El Castillo del Marqués de Mos en Sotomayor. Por la Marquesa de Ayerbe

EL CASTILLO

DEL

MARQUES DE MOS

EN SOTOMAYOR

 

No son estas páginas las primeras que se escriben soblre la fortaleza de Sotomayor y la ilustre familia de ese nombre. Pedro Jerónimo y Vasco de Aponte, Argote de Molina, el Doctor Pallaés y Gayoso en su libro Argos divina Sancta María de los ojos grandes (r), se ocupan de su genealogía y de las hazañas” de sus principales personajes. En 1550 el licenciado Molina, en una reseña de la nobleza gallega y de las casas fuertes existentes en Galicia (r), coloca a la de Sotomayor en el lugar que le corresponde en el orden alfabético empleado por el autor para no ofender a ninguno de los poseedores por cuestión de precedencia.

En los tiempos modernos D. Fernando Fulgosio, que tanto se ocupó del feudalismo en Galicia; la Sociedad .Arqueológica de Ponte­vedra; López Otero en su obra sobre dicha provincia, y numerosos periódicos y revistas ■se han ocupado, unos del linaje, otros del Castillo de Sotomayor.

Pero si los genealogistas han tratado del linaje, y los autores modernos, deslumbrados por la maravillosa situación de la fortaleza y del soberbio paisaje en que.se halla enclava­da, no han descrito más que su belleza artís­tica, nadie ha atendido á la eterna pregunta de cuantos la visitan: ¿Porqué el Castillo de Sotomayor se llama hoy Castillo de Mos?

(i) Descripción del Reino de Galicia y de Jas cosas notables del, con las Armas y Blasones de los Linages de Galicia, de dor.dj proceden señaladas casas en Castilla.—Dirigido al Mui Ilustre señor Ma- rischal de Navarra.—Compuesto por el Licenciado Molina, natural de Málaga, 135’^- Con privilegio Real.

Nacida en el Castillo mismo, habiendo cre­cido bajo los frondosos castaños de su parque, bautizada y casada en su capilla, y amante, como gallega de mi terrina, me he interesa­do siempre muchísimo por todo cuanto á aque­llos vetustos muros se refiere, y más de una vez acudió á mi mente la idea de dedicar los ocios del verano, que paso siempre en Sotomayor, á recopilar documentos y restablecer la ignorada historia de la fortaleza que sigue dominando al valle, si no ya por la fuerza del poder feudal, por la posición singularmente extraordinaria que sus creadores dieron á esta señorial mansión.

Pero aquí de mi apuro: los documentos fal­taban en absoluto. Cuando la invasión fran­cesa, el ejército del general Soult, al incen­diar el palacio de Santa Eulalia de Mos, des­truyó el archivo; y aunque los documentos publicados por la Sociedad Arqueológica de Pontevedra me daban cierta luz sobre algu­nos señores de Sotomayor, quedaban puntos importantísimos que esclarecer y, sobre todo, que justificar.’

Dice Taine en su curiosísima obra Los Pi­rineos, que cuando Froissart quería distraer al Conde de Foix, montaba á caballo y lo diri­gía por el monte, hasta que la casualidad ó su buena estrella le hacían encontrar algún sol­dado que regresaba á sus hogares. El cami­nante era inmediatamente interrogado, y su relato más ó menos fantástico, después de ha­ber servido de solaz al buen Gastón, pasaba á enriquecer las notas que sirvieron á Froissart para escribir la crónica de aquella época. Sin pensar, ni mucho menos, en compararme con el ilustre cronista, puedo decir que no me hu­bieran faltado medios de documentarme en forma semejante. Bastaba con bajar al valle: no hay choza, por miserable que sea, en que la historia de los señores de Sotomayor no sirva de terna obligado en todas las veladas; trasmitida de padres á hijos, todos saben la historia de D. Pedro, llamado d Bueno, en quien se extinguió la rama legítima; pero el preferido es, sin duda alguna, Madruga, y las viejas hilanderas, reunidas en tomo del hogar durante las largas veladas del invierno, siguen, como hace doscientos años, refiriendo á hijos y nietos cómo Madruga fue rey de Galicia (?), sus contiendas con el Obispo de Tuy, el Con­de de Ribadavia, y el Arzobispo de Santiago, las virtudes que adornaban á su hijo Alvaro y el horrible parricidio de su nieto.

■      Pero siempre he desconfiado de la leyenda que falsea y compromete la historia; así es que recordando el litigio que tantos años sos­tuvo la casa de Mos con la ducal de Solomayor, se me ocurrió que sus representantes ac­tuales podrían facilitar mi tarea. En efecto, á la amabilidad y galantería del Duque de la Roca debo la mayor parte de ¡os documentos que son á modo de norma de esta reseña; ellos me han permitido, sirviéndome de guía,  consultar á Aponte y Argote de Molina. He procurado en todo ajustarme á la verdad, y si los hechos de que trato son á veces de ín­dole poco lisonjera para la historia de la fa­milia, á la época en que vivieron sus perso­najes , á la rudeza de sus costumbres, hay que achacar, la culpa de sucesos que !a mo­derna civilización ha hecho desaparecer casi por completo de las clases elevadas de la sociedad.

 

CAPITULO I ‘ m,

Desdf. el ok.ige:í de la casa HASTA PAYO DE SO TOMA ‘/OR

Origen de la casa.—ios Saavedras.

El Obispo StfZ’anáo.—Pairo Segiüno.— i;

Lo que dice Aponte.—Lo que dice Argotc ^ de Molina.—Estado de ia. Península.— i La Historia de España escrita por -moros ¡J y judíos.—Rcnacimien io.—Payo So toma – i yor.—Suero Gómez, el Mariscal.— Las j¡ ruinas de Santo Do;;tingo en Pontevedra.

La casa de Sotomayorfundadora de ilus­tres familias en España y Portugal.


Prescindiendo de un entronque fabuloso con el Emperador Calígula, la cuna de la familia de Solomayor parece basarse en este hecho que refie­ren todas las crónicas y genealogías con ligeras variantes.

Sorred Fernández, hijo de Ferrán Saavedra, hallándose de caza con Léxica, hijo de Favila, Duque de Cantabria, tuvo la desgracia de herirlo mortalmente, y temiendo el casti­go del triste, aunque involuntario suceso, se presentó al rey godo Witiza, y declarando este desdichado acontecimiento le entregó su espada, suplicando le dieran con ella la muer­te. El Rey le otorgó su perdón, y reconocida su inocencia, de acuerdo con él padre de la víctima io casaron con Teresa, hermana de éste, ordenándole que en memoria de tan san­griento suceso obteníase luto eterno en sus armas. Eran éstas las mismas de los reyes suevos, de quien descendía Arias Saavedra, y consistían en jaquelado de oro y rojo sobre campo de plata, llevando’ en medio unas fajas ó bandas doradas, que aun hoy día llevan los Saavedras, y que trocó Sorred Ferrández en negro, como se ve en el escudo de la casa de Sotomavor. Así refiere el origen de la casa, Servando, Obispo de Orense, confesor que fué del rey D. Rodrigo, con quien se halló en la batalla de Guadalete (r); más adelante los cronistas confunden á Favila, Duque de Can­tabria y padre de Pelayo, con Favila, Rey de Asturias (ó de Galicia, como dicen los gallegos); pero es ele suponer que el que estuvie­ra en lo firme fuera el obispo Servando, que trata de Sorred Ferrández y de su hijo San­cho. Habiendo visto Servando los reinados de Witiza, Rodrigo y Pélayo, relata ios sucesos con la veracidad de un contemporáneo, y no parece que pudiera ya narrar lo que ocurría en tiempo de Favila, Rey, nieto del Duque del mismo nombre. Aunque Pellicer tiene por apócrifos á los Duques de Cantabria, así los llama Servando y su traductor y comentador Pedro Seguino, y nos atendremos á lo que dice este autor, que es, si no el más autoriza­do, por lo menos el más antiguo de ios que tratan de este asunto.

Si en vez de una monoíjraiía me ocupara en un trabajo histórico de mayor importancia, sería más extensa sobre el empeño de los au­tores gallegos de llamar reyes de Galicia á los sucesores de Pelayo (i), así como de procla-

(i) En eí Con:pendió de los Anales de Galicia. (V asco de Aponte, R. Academia de la Historia), capí­tulo X, año de 73/: ‘¿Tránsito del Santo Rey de Ga­licia D. Pelayo, primer restaurador de España ó conservador de la antigua nación españolas. Capítu-

 

mar que Pélayo era gallego, sin que se pueda probar acerca de esto más que el haber pasa­do ocho años de su vida en la ciudad de Tu}r.

En ios Anales de Galicia figuran Peíayo y sus sucesores como soberanos de este Reino, y de su antigüedad da fe, el llamarlos San Pe- layo y San Alonso, pues es sabido que hasta el siglo xiii no se usó el tratamiento de Dom,

o                                                                                           *

derivado de Don: i ñus, como Sa?i era derivado de Sanctus, quedando desde esta época el tí­tulo de Dom para los personajes y el de San para los santos. Pero el traductor no debía es­tar al corriente de esta particularidad, y al tra­ducir los Anales conviene Sanctus en Santísi­mo y le añade á Peíayo el Dom que jamás tuvo.

Pedro Seguino, traductor de Servando y también obispo de Orense, confesor de Fer­nando II de León, continúa la obra de su an-

lo XI. Año de 739. «Elección del Catholico Rey Don Alonso y es el primero de este nombre el Rey de Galicia. Y se declara que en Galicia no entraron á gobernar Rey ni Señor alg° ni Gente de Asturias ni de Cantabria, sino que la Nación Gallega se conserbó por sí con sus Reyes sin ayuda de otra Nación y que por sí mismos alcanzaron las Victorias que se irán refiriendo, y es ignorancia buigar decir otra cosa.} tecesor, siendo copiada y comentada al mar­gen la de ambos por Vasco de Aponte.

Pedro Jerónimo de Aponte (i) refuta esta levenda de las fajas negras, fundándose en que el primero que usó el apellido de Sotomayor fué Pax Méndez Sorrede, que pobló su Soto llamándole el Mayor, y que viviendo este ca­ballero en tiempo de los reyes D. Alonso VII y D. Fernando II de León/no tuvieron éstos ningún hijo á quien aconteciese tal suceso, atribuyendo las tres fajas de sabré á que, se­gún las reglas de la heráldica, no puede haber metal sobre metal, .razón por la cual pusieron las fajas negras.

Lo mismo supone Argote de Molina, y am­bos sostienen que no hay crónica que tal de­clare, prescindiendo, por lo visto, de la del obispo Servando ó suponiéndola apócrifa Ar­gote de Molina cita, sin embargo, los versos populares aun hoy día en Galicia, que dicen así (2):

(i) Libro ¿i hs Linajes de Espciüx, tomo x:cc:v, folio 412. A. de la I-I.

(-) Argote de Molina (Gonzalo): Noblíza: ds An- daluc’.a, fot, 137 vto., libro ti, cap. iv.

 

«Veremos dos casas que están ermanadas,

Que son Saavedra con Sotomayor;

Ouel uno, a! infante del Reyno el menor,

Por grande desastre dio fin á sus hadas;

Mas luego sus culpas le son perdonadas Por hecho animoso y en partes astuto,

Por donde sus vandas se tornan en luto, Quedando al erma.no las otras doradas.»

pero demuestra la misma desconfianza que Aponte en cuanto á este suceso se refiera.

Lo que se deduce, y parece que puede ser verdad, es que Pax Méndez Sorrede fué el fundador de la fortaleza, por más que la torre de homenaje y la muralla interior, son quizás anteriores, por su forma grosera y tosca y los sillares que, como en otras fábricas de cons­trucción céltica, no están unidos por ningún cemento y parecen acusar la más remota an­tigüedad.

Respecto á io que dicen. Argote de Molina y Aponte, de que los viróles ó fajas negras se pusieron en vez de las doradas, por no poder haber metal sobre metal según Tas re­glas de heráldica, diré que.no tengo gran con­fianza de como andaba la heráldica en aque-

’ CAPÍTULO I        33

líos tiempos en Europa, y menos en España.

La única casa soberana qué observaba con toda escrupulosidad sus reglas era la de Bor- gona: v lo que decía Toiso/i dor, su rey de armas, acatado como artículo de fe. Felipe ¿l Hermoso y Carlos V le conocían admirable­mente, y al venir la casa de Austria y Borgo- ña á ocupar eí solio de España, se reformó la heráldica y se refrenaron los abusos.

Que nada se sepa de los Saavedra y Soto- mayor desde el legendario suceso de su ori­gen hasta Pax Méndez Sorrede, que según el cronista se halló en el cerco y conquista de Sevilla, nada tiene de particular. Hasta el si­glo xii son los moros los que escriben la His­toria de España, y la escriben á su mcdo, de­jándose llevar por su fantasía y trocando los nombres según su pronunciación y las letras de que se compone su alfabeto. Y ¿qué tiene de extraño que los moros escriban la Histo­ria, cuando en tiempo de D. Pedro es un ju­dío, Rabí Pom Sem Tob (i), quien escribe la

(i)        Ver lo que dice sobre este particular Ama­dor de los Ríos en su libro Ensayo sobre los judíos

Doctrina cristiana? Y de la ignorancia de ios cristianos es prueba patente el llevar el Santí­simo rey Fernando, el conquistador de Cór­doba y Sevilla-, bordados en sus ropajes ver­sículos del Corán (i).

Los artistas, los cirujanos y los médicos, son árabes ó judíos, como si solo los pueblos de origen oriental pudieran ejercer la benéfica influencia de una civilización importada de Oriente. Su cultura” es inmensa, y por su cul­tura se imponen á los cristianos” que en las épocas de paz Sos atraen para servirse de su sabiduría y aprovechar sus enseñanzas. ¡Y qué sabiduría la de aquel pueblo! La numeración decimal, !a -Medicina, el Algebra, y, como dice Macias Picavea (2), hasta el confort doméstico y la buena educación..

en España, y Lafuente en su                             del reinado de

D. Pedro I de Castilla.

(L) En el Museo de Cluny hay unos ropajes per­tenecientes á un obispo de Bayona, con caracteres arábigos á guisa de ornamentos, y en la capilla de Bcrberana se halla también enterrado un obispo de Pamplona, cuyas vestiduras ostentan máximas del Corán,

(2)       Macias Picavea: El problema nacional.


Entretanto los caballeros cristianos, vesti­dos con groseros sayales, viven toscamente en sus villorrios y castillos (i); y así como los trancos y germanos, impulsados por las santas predicaciones de monjes y ermitaños, que de este modo alejan de sus conventos las hor­das indisciplinadas y sedientas de ricos despo­jos, tienen que atravesar tierras y mares para combatir al Islam en una tierra ingrata, los nuestros tenían al enemigo en casa; y cuando las contiendas intestinas, las eternas cuestio-

(l) cEn ce temps-li dit la chronique g-énérale de l’Espagne, Íes rois, comtes, nobles, et tous Ies cheva- liers, afin d’étre préts á. toiite heure, tenaient leurs chevaux dans Ja salle oii iís coucbaient avec íeurs remmesa. Le vicornte dans la tour qui défend l’en- trée de la vallée ou le passagedu gué, le marquís jeté en enfant perdu sor ía frontiere – brúlée, sommeille la main sur son arme, comme le lieutenant améri- cain dans un bloc hoiíse du Far West, au milieu des Sioux. Sa maison n’est qu’un camp et un refuge; on a mis de la paille et des tas de feuilles sur le pavé de Ja grande salle, c’esi li qu’il couche avec ses cava- liers quand il a la chance de dormir. Les meurtriéres laissent á peiné entrer le jour, c’est qu’il s’agit avant tout de ne pas recevoir des fleches.:»

Taine: Les Origines de la Franee tontanporaiue, L’anden reghr.e. La siructure de la Sacié te.

nes de límites y las guerras entre príncipes cristianos dejaban un instante de reposo, era éste inmediatar.’ ,:te aprovechado para hosti­gar al musulmán. Aun en ocasiones en que los Reyes de Castilla y de León tenían pactada tregua con los infieles, cualquier caballero inactivo ó hambriento, enamorado de una mo­ra, ó codicioso de los palacios encantados ador­nados por cristalinas fuentes y poblados por hermosas cautivas, que aún embellecía más la leyenda, provocaba continuas reyertas, que eran miradas con indiferencia por los sobe­ranos ó bastaban para ocasionar el rompi­miento ardientemente deseado por ellos.

