. Los que sí dicen algo, o intentan decirlo, son los catalanoparlantes. Pero si es cierto que logran encontrar algún vestigio de catalanismo en los escritos del Almirante, los defensores de ía tesis gallega les podemos enseñar diez galleguismos por cada palabra catalana que ellos nos muestren.

¿Aboga esto algo en favor de la tesis del Colón gallego? Mucho, porque del idioma dominante de un individuo se puede deducir con cierta facilidad su origen y lo cierto es que el idioma de Colón está plagado de galaicismos. El Almirante tiene una cierta aversión a la diptongación, cosa normal en el idioma gallego. Si tiene que decir puerta no será raro que diga porta; y si tiene que escribir ciego, nuevo, fiesta o salieron es frecuente que se le escapen cegó, novo, testa y salieron.

Conozco muy bien lo que Menéndez Pidal arguye sobre la lengua de Colón y conozco también lo que Romero Lema dice para refutarlo. Y estoy totalmente de acuerdo con éste, cuando afirma que las formas arcaicas verbales que Menéndez Pidal Mama «lusitanismos» son auténticos galleguismos, hoy ya en desuso, pero todavía vivos en tiempos de! Almirante. Don Ramón Menéndez Pidal, a quien considero un gallego ilustre, pero un poco descastado, se equivoca al decir que la forma «ouve» (tuvo) y algunas más son lusitanismos puros, cuando se pueden encontrar en documentos gallegos antiguos, y, en concreto, cuando Colón dice fame (hambre), Menéndez Pidal dice que es lusitanismo, sin advertir que en portugués se dice fome, y no fame, que es la forma gallega.

Además, es curioso el prejuicio que contra el gallego tiene el ex director de la Academia de la Lengua al no querer ver en el lenguaje de Colón una muestra de cómo hablan aún muchos campesinos gallegos, cuando pretenden hablar castellano: poerta, acoerde, esfuerzo, coenta, etc. Lo cierto es que lusitanismos o galleguismos, el lenguaje de Colón traía de nombres genéricos, sino, en muchas ocasiones, de nombres propios que no existen en otra parle. Colón utilizó nombres de las rías bajas gallegas y, en concreto, de la ría de Pontevedra en la que él había nacido.

A continuación el lector podrá ver los mapas de J. Mosqueira Manso, y aquí es de justicia reconocer el gran trabajo que sobre esto realizó el Sr. Mosqueira. Por haber sido marino mercante y patrón de barcos de vela, conocía muy bien las costas gallegas y las del Caribe, que había visitado muchas veces debido a su trabajo. Él fue el que cayó en la cuenta de los muchos paralelismos en las nomenclaturas.

El idioma de Colón está plagado de galaicismos.

Colón no sabía italiano. Lo entendía escrito, pero no sabía hablarlo ni escribirlo
Entre estos nombres tenemos que hacer una triple distinción; en primer lugar están los religiosos, que no son indicativos de nada, como no sea del cerrado fanatismo de aquellos tiempos; luego, los descriptivos, que muy probablemente no ponía el Almirante acordándose de ningún sitio en particular, sino, simplemente, limitándose a describir lo que veía en aquel momento, por ejemplo. «Punta Alta» o «Isla larga»; y por fin aquellos nombres propios que no significan nada en concreto y que ciertamente son indicativos de que quien los nombra, cuando lo hace, se está acordando de algo o de alguien.

Para que el lector se haga cargo de las abrumadoras semejanzas y relaciones que se pueden encontrar entre los topónimos caribeños y los de la costa gallega, pondremos aquí, deshilvanadas, unas cuantas notas:

– Colón describe con entusiasmo la actual bahía de Baracoa, en Cuba, en una carta a Sus Majestades los Reyes. Pues bien, a esa bahía la llamó «Puerto Santo», que tanto significaba para él. Y no se quedó ahí, sino que repitió este nombre dos veces más, en La Española y en Venezuela.

– Como hemos dicho, su casa natal, según una tradición, es la «Casa da Crus». Pues bien, aparte de los varios nombres referentes a la cruz, que dada su religiosidad no tienen nada de extraño, en la isla Trinidad a un pequeño cabo no lo llamó «de la Cruz» a secas y en castellano, sino que lo llamó «Cabo Casa da Crus», como por muchos años han llamado en Porto Santo a la casa «do que descubreau as ilhas».

– El nombre de Santa Catalina lo repitió tres veces. ¿Por qué tres veces? Porque Santa Catalina es la patrona de los mareantes de Pontevedra. Y en ocasiones, como cuando bautiza, en un corto tiempo o espacio, cabos o montes con los nombres de San Miguel, San Juan Bautista, Santa Catalina y San Nicolás, no se trata de unos santos cualesquiera. Son, precisamente, los patrones de los gremios de los mareantes de Pontevedra, que hace siglos desfilan juntos con sus estandartes en ¡a procesión del Corpus.

– Puso tres veces el nombre de San Salvador, porque tres eran los San Salvador que él recordaba de su infancia: San Salvador de Poio, su parroquia, donde seguramente fue bautizado; San Salvador de Lérez, un pequeño monasterio muy cerca de su casa, donde probablemente aprendió a leer; y San Salvador de Meis, un santuario no lejos de Porto Santo.

– Bautizó a veces con nombres de lugares que estaban muy próximos entre sí en Galicia otros que también lo estaban en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, cuando llamó «Mar de Santo Tomé», «Punta Dos Hermanas» e «Isla de las ratas» a puntos que están muy cerca unos de otros en la costa norte de Haití y en la ría de Arosa. Lo mismo sucedió cuando llamó «Punta Santa», «Islote del Gallo» y «Punta del Arenal» a lugares que están muy próximos entre sí en la isla de Trinidad y que se corresponden con «Punta Santa» «Punta do Areal» y «Ponte do Galo» en la misma ribera de la ciudad de Vigo, hoy cambiada por los rellenos de la ría.

