La opinión Mundial

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LaOpinionMundialCon motivo de las investigaciones y especiales estu­dios hechos por el sabio historiador Dr. García de la Riega, para averiguar la cuna y el origen semítico de Colón, las Asociaciones, Centros y clubs israelitas de Europa y América, acogieron con entusiasmo la noticia,, la que circuló por todo el mundo, á semejanza de una co­rriente eléctrica, entre los descendientes de Israel, por el planeta dispersos; convocándose al efecto una reunión en Londres, á la que asistieron muchos rabinos y perso­najes semitas, en cuya reunión se acordó considerar á Colón como una gloria de la familia hebraica; dándose asimismo, una conferencia sobre el descubrimiento de la verdadera patria del revelador del Nuevo Mundo, en la que disertaron MrsJUartin Hume, Hellis, Kelly, Van Sneider y otros historiadores y literatos ingleses.

En América se publicaron más de doscientos artículos sobre la verdadera cuna del descubridor de América, habiendo la Asociación Colombina de América, tomado parte activa en este glorioso asunto; en New York la institución “HisDano Societv of America”, que preside

lón y han enviado á Pontevedra corresponsales para sa­car fotografías de los documentos exhumados por el Dr. Celso de la Riega. La escritora Eva Canel, ha dado va­rias conferencias en el Centro Gallego de Buenos Aires, y ha publicado un folleto afirmando el precioso hallazgo de los documentos que prueban que Colón era gallego.

En los Estados del Río de la Plata se ha iniciado una suscripción popular para levantar en Pontevedra, un monumento al inmortal descubridor del Nuevo Mundo, habiendo encabezado la suscripción con mil petos el ilustre colombista Dr. Riguera Montero, catedrático de la Universidad del Uruguay. La prensa del Brasil, lia* ma medio hermano á Colón, y los periódicos de Colom­bia, Venezuela y Centro América, publican artículos lau­datorios sobre la cuna del glorioso Almirante.

El Rector de la Universidad de Santiago de Chile Dr. Valentín Lctelier, en la apertura del curso académi­co de 1910 á 1911, ha declarado en un solemne discurso que acaba de comprobarse documentalmente, de mane­ra irrefutable, según sus propias palabras, que Cristóbal Colón había nacido en España, en la ciudad de Ponte­vedra. Así lo consignó el diario El Mercurio, de Val­paraíso, en su artículo editorial del mismo mes bajo el título Colón español, que termina diciendo: “La de­claración del Rector de la Universidad de Chile da ca­rácter oficial al hecho.

La prensa de Inglaterra, Alemania, Austria, Italia, Ru­sia y la de otras naciones europeas, se ocupan en los do­cumentos encontrados por el historiador Celso de la Rie­ga, y esperan la publicación del libro editado por la Di­putación de Pontevedra, con los documentos justifica­tivos de la verdadera patria del temerario navegante.

En Portugal, la Asociación Colombina al tener noticia del valioso hallazgo, realizado por el historiador La Rie­ga, respecto á la cuna del gran Almirante, se reunió bajo la presidencia de Teófilo Braga, quien pronunció un his­tórico discurso sobre los hechos de Colón, terminando con las frases “que si Portugal se vanagloriaba de ser la

cuna de Bartolomé Colón, los portugueses experimenta­ban inmensa alegría de que Galicia, hermana gemela de Portugal, fuera la patria del Descubridor del Nuevo Mundo, compañero de los navegantes y descubridores lusitanos’*.

En las Antillas Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y Trinidad; se publicaron algunos artículos ó trabajos sobre la cuna del Virrey de las Indias, distin­guiéndose el gran rotativo Diario de la Marina, el tercer periódico de América, que con tanto acierto dirige el ilustre hispanófilo D. Nicolás Rivcro y Muñiz. Al frente del movimiento colombista, púsose el eminente historió­grafo sociólogo D. Joaquín N. Aramburu, escritor de fa­ma mundial, quien con acopio de datos y abundancia de razones, pulveriza los absurdos argumentos de algunos pseudo-críticos que pasando plaza de eruditos y escrito­res, aún se atreven á afirmar, sin pruebas, de que el gran Colón había nacido en Génova.

Pontevedra, patria de Colón. por Horta y Pardo 1918

00000016Laboriosa y tenaz campaña ha sostenido Galicia, durante muchos años, «para demostrar la patria española de Colón, en Pontevedra, se constituyó una Comisión y sus trabajos merecen el calificativo de notables. Causa sa­tisfacción inmensa ver un pueblo entero interesado en empresas de tal alcance.

Tenemos, a la vista la erudita exposición que en Mayo del año anterior dirigió a la comisión referida el diputado provincial don Prudencio Otero, para que la Diputación pidiera a la R. Academia de la fiistoria que una de­legación de su seno comprobara la legitimidad de los documentos que acre­ditan el linaje verdadero de Colón. El documento es digno de estudio por lo razonado y discreto. El Sr. Otero da cuenta del descubrimiento hecho por él en Porto Santo: una  vieja inscripción en un muro frente a la casa en ruinas que la tradición dice que fue del descubridor del Nuevo Mundo, en la que se lee : Juan Colón -Recuerdo—Año 1490.

Ahora, en el último número de la interesante revista Galicia pintoresca (20 Enero), publicase el siguiente artículo que reproducimos con verdadero entusiasmo. Dice asi:

«Las pacientes y laboriosas investigaciones históricas, lleva­das a cabo por el bibliófilo y lexicógrafo Dr. García de la Riega, corrieron las sombras y aclararon la obscuridad que envolyía la cuna del Almirante de las Indias, que ha resultado ser Ponte­vedra; ciudad del antiguo Reino de Galicia, semillero de marinos ilustres y osados, navegantes.

El sabio y afortunado descubridor de la verdadera patria de Colón, demuestra y prueba su descubrimiento, con la autentici­dad de variados testimonios de documentos en pergaminos y escrituras en papel, desenterrando de los viejos archivos, minu­tas notariales—como la que hemos publicado en el número treinta y siete—con todas las condiciones de autenticidad en esta clase de documentos y otras determinadas particularidades, detalles y datos, como el pergamino, papel, tinta, los caracteres caligráficos  de aquella época, la ortografía, la redacción» las frases sacramentales, que se usaban en aquellos tiempos, en la redacción de documentos; hallándose, algunos de ellos, aguje­reados y carcomidos, otros con los bordes rotos y algunos con frases y letras casi ininteligibles, debido a la acción del tiempo transcurrido, pues tienen cerca de cinco siglos.

Entre los documentos originales, aparece también el que hoy insertamos, de 1529, un Juan de Colón «mareante», nombre que se dada a la gente de mar en aquellos tiempos; es decir, que en la provincia de Pontevedra, desde 1428 a 1529, aparece su ape­llido unido a nombres propios de casi todas las personas que formaron su familia (1).   ”

Con abundancia de prueba documental e indiciaría y con ar­gumentos irrefutables, fundados en bases verdaderas, en impor­tantes tradiciones históricas y en indicios seguros, se prueba de una manera concluyente, clara y patente, que no da lugar a la’ menor duda, que el Descubridor del Nuevo Mundo, era gallego; que era mareante, nauta, piloto, matemático y cosmógrafo, que había sido criado en las rías gallegas que miran al Océano, en la parte más occidental de Europa- y la más próxima a América. Quedando en su virtud, resuelto el problema histórico y corrido el velo que cubría la verdadera patria o  nacionalidad del descu­bridor de América. ‘                   ,

 Constantino HORTA Y PARDO.

SOBRE DO CASO OE COLON – A Nosa Terra – Abdón Rodríguez Santos 1917

Sin tífftulo-1Invltasme, boa amigo, a que opine sóbor si Colón foi xenovés ou gallego.

No o sei, pro pensó estudíalo.

¿Qué Importa que fose nado en Gallega si outros ilustraron a sua mente?

¿E non está probado que o camiñoo que buscaba era o d‘as Indías, e non o d-este conti­nente, entonces descoñecido?

Non é, meu caro amigo, que coidde cousa cativa o sabere da patria de Colon. Pensó no ben que lle poidera vir a Galicia con ese achádego e a eso vou.

¿Non é verdade que vosté s’alegra moito de que Colón sexa gallego? ¿E por qué? ¿Deixarán entonces de emigrar os gallegos? ¿Serán maís fortes, máis cultos, maís felices? ¿Ten­dremos carreteras e ferrocarris e camiños veciñás; serán maís independentes os Axintamentos e disminuirá a burocracia, o nepotismo e o esprítu de servidume? – ¿Sangraránse os rios e mineralizaránse as térras? ¿Fomentaránse os eldos y-as florestas? ¿Rexuveneceráse a escota e trocaráse o seaso da civilidade?

¿Combatirase a parcelación nimia e o lati­fundio, e o aforro terá rumbos mais racionales e progresivos? ¿Crearanse escolas especiaos de agricultura, industria e comercio, e o mismo tempo que libros de versos e historia, escrlbiránse outros sóbor o millor sistema de anun­cios. sóbor a ceba dos bovinos, a triquinosis e a Indixestión dos porcos, e o xeito novo de muxir as vacas, e a fabricación de queixos y-a exploración do sulchán gallego?

Si esto sucede, valderia a pena que Colón fose gallego. Pro si hemos de seguir tendo poetas Morantes e escritores falcatrueiros e parvos que se venden por un prato de lentexas, e comerciantes rutinarios e analfabetos, e es­píritu rebañego e discursos valeiros, e odios bandeirzos e homenaxe tan sollo ó éisito, ó poder ou ó diñeiro, si Galicia vai a seguir cómo está nada importa que Colón sexa ou non gallego.

Si Galicia continúa sendo Cinzenta de Hespaña, como Xénova o é de Italia, maldita gloria e maldito porveito, como os de Curros desterrado e Chané perseguido, e a probeza cingulndo sempre ós mais ilustres e bos da nosa térra, s’en Madrid non foron confir­mados.

Non son os feltos, amigo meu; é a interpre­tación d-eles o que vale e canta, y-anque non dúbito que poida Interprétalos mal, xúsgoos honrada e libremente

Abdón Rodriguez Santos, Habana, 1918.