Pero volviendo á Pax- Méndez Sorrede, diré que dejó fama de noble y esforzado ca­ballero; que tuvo de su matrimonio con Her- misenda Maldonado vari35 hijos, entre ellos Alvar Pcrez de Sotomayor, que casó con Tere­sa Pérez Ruideron (rj y Sancho, que murió en una batalla. Los más célebres entre sus su­cesores son: Alvar Pérez Sotomayor, Payo

(i)         Paez de Rodero, según Argote de Molina, Ra- deiro sesfún los autores ^alleíos.

O                            Cd o

 

Sorrede de Sotomayor, que murió en las gue­rras contratos moros, D. Juan, Obispo de Tuy, y Hernán Añes de Sotomayor. Este último, según consta en ¡a crónica del Rey Alonso XI, asisrió á la coronación de este monarca, acom­pañándole y distinguiéndose en las guerras contra los moros. Durante el reinado de Don Pedro I de Castilla, fué uno de los cien caba­lleros que se juntaron para conseguir dei Rey que hiciera vida marital con Doña Blanca.

En el reinado de Enrique III, cuando á fuer­za del continuo roce con ¡os moros empiezan á florecer las ciencias y las letras; cuando hay un cronista como Avala, y Se adelanta España con su cultura, teniendo su Renacimiento dos siglos antes que el de Italia; cuando da prue­ba de”, progreso en que se halla, ocupándose de política exterior, aparece la noble figura de Payo de Soivmaysr, Embajador del Rey de Castilla á Timur-Lenk, más conocido por el nombre de Tamorlán. Payo Gómez de So­tomayor y Hernán Sánchez Paiazuelos, envia­dos por Enrique de Castilla, asisten ¿ la bata­lla que Tamorlán ganó sobre los turcos, «ba­talla en que pelearon de una parte y de otra

 

■dos. millones de hombres, y en que Bayaceto quedó vencido y prisionero, teniendo que su­frir mil escarnios y ultrajes encerrado en una jaula por el vencedor. Ei gran Tamorlán aga­sajó á los embajadores de Castilla con ricos presentes, y entre los que envió al rey Don Enrique fueron dos bellas cautivas que dicen eran de la casa de los reyes de Hungría, las cuales casaron después con los dos embaja­dores y fueron tronco de dos ilustres familias de Castilla (i).» Si Lafuente pone en duda que las dos cautivas fueran de sangre real, no eran tan escépticos sus contemporáneos, pues aún existe en las ruinas del convento de San­to Domingo, en Pontevedra, el sepulcro de D. Payo y de su esposa, en cuya inscripción figura ésta como Doña Juana, infanta de Hun­gría Í2), hallándose los escudos de la casa de Sotomayor unidos al de la Casa Real de Hun­gría repetidos varias veces en esta capilla. Di­cho sepulcro se halla en la capilla de Santo

(1)         Lafuente, parte 2.a, l;b. iti-

(2)          Aponte (Pedro Jerónimo) no habla de seme­jante enlace, y lo da por esposo de D.a Mayor de Mendoza.

.Tomás, posteriormente de San Andrés, fun­dada por el Mariscal D. Diego Aívarez de So- tomavor, y en ella se hallan también sus res­tos y los de su esposa.

Payo de Sotomayor fue Padre de Suero Gómez de Sotomayor, que según las crónicas’ sirvió al rey D. Juan de Castilla, alcanzando el título de Mariscal. Según el libro do Con­cello de Pontevedra, tomó á su cargo la de­fensa de esta villa ; 14.4.5) contra toda clase de enemigos.

Está también .sepultado en las ruinas de! convento de Santo Domingo, destacándose sobre su sepultura una hermosa estatua ya­cente, cuya armadura está maravillosamente labrada en la piedra, y se ve en ella un frag­mento de inscripción en hermosos caracteres de Tortis, que dice así:

«AQUÍ YACE EL MARISCAL SUEIRQ GOMEZ DE SOLITO MAIOR QUE FALLE3CEU…»

Estas ruinas del convento de Santo Domin­go están materialmente pobladas por recuer-

dos de la familia Sotomayor, que fundó la ca­pilla mayor, y después varios individuos de ella dejaron mandas para el sostenimiento del culto.

He prescindido de muchos Sotomavores que se distinguieron en los reinados de Alon­so XI, Pedro de Castilla y D. Dionís de Por­tugal. De uno de ellos, Garci Méndez, hablan los Anales de Aragón, pero fueron fundadores y troncos de nobles familias andaluzas, caste­llanas y portuguesas, y el tratar de ellos me apartaría completamente del objeto de esta obra (i).

(:) Ejemplo. Argote de Molina: NobLzadc Anda­lucía. Sucesión de D. ¿ancho Martínez de Xodar, Adelantado mayor de la frontera, Señor de las vi­llas de Xodar y Bedmar y el Carpió y relación del linaje y armas de Sotomayor.

Aponte: Casa de los Marqueses del Carpió y otros varios.

 

CAPÍTULO II

v X* S,‘ >.,l: ¡

 

 

 

 

 

 

 

 

Extinción dk la rama legítima.

Fernán Ydñez de Sotomayor.—Su i es­tamento otorgado en Vallado lid en 144.0. Doña Mayor de Sozsmayor.—Per Alva­res de Sotomayor, ei Bueno.—Sus disen­siones con el Conde Je Ribadavia.—Mue­re sin sucesión D. Alvaro.— Vuelven sus bienes á su tía Doña Mayor de Sotoma- yor.—Rasgo y testamenta de esta última. El bastardo D. Pedro es legitimado por los Reyes de Castilla y Portugal.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dos de Sotomayor y de otras varias tierras, lu­gares, señoríos, mayorazgos y fortalezas, Her­nán Yáñez de Sotomayor, esposo de Doña Leonor Mexía.

Hallándose el Rey en Valladolid y Hernán Yáñez en esta misma villa, se sintió atacado de cierta dolencia grave, y creyendo ser próxima su muerte otorgó en ella ante Diego Alfonso de Jaén, notario apostólico y numerosos testi-

 

gos, un testamento por el cual instituyó por su único y universal heredero á D. Alvaro, su hijo legítimo habido en su mujer Doña Leonor Me- jía, que quedó por tutora durante la menor edad de su hijo y mientras 710 se casara y guar­dare castidad. Si este su hijo viniera á fallecer sin sucesión, manda Hernán Yáñez que vuel­van sus tierras á su hermana Doña Mayor, mujer de Ruy Sánchez de Moscoso, y caso de que este falleciese también sin sucesión legiti­ma, que pasase á ser heredero de dichos bie­nes su primo Lope Sánchez de Ulloa, con la condición de tomar el apellido y armas de So­tomayor.

En este mismo testamento, y además de nu­merosísimas mandas á sus pajes y .escuderos, declara tener un hijo natural llamado Pedro, y ordena se le dé cuanto necesite para criar­se y educarse, dedicándole á la carrera ecle­siástica. Del espíritu caballeroso de Hernán Yáñez da idea la forma en que se expresa con respecto á este hijo.

eltem mando á Pedro de Sotomayor mi fixo bastardo que lo obe de una muger que sabe bien su nombre, y quien ella es, A l/on García Dar dan


mi Escudero, y ci dicho Rodrigo de Deza, mi So­brino, que le den ni dicho mi fixo vas tardo todas las cosas qu¿ menester cbiera para se criar y con ,,u¿ deprenda en esladio porque es mi voluntad que sea fecho y se faga d bien y vista de Fray Es­teban de Soutelo maestro en Santa Teolosia y del dicho Alfon García Dardan.—Item mando q:ie den á la madre de dicho Pedro mifixo vas tardo por el cargo que di ella tengo doscientos florines de oro y de la dicha Ley y Cuño de Aragón.-,

De cómo se cumplió el testamento de Her­nán Yáñez y de lo que acaeció con su hijo bastardo, daré cuenta en e! lugar que corres­ponda.

Se ignora cuándo murió Hernán Yáñez, y de su vida se sabe que teniendo pendiente una cuestión de intereses con el Obispo de Orense, Pedro Díaz de Cadorna (i), se lo llevó preso á la fortaleza de Sotomayor, donde lo tuvo detenido corto tiempo. Como todos los Sotomayor, que según un cronista eran vüiy ofzdos, tuvo innumerables pendencias, pero dejó fama de ser muy buen caballero y de

(i) Cadórm’ga ó Cardona.

jS                             el castillo I•>K MOS

que en dichos y en hechos no era meaos que aquellos de quien descendía. Pasaba por te­ner casa de treinta de á caballo y unos mil hombres á su servicio entre vasallos y behe­trías (r). Falleció de viejo y sin ser nunc.a pre­so ni vencido.

De su hijo legítimo Alvaro Páez se dice que en su tiempo aumentó la casa de Sviaina- yor en prestigio y poderío, llegando á sobre­pujar á casi todas las demás del obispado de ■Tuy, sin que para sostener su lustre y esplen­dor dispusiese de mayores caudales que su pa­dre; aunque, como tenía en su poder la ciu­dad de Tuy, como también la tuvo aquel, to­maba parte de la renta del Obispo para sus­tentar á sus vasailos. Era muy querido Al­varo Páez, y todos los señores fronterizos le ayudaban á mantener el esplendor de su casa en competencia con la del Conde de Ribada- via, que era Adelantado de Galicia. Tuvo con este Conde una pendencia que relata Aponte en esta manera:

(i)         Vasco de Aponte: Casa de Sotomayor, fo­lio 163 vuelto.

«Este Alvaro Paez sobre puntos de mella­ría v el conde de Ribadavia y Santa Marta que tenia otras muchas tierras en Galicia y Casti­lla, levantaren question: decia el de Ribadavia que descendía de los Sarmientos que fueron grandes señores, y su muger la condesa (muy endiablada) que despues la mataron los sus vasallos a lanzadas por muchos males que ella les hacia; era muy presunriosa porque dicen que era de los Zuñiga. y por estas razones el conde de Ribadavia quería apremiar al Alvaro Paez, el qual también presumiendo que era de Sotomayor, casa muy antigua en este Rei­no de Galicia cuyos señores assi como eran antiguos casaban con mugeres de alta sangre que en aquel tiemoo no se oíaba casarse los caballeros con hijas de Prelados, ni de hom­bres ricos por mucho que ellos tuvieran, ni menos con linaje de Judios, y de las partes de dohde descendían, por las madres, tenían escrituras por donde se sabia la verdad dello. Poníase Alvaro Paez con el decir adecir y hacer con prisiones, y muertes de hombres, y palabras muy graves, y por estas cosas se re­crecían muy grandes males. Assi que Alvaro 4o             el castillo de :,ios

Paez ayuntó su gente y entró en la villa de Rívadavia y sacó al Conde de dentro de su Palacio, y a todos los suyos, y prendido por la Barba y llevolo preso dentro á Sotomayor y, túvolo preso mientras fue su voluntad y al soltar que lo soltó, sacóle todos los partidos que quiso, y todo se lo guardó y tomole á Salvatierra por toda la mitad de la fuerza.»

Falleció este Alvaro Páez sin sucesión, y es fama que mientras vivió no hubo un pobre en todos sus Estados: en Galicia le llamaban el Cúndc Bueno, aunque no consta que tuviese nunca tal título, pues el primero de la casa que fue Conde de Camiña y Vizconde de Tuy fué su hermano bastardo Pedro de Sotoma­yor, el mismo que menciona Hernán Yáñez en su testamento; que supo captarse de tal modo la voluntad de su hermano, que éste le prohijó antes de morir, por cuyo motivo se llamó Per Alvarez, quedando por heredero de ia casa de Sotomayor, y siendo este prohija­miento confirmado por Real Cédula del Rey Enrique IV*, fechada en 6 de Agosto de 1468.

De esta_ suerte se cumplía la voluntad de Alvaro Páez, pero quedaba fallida la de Her­

 

nán Yáñez y sensiblemente perjudicada su hermana Doña Mayor. Pero á ésta conquistó también Per Alvarez, y de tal suerte, que á pesar de haber protestado del testamento de D. Alvaro fí), en eí cual le ruega que si fallece sin sucesión, nombre su heredero á su hermano bastardo, que á ¿1 le consta ser hijo de su mismo padre, concluyó esta señora por cumplir la volinsd de su. sobrino otor­gando primero un poder para que Per Al­vares regentase sus Estados, é instituyén­dolo por último por su universal heredero en unión de su esposa Doña Teresa de Tá- vora (2).

Las crónicas difieren sobre quién fué la ma­dre de D. Pedro, atribuyendo algunos este hijo á una parienta de la Condesa de Ribadavia,

(1)         Testa  otorgado en Santiago en 14ÓS.

(2)        Testamento otorgado en 1472. Aunque al margen de este testamento consta que esta señora otorgó otres des más adelante, no debió de haber en ellos sensible variación, pass lo que se deduce de la historia de ¡a familia cstí de acuerdo con las volun­tades expresadas en este documento; y el testamen­to presentado en el pleito y fechado en Vigo en 1482 fué declarado apócrifo por los Tribunales de Justicia-

 

la que fue muerta á lanzadas (r) por sus vasa­llos, y otros á una señora de la casa de Alrami- ra. Aunque éstos son los menos, hay en su abono la generosidad conque se condujo Doña Mayor, viuda de un Moscoso (2) con su sobrino.

Lo único que exige Doña Mayor es, que el que herede estos bienes lleve siempre las ar­mas y apellido de  Al fallecer esta señora había ya dado mucho que hablar el tal D. Pedro, habiendo conseguido tener gran in­fluencia con la Corte de Portugal, aunque los acontecimientos le trajeron á no ser tan. bien mirado en la de Castilla.

De toda mi tarea, es la empresa más ardua ocuparme de este personaje, que” es el héroe de todas cuantas patrañas se cuentan y han contado en la comarca, que abarca desde San­tiago hasta el obispado de Orense.

(1)          Colección Salasar, I:b. 26, título sDe como se levantaron los caballeros é señores en el Rcyno de Galicia c de los fechos que contra ellos flcieron, é de las fortalezas que dcr. Varón.->-Fol. 195.

(2)         Doña Constanza d-i Zúñiga fué, según las ge­nealogías, la madre de D. Pedro. Vasco de Aponte es el único que supone esta otra versión.

 

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que IV en Costilla, y Alonso V en Portugal, no vacilaron un momento en reco­nocer por legítimo sucesor del apellido, bie­nes y señorío de Sotomayor, al bastardo D. Pe­dro, y aun e! Rey de Portugal le hizo merced del Condado de Camiña (i).

(i) Conds de Camiña ís ilaman todos los histo­riadores y cronistas, si bien en el Tumbo de Portu­gal no con~ía semejante donación.

 

Casó con Doña Teresa de Távora, hija del Señor de Mugador, de noble familia lusitana. Protegido por los reyes de Portugal y de ■ Castilla, casado con una rica hembra, investi­do por D. Enrique IV con su representación y amplios poderes para contener ia arrogan­cia del Arzobispo de Santiago, como consta en la Instrucción autógrafa dada por S. M. á Ferrández Sardina (ij, pudo D. Pedro Ma­druga ser uno de los primeros personajes de su época y desempeñar altos y elevados cargos.

