La patria de Cristóbal Colón por Modesto Bará – revista Mundo Hispánico

Artículo años 60 en la Revista Mundo Hispánico, de Modesto Bará

 

La certeza del lugar donde nació Cristóbal Colón sigue tiendo un misterio inescrutable. No obstante las teorías sostenidas por numerosísimos investigadores históricos, y en especial las de origen italiano, que abogan por la cuna genovesa de Colón, estamos lejos de conocer la verdad. Posiblemente, el Almirante, apesadumbrado por unos antecedentes familiares o por un pasado poco airosos, logró llevar- se a la tumba su secreto, y, en cualquier caso, la empresa del Descubrimiento, totalmente española en sus medios materiales y en sus espirituales fines, tiene tan gran altura al lado del problema del naci­miento de Colón, que ei esclarecimiento definitivo del lugar de éste es realmente secundario ante aquélla. Sabemos que grupos de investigadores hispanos, deseosos, no obstante, de reivindicar para el solar español el lugar donde nació él Almirante, han trabajado durante largo tiempo, en un esfuerzo altamente meritorio, sin que se haya pronunciado aún la última palabra. Entre estos grupos se en­cuentra el que defiende, cotí gran número de datos históricos y de pruebas indicióles, a Galicia, y concretamente a la ría de Pontevedra, como la comarca donde vió la luz Cristóbal Colón. Sin pro­nunciarse, porque no es cometido suyo, MVNDO HISPANICO en un sentido o en otro, acoge en sus columnas el documentado trabajo del ilustre investigador y periodista gallego don Modesto Bara, digno sucesor de aquella escutía que con De la Riega y otros eruditos defendieron siempre la patria gallega de Colón. De entre sus innumerables escritos sobre la materia, MVNDO HISPANICO se honra en publicar éste, concebido expresamente para sus página* y escrito con amenidad y conocimiento.

 

Dos personajes diametralmente opuestos, distin­tos, son Cristoforo Colombo y Cristóbal Colón. Uno, tejedor, vinatero, descendiente y emparentado con gentes todas de oficios manuales y servi­les, que permanece en Italia al pie de los telares y de los toneles hasta los veintidós años, por lo menos, de su vida; otro, marino, descubridor, descendiente de gentes de mar, que anda en ella desde la más temprana edad, que quiso que su origen y patria permaneciesen inciertos y ocultos.

Vamos a demostrarlo con testimonios del propio Almirante y de su hijo don Fernando, así como con

los documentos de la «Raccolta di documenti», en todas las cuales, contexte y acordemente, sin excep­ción, se atribuyen a Cristoforo Colombo, supuesto Cristóbal Colón, a sus padres, a sus primos, tíos, abuelos, los oficios de cardadores, tejedores, sastres, vinateros, queseros y hasta choriceros, sin que nin­guno en absoluto figure como dedicado a los menes­teres de la mar.

Don Fernando Colón, en su Historia del Almirante, dice:

«De tal modo que, si muy apta fué su persona y adornada de todo aquello que para un hecho tan grande convenía, tanto más quiso que su patria y ori­gen fuesen menos ciertos y conocidos» (cap. I).

Refiriéndose a los progenitores de su padre, dice: «No encuentro en qué forma vivieron ni dónde ha­bitaron, a pesar de que el mismo Almirante diga en una carta que su trato y el de sus mayores fué siem­pre por mar (cap. II).

«Por lo menos, teniendo en cuenta su nombradía y su valor, los escritores que tratan de su profesión no deberían haberlo puesto entre los que ejercían artes mecánicas)) (cap. II).

«Volveré, pues, a nuestro intento, concluyendo por decir que el Almirante fué hombre de letras y de grande experiencia, y que no gastó el tiempo en co­sas manuales ni en artes mecánicas» (cap. II).