COLÓN, PONTEVEDRA, CAMINHA por Rodrigo Cota

Rodrigo_Cota.jpgYa pasa un siglo desde el día en que D. Celso García de la Riega presentó su teoría sobre el origen gallego de Cristóbal Colón, y más de treinta años desde que Alfonso Philippot propuso al legendario Pedro Madruga como verdadera identidad de Colón.

Y  recientes hallazgos de textos y documentos no solamente demuestran que ambos tendrían razón. Ahora sabemos además que ni uno ni otro fueron los primeros en relacionar a Colón con Galicia y con Pedro Madruga, lo que confiere, si cabe, más mérito a sus trabajos.

Cientos de años antes del nacimiento de García de la Riega y Philippot ya había quien sostenía exactamente las mismas teorías sobre el Colón gallego, como demuestran las últimas investigacio­nes presentadas en la obra “Colón, Pontevedra, Caminha”.

Así tenemos, por ejemplo, un párrafo sacado del trabajo “Itinerario por las regiones subequinoc- ciales” que sitúa inequívocamente a Colón en Galicia antes del descubrimiento. Su autor no es otro que Alessandro Geraldini, amigo íntimo del descubridor. También tenemos la “Crónica de Carlos V” de Francesillo de Zúñiga, quien apenas unos años después de la muerte de Colón relaciona directa­mente al personaje con Pedro Madruga.

Basten estos dos ejemplos, de entre los muchos que podríamos citar, para demostrar dos cosas: en primer lugar que situar a Galicia como patria de Colón no es un “invento” de García de la Riega; y en segundo lugar sirvan los textos de Geraldini y Francesillo de Zúñiga para comprobar lo injusta que ha sido la Historia con las tesis gallegas, a las que ha tratado siempre con una desconsidera­ción letal mientras daba alas a otras propuestas que carecían de cualquier soporte documental como las catalanas, mallorquínas, portuguesas o la más extendida e inverosímil de todas, la del Colón genovés.

Ese soporte del que carecen otros nos sobra a los pontevedreses. Tenemos documentos que demuestran que Pontevedra, particularmente el lugar de Porto Santo, en Poio, era el único lugar del mundo en que existía el apellido Colón en el siglo XV. Conocemos también que cerca de cien nombres utilizados por el navegante para bautizar otros tantos lugares descubiertos por él en América pertenecen a la toponimia de las Rías Baixas, ¿le suenan los nombres de San Salvador, Porto Santo, Lanzada, Río Miño, Arenal o Piedras Negras?; ¿alguien que no fuera gallego hubiera utilizado esos nombres? Sabemos además, por textos escritos de puño y letra de Colón, que su castellano estaba plagado de voces gallegas. ¿De dónde puede ser originario quien escribe “debu- xar” en lugar de “dibujar”, “enxerir” por “ingerir” o “perigos” por “peligros”?

Pero es que además, ahora, tenemos ya centenares de textos y documentos que relacionan a Colón con Pedro Álvarez de Sotomayor, o Pedro “Madruga”, conde de Caminha. Hoy sabemos que Colón intercedió personalmente ante los reyes para conseguir un ascenso a Diego de Sotomayor, hijo de Pedro Madruga. Sabemos que otro hijo de Pedro Madruga, llamado igualmente Cristóbal, era amigo personal de los dos hijos de Colón, quienes serían sus hermanos en realidad. Sabemos que este hijo de Pedro Madruga es aún hoy conocido en Puerto Rico como Cristóbal Colón de Sotomayor. Y todo esto que estamos contando no son “ocurrencias” de La Riega o Philippot. Son afirmaciones de autorizados cronistas que conocieron en persona a Colón o a su entorno. O son documentos que se encuentran en los archivos, como uno que nos dice que Diego Colón, hijo del descubridor, quitó cien esclavos a otro castellano para dárselos al hijo de Pedro Madruga.

Ante estos nuevos y determinantes hallazgos tenemos dos opciones: buscar la prueba científica o cruzarnos de brazos durante otros cinco siglos. Yo opto por la primera.

Recientemente se han extraído muestras del ADN de Colón y sus parientes más cercanos. No hay más que compararlas con el ADN de los restos de la familia Sotomayor o con cualquier persona viva que descienda de Pedro Madruga. Ese proceso ya lo han hecho, claro, catalanes, genoveses y mallorquines sin éxito, convirtiendo a la teoría gallega en la única seria que queda por descartar.

Y   la pregunta inevitable es, ¿por qué no hacerlo?; ¿es que acaso perderíamos algo, incluso aunque el resultado fuese adverso? Pero pensemos por una vez en lo que Pontevedra ganaría con un resultado positivo. Pensemos en lo que lograríamos si el dictamen nos dijera: “Colón y el ponte- vedrés Pedro Madruga eran la misma persona”. Pensemos en lo que ganaríamos si pudiésemos situar a Pontevedra en los mapas como el lugar que vio nacer al descubridor de América.

Aunque solamente hubiera una posibilidad entre un millón, y crean que las posibilidades se van acrecentando cada día, ¿por qué no intentarlo? Si unos simples análisis de ADN nos pueden sacar de dudas, ¿por qué no hacerlos?

Todos sabemos que varios reinos de Europa dudaron en enviar a Colón a cruzar un océano, hasta que alguien dijo: “¿por qué no intentarlo?”.

Y  encontró un continente.

Por eso, como buenos gallegos, a la pregunta ¿por qué hacer las pruebas de ADN?, debemos responder con otra pregunta: ¿y por qué no? Quizás entonces los gallegos descubramos un Nuevo Mundo una vez más.

Rodrigo Cota GonzálezC

COLÓN, PONTEVEDRA, CAMINHA

Colón, galego – A Nosa Terra – 1934

ANosaTerra1934_Página_2_Imagen_0001No Círculo Mercantil de Pontevedra deu D. Xerardo Alvarez Limeses unha conferencia sobre do tema «Colón, pontevedrés».

A conferencia tiña unha finalidade: intresar ás xentes de Pontevedra na pubricación d’unha obra de Izquierdo Corral, gue a xuicio do conferenciante é un alegato definitivo a prol de tesis «Colón, pontevedrés» que sentou Gar­cía de la Riega, e que tantas polémi­cas ten movido.

N’unha das partes da súa charla, o conferenciante ocupouse dos motivos que ao seu modo de ver poideron in­fluir en que a tesis, pra il indiscutíbel, non prosperase.

Unha d’elas atínguenos direitamente e motiva iste comentario noso.

Dixo o Sr. Alvarez Limeses que tal tesis non topara o calor dos galeguistas. Pero non o dixo como unha cen­sura. Coida il que a razón de que aos galeguistas non nos teña intresado a demostración da procedencia galega do gran navegante aventureiro está no feito de que Colón negase a súa patria.

Pode que o Sr. Alvarez Limeses teña un pouco de razón.

Sin título-1 copiaNon é que aos galeguistas non nos intrese o navegante xenial que presententíu a redondez da Terra e se xogou a vida na precura d‘ un novo camino pra as Indias. Si tal home non era galego, merecía selo. Estamos por afirmar que soio un galego ou portugués podía ter azos pra acome­ter semellante aventura.

Intrésanos, pois, Colón como figura universal, que descubre un novo mun­do e afinca o fito siñalador de novas edades da Historia.

Pero o Colón que nega a súa Patria, calisquera que sexan os motivos que ao principio o determinasen a elo, non pode merecer n’outra orde de ideias a nosa simpatía.

Tempo tivo, despois dos seus glo­riosos viaxes, cando foi despreciado pol’os Reis de Castela, aos que dera un novo mundo, de volver a ela, e de confesala sen rodeos.

Colóri, ademirable como descubri­dor e aventureiro, é, no orde do pa­triotismo galego, o símbol’o de catro séculos da vida de Galiza. O símbolo d-unha Patria, a nosa, que se da en- teira a Castela, esquencida de sí mes- ma, pra non recibir despois mais que desprecios e aldraxes.

Nós preferimos a Galiza dona de sí que non ten outro señor que os destiños que a Historia lie asinalan.

Pol’o demais, a iniciativa do Sr. Al­varez Limeses contará dende logo co noso apoio.—X.

Cristóbal Colón era español

por Julio Tortosa Franco, 1957

S25C-113061914580CRISTOBAL COLON ERA ESPAÑOL

La Institución de Mayorazgo de 1498 es apócrifa, y lo prueba su mismo texto:

“El claro nombre de Galicia merece por tan­tos nombres (cuántos abundan sus títulos y tim­bres), que no ha menester mendigar uno nuevo pa­ra aumentar su gloria. Los que, a sabiendas de que Colón fué genovés, pretenden hacerle galaico, molestan a Galicia antes que la ensalzan, por cuan­to la presentan a los ojos del mundo (y a España conjuntamente), con una marca de incultura ajena por completo a tierra tan esclarecida.

Porque sólo de la falta de estudio ha podido en­gendrarse este aparato que forja la inaudita espe­cie, contra todos los respetos de la Historia, de que el célebre cosmógrafo nació en Pontevedra.

No basta el testimonio del mismo navegante, que, al fundar el mayorazgo, confiesa por dos veces ser natural de Genova”. (Astrana Marín; de su obra “Cristóbal Colón”, pag. 51).

Estas duras diatribas del escritor Astrana Marín contra los defensores de la verdad de la patria española y cuna pon- tevedresa de Colón, estarían justificadas si el genovismo po­seyera pruebas o, al menos, contara con algún hecho en que poder fundamentar el permitirse dar patente de buen estu­dio y de cultura a aquellos que por su inquietud en busca de la verdad son acreedores al respeto y consideración de los que piensan en contrario, mereciendo de éstos, al menos, se les razone con fría ciencia histórica para volverles de su error, si es que estaban en él; pero desgraciadamente no es así, puesto que estos grandes eruditos, españoles por naturaleza y genovistas por simpatía, para rebatir la tesis española ha­cen uso de más pasión que ciencia, cayendo por ello en lo que más critican, ya que todos sus razonamientos están llenos de sutilezas a las que no avala ningún documento auténtico O testimonio de calidad. Tan es así, que siendo la patria getio- vesa del Almirante la que ha sido defendida por las mejores plumas mundiales, no han podido conseguir hasta la fecha que esta tesis tenga sentido lógico o, si se quiere, sentido co­mún, puesto que en ella son anormales todos los hechos, y és­tos, en ningún caso, guardan relación con sus anteriores y los que le suceden; requisitos indispensables para completar los períodos históricos. Por esta razón los eruditos se enzarzan en interminables digresiones a fin de encontrar explicación a los hechos, aunque éstos sean insignificantes, no llegando nunca a un perfecto acuerdo, salvo, y por excepción, en qui­tarle a España el derecho legítimo a ser patria del Almirante.