– Puso tres veces el nombre de Santiago, el patrón grande de Galicia.

– No llamó «Isla de Todos los Santos», como hubiese sido lo correcto, a una isla, sino «Los Santos» a secas, refiriéndose a «Los Santos de Mollabao», frente a su barrio natal, al otro lado del río.

– De los pocos nombres que aporta Nito Verdera uno es el de «Galera». Efectivamente, to puso tres veces. Pero en Galicia no nos quedamos atrás, porque tenemos cuatro «Galeras»: el barrio Galera, frente a Porto Santo, en donde se hacían las galeras para la flota de Castilla; Punta Galera, en la isla de San Martín de las Cíes; Punta Galera, en la isla Onesa, una de las que cierran la ría de Pontevedra; y «Monte Galera», al oriente de la ensenada de Camota, en la ría de Muros.

– Puso Ires veces el raro nombre de «Tolete» ¿Tienen algo que comentar acerca de este nombre los catalanistas o genovistas? Los gallegos, sí: Toiete fue uno de los dos almirantes salidos del barrio judio de «La Moureira» al que pertenecía Porto Santo. Según la tradición, Tolete fue e! almirante que estaba al mando de la nave en Ja que e! rey Urco entró victorioso en Pontevedra. Seguramente es a este almirante al que Colón se refería cuando escribió: «no soy el primer almirante de mi familia».

– En la isla Margarita llamó «Constanza» a un promontorio. ¿No tendrá que ver este nombre con dos «Constanzas», probablemente tías de Colón, que aparecen en los documentos? Una se llamaba Constanza Correa, esposa de Fonterosa, y otra, Constanza de Colón, esposa de Joao Colón. ¿O habrán sido también estos nombres falsificados por De la Riega?

– Transcribo de Mosqueira Manso: «El 18 de diciembre de 1492, festividad de Santa María de la O, patrona canónica de Pontevedra, estaban fondeadas en la costa norte de Haití las carabelas Santa María y la Niña. Al amanecer de ese día Colón determinó celebrar tal festividad, «ordenando empavesar las dos naos y hacer las salvas con las lombardas». Ha sido ésta la única conmemoración religiosa que realizó el Almirante en sus cuatro viajes.»

– No hay que olvidar tampoco que Colón llevó en sus cuatro viajes tres naves llamadas «Gallega». Reconozco que esto no es argumento para probar nada, pero es bueno consignarlo como nota curiosa. Sin embargo, sí es muy notable que en el primer viaje, a pesar de ser «La Gallega» (rebautizada «Santa María»} la menos marinera de las tres, Colón la haya escogido como capitana. Es lógico pensar que, si había sido construida al lado de su casa (como consta históricamente), él la conociese muy bien y hasta le tuviese un especia! cariño.

– En cuanto a nombres propios, que ahora recuerde, puedo consignar los siguientes, que son prácticamente exclusivos de las costas gallegas: Bao, Cotón, Muros, Camariñás, Lobeira, Punta do Corvo, Mondego, Moa lo repite en tres lugares cercanos, al igual que en Galicia tenemos «punta da Moa», «Cova da Moa» y «Cabezo da Moa», muy cerca de donde el Almirante nació.

– Otro de estos nombres propios que nos tienen que hacer pensar es el que puso a un río de Jamaica. No !e puso Guadalquivir o Tajo, mucho más conocidos e importantes. Haciendo una excepción, traicionando un poco su intención de disimular su origen, y dejando hablar por una vez a ^u corazón, le llamó Mino, el río grande de Galicia. Admitimos que pudo haber sido una sugerencia de algún marinero gallego, pero no deja de ser curioso.

Su condición de gallego era la otra causa que el futuro Almirante tenía para ocultar su origen.

– Sin embargo, en esto de la toponimia el investigador imparcial no puede menos que sospechar mucho, cuando se encuentra con el detalle que enseguida mencionaré, pues nos demuestra sin lugar a dudas el conocimiento detallado que Colón tenía de los accidentes más recónditos de la costa gallega. Aquí ya no se trata de ningún nombre genérico, ni del de ningún patrón o santo que puede referirse a muchos lugares diferentes. Estamos ante un nombre propio y concretísimo, que no puede ser inventado en el momento ni relacionado con nada que no sea el lugar original.

Colón llamó a un río que descubrió en la costa sur de Jamaica, río «Xallas» (Vallas o Jallas). El sabía, porque en su navegación inicial de cabotaje había pasado por allí muchas veces, que en ía costa sur de la provincia de La Coruña había un pequeño río que, curiosamente, desemboca en el mar formando una cascada. Pues bien, cuando en Jamaica se encontró con el mismo fenómeno, no io dudó un momento. Su memoria le trajo al instante aquel otro pequeño río de su Galicia natal que él había contemplando tantas veces, y le llamó «Xallas», que no significa nada ni se puede encontrar en ningún otro lugar.

En la actualidad, Porto Santo y todos los lugares por los que Colón correteó cuando era niño están sufriendo una gran transformación, debido al paso de la autopista de La Coruña a Vigo. Hoy día ya no queda nada de los astilleros que por mucho tiempo allí hubo.