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En el capítulo IV dice: «Teniendo el Almirante conocimiento de dichas ciencias, comenzó a dedicar­se a navegar y a hacer algunos viajes por Levante y Poniente. De los cuales y de otras muchas cosas de aquellos primeros días no tengo plena noticia, puesto que él murió cuando aun jio tenía yo ni atrevimien­to ni familiaridad bastante, por el respeto filial, para osar preguntarle tales cosas.»

Cita don Fernando en este capítulo la carta que don Cristóbal escribió a los Serenísimos Reyes Cató­licos en 1501, «a ,quienes—dice don Fernando—no se habría atrevido a escribir sino lo que la verdad exigía», y de cuya carta son estas palabras: «Muy altos reyes: De muy pequeña edad entré en la mar, navegando, y lo he continuado hasta hoy…» «Ya pa­san de cuarenta años que yo soy en este uso. Todo lo que hasta hoy se navega, he andado.»

En el mismo capítulo dice que don Cristóbal, en el libro del primer viaje, afirma que empezó a navegar «de catorce años y que siempre anduvo en la mar».

Con fecha 21 de diciembre de 1492, viernes, escri­bió don Cristóbal en su diario : «Yo he andado vein­titrés años en la mar, sin salir della tiempo que se haya de contar…»

Resulta evidente que Colón y sus antepasados fue­ron sierilpre gentes de mar y no dedicadas a oficios manuales o serviles.

ModestoBara_02Veamos cuáles fueron las actividades de Cristoforo Colombo y las de los suyos, a la vista de las propias actas italianas, de las que daremos somera referencia por orden cronológico.

Acta extendida en Génova a 21 de febrero de 1429. Según ella, Giovanni Colombo de Moconesi (abuelo de Cristoforo) conviene con Guillermo de Bravante, tejedor de paños, que su hijo Domenico (padre de Cristoforo), de unos once años de edad, quede con Guillermo en calidad de mozo y discípulo «para aprender su arte» durante los seis años próximos ve­nideros.

Acta 6 septiembre 1440, extendida en Génova. En ella aparece cediéndose en arriendo a Domenico Co­lombo, tejedor de paños, hijo de Giovanni, un terre­no en el Vico del Olivella.

Acta 18 enero 1445, según la cual Giaccomo Fiescbi arrienda a Domenico Colombo, tejedor da paños de lana, un solar en Vico Dritto.

Acta 4 junio 1460, extendida en Génova. Antonio Colombo, hijo del finado Giovanni (tío de Cristofo­ro), habitante de Quinto, promete a Antonio Delle- piane, sastra de Génova, que quede el Gianetto, hijo de Antonio (primo de Cristoforo), de unos catorce años, en calidad de aprendiz de dicha arte de sastre.

Acta de 2 marzo 1470. Domenico Colombo se en­cuentra en Savona en calidad de tejedor de paños y hostelero.

Acta extendida en Génova a 31 de octubre de 1470. Según esta acta, Cristoforo Colombo, hijo de Dome­nico, mayor de diecinueve años, reconoce que debe dar y pagar a Pietro Bellesio, de Puerto Mauricio, 48 libras, 13 sueldos y seis dineros genoveses, los cua­les adeuda por un resto de vino vendido y entregado por dicho Pietro al mismo Cristoforo. (Aquí, Colom- bó, siendo mayor de diecinueve años, aparece dedi­cado a vinatero-tabernero.)

Acta hecha en Sayona el 20 marzo de 1472. Cristoforo Colombo, siendo testigo en Savona en un acta testamentaria, se declara lanero de Genova («lanerius de Ianua»).

Acta extendida en Savona en 26 agosto 1472. Do- raenico Colombo, lanero, habitante de Savona, y Cris- toforo, su hijo, también lanero, declaran deber 140 libras de moneda de Genova a Giovanni de Signorio, por venta de lana. (Aquí, el Cristoforo, supuesto Cristóbal, ya tenía, por lo menos, veintiún años cum­plidos, y en vez de figurar como hombre de mar, figura como lanero.)

Acta extendida en Savona el 7 diciembre 1474. Do- menico Colombo figura aún entre los laneros de Sa­vona. («De arte textorum pannorum en civitate Saone.»)