Por ello nos maravillamos de que estas minorías selec­tísimas incurran ante la patria, en la responsabilidad de hacer coto cerrado de una tesis antiespañola careciendo de funda­mentos básicos para sostenerla, con la agravante de que pa­ra defenderla atacan desconsideradamente a todos aquellos patriotas amantes de la verdad, que si rompen una lanza de­fendiendo la patria española de Colón, es porque han visto hechos y documentos que ponen de manifiesto con cuánta le­yenda y poca cienda histórica se ha escrito la biografía del Almirante.

Caso concreto de este modo de obrar, son las manifes­taciones del ilustre escritor Astrana Marín contra los galleguistas, expuestas aí principio de este trabajo; por ellas ve­mos que el fundamento de sus afirmaciones de que sólo la incultura y el poeo estudio son causa de que se defienda la cu­na pontevedresa, radica en la institución de mayorazgo de 1498, sin tener en cuenta que en otra parte de su obra, dice, que para la pretendida patria española del Almirante es igual sea auténtico o falsa esta institución; sigue además, este es­critor, el testimonio de Bartolomé de las Casas para asegurar que Bartolomé Colón estuvo en Inglaterra ofreciendo la em­presa y allí enseñó un mapa hecho por él, en donde iban in­sertos unos versos que contenían su nombre y apellidos, y la patria genovesa. Este testimonio, exclusivo de Las Casas, carente de documento o hecho en que apoyarlo, es desmentido rotundamente por el propio Bartolomé Colón en la decla­ración que prestó en los pleitos, al afirmar que cuando él iba con su hermano el Almirante ofreciendo el descubrimiento en la Corte, todos los tomaban a burla.

No hay afirmación genovista a la que no salga al paso, contradiciéndola, un documento o un testimonio de calidad, como iremos exponiendo en sucesivos trabajos, conforme va­yamos destruyendo cada una de las leyendas colombinas.

Dos artículos llevamos dedicados a demostrar la false­dad de la institución de 1498, base del italianismo de Colón. En ellos hemos expuestos razones jurídicas de irrefutable fuerza probatoria para destruir este absurdo documento, que cuanto más se estudia más nos asombramos de que haya si­do aceptado como hecho por el gran Colón, teniendo en cuen­ta que del análisis de sus facetas, ya sea considerándolo co­mo testador, padre, vasallo, católico, etc., nos lleva al con­vencimiento de que este escrito es completamente distinto de los testamentos de 1502, 1505 y 1506, cuyos textos consta eran de puño y letra del Almirante; en cambio, el texto de es­te apócrifo escrito no es de letra del Almirante, y su autor fué un necio que desconocía las leyes y costumbres de Casti­lla, el amor verdadero de un padre para sus hijos, las cau­sas de excomunión papal y la autoridad que el Santo Padre podía tener en los estados soberanos; y, sobre todo, por ser un hecho insólito, demostró un desconocimiento absoluto de las capitulaciones firmadas en Santa Fe y confirmadas en

1497,   el mismo año en que se pretende por la erudición ge- genovista, empezó nuestro Almirante a escribir este apócri­fo mayorazgo.

Para hacer testamento y mayorazgo es incuestionable que el testador ha de saber los bienes que puede transmitir a sus herederos; de no ser así nos encontraríamos ante el ab­surdo. A don Cristóbal Colón, le reconocen todos los eruditos, sin excepción, capacidad suficiente y obsesiva para tener siempre presente sus privilegios y mercedes; por ello es inad­misible creer que Colón pudiera olvidar, aumentar o cambiar alguno de los capítulos firmados en Santa Fe, origen de sus bienes. Esta verdad nos demuestra que el autor de la super­chería del mayorazgo de 1498, estampó en este escrito un gran error jurídico debido a su absoluto desconocimiento de las auténticas capitulaciones, como vamos a demostrar trans­cribiéndolas íntegras, tal como las publicó la duquesa de Alba en “Autógrafos de Colón y papeles de América”, el año 1892.

Primeramente q vuestras altezas como señores que son de las dichas mares Oceanas facen dende agora al dicho don Christoval Colon su almirante en todas aquellas Islas y Tie­rras firmes que por su mano o industria se descubriese o gana­ra en las dichas mares Oceanas para durante su vida: y des­pués del muerto a sus herederos y sucesores d’vno en otro perpetuamente: con todas aquellas preheminencias y prerro­gativas pertenecientes al tal officio: y según que don Alonso Enríquez vuestro almirante mayor de Castilla e los otros pre­decesores en el dicho officio lo tenía en sus distritos. Plaze a sus altezas Jua d’Coloma.

Otrosí vuestras altezas hacen al dicho don Christoval Colon su visorey y gobernador general en todas las dichas Is­las y tierras firmes e Islas q como dicho es el descubriere o ganare en las dichas mares. E que para el regimiento de ca­da una y cualquier deltas faga elección de tres personas pa­ra cada officio: y que vuestras altezas tome y escojan vnci ctl qu más fuere su servicio y anssi serán mejor regidas las tierras que nuestro señor les dexará fallar e ganar a seruicio d! vuestrs altezas. Plaze a sus altezas, Juan de Coloma.

Item que todas e cualesquier mercadería: si quier sean perlas piedras preciosas/oro/plata/especería e otras cuales­quier cosas: y mercaderías de cualquier especie, nombre e manera que sean que se comparen /trocaren/ fallaren/ ga­naren e ouiere dentro de los límites del dicho almirantazgo: que dende agora vuestras altezas facen merced al dicho don Christoval: e quieren que aya e lleue para si la decima par­te de todo ello quitadas las costas todas que se ficieren, ene- lio: por manera que de lo que quedare limpio e libre aya e tome la decima parte para si mismo e faga della su voluntad: quedando las otras nueue partes para vuestras altezas. Pla­ze a sus altezas. Juan de Coloma.

Otrosí que si acausa de las mercaderías que el traerci d’las dichas Islas e tierras que assi como dicho es se ganaren e descubrieren o de las que en troque de aquellas se tomaren de aca de otros mercaderes nasciere pleyto alguno en el lu­gar donde el dicho comercio y trato se terna y fara: que si por la preheminencia de su officio de almirante le pertenece co- noscer de tal pleyto plaga a vuestras altezas que el o su te­niente y no otro juez conosca del tal pleyto: y assi lo prouean dende agora. Plaze a sus altezas si pertenesce al dicho offi­cio de almirante según que lo tenían el dicho almirante don Alonso Enríquez: y los otros sus antecesores en sus distri­tos y siendo iusto. Juan de Coloma.

Iten que en todos los nauios que se armaren para el tra­to e negociación cada y cuando y cuantas veces se armaren que pueda el dicho don Christoual Colon si quisiere contria buyr y pagar la ochaua parte de todo lo que se gastare en el armazón: y que también aya e lleue el prouecho la ochaua parte de lo que resultare de la tal armada. Plaze a sus altezas Juan de Coloma. Son otorgados e despachados con las res­puestas de vuestras altezas en fin de cada un capítulo en la villa de sancta fee de la vega de Granada a diez y siete días de abril del año del nascimiento de nuestro saluador JesuCristo de mil e quatro cientos e nouenta y dos años. Yo el rey. Yo la reina. Por mandato del rey y de la reyna Juan de Coloma Registrada Calcena:

Confirmadas el día 23 de abril de 1497, en la ciudad de Burgos.

Por las capitulaciones sabemos que Colón llevaba co­mo merced económica, para todos los efectos de descubridor, Almirante, Visorrey y Gobernador General, el diezmo de lo que los Reyes percibieran en Indias; el tercio de todas las presas que se hicieran dentro del Almirantado, tal y como lo tenían los Almirantes de Castilla; y, la autorización para for­mar sociedad con la Corona, contribuyendo con el ochavo del gasto de toda armada que se formase para las Indias, perci­biendo en compensación la ochava parte de la ganancia que resultare de esta armada, sin que por ningún concepto apa­rezca el que tuviere que llevar sueldo por el total, ni por ca­da uno de los oficios de Almirante, Visorrey y Gobernador General.

La primera necedad del falsificador del mayorazgo de 1498,   es hacerle decir al Almirante: “é el salario que es ra­zón llevar por los oficios de Almirante, Visorrey y Goberna­dor y con todos los otros derechos pertenecientes a los dichos oficios, ansí como todo más largamente se contiene en este mi privilegio y capitulación que de sus Altezas tengo”. Afir­mación falsa que no puede tolerarse sea atribuida al Almi­rante.