Únicamente queda, como mudo testigo de aquella actividad, el nombre del puente (de la Barca) y el del barrio colindante (Galera). La gran explanada al lado mismo del puente en donde hasta hace pocos meses se veían barcas de los pescadores o en construcción, ha sido aprovechada para que por ella pase la ancha calzada de la autopista. Esperemos que lo poco que queda de la «Casa da Crus» sea conservado en su estado actual y restaurado en to posible, y el crucero derribado sea restituido a su pedestal y defendido de tos odiosos vándalos del siglo XX.

Salvador Bará

Las falsificaciones documentales sobre la Historia de Cristóbal Colón

Por SALVADOR BARA

Las falsificaciones, a través de la historia, ha sido una actividad que ha apasionado a un gran número de personas. En algunos casos, estas falsificaciones tenían el aspecto inocente y festivo de una travesura, donde el autor buscaba el placer del engaño unido a la maestría de la realización, sin obtener ningún beneficio material.

La mandíbula de Piltdwn le tomó el pelo a los antropólogos durante muchos años. El violinista Kreissler compuso obras que atribuyó a compositores clásicos. En fin, podríamos incluir al arqueólogo que dentro de una pirámide dejó un comentario jocoso, escrito en jeroglífico, y que dentro de muchos años podrá ser el quebradero de cabeza de otro arqueólogo.

Otros aspectos tienen las falsificaciones interesadas, que en muchos casos alcanzan la genialidad. Recuerdo en este momento a un falsificador de sellos de correos que los dibujaba a plimilla, y a tro que por el mismo procedimiento falsificó un billete de banco, que ya es difícil, vin el campo de la pintura, en el que se mueve mucho dinero, la historia no tendn’a fin, en muchos museos, con excelentes expertos, se cuelgan cuadros falsificados.

¿Qué se podría decir de las falsificaciones documentales? Cuando se realizan fuera de su época, es muy difícil que resistan los medios de investigación de que se dispone en la actualidad, pero cuando se realizaron hace 300 años, como sucedió con muchos documentos colombinos, 50 o más años de diferencia no pueden discriminarse, a raiz del famoso pleito de sucesión, iniciado a la muerte del bisnieto del almirante D. Diego Colón, en 1578 y que duró hasta 1606, se «pusieron en circulación11 numerosos documentos, algunos durante este período y otros, tal vez fraguados por estas fechas, que se sacaron a la luz años más larde.

A partir de este momento empezó a interesar vivamente la nacionalidad de Colón, ya que, si era genovés, daba pié a sus parientes Colombos para reclamar.

Julio Salinero, en 1602, publicó unas actas apócrifas sobre una deuda contraída en Savona, en 1474, por Domenico Colombo, padre de Cristoforo, con Conrado Cuneo. Su hijo Sebastián la reclama 27 años más tarde. En el acta se viene a decir que Cristoforo y sus hermanos están ausentes y que moran en tierras de España, como es notorio. Apañe de ser apócrifa, y de reclamar una deuda caducada, esta acta se refiere a Colombo y no a Colón. No obstante convenfa para justificar la sucesión de D. Baltasar Colombo.

Los genovistas comprendían la insalvable dificultad de identificar Colombo con Colón y por ello urdieron el acta conocida corno Armiratum Regís» Ispaniae, que es del 11 de Octubre de 1496. Bn ella, Giovanni, Manco y amighesto Colombo, hijos del fallecido Antonio Colombo, hermano de Domenico, convienen en que Giovanni viaje a España a reclamar una deuda a Cristoforo Colombo «Almirante del Rey de España». Esta deuda tenía 23 años y no se indica su cuantía, hecho incomprensible desde un punto de vista formal, aunque explicable teniendo en cuenta el amaño ya que, por un ladof si la deuda era grande no cuadraba con la solvencia del pobre Cristoforo, condenado en varias ocasiones a pagar pequeñas deudas, y si era pequeña no justificaba hacer tal viaje. Por otra parte, parecería más lógico realizar gestiones previas antes de emprender tal viaje. Además ¿desconfiaban los hermanos entre sí como para hacer un acta, temiendo que alguno se negase a pagar un tercio de los gastos, según lo pactado?, ¿como no aseguraron que cada uno recibiera un tercio de la deuda, si se cobraba, haciendo constar su cuantía?.

La Institución Mayorazga, apócrifa, se conoció 80 años después de su otorgamiento, cuando se inició el pleito sucesorio en 1578. Lo curioso de este documento es que, por un lado Colón dice que es de Genova y por otro que su verdadero linaje es de quien se llame y haya llamado de sus padres y antecesores, de Colón, ¿donde quedan los Colombos? Por otro lado, en el auténtico testamento, otorgado en Valladolid en 1506, nada se dice ni de su patria ni tiene ningún parecido con lo que se indica en ese documento. Una vez más, los artífices del engaño actuaron, pero con poca fortuna.

No solo en Italia se hicieron amaños. En la Biblioteca de la Universidad de la Laguna, (signatura 83-1-15/16) existe un documento, atribuido a D. Juan Nuñez de la Peña que hace referencia a la nacionalidad del descubridor de las Indias. El documento es de 1719 y en él se transcribe un cuaderno de genealogías presentado por el mencionado D. Juan y en el que viene a decir «…También tenemos a Domingo Colón, marido de Susana Fonterosa, naturales del reino de Galicia, y a sus hijos Bartolomé, Diego y Cristóbal, el descubridor délas Indias de S.M, que nació en Albizoli, cerca de Savona, donde se establecieron sus dichos padres,… Está firmado por el escribano Manuel de Roo.