Acta extendida en Genova a 27 enero 1483. Dome- nico Colombo, hijo del finado Giovanni, «anterior­mente tejedor de paños», ciudadano de Genova, da en arriendo a Giovanni Battista Vila una tienda.

Acta extendida en Savona el 10 septiembre 1484. Según ella, Giaccomo Colombo, hijo de Domenico, ciudadano de Genova, se dio y colocó como mozo y discípulo de Luchino Cademartori, por veintidós me­ses, con el objeto de aprender el arte de tejedor de paños. (Este Giaccomo, que los italianos quieren identificar con Diego, es hermano de Cristoforo.)

Acta hecha en Genova el 25 agosto 1487. En ella aparece Giaccomo, supuesto Diego, como tejedor de paños de lana en Genova. («Iacobo de Columbo tex- tore pannorum lañe in Ianua.»)

Y  acta hecha en Génova el 30 septiembre 1494 (ya verificado el Descubrimiento). En ella aparece Do­menico Colombo como testigo de un testamento, y es la última en que se le cita, «como en otro tiempo tejedor de paños de lana».

ModestoBara_03De toda esta prueba documental, de primerísimo orden, resulta de forma in­controvertible, que el Cristoforo Co- lombo genovés, lanero, tejedor, taber­nero, que se encuentra en Génova, por lo menos, hasta los vintidós años de su edad, no puede ser el Cristóbal Colón descubridor, gente de mar, como sus antepasados, que entra en ella a los ca­torce años.

No lo decimos nosotros; lo dijo ya el que fué académico de la Historia y secretario de la Real Sociedad Geográ­fica don Ricardo Beltrán y Rózpide, que terminaba su trabajo Cristóbal Co­lón y Cristoforo Columbo (Madrid, 1918) con estas rotundas palabras: «El Colón de los documentos españoles no es el Columbo de los documentos italianos.» * * *

Que Colón no es de Génova lo prue­ba esa docena pasada de pueblos de Ita­lia que le disputan tal honor. Y lo con­firma la noticia, dada desde la propia Roma a la prensa de todo el mundo, en el año 1953, en la que se decía que habían aparecido documentos que pro­baban, sin lugar a dudas, que Cristóbal Colón había nacido en Casale Monfe- rrato y «en modo alguno» en Génova. Demostrando ello que la documentación genovesa, tenido como el Evangelio, no prueba lo que pretende, pues si así fuera no se hubiese lanzado tan sor­prendente noticia.

Pero tenemos nosotros, los españoles, en contra de la naturaleza genovesa, un apoyo de la máxima calidad, como que proviene de la Real Academia de la Historia. Este docto organismo, en sesión de 30 de abril de 1926, admitió, incorporó al acta y publicó en su Bo­letín una proposición, que suscribían los numerarios señores Ricardo Beltrán y Rózpide, Julio Puyol, Rafael Ureña y conde de Cedillo, que dice así: «Ha­biendo dado la Academia publicidad a su acuerdo de 9 de abril, referente a la falta de prueba para poder asegurar que don Cristóbal Colón nació en Ga­licia, los que suscriben piden que se haga también público, por medio del Boletín, la adición que presentaron al mencionado acuerdo en la sesión del 16; a saber: ”Que si bien es cierto que hasta ahora no hay prueba sufi­ciente para declarar que Colón nació en Pontevedra, tampoco la hay de que na­ció en Genova”.»

Este dato y el del nacimiento en Ca­sale Monferrato son rotundos y dan la razón a quienes vienen sosteniendo que Colón no nació en Génova. Pero ¿pudo haber nacido en otra parte de Italia? Si la «prueba» genovesa, que es la más «imponente» y «eclipsó» a la de los otros pueblos italianos, carece de valor pro­batorio, es obvio que las demás ni pue­den contar.

