Ramón del Valle-Inclán

EL PRÓLOGO QUE ESCRIBIÓ VALLE-INCLÁN SOBRE COLÓN SE PUBLICA TAMBIÉN EN SUS OBRAS COMPLETAS.

 

Ramón del Valle-Inclán

Ramón del Valle-Inclán

Ramón José Simón Valle Peña, conocido como Ramón María del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 28 de octubre de 1866 — Santiago de Compostela, 5 de enero de 1936), fue un dramaturgo, poeta y novelista español, que formó parte de la corriente denominada Modernismo en España y próximo, en sus últimas obras, al alma de la Generación del 98; es considerado uno de los autores clave de la literatura española del siglo XX.Nacimiento.

Era hijo del escritor liberal y galleguista Ramón del Valle Bermúdez (amigo de Manuel Murguía y Andrés Muruais) y de Dolores de la Peña y Montenegro, ambos de ascendencia hidalga poseedora de títulos nobiliarios y viejos fueros, pero venidos a menos. Bautizado con el nombre de Ramón José Simón Valle y Peña, tomó su nombre artístico del apellido de uno de sus ilustres antepasados paternos, Francisco del Valle-Inclán.1 Formación y comienzos literarios.

Dispuso en su infancia de la buena biblioteca paterna y se le asignó como preceptor un clérigo con el que estudió gramática latina. Estudió el bachillerato en el Instituto de Pontevedra hasta 1885. En ese tiempo ejerció una gran influencia sobre él Jesús Muruáis, siendo decisivo en su formación literaria.

En septiembre de 1885, sin convicciones y siguiendo el consejo de su padre, comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela con resultados irregulares. Disponiendo de poco dinero, impartía clases particulares de latín y frecuentaba más los cafés que las aulas, siendo también asiduo de la biblioteca de la universidad. Pudo vérsele por el Ateneo Compostelano y frecuentando los espacios literarios. En esos años trabó amistad con aquellos que más tarde llegarían a ser figuras relevantes del mundo de la cultura y de la política gallega.3 También trabó amistad con el florentino Attilio Pontanari del que aprendería escrima y nociones de italiano. En 1888 se matriculó en “Dibujo y adorno de figura” en la Escuela de Artes y Oficios.

En esta época publica sus primeros trabajos literarios en Café con gotas de Santiago, y en 1889 su cuento A media noche, en la barcelonesa La Ilustración ibérica; participando activamente, junto a su hermano Carlos, en la vida periodística de la ciudad. La visita de Zorrilla a Santiago para dar una conferencia en la universidad a la que asiste Valle, le produce una honda impresión, quedando seducido por la figura del escritor consagrado. Es en estos años en los que comenzó a arraigar en él su vocación literaria.4 En 1890, con la muerte de su padre, liberado del compromiso paterno, abandonó la carrera de derecho por la que no sentió ningún interés, y regresó a Pontevedra.

Primera estancia en Madrid

Tras una hipotética estancia en Italia aún por documentar, viaja a Madrid a finales de 1890, donde frecuenta el Museo del Prado y las bibliotecas de la ciudad, colabora en periódicos como El Globo, y dedica gran parte de su tiempo libre a asistir a representaciones del género chico. Primer viaje transatlántico.

En 1892, Valle realiza su primer viaje a América, concretamente a México, donde pasa algo menos de un año, repartido entre las ciudades de Veracruz y Ciudad de México. En tierras mexicanas colaboró para dos diarios: El Veracruzano Libre, de Veracruz, y El Universal, en Ciudad de México, en los que publicó varios relatos. Parece ser que su estancia en tierras americanas no estuvo exenta de problemas, ya que existen datos de que participó en un duelo, en la capital, y en una sonada pelea, en Veracruz. De México pasó a Cuba, y permaneció algunos días en Matanzas, hospedado en casa de unos amigos.

De vuelta a España

De regreso a España, en 1893, se instaló en Pontevedra, donde trabó amistad con Jesús Muruáis, bibliografo y profesor de latín en el Instituto de la ciudad, en cuya biblioteca pudo leer a los más importantes autores europeos de la época (Biblioteca Muruais: obras francesas e inglesas de literatura y arte del siglo XIX). Durante su estancia en Pontevedra, que se prolongaría hasta 1896, publicó su primer libro, la colección de relatos de tema amoroso Femeninas (1894).

Es en esta época cuando Valle comienza a cultivar su particular indumentaria: capa (al principio un poncho mexicano), chalina, sombrero y, sobre todo, sus largas y características barbas, las “barbas de chivo” de que habla Rubén Darío en un poema dedicado al autor. Entrada en la sociedad literaria madrileña.