Pero D. Pedro, como el Mariscal Pedro Pardo de Cela, son la genuina representación de aquella nobleza altiva y revoltosa, verda­deros lobos feudales, aves de rapiña, viviendo al día, ora poderosos, ora ocultos y fugitivos, indomables y fieros, no reconociendo ley ni rey, ni freno alguno que los detuviera en el ímpetu de sus pasiones y en sus desencade­nadas correrías. Perpetuamente rebelados y

(i) Instrucción autógrafa dada pur S. M. á Fe­rrández Sardina para lo que en el Reino de Galicia ha de mandar hacer á Pedro Alvarez de Sotomayor y otros en contra del Arzobispo de Sar.riago. (Véase el Apéndice.)

 

dcstrozándose entre sí, cuando no resistían con [as armas en la mano á cualquiera, medida Lo­mada por la Corona que no fuese de su agra­do, ¡o mismo Pedro Madruga que Pedro Par­do de Cela justifican, si necesario fuese, la forma enérgica con que procedieron los Re­yes Católicos contra la nobleza feudal.

Cuando un poder se siente atacado por su base y empieza á debilitarse acude siempre á la crueldad y al abuso para mantenerse, ase­gurando en tal manera y cada vez más su pro­pia ruina. Algo de eso ocurría á fines del si­glo xv con los señores feudales. El pueblo har­to de sufrir, cansado de los vejámenes y cruel­dades á que los sometía el régimen, empezaba á levantar la cabeza; el mismo.espíritu de re­belión. la misma fuerza desconocida hasta en­tonces que hacía dueños á los villanos de. Fuente Ovejuna, de la fortaleza del Comen­dador, arrojando á éste desde los muros de su propio castillo, animó ai pueblo gallego en [_u5S para alzarse contra la tiranía, y po­niendo á su frente á Alonso de Lanzos le en­viaron al rey D. Enrique IV para recabar la autorización de formar una hermandad «-ansí de labradores como de fij’os-datgo, contra todos ¿os caballeros, c Señores de Galicia-> ([).

Formada la hermandad arremetieron con­tra los castillos y plazas fuertes, siendo pocos los que quedaron en píe. pues no les bastaba apoderarse de ellos, sino que los derruían para destruir hasta el símbolo mismo de !a tiranía. Pero en esta ocasión, como en muchas otras, el pueblo iuc víctima de los que le dirigían, y la hermandad, despuús de humillar la sober­bia de los caballeros y prelados, pasó á ser­vir las rencillas personales de sus capitanes.

Convertida, pues, la que fue hermandad, en una cuadrilla de bandoleros, los señores re­unidos en torno de! Arzobispo de Santiago lla­maron en su ayuda á Pedro Alvarez de Soto- mayor, que durante estos disturbios se había acogido á Portugal, contrayendo allí matrimo­nio, y que ayudado por sus deudos portugue­ses y el favor del soberano había recobrado parte de sus fortalezas. Era el tal D. Pedro, según un cronista, hambre muy -mañoso ¿ muy so-

(l)         Colección Salazar, lio. 24, ib!. 193 vuelto. Real Academia de la Historia.

 

¡jl ¿ muy sabio en cosas de guerra (i). Aceptó, pues, la misión que se le había ofrecido, y re­uniendo sus huestes en Portugal derrotó á ios villanos en el primer encuentro. Intentaron és­tos cortarle el paso junto á Pontevedra para que no se reuniera con ios del Arzobispo, pero ól vadeó el Lerez aprovechando ¡a ma­rea baja, y porque iba muy feroz nadie se ponía delante (2).

Unido á D. Juan Pimentel, hermano del Conde de Venavente, venció á los de la her­mandad en varios encuentros, obligándoles á reconstruir las fortalezas que habían derriba­do, prestando él mismo su auxilio y el de sus propios vasallos. Pero como estaba escrito que los «jaHeiros no podían estar en oaz, una vez

o        o                JT                                 j. J

repuestos los señores en sus castillos y tran­quilo el Arzobispo en su Sede de Santiago, co­menzó á hostigarlos y á dividirlos, y los que se habían unido ante ei peligro común no tar­daron en resucitar las continuas discordias, sin fas cuales parearan no poder subsistir.

(1)        Vasco do Aponte: Casa de Sotomayor.

(2)        Idem, IcL

 

El colmo de la irritación contra D. Alonso de Fonscca fue cuando este prelado puso cer­co á la fortaleza de Altamira, de Lope Sancho de Moscoso. Levantáronse entonces sus deu­dos y amigos, pero no se resolvían á atacar al Arzobispo mientras no se ¡es uniera Pedro de Sotomayor; cuando ya desesperaban de que llegase amaneció éste con oran refuerzo di-

O                                 *                     o

ciendo: – Patentes c amigas á tales bodas cuino aquestas no era razón que se hicieran sin mi, ra­yamos d ellas y sea presto.3

Sufrieron las tropas de! Prelado una ver­gonzosa derrota, así en este encuentro como en otros varios, pues su carácter belicoso se avenía mal á soportar reveses, y buscaba un desquite que no pudo jamás hallar mientras las huestes enemigas fueron capitaneadas por D. Pedro, y vieron tremolar la bandera que ostentaba el escudo de Sotomayor.

Por esta época, poco más ó menos, fue cuando el rey de Portugal otorgó á D. Pedro, que era ya Vizconde de Tuy, el Condado de Camina, haciéndole merced del Don que usó siempre desde entonces.

Motivos tenía D. Alonso V para querer

 

congraciarse la buena voluntad de la nobleza qallcga. pues i la muerte de D. Enrique ele Castilla casi todos se declararon por él como prometido esposo de Doña Juana, llamada la Bcltrancfa.

A la cabeza de este movimiento estaba D. Pedro, á quien comenzaban á llamar Ma­druga. va porque amanecía en un punto cuan­do había pernoctado en otro, ya porque ma­drugaba iniiC’iO cuando facía sus cabalgadas (1).

(i) Es maular la leyenda según !a cual futí ei Conde de Ribadavia el autor do este apodo. Tenien­do pendiente arabos señores, eí de Ribadn, i a y el de Sotomayor, una cuestión da limites, resolvieron zan­jarla saliendo á caballo desde sus respectivos casti­llos, y que. marchando el uno y el otro hasta toparse, el lucrar del encuentro fuese el destinado como lí-

O                                                                                           C3

mite de sus estados respectivos.

4

La hora marcada para salir fué la del primer can­to del gallo, y tomándolo D. ? ::lro ai pie de la letra salió de su castillo de Sotomayor al cantar el gallo á media noche, llegando á las puertas de Ribadavia cuando, al rayar el alba, 3; disponía el Conde á em­prender su cabalgata. Muy líyvro debía ser ei corcel

ü                       – o

•de D. Pedro y la noche una de ¡as más largas del in­vierno, y aun así no me explico cómo pudo recorrer este trayecto.

Suponen que, al verle llegar el Conde, exclamó con

A los íavores 1 y.ie debía al monarca portu­gués había que sumar la particular amistad que le profesó siempre D. Alonso, y de la que eí procer gallego era digno bajo todos concep­tos, mostrándose ‘muy leal á este príncipe, dán-

muclm sarna: -madrugas, Pedro, madrugas;’, trans­formándose usté dicho en e! apodo porque aún se le conoce en la comarca.

También, es posihk- que le llamaran Madruga por­que, fiel y leal con sus amigos, procuraba suprimirá cuantos le estorbaban madrugando, para deshacerse de ellos en el concepto que emplea Lope de Vega en La Reina Juana de Xipiles (Acto tercero):

Si te quisiera matar algún enemigo íI-to madruga y mata primero.

.’Oyes?

Sí.

Pues madrugar.

Tal ve¿ ocasión, se ofrece que es virtud ser homicida, que defendiendo la vida el que mata antes merece.

V así, si te ha di; matar algún enemigo ñero, madruga y mata primero.

¿Oyes?

Sí.

Pues madrugar.

 

, [ole excelentes consejos y llamando repetidas veces su atención sobre la doblez y perfidia de muchos de los que le prestaban su apoyó, ó parecían favorecer su causa.

Más de una vez, y ni ver la traición de al­guno de ios que creía más adictos, recordó el Rev los. prudentes razonamientos del de Soto- mayor; pero los príncipes son así, no suelen acordarse de ios consejos más que cuando ya no los han menester.

Aprovechando los nuevos disturbios que ocasionaba ¡a guerra con Portugal, D. Pedro se apoderó .de ía ciudad de Tuy, poniendo en ella guarnición y reuniendo en torno suyo cuanto Galicia poseía de notable. D. Alonso le prestó dos mil peones y seser.:a lanzas, y cuando el armamento de que disponía era insuficiente, llamaba en su ayuda uno de los mil ardides que acostumbraba para salir de aouros, no exis­tiendo para él dificulta! que no venciese.

De la forma que tenía para procurarse lo ne­cesario, da idea un fragmento de crónica en­contrado en e¡ Archivo de la casa: -la causa por donde su lebantó fue que ha venido portar á la ria de Sigo cierca -i: su casa una ñaue de unos

 

Germanos que traillan ciento y ochenta mosquetes ó arcabuces y el pidió se ¿os vendiesen y e¿¿os no quisieron y usó de un disfraz para hurtárselos que es el siguiente: Mandó en ¿a playa de Bigo hacer unas fiestas en que con dantas de espadas desnudas y curriendo P::::s salieron los Gemía­nos a ver la dicha fiesta ■; después que fueron e?i . tierra todos con barcos que tenia disilada mandó con capitán suyo que llamaban Pedro Veloso na­tural de Bayona y cogió las dichas anuas y con ellas hizo grandes locuras- |’i).

Lo que el autor de esta crónica llama bené­volamente locuras fué cosa ligera. En menos de dos años se apoderó de la plaza fuerte de Bayona, que pertenecía á ia corona de Casti­lla, con el monte del Buey (hoy Monte Real). Al Arzobispo le tomó Pontevedra, Padrón, Re- dondela, Vigo y Caldos, amén de numerosos palacios y castillos que sería ocioso nombrar.

Tomó !a fortaleza de Sabroso á García Sar­miento, enemigo declarado de su familia, y po­niendo buena guarnición en todas las villas que estaban en su poder, suponen algunos que se hizo llamar rey de Galicia, aunque no me pa­rece esto muy en armonía con la manera de ser de Madruga., que demostraba gran sensa­tez aun en aquellos actos que á nosotros pue­den parecemos desatinados, pero que estaban de acuerdo con 1a situación de anarquía en qite se hallaba el reino de Galicia.

Este estado de cosas decidió á los Reyes Católicos á mandar á la Coruña, plaza de que habían hecho merced al Conde de Venavente, una flota á las órdenes de D. Ladrón de Gue­vara. Ya por habilidad, ya por promesas, ya porque la situación era insostenible, muchos caballeros reconocieron á Femando é Isabel, abandonando á D. Pedro de Sotomayor con un número escaso de partidarios.

Entre los que se declararon por la Corona estaban muchos de aquellos á quien éste había ayudado á recobrar sus fortalezas, sostenién­dolos en todas sus contiendas: pero ya no ne­cesitaban de Jíadrugz, y el astro de los Reyes Católicos, la paz y prosperidad que prometía, la evolución que lentamente se operaba en los espíritus que preveían los nuevos horizontes de

el castillo de .mos

*ia civilización moderna, fue arrebatando á Don Pedro la adhesión de amigos y deudos; mas ninguna decepción le füé tan sensible y doloro- sa como la del Conde de Altamira, -Lope Sán­chez de – Hoscoso, su hermano de armas, á quien más de una vez salvó de la muerte y á quien ayudó siempre en todas.sus querellas.

Mucho debió sufrir D. Pedro} pero su espí­ritu varonil y aventurero triunfó de todas las debilidades humanas. Dos años mantuvo todas sus plazas fuertes, teniéndolas bien guarnecidas y suficientemente provistas de víveres. Por su paite, encerrado en Pontevedra, resistió los si­tios,, haciendo frecuentes salidas para abaste­cer la plaza y llevando consigo el terror y la desolación. Infinitas bajas causaban en el cam­po contrario estas incursiones, y dos veces tuvieron los sitiadores que levantar el cerco, sacando, según sus contemporáneos, –poca honra d¿ iodo cscoi. Entonces resolvieron des­hacerse, por traición, de enemigo tan irreduc­tible, pero sus ardides eran la infancia del arte comparados con los que D. Pedro conocía; así es que no consiguieron ni asesinarle ni menos apoderarse de su persona.

 

capítulo ui                                                                         57

Los caballeros adictos á los Reyes Católicos, si bien no seguían ya la bandera de D. Pedro, no eran tan maleables como suponían el con­de de Yenavente y D. Ladrón de Guevara; así es que en los períodos de tregua estaban en in­teligencia con Jfadruga; esto íué !o que le per­dió, pues yendo á visitar á Lope Sánchez de Moscoso fué preso por el conde de Yenavente, que “O admitió ni los rehenes ni el dinero que ofreció por su rescate.

En poco estavo que e! conde de Aítamira y el de Andrn’ÍJ no pagasen también con su liber­tad las gestiones que hicieron para reparar tal suceso; pues aunque militaban en distintos par­tidos, no se olvidan tan presto !os socorros que mutuamente se habían prestado ni la amistad que los uniera en los albores de la vida.

No obstante los temores de Yenavente’ que previniendo una traición que libertara á Aía- druga se concertó con sus mortales enemi­gos para trasladarlo á Orense, nadie, fuera del de Aítamira, intentó facilitar su fuga, pues ni los propios deudos de D. Pedro quisieron ayudarle.

s-En z-crdad, dice Vasco de Aponte, en ver­dad lo juro, que si el cond¿ de Camina estuviera, suelto y viera ir preso d cualquiera de los seño­res que habiu en Galicia por la tierra que lo lle­garon d ¿1 preso, que lo librare y tomara aunque el conde de Venavmte lo llevara con dos tanto de gente.:>

Un amigo muy leal y muy poderoso que­daba, sin embargo, al Conde de Camiña. Era éste el Rey de Portugal, que teniendo en su poder á dos caballeros muy principales de Cas­tilla, ofreció su libertad á cambio de la de Don Pedro.

Después de un año de cautiverio salió éste de su prisión, hallando al Arzobispo dueño de Vigo y Pontevedra, á D. Ladrón de Guevara apoderado de Bayona, que había tomado por mar, y no contando por suyas más que las fortalezas de Salvatierra, Sotomayor y Forne- los. En una montaña frenes á Sotomayor ha­bía edificado D. Alonso de Fonseca un fuer­te que dominaba el Castillo (r), y dos torres

capítulo tir                           59

guardaban la entrada del puente de Sampa}’0.

Las represalias que ejerció D. Pedro fueron- terribles: el incendio y la devastación marca­ban las huellas de su paso, y ¡triste de aquel que caía entre sus manos!

Ora vencedor, ora oculto ó viviendo disfra­zado entre sus enemigos cuando éstos lo creían más distante, los senderos de la montaña, las asperezas de aquel quebrado suelo servían maravillosamente sus planes. Recobró varias plazas, y prendiendo á García Sarmiento puso nuevamente cerco á ia fortaleza de Sabroso, que jamás se rindió, originando esta singular resistencia de una plaza, cuyo señor padecía es­trecho cautiverio, innumerables fábulas y leyen­das (i). Interrogado por algunos sobre cuál

de las Nieves. La ermita está, rodeada por un espa­cio amurallado con dos puertas practicadas en el es­pesor del muro, que bien puede ser resto de las for­tificaciones que construyó el Arzobispo.

(i). Defendía el castillo, según Aponte, Lope de Avalle, cuñado de García Sarmiento, por su esposa Doña Catalina.

