El mito de Cristóbal Colón

La propuesta de Marcelo Gaya plantea muchas cuestiones, todas diferentes entre sí, dejando constancia de un conocimiento muy profundo de la tesis gallega, se atreve a discutir muy acertadamente la disonancia  existente del comportamiento de Colón, posterior y anterior al descubrimiento.

Hace un relato pormenorizado del Colón que todos conocemos, profundizando en sus costumbres, lenguaje, personalidad, comportamientos, aptitudes y actitudes. Cómo, sistemáticamente, oculta su origen, incluso a sus hijos, por mas que se investiga, no hay rastro de la vida anterior al descubrimiento del insigne marino. En esencia es lo que todos conocemos del Almirante, enriquecido con aportaciones y apreciaciones personales del autor.

La vida “anterior” del Almirante que nos han enseñado, hoy, como dice E. Zás, dogma petrificado, es la descripción de un personaje con unas características completamente distintas a las conocidas, tal es así que Marcelo Gaya llega a plantear la posibilidad que los dos personajes existieron realmente pero  independientes, y que el descubridor hubiese tomado, o copiado o usurpado, el nombre del genovés. Cita en su libro el siguiente párrafo “Desgraciadamente, sin hablar de las contradicciones que presentan entre sí tales documentaciones  (Se refiere a los documentos genovistas  )y a pesar de que cada una esté sostenida por numerosas pruebas de su exactitud aparente, todas adolecen del mismo defecto: las consecuencias de las noticias que se dan del Cristóbal Colón antes de 1485 están en desacuerdo con los actos del Cristóbal Colón después de 1845, o sea: la reconstrucción de la vida del descubridor de América antes de que entre en la historia no es compatible con lo que de él se sabe después de esa misma entrada en la Historia. Las piezas del rompecabezas de su existencia no concuerdan”.

Las razones de que el Almirante ocultara su pasado antes de 1485, presuponemos que tienen que ver con la vida de P. Madruga, pero eso lo sabemos en la actualidad, M. Gaya coloca a C. Colón en Tuy,  porque evocando el lenguaje del Almirante, mezcla de castellano, portugués y gallego, le hace pensar que su origen estaba en tierras fronterizas, que    mediante tratados entre reinos rectificaban fronteras.

En la primera lectura del libro,  sorprenden algunas ideas del autor que plasma en forma de preguntas, como quien quiere aclarar determinadas lagunas correspondientes a los misterios que rodean “el mito de Cristóbal Colon”.

Al final de segundo capítulo hace una descripción del Almirante en lo tocante a su aspecto físico y rasgos personales donde establece claramente una sustancial diferencia entre el antes y el después de hacer historia.

“En lo tocante al aspecto moral, su personalidad es indiscutible. Volveremos sobre ciertos rasgos característicos de su mentalidad, además de un afán de lucro que le hacía caer en mezquindades indignas de su posición social, una falta total de generosidad, una egolatría sin límites, una grandilocuencia natural rayando a veces en lo poético, una constancia confundible, casi, con la obstinación, el desagradecimiento mas grande cuando su interés estaba en juego, y una bajeza sin límites cuando podía favorecer ese mismo interés. Añadamos a esto una gran irascibilidad, sobre todo para con sus iguales e inferiores, y un auténtico valor ante los peligros acostumbrados de la vida marítima. En una palabra, el carácter de un hombre llenísimo de ambición, falto de escrúpulos, pero en nada el carácter de un viajante corredor de comercio.”

¡El Cristóbal Colón posterior a 1476 no era, pues, el Cristóbal Colón de antes de 1476!

¡Si señor!

 

El mito de Cristóbal Colón. 1953. Marcelo Gaya y Delrue.

Edito: Capitulo 27 de la propuesta Mallorquina de Colón “El enigma de Colón”

La reseña  a continuación escrita pertenece a una publicación del propio Académico efectuada al publicar su libro.

La impresión que se saca de toda la Colombotecapublicada y sin publicar aún, hasta la fecha, pero que nadie se ha atrevido a formular abiertamente, es que Cristóbal Colón, a partir de 1485, y más aún después de 1492, cuando hubo alcanzado la fama, cuenta acerca de su pasado una fábula aprendida, pero mal aprendida, la historia de otro y que se compone, con la historia de este otro, una personalidad de juventud que no es la suya…

Esta impresión notada al leer las biografías más serias y más modernas del Almirante, así como las de sus contemporáneos, se la comunicaba un día a una de mis alumnas cuya vivísima inteligencia y perspicacia siempre me habían seducido y decíale cómo, cualquiera que fuese la hipótesis admitida, uno siempre daba con unas objeciones de tal peso que, en conciencia, veíase obligado a abandonarla para repetirse un constante, irritante y desesperante “¡¿Qué sé yo?!”.

Séame lícito dar aquí públicas gracias a esta alumna, la señora doña Genoveva Dire de Boudoire, no sólo por la valiosísima ayuda que aportó en la labor preparatoria de este trabajo, sino también porque me alentó en los momentos de impaciencia (por no decir peor) provocados por el enigma colombino, cuya clave me dió su genial intuición.

“-¿Qué sé yo? -repetíale, pues, un día de perplejidad mayor que la de otros…

-Pero… ¿Y si hubiera habido sustitución de personalidad? -me preguntó, de repente, mi interlocutora.

-¿Cómo es eso?

-Sí, si el Almirante, por una razón o por otra, ¿hubiese tomado el nombre de “Colón” cuando la desaparición del verdadero “Colón”?… En este caso, las biografías del Colón genovés serían exactas pero no se aplicarían al Almirante puesto que serían dos personas diferentes, lo que explicaría esas dudas y esas contradicciones cuando de su juventud se trata y también el que no haya tenido nunca ninguna relación con su supuesta familia genovesa…”.

Esta hipótesis, aunque muy atrevida a priori, fue para mí un rayo de luz en esta enmarañada historia.

 

Marcelo Gaya y Delrue
Zaragoza, 1953

La tesis de Marcelo Gaya y Delrue

Como todo en esta vida, la tesis del Colón Gallego y su vertiente Colón Madruga, tiene precedentes, aunque a veces y por diferentes motivos, unos y otros prefiramos ignorarlos. En 1953, Marcelo Gaya y Delrue formulaba una teoría que refutaba en parte la de García de la Riega. Sólo en parte porque también se apoyaba en ella en aquellos elementos que consideraba válidos. El caso es que este señor nos da las claves precisas para llegar a Pedro Madruga. Analizando la vida conocida de Cristóbal Colón, su lenguaje, la toponimia del descubrimiento, y los apuntes biográficos que el propio descubridor había ido dejando en sus escritos, llega a la siguiente conclusión:

¿Quien era este hombre? Por ahora, todavía no lo sabemos. Por su lenguaje, ya lo vimos, debía ser un galaico-portugués de la región de Tuy. Circunscribiendo aún más el problema y para basarnos en sus porpias afirmaciones, es problable que fuese oriundo de uno de los pueblos que, cuando la rectificación de fonteras, cambió de nacionalidad a consecuencia del Tratado de Trujillo, en 1479, fin de la guerra de sucesión de Castilla, entre este país y Portugal. Que naciese en un lugar anexionado entonces a Castilla, no mentía al decirse “extranjero”, puesto que en el momento de su nacimiento, se había cedido a Portugal, tampoco mentía, puesto que, aunque nacido castellano, se había convertido en “extranjero”.

 

Si analizamos a la luz de los conocimientos que en 1953 se tenían sobre el asunto el texto de Marcelo Gaya, descubriremos que solamente le faltó poner un nombre al descubridor: Pedro Álvarez de Sotomayor, nuestro Pedro Madruga, conde de Camiña. Pedro Madruga, además de conde de Camiña, fue tituladovizconde de Tuy. Allí se formó como clérigo, llegando a ejercer al menos formalmente como tal. Conquistó la ciudad varias veces, algunas de ellas bajo bandera portuguesa. Era en la práctica el propietario de la frontera entre Galicia y Portugal, pues además de las villas de Tuy y Camiña, llegó a controlar por diferentes períodos, las de Pontevedra, Vigo y Baiona. Nacido en Galicia, educado en Tuy, Señor de Sotomayor (Galicia) vizconde de Tuy (Galicia), conde de Caminha (Portugal), casado con la portuguesa Teresa de Távora, pasó la mayor parte de su vida en Portugal. Por tanto, la descripción que hace Marcelo Gaya es la de Pedro Madruga, aunque no haya acertado a ponerle el nombre, quizás porque ni lo conocía. Y lo hace en 1953, allanando así el camino a quienes vendrían décadas después. Mérito suyo y de nadie más.

Debemos unas cañas y mucho más a Fernando Alonso Conchouso, gran bibliófilo y recopilador de textos, quien nos hace llegar la obra de Marcelo Gaya.

Por Rodrigo Cota González