En 1896 volvió a instalarse en Madrid. Allí acude a varias tertulias, en las que conoce a muchas figuras destacadas de la época, como Gómez Carrillo, Pío y Ricardo Baroja, Azorín, Benavente, González Blanco, Villaespesa, Mariano Miguel de Val etc. En 1897 se publica su segundo libro, Epitalamio (Historias de amores), sin demasiado éxito de público. Durante estos años, participó como actor en obras teatrales como La comedia de las fieras, de Jacinto Benavente, o Los reyes en el destierro, adaptación por Alejandro Sawa de una novela de Alphonse Daudet. En 1899, en una discusión en el Café de la Montaña, el periodista Manuel Bueno le causa una herida en el brazo que termina gangrenándose y haciendo necesaria su amputación.5 6 Ese mismo año estrena en el Teatro Lara de Madrid y publica en libro Cenizas, su primera obra teatral.

Por la misma época colabora en numerosas revistas literarias, como La vida literaria, dirigida por Benavente, Revista Nueva, dirigida por Luis Ruiz Contreras, Germinal dirigida por Joaquín Dicenta o Vida Nueva dirigida por Eusebio Blasco en la que Unamuno escribe dos conocidos artículos “Muera Don Quijote” y “Renovación”.

Vive la bohemia literaria modernista con estrecheces económicas que le obligan a pasar incluso hambre. Habita en un patio de viviendas en el barrio de Arguelles, entonces suburbio de Madrid, en dos oscuros cuartuchos alquilados con una silla, una mesa y una cama como único mobiliario.7

En 1900, Valle participa en un concurso de cuentos auspiciado por el diario El Liberal. Aunque no consigue ganar el premio (el ganador fue el periodista José Nogales), su relato “Satanás” fue muy elogiado por Juan Valera, uno de los miembros del jurado, en un artículo de prensa. Parece ser que el jurado no quiso arriesgarse a premiar un relato tan innovador. En los años siguientes, siguió colaborando en varias publicaciones, como La Ilustración Artística, La Ilustración Española e Hispanoamericana, La España Moderna, etc. En Alma Española publicó, en diciembre de 1903, una famosa autobiografía. En Los Lunes de El Imparcial empieza a publicar Sonata de otoño, en que hace por primera vez aparición su personaje el marqués de Bradomín.

Las Sonatas se publican en libro en 1902 (Sonata de otoño), 1903 (Sonata de estío), 1904 (Sonata de primavera) y 1905 (Sonata de invierno). Estas narraciones, fragmentos de unas memorias ficticias del marqués de Bradomín, constituyen el ejemplo más destacado de prosa modernista en la literatura española. En el mismo año de 1905 publica Valle una colección de cuentos con el título de Jardín novelesco; Historias de almas en pena, de duendes y de ladrones. Al año siguiente estrena en el Teatro de la Princesa una obra teatral basada en el protagonista de las Sonatas, El Marqués de Bradomín. Forma parte del reparto de la obra Josefina Blanco, futura esposa de Valle, con la que contraerá matrimonio en 1907. La boda se celebró en la madrileña iglesia de San Sebastián. El matrimonio tuvo varios hijos: Joaquín María (1914), Carlos Luis (1917), Jaime (1921), En 1907 publica varios libros, como Águilas de blasón (estrenada el mismo año en Barcelona), Aromas de leyenda, Versos en loor de un santo ermitaño y El marqués de Bradomín. Coloquios románticos. Por entregas, en el diario El Mundo, publica Romance de Lobos. En 1908 inicia la publicación de su serie de novelas “La guerra carlista”: Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño. En 1909 escribe “Mi hermana Antonia”, que narra la venganza del estudiante Máximo Bretal, enamorado de Antonia y rechazado por su madre. Sus simpatías por el carlismo no fueron sólo literarias: en 1910 se presentó a diputado por el Partido Carlista, pero no obtuvo escaño. Viaja a Argentina en 1910 con la compañía de teatro de F. García Ortega, en la que figuraba Josefina Blanco, y pronuncia algunas conferencias sobre la literatura española. En la misma gira visitan también Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia. De regreso a España, sigue estrenando obras de teatro: Voces de gesta, en 1911 (en el Novedades de Barcelona), y La marquesa Rosalinda, en 1913. Su obra El embrujado fue rechazada por el Teatro Español, que dirigía Benito Pérez Galdós.

En 1915 escribe al rey solicitando la rehabilitación de los títulos de marquesado del Valle, vizcondado de Vieixin y señorío del Caramiñal. Sus peticiones no serán atendidas.

Durante la I Guerra Mundial, fue invitado por el gobierno francés a visitar los frentes de guerra. En París se relacionó con autores españoles como Pedro Salinas, Manuel Ciges Aparicio y Corpus Barga. Fruto de su visita al frente fueron los textos Visión estelar de la medianoche, publicado en folletón en El Imparcial entre octubre y diciembre de 1916, y En la luz del día, en el mismo periódico, entre enero y febrero de 1917.