La segunda necedad del falsificador, fué poner en el es­crito: “Lo cual todo con mis derechos de mis oficios de Al­mirante y Visorrey y Gobernador es más de veinticinco por ciento”. El autor, desconociendo lo que era el diezmo, ter­cio, y ochavo, suma (DIEZ más OCHO más TRES más SUELDOS) para hacer veintiséis y poder justificar el decir más del veinticinco por ciento, cometiendo la estupidez de transformar el treinta y tres con treinta y tres por ciento que es a lo que corresponde la tercera parte, en el tres por cien­to; y, el ochavo que es el doce por ciento, en el ocho por cien­to. No sólo es inadmisible en el Almirante este desconoci­miento del porcentaje, sino que el mentecato falsificador su­ma lo que son capítulos distintos, pues el tercio que le co­rresponde por el privilegio de Almirante, está bien explícito en el Memorial de las provisiones del Almirante D. Cristóbal Colón que se enmendaron año de 1500 (registro del Archi­vo de Indias, de Sevilla), que, entre otras, dice así: “Una carta se rasgó que contenía que ninguna persona vaya con navios ni carabelas ni en otra manera a las Indias, salvo lle­vando cartas de Sus Altezas o de personas que en su nombre ó por el Almirante fueren puestas en Cáliz para entender en las cosas del dicho mar, con tanto que los tales navios vaya nombrado el Capitán por Sus Altezas¡, ó quien su poder ho- biere, é que vaya en cada navio un Escribano, por quien pa­se todo lo que en el viaje se hiciere, nombrado por Sus Alte- zas, é los que de otra manera fueren QUE PIERDAN LOS NAVIOS é sean aplicados para la cámara la cual alia de ello LA TERCERA PARTE, E LA OTRA TERCIA PARTE EL ALMIRANTE, E LA OTRA TERCIA PARTE EL ACUSA­DOR E EL JUEZ QUE LO SENTENCIARE, é las personas é bienes que den a la merced de Sus Altezas, la cual mandan que sea así pregonada… Otra provisión se enmendó que ha- blaba que el Almirante goce del ochavo ó diezmo, aunque no haya contribuido enteramente en la parte de las costas, é que le sea acudido con ello por tiempo de los tres años: hU cieronse en esta algunas enmiendas de que el almirante se agravia, é las enmiendas son que él quiere sacar primero el ochavo que el diezmo, é pónese que saque primero el diezmo, que es asi conforme á la Capitulación, é pagando sus costas que haya el ochavo como en la dicha Capitulación se contie­ne”. Es, por tanto, el testimonio de los mismos Reyes el que nos confirma de que cada capítulo de las mercedes econó­micas insertas en las Capitulaciones es para un concepto; lo contrario sería absurdo, como podemos comporbar con el siguiente ejemplo: De las Indias se recogen cien kilogramos de oro, de éstos, ochenta kilogramos corresponden a los que   recogieron y veinte kilogramos a los Reyes (el quinto), de éstos, veinte kilogramos de los Reyes, corresponden a Colón por el diezmo, dos kilogramos. Si este oro hubiese sido ad­quirido en trueque de mercaderías llevadas de Castilla con aportación del ochavo por parte de Colón entonces sería, ochenta y siete kilogramos y medio para los Reyes y doce kilogramos y medio para Colón; no siendo aplicable por nin­gún concepto en estos cien kilogramos de oro el capítulo del tercio. Así, pues, si aceptamos la suma de los capítulos del diezmo y el ochavo nos daría para Colón dos klg. del diez­mo más diez klg. del ochavo, lo que hace un total de doce klg., o, lo que es lo mismo el 12 % y para los Reyes el 88 %. En cambio según el mayorazgo de 1498, serían para Colón más el 25 % y si se interpretan los sumandos como en ella se especifica serían 55,80 klg. los que corresponderían al Almirante de cada cien klg. de oro que se sacasen de las In­dias. Esto es imposible lo hubiera escrito Colón y menos aún lo hubiesen aprobado los Reyes, como pretende la erudición genovista.

La tercera gran necedad del autor o autores de esta fal­sificación, es hacernos creer que el Almirante dijo: “é yo ho- biese el diezmo de todo lo que en el dicho Almirantazgo se fallase é rentase, y asi mismo la OCTAVA PARTE DE LAS TIERRAS…, etc.”. Con esta sola cláusula tenemos la prueba indiscutible para rechazar de plano la legitimidad de esta escritura, si no fueran bastantes las razones anteriormente expuestas. Y no nos explicamos cómo los ilustres escritores Ballesteros —padre e hijo—, Altolaguirre, Serrano Sanz y As­trana Marín, entre otros grandes defensores del genovismo, así como apasionados detractores de la patria española, se les haya pasado inadvertido tamaño desliz de los falsifica­dores de este escrito, los que por ignorancia del texto de las Capitulaciones, la facultad de contribuir con el ochavo del gasto en toda armada para beneficiarse el Almirante del ocha­vo de las ganancias la transformaron en la propiedad de la octava parte de las tierras de las Indias. No puede sostener­se fuera equivocación del Almirante, puesto que esta expre­sión de el OCTAVO DE LAS TIERRAS está repetida por dos veces, y, además, la tinta empleada para confirmar las capitulaciones aun estaba fresca cuando Colón empezó a es­cribir este mayorazgo el año 1497, como sostienen los ge- novistas para justificar la incongruencia de nombrar al Prín­cipe don Juan en la fecha 22 de febrero de 1498, habiendo- fallecido este Príncipe en octubre de 1497.

El hecho de consignar, torpemente cambiadas las ca­pitulaciones de Santa Fe; fué una necedad del falsificador que demuestra su ignorancia de cuáles eran el origen de los. bienes y estado del Almirante. La afirmación de la erudición genovista de que los Reyes Católicos aprobaron en septiem­bre de 1501 el mayorazgo de 1498, constituye una insensa­tez, habida cuenta de que estos reyes siempre fueron celosí­simos de sus prerrogativas, fieles guardadores de las costum­bres y leyes de sus reinos y defensores de los intereses de la Corona, por lo que, forzosamente, habían de rechazar una escritura de mayorazgo, ilegal desde su origen, conteniendo una cesión de bienes y privilegios que no respondían a la ver­dad de los que fueron concedidos solemnemente en las ca­pitulaciones; falsedad que lesionaba gravemente los intereses, de la Corona al disminuir el ingreso de los reyes en benefi­cio de Colón, del 88 %, según lo capitulado, al 44 %, según el mayorazgo; y, por otra parte, la mayoría de sus cláusu­las eran una transgresión de las leyes de Castilla. Así, por ejemplo, la que rogaba al Papa —poder extranacional— in­terviniera con su ordenación y mandamiento para el cumpli­miento de todas las partes del testamento; o esta otra que ordenaba se depositara todo el dinero de la renta en el Ban­co de S. Jorge de Génova, quebrantando la ley castellana que prohibía la salida de dinero, oro, plata, etc., fuera de los rei­nos; o aquella en la que el Almirante de la mar Océana, Vi- sorrey y Gobernador General de las Indias, hacía ostentación de que era genovés, burlándose ante los reyes y grandes del reino, de las leyes que prohibían se dieran cargos de juris­dicción a cualesquiera persona, fuere de la clase que fuere, na siendo natural de los reinos de Castilla y León; y, por últi­mo, el día 9 de junio de 1501, Colón recibió en Granada, el traslado autorizado de la provisión real para poder hacer ma­yorazgo, enviada por el P. Gorricio. ¿Cómo poder explicar la incongruencia de que en septiembre de 1501, se aprobara un mayorazgo hecho en febrero de 1498, precisamente cuan­do cinco meses antes de esta supuesta aprobación, Colón es­taba cumpliendo los trámites legales para hacer un mayoraz­go que en nada se parecía al supuesto autorizado?

Quinientas cuartillas necesitaríamos para hacer la crí­tica de los grandes errores de todo orden que este mayoraz­go contiene, pero la falta de espacio no nos permite extender­nos todo lo que nosotros quisiéramos a fin de no dejar nin­gún cabo suelto; ahora bien, creemos sinceramente que con lo que llevamos expuesto y procurando condensar las prue­bas que nos quedan por exponer, hay suficientes elementos probatorios para que nuestros lectores saquen la conclusión de que esta escritura es apócrifa. Para ello resumimos nues­tro alegato en doce pruebas apoyadas en los hechos históri­cos que dan al mayorazgo de 1498, sentencia inapelable de falsedad.

PRIMERA.— Es falsa, porque no fue mencionada para su anulación, en los testamentos de 1502, 1505 y 1506, como era obligado según la ley VIII, Título I, Partida VI; carece de los necesarios testigos, a tenor de la ley I, Título I, Partidct VI; y, además, el original que conocemos no es de letra del Almirante.

SEGUNDA.— Es falsa, porque esta escritura apareció por vez primera el año 1589, con motivo de los pleitos por leí, sucesión al ducado de Veragua, y fué entregada al Consejo de Indias por el doctor Hurtado, tutor del menor Cristóbal, hijo adulterino de D. Luis Colón y Luisa Carvajal; y como el doctor Hurtado representaba al que había sido excluido de la herencia por su padre y después por su primo D. Diego Colón, cuarto Almirante y segundo duque de Veragua, no po­día poseer ninguna escritura que hiciera referencia al Mayo­razgo de los Colón, ya fuese válida o estuviese anulada.

TERCERA.— Es falsa, porque su texto fué conocido por el Senado genovés y su embajador en Madrid mucho antes que lo conociera el Consejo de Indias y los herederos legíti­mos del primer Almirante, como lo prueban los cuatro de­cretos del Senado Genovés a su embajador en Madrid, pu­blicados por Carlos Centurione.

CUARTA.— Es falsa, porque los capítulos y mercedes concedidos en Santa Fe, origen de los bienes del Almirante, se presentan falseados, lesionando gravemente los intereses de la Corona. Hecho que no podía hacer el Almirante ni con­sentir en modo alguno los Reyes Católicos.

QUINTA.— Es falsa, porque la firma que la avala, re­señada en el memorial del pleito, es completamente distinta a la auténtica estampada en las dos cartas publicadas por el Ministerio de Fomento:

Figura (1)

S

S A S

X M Y

X P O FERENS

Figura (2)

 S.A.S.

X M Y

: Xpo. FERENS./

La figura 1, es la del mayorazgo de 1498, y la figura 2,, es la inserta en las dos cartas de gobernación de la Españo­la y arte de navegar.

SEXTA.— Es falsa, porque difiere profundamente del testamento de Valladolid.