Eli Conde de Camiña extendió un repostero á las puertas de ía fortaleza; puso sobre él á García Sar­miento: c_-Veis d vuestro Solar?», les decía; ¡tst no me

 

era su objeto a! destruir tanca fortaleza y dejar sin amparo á mas de una noble familia, solía contestar con arrogancia: -E?i Galicia, con mi casa de Sotomayor queda bastardo fi).

Necesitando subsidios v haciendo ya largo

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tiempo que nada cobraba por la ciudad de Tuy, resolvió Madruga apoderarse de su pre­lado D. Diego de Muros, y aprovechando la coyuntura de haberse éste trasladado á Bayo­na por motivos de salud, lo hizo prender por su capitán Pedro ó Payo Veloso, el mismo que tan útil le había sido para desposeer á los ger­manos de su cargamento de mosquetes ó ar­cabuces.

dais la casa, cortarle he la cabezas. cA/r Fidalgos, exclamaba García Sarmiento, dade esa casa j no moriré>.

Esta operación se repitió varias veces, y el tozuelo detensor del castillo respondía siempre con fiereza: ¿Bien lo podéis matar, pero aquí no entraréis >.

Sin embargo, el Conde cíe Camina no llevó á cabo su amenaza.

Según Zurita, que relata también el cerco de So­braso, por esta época el Conde de Camiña disponía de 300 lanzas y 5.000 peones.

(ij González Zúniga: Historia de Pontevedra.

La indignación del Cabildo de Tuy se tra­duce- por un documento en e! cual dicho cabil­do acuerda -.que nunca ningún descendiente de Pavo Ve ¿oíd capitan del Conde de Camina pu­diese tener bienes cu la dicha iglesia, y sobre esto hicieron todos juramento presidido las manos sobre el pecho.:

Entretanto D. Pedro no soltaba al Obis­po, llevando!-.; en su retaguardia y tratándolo muy mal de palabra y de obra. Esta vida de fatigas v sobresaltos curó al buen D. Die’ro de

O                                                            -Jf

1a dolencia cae sin duda había engendrado la

w                                              o

vida sedentaria.

Los escasos amibos de Madruga no cesaban

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de aconsejarle que se deshiciese del Prelado (i), metiéndolo en aína mazmorra, ó que le res-

(I) Mis d-ramente se expresaba aún Suero Gó­mez, que dec.3. á Madruga: .’Señor Primo, haced de­dos una, ú tomad á este obispo y ponedle á ia Sen ó Iglesia de Tur tan honradamente como nunca truje- ron obispo y despedid de ‘.’tro serv icio quantos le prendieron ó tomadlo y echadlo en un pozo, porque los mortos non saben talar e este obispo es muy fal­sa besta.—1 asco de Aponte: Casa de Sotomayor, toÜo iSS vuelto.

tab’.eciese en su Sede con toda clase de hono­res, puss .se trataba de un personaje de mucho, influencia, cuya venganza podía contarle muy cara-.

Xo escuchó á nadie Madrtiga, y no ¿vitó d D. Diego de Muros, hasta que éste se resolvió á ceder pechándole algo. Setec: -ntos mil ma­ravedises costó al Obispo su rescate, lo cual ocasionó el dicho que se atribuye al Comen­dador Sal daña refiriéndose á la curación del Prelado, ~.qnc lo mismo daba haber pagado por ella, d Don Pedro de Soiomzyor que d un físico cualquiera. >

Habiendo los Reyes Católicos ordenado que se persiguiese á los malhechores que asolaban el reino de Galicia, D. Pecho hizo correr la voz de que él defendería á cuantos se acogie­sen á su persona ó tomaran su servicio. Pero como por lo visto no fué el único que los pro­tegió, abierta ó encubiertamente, enviaron los Reyes á D. Fernando de Acuña, nombrán­dole irrey y ordenándole que pacificase el reino, usando del mayor rigor para acabar de una vez con los desórdenes de aquel rincón de España.

 

La primera persona con quien tuvo que ha­bérselas e! “irrey fué con D. Alcr.30 de Fonse- ca (1) que, acostumbrado á tomarse la justicia por su mano, quiso impedirle que entrase en Santiago. D. Pedro, al ver el giro que adqui­rían las cosas, sobre todo desde la prisión del Obispo de Tuy, había mandado su mujer Doña Teresa á la corte, para que tratara de sincerarle cerca de los Reves y explicase las extravagancias de su conducta.

Muerto ei Conde de Lerrtos, que siempre ie había protegido, no quedando definitivamente por suyas mas fortalezas que Salvatierra. So- tomávor y Fornelos, sitiado en esta última cor

*       J                      1                                                  L

varios señores, entre los que se hallaban Lope

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de Avalle y su hermano, García Sarmiento y Lope de Montenegro todos encarnirudos

(ij Arzobispo de Santiago.

(A) En e! convento de Santo Domingo de Ponte­vedra hay m. ¿^pulcro con esta inscripción:

-•ACÓ ESTA SEPULT.VDO EL XOBLE CA- EALLERO TRIS FAX DE MOXTEXEGRO, HIJO DE ALVARO LOPEZ DE MOXTEXEGRO Y DE TERESA SAKCHEZ DE REIXO. MURIO DE L’XA E5PIXGARDADA CLAXDO SE TOMO

 

“r.emi”0.í íuyos, viendo el ejemplo de la suerte cabida al Mariscal Pedro Pardo de Cela frj, resolvió D. Pedro trasladarse en persona á Sa­lamanca, pues ¡as gestiones de Doña Teresa de Távora no habían dado el resultado ape­tecido.

Esta señora, considerando perdida la causa de su marido, pidió á los Reyes que dejaran disfrutar de los bienes de la casa á su hijo Don Alvaro: lo cual le fue concedido sin duda, por­que D. Alvaro, aún mozo, no había tomado parte en ¡as conspiraciones y revueltas que trastornaban á la nobleza yalle^a. salvando de

O     O 1

ese modo los estados de Sotomayor de una confiscación que parecía inevitable.

Requirió D, Alvaro á su padre para que ¡e diera posesión de las fortalezas, y D. Pe-

ESTA VILLA AL COXDE DE CAMENA DON PEDRO DE SOTOMAYOR, AXO DE 140*4. >

Esta inscripción, muy posterior á la muerte de D. Iristan, está equivocada por lo menos en la fe­cha, pues no s¿ tomó la villa de Pontevedra al con­de de Camiña hasta ei ano 14”.

(i) D. Pedro Pardo de Cela pagó en el cadalso en Surcos las turbulencias do su vida pasada.

di’o recibió á la gente de curia amenazándoles con romperles mi palo cu la cabeza fr).

Entonces D. Alvaro, siguiendo las secre­tas instrucciones de su madre, que veía a su marido perdido, y quería por lo menos salvar la legítima de sus hijos, usó de un ardid para penetrar disfrazado en la fortaleza de Soto- mayor, plaza que creía inexpugnable, y una vez en ella se dió d conocer á sus criados, des­cubriéndoles el gran favor recibido de los Reyes.

Obedecieron ¿síes, unos por su grado y otros á la fuerza, y encolerizado Madruga fue á pedir socorro al Conde de Altamira. Prome-

(.n E-0 SEÑOR CONDE RESPONDEL’ OUE- LLE DESEN COME RESPOSTA A CUAL LOGO 0 DITO SEÑOR CONDE DEL’ E DÍSSO OUE ELLE TÍÑA EM SEL PODER HA MANDA OLE A DÍTA DONA MAYOR PECERA E QUE NON LLA QUERÍA DAR E QUE SE TÍRASE OÍAN­TE DÉLLE SÍNON OLE LLE QUEBRARÍA UN PAL EM A CALEZA. ¡ProEesca que hace el Conde D. Alvaro, “‘.árido d.; Doña ír.L-s EnsÍTucz de Mon- roy, contra su padre Pedro Alvarez de Sotomayor, sobre que le dejase libres y se desaooderase de los bienes de la casa.) Archivo del Duque de la Roca: Casa <i¿ Sotomayor, legajo, I, núm. id.

 

tióle éste cuanto quino, pero recibió de !a cor­te orden de estarse quedo y de dejar que los acontecimientos siguieran el curso que habían tomado.

Antes de trasladarse á Salamanca, el Conde de Camina hizo un testamento (de fecha 10 de Enero de 14SS), en el cual deshereda á D. Alvaro y ~¿e mandil que se contente con cinco reales, por haber sido desebedicnte, haberse levan­tado contra él’ haberle lomado la fortaleza y casa de Sotomayor, ser cansa del desfallecimiento de sus estados, apocamiento de sil vida y causa de su 71 tuerte.’.

Los parientes que Madruga tenia en la Corte veían mal remedio á estos sucesos, y aunque el Duque de Alba habló en favor suyo á los Reyes, no pudo conseguir nada de ellos. Estas y otras causas motivaron que abatido por la adversidad, abandonado por aquellos á quienes tanto favoreciera, soportando mal des­denes, v no midiéndose resolver á humillar la cabeza para suplicar, él, qu2 acostumbraba á imponer sus voluntades manteniéndolas con la fuerza de las armas, anciano, achacoso y en­fermo, falleció D. Pedro Alvarez de Soto- mayor en el monasterio en que se hospedaba, lejos de su país natal, de aquellas montañas ¿e Gaiicia cuyas asperezas.se amoldaban mejor á la noble altivez de su carácter. Muchos han querido atribuir esta muerte á la justicia de los Reyes Católicos que, según algunos cronistas, le mandaron dar garrete en el propio monas­terio que le servia de asilo; pero no es admi­sible esta versión, pues no faltaban otros me­dios menos rastreros para deshacerse del Conde de Camina, y es más de suponer que el caudillo audaz, el águila salvaje, rotas las alas y cortadas las garras, no pudiera sobre­vivir al rb-or de su desgracia.

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aÉ CAPÍTULO IV

HW;

iC-‘/’ D. Alvaro II, Lo¡:d¿ d¿ Canana.—

~ |j Doña Inés Enriques de Mourcy.—Don ■/■i Pedro de Sotomayor.—García Sarmien­to.—Disensiones entre madre I hijo.— Pomelos. — El parricidio. — Sentencia dictada por el Licenciado Ronquillo.— Confiscación de bienes.—A mudamiento por D- Vasco de 0 cor es.—Los hijos de Madraza.—El Comendador.—Enlace de | zifí Doña liaría con Alonso B. de Qnirós.— ‘

I ¡í Creación d¿i -incalo.—-Máspleitos.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

gos, pues su propio hijo necesitó usar de un ardid para penetrar en ella cuando los Reyes Católicos se la otorgaron por singular merced, no fué testigo de ios tristísimos acontecimien­tos que se desarrollaron entre los sucesores del Conde de Camiña. Su hilo mayor, D, Al­varo, parecía perseguido por la fatalidad, y aunque Aponte le llama Jvfrére de gran enten­dimiento y virtz.no parece demostrar con los

 

principales hechos ■ !e su vida ni lo uno ni lo otro.

¡Maldecido y desheredado por su padre, amenazado de un pleito por s~ madre y her­manos, apoderado injustamente de la casa de Sotomayor, y viendo disminuir su caudal, que en tiempos de su tío y aun en medio de los disturbios que desasosegaron la vida de su pa­dre llegara á su apogeo, resolvió trasladarse á Portugal, para alcanzar del rey D. Juan II la misma protección que Alonso V dispensara al primer Conde de Camiña.

Hospedábase D. Alvaro en la capital de! reino lusitano, en casa de un antiguo servi­dor de su familia; el cual, ambicioso de ho­nores v deseando ganarse la buena volun-

<*                     O

tad del soberano, urdió contra ¿u huésped la. más negra trama, fingiendo una conspiración á cuya cabeza debía -aliarse el de Sotoma­yor, y que tuviera por objeto asesinar al Rey de Portugal. Obrando muv de libero, Don

O                                       J               o         »

Juan II man-” prender á D. Alvaro y ponerlo en el tormento, del cual salió medio tullido, no debiendo la vida mas que á la influencia de los numerosos deudos que poseía en el vecino rei-

 

no. Reclamado por la reina ísabei ae Castiíla, descubierta la infame conducta de su calum­niador, pasó á ‘/aliado i id, donde recabó de la Reina la autorización, verbal de usar el conda­do de Camina, que disfrutaba su difunto pa­dre. Su mala estrella le persiguió también en la corte de España, pues habiéndose suscitado en las calles de Valladolid una pendencia, de las que eran tan frecuentes en aquella época, pendencia á la que era completamente ajeno, recibió en ella una herida mortal, sin que se sepa quién lo mató, y no habiendo disfrutado de sus estados más que nueve años.

Quedó su viuda, Doña Inés Enríquez. con. varios hijos menores de edad, teniendo que hacer frente á las reclamaciones de su caña­do el Comendador, de quien más adelante nos ocuparemos. Casó al único varón con Doña Urraca de AIoscoso, y á la mayor de sus hijas, Doña Teresa, con Gutierre Bernaldo de Oui- rós ír). Las dos menores, Doña Ana y Doña

 

Francisca, fueron esposas de Lope de Monte­negro y de García Sarmiento. Al casar á sus hijas menores con dos enemigos mortales de la casa de Sotomuyor, atropellando todas las tradiciones de familia, conseguía por lo me­nos Doña Inés resolver el pleito que se sos­tenía con García Sarmíeruo sobre la fortaleza de Salvatierra. Pero la predilección cíe’ Doña Inés por su hija menor, la funesta influencia que sobre ella ejercía su yerno (G. Sarmien­to), el deseo de éste de aniquilar cuanto á la casa de Soiomayor se refería, debían acarrear grandes desgracias. Además Doña Inés no per­tenecía á esa clase de mujeres, bastante fre­cuentes en su época, que todo lo sacrificaban al esplendor de sus Estados y mayor gloria de! nombre de sus hijos. Avara y codiciosa, vien­do á C-arcia Sarmiento ya dueño de Salvatie­rra, reclamar los. Estados de Pomelos como garantía de un antiguo débito, Doña Inés pi­dió los de Sotomayor en pago de la: ‘ “ras es­tipuladas en sus capitulaciones matrimoniales. En esta forma quedaban dueños Doña Fran­cisca y García Sarmiento de todo el caudal de Sotomayor y hundida para siempre esta noble

 

familia. Indignados los demás yernos de las preferencias de que eran ohjeto Doña. Fran­cisca y su esposo, instigaron á D. Pedro para que no consintiera tales injusticias. Andaba ya por esta época el tal D. Pedro complicado en una cuestión de escrituras falsas, v sacó á re­lucir un testamento de la famosa Doña Mayor, fechado en Vigo (el mismo que después se de­claró apócrifo), que “ruñaba los anteriores, y por el cual los bienes de que disfrutaron su abuelo y su padre eran declarados de mayo­razgo. Nada importaba, por lo visto, á D. Pe­dro que sa tío el Comendador reclamara por otra parte estos bienes, y viendo que Doña Inés se negaba á entregarlos, hizo correr 1a voz’ de qur su madre quería envenenarlo, y des­pués de amotinar á los vasallos de Fornelos intentó cortar el paso á dicha señora, que ai ver el cariz de los acontecimientos había re­suelto trasladarse á Salvatierra ó Sotomayor. No se puede probar que D. Pedro estuviese presente ni que tomara parte en la lucha tra­bada entre los vasallos de Fornelos y los ser­vidores de Doña Inés, pero sí consta que en­tre los amotinados figuraba su escudero y un criado de toda su confianza. Se entabló una lucha reñidísima por ambas partes, en ia cual resultó herida la propia Doña Inés Enríquez; acogida á una choza, recostada en un misera­ble camastro, aún procuraba animar á los su­yos, pero fué muerta á puñaladas por los ser­vidores de su hijo

Entretanto D. Pedro, con gente armada, tomaba la fortaleza de Pomelos, apoderándose de cuanto en ella había, pasándolo todo á Por­tugal, donde se refugió. Esta es la versión de Vasco de Aponte y la más popular; pero la cierta debe ser !a mencionada en la sentencia que se dió contra D. Pedro, según la cual dos de sus criados, Juan Martínez y Pedro Froyte- ro, dieron muerte alevosa á la Condesa, con ciertas circunstancias que sería enojoso narrar.