En 1916 es nombrado titular de la cátedra de Estética de las Bellas Artes de la Escuela de San Fernando. Ese mismo año publica La lámpara maravillosa, meditación sobre el hecho literario, muy influido por el ocultismo de autores como Mario Roso de Luna y Helena Blavatsky. En 1921 realiza un nuevo viaje a México, invitado personalmente por el presidente de la República, Álvaro Obregón, por mediación de Alfonso Reyes Ochoa. En 1925 se establece de nuevo en Madrid. Participa en grupos de teatro experimental, como “El mirlo blanco”, que llevaba a cabo sus representaciones en el domicilio de los Baroja, en el barrio madrileño de Argüelles, y “El cántaro roto”, en el Círculo de Bellas Artes. A finales de 1926 edita la que algunos consideran su obra maestra narrativa, la novela Tirano Banderas, donde es patente la huella de su todavía reciente viaje al México revolucionario. En 1927 inicia la publicación de un ambicioso proyecto narrativo, El ruedo ibérico, que, de forma semejante a los Episodios Nacionales de Galdós, pretende narrar la historia de España desde el reinado de su detestada Isabel II hasta la época contemporánea al autor. Únicamente llegó a escribir tres novelas de este proyecto: La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas (1932).

Desde 1924 muestra su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. En 1927 participa en la creación de la Alianza Republicana. En 1929 es encerrado en la cárcel Modelo de Madrid, por negarse a pagar una multa impuesta con motivo de unos incidentes ocurridos en el Palacio de la Música.

Apoya a la República, e incluso se presenta a diputado por La Coruña en las listas del Partido Radical de Alejandro Lerroux, aunque no sale elegido. En 1932, el gobierno de la República le nombra conservador del Patrimonio Artístico Nacional y director del Museo de Aranjuez, pero, por desavenencias con su superior, dimite al poco tiempo. Elegido presidente del Ateneo de Madrid, dimite también al no atenderse sus propuestas de reorganización. Ese mismo año se divorcia de su esposa, Josefina Blanco. En la última etapa de su vida, Valle mostró marcadas simpatías hacia el comunismo. A iniciativa suya, en 1933 se reúne en el Ateneo de Madrid el Primer Congreso de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios. Ese mismo año es nombrado presidente de honor de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

El 8 de marzo de 1933 es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. Se mantendrá en el cargo poco más de un año, en medio de una pintoresca falta de los más elementales medios de subsistencia, hasta junio de 1934. En marzo de 1935 se retiró a Santiago de Compostela, ingresando en una clínica, donde murió de cáncer el 5 de enero de 1936, víspera de Reyes, tras negarse a recibir auxilio religioso. Fue sepultado al día siguiente, en una ceremonia civil.

Realizó numerosas traducciones. Del portugués: La reliquia, El crimen del Padre Amaro y El primo Basilio, de Eça de Queiroz; del francés: La condesa de Romaní, de Alejandro Dumas y Las chicas del amigo Lefèvre, de Paul Alexis; y del italiano: Flor de pasión, de Matilde Serao.


Puso Prudencio Otero Sánchez al comienzo de su obra una breve carta de Valle:

 

Querido Prudencio:

He leído la trova Memorare novissima tua y otras canciones atribuídas al almirante e insertas en el Libro de las profecías. Yo soy lego en estos achaques de erudición y no sé si está en duda la paternidad de estas canciones. Pero a lo que yo alcanzo, ni por léxico ni por la construcción parecen de extranjero. No deja de ser extraño que el Almirante haya olvidado de modo tan cabal el italiano, y que, sin embargo, aparezcan en algunos de sus escritos modismos luso-galaicos.

Te estrecha la mano tu pariente.

“Valle-Inclán”

A obra de Otero sostén a tese da orixe galega de Colón, tema moi polémico na época e sobre o que existe abundante bibliografía galega, e tema no que foi precursor o pontevedrés Celso García de la Riega (1844 – 1914) coa súa obra Colón español. Su origen y patria (1914). Outros galegos defenderon con ardor esta tese do Colón galego, entre eles Constantino Horta y Pardo, morto en 1923, autor de La verdadera cuna de Cristóbal Colón, Luís E. Rey, José Rodríguez Martínez, autor de Colón español, hijo de Pontevedra (A Coruña, 1920).

Valle-Inclán, chega a verquer expresións coma estas:

“Lo indudable, es el alma gallega que lleva en su almario, el Almirante: Era solapado y tenaz: Amigo del dinero, y cruel en el mando: Receloso y envidioso. ¡Y tan desconfiado, que dondequiera sospecha traiciones! Su iluminismo práctico, parece de entre Miño y Sil”.

O prólogo de Valle-Inclán, trala publicación feita por Rafael Landín, está reproducido na obra de Valle Varia (Madrid, Espasa-Calpe, 1998).


«Que Cristóbal Colón haya ocultado su verdadera patria, atribuyéndose la genovesa, no es cosa para maravillar, ¡Acaso sus horas no habían sido las de un santo, antes de aparecer en la Corte de los Reyes Católicos!… El Almirante Don Cristóbal Colón, es el alcaloide del espíritu gallego». VALLE INCLAN.