No es posible demostrar que ambos documentos fueron hechos por la misma persona, pues considerando que es el «stilo el carácter especial que da el autor a sus obras y es como sello de su personalidad, resalta de modo evidente esta, disparidad de estilo y por consiguiente de personalidades en cada estilo y por consiguiente de personalidades en cada uno de estos documentos. Basta observar, entre otras divergen­cias, la de que en el mayorazgo de 1498 la mayoría de las; frases contienen doble verbo similar, sin necesidad que lo justifique. Así nos encontramos con ..fallase e hobiere é ren­tare; haber é hobiere; suceda y herede; llamado y llamase; ordenación y mandamiento; fuere y es contenido; la hayan y les sea dada; por ir y para que vaya; ordeno y mando; se de y haya; se verá y vea; tenga y sostenga; tiene o tubiere…, etc”. La composición del verbo con lo y la, los y las, me y se: ejemplo, “la gastar; le conquistar; me hacer…, etc”, es. empleada catorce veces. Asimismo, las frases contienen vo­cablos inútiles y a veces repetido el mismo vocablo de tal mo­do que hacen oscura la sentencia y recargado el texto en per­juicio de la sencillez y clara expresión necesaria en todo es­crito, o indispensables si se trata de testamento; así, por ejem­plo, encontramos “como es cumplir libremente lo que yo de­jo ordenado, cumplidamente como digo”. En esta frase so­bran: “cumplidamente como digo”. Otra es, “suplico al San­to Padre que agora es, y que sucederá en la santa Iglesia agora”. Aquí un “agora” es incompatible con “sucederá” y el otro “agora” está demás, así como todo lo que sigue “al Santo Padre”; otra muestra es, “que se llame y se haya siem­pre llamado de su padre y antecesores, llamados de los de Colón”. En esta frase sobran, “y se haya siempre llamado”, y “llamados”. Los conceptos que expone al principio de cada cláusula, vuelve a repetirlos en la misma, sin motivo que lo justifique. Así, por ejemplo, en la cláusula donde instituye el orden de sucesión después de nombrar el último, D. Die­go, su hermano, vuelve a repetir el mismo orden comenzado otra vez en D. Diego, su hijo…, etc., y como en ésta, sucede en las dedicadas a D. Bartolomé; al diezmo de los pobres; a sus oficios…, etc.

El testamento de Valladolid no contiene vocablos inúti­les, ni dobles verbos caprichosamente usados y la composición de verbo con “lo” y “la”, etc., sólo es empleada tres ve­ces; no repite los conceptos en la misma cláusula ni en otra; los pensamientos fluyen con naturalidad; la exposición es sencilla y elegante con dominio de los secretos del idioma; y, en todos los extremos del documento, se manifiesta un res­peto absoluto a las leyes y costumbres de Castilla y León.

SEPTIMA.— Es falsa, porque el estilo en ella es distin­to al de los auténticos escritos del Almirante.

No sólo existen diferencias profundas entre el testamento de Valladolid y la mayorazgo de 1498, sino que además he­mos comprobado que las diferencias apuntadas son idénticas comparándola con otros escritos del Almirante. Así tenemos que en la carta del arte de navegar, no se contiene la com­posición formada por el verbo con “lo” y “la”, “los” y “las”, “me” y “se”, etc.; en la carta sobre gobernación de la espa­ñola, sólo dos veces es empleada esta composición; no con­tienen ambas cartas vocablos inútiles; la elegante sencillez y fuerza expresiva con que están expuestos los conceptos es coincidente en el testamento de Valladolid y en las dos car­tas citadas, como asimismo en el memorial enviado con An­tonio de Torres, borrador de fines de 1500, capitulaciones, etc.; es decir, todos aquellos documentos calificados como indiscutibles del Almirante presentan un mismo estilo o s*> 11o personal, por lo que todos ellos forman un grupo homo­géneo. En cambio, el estilo de la mayorazgo de 1498 es in­compatible con el de los documentos antes citados y concuer­da perfectamente con sus afines, que son la carta al Ama, la del libro de las Profecías; relación de viajes y cartas trans­critas por Bartolomé de las Casas…, etc.; todos ellos coinci­dentes en estilo y en la singular circunstancia de llevar una injusta leyenda de Colón o una ofensa a España y a los es­pañoles, formando estos escritos otro grupo homogéneo, pe­ro completamente distinto al anterior, incluso en las firmas que los avalan. Ya apuntamos esta observación en uno de nues­tros primeros trabajos, con el ruego a los especialistas en es­tas materias de que estudiaran con entusiasmo y amor esta importantísima cuestión que estimamos decisiva para lograr la verdadera biografía del Almirante. Volvemos a repetir nuestro ruego porque urge que cuanto antes se ponga en mar­cha la recuperación de toda la verdad en las distintas face­tas del Descubrimiento de América, anhelo imposible de lo ­grar si antes no descubrimos al verdadero Colón.

OCTAVA.— Es falsa, porque discrepa profundamente de la forma que empleó el Almirante en los testamentos de 1502, 1505 y 1506, para mencionar el origen de sus bienes y hacer la transmisión de ellos.

En el testamento de Valladolid, el Almirante, con ele­gante sencillez y magnífica expresión, dice: “Yo constituí á mi caro hijo D. Diego por mi heredero de todos mis bienes y oficios que tengo de juro y heredad, de que hice en el Ma­yorazgo…, etc.”; después hace una somera y justísima expo­sición del origen de sus bienes: Uque yo hobiese en mi parte el tercio y el ochavo de todo, e más el diezmo de lo que está en ellas, como más largo se amuestra por los dichos mis pri­vilegios é cartas de merced”. Como bien se observa, el Al­mirante no equivocó ni alteró ningún concepto de las Capitu­laciones limitándose a enunciar escuetamente sus bienes en documento solemne, remitiéndose para más amplio conoci­miento a los privilegios y cartas de merced. Para repartir es­tos bienes entre sus herederos emplea el método lógico, en­tonces en uso, del orden natural de prelación, asignando a ca­da uno la cantidad de renta bien determinada para evitar con­fusiones y litigios. Así, nombra primeramente el primogéni­to, como cabeza del Mayorazgo, heredero universal de todos sus bienes; después le sigue su otro hijo don Fernando, con la renta de un millón y medio de maravedís cada año, hacien­do en él el segundo mayorazgo; a continuación nombra a su hermano Bartolomé, con ciento cincuenta mil maravedís y por último su otro hermano don Diego, con cien mil marave­dís, justificando la diferencia de renta asignada a los herma­nos con la salvedad de que don Diego es de la Iglesia. La previsión del Almirante se manifiesta explícita cuando, en faceta de la vida del Almirante la daremos a conocer en nues­tro próximo trabajo y con ello quedará patente esta grosera superchería.

DECIMA.— Es falsa, porque contiene dos cláusulas ab­surdas, incompatibles con los sentimientos de un padre cató­lico.

Suplico al Papa excomulgue al que deje de cumplir su compromiso de testamento, en todo o en parte. Este hecho es insólito y monstruoso, en atención a que el primero que po­día no cumplir el todo o parte del testamento era su herede­ro; por esto nos maravillamos de la facilidad con que se ha creído capaz al Almirante, siendo buen padre y ferviente ca­tólico, de suplicar la excomunión para el desobediente, sin tener en cuenta además que un católico no podía desconocer que la gravísima pena de la excomunión no la tiene la Igle­sia reservada para beneficio de particulares en asuntos que nada tienen que ver con la ley eclesiástica. Digna compañe­ra de la anterior cláusula es la que obliga al heredero a que, siempre y cada vez que se confiese, enseñe al confesor la es­critura de testamento para que lo examine de su cumplimien­to antes de darle la absolución. Si comparamos el espíritu que anima estas disposiciones y las campañas en el extranje­ro contra lo que llaman influencia del clero en la vida de los españoles, muy en boga en tiempos del Emperador y sucesi­vos, encontraremos una gran analogía.

UNDECIMA.— Es falsa, porque nombra albacea testa­mentario a un niño de nueve años y seis meses.

Fué tan necio el falsificador que, o no se preocupó de contar los años de don Fernando a fin de no errar, o bien des­conocía la edad por no saber la fecha de su nacimiento. Por ello cometió la insensatez de hacer decir al Almirante, en fe­brero de 1498, que él nombraba a don Bartolomé y a don Fernando, su hijo, como personas de ánima y autoridad para que fijen la renta de don Diego, su hermano, y para to­mar las cuentas de toda la renta del mayorazgo. Don Fer­nando Colón nació en Córdoba el día 15 de agosto de 1488; tenía, por tanto, cuando fué nombrado albacea testamentario, nueve años y seis meses. ¿Es posible tolerar tanta simpleza?

DUODECIMA.— Es falsa, porque en la referencia que hace del Almirante de Castilla, está empleado el apellido Hen­ríquez como nombre propio.

Esta necedad de hacer decir al Descubridor “…con to­das las preeminencias que tiene el Almirante Don Henríque en el Almirantazgo de Castilla, etc.”, no tiene otra explica­ción, sino que al falsificador sólo le quedó en la memoria la voz Enriquez después de leer muy a la ligera los hechos co- lónicos —como nos viene demostrando en todo lo anterior­mente relatado; por ello, no atreviéndose a darlo por apelli­do, le colocó el don y lo hizo nombre. Este hecho es absolu­tamente imposible lo hiciera el Almirante, teniendo en su po­der, como tenía, el traslado oficial de las preeminencias y pre­rrogativas del Almirante don Alonso Henríquez y conocien­do personalmente al Almirante don Fadrique Henríquez, por ser ambos miembros del Consejo Real.

Con estas doce pruebas escuetamente expuestas, deja­mos demostrado que la mayorazgo de 1498 es una vulgar superchería contra el mismo Colón y contra España, su pa­tria, concurriendo, además, la agravante de estar complica­das en su manipulación y aparición en los pleitos, las auto­ridades de Génova a fin de lograr que desde el Consejo de Indias tuviera resonancia mundial las inútiles e ilegales pala­bras de “esta escritura no valga y valga otra que yo hice, etc….”, como puestas por el Almirante para respaldar el tex­to absurdo, antiespañol y genovista que contiene.