Doña Francisca de Sotomayor, mujer de García Sarmiento, vengó la muerte de su ma­dre. anee el Uebre alcalde Ronquillo, Juez de Comisión dado por SS. M-.f. especialmente para este caso. Instado el correspondiente proceso criminal, consta que aquel alcalde, en r.° de Junio de 1513, pronunció sentencia

 

en rebeldía contra D. Pedro, en la cual, decla­rándole por reo de los delitos en ella expre­sados, le condena á r;.qu¿ pudicndo ser habida fuese arrasira-h y encubado, y después de vinería hecho quatro qttariús que se pusics&i c?i las quatro pierias fiiihlk&s de la ciudad, villa c logar don­de fuese pres mas, a la restitución de bienes ro­bados a s:¡ madre: y ulti’mámente, en la conñsca- ciorí de todas nzs tierras, fortalezas. vasallos, jh- risdiciones y otros bienes ie cualquier calidad que fuesen, como traidor y aícv-zs (i).

Si el parricidio de D. Pedro privó ásu ma­dre de la vida é hizo caer sobre la casa de So- tomayor un borrón que todas las glorias de tan ilustre familia no son bastantes á borrar, coar-

fl) A petición de ia Duquesa de Sotomayor se libro Real cédala de S. ¿vi. er>. 3 de Octubre de IJ/ó, para qua D. Manuel de Avala y Rosales, Archivero de la Real de Simancas, sacase copia í la letra de di­cha sentencia, y en su pin:”-amiento lo ejecutó. (Me­morial ajustado del pleito que pende en la Cnanci­llería de VoLadolid entre- D. Benito Fernando Co­rrea de Sotomayor, etc.. etc., Marqués de Moa, con Doña Ana Masones de Lima, etc., etc., Duquesa de Sotomayor, sobre la sucesión de la casa y fortaleza de Sotomavor con sus tierras.) tó por un lado las pretensiones, de García Sarmiento, acarreando por otro muchísimos males, pues de aquí nacieron porción de inci­dentes que embarazaron por muchos años el reintegro decretado en justicia. Todos estos sucesos eran mirados fríamente por el tercer hijo de J[adruga, el Comendador D. Diego, que, astuto y sagaz cual ninguno, proseguía su camino, sirviéndose y ayudándose de los mismos escollos que debían embarazar su plan.

En efecto, ya hemos dicho que los hijos y la viuda del primer Conde de Camina consi­deraban los bienes de la familia usurpados por D. Alvaro: ante el temv¿‘ de una con­fiscación (i), todos le ayudaron á apoderar­se de ellos, pero con la intención de habér­selas luego entre sí. En esta ocasión siguió el Comendador la misma línea de conducta. Hizo arrendar los bienes ai fisco por Vasco de Ozores, pariente y protegido suyo, que luego se los subarrendó á él mismo, evi­

 

tando de esa manera toda intervención ex­traña (i).

En seguida, deponiendo todo resentimien­to, unió sus ruegos á los de Doña Urraca de ¡VIoscoso, y haciendo valer cierto señalado ser­vicio prestado por él á la Corona obtuvo que por Real cédula expedida en 27 de Agosto de 1525 fuesen devueltos los bienes confisca­dos á la familia del parricida. En esta forma no tenía ya D. Diego que luchar con la Corona, sino con su familia misma, y despreciando los pleitos é incidentes de condnuo promovidos entre Doña Urraca y sus cuñadas y el testa­mento apócrifo de Doña Mayor, que ésta blan­día como argumento universal, se ocupó un casar á :a menor de las hijas de D. Pedro con e¡ hijo mayor de su sobrina preferida, Alon­so Bernaldo de Qüírós {-).

Tanto D. Die^’O como su hermano D. Fer-

So                                           el castillo de mos

‘nando, muerto sin sucesión, veían con sumo disgusto el caudal de Socomavor desmoronar-

O                                                         <*

se en manos de sus sobrinos. Estaba probado que éstos lo disfrutaban injustamente, pero, como ya he dicho, los hijos de Madruga no querían hacer valer sus pretensiones más que cuando el caudal, libre de confiscaciones, no tuviera que disputarse más que entre la fami­lia misma. D. Fernando murió á poco de fa­llecer el primer Conde de Camina, y en su testamento suplica á su hermano D. Diego que vele “por que esta Casa ?¡o se perdiese, e mi­rase mucho por aquellos sus sobrinos, que es (a era la mejor obra que les podía facera (i). .

Sus demás hermanos, D. Cristóbal y Don Alonso, Doña Constanza y Doña Mayor, re­nunciaron en él todos sus derechos, á fin de que los estados se tornasen uno é indivisible, y para que pudiera crear el vínculo; á cuyos bienes había que añadir aquellos que pertene­cían á Doña Teresa de Távora como pago de

 

su dote, arras y bienes parafernales [derechos, como se ve, bien anteriores á los que querían hacer valer Doña Inés Enriques y Doña Urra­ca de Moscoso), los cuales dejó como mejora á su hijo el Comendador. Este último los com­pletó con aquellos que había adquirido duran­te su vida, entre los cuales se hallaba el coto de Nos, que menciono, porque sobre él titula­ron los sucesores de Doña María y de Gutie­rre Bernaldo de Güiros. Hallándose, pues, el Comendador en la villa de Velaicázar, y ha­biendo casado, según su voluntad expresa, á la menor de las hijas de D. Pedro y de Doña Urraca, Doña María, con el hijo de la mayor de sus sobrinas Doña Teresa (i), hizo á la dicha Doña María una donación en -virtud de la cual se formó el vínculo de la casa de Sotomayor. En este documento, que es un modelo de mo­deración y justicia, y en el cual se retratan las hermosas cualidades que adornaban á D. Die­go, dice: “-Ov.c considerando la aniimedad de la dicha cassa de Saimnayor la cual solía tener mas renta y vasallos en tiempos antiguos y por

 

lutucr sido visites par tibias é diuisibles adre here­deros ha venido á disminución y por esta causa cada dia podría, venir d átenos é faltar la pose­sión de la dicha cassa é solar en la sucesión y le­gitimidad del linage de Sotomayor ¿ queriendo conservarla como soy obligado J por no tener ¡tifos legítimos en quien lo hacer por el mucho amor que yo tengo y ser la Señora Doña María de Soto- mayor mi sobrina, ¡tifa legitima y natural del señor D.. Pedro de Sotoníayor mi sobrino é de Dona Urraca de Mosco so su muger nieta de los dichos señores Per Alvarez etc. etc… Quiero y es mi voluntad de dejarla todo lo susodicho é por la presente en la mejor forma y manera que de dere­cho puedo y dé no siendo cierto del derecho y acción que tengo d la dicha cassa é solar ele Sotomayor c villas c fortalezas, tierras llanas feligre­sías etc. etc. hago donad en pitra perfecta é ykre- bocaele que es la dicha, entre vivos para aora é para siempre famas de todo ello d vos la dicha Señora Doña JA;ría de Sotomayor según A ■mi­me perí ene ce e putae Peri^necer por ¿os dichos títu­los y (i) por otros qualesquier vía é manera ate

 

pertenezcan y puedan pcricnccer a la dicha cassa de Sotomavor villas y lugares dclla de susodichos con sus cotos c jurisdicioti civil e criminal alta y vaja mero misto Imperio ¿presentaciones de bene­ficios juros é rentas pechos e derechas ¿ las otras cosas mavores e pertenecientes a los dichos bienes en el reino de Galicia asi en el Arzobispado de 7uv como cu el de Santiago de lo q:ial todo y de cada ‘una cosa ¿ parte ¿¿¿lo ¿ de lo d el anejo : perteneciente hago la dicha do nación d bos la di­cha Dona .1-furia de Sotomayor mi sobrina para que sea vuestro ¿ lo tengils é poseáis según lo tubo ¿posevó ¿ goco de lio mi padre vuestro bisabuelo é d mi me pertenece poseer é gocar por las dichas razones (1) ¿causas susodichasa (2).

En esta forma quería evitar el noble Co- ‘ mendador la dispersión de los bienes de su fa-

{[) La renuncia hecha por sus hermanos.

(2)        Donación de D- Diego de Sotomayor, Co­mendador de Almorchón y Cabeza de Buey, en favor de Doña María de Sotomayor, otorgada en 25 de Ju­nio de 1543. En virtud de esta donación se formó ei vínculo de la casa de Sotomayor. Velalcázar, 25 de junio de 1543- (Archivo del Duque de la Roca: Cusa- de Sütom.iyar, ¡e^- 2, núm. 4.)

1 ■ Í3 [1]                            1 t

 

milia. Al derecho que incontestablemente te­nía sobre ellos, hay que añadir el que habien­do efectuado ventas la curia para resarcirse de los gastos del proceso contra D. Pedro, los. bienes vendidos habían sido adquiridos por D. Diego (i), que velaba constantemente por ellos y que comprendía que por muchos que

(í) En 14 de Mayo de dicho año de 151S (ane­en que fueron confiscabas fos bienes) se líbrú Rtal cédula á D. Diego de Sotomayor para que el alcal­de Ronquillo, qu’e entendía en lo de la muerte de la Condesa, todos los bienes que hubiese de vender para sus salarios y costas, y otras cosas de D. Pedro, se las hiciere dar y entregar á dicho D. Diego, y no á otrq persoga algunn, dando éste por ellos primera­mente los maravedises que otras personas diesen por elíos en almoneda; represento D. Diego se temía que dicho Alcalde quería vender algunos bienes que fue­ron de dicho D. Pedro su sobrino, para la paga de sus salarios, gente que con ¿1 estaba, y de las costas que en la ejecución de ello se hubiesen de hacer y que él pretendía tener derecho & ios dichos bienes, y aun encaso que se hubiesen y pudiesen vender, como pariente más cercano de dicho D. Pedro, los podía sacar, pidiendo por merced que. ..ando él por los di­chos bienes que así vendiese ios precios que otras personas diesen por ellos en almoneda, mandase que recibiese de él ios dichos precios y se le hiciese en­trega de los dichos bienes. 1

 

fuesen sus derechos, siempre saldría perdien­do en la lucha contra ía justicia: En dos cosas se equivocó el Comendador: en la índole de! marido escogido para Doña María, y en creer que por ser la dsnatzría hija suya, no seguiría Doña Urraca sus absurdas reclamaciones. En efecto, los pleitos promovidos entre los her­manos y los hijos del parricida siguieron ade­lante, y D. Alonso ce Quirós, aterrado por e! fárrago de demandas y emplazamientos, fir­mó por sí, ó autorizando á su mujer, cuantas transacciones y renuncias le propusieron.

Trataba :a familia del parricida de probar que los bienes eran de Mayorazgo, desde ab initzo, sin considerar que en ese caso no hu­bieran podido ser confiscados ni embargados; alegaban que la Corona los había devuelto á su viuda é hijo, pero sin mencionar que SS. MM. tuvieron buen cuidado de prevenir <&que su real intención era no trasladar en los agraciados más dcrsc/sos que los que habían per­tenecido ú podido pertenecer á D. Pedro en los bienes confiscados.? Esta medida era tanto más prudente cízanco que la Corona no se había limitado á confiscar los bienes de Don

 

Pedro, sino todo cuanto á !a casa de Soto- mayor se refería, como lo prueba una carta del Papa León X, escrita en forma de breve y dirigida á ¡os oidores de la Audiencia de Ga- licia y al Licenciado Ronquillo, con motivo de haberse confiscado los bienes á D. Pedro de Sotomayor, clérigo del obispado de Tuy, residente en Roma (i).

No tenía D. Alonso de Ouirós derecho á firmar ninguna clase de renuncia, pues ade­más del carácter irrevocable de la donación, el documento mencionaba á su hijo mayor y sus sucesores, además de su esposa. Además, esta renuncia, en lo que perjudicaba á su es­posa é hijo, se hizo sin autorización de la Co­rona, causa que fue considerada suficiente para autorizar á D. Gabriel de Quirós y Soto- mayor á que apelara de ella aun en vida de sus padres, renuncia más que nula, por cuanto ni D. Alonso, ni su esposa, pudieron hacerla, pues ya se consideren las personas juntas, ya

(i) Archivo del Duque de la Roca: Casa. de So­tomayor, leg-. I, núm. 54. (Roma, 2S de Noviembre de ijlS.)

 

separadas, de cualquier modo tenían, que ser incapaces. La de Doña Marta, porque, como mujer casada, no podía firmar sin autorización de su marido, y la de D. Alonso, porque no la podía autorizar en su propio daño. Así, aun prescindiendo de^ la calidad del Mayorazgo, ya cierta, ya dudosa, sale por consecuencia necesaria qce ninguna de dichas personas pu­dieron transigir separadas ni juntas; resultan­do de la historia de este negocio que en ¿1 hubo lesión y fraude manifiestos.

No .cansaremos al lector con el relato de todos los documentos autorizados por D. Alon­so en que llama á su cuñada Doña Teresa (1) Señora del Mayorazgo de Sotomayor y Porfíelos; solo sí mencionaremos, por lo absurdo, que entre los efectos que se dicen dados y entre­gados á Doña liaría y su marido por precio de esta transacción, uno de ellos es el coto de Mas, el cual no podía disfrutar Doña Teresa sin haberlo usurpado; porque se sabe que e5 Comendador le había adquirido juntamente

(i) Hija mayor de Doña Urraca y D. Pedro de Mascoso. (V er el árbol genealógico.)

 

con otros y tomado posesión de él, en virtud de una transacción hecha con García Sar­miento, según consta por ejecutoria fechada en 1505.

¿Qué motivos tenía D. Alonso para favore­cer los planes de su cuñada? ¿Porqué su hijo, que se consideraba lesionado, como lo de­muestra apelando de estas renuncias, no hizo valer sus derechos: Esa es una incógnita que no he podido despejar, pues durante más de un siglo se dejó dormir este asunto, y no hay más documentos relativos al Castillo que aque­llos por los cuales tos Duques de Sotomayor, sucesores de Doña Teresa y D. Fernando de Andrade, manifestaban su dominio.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CAPÍTULO V

 

 

 

 

Los sucesores de Doña -María de Soto- mayor reclaman sus derechos a¿ •tinado creado por D. Diego.— Pleito entre el Marqués di Mos y la Duquesa -ie Soto- mayor.—Descripción del Casrdlo de So­tomayor hecha si siglo XVI.—El pozo de la Hora.—El Castillo en JJjj.—El Mar­qués de Mos toma posesión de la fortaleza. Restauración por el Marqués ¿¿ la Vega de Armifo y (le Mos.—Estado actual.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

debían los duques de Sotoma- >’or> sucescres de Doña Teresa, disfrutar siempre de los bienes que’ habían usurpado, pues muchos años des­pués de la tentativa hecha por D. Gabriel de Ouirós y Sotomayor, su descendiente que era á la sazón f r) D. Pelayo Antonio Correa Soto- mayor, Marqués de 3Tos, bisabuelo del actual, se presentó en ia Cnancillería de Yalladolid, no . instaurando aquel mismo proceso, dei que se-

(t) E4 Mayo de 1773.

 

g6                                           el castillo de mos

  • guramente no tenía noticia, sino poniendo á la Duquesa de Sotomayor una nueva deman­da, pidiendo que se le declarase por sucesor del mayorazgo instituido por el Comendador D. Diego.