D. Modesto Bará, por intermedio de D. Alfredo Sánchez Bella, logró que fuera estudiado ese documento y en un principio se tomó como auténtico. Unos meses más tarde recibió una carta en la que se rectificaba la anterior afirmación, indicando que era apócrifo. Un estudio encargado por M. Bará. al que fue experto calígrafo D. Luciano Rodríguez Requena, con fotografías del documento reseñado y otras de escritos indudables de M de Roo, afirmaba que la rúbrica auténtica del escribano no coincidía con la del documento reseñado.

No queremos alargar más este artículo, que fue escrito como recuerdo y homenaje a mi padre, gran entusiasta de este tema, y de cuyos escritos he sacado estas notas, sin ningún atisbo de erudición, que no poseo.

Rodrigo Cota González

Rodrigo Cota González

Más información en: http://correctoresdesabor.blogspot.com/ http://www.colon-gallego.com

La teoría de que Cristóbal Colón era originario de Pontevedra cuenta con un nuevo aval, el del documento descubierto por el vecino de poio Rodrigo Cota. Después de seis años de investigaciones este apasionado de la historia del almirante prepara la publicación de un libro en el que reproduce un fragmento de un texto, escrito por un bufón de la época, en el que se confirma que Colón era, en realidad, Pedro Madruga. Cota demanda una mayor implicación de las instituciones locales para demostrar de manera científica la cuna pontevedresa del descubridor de América.

El mito que rodea al personaje de Cristóbal Colón y la grandeza de su descubrimiento ha provocado que diversas ciudades pugnen por adjudicarse su nacimiento. las teorías acerca del origen de Colón se extienden por media Europa, aunque algunas cuentan con más avales que otras. Entre las más aceptadas está que el descubridor de América era originario de Génova en Italia, pero también catalanes, mallorquines y cerca de otras cuarenta ciudades españolas e italianas se pelean por se designadas como la cuna del gran almirante.

Sin embargo, durante los últimos años se ha encontrado abundante documentación que apoya la teoría del colón pontevedrés y apunta al legendario Pedro Álvarez de Sotomayor o Pedro ‘Madruga’, conde de Camiña, como verdadera identidad del navegante.

Entre los descubrimiento más recientes figura un texto que, por su antigüedad, su procedencia y su originalidad parece más llamativo.

Casi cinco siglos antes de que Celso García de la Riega presentara sus trabajos sobre el posible origen pontevedrés de Cristóbal Colón y Alfonso Philippot hablara de su teoría, que sostiene que el descubridor y Pedro Madruga eran una misma persona, ya circulaba en la corte un texto que mantenía exactamente la misma tesis.

A principios del siglo XVI, pocos años después de la muerte del almirante, el rey Carlos V recibió como regalo un manuscrito satírico realizado por Francesillo de Zúñiga, su bufón. Se trataba de una crónica burlesca sobre los personajes de la corte y en general de la nobleza española, se aireaban los trapos sucios de muchos de ellos y se hacían ‘afortunadas’ comparaciones entre personas y animales u objetos.

Los Bufones eran generalmente plebeyos y su trabajo consistía en entretener al rey y a sus cortesanos. Para ello contaban con licencia para decir las verdades que otros no podían, siempre que lo hicieran con gracia. Los problemas para Francesillo comenzaron a raíz de la obra que nos ocupa, pues muchos de los aludidos, lógicamente, no veían con buenos ojos saberse ridiculizados ante el rey por un bufón. Francesillo murió asesinado, según todas las fuentes, por oden de algún noble que le pudo perdonar que hubiera puesto por escrito información inconveniente.

Con el tiempo la crónica fue pasando de moda y las copias del explosivo manuscrito quedaron dormidas hasta el año 1855, en que el afamado editor Ribadeneyra incluyó el texto en un tomo recopilatorio titulado ‘Curiosidades Bibliográficas’.

Entre otras referencias a la familia Sotomayor destaca el siguiente párrafo:

«Iba también con su majestad monsieur de laxao, e contábale como don Diego de Sotomayor é el clavero de Alcántara e Rodrigo Manrique no tenían justicia para pedirle la encomienda mayor de la dicha orden, que él era aficionado a ser de ella, y más si le daban la encomienda mayor. Decíale también que don Diego de Sotomayor parecía hijo bastardo de Colón el almirante de Indias, é solicitador de la majorada…»

Es preciso aclarar que Diego de Sotomayor de quien se dice «parece hijo bastardo de Colón» era en ralidad hijo de Pedro madruga, lo que, como mínimo, demuestra que Francesillo y Philippot, con cinco siglos de diferencia sostenían que Colón y Pedro madruga eran una misma persona. También resulta sorprendente que Colón fuera el «solicitador de la mejorada», es decir, que era quien en vida había intermediado para que se le concediera a Diego de Sotomayor un ascenso, pues ¿qué hacía Colón ocupándose de un hijo de Pedro Madruga?.

Aunque los más escépticos puedan pensar que el testimonio de Francesillo puede ser resultadode una bufonada, deben tener en cuenta que toda la información que proporciona la obra sobre hechos y personas y, que hasta el momento se ha podido comprobar, se ajusta a la realidad. Así, cuando afirma en otros casos que alguien «parece hijo bastardo de alguien las genealogías confirman que realmente lo era. También los hechos que se narran son ciertos. La intención de Francesillo al escribir su obra no era la de informar al rey sobre personas o cirdunstancias que el rey desconocía. El rey sabía de sobra quién era cada quién y lo que había hecho cada cual. Lo que Francesillo hizo fue contar con humor la realidad pues a fin de cuentas se trata de una crónica, aunque sea burlesca. y poca gracia hubiera tenido para Carlos V leer hechos inciertos.

