El nuevo mundo: Colón y Pontevedra – Historia ilustrada de Pontevedra

 

 

Carta a FARO DE VIGO

HistoriaIlustrada_Página_1El 13 de noviembre de 1.928, FARO DE VIGO publicaba una carta del fundador del Museo de Pontevedra, Casto Sampedro, correspondiente de la Real Academia de la Historia, en la que el ilustre erudito se refería a la tesis del origen gallego de Co­lón. Entre otras cosas decía:

“Con motivo de la publica­ción en “El Debate” del ex­tracto de un segundo informe de la comisión especial de la R.A. de la Historia sobre va­rios documentos colonianos, en la noticia de esta capital que inserta el número del FARO de hoy, se dice que di­chos documentos fueron re­mitidos por un enemigo de la tesis del Colón pontevedrés.

Lo importante sería comba­tir el informe …; pero los pa­ladines de este asunto se irritan contra mi humilde persona, y de re­chazo contra el señor Obispo de Madrid-Alcalá. Contra tal imputación de enemigo tengo que rectificar…; lo que sí es conforme a la verdad es que yo fui el iniciador de la tesis, pero para el efecto de estudiarla…”.

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La descendencia de Colón:

Buhígas hace referencia a la des­cendencia supuesta de Cristóbal Colón en Pontevedra. Citando archivos de Alejandro Mon, So­brino Buhigas se refiere “a Mi­guel Enríquez Flores y Colón de Portugal, que vivía en Ponteve­dra en 1672, fundador del mayo­razgo de las Colonas. Su esposa doña Gerónima de Vargas Ma­chuca, sus hijos Catalina Colón de Portugal, y Josefa Colón y su marido José Onís. Constan igual­mente los hijos de doña Catali­na… Miguel Henríquez o Miguel Colón de Portugal, alcalde mayor que fue de Nueva España, donde consta ausente en 1749…”.

Una pugna entre el Norte y el Sur

 

El ilustre erudito Hipolito de Sá, a quien cita Philippot, recoge en una conferencia dada en Pontevedra en el marco de la “Semana de Colón gallego” una curiosa explicación para el enconamiento de la polémica entre defensores y de­tractores de aquella tesis. De Sa alude a dos tertu­lias: una, la pontevedresa de Jesús Muruais, en la que está también García de la Riega, y otra que nace en Madrid y en la que figura Murguía, que después llega a A Coruña . Hipólito de Sa atribuye a ésta “cierta oposición al núcleo cultural de Pontevedra” y concreta esa oposición en “las tesis contrapuestas sobre el origen de Galicia: para los pontevedreses, ese origen sería He­lénico y para los coruñeses -de los que después, surgiría el galeguismo- Céltico, con el mito de Breogán… Una es­pecie de pugna entre el Norte y el Sur, que se ha repetido en otros temas durante años.

 

Colón y Pontevedra

Con anterioridad hemos visto cómo el binomio Pontevedra y el mar, que está presente desde un principio y que, en su primera fase, vincula a la villa con su Ría, crece después hasta alcanzar el Mediterráneo e incluso las costas atlánticas de Francia. Hubo marineros gallegos y pontevedreses en las batallas y en el comercio y, como era natural-, los habría también en la aventura que cambió la Histo­ria de la Humanidad: el descubrimiento del Nuevo Mundo por el almirante Cristóbal Colón.

El interés que la figura del descubridor despierta entre his­toriadores, escritores, e incluso novelistas, es constante. A fina­les del siglo pasado, un erudito pontevedrés, Celso García de la Riega, elabora una teoría acogi­da con cierta expectación y rá­pidamente combatida e incluso escarnecida: Colón habría nacido, según esa teoría, en los alrededores de Pontevedra, en lo que hoy es el municipio de Poio. En definitiva, García de la Riega afirmaba que Colón era gallego.

Seguidor de las líneas generales de esa tesis, y defensor a ultranza del apartado principal, el vigués Alfonso Philippot Abeledo escribe un voluminoso libro, “La identi­dad de Cristóbal Colón”, que seguiremos en este fascículo de forma exclusivamente descriptiva, sin asumir, o negar, los fundamentos de su exposición. Philippot recuerda que la tesis pontevedresa de la cuna de Colón la establece García de la Riega a partir del hallazgo -casual, dice- de algunas actas notariales e inscripciones lapidarias de los siglos XV y XVI en las que figuran varios individuos de apellidos Colón y Fonterosa.

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El propio García de la Riega se refiere a esas escrituras, halladas en el monaste­rio de Poio, y establece que se trataba de escritos de aforamiento a favor de Juan de Colón y su mujer Constanza, circunstancia de la que se hizo eco el periódico madri­leño “El Imparcial”.

El erudito pontevedrés dice que “la aparición de tales apellidos en Pontevedra me inspiró el raciocinio lógico de que -pues se habían revelado en tres documentos- podrían repetirse en otros de fechas más o meos anteriores, habiéndome propuesto por lo tanto indagar nuevos datos en cuantos papeles pontevedreses del siglo XV mis gestiones pudieran alcanzar. Y, en efecto, secundado por personas de buena voluntad, a quienes había manifestado mis temerarias sospe­chas, he tenido la suerte de conocer y examinar los muy interesantes documen­tos de que doy cuenta.

Los hallazgos de De la Riega despier­tan curiosidad, expectación y polémica. Philippot recoge una larga relación de personas que se interesaron por ellos y da cuenta de las primeras reacciones contrarias, encabezadas por un sacerdo­te, gallego también, Eladio Oviedo y Ar­ce, al que siguió Serrano Sanz, catedrático de Zaragoza, que es el primero en acusar a los documentos aportados por el erudito pontevedrés de falsedad, “por tener raspaduras y sobreescritos”.