Resucitaron con este motivo todas las anti­guas querellas, volviéndose á hablar en este nuevo proceso de Doña Mayor y Fernán Yá- ñez, de Madruga y del parricida. Surgieron infinidad de incidentes, y todas las pruebas presentadas por la Duquesa no condujeron más que á ratificar, el incontestable derecho que á dichos bienes tenía el Marqués de Mos.

De lo que sería este nuevo pleito da idea el encontrarse en los Archivos de ambas ca­sas, así como en la Biblioteca Nacional, un memorial impreso sobre dicho pleito que ocu­pa dos tontos.

Mientras duró el pleito los Duques de So­tomayor, aunque alejados de Galicia, no cesa­ron de velar por la conservación de la fortale­za. Continuamente, y además de los adminis­tradores y encargados que en Galicia tenían, se hacían dar cuenta del estado en que se hallaba, hacían proyectos para su restauración y á veces enviaban encargados especiales que les informaban de lo que allí acontecía. Así se halla un documento, del cual ya me he ocu­pado en el capítulo que dedico á Pedro J/a- druga, que por su carácter de letra debe per­tenecer al siglo xvi ó xvrr, si bien, como cita á Aponte y á Argote de Molina, es seguro que no es anterior á 1600. Por otra parte, en este documento, hablando de Pedro Madruga, dice: –cu esta casa de Soioviayor vino á suceder hovera cosa de denlo y ochenta años un ia¿ Pe­dro ibes de SühmaytyrComo Madruga fué de­clarado sucesor legítimo reinando Enrique IV en Castilla en el año 146S, esto prueba que no andaba yo desacertada en la fecha que le adjudicaba al tal escrito, interesantísimo para mí, pues que describe el Castillo en una forma casi semejante al estado en que actualmente se halla. Como desde esa fecha se encuentran muchos proyectos de obras, pero no consta que ninguna se llevara á cabo, como no fuera la contención dei ángulo Sur-Oeste de la To- ire del Homenaje, que amenazaba ruina, cuya reparación se efectuó siendo administrador de los Duques, Méndez Núñez, padre del célebre

gs                                             el castillo de mos

marino honra de Galicia,.vuelvo á’insistir so­bre *a importancia de esta reseña, que purga­da del empachoso y ampuloso exordio propio de la época, dice en esta forma:

»La casa de Sotomayor, el solar principa! cdella está en el obispado de Tui cita un:- * • ■:fleguesia aquc llaman San Saluador de Sotomayor. >

cDicen los muradorc-s de dicha fleguesia ■>que allí se empegaua antigamente la dicha :>casa y que esto lo han ohido siempre á sus

»padres .y abuelos…………………………..

:>…………………………………………………………………………………………………………………………………..

■>…….. Son dos torres de escadria de treze

;>palmos de ancho las paredes de grandissima ;>altura y de una á otra se camina y anda por »otra muralla de la misma anchura de los tre- ■>ze palmos luego la cierca una muralla de Ja :> misma grossura dexando en medio una plassa ~’de armas grande en rjjue cabe mucha «ente

O                                    i                                                         o

lluego la torna a cercar otra muralla de la misma anchura !a qual no dexa plassa mas ■¿que cosa de veynte palmos en basio por don-

 

>de camina la gente. Este fundamento es el s verdadero solar hayera cosa de quinientos saños vino á suceder esta casa un cauallero >que se llamo Alvaro Paya de Sotomayor este ,>hizo otra muralla por fuera,desta con su ca­á-rea y mudó, la Portada de la dicha fortaleza r.-y p.ara entrar en ella se entra por un puente esto lo desda;Fernán Aues de Sotomayor Se- 3ñor de la misma casa que la hauia anssí ohido -.a sus padres y abuelos ja dicha fortaleza no »tiene fuente dentro mas tiene unos escalones i viejos por donde antigamente se iua baxando ipor ellos y sacaban la agua, y salian fuera ->a ver lo que pasa.ua esto se está oy viendo.»

La descripción no puede ser más clara. Cita los dos recintos y la puerta tapiada que .existe en la muralla interior, y que es indudable­mente :a que daba ingreso á la plaza y fué tapiada al hacerse la entrada del recinto exte­rior y el pucite levadizo, que son muy poste­riores. Como esta puerta, cuyo, arco .se ve cla­ramente á pesar de los sillares con que la han rellenado, está en la parte más tosca de la muralla y viene á quedar enfrente de la en­trada del castillo, no cabe duda de que era la

 

•puerta principal cuando no había más que un recinto, y me ratifica en ío que he sostenido siempre, que la fortaleza se ha ido constru­yendo por trozos á medida de que los tiem­pos iban siendo mejores y también necesita­ban perfeccionarse las fortificaciones. Esta mu­ralla interior es. ó mucho me equivoco, con­temporánea de la Torre del Homenaje, cuyo estilo románico parece pertenecer á época muy’remota, puesto que las construcciones gó­ticas no son anteriores á los siglos xii y xiri. Debió, pues, construirse reinando D. Alfonso el Emperador, y en los orígenes de la casa de Sotomayor, allá por el siglo xr.

Los escalones viejos por donde se bajaba á sacar el agua es lo que hoy llaman el Pozo de la Mora. Es un pozo que se halla entre las murallas, en la Plaza de Armas, y se baja á él por una escalera tallada en la roca misma, que se compone de un tramo recto que des­pués da vuelta á la caña de! pozo, en la cual están abiertas dos ó tres ventanas que permi­ten ver lo bien construido que está, revestido de sillares de granito. Termina la tal escalera en^un espacio de un metro de ancho por me­tro v medio de largo, á nivel del agua, bien abovedado y no presentando más particulari­dad que. una abertura en terina de arco y un escalón que levanta un palmo sobre el nivel del agua. Imposible averiguar el objeto de la tal bajada. El escriio á que me refiero supone que por estos escalones viejos, además de ba­jar á sacar agua, salían afuera á ver ¿o que pa­saba fsin duda en zieiv.jo de sitloj., y esto mis­mo suponía yo; pero no hay el menor vesti­gio de puerta ni de salida alguna. Las pare­des son roca ó sendos sillares de granito; ni una señal, ni una desigualdad; nada, absolu­tamente nada. En cuanto á la leyenda que

corría ñor la aldea cuando se restauró el cas- i

tillo, es sencillamente absurda, pues suponía que en el pozo se hallaba una mora encanta­da guardando un tesoro, y para impedir que saliera de su prisión á consumar toda clase de maleficios y conjuros, la habían rellenado cui­dadosamente de piedras, e;u3 fué preciso ex­traer para limpiar el nozo, que se conserva como curiosidad y por el especial cuidado con que se ha hecho la restauración, pues aun­que su agua es excelente sobran en el parque manantiales, y sobre todo se ha traído por medio de cañerías el agua hasta el interior del castillo.

También existe otro documento, que inclu­yo íntegro, pues trata soto del castillo y sus dependencias; las construcciones que rodean la plaza de los Castaños, y que son hoy día cocheras, teatro, pabellón para huéspedes, se han edificado, aprovechando los cimientos de las que aquí se describen. Se conoce que des­confiando la casa de Sjfámayor de su apode­rado envió á una persona de su confianza para hacer investigaciones, y es curioso ver cómo se las compuso para no inspirar sospechas. El documento en cuestión no está fechado, pero en !a carpeta que lo cubre en el Archivo de la casa de Sotomayor hay una nota en ¡a cual presumen que fuese escrito en 1733, sin duda por saberse en la casa que en esa fecha ■se mandó investigar eí estado de dicha admi­nistración.

El escrito, que reproduzco íntegro, dice así:

 

Informe w breve kesumen* SíestíSbico de r.. Casa ce Sotomayor con sus eíejitenenclvsí No consta quién le DIÚ NI CON QUit FECHA, AUNQUE ES DE PRESUMIR

nuE lo ta’ESE em 1/35- Es impostante esta reseSa-

jfTESUS ivIar’a Joseph.

«Para verdadera insr eccicn del informe que Vuestra Reverencia me ha pedido, me fué preciso tomar algún -tiempo para poder con más seguridad formarle y dar razón individual de lo que se me pregirnta, valiéndome de va­rias personas y pretextos para disfrazar mi designio, el que lué adelantando con alguna lentitud para evitar conjeturas á la curiosidad; de todo saque en Hmco lo siguiente:

A                                                               ¿                                                  o

Lo primero me parece ociosidad hablar de la Casa y Estirpe de sn Excelencia quando es tan pública su Nobleza, como admirada su an­tigüedad. La grandeza en que oy se mantie­ne fue ganada y defendida en justicia por el Excelentísimo Señor Don Fernando Yañez de Sotomayor primer Duque. Está esta Patro-

 

ntmica y Casa Solar, en la Villa de Sotoma- yor a donde llega un Brazo de -Jir de la Ría de Yigo.

Fué su antigua formación de Fortaleza, y – Castillo, con Muralla, fosso, y antemuralla, que existen de bastante grueso, y altura, y en ella se mantienen oy seis piezas de Bronzc. que se asegura ser las primeras que se han visto en este Reyno, y lo que era entonces obra inte­rior del Cantillo, está reducido á Casa muy abitable y equipada de lo necesario en dispo­sición moderna y capaz de mucha familia.

Tiene á la salida una espaciosa Plaza con Casería alrededor que sirue para el seruicio de ella, y de la Caualleriza, que también se pueden acomodar en ella, einquenta Cavallos. Tiene en este mismo sirio su Capiüa con la advocación de San Antonio de Padua, bien fa­bricada y adornada, en que se celebra Missa diaria, por Capellan que pone Su Excelencia.

Inmediato esrá la Huerta de buen terreno, y tamaño, donde ay mucha abundancia de di­versas frutas, Naranjas de China, dulze y agria Limón y Hortaliza, con dos fuentes perennes de buena Arquitectura, y e; Agua de una no-

table virtud experimentada para el mal de piedra.

Tiene á un lado á vista de la Casa, un Bos­que muy bien poblado, donde se cria mucha caza de Conejos y Perdizes, y á otra parte una Pradería que abunda de Berde la Caua- lienza».

Ganado e! pleico por D. Benito Correa So- tomavor, Harones de Mjs, arrancó éste el escu-

-r 7                                                    Jt                                                                        i

do de los Buques, que se hallaba s*.b;’e el arco que da ingreso a la fortaleza en el primer re­cinto, hov entrada principal, á la que defiende el puente levadizo, sustituyéndolo por un escu­do de armas maravillosamente labrado en pie­dra de sillería,’idéntico al que. se ve en la facha­da de! Palacio de Santa Eulalia de Mos. Cuya labor , por su primor y estilo, correspondien­tes al siglo xvin, contrasta con los toscos si­llares de granito en que se halla enclavado..

El Castillo se hallaba, pues, en un estado semejante al de las descripciones que prece­den y sin que los Marqueses de Mos hicieren en él más obra que cambiar eí escudo, como queda dicho, y arrendarlo por la módica suma de quinientos reales, para servir de escuela

‘ ele niños y niñas. El encontrarse alejado de todo camino real lo preservó de los destrozos cometidos por los invasores durante la guerra de la Independencia, y el modesto dómine que habitaba tan señorial mansión evitó, cam- ‘ biando una viga ó tapando una gotera, que se consumare la ruina total del edificio.

Esto en cuanto al. Palacio se refiere, pues las fortificaciones se hallaban, y se hallan aún hoy día, en condiciones de desafiar la acción demoledora de los siidos.

O

En iS/O, buscando los Marqueses de la Vega de Armijo y de Moa un lugar en que po­der fijar su residencia de verano, visitaron el Castillo de Sotomayor. Verlo y decidirse á restaurarlo fué todo uno, sin que les arredrara la necesidad de hacer caminos, lo gigantesco de la obra emprendida, la creación de los jar­dines que han sustituido á los campos de maíz, ia construcción de cañerías, conductos de agua, etcétera, etc,, y sin que interviniera en la obra ningún arquitecto que a! querer perfeccionar la restauración pudiera, con inhábiles reformas, destruir el sello de antigüedad y de grandeza anejo á la tosquedad de algunas construcciones.

 

Trazado con brevedad incomparable el pri- nicr camino de ceche que ha conducido á Sotomayor y que empalmaba á ¡os tres kiló­metros del recorrido con la carretera de Viso, al año de empezar la restauración se pudo -ya habitar en el Castillo.

Una de laa obras más importantes que hubo que hacer íué la restauración de ¡a Torre del Homenaje; ésta se hallaba en buen estado, pero cubierta de hiedra y desmantelada. Se suponía entonces, de acuerdo con algunas tradiciones, que cuando la rebelión de rfruga, los Reyes Católicos le impusieron como castigo el rebajar diez hileras de piedras de su Torre de! Homenaje, y que negándose á efectuarlo el Conde de Camina, las tropas rea­les penetraron en la fortaleza y desmantelaron la torre. Pero no es admisible esta versión, pues está demostrado que jamás se pudo to­mar esta plaza al Conde de Caniiña, que la usurpó traidora y arteramente su hijo D. Alva­ro, y siendo éste adicto á Fernando é Isabel era inútil imponerle tal humillación; así es que nos atendremos a lo que parece más lógico, y es que éste fuera uno de los castigos im-.

puestos al parricida y que se llevó á cabo durante el corto tiempo en que los bienes confiscados se hallaron en poder de la Justicia. Al volver á levantar las hileras de piedras (para lo cual se emplearon los mismos materiales que aí derruirse habían caído en ia parte inte­rior) se prescindió del espesor del muro, que en el resto de la torre es de unos tres metros y medio, y dejando el espesor natural se cons­truyeron habitaciones que hoy sirven de vi­vienda. El centro de la torre io ocupa la sala de armas, situada sobre e! almacén de víve­res y e! calabozo. Es:>j último, bien abovedado, no tenía más entrada que una abertura circu­lar, por donde desde la sala de armas se arrojaban los prisioneros, ni más ventilación que una estrecha ventana atravesada por grue­sas barras de hierro. Al quitar los escombros apareció esta abertura, y calculando que el calabozo debía de estar al lado del almacén de víveres, se abrió en el muro una puerteci- 11a, por la cual se puede entrar á visitarlo.

La Torre del Homenaje no tenía puerta alguna en su parte exterior, y se penetraba en ella por un puente levadizo que la ponía en

 

comunicación con eí palacio ó vivienda, cu­yos estribos se ven aún sobre ia puerta de entrada.

Hoy día, el viajero que visita el Castillo deja el ferrocarril en !a estación de Arcade, a orillas de la ría de Vígo, emprende su camino por la carretera que conduce á Puente Arcas por Sotomayor (1), y dejando á su derecha la montaña de Peneda con la blanca ermita que ha sustituido al áierte de Castrícán, y á su izquierda al río l erdugo, de cristalinas aguas, descubre el precioso panorama que ofrece eí valle de Sotomayor. A media ladera, en el fondo del valle á que domina, ennegre­cido por los siglos, rodeado de seculares cas­taños, álzase el Castillo de Mos. Si se halla en él su dueño, se ve ¡remolar en la torre la ban­dera jaquelada de amarillo y rojo, con la taja negra que ha dado lugar á la leyenda. A los cinco kilómetros de marcha se abandona la carretera y se entra en la verja que da in-

(l) Esta carretera está aún en construcción en su segunda parte, y pondrá í Sos habitantes de aque­llos valles en contacta con las aguas de MondarLz.

 

•greso al bosque, poblado en este lugar por hermosos eucaliptus. Al terminar la subida, el camino bifurca con la -antigua carretera, cons­truida cuando se restauró la fortaleza, que ve­nía por el Viso faldeando los montes del Es- pinho y atravesando en más de un kilómetro los pinares que son hoy día bosque del Castillo.

