La gran hazaña de Cristóbal Colón

jueves 18 de octubre de 2012  12:00 AM
En 1492, hace 520 años, un humilde navegante italiano logró, finalmente, luego de insistir en su empresa por más de 10 años,  convencer a la Corte Española de financiar una expedición a Las Indias, es decir al Asia, pero navegando en sentido Oeste, contrario a la ruta conocida circundando a África, ya establecida desde los tiempos de Marco Polo y que había sido dominada por Portugal. Además de ser perseverante y paciente, Cristóbal Colón tenía que ser un experimentado, estudioso, valiente y osado capitán de barco, para atreverse a navegar hacia un inmenso mar desconocido y además, llevarse consigo a un par de centenares de hombres curtidos por el sol y el mar.La travesía, desde el 03 de agosto hasta el 12 de octubre de 1492, de más de dos meses, tuvo que ser extenuante y estresante dadas las condiciones de aquella época; pero el empecinado marinero logró mantener la férrea decisión de continuar navegando hacia lo desconocido en lugar de darse la vuelta. Ello tiene que haber exigido un don de mando, una fe en sí mismo y un convencimiento del triunfo especialmente extraordinarios. En pleno siglo XXI podemos afirmar que su gesta fue tanto o más significativa, en términos de temple y valor humano, que la llegada del hombre a la Luna. Pues la primera descansó casi exclusivamente en los hombros, el corazón y la razón de un solo hombre: Colón, y la segunda se fundamentó en los avances tecnológicos y la sapiencia de toda una corporación, la más avanzada de la humanidad.Lo que haya ocurrido después de su encuentro, nada parecido a las Indias que salió buscando, con lo que aun se sigue considerando “un nuevo continente y nuevas civilizaciones”, no es responsabilidad del heroico navegante. Si a su descubrimiento, y a su muerte en 1506, siguió una “Conquista” o un “Encuentro de dos Mundos o Civilizaciones”, no tiene mucho que ver con Cristóbal Colón y sus logros. De tal manera que sería un absurdo endilgarle al navegante de nombre imperecedero lo malo o lo bueno que haya acontecido entre los años 1500 y 1800, durante la época colonial, y por supuesto, menos que menos, entre la obtención de la Independencia americana y la actualidad. Por alguna poderosa razón el sueño de Simón Bolívar se llamó la “Gran Colombia”. Y más determinante aun de la significación de la gesta de Colón, y que no podemos obviar ni ignorar, es que la inmensa mayoría de los pobladores de todo el continente americano llevamos en nuestro patrimonio genético y cultural una mezcla de lo europeo, lo africano (negro y blanco) y lo indígena, a la cual se viene sumando progresivamente lo asiático. Nuestros idiomas, nuestras formas de entender la vida, a Dios y a nuestros semejantes son el fruto de la fusión intercontinental. El logro de Colón, de ir y volver de Europa a América varias veces y marcar la ruta e iniciar el intercambio, fue un logro de la Humanidad, en su proceso evolutivo y de ocupación del planeta Tierra.

Aparte de la mancomunión genética y cultural entre razas de diferentes continentes, la hazaña de Colón, ese “Encuentro” involuntario del quinto Continente, abrió cauces inmensos para la difusión y el intercambio de la diversidad biológica vegetal, animal y microbiana, con todas sus positivas y negativas consecuencias para el gran ecosistema terráqueo y la especie dominante: el Homo sapiens. En efecto, ¿cómo sería América (y el mundo actual) sin el ganado vacuno, aviar, porcino y caballar originario de Asia y Europa, y sin los pastos africanos, y sin las especies alimentarias vegetales como el trigo, el arroz, la avena, el café, el sorgo, la soya, la caña de azúcar, las bananas y decenas de frutales y verduras, entre tantas otras que conforman hoy el grueso de la alimentación americana y mundial, a la que se suman el maíz, la papa, la yuca, el cacao, el tomate y decenas de otras especies originarias de América y cultivadas en todo el orbe?

En verdad me parece que debe hacérsele justicia al gran Almirante genovés Cristóbal Colón en la Venezuela actual, tanto o más como en el pasado, siguiendo el pensamiento del propio Libertador Simón Bolívar. Ello no se contrapone al concepto de la Resistencia Indígena con el cual se identifica ahora al 12 de Octubre. El derribamiento de la estatua de Cristóbal Colón en la plaza Venezuela de Caracas y la dialéctica con la cual se ha tratado de manchar o menoscabar su logro, de enorme significación para la Humanidad toda, será otro motivo más para que se rían los historiadores del futuro, al describir algunas peculiaridades de estas dos décadas del “gran salto atrás” de la sociedad venezolana.

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