Un grupo de investigadores, encabezados por Casto Sampedro, presidente de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, descubrió nuevos manuscritos y al derrum­bar un viejo altar de madera en la iglesia de Santa María, una inscripción mural: “Os do cerco de Joan Neto e Juan de Collón fixeron esta capela”. Pero la polémica  no hace sino crecer y se exacerba cuando Oviedo y Arce emite un informe que fu considerado injurioso, incluso por académicos de la Real de la Historia. Con ante rioridad a él, en 1917, una comisión pontevedresa solicitó de la Diputación de Pon tevedra que cursara una invitación a la Real Academia de la Historia para que algu nos de sus miembros viajase a Pontevedra y estudiase in situ los documento señalados por De la Riega. Hubo respuestas favorables, pero cuando los comisiona dos iban a viajar a n Pontevedra, una huelga ferroviaria frustró el desplaza­miento.

Es preciso hacer un alto en el relato y recordar, con Philippot, otros indicios que pudieron alimentar la teoría del Colón gallego y pontevedrés. Por ejemplo el hecho de que su nave capitana, la Santa María, se llamase así y fuese conocida como “La Gallega”, y que pudiese haber sido construida en astilleros pontevedreses. El padre Sarmiento recuerda los privilegios dados a Pontevedra por Enrique IV, los reyes Católicos quienes concedieron a los mareantes de la villa que no pudiesen ser ajusticiado sino como nobles, salvo en delitos de alta traición-, y la obligación de usar el escudi de Pontevedra. El padre Sarmiento dice que “es mucho concurrir todo eso para que sea inverosímil que la mejor nave, en la que montado Colón descubrió en su prime! viaje el Nuevo Mundo, haya sido fabricada en el Arrabal o Pescadería de Pontevedra y que se dedicase a Santa María la Grande, que es la Patrona de todos los mariñeros en parroquia separada”.

 

Estábamos, pues, en que la expedición de la Real Academia no pudo desplazarse a Pontevedra para examinar in situ los documentos de De la Riega. Una promesa de ver al año siguiente no llegó a cumplirse, y dice Philippot que al negarse la comisión pontevedresa que había solicitado su mediación a remitirle a Madrid la documenta­ción, la Real Academia dio por terminada su intervención en el asunto.

 

A finales de 1926, y con la excepción de algunos originales, los documentos fueron remitidos por la Sociedad Arqueológica de Pontevedra al obispo de Madrid-Alcalá, Leopoldo Eijo-Garay, y fueron examinados en su presencia por una comisión de expertos -de la que formaba parte Claudio Sánchez Albomoz- con la colaboración del laboratorio del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. El exa­men se realizó sobre las actas del llamado “Libro do Concello”, el Cartulario muni­cipal y un minutario notarial de escrituras del siglo XV.

El informe de la Comisión fue desfavorable para la tesis pontevedresa. Concluía en cuatro puntos la falsedad de los documentos, en un texto que decía, entre otras cosas que “los documentos que se contienen en las tres coleccio­nes examinadas han sido objeto de una manipulación sistemáti­ca, dirigida a modificar o su­plantar varios nombres propios de personas… En conclusión, los documentos carecen absolutamente de Valor y no es posible, por tanto, admitirlos como fundamento ni en apoyo de una seria investigación histó­rica”.

Philippot dice que hubo oposición a esas conclusiones y, citando a Emilia Rodrí­guez Solano, señala que en 1964, y revisada entonces mediante la aplicación de mo­dernas técnicas fotográficas, análisis de tinta, etcétera, se concluye “que no hay falsificación, si bien es cierto que algunos aparecen recalcados. Pero éstos carecen de importancia, mientras que los que realmente la tienen están libres de manipulación alguna”. La citada autora señala también que “aunque no se aporta prueba mate­rial de que Colón era gallego, sí creemos haber levantado la losa que, como consecuencia de los informes aludidos, pesaba sobre la tesis gallega de Colón.

Una vez saneada la prueba documental,  existen las bases precisas para estructurar una hipótesis que dé satisfacción a las pretensiones pontevedresas. Y para finalizar, es preciso tener en cuenta que conforme fue decli­nando la obra de García de la Riega hasta ser anulada como consecuencia de los ataques que recibió, y que tanto habían de beneficiar a la tesis genovesa, tampoco ésta salió muy bien librada de los duros golpes que tanto De la Riega como sus seguidores le habían asestado. Por tanto, las reivindicaciones de Galicia como patria de Colón continúan en pie”.

Alfonso Philippot la sigue, y en su obra citada, hace un concienzudo recorrido por los indicios que la fundamentan. Con trabajo propio de documentación, y una revi­sión a fondo de escritos anteriores, recorre la cuestión de los apellidos, los nombres que Colón dio a sus descubrimientos en el primer viaje, se detiene en un estudio de las vicisitudes de la casa, en Poio, que se considera por cierta tradición como la natal del almirante, recoge correspondencia desde Nueva España y profundiza en una serie de datos, coincidencias, indicios y hasta leyendas en las que puede sustentar su tesis.

Hoy, la cuestión sigue abierta. La hemos traído aquí, a la Historia Ilustrada, ha­ciendo un paréntesis en el desarrollo puramente temporal, porque resulta útil para conocer mejor el pasado. Cómo fue y cómo pudo haber sido.

 

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