Aparte la diferencia de personalida­des existentes entre el Colombo lanero y el Colón marino que hemos dejado apuntada; aparte las opuestas activida­des de uno y otro, «vidas divergentes», como las calificó el académico gallego Fernández-Gil y Casal, se levantan otras dificultades insuperables para la tesis italiana, que nadie hasta ahora fué ca­paz de resolver, y estas dificultades son, entre otras, las siguientes:

Colón, italiano, jamás escribió en ita­liano, sino en español, que conocía ya muchos años antes de venir a España (afirmación de don Ramón Menéndez Pidal). En español están todos los es­critos que de él se conocen. Ni aun dirigiéndose a italianos y a institucio­nes italianas, utilizó el idioma «mater­no», ya que el embajador de Génova en España, Nicolo Oderigo, escribe en español, y el Banco de San Jorge, de Génova (de ser auténtica esta corres­pondencia), escribe igualmente en espa­ñol, y la contestación del último se hace en latín, cuando lo natural sería que ambos se expresasen en la lengua de su patria.

Otro (y con el español son los únicos) que empleó fué el latín, y «los barba- rismos de su latín—dice S. de Madaria- ga—eran simplementes hispánicos; es decir, que cuando su latín era malo, lo era a la manera española». Y Cesare Lollis, comentando lleno de confusión esta circunstancia, recoge honradamen­te ejemplos de solecismos en el latín de Colón, que—dice—«sólo se explican en una persona de habla española».

ModestoBara_04Su español era correcto, y es otra cir­cunstancia destacable que se deslizasen en él abundantes galleguismos y portu­guesismos y, en cambio, no se le fue­ran de los puntos de la pluma ni un solo italianismo, ni una sola palabra, frase o giro de la lengua italiana o de alguno de sus dialectos. ¿Que olvidó fulminan­temente el italiano, la lengua de su pa­tria, habiendo estado viviendo en ella hasta los veintidós años, por lo menos, de su vida? ¡Imposible de toda impo­sibilidad!

Colón y los suyos, como hemos de­jado demostrado, fueron siempre gen­tes de mar, y Colombo y los suyos han sido tejedores, cardadores, vinateros, sastres…

Colón dice, y confirma su hijo don Fernando, entró en la mar a la más tem­prana edad, y el Colombo figura aún a los veintidós años en Génova como te­jedor.

Colón dice en la Institución Mayo- razga que su linaje «verdadero» y el de sus antepasados es el que se llama y llamó «siempre» de Colón, y el linaje de los personajes italianos es el de Co­lombo.

¿Por qué creemos que Colón es es­pañol, gallego y pontevedrés? El Almi­rante tuvo un decidido y manifiesto em­peño (por nadie discutido) de ocultar su origen y patria. Así se explica que no se encuentre el documento definitivo que aclare dónde ha nacido, y por ello hay que valerse de la prueba indiciaría, de los actos, de los dichos, de la ma­nera de proceder del descubridor.

Si los que defendemos su origen ga­llego alegamos como motivo de haber tramado aquella ocultación el ser oriun­do de Galicia (que tan recelosa y des­pectivamente era mirada), el ser de ori­gen judío y la circunstancia de estar en aquel entonces Galicia enfrentada con los Reyes Católicos, por haberse puesto su nobleza al lado de Doña Juana la Beltraneja, en contra de Doña Isabel, no hacemos ninguna alegación infun­dada.

Y  ahí van algunos de los indicios, que estimamos como prueba plena:

Cristóbal Colón, a las tierras descu­biertas, sólo nombres hispanos impuso y ninguno italiano. Entre esos nombres figuran más de cien de Pontevedra y su ría, otros tantos de la ría viguesa y otros muchos de otros lugares gallegos. Tal conjunción de nombres no puede ser mera casualidad. Beltrán y Rózpide ya lo expresó en estas elocuentes pa­labras : «No dejó en las tierras por él descubiertas ningún nombre italiano… Toda la nomenclatura geográfica de las tierras descubiertas por Colón en sus cuatro viajes es española, siendo de no­tar que en ella se reproducen voces propias y aun exclusivas, únicas, del litoral gallego…»

Ninguno de los barcos de los cuatro viajes llevó un nombre que recordase algo italiano y, por el contrario, la capitana del primero se llamó La Galle­ga; en el segundo figuró otra nave con el mismo nombre, y en el cuarto hubo un navio llamado El Gallego. Además, a una isla le llamó «La Gallega».