Pero hay más. El noble real del bufón era Francés de Navarra. El apellido Zuñíga lo había tomado del duque de Béjar, Álbaro De Zúñiga y Sotomayor, a cuyo servicio había estado hasta ser reclamado por el rey. Y este sotomayor era pariente cercano de Pedro Madruga, y además ocupaba un cargo relevante en la orden de Alcántara, la misma en la que Diego de Sotomayor aspiraba a un encomienda, por lo que la información además de llegarle al bufón por su presencia constante junto a Carlos V, la obtiene de su cercanía a la familia Sotomayor.

Cristóbal Colón, Castelao, Valle-Inclán, y el invento del cine en color.

“(Ojo) Nota para Don Prudencio. Aquí deben venir las palabras donde Fernando Colón cita las diferentes ciudades de las cuales se supuso natural a su padre Don Cristóbal. Yo no tengo aquí el libro. Calzada hace esa cita. Ahí puedes verla y transcribirla.”

El don Prudencio a quien se refiere el texto anterior era Prudencio Otero Sánchez, y el autor de la nota, Valle-Inclán. Estaba incluida en el prólogo que don Ramón escribió para la obra de don Prudencio, titulada “España, Patria de Colón” y publicada en 1922.

Finalmente, el prólogo no llegó a formar parte de la edición. Hemos conocido algunas versiones que tratan de explicar los motivos, aunque ninguna de ellas cita la fuente. Las más extendidas afirman que Valle-Inclán se retrasó en la entrega. Otras sostienen que, en realidad el texto llegó justo a tiempo al despacho del editor, pero precisamente por culpa de la nota reproducida, éste consideró que el prólogo estaba inacabado y, no teniendo tiempo de localizar a Prudencio Otero para completar los datos solicitados por el prologuista, optó por eliminar el trabajo entero. Y fue una pena y una mala decisión, pues se perdió una oportunidad única de aunar en un proyecto a los dos más grandes iconos de la intelectualidad gallega de todos los tiempos: Valle-Inclán y Castelao. Éste último envió un dibujo que sí llegó a tiempo, y que nos ayuda a ilustrar el presente artículo. Ambos, Castelao y Valle-Inclán, eran fervientes seguidores de las tesis del Colón Pontevedrés, iniciadas en 1898 por don Celso García de la Riega.

El prólogo de Valle-Inclán permaneció inédito hasta que fue rescatado y reproducido años después por Rafael Landín y finalmente, en 2002, los herederos del autor lo incluyeron en la primera edición de su “Obra Completa”. Y así conocimos algunos de los motivos que empujaban a Valle a sostener a Galicia como patria de Colón:

“Lo indudable, es el alma gallega que lleva en su almario, el Almirante: era solapado y tenaz: Amigo del dinero, y cruel en el mando: Receloso y envidioso. ¡Y tan desconfiado, que dondequiera sospecha traiciones! Su iluminismo práctico, parece de entre Miño y Sil. El Almirante Don Cristóbal Colón es el alcaloide del espíritu gallego…”

Parece débil razón para defender una teoría, pero lo cierto es que Valle-Inclán, que se declara “lego en estos achaques de erudición”, tenía en realidad, como Castelao, un amplio conocimiento de la tesis del Colón gallego y sus argumentos, como demuestra su cita a Rafael Calzada, autor de “La patria de Colón” publicada dos años antes de ver la luz la obra de Prudencio Otero.

Y es que, por aquellos tiempos, el Colón gallego gozó de un admirable soporte intelectual que debemos recuperar, y en ello estamos.

No fueron Castelao y Valle-Inclán los únicos defensores de la tesis. Eduardo Pondal, autor de la letra del himno gallego, dedicó al Colón Pontevedrés buena parte de su poema “Os Eoas”, un trabajo desgraciadamente poco divulgado. Pondal defendía la idea de que Galicia debía tener una obra épica como Portugal tenía “Os Lusíadas” de Camões, y se puso él mismo a escribirla. A continuación, un fragmento de “Os Eoas”, de Pondal. El que habla es Colón:

«Ti es a miña patria (Galicia). A bora Liguria non me dou, como dicen, nacemento; Fora certo esto, túa e miña injuria, e grande erroer e grave nocumento, que n´é de Breogán a raza espuria p´ra non honrar o noso forte intenro: Oh, que dicha, s´a boa Galicia amada fora, por ser meu berce, celebrada!”

Y hablando de Portugal, tenemos allí a varios potentes literatos también apoyando la teoría. Teófilo Braga, escritor y político, presidente de la nación, pronunció un discurso muy famoso en su día en el que dijo:

“Los portugueses experimentan inmensa alegría de que Galicia, hermana gemela de Portugal, fuera la patria del descubridor del nuevo mundo, compañero de los navegantes y descubridores lusitanos.”

Y tenemos en Pessoa a otro intelectual muy cercano, que por su parte escribió lo que sigue:

“Faz um a casa onde outro pon a pedra. O gallego Colón, de Pontevedra, Seguiu-nos para onde nós não fomos. Não vimos da nossa arbore esses pomos.

Um imperio ganhou para Castella Para si gloria merecida-aquella De um grande longe aos mares conquistado. Mas não ganhou o tel-o começado.” Wenceslao Fernández Flóres, autor de “El bosque animado”, formó parte como miembro de honor del primer comité pro-patria Colón. Vicente Blasco Ibáñez dedicó al Colón Gallego uno de los capítulos de su obra “Los Argonautas”. También Emilia Pardo Bazán fue una firme defensora de la teoría, como lo fueron Ramón Cabanillas o Suárez Picallo, uno de los principales impulsores del primer Estatuto de Autonomía de Galicia.

