Del tema local al comercio de Indias

por  Fray Martín Sarmiento (s.XVIII)

DIGRESION sobre economía «de Indias» partiendo de un tema local gallego, glosa a la frase «Con muito comerzo» de una de las coplas «do Tío Marcos da Pórtela», que sirven de base a la «Colección de Voces y Frases Gallegas» que acaba de editar, pri­morosamente, el Prof. Pensado. El Museo de Pon­tevedra posee una curiosa copia de X831.

«Con motto comerzo. Todo latín, curtí multo commercio. Commer- cio de con y merces, porque el comercio antiguo no se hacía con dinero, sino de géneros con géneros.

En Pontevedra se hace todos los sábados un mercado. A él con­curren de tres y cuatro leguas alrededor los aldeanos que tienen que comprar o que vender. Pero todos cuantos géneros se exponen en el mercado dicho son de poco precio, y más es el bullicio que el dinero que se atraviese de parte a parte. Aunque la copla dice con muito comerzo, entiéndase ser ponderación pues todo se reduce a buhonería y cosas de poca monta.

Y yo he pensado, viendo tanto concurso de gente, y tan poca sustancia en los géneros, aunque muchos, que no es otra cosa aquel mercado que una sombra de la famosa feria que el siglo pasado se celebraba en aquella villa. He leido el privilegio, que la villa con­serva, del rey don Enrique IV, por el cual le concede pueda tener feria general por espacio de treinta días continuados a contar 15 días antes del apóstol San Bartolomé y otros 15 días después del dicho dfa del santo. Las libertades y franquezas que concede a los que van a la feria son muy grandes, y capaces de atraer a Pontevedra gentes de Países muy remotos para el comercio [  ]

Oigo hablar a muchos de daca el comercio y toma el comercio y vuelva el comercio, y noto que ni siquiera la primitiva noción tiene del verdadero comercio sólido y útil para el bien común.

Quiénes, en dónde y con qué, son los tres puntos a que deben mirar y reflexionar los que han de hablar del comercio. El comercio le han de ejercer los naturales, pues cuando no ellos sino los ex­tranjeros le ejercen, sólo los naturales le padecen y consiguiente ellos son los que perecen al tiempo que los extraños se encrasan y se hacen opulentos.

¿Qué interesa España con que en Cádiz, v. g., haya una docena de levantiscos, genoveses, judíos, ingleses, alemanes, hamburgueses, suecos, moros, etc., que tengan y cuenten sus caudales por millones y a trueque de eso tengan estancado el comercio, e imposibiliten a los naturales para utilizarse en sus géneros? ¿De qué sirven aquellos millones en tan avarientas manos, sino para sacamos con ellos de España los géneros más precisos, y con éstos para sacamos el oro y plata de la América? ¿Qué utilidad para el bien público que nos saquen los granos, vinos, aceite, lanas, etc., para introducimos a pre­cio subidísimo, géneros, no sólo excusados sino también supérfluos y aun perniciosos?

¿Qué cosa más fatua que el padecer que el poco dinero que nos dejan, sacando los géneros precisos, nos lo vuelvan a sacar doblado con cajas de papel y con otras mil cosas tan ridiculas y aún vergon­zosas? ¿A qué sería quejarnos de los temporales, y de que la falta de alimentos se alterna cada año, si nos deshacemos de los suficien­tes, que Dios nos da, a un precio bajo, y después necesitamos vol­verlos propuesto, se llama linea tangente, la linea A.B.C., porque únicamente toca al círculo en un punto B. Las demás lineas inte­riores se llaman, rayos, cardas o secantes, si salen fuera de la circun­ferencia, o si de fuera de la circunferencia, cortándola, se introducen en lo interior.a comprar a precio doble, cuando insta el tiempo de alimen­tamos y vestimos? ¿A qué será la pasmarota, en tono de imaginar misterio, que viniendo tanta plata y oro a España cada día se halle menos? ¿Qué misterio ni misteria podrá haber en que si cada año entran en España ciento y salen ciento y cincuenta, cada año habrá en España menos dinero?

El verdadero comercio se debe disponer de modo que cada año entren ciento y cincuenta y salgan solos cincuenta. Aún no alcanza esto para que en España haya dinero. Si aquellos 150 sólo entran o casi todos, en manos de las arañas, dichas, que se anidan en el rincón de Cádiz, y en otros rincones semejantes de España; si la mayor parte de esos 150 que entran, sean pesos, doblones o millones de reales, no se esparcen por todo lo interior de nuestra península, con el beneficio de un comercio intestino, no se debe decir que aque­llas cantidades entran en España, sino que tocan en España, como en una escala marítima. Al comercio, las que salen, salen de lo In­terior para no volver.