Para terminar nuestro alegato contra este apócrifo do­cumento, y al objeto de que nuestros lectores vean cómo sutili­za el genovismo para justificar lo injustificable, trascribimos la opinión que sobre la autenticidad de esta escritura ha escri­to uno de los más caracterizados genovistas —Ballesteros Be- retta en su obra “Cristóbal Colón”—, y cuyo contenido nos releva de todo comentario: “A pesar de lo enunciado, el do­cumento presenta los caracteres de una inconfundible auten­ticidad, las mismas anomalías indican su verdad, pues si fue­ra falso resultaba incomprensible que el falsificador hubiese dejado al descubierto esa aparente contradicción de fechas que encierra una realidad no declarada y desconocida para nosotros, pero que emana una fragancia de autenticidad que corroboran los demás extremos del documento”.

Falsedad de la intervención de Luis de Santángel en Enero de 1492

La fábula de la intervención de Luis de Santángel, a me­diados de enero de 1492, para conseguir de doña Isabel que llamara a Colón, que ya iba por la Puente de Pinos, camino de Francia, para ofrecer allí su empresa, despechado de Cas­tilla, donde había sido definitivamente despedido, es una an­tiespañola invención de Bartolomé de las Casas para dismi­nuir el mérito extraordinario de la Reina Católica en la em­presa del descubrimiento.

Del análisis de esta falsedad lascasiana, obtenemos la prueba terminante de que la obra “Vida del Almirante”, atri­buida a don Fernando Colón, es una grave superchería del Obispo de Chiapa. Efectivamente, don Diego Colón, aseso­rado en todo por su hermano don Fernando, como es sabido, hace al Rey Católico, en “los pleitos” habidos contra el Fis­cal, un interrogatorio que revela lo que sabían los hijos sobre los acontecimientos que precedieron al descubrimiento, co­mo se comprueba en la segunda, tercera y cuarta preguntas, cuya transcripción es la siguiente:

Segunda pregunta: item quel dicho Almirante anduvo más de siete años suplicando a V. A. que tomase asiento con él y favoreciese la negociación y que descubriría las dichas Indias y V. A. lo sometió a los Arzobispos de Sevilla y Gra­nada que platicasen con el dicho Almirante para ver si traía lo que decía.

Tercera pregunta: ítem que los dichos Arzobispos pla­ticaron con el dicho Almirante muchas veces y vistas sus ra­zones ellos y Juan Cabrero, camarero de V. A. dieron su pa­recer que V. A. debía mandar hacer esta experiencia, aunque se gastase alguna cantidad por el grande provecho y honra que se esperaba de descobrirse las dichas yndias.

Cuarta pregunta: ítem visto este parecer V. A. mandó idar un cuento al dicho Almirante para el gasto del Armada que tuvo de hacer para descobrir aquellas tierras, y se tomó con el dicho Almirante cierta capitulación y se le concedie­ron privilegios sobre ello y el se partió estando V. A. en Gra­nada el año de 1492, y se fué al Puerto de Palos donde armó tres navios de gente y mantenimiento y se embarcó y tornó su viaje”.

En estas tres preguntas, que comprenden desde que el Almirante suplicaba la negociación hasta que se embarca en Palos, no se hace mención alguna de Luis de Santángel. Por el contrario, resalta incortrovertiblemente que los únicos com­ponente del Consejo Real que emitieron informe favorable fueron Deza, Talavera y Cabrero, en contra de la opinión de los demás, entre los que se encontraban Luis de Santángel. Confirma esta oposición general, a excepción de los citados, el doctor Maldonado, al contestar en los pleitos a la octava pregunta: «… e que todos ellos concordaron que era imposi­ble ser verdad lo que el dicho Almirante decya, e que contra el parecer de los más dellos porfió el dicho Almirante de ir al dicho viaje e sus Altezas le mandaron librar cierta canti­dad para ello.

La crítica lascasista pretende el absurdo de que don Fer- dando Colón, que dictó a su hermano don Diego, en 1515, las preguntas antes trascritas, confirmando la bondad y sim­patía del Prior del Prado hacia su padre, afirme después, e! año 1538, en la antiespañola “Vida del Almirante”, que siem­pre le fueron contrarios el Prior del Prado y sus secuaces, como asimismo, vertiera los más denigrantes conceptos pa­ra la capacidad científica de los del Consejo, sobre todo de Fray Hernando de Talavera. Por otra parte, es incompren­sible que el mismo que excluye terminantemente a Luis de Santángel en estas preguntas, rigurosamente históricas, diga después en la obra citada —cuyo original se desconoce— que “entre aquellos a quienes más disgustaba la partida se en­contraba Luis de SantángelNo puede exponerse mejor di­ferenciados dos conceptos antagónicos de una persona sobre un mismo hecho, por lo que es de todo punto imposible que don Fernando Colón escribiera la “Vida del AlmiranteAfor­tunadamente, esta obra lleva el sello personalísimo que im­primió a la “Historia de Indias” su autor, pues ambas contie­nen el demagógico alegato contra los españoles en sus rela­ciones con los indios y las mismas brutales injurias contra to­do lo español, consecuencia de la morbosa obsesión caracte­rística de Las Casas, quien llegó a decir en su testamento “qué toda España seria destruida por la furia e ira de Dios»* En cambio, no es admisible que don Fernando, que poseía un espléndido repartimiento de indios, escribiera sobre ellos con el mismo espíritu de las Casas; y, de otra parte, todos los do­cumentos que llevan su firma contienen una defensa de los intereses de España y muestran un profundo amor y venera­ción para con los Reyes Católicos, con quienes se crió desde la niñez.

Resulta de lo dicho que si en la “Vida del Almirante” y en la “Historia de las Indias” —cuyo original existe— apa­recen las mismas falsedades, expuestas con idéntica inten­ción; y, además, don Fernando Colón en sus actos es diame­tralmente opuesto a Bartolomé de las Casas y el espíritu de la obra a él atribuida, es incuestionable que ambas produc­ciones son fruto de la misma persona, y, en su consecuencia, la “Vida del Almirante” es una superchería de Bartolomé de las Casas.

Aclarada esta previa cuestión, de suma importancia, va­mos a demostrar que la intervención de Luis de Santángel ante la reina, en enero de 1492, es por completo flasa. Para ello, empezaremos por transcribir trozos del supuesto discur­so de Santángel, inserto en la “Vida del Almirante”, que coin­cide notablemente con el que aparece en la “Historia de las Indias”.

“Ya entrado el mes de enero de 1492, el mismo día que el Almirante salió de Santa Fe, entre aquellos a quienes dis­gustaba su partida, Luis de Santángel, de quien ya arriba he­mos hecho mención, anheloso de algún remedio, se fué a pre­sentar a la reina, y con palabras que el deseo le sugería pa­ra persuadirla, y a la vez reprenderla, le dijo que se maravi- Itava de ver que siendo siempre Su Alteza de ánimo pronto para todo negocio grave e Importante, le faltase ahora para emprender cosa en la que tan poco se aventuraba, y de la que tanto servicio a Dios y a exaltación de su Iglesia podía resul­tar, no sin grandísimo acrecentamiento y gloria de sus reinos y señoríos; y tal, finalmente, que si algún otro príncipe lo consiguiera, como lo ofrecía el Almirante, estaba claro el da­ño que a su estado se seguiría; y que, en tal caso, sería gra­vemente reprendida con justa causa por sus amigos y servi­dores, y censurada por sus enemigos. Por lo cual todos di­rían después que tenía bien merecido tanta desventura; y que ella misma se dolería y sus sucesores sentirían justa pena..a No debía Su Alteza estimar la cosa tan imposible como le decían los letrados…”.

Este vulgar parlamento, carente del obligado protocolo hacia la egregia oyente, que supone una censura para la rei­na, hecha en sus propios Estados de Castilla por un arago­nés, resulta improcedente e inadmisible, pues la consecuencia para el atrevido Santángel hubiese sido la prisión o, en el mejor de los casos, su destitución fulminante. Por otra parte, es también inaceptable, por la rigurosa separación de juris­dicción entonces existente entre los vasallos de Castilla y de Aragón, como lo prueba la anécdota (que refiere Silió en su obra “Isabel la Católica”), según la cual el General de los Franciscanos, Padre Gil Delfini, que pretendía de la Reina íuese destituido de la Silla toledana el Cardenal Cisneros, in­sistió en su pretensión de forma algo intemperante, ante lo cual la Reina con mensuradas palabras, defendió al Carde­nal; pero la conversación llegó a punto tal que la Soberana tuvo que advertir al Padre: “¿Habéis pensado bien, Padre mío, lo que decís y sabéis con quién estáis hablando?”. A lo que contestó el interpelado: “Sí, señora, con doña Isabel de Castilla, que es polvo y ceniza como yo”. Y, sin despedirse* salió seguidamente de la cámara real. Al llegar a la puerta,, el caballero aragonés Gonzalo de Cetina, le asió de los há­bitos, diciéndole: “Si lo que habéis dicho a la reina de Casti­lla en sus propios Estados se lo dijérais en Aragón, juro a Dios que os ahorcara con esa cuerda que lleváis ceñida”. De­duciéndose de ello que estaba vedado a un vasallo aragonés vengar en Castilla la ofensa inferida a la Reina, y, en su con­secuencia, la separación evidente de vasallos de ambos rei­nos; resultando inexplicable que el aragonés Santángel se dirigiese a doña Isabel de Castilla, cuando lo lógico hubiera sido dirigirse a su Rey natural don Fernando de Aragón. Es­ta falta de perspicacia en Las Casas para mentir, le lleva a ex­tremos insospechados, pues si meditamos sobre la referida fábula, se deduce de ella que la opuesta a la empresa de Co­lón sería doña Isabel, ya que si a ella se pretende convencer y no al Rey —aragonés y amigo personal de Santángel—,. probaría que don Fernando era conforme, por lo que no pre­cisaba convencerle y sí a la Reina, lo que es aún más inad­misible, pues ya se hubiese bastado el propio Rey para con­vencer personalmente a su esposa, sin necesidad de interme­diarios de su propio reino; por el contrario, resalta más el ab­surdo de que, en el supuesto de ser el Rey de Aragón contra­rio a la empresa, sea un vasallo aragonés quien itente con­vencer a la Reina de Castilla, si es que ésta también se opo­nía.