El 18 de diciembre de 1492, Colón celebró en uno de los puertos del Nue­vo Mundo por él descubierto una albo­rozada fiesta, mandando engalanar las naves y disparar sendos tiros de lom­barda, en conmemoración—según dice en su diario—de la festividad de ese día, que era Nuestra Señora de la O, dándose la singular circunstancia de que Nuestra Señora de la O es la Patrona canónica de Pontevedra desde tiempo inmemorial.

En Pontevedra, antes y después del Descubrimiento, existió el apellido Co­lón. Así lo reconoció la Academia de la Historia, que en sesión de 14 de mayo de 1918 aprobó un informe, emitido por los señores Yignau, Ureña y Me­néndez Pidal, en el que se establece la afirmación de que ese apellido «está demostrado era usual en Pontevedra en los siglos xv y xvi». Lo testifican docu­mentos inmaculados, así como la ins­cripción pétrea descubierta en la igle­sia de Santa María la Mayor de Ponte­vedra y la del crucero de Porto-Santo.

En Pontevedra, y no en Italia, han vivido, tuvieron bienes, capillas, casas y cobraron rentas y foros descendientes del Descubridor. Así encontramos que en 1672 vivía en esta capital don Miguel Enríquez Flórez de Portugal y su es­posa, doña Gerónima de Vargas Machu­ca, aquél fundador del mayorazgo lla­mado de «Las Colonas», que se extin­guió en 14 de diciembre de 1860 con la muerte de doña Vicenta Gil Arias Mariño, llamada «la Aldonza», que se decía era la última descendiente de los Colones en Pontevedra, como así está comprobado.

En poder de los herederos del médico pontevedrés don Joaquín Piñeiro existe una escritura, de 26 de febrero de 1731, de foros sobre varias casas de esta ca­pital, que compra doña Catalina Colón de Portugal.

En el Registro de la Propiedad figura una inscripción de un foro, otorgado en marzo de 1775, por don Miguel Co­lón de Portugal.

Más detallada podíamos hacer esta re­lación, que cerramos destacando el he­cho de que, en 1796, el entonces duque de Veragua vende una importante finca llamada de «La Puntada», sita en Porto- Santo (Poyo), que dice le pertenece por herencia de sus finados padres.

En ese lugar de Porto-Santo existe la tradición de que en una casita que allí se conservaba años atrás había nacido «o que descubriu as illas» (el que des­cubrió las islas), tradición que fué re­cogida y comprobada en información pública abierta al efecto en el año 1917 por el entonces gobernador civil de Ja provincia y secretario de la Real So­ciedad Geográfica, don Luis Tur y Pa- lau, en colaboración con el académico Fernández-Gil.

En este mismo lugar existe un cruce­ro con la inscripción de «Juan Colón-1490», y en la fachada de la iglesia de Santa María la Mayor, construida entre fines del siglo XV o comienzos del xvi por el poderoso gremio de mareantes, existe el busto de Cristóbal Colón.

Todo este cúmulo de indicios (de­jando otros aspectos del problema de la patria del Almirante) constituyen una prueba categórica de su naturaleza es­pañola y pontevedresa. Beltrán y Róz- pide, repetidamente citado, dijo «que el descubridor de América no nació en Génova y que fué oriundo de algún lu­gar de la tierra hispánica situado entre la banda occidental de la Península, entre los cabos Ortegal y San Vicente».

Mucho es lo que se lleva aclarado so­bre la nacionalidad española de Cris­tóbal Colón, debido solamente a la ini­ciativa particular, y creemos que la tesis pudiera alcanzar la deseada meta si nuestros organismos oficiales y cultura­les quisieran entrar de lleno en ella.  Modesto BARA