La fuerza del Colón gallego era tal que dio lugar a más de cincuenta libros dedicados en exclusiva al tema, aunque muchos de ellos ni siquiera llegaron a distribuirse en Galicia. Publicados en lugares tan remotos como Buenos Aires, La Habana, México o Manila, en ocasiones con tiradas de apenas unos centenares de ejemplares, han sido siempre desconocidos por el público. Los autores de éste artículo hemos tenido la inmensa fortuna de acceder a la mayor parte de todo ese material, que debidamente recopilado, aparecerá próximamente en un libro ya en preparación.

Cientos de artículos periodísticos, obras de teatro, poemas, han sido inspirados por el Colón Gallego. Y el asunto sirvió de excusa también para la primera película en color presentada en España, y una de las primeras del mundo, obra del fotógrafo Enrique Barreiro. Durante los primeros años del siglo pasado, algunos estudios, principalmente en París, experimentaban con técnicas de coloreado de películas, con resultados generalmente poco satisfactorios. En Pontevedra, Enrique Barreiro, que fundaría junto a su hermano Ramón la productora cinematográfica “Folk”, creó una de las primeras técnicas de coloreado, patentada con el nombre de “Cinecromo”. El resultado fue espectacular. Según Luis M. Quiroga Valcarce, que se ocupó de investigar la historia de la productora “Folk”, la película, titulada “Pontevedra, cuna de Colón” fue estrenada en 1927 en el Teatro Principal de Pontevedra. Así lo refirió la prensa al día siguiente, tal como nos cuenta el citado Quiroga Valcarce:

“Con ser la materia de la película interesante y atrayente de suyo, no fue esto lo que motivó la expectación y la admiración del público; sino el hecho de que la película es una resolución cabal del problema de la impresión cinematográfica en los colores naturales. (…) Porque con ser sorprendente la fidelidad con que en la película se reproducen los colores de los vestidos y las diversas tonalidades de los edificios por ejemplo, esto no llama tanto la atención ni sorprende tanto como el color perfecto de la carne humana en unos chicos desnudos que se presentan al público, como el color del mar en los distintos pasajes de la cinta, como el de unos eucaliptos que dan plena sensación de realidad y sobre todo como el del cielo y en él los detalles de las nubes tan reales (…)”

Desgraciadamente, aquella copia en color desapareció, o bien el coloreado y las malas condiciones de conservación no resistieron el paso del tiempo. Hoy podemos ver una copia en blanco y negro aquí:

http://www.cgai.org/index.php?seccion=prestamo_video.php&id_seccion=5&id_pelicula=1014&pagina=

Aunque tampoco la digitalización es de buena calidad, garantizamos a quienes se molesten en verla una idea cabal de cómo estaba formulada la tesis del Colón Gallego en su origen y, desde luego, unas deliciosas imágenes de una Pontevedra de hace ya casi cien años.

Como vemos, fueron muchos los que se posicionaron a favor de la tesis del Colón Gallego. Y, curiosamente, el Colón Gallego sirvió durante décadas difíciles como nexo de unión entre republicanos y monárquicos, entre demócratas y franquistas, entre exiliados y exiliadores. Entre centralistas, independentistas, galleguistas, carlistas, liberales, socialistas, comunistas, a derecha e izquierda, Colón era precisamente el único tema en el que todos estaban de acuerdo. Y aunque la visión de Castelao difería mucho de la de Valle-Inclán o Pondal, lo que se discutía era si Colón fue un asesino imperialista nacido en Poio o un héroe nacional nacido en Poio. Pero siempre nacido en Poio.

Lamentamos que todo aquel bagaje cultural se haya ido perdiendo con el tiempo, desapareciendo de la memoria popular e institucional gallega. Parece que hoy nos cuesta decir lo que decían sin ningún esfuerzo, con toda naturalidad y firmeza, Castelao y Valle-Inclán: Simplemente, Colón Pontevedrés.

 

Documentación facilitada por la Hemeroteca de la Diputación de Pontevedra

Roberto Blanco Torres

Se hace eco de la intensa campaña a favor del origen gallego en Cuba, por escritores gallegos como Ramón Marcote, Enrique Zás, Constantino de Horta y Pardo, y por la asturiana Eva Canel.

Artículo «El caso de Colón» Pubricazóns Galegas. A Coruña 1930

Ramón Sobrino Buhigas

 

Ramón Sobrino Buhigas

Ramón Sobrino Buhigas .-(Pontevedra 1888 – Valladolid 1946). Realizó importantes investigaciones como naturista y dedicó muchos de sus años al estudio de la arqueología prehistórica de Galicia, especializándose en Arte Rupestre. Autor entre otros trabajos del artículo: «LA DESCENDENCIA DE COLÓN EN PONTEVEDRA» (Pontevedra 1925).

Categoría: Naturalista Fecha de Nacemento: En 1888 (En 1946) Lugar de Nacemento: Pontevedra Currículum: Estudiou Ciencias na Universidade de Madrid, onde fixo o doutoramento en 1911. Neste mesmo ano foi nomeado profesor da Facultade de Ciencias da Universidade de Santiago, simultaneando este cargo co profesor da Escola de Artes e Oficios ata 1913. Tras desempeña-la cátedra de Historia Natural en Lérida, Mallorca e Pontevedra, estudiou Odontoloxía en Madrid. En 1931 trasladouse a Santiago, onde exerceu esta especialidade e traballou como profesor de instituto e profesor de Universidade.

