GALICIA Y EL MAR. por Xosefina López Serantes

02.Art 18.Colon.Galicia y el marNacida en una ciudad donde el mar se vislumbra por todas partes, asocio en mi mente desde los primeros años de mi vida, la idea de tierra y mar, y al nombrar a Galicia evocaba costas bellas y recortadas batidas por las olas. Sin embargo, fue ya en la adolescencia cuando esta idea, casi innata en mi, tomó la firmeza y consistencia que había de permanecer inalterable a través del tiempo.

Sucedió un día en el Instituto; el catedrático, fallecido ya, nos leía un trozo de un discurso pronunciado por uno de los más grandes oradores que ha tenido España. No recuerdo las frases literales, pero sí lo esencial, quizas lo más hermoso: Decía el orador, que “Dios, antes de lanzar el mundo a los espacios, lo tomó en una de sus divinas manos y se detuvo a mirarlo  amorosamente unos instantes. Entonces, surgió el primer milagro: las huellas de los dedos de Dios quedaron para siempre impresas en la tierra recién formada, dando origen a las bellísimas Rías Galegas”. Y, desde entonces, siempre que evoqué en mi mente a Galicia, incluso a través de la aridez del estudio, sentía resurgir en mí aquel hermoso y legendario origen. Transcurrieron los años pero en mi mente y en mi corazón, la imagen de Galicia y el mar perduraron  unidas,  llegando entonces a comprender esa instintiva atracción que siente todo galego hacia el mar; y no sólo me refiero a los navegantes ilustres, sino también, y de un modo especial, a esos humildes marineros, héroes ignorados que se juegan diariamente la vida por el sustento de los suyos.

Hombres  sencillos,  buenos y nobles que, desde muchas generaciones atrás despertaban la atención de las mociñas casaderas, según denota el antiguo y popular cantar:

“Mariñeiro quero, madre,

marilleiro m’han de dar;

se non me dan mariñeiro,

solteiriña hei de quedar.”

 

De esta atracción hacia el mar surge la profunda devoción a la Virgen María, bajo distintas advocaciones. Y es siempre Ella, la Madre de Dios, a la que se implora bajo el nombre de Nuestra Señora del Mar, Virxe da Barca, Nosa Señora d’o Nordés, la cual en la ladera del monte Chamorro donde se vislumbra un paisaje de maravilla desde su rústico trono de piedra, protege a los navegantes que, desde tiempo inmemorial, la saludan devotamente al entrar en el puerto. Y, de un modo especial, sobre las distintas devociones, un nombre tan nuestro, tan de Galicia: “La Virgen del Carmen”, la que tiene un altar en cada capillita de aldea y en el corazón de cada familia de marineros, la que se invoca en las noches de galerna y la que pende en el escapulario sobre el pecho de los más rudos hombres de mar.

Se podría escribir tanto de ese instinto de atracción del galego hacia el mar…

A través de la historia podemos recoger múltiples ejemplos, y quizás aunque muchos la juzguen paradójica, predomina la tesis, amparada por numerosos estudios, sostenida por el Padre jesuíta Tomás Barreira, en la cual afirma que el insigne navegante Cristóbal Colón era Galego.

Cierto es que muchos menosprecian esta idea, pero la obra del ilustre jesuíta es fruto del estudio de muchos años, y continuación de la emprendida por don Celso García de la Riega. Y la verdad es que después de haber leído los convincentes argumentos del sabio historiador, no podemos menos que preguntarnos: ¿Por qué dudar de que el más grande navegante de la historia nació en Galicia? ¿No es, acaso posible que a fuerza de mirar hacia la inmensidad del océano desde su infancia, naciera en él el anhelo aventurero de lanzarse a través de sus aguas, en busca de algo imposible e incomprendido para todos los que no poseyeran su inteligencia y valor?.

Así, en esta región donde el mar y la tierra parecen unidas en unas nupcias eternas es posible el sortilegio, la leyenda y la maravilla. Es todo posible por la influencia de ese encanto inigualable que quizás tenga realmente su origen divino en esa inconfundible armonía de horizonte y mar.. mar y tierra…

 

  La Noche, 14 de Julio de 1967

Xosefina López Serantes