Quiero explicarme con una figura geométrica. En el circulo de la margen, cuyo centro es Madrid, por serlo de España, representada en el circulo propuesto, se llama linea tangente, la linea A.B.C., porque únicamente toca al círculo en un punto B. Las demás lineas inte­riores se llaman, rayos, cardas o secantes, si salen fuera de la circun­ferencia, o si de fuera de la circunferencia, cortándola, se introducen en lo interior.

Digo, en breve, que el comercio de España se hace por una linea tangente, debiendo ser por rayos, cordos y secantes. Dice un autor francés que de 50 millones que giran de Cádiz para el comercio, solos dos y medio son de españoles. ¡Oh, qué comercio! Veamos cómo se hace el de los extranjeros de Cádiz y sólo por tangentes.

 

Carga un genovés de aquellos, que para costear sus guerras pasadas hallaron el arbitrio de echar de propia autoridad un tributo sobre los escritores de España, cargándoles siete u ocho reales más en resma de papel, sin que haya justicia que los contenga y los restañe. Carga digo, un genovés, un navio de géneros propios o del levante y los conduce a Cádiz, desde Cádiz, con las trampas de cabeza de hierro, conduce dichos géneros a la América; allí los vende como genovés, y de vuelta a Cádiz, cuando menos, se halla con la moderada ganan­cia de ciento por ciento.

Toca, y no más, ese caudal, o en moneda o en géneros, en el sólo punto de Cádiz, y desde allí vuelve al levante por la tangente a en­grosar el caudal, para volver a Cádiz, y dirigirle aumentado a la América para volver a su moderada ganancia, y así no giran sus caudales sino por la tangente. A.B.C. y C.B.A., sin comunicarse a lo interior de España nada (de) ellos por las líneas rayos, cordas y secantes.

Esa línea tangente camina mediando manos de extranjeros y ja­más de español alguno hasta la China y el Japón; y como aquellas naciones son linces en el comercio, le disponen de modo que entren 150 tantos de plata, y apenas salgan 50, y esos en valor de los gé­neros que les sobran.

Así es sentir de los autores que tienen voto, que la China es el pozo a donde va a parar casi toda la plata que se acuña en todos los dominios del rey de España; 900.000 libras de plata se acuñan cada año en la América, y todo es nada para España, y todo les parece poco a los extranjeros y chinos. También éstos por medio del comercio de las Filipinas con Acapulco y Méjico sacan infinita plata de aquellos países, embocándonos vasijas y tinajas de barro y otras superfluidades semejantes que, aunque en sí sean curiosas, más útil y curioso sería que el valor de ellas viniese a lo interior de España, y se quedasen los chinos con su china y sus tibores.

Mucho se me ofrecía que decir sobre el asunto pues me duele que me atolondren los oídos con la voz comercio y que me quieran per­suadir que la entienda al revés. El comercio ha de ser deshaciéndose de los géneros que sobran e introduciendo los que faltan y son muy precisos; y esto se debe promover de modo que los naturales le ejerzan y no le padezcan. No estancado en 100, 500 ó 1.000 naturales solamente, eso será monipodio o fingiendo voces mono-compro y mono-vendo y de ningún modo comercio que merezca el nombre de tal.

Todos los vasallos del rey tienen derecho natural a ganar su vida por lícitos modos, y ninguno le puede tener para ganarla con moni­podios, mohatras y haciendo de cabezas de hierro, a favor de los extranjeros, codiciosos, y en menoscabo de la hacienda real y para la última destrucción de un general comercio de lo interior de España.

Supongo que yo no lo he de remediar, pero supongan de seguro esos que censuro, que tampoco podrán remediar que los que tienen dos dedos de frente y nada ofuscada la razón natural no piensen y deseen lo mismo que yo.

En lo antiguo había en España, además de los mercados, muchas ferias generales, por medio de las cuales comerciaban y subsistían los pueblos sin necesitar de tantas Indias. Hoy con tantas Indias y tan pocas ferias caminan los pueblos a su última ruma en lo interior de España. Pida cada cual para su santo. Yo deseo y pido que en Pontevedra se restituya la antigua feria general; que yo aseguro que el rey interesará más que los que paliando su propio interés, pueden pensar esparciendo que esas ferias serán en menoscabo de la real hacienda real.

Hágome cargo que todo este pliego es una prolija digresión. ¡Qué Importa I Con esa prevención le escribí. El que no le quisiere leer que le deje, que yo haré lo mismo con lo que ese tal pudiere escribir en contra o del asunto o de la digresión, y rogaré a Dios que le alumbre».

Xosé Filgueira Valverde