Ambos caminos terminan en una hermosa plaza rodeada de plátanos, donde se halla una segunda verja, dos pabellones de construcción moderna, pasando los cuales la avenida, bor­deada por gigantescas plantas de hortensias azules que crecen á la sombra de los ya-men­cionados castaños, famosos en toda Galicia per su antigüedad, describe una elegante cur­va que conduce á una rampa empedrada, con pretiles á derecha é izquierda. Esta rampa está separada de la puerta del primer recinto por el puente levadizo, pendiente de gruesas cade­nas de hierro. Franqueada la puerta, sobre la cual se halla el escudo de los Marqueses de Mos, un espacio triangular, la Torre del Ho­menaje, una segunda muralla, la plaza de ar­mas y la entrada del Castillo que defiende un torreón con su matacán. Esta puerta da ingre-

so al palacio ó vivienda. A la derecha lo que debió de ser Cuerpo de guardia; al frente la . escalera; en el primer descanso la Capilla.

Las puertas de !a Capilla son de nogal; mag­níficas tallas que representan á San Pedro y San Pablo. La Capilla es gótica; tiene su coro y su tribuna. En el altar mayor un lienzo de Plasencia, copia de un San Antonio de Muri- Ilo; á la derecha de! altar mayor una lápida dedicada á la memoria del Comendador de Almorchón y Cabeza de Buey; debajo de la Capilla la cripta. [Allí descansa, en el seno de la obra á cuya restauración había coope- ‘ rado con tanto ahinco, la última Marquesa de Mos!

En el piso superior del Palacio un recibi­miento y el salón; cuando el Castillo estaba arrendado para escuela, este aposento, dividi­do por tabiques de madera, servia de vivien­da á los maestros, y su chimenea de granito sema de hogar y de cocina; sin embargo, el estar habitado evitó la ruina deí artesanado; hoy día es la habitación que con la sala de armas tiene más carácter;, las demás, que se hallaban en un estado deplorable, ha sido pre­

 

ciso amoldarlas á las necesidades de la vida moderna. Lo que hoy es sala de billar- era la escuela; esta sala tenía por piso la roca misma sobre la que está cimentado el castillo, en la cual descansa hoy el pavimento de madera. La galería de arcos ojivales que ¡a rodea se hallaba muy maltrecha, con algunas columnas sustituidas por estacas; todo ello pintado de rojo y preparado para colocar cristales; fué preciso picarlo y reemplazar las estacas con nuevas columnas de piedra.

La muralla que rodea la plaza de armas es más antigua que el .recinto exterior; tiene dos metros de ancho v su altura varía, se^ún los

–                                     •      O

desniveles del terreno; para subir á ella hay dos escaleras sin pasamanos; empieza en la Torre del Homenaje y termina en la parte Sur Oeste del castillo, en la cual las rocas forman una defensa natural, superior á ningún ba­luarte. En esta muralla se hallan tres (r) pie-

(!) Había seis cañones, pero dos se fundieron en tiempo del penúltimo Marqués de Y.os, para hacer una campana, y otru fué regalado por el mismo al Mu­seo de Artillería.

 

zas de bronco contemporáneas del Conde de Camina que, como es sabido, tiene ¡a fama de haber introducido en Galicia el uso de las armas de luego (r):

El recinto exterior tiene, además del puente levadizo de que queda hecha mención, otra entrada defendida por una torre hoy día des­tinada á biblioteca.

El parque que rodea á la fortaleza es mag­nífico; allí se da iodo: e! cedro del Líbano crece al ¡ado del eucaliptus; el abeto de! Norte junto á la palmera y el naranjo. Las plantas de camelia son árboles en vez de arbustos, y los magnolias alcanzan la misma altura que las coniferas. Eí césped alfombra el suelo como en los paisaje.s ingleses y las rosas tienen el fra­gor de los climas meridionales.

En el parque hay dos manantiales: uno, que alimenta un estanque; otro, al que se atri­buyen virtudes medicinales y que surge de una fuente, que copia en su remate las al­menas de la fortaleza: En la plaza de los

(i) López Ferreiro: Galicia en el último Urdo del siglo XÍr.


castaños está el teatro, el pabellón para hues­pedes, más allá las cocheras y demás depen­dencias.

En el pinar una ermita, dedicada á San Ca­yetano, congrega el día 7 de Agosto á todos los fieles de los contornos á su romería anua!, y la fama-de Ls milagros del Santo se extien­de por toda la comarca.

El Castillo es hoy día muy visitado por todos los viajeros que frecuentan la provincia más pintoresca de España. El Rey D. Alfonso XH lo honró tres veces con su presencia, siendo acompañado las dos últimas por la Reina Doña María Cristina; la exquisita afabilidad del Mo­narca le sugería mil elogios y alabanzas dedi­cados á encomiar la grandiosa fortaleza y el frondoso parque que la rodea. Los eucaliptus llamaban sobre todo su atención, pues según sus textuales palabraspa.rccia.71 tpicrcr ag-rcrcar las nubes.

Mucho más se podría decir sobre el Castillo; sus bellezas merecían otra pluma para descri­birlas, y sobre todo pira hacerlo de una mane­ra adecuada, me faltaba haber nacido en otra época. Admiro como artista la mole granítica

 

que se destaca sobre los castaños, adornada con guirnaldas de hiedra; como gallega, pro­feso sin igual cariño por el rincón en que he nacido; he procurado desentrañar concienzu­damente la historia de la fortaleza y de sus señores de la penumbra del olvido, pero no he sabido adornarla; me .falta la fantasía.

En los albores del siglo xx, con las distan­cias suprimidas ó acortadas por ferrocarriles y automóviles; con el teléfono, el fonógrafo, el telégrafo sin hilos y ia luz eléctrica; ro­deados del confort de que se disfruta hasta en las posiciones más modestas; aspirando al progreso en la ciencia y en la civiliza­ción; no concibiendo la guerra más que para imponer la civilización misma, ¡no podemos comprender la sublime epopeya de la Edad Media!

Aquellos cerebros exaltados hasta ei más sublime misticismo que retratan en los esbel­tos arcos góticos de sus catedrales, que pare­cen querer elevarse hasta el cielo en una ple­garia, mientras que sus viviendas, toscas y soberbias, semejan guaridas de lobos ó nido;, de águilas; porque el caballero de la Edad

 

‘Media es ante todo un ave de rapiña, mezcla del condotticri y de! bandido, feroz, bárbaro, ingenuo, exaltado y místico; extremoso en todo, en la virtud y en el vicio; defendiendo con el mismo ahinco !a santa causa de su reli­gión y [asmas injustas querellas. ¡Producto de la Europa feudal del período que, cual larga pesadilla intelectual, constituye la Edad Media! Naturalezas infantiles, dice Taine, que Ioi mis­mo lloran y ríen, que se abrazan ó se destro­zan; incomprensibles para nuestros cerebros modernos, pues el que ha querido ponerse á su dianasón ha desentonado, produciendo la

X                                                                                                                                                     / JL

serie de novelas caballerescas que marcaron la decadencia del romanticismo. Nuestra na­turaleza necesita exaltarse para comprender­los; y si á veces contemplando la gigantesca sombra del Castillo, sus baluartes, sus torres y sus troneras, los delicados arcos de la gale­ría tenuemente iluminados por la luna, hemos evocado en fantástico tropel, damas y caballe­ros, trovadores y doncellas, con su legendario acompañamiento de grifos y endriagos, gigan­tes y gnomos, semejantes á los que concibie­ron y veían con su febril imaginación nuestros

antepasados; si seducidos por el mágico en­canto que se desprende de su leyenda dorada hemos intentado describirlo–, nos detuvo, lan­za en ristre, la descarnada figura del Hidalgo de la Mancha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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A LOS PRELIMINARES

Ce.icripcion del Rey no de Galicia, y de las cijas notables del con las armas j Blafones de las Liuages de Galicia, de donde proceden fe Haladas cafas cu Capilla.

Dirigido al Mui Ifafire Ceñir jlarifcluil de Xatiarra. Compuesta por el Licenciado Molina, natural de Málaga.

Ij!j o.

Con privilegio Real.

DE LAS FORTALEZAS

Las ¡oríalejas, queriendo contnllas,

Xa puede hacerte con facilidad.

Ay muchas, y fuertes y de antigüedad.

Y ouiera. caftillos de buenas murallas, También otras torres con tus antiguallas.

Mas muchos de aqueftos, en tiempos pallados, Han fido por junta de gente afielados,

Por mas que cim’les y viles bataUas.

 

[22                                       el’ castillo de mos

• Ay en efte Reyno muy famosas fortalezas, y de- gentiles tucrgas, y edificios, y ouiera muchas mas, fi a manos no ouicran fido dcrriuadas y las que alean- ge .í faber, que eftan en pié, parné aquí por fu abe­cedario por quitar prioridad:

H

L

Aitamíra.

Lantaaor.

Ribadauia.
Lobera. Ribades.
Amlrade. Lugo. Rodero.

3

ÍI

S

Earriem. Mexia. Saluatierra.
Do! i o.. Mtíus. Sacde.
3jron.

Mceche.

Santa Marta.

G

MilmarH

Sarria.
Caitrofioro.

Mon:’.ine.

Sobro!©.
Ca::romonte. llontercy. Sotomayor.
C>!:r<) de Rey.

M

Caftrouerde.

T

C.i! ‘ ’ Ñrtrio. Teuia.
Cir:.. ■ líauia. Torres.
Corcubion, Nobais.
C-.-ruña.

Y

Cxirce.

P

Vatdiorres.
Chantada. Pambre. Vayona.
Parga. Viana.

P

Peñarlor.

Villanueva de los.

Forceas. Poroja. Infantes.

G

Pórtela en Lirr.ia. V:”.alua.
Grouas.Grouc. Pucte¿ Denme.

 

 

Otras muchas cafas y torres fuertes au¡a, que dexo de poner por feguír mi brcuedad, puefto 4 feré reprehendido de los dueños, por ao hazcr ra en­rió dellas; pero por no fer tá culpado, quiero toda­vía cofelfar, que queda por oluido.

 

AL CAPÍTULO I

DE LOS SA-U’EDRAS V SOTOMAYORE3.

Veremos dos cafas que están ermanadas,

Que sen Saavedra con Sotomayor;

Ouei uno, al infante del Reyno el menor,

Por grande desastre dio fin a fus hadas, ilas luego fus culpas le son perdonadas,

Por hecho animo ib, y en partes nftuto:

Por donde sus “andas se tornan en luto, Quedando al ermano las otras doradas.

Esios dos linages vienen’ en Galicia de dos herma­nos, los quales riman con un Rey defte Rey no: al uno deftos le acaefció una gran desgracia: que ci­tando un día en una huerta holgando en cotas de placer, con un Infame hijo de fu Rey. atrauesó efte Infante, oor donde uno deftos dos hermanos citaba tirando, y acertandoie, mató luego allí al fu Infante; de lo qual, fmtiendo mas la muerte, el viuo fe va para el Rey, y tomando de la punta una efparía fe hinca, de rodillas ante ei Rey, y poniendofela en la mano le dixo el gran defafire T-o ie era acaefcido, fin. tener en ello intención, y que p,jes él era el ma­tador, que le fuplicaua que con aquella efpada le cortaffc la cabega, pues auia muerto a su Señor. El Rey, tomando aquel hecho como fabio, y ef’tando fatisfecho que en aquel Caual’ero no auia de auer ánimo ni intención para matar al Infante, ío perdo­nó, y ansi de oy en adelante fe llamó Sotomayor: por aquel foto de efto acaeció, üamandofe Saavedra, como’el otro hermano. Tratan eftos dos hermanos por armas ciertas vanderas doradas, y agora los que vienen de aquel Sotomayor !as traen negras por aquel cierto calo de défdicha.

(Descripción del reina di Galicia, etc., por el Lic. Moli­na. 1.550.)

 

AL CAPÍTULO IV

En esta noía-se dice que la Duquesa de Sotoma­yor presentó en el pleito la Sentencia del Licenciado Ronquillo contra D. Veciro el Parricida. Dicha sen­tencia fué sacada del Archivo de Simancas y la fa­cilitó su Arcniverc D. Manuel Avala y Rodales, sien­do previamente legalizada. Xo cabe, pues, duda al­guna en cuanto á su autenticidad se refiere.

Deseando, por la escrupulosidad observada res­pecto á todos los documentos mencionados en esta reseña, procurarme r.-ieva copia dei documento ex­presado, hube de pedido á Simancas, de donde mti enviaron ur.a Ejecutoria contra un D. Pedro de So­tomayor, cuya fecha no coincidía con la que men­cionaba en esta obra, como su contenido no tenía tampoco relación alguna con el asunto que me inte­resa. El citado documento tiene fecha de 15– y trata de cielitos políticos, sin duda relacionados con los Comuneros de Castilla.

Siguiendo raáü adelante mi investigación, para

 

r2S                                            el cotillo de mos

averiguar qué podía haber sido de un documento’ que existía en Simar..35 en [“ó, y cuya autentici­dad es indiscutible por las razones expresadas, ave­rigüé que. ruando en iSco se apoderaron ¡os fran­ceses de ¡a fortaleza de Simancas, ocupándola mili­tarmente y haciendo de ella el punto más resistente de operaciones en Castilla, .-“mpieron las estante­rías, inutilizando gran número de legajos, que sirvie­ron para formar camas d ¿os caballos.

En iSíl, y siempre á consr-cuencia de la misma guerra, se llevaron á Francia 7,861 legajos de ios más ricos é interesantes de! Archivo; y aunque en 1.8lo, y por orden del Ministro francés, Príncipe de Yaileyrand, se devolvieron ~~53 legajos, se Que­daron 6 extraviaron 103, correspondientes á los si­glos xiv, xv, xvi, xvn y principios del xvm. En el estado lamentable que quedó el Archivo, justo era buscar su reparación, encargándose de su arreglo D. Tomás González, Canónigo de Plasencia y Comi­sario Regio, quien logró reur.ir dichos papelt-s, dán­doles la debida clasificación.

Nada tiene, pues, de particu’zr que se extraviase la Sentencia á que me refiero, siendo la Ejecutoria, que en su lugar me remitieron, a¡ena á este asun­to, y casi me atrevo ú. asegurar que ajena á esta familia.

Los datos que preceden los he extraído del Anuario del Cuerpo de Archiveros, tomo 1, año de íSSr.

Lrn;o — Ni’meHo 24.

Instrucción autógrafa dada por 5.51. á Ferrán= des Sardina para lo que en el Reino da Gali­cia ha de mandar hacer á Pedro aivnrez, 31- varo da Sotomayor y otros; en contra del Hrzobispo de Santiago.

Eí Rey.

Lo que vos Ferrand Sardina avedes de fazer e de­sir de mi parte en el Regno da Galicia, es lo se­guiente:

Primeramente.—Diredes á Diirnalciar.es. m: «sa­llo, ciue su soruicjio e placer me desea tacer luego se conforme e confedere con Alvaro de Suto’mayor, pos- ponyendó toda question e debate que entre eiío sea. e ansí confederados se apoderen de ¡a cibdad e vi­llas de todo e! Arcobispado de Santiago e lo entre­guen a Pero Alvarez de Sotomavor e le avaden con sus gentes a cobrar la pesesion e fortalesns déi, por­que mi voluntad determinada es quel sea Arzobispo de Santiago, e que Jo ansi fagan non enbargaren quiiesquier mis casas que yo aya dado ó diere ai Are obispo de Sevilla u a Fernando de Fonseca o a otra qualquier persona.. las quales desde agora de­claro de non proceder de mi voluntad, e por tales las revoco. Dyredes al dicho Bernaid Janes que en

 

ninguna manera                                    (tj a jran reca’cdo

e non suelte ni Arzobispo (pie. fue de Santiago, que tiene paso, avoque sobre ello le muestren qualesquier mis cartas escripias de mí mar.o o en otra manera, fasta que yo lo enbie la señal, que con vos le enbio, que entregue el dicho Arzobispo a Alvaro de Soto- mayor.

E que si easo fuere que Fernsndcí deFuenscca (2) o otro, contra esta voluntad mía fuere al dicho Ar­zobispado, los prenda o tome lo que licuaren.

Lo qual el faciendo le certifico por mí se facer que las mercedes que por el dicho por Aluares llamada de mi parte le serán prouadas las                                                                                                e le

mandando ¡as provisiones necesarias.

E ansí mismo, si algund cauallero de Galicia o otra persona ayudare al dicho Arcobispo o Fernando de Fonseca, los fagan guerra e prendan e tomen sus byenes.

Diredes a Don Fernando de Castro que luego sal­ga de la cibdad Santiago e el ruii otro Cauallero non entre en ella, saluo ios qu •’ dicho Pero Aluares en­tendiere.

Diredes al dicho Don Femando e Lope Peres de Mendtíca, e Suero Gomes de Sotomayor, e Sancho de Vlloa, e Gomes Peres de las Merinas, e Ferr.and

(1) L.i} palabras que debían ocupar el lugar cíe estoa y otros dpacioi en blanco, no son legibles.

(-j Por Per Al bares.

 

Peres de An-drada, que- luego se junten con el dicho IJero Aluares, e Bernaid Janes, e Alu-iro de Sotoma- yor, e Aluaro P?res de Casero, e con sus gentes le ayuden a tomar la pos^sion d<M dicho Arzobispado, cercando e combatycndo las Villas e fortaíesas que no le obedecieron, e que por ello los fare mercedes, e de lo contrario avra enojo, e que !o asi faga non enbargaren Otras mis cartas     o secretasque

le sean mostradas.

Dire-.ies a ¡a cibdad de Santiago e a las Villas de Nova, e ?durüs, e Padrón, e Pontebedra, que non acojan a Fernando de Fonseca ni a otra persona nin cauaüero de parte riel dicho Arzobispo, ni en su fauor, saluo a las dichos Pero Aluares, e Berna! ja­nes, e Aluaro de Sotomayor o a quien eilos manda­ren; o si otros en. la dicha cibdad o villas hay con mano armada a los de común ‘Y) se junte, e los pren­dan e se los entreguen al dicho Pero Aluares presos, así eclesiásticos como seglares, o los bote fuera de la tierra.

Diredes a ios dichos Concejos que luego se junten con los dichos Pero .Muarés e Bernald Janes é Alua­ro de Sotomayor e conbatan la iglesia de la cibdad de Santiago e torre de la placa fasta que se entregue al dicho Pero Aluares, e que en ello me taran servi­cio, e les prometo las mercedes que vos el dicho Ferr.and Sardina de su parte me aveis suplicado, e que de lo contrario avra grand enojo c procedería contra ellos y contra sus bienes.

 

1^2                          el castillo ‘de mos.

Diredes a Johan García, provisor, que le ruego r mando que luego      entre dicho

en el dicho Arzobispado, puesto sin poner enllu otra

E si no lo quiere luego facer de^id de mi parte al dicho Congojo que luego lo presaban e lo entreguen preso al dicho Pero Aluares para aue rae lo enbie. para que yo mande castigar a los que semejantes al­haracas (sic) e que mis testigos ponen.

En todo vos a vos muy diligente, porque esto aya efecto, porqué cumple mucho ?. mi servicio e pajiñ- cagion de mis Rcynos. Lo <:r.¡aí faciéndose prometo por mi fe Real de vos facer mercedes e complir lo que de mi parte aseguraredes.='”d el Rú.v.=:Rubri- cado,=Por mandado del ReJ, ‘jihan García, ó Gon- záks.=R ábr iea.

SOBES EL COMENDADOR

Archivo Histórico Na,cion&L—Ordenes Militares. Pruebas de Caballeros.

Legajo del Apéndice,—Expei.í-.rc num. ig.

Don Diego de Sotomayor,=En Madrid ,1 lo de- Diciembre de 1510 años.=Juan C-.V^o, vecino de la cibdad de Tuy, testigo presentado por el dicho

a p i ce al cAi’irri.’j iv                                133

Don Diego tic SotGmayor, jurado en l’orma de dere­cho. r’tc.

L.1 A la primera pregunta dixo canosce al dicho Don Diego de Sotomayor, <; que a su padre no lo conosció solo por oydas, c que conoscio a su madre, que se Ilamava Doña Theresa, Condesa de Camina. Preguntado que apellido o de que linage hera, dixo que no !o sabe.=Pregunta<io cómo la conosció, dixo que por vista c trato e conversación que con ln di­cha Condesa 2 con el dicho Dm Diego tubo, = Pre­guntado si cbr.osció á los ahuelus del dicho Don Diego, dixo c.ue no los conosció.

2.1        A la secunda pregunta diso que la sabe como en olla se cor. .i-’n?.—Preguntado con: 1 U sabe, dixo que porque Jo cenia por señor de Sotomayor c For- nelos e Salvatierra, <: que sabe que por tales hijos­dalgo eran ávidos e tenidos en toda aquella tierra, e que nunca oyó desir ¡o contrario.

  1. a               A la tercera pregunta dixo que es de hedad de quarenta a.los.
  2. ^              A ía quarta pregunta dixo que por tal hijo legitimo, avidj de legitimo marrimoniu, es ávido e tenido en toda aquella tierra.
  3. a               A la quinta pregunta dixo que no le co- nosce enfermedad alguna, antes le tiene por om- bre sano c jugador e recio para el exercicio de las armas.
  4. a               A la sexta pregunta dixo que no sabe que aya bibido coa ningún señor, saluo al Rey nuestro ij.j             el Castillo i~ ;¡os

señor, e que no ha tenido ningún oficio de los con­tenidos en la dicha pregunta.

  1. a A la sétima e octava preguntas dixo quistas no sabe ni sab*3 mas deste caso, so cargo de jura­mento que hizo, = Firmado de su nombre, Cj.t7j‘J.=R.ubricado.

.je * ‘t*

Juan de Estrada, vecino de Villa-Real, de Portu­gal. testigo presentado por c-1 dicho Don Diego, ju­rado en forma, etc.:

I.1          A la primera pregunta di::o que coroscc al dicho Don Diego de Sotomayor e que (también 1 a su padre c madre; e que su padre se llama el Conde Don Pero Alvares de Sotomayor e su madre Doña Theresa de Tabora, e que a sus abuelos no los co- nosciü, e que a los susodichos conosciú porque fue criado del dicho Conde, que los sirvió por espacio de treynta años.

.V la segunda pregunta dixo que ¡a sabe como en ella se contiene.=Pregur.tado cómo lo sabe, diso que porque sabe que las casas de los susodichos son avidas e tenidas, asi en Portugal como en Galicia, por de ombres hijosdalgo e cavalleros, syn tener merced de las contenidas en la dicha pregunta.

3.a A la tercera pregunta dixo que sabe que puede aver treynta e tres años.= Preguntado cómo

 

lo sabe, dixo que porque esto testigo ¡o crió todo este dicho tiemoo.

4.1        A ía quarta pregunta dixo que ¡a sabe como en ella se contiene.=FregQntado como lo sabe, dixo que pnrque por taJ hijo legitimo es sabido e tenido e por tai subcedió a sus padres en sus bienes.

5.3 A la quinta pregunta diso que Je tiene por ombre sano e abil para la caualleria.

  1. a A la sesta’ pregunta dixo que no sabe que aya bibHo con ningún Señor, saluo con e¡ Principe Don Juan e con el Rey nuestro Señor, e que no ha tenido nir.gun oñcio de los contenidos en la pre- gur::a.

~y ■:.* .V la sétima e ocrara pr?gunca dixo questas no sabe, c nue esro sabe so cargo de! jura­mento que bázo.= ¥u3n Dcsir¿iii<z.-= Rubrica.

Iiay otro testigo, ó sea el tercero, cuya declara­ción no ciñere en nada de ias copiadas; no así el cuarto y úklrao, que en la primera pregunta de su declaración dice así:

■tt.11 A la primera pregunta diso que conosce a Don Diego de Sotomayor e que conosció a su padre g madre, e quel dicho su padre se llama Don Pero Alvares de Sotomayor e su madre Doña Teresa ce Tabora.=Preguntado como ios conosció, dixo que porque fue oage del alcafar del dicho su padre, ocho añes; e que conosció á la huela de parte de su pa­dre, que se llamava Doña Costancia de Quñiga, que her’a ermana de Juan do Quñiga el bermejo de Va- Iladolid, e que sabe que es ni.-to de Aluar Perca’de Touara.s

Las preguntas restantes, por ¡o común iguales contestaciones que las dadas por los testigos ante­riores.

Rorna, 23 de Noviembre 151S. — ji’iim. 5 5. Legaju t.

Copia de zulo carta del Papa Leo-i décimo dirigida d los Oidores de la Audiencia de Galicia y al Licen­ciado Ronquillo, coa motivo de ’mbersc Confiscado los bienes d Don Pedro de Sote mayor, clérigo del Obispado de Tuy, residente en Rama.—La carta está escrita en jonna de Breve.

Copia de vna carta del Papn en forma de Brebe escrita a dos íuezes Oydores de Galicia en fabor de Don Pedro de Sotomayor, Clérigo ¿jI Obispado de Tuid:

EL Papa León décimo a los amados hijos del Con­sejo del Charissimo en Christo nuestros hijo Carlos catholico Rey de las Espanas.

Querido hijo, salud y appostolica bendición os ymbiamos, etc.=Heraos sentido mucho el auer en­tendido que los amados hijos el Licenciado de Biluiesca, Oydor del Reino de Galigia, y otro Licen- a°~;;dice al capítulo iv                    r37

■ciado Ronquillo, in conhscado de hecho, y embar­gado los bien^-s del amado hijo Pedro de sotomayor, Clérigo del Obispado de Tuyd, que al presente assis- te en la Corte Romana, siendo asbi i ¡tic los Legos no tienen jurisdicción en las personas ni bienes de los clérigos, y en auerlo hecho, no menos han ofFendído la reputaron de nuestro Rey Catbolico, que an me­noscabado Nuestra Authoriáad y la Libertad eccíe- siastica, según de la carca que escriuimos al mismo Rey podreys entender, y lo que 03 estara mejor.= Por !o cuai amonestamos en el Señor nuestra deuo- cion, y a caca vno de vosotros, que considerando con maduro cornejo y atención lo que esta ordenado en los Sagrados Cañones en defensa del priuiiegio Clerical y lo -ue condenen. :as carcas que ymbiamos al dicho Rey, que de aqui adelante, por c! respeto que nos debeys y a la Santa Sede Appostolica, vues­tra prudencia y la obseruanria de la Justicia, os afas- tengays de semejantes casos, y lo hagays de suerte que en el presente el dicho Pedro de Sotomayor sea enteramente restituydo en sus bienes como a vues­tro ofñcio incumbe, y si lo hizieredes, según debeys y esperamos, sera muy conforme a la justicia, que ante todas cosas los que juzgan deben siempre tener delante les ojos, y de mucho contento para nosotros que estamos obligados (en lo que de nuestra parte fuere y Dios nos ayudare) por la dignidad de la San­ta Sede Appostolica y nuestro Pastoral Ofñcio a de­fender los Clérigos de toda ynjuria y agrauio.

 

Dada en Roma en el Palacio de Sant Pedro, sella­da con el Altillo del Pescador á veinte y ocho d’_- Nouiembre de mi} quinientos diez y ocho, en el sé:í- to año de nuestro Pontificado Euaneetista.

vVr-’ÍMi ^ í

 

Primera hoja de principios………………………………… I

Anteportada…………………………………………..                     3

Portada………………………………………………..           3

Dedicatoria………………………………………………….. 7

Preliminares………………………………………………… o

Capítulo ¡:

Dtísns el optett” de la casa hasta PAYO DE SOTOMAYOR: Origen de !a casa.—

Los S’r.vedras.—El Ob’ópo Servando.—Pe- tlro Seguí¡10.—Lo que dice Aponte.—Lo que dice Argnte de Molina.— Estado de ía Peníu- sula.—La Historia de España escrita por mo­ros y judí’js.—Renacimiento.— Payo SoLo- mayor. — Suero Gómez, el Mariscal.—Las minas de Saato Domingo en Pontevedra.—

La casa de Sotomayor fuedadonv de ilustres familias en España y Portugal.                            J

Capítulo u:

Exrt:;ciÓN de la k.lma r.iicÍTiM: Fernir. Yá- ñez de Sotomayor.—Su tesía—ento otorga­do en Yallacoiid en 1440.—Doña Mayor de Sotomayor-—Per Alvnrez de Sotomayor, el Bueno.—Sus disensiones con eí Conde de RibacLivia.—Muere sin sucesión D. Alvaro.

Vuelven sus hieres á su tía Di.na Mayor tlq Sotomayor. — Rasgo y trelaftíínto de esti última,—El bastardo D. Pedro es legitima- (!o por los Reyes tic Castilla y Portugal. … .33

Capítulo nt: MADRUGA……………………….. 43

Capítulo :v:

D. Alvaro II, Conde ctó Camina. — Di .ña Inü^ Enrique? de _’onroy. —D. Pedro (íc Sotoma­yor.—García Sarmiento.—Disensiones uniré madre é hijo. —Fornelos. —El parricidio.— Sentencia dictada por el Licenciado Ron- quiüo.—Confiscación de bieces. —Arrenda­miento por D. Vajeo de Ozores.—Lus Hijos de Madruga.—El Cnmeodadíir.— Enlace de Doña María con Alonso Ii.de 0;¡irós.—Crea­ción del vínculo.—Mis pleitos…………………………………………………………. fio

Arjsol f;ESEAL(ii:ici>………………………….              S9

Capítulo v:

Los sucesores de Dona María de Sotomayor reclaman sus derechos al vínculo creado por D. Diego. — Pleito entre el Marques de Mos y la Duquesa, de Sotomayor.—Descrip­ción del Cantillo de Sotomayor hecha el si­glo xv:.—El pozo de la ?’Iora, —El Castillo en 1733-—El Marqués de Mos toma posesión

de la fortaleza.—Restauración por el Mar­qués de la Vega de Armijo y de Mos.—Es­

tado actual                                                                    Qj

Apéndices:

A los Preludiares………………. . ……………………..     121

Al Capítulo t…………………………    125

Al Capítulo iv………………………………………..     1-7

Indice………………………………………………….

Colofón………………………………………………………………….. ■  143

 

Impreso en si

Esí.ib ¿¿cimiento tipográfico de

ForiamL,

Libertad, og, Madrid,

er. Agoste ce

I9° 4 nj


il-colon c

 

(i) Archivo del Duque de ia Roca: Casa de So- to mayor, legajo 10, núra. 41.

(i) Este fuerte, llamado de Castricán ó Cas- trizan, debió serediñeado en e! monte de laPeneda, parroquia de Santa María del Viso. Hoy día se halla en su cumbre una ermita dedicada á Nuc.Lra Señora

(i) De quien descienden directamente los Mar­queses de Mos, coso se puede ver por el fragmento de árbol genealógico.

&            Cí

(i)       Confiscación que era de temer por la adhe­sión de Madruga á la causa de la Beitraneja.

(1)     Escritura ¿2 arrenimiento á favor de Brisco de ores de los bienes pon oseados ¿i D. Pedro de Sotomayor, etc., etc. (Archivo del Duque de la Roca: Casa lie Sotúrnayor, leg. r.fl, aúrq. 53.)

(2)         Hijo de Teresa, hermana del parricida. (Ver el árbol genealógico.)

(i) Testamento de D. Fernando de Sotomayor, núm. lo, otorgado en la ciudad de Santiago en 24 de Febrero de 1449.

(i) Ver el árbol genealógico.


[1]        La renuncia que en él hicieron sus hermanos.