Obras realizadas:

Como investigador, publicou importantes traballos entre os que destacan Estudio sobre los cistolitos (1911), Balaenoptera borealis (1917), La purga de mar o hematotalasia (1918), Réplica a las observaciones del Sr. de Buen (1918) e La dinamita en la pesca (1923). Polo que respecta á súa actividade como estudioso dos petroglifos galegos, publicou Insculturas galaicas prerromanas (1919), Petroglifos o insculturas rupestres de Pontevedra (1931) e Corpus Petroglyphorum Gallaeciae (1935). Ramón Sobrino realizou, ademais, importantes descubrimentos mineralóxicos, sobre os que escribiu a obra Contribución a la gea de Galicia (1916) e escribiu sobre temas históricos Sobre los orígenes y fundación de Pontevedra y La descendencia de Colón en Pontevedra.

Outros datos de interese:

Foi membro do Instituto de Estudios Galegos da Coruña, xefe da Estación Meteorolóxica de Pontevedra, representante do VII Congreso Internacional de Pesca pola Real Sociedade Española de Historia Natural e membro da Real Academia Galega.


 

Ramón Sobrino Buhigas_2

Realizó un estudio sobre una genealogía desprendida de la rama principal de los descendientes de Colón, que se establece en Pontevedra a mediados del siglo XVII, donde reside, hasta que se extingue en el siglo XIX. Este análisis adquiere gran importancia al revelar la existencia de un morgado al que están vinculados los bienes afectados en esta genealogía que, debidamente situados en un plano de Pontevedra, aparecen próximos a los que en los siglos XV y XVI poseían en esta ciudad los De Colón.

(Gran Enciclopedia Galega – en Colón)

SOBRINO BUHIGAS, Ramón (1924): “La descendencia de Colón en Pontevedra”, en Faro de Vigo, 26 de setembro de 1924.


Artículo de Sobrino Buhigas recompuesto por distintas fuentes, por Alfonso Fernández Pousada 

“Preocupaba a alguno de los investigadores de la patria de Colón el no poder averiguar el nombre y otras circunstancias de una mujer, fallecida a mediados del pasado siglo, llamada la Aldonza, ya que, asegurando ser la última descendiente de Colón, el conocimiento de aquellos extremos bien pudieran conducir, por nuevos caminos, a la resolución del tan debatido problema de la patria del Almirante.

Han transcurrido 64 años desde el fallecimiento de la Aldonza, y ellos son más que suficientes para borrar del cerebro una huella poco profunda y perdurable, como las que imprimen sucesos de poca monta, ya que, por aquel entonces, a nadie preocupaba cuanto a Colón pudiera referirse.

Procurando ayudar, en cuanto me fue posible, a unos investigadores ingleses, que aquí permanecieron por espacio de un año, estudiando el asunto de la patria de Colón, tuve ocasión de ver una escritura de 1789, en la que se hace alusión a unos bienes de los herederos de doña Benita Colón, cuyos nombres no pude entonces averiguar, a pesar de los trabajos realizados para ello; pero, pensando en que mi amigo D. Alejandro Mon pudiera poseer foros en la parroquia de Mourente, y que se hallaba relacionando datos sobre ellos, lo puse sobre aviso y, en efecto, tuve la suerte de encontrar el llamado “Viña do Zereixo”, en San Mauro de Moldes (Mourente), el cual había adquirido su abuelo D. Cándido Landa, a la tan rebuscada Aldonza, que en la escritura de venta figura como Vicente Arias Mariño, aún cuando ella intercalaba, al firmar, después de su nombre, el apellido Gil, que era el primero de su padre.

Pero, no sólo por constar en este documento el nombre de la Aldonza tenía para nosotros gran importancia, sino que en él figuran, asimismo, referencias y autógrafos de personas que llevaron el apellido Colón; todo lo cual ya me indujo a sospechar que habiendo sido la Aldonza la dueña del foral, algún motivo de parentesco ó herencia la había hecho poseedora del mismo, y, por consiguiente, que no debía ser un dicho de comadres de lo que ella dicen que afirmaba “que era la última descendiente de Colón”, aún cuando de sus apellidos no se pudiese deducir tal abolengo.

Juzgando esta cuestión de interés, me dediqué a relacionar nombres y fechas, que constaban en varios documentos del Archivo del Sr. Mon, así como también en los libros de actas de bautizos, defunciones y matrimonios del de San Bartolomé, y en los cuales pudimos recoger bastantes, lo suficiente para hacer el “Ensayo genealógico de la Aldonza hasta Colón”, que ilustra este artículo, en el que, como tal no dudamos existan lagunas y errores, que fácilmente subsanarán quienes sobre el particular investiguen más a fondo y con mejores fuentes que aquellas de que dispusimos, gracias a la exquisita amabilidad del celoso Párroco de San Bartolomé, Sr. Fraile Lozano, y a la del Secretario de la Real Academia Gallega, Sr. F. Vaamonde, en cuya Biblioteca hube de hacerme con otros varios.

Algunos tan interesantes como los de la fecha de defunción y naturaleza del fundador del Mayorazgo de las Colonas y de su esposa, sólo podrá conocerlos, con certeza, aquella persona en cuyo poder obren los dos libros de actas de defunción de dicho Archivo, únicos que de él fueron sustraídos hace tiempo, y en los que constaban datos de los fallecidos en unos cincuenta años.

Entre los nombres y datos, que aparecen en los citados libros y cartas forales, figuran: Don Miguel Enríquez Flores y Colón de Portugal, que vivía y era vecino de Pontevedra en 1672, fundador del Mayorazgo de las Colonas. Su esposa, doña Jerónima de Vargas Machuca, oriunda de Extremadura ó de Jaén; el de sus hijos: Catalina Colón de Portugal, fallecida el 27 de febrero de 1738, casada con D. Francisco Henrríquez; doña Josefa Colón y su marido D. José Onís, fallecidos repentinamente el mismo día y cuyo entierro, que se verifica “con cruz dorada y tumba”, tuvo lugar el 25 de diciembre de 1714.

Constan igualmente los hijos de doña Catalina, llamados Miguel Henrríquez, ó Miguel Colón de Portugal, alcalde mayor que fue de Nueva España, en la que consta se hallaba ausente por los años de 1749, 1773 y 1775; ya que, en parte, así lo declara, en documento con firma autógrafa, su hermana doña María Benita de Bargas Machuca Colón, que, otras veces, figura como María Benita Henrríquez, Benita Colón y María Benita de Bargas Colón, la cual falleció en 26 de agosto de 1762, siendo viuda de D. Pedro de la Bega desde antes de 1740.

Doña Rosa Colón, hermana de la anterior, fallecida antes de 1749, como se colige del documento número 1, estaba casada con D. Lorenzo Mariño de Lobera, descendiente de los Maestres de Campo D. Benito y D. Cristóbal, y del Gobernador de Gante D. Antonio. Este matrimonio no tuvo sucesión.

También figuran como hijos y sucesores de doña María Benita de Bargas Machuca Colón, Baltasar Ignacio de la Bega Henrríquez Colón, nacido antes de 1720; Benito Eusebio, bautizado en 24 de junio de 1726, y María, que lo fue en 9 de abril de 1729, fallecida en 1780; y en la cual tuvo de su esposo D. Tomás Arias Mariño, una hija llamada María Arias Mariño de la Bega, que sostuvo relaciones con un sargento del Regimiento de la Princesa, llamado Vicente Gil, y como fruto de aquellos amores, la que, siendo hija de soltera, se obstinaba en llamarse doña Vicente Gil Arias Mariño, que recibió el bautismo en 30 de octubre de 1801 y fue confirmada, por sus vecinos, con el sobrenombre de “La Aldonza”, en recuerdo, seguramente, de la mujer de don Nuño, la que se llamó Aldonza Portocarrero, apellido que ostentaba quien, en 1692, era Capitán General de Galicia, cuyo cargo también desempeñó D. Pedro Manuel Colón de Portugal, 6º duque de Veragua.

Del mencionado duque 3º don Nuño, casado con doña Aldonza, son sucesores los ascendientes que arraigaron en Pontevedra, de la mujer que, muriendo pobre y abandonada, como su más grande antecesor, fue enterrada cuando finalizaba el año de 1860”.

Ramón Peinador

Lo nombra:

Rafael Calzada: ilustrado hijo de Pontevedra, a cuyo generoso desprendimiento «documentos» se debe que haya podido publicarse el libro colón, españos de C.G.Riega.

Ramón Marcote

 

Ramón Marcote

Ramón Marcote .- Bibliotecario del centro gallego de la Habana y Presidente de la Asociación Pro Colón gallego de dicha ciudad. Autor de una colección de artículos aparecidos en la revista Galicia que llevaba el título «COLÓN PONTEVEDRÉS» (La Habana 1920). Falleció en 1928.

 

En el año 1920 imprimía en la Habana el folleto «COLÓN PONTEVEDRÉS»

Fundador del primer Comité Pro-Colón Español en Cuba
(carta que le escribe Marcote a él médico Rodriguez)

Habana, 19 de abril de 1920.

Sr. Dr. D. José Rodríguez Martínez.

Coruña. Muy distinguido señor mío:

Por la presente me es muy grato comunicar a usted que, el «Comité Pro-Colón, español», recientemente creado en la Habana, y que me honro en presidir, ha acordado nombrar a usted miembro de honor del mismo, teniendo en cuenta sus propagandas en pro del origen gallego del inmortal Cristóbal Colón.

Debido, pues, a que el mencionado título no podremos remitírselo por algún tiempo, es por lo que le anticipamos las presentes líneas, notificándole el acuerdo en cuestión, y el regocijo con que el Comité se ha enterado de sus entusiasmos en pro del esclarecimiento de una de las glorias más puras y legítimas de Galicia.

Esperamos, señor, se digne aceptar la merecida designación de miembro de este Comité, el cual tiende a difundir, por todos los medios a su alcance, la patria española del insigne descubridor de América.

Sirvan, pues, estas líneas, de sincera felicitación, en nombre del Comité y del mío propio, rogándole prosiga la labor por usted emprendida.

Lo que me complazco en participar a usted para su conocimiento y satisfacción.

De usted con la mayor consideración,

Ramón Marcóte, Presidente.

Ramón Cabanillas

Ramón Cabanillas

Lo nombra:
Hay que añadir, también, que a lo largo de este primer tercio del siglo XX dieron su apoyo a las tesis del Colón gallego personajes como Ramón Cabanillas, Castelao, Eduardo Pondal, la condesa de Pardo Bazán, Alfonso del Busto, Ángel Bonilla, Leopoldo Eijo y Garay, Suárez Picallo… En 1961, la Editorial Citania de Buenos Aires publicó La cuna gallega de Cristóbal Colón, de José Mosqueira Manso. Nacido en Ponteceso en 1886, capitán de la Marina Civil y de la reserva Naval, oceanógrafo e ictiólogo, de ideas republicanas, se exilió tras la guerra española del 36, trabajando en la República Dominicana y Venezuela como técnico pesquero del Ministerio de Agricultura.