Si los razonamientos expuestos no fueran suficientes pa­ra comprobar que las afirmaciones de Las Casas no tienen pie ni cabeza, como fruto de un normal, lo sería cumplidamen­te el hecho de hacer intervenir a Santángel, mediado el mes. de enero de 1492, para persuadir a la Reina que no hiciera caso de los letrados que opinaban era imposible la empresa de descubrir, cuando tres meses antes, en octubre de 149!, estaba hecho el asiento y Colón había recibido en La Rábida veinte mil maravedís para presentarse, vestido honestamen­te, en la corte, como capitán efectivo de la Armada, según va­mos a demostrar con documentos irrebatibles.

La duquesa de Alba, en “Nuevos autógrafos de Colón’» (pág. 7-10), y el Padre Ortega, en su obra “La Rábida” (to­mo II, pág. 180), publicaron la joya documental del propio Colón, conocida por “Rol o relación de marineros de Palos que se apuntaron al primer viaje”, y cuyo principio dice: “ Jhesus 1498 a XVI días de noviembre en santo domingo en la isla española: Al tiempo quel rey e la rey na mis señores que fue el año de mil quatrocientos noventa e uno acordaron que yo fuese a descobrir las Indias asenté con S. A. que ha­bía yo el echavo de todo lo que resultare de la armada que hacia contribuyendo yo la ochava parte de las costas como más largo paresce por dicho asiento y porque paresciere lo que yo gastare quise que fuere por ante escribano público en la villa de Palos a donde armé por mandato de S. A. tres na­vios…” En este testimonio, manifiesta el Almirante expresa­mente que el asiento con los reyes para ir a descubrir lo hi­zo en el año 1491; y nosotros podemos concretar, con el fí­sico de Palos, que fué hecho en el mes de septiembre u octu­bre, antes de que Colón fuese llamado por la Reina, tras la audiencia concedida a fray Juan Pérez. También consta, de manera explícita, que este asiento es distinto y sin relación alguna con las capitulaciones de Santa Fe, fechadas en abril de 1492, puesto que en este primer asiento se hace mención del ochavo correspondiente al millón de maravedís que los reyes aportaban y a los tres navios de la villa de Palos; en cambio, en las capitulaciones de Santa Fe, sólo se habla de honores y mercedes para después del descubrimiento.

Apoya este testimonio del Almirante la data de Galíndez de Carvajal, copiada, según indica, de una memoria de la cá­mara de la Reina, que le entregaron cuando ésta falleció, que dice así: “año 1491, en este año hicieron los Reyes asiento con Cristóbal Colón, para ir al descubrimiento de las Indias, etcr.

García Fernández, físico de Palos, confirma en su de­claración la data de 1491 y concreta la fecha del asiento al decir: “se partió antes de media noche el dicho frayle del mo­nasterio e cavalgó en un mulo e cumplió el mandamiento de su alteza e paresció en la corte e de allí consultaron que le diesen al dicho Cristóbal Colón tres navios para que fuese a descubrir a facer verdad su palabra dada e que la reyna nues­tra señora concedido esto enbió veynte mil maravedís, en flo­rines, los cuales traxo diego Prieto, vecino desta villa, e los dichos con una carta a este testigo para que los diese a Cris­tóbal Colón para que se vistiese onestamente o mercase una bestazuela e paresciese ante su alteza, e quel dicho Cristóbal colón rescivió los dichos veynte mili maravedís e paresció an­te su alteza, como dicho es…”

Magnífica por todos conceptos esta joya documental de la declaración del físico, pues por ella sabemos que cuando recibió los veinte mil maravedís, para entregarlos a Colón, ya estaba hecho el asiento y concedidos los tres navios. Y co­mo fray Juan Pérez salió de La Rábida a la medianoche, ló­gicamente debía hacer buen tiempo, es decir a principios de septiembre, firmando el asiento —en nombre de Colón— a fines de este mes o comienzos de octubre, después de las con­sultas que se hicieron a Palos para disponer de los tres navios.

Con estas tres pruebas documentales queda plenamente demostrado, a satisfacción de la ciencia histórica, que cuan­do Colón fué llamado a la Corte, después de la intervención providencial de fray Juan Pérez, ya éste había hecho en su nombre el asiento para la empresa de descubrir. Por tanto, las malvadas fábulas de la tercera despedida de Colón; la incomprensión de los reyes y del Prior del Prado; la intran­sigencia de Colón al no querer ceder en sus exorbitantes pre­tensiones; su marcha definitiva de Castilla para ofrecer su proyecto a Francia, como un auténtico apátrida; y, en fin, la absurda e improcedente intervención de Santángel y el ofre­cimiento de éste de adelantar el dinero para que la Corona de Castilla no hiciera sacrificios económicos, son invenciones del nefasto Bartolomé de las Casas, quien, no satisfecho con plasmarlas en su “Historia de las Indias”, la insertó en la obra UVida del Almirante”, firmándola con el nombre de Fernan­do Colón, al objeto de apoyar en la autoridad del hijo el fru­to de su odio a España y a los españoles, pasión que le do­minó toda su larga vida.

Por ello, no nos explicaremos cómo los eminentes erudi­tos que han investigado los hechos que originaron el descu­brimiento, afirmen que para el estudio de la vida de Cristó­bal Colón es indispensable Bartolomé de las Casas, por la “fidelidad” con que transcribe los documentos y la “veraci­dad” de sus testimonios.

Cristóbal Colón tuvo que renunciar al amor de Beatriz Enriquez y a los derechos de Patria Potestad para ir al descubrimiento

Los hechos, tal y como los documentos demuestran, su­cedieron así: Al tiempo que fray Diego de Deza, fray Her­nando de Talavera y Juan Cabrero dieron el informe favora­ble al proyecto de descubrir —principios de agosto de 1491—, los reyes llamaron a Colón, aceptando su empresa. Pero cuando creía ver, por fin, logrado el ideal tanto tiempo an­siado, se interpuso un obstáculo, al parecer infranqueable, pues, por encima de la grandeza y prosperidad de sus rei­nos, que doña Isabel esperaba de la empresa, estaba su más ferviente deseo de que la misma sirviese para hacer el mayor servicio a Dios y a su Iglesia, atrayendo a su seno las almas que habitasen en las ignoradas tierras.

En su consecuencia, el Capitán que en nombre de los re­yes mandase la armada debía reunir las virtudes cristianas que respondieran a una vida ejemplar, por lo que estando Colón ilícitamente unido a una joven cordobesa, llamada Beatriz Enríquez, de cuya unión había nacido un hijo, estaba inca­pacitado ante Dios y ante las Coronas para mandar esta ar­mada, hasta tanto no legitimase dicha unión.

Angustia mortal embargó el alma de Colón a] conocer el sentir de la Reina, puesto que de una parte, bien compren­dida la posición lógica de la Soberana y, por la otra, veía ¡a imposibilidad de complacerla, pues ello supondría descubrir ante testigos su origen y patria, lo que con tanto empeño ve­nían ocultando él y sus hermanos. Así, pues, cuando se repu­so de la penosa impresión, buscó en la dilación la solución al problema que se le planteaba, ya que la inflexibilidad de la Reina en estas cuestiones de orden moral le planteaba el di­lema de legalizar por el matrimonio la unión con Beatriz, o renunciar al patrocinio real de su empresa.

Ante la disyuntiva irrevocable de la Reina, Colón acu­de a La Rábida —mediados de agosto de 1491— en busca de ayuda y consejo de su protector y gran amigo fray Juan Pérez. Allí no debió ser todo lo sincero que requería el ca­so, por cuanto el Padre Juan, después de oírle, creyendo que el imprevisto surgido era de índole técnica, llamó al físico de Palos, en atención a que era muy competente en materias de astronomía y cosmografía, además de gran amigo, con el que sostenía frecuentes conversaciones “de amor”. Llega­do el cual, “todos tres —tercer tiempo de la declaración del físico en los pleitos— platicaron sobre el descubrimiento”, de cuya conversación sacó el P. Juan la conclusión de que al­go ocultaba Colón; y, afin de saberlo y poder actuar con co­nocimiento de causa, provocó en éste la confidencia para que, abriendo su pecho a la verdad, de sus labios saliera la since­ridad que el Padre deseaba. En esta confidencia, adquiere pleno conocimiento de la vida oculta de su amigo y protegi­do, y por tanto, la causa que imposibilitaba el matrimonio exigido por la Reina. Puestos de acuerdo sobre lo que había de hacerse, y autorizado el Padre para decir a la Soberana lo que confidencialmente la había referido Colón, escribió una carta a la Reina, cuya contestación se recibió en La Rá­bida a los catorce días, con la orden de que el P. Juan mar­chase seguidamente a la Corte y dejase a Colón en seguridad de esperanza. Sin pérdida de tiempo salió fray Juan de La R¿i- bida para Santa Fe, montado en una muía que Colón alquiló en Palos a Rodríguez Cabezudo.

Llegado a la Corte fué recibido por doña Isabel en au­diencia privada; y en ésta, sin testigos indiscretos, el Padre Juan descubrió a la soberana los secretos de Colón, que tan celosamente venía ocultando.

Fué entonces cuando doña Isabel supo que Colón había nacido en San Salvador de Poyo, de Pontevedra, siendo, por tanto, natural de sus reinos: y que fué partidario de la Prince­sa doña Juana la Beltraneja, y por ella hizo causa, siendo es­ta la razón por la que, cuando las tropas de Castilla entraron victoriosas en Galicia, Colón y sus hermanos huyesen a Portugal.

Fray Juan Pérez aseguró a la soberana que Colón regre­só a Castilla movido por veneración a ella, decidido, si pre­ciso fuese, a dar la vida en su servicio; y aunque de buen gra­do acataba su mandato, no se decidía a cumplirlo por temor de que los del Consejo, al conocer la verdad de su pasado, recordasen la traición que, por error, no exento de buena fe, hiciese un día; o bien le acusaran de aprovechar los dineros y vasallos de Castilla para entronizar en las nuevas tierras a la Princesa doña Juana, dando con ello motivo de escándalo y “deservicios” en la Corte, en perjuicio del descubrimiento. Por estas razones, aconseja y suplica que su vida anterior continúe en secreto; mas, como buen cristiano y leal vasallo, y, asimismo, para ser digno de acaudillar la armada que ha de explorar el “Mar de las Tinieblas”, promete solemnemen­te renunciar para siempre al amor de Beatriz Enríquez, y re­conocer y educar a su hijo Fernando, cuándo y cómo pare­ciese mejor a la Soberana. Con tal renuncia y legitimación del hijo, el P. Juan garantiza que Colón queda limpio de su pecado, pudiendo presidir, por tanto, este negocio que, a expensas de la Corona de Castilla, se iba a organizar a la ma­yor honra y gloria de Dios nuestro Señor y prosperidad de la Corona.

Doña Isabel, sintiendo vivísimo interés por la informa­ción confidencial del Padre Juan, apreció el servicio presta­do por éste y le rogó informara a Colón que aceptaba sus sú­plicas y que quedaba hecho el asiento para el descubrimiento, a expensas y bajo el patrocinio de la Corona de Castilla, en atención a ser el inventor natural de estos reinos; pero, que para evitar murmuraciones y escándalos, Beatriz Enríquez debería cederle voluntariamente su hijo Fernando, a fin de hacerlo legítimo, poniéndole al servicio de la Corte, por lo que tanto ella como Cristóbal Colón firmarían las escrituras correspondientes renunciando a los derechos sobre sus hijos mientras estuviesen bajo la tutela real, de acuerdo con las le­yes de Partidas sobre legitimación de hijos naturales. En prueba de esta buena disposición hacia Cristóbal Colón, le envío un libramiento de veinte mil maravedís, que de merced se le concedía, para que se presentara dignamente ante su Rei­na el Capitán que había de mandar la armada que surcaría el Océano en busca de almas incógnitas que redimir.

Fray Juan Pérez cumplió todo lo ordenado por la Sobe­rana; pero lo más complicado y difícil de su misión era con­vencer a Beatriz para que renunciase a su hijo Fernando, por cuyo motivo se mantuvo el franciscano en la Corte hasta que, con tesón y habilidad, logró de ella la entrega para siempre de su hijo, firmando la escritura en favor de la Reina. Cris­tóbal Colón firmó a su vez la renuncia a sus derechos de pa­tria potestad. Y cuando el fraile entregó a doña Isabel estas escrituras, la Soberana concedió a Colón, en ias Capitulacio­nes de 17 de abril de 1492, todo cuanto el Padre, en nombre de aquél, le suplicó. Asimismo concedió a Beatriz Enríquez la merced de diez mil maravedís de renta anual, para toda su vida, y a los dos hijos del descubridor los hizo pajes del Prín­cipe don Juan, a fin de cumplir el requisito legal para legiti­mar hijos naturales, ordenado en la ley V. Título XV Partida.

IV, cuyo tenor es: “Todo hijo habido de amiga que no sea sierra puede legitimarse cediéndolo al emperador o rey en servicio de su corte, o bien a ciudad o villa, siempre que en forma pública y notoria manifieste, éste es mi hijo, llamado fulano,, habido de tal mujer que yo entrego para servicio de esta ciudad”.

Con el Príncipe estuvieron hasta octubre del año 1497, fecha del fallecimiento de éste; nombrándoles entonces ia Reina sus pajes y precediendo el nombramiento de Fernan­do veinticuatro horas al de Diego, no obstante ser éste ma­yor. Con lo cual nos prueba la Reina que se consideraba más obligada a Fernando, por haber sido separado de su madre; pero también refleja el gran corazón de la soberana al lle­var a los hijos del descubridor junto a ella y tratarles como verdadera madre.

Comprendiendo doña Isabel de Castilla, por estos sacri­ficios, que el secreto de la patria de Colón iría con él a la tumba, puesto que le constaba era ignorado por sus propios hijos, supuso con razón, tan españolísima y egregia señora que la posteridad podría cometer la injusticia de darle una patria que no fuese la legítima; y, para evitarlo ideó una fór­mula inteligente y solemne, cual fué decir en su testamento, sin excepción alguna, “que las islas y tierra firme de la Mar Océano fueron descubiertas y conquistadas por los naturales de sus reinos de Castilla y de León”. Maravilloso testimonio que nadie puede soslayar y mucho menos los críticos espa­ñoles, que, por tales, tenemos la obligación de acatarlo, vi­niendo de nuestra Reina.

Es verdaderamente ingenuo creer a los Gallo, Giustinia- ni, Angleria, Bernaldes, Las Casas, etc., que sobre la patria de Colón no tenían verdadero conocimiento, y haber dejado en olvido el testimonio de la Reina, teniendo ésta motivos —por derecho propio—, para saber con quién trató, por ser el supremo mando del Estado que concedió a Cristóbal Co­lón el patrocinio de la empresa y los privilegios del Estado de Almirante. Por todo lo expuesto, se comprenderá perfectamente lo que hasta ahora ha sido un enigma en la joya do­cumental del propio Colón conocida por “Hoja suelta de fines de 1500”, en la que, al final, dice: “Suplico a Vuestras Mer­cedes que con zelo de fielisimos cristianos de quienes S. A. tanto fian que miren todas mis escrituras, y cómo vine a ser­vir estos Principes de tan lejos y dejé mujer e fijos que no volví a ver jctmás por ello. Y ahora al cabo de mi vida me) veo despojado de mi honra”.

El documento, pues, confirma plenamente cuanto lleva­mos dicho. “Miren todas mis escrituras —dice a los encar­gados del archivo secreto— y verán cómo tuve que firmar la renuncia a Beatriz y a disponer de mis hijos, a fin de po­der realizar este servicio tan lejano (en las Indias) que he he­cho a los Príncipes; si he sido capaz de abandonar un amor fiel y renunciar a mis hijos, ¿cómo se puede creer que quiera ocultar oro, o vender las Indias a los genoveses?”. Resulta* por tanto, evidente la gran previsión del Almirante al hacer todos estos sacrificios impuestos por las circunstancias, antes que en la Corte pudiera conocerse que un día fué contrario a doña Isabel, ya que entonces se hubieran opuesto a la em­presa los cortesanos acusándole de pretender sacar de Lis­boa a doña Juana la Beltraneja para entronizarla en Indias como Soberana.

Las copias de estas escrituras las guardaba Colón en su archivo y allí estuvieron hasta que llegaron a poder de Bartolomé de las Casas, quien las destruyó, como hizo con tantos otros documentos, con el propósito de que sus leyen­das antiespañolas pudiesen prosperar. Mas, en todas sus mi- nipulaciones, este cronista se produjo ilógicamente, como lo muestra el Diario del primer viaje, que él amañó a su arbi­trio, donde encontramos, el día 14 de febrero, lo siguiente: “Dice más, que también le daba gran pena dos hijos que te­nía en Córdoba al estudio, que los dejaba huérfanos de padre y madre en tierra extraña”. Con esta manifestación, demues­tra Bartolomé de las Casas que vio las escrituras de renun­ciación a sus hijos y al amor de Beatriz, todo lo cual silen­cia malintencionadamente para obscurecer los acontecimien­tos que precedieron a las capitulaciones; cometiendo, además, el absurdo de decir que Fernando, en Córdoba, donde viven su madre y demás parientes, “está huérfano de madre”, sin dar explicación de ello, todo lo que omite para que resulte viable su leyenda sobre la intervención de Santángel y el em­peño de las joyas. Por otra parte, tales afirmaciones demues­tran que Las Casas falseó el Diario del primer viaje, hacien­do decir al Almirante la incongruencia de que su hijo Fernan­do, nacido en Córdoba, de madre cordobesa, con todos sus parientes en la citada ciudad, “estaba en tierra extraña”. Así, como éste, son todos los “fidelísimos” testimonios de Barto- mé de las Casas; y ello nos explica el por qué de tanta y ma­la leyenda en la vida de Cristóbal Colón.

En el testamento de Valladolid, otra joya documental, dice el Almirante: “E mando que haya encomendada a Bea­triz Enríquez, madre de Fernando mi hijo, que la provea que pueda vivir honestamente, como persona a quien soy en tan­to cargo. Y esto se haga por mi descargo de la conciencia, porque esto pesa mucho para mi ánima. La razón dello non es lícito de la escribir aquí”. Afirman unos que este descargo se debía a haberla abandonado económicamente; otros, qus tal abandono fué porque le dijeron en el primer viaje que Bea­triz le era infiel y los demás, por último, porque la vanidad del Estado de Almirante le hizo despreciar a esta humilde pro­vinciana.

Todas las mencionadas opiniones están muy lejos de la realidad y carecen de lógica, puesto que el abandono económi­co está desmentido con la renta anual y perpetua de diez mil maravedís concedida por la Reina, como también por el en­grandecimiento y prosperidad del hijo, paje del Príncipe; y en cuanto a que, ya de Almirante, tuviese en menos a Beatriz, es incompatible con la colaboración íntima de Diego de Ara­na, mártir en el fuerte de la Navidad; de Pedro de Arana, su hermano, capitán en el tercer viaje; y de Diego de Arana y Pedro de Arana, sus sobrinos, con el propio Colón, formando parte, incluso, los dos últimos, de la Casa de los Almiran­tes de las Indias.

La verdad de esta manda testamentaria no es otra que lo que llevamos expuesto sobre la renuncia a Beatriz y legi­timación del hijo, con arreglo a la ley, Partida IV, T. XV, L. VI que ordenaba mencionarlo en el testamento: siendo el he­cho de haber sido e! causante de que Beatriz tuviese que re­nunciar para siempre a su hijo lo que pesaba mucho en su conciencia, y así lo deja entrever al decir que “la razón dello non es lícito de la escribir aquí’’. Tenía sobrada razón, e:i efecto, para no explicarlo, porque, si se descubría el motivo, los sacrificios hubiesen sido inútiles siendo en tal caso una monstruosidad sacrificar una madre por guardar un secreto y descubrirlo después.

Don Fernando Colón, que poseyó los documentos de su padre, conoció las copias de estas escrituras, las cuales no explicaban, naturalmente, las causas que motivaron tales re­nuncias. La consecuencia de ello fué que, al saber que sus padres hicieron cesión de él a la Reina y su padre había re­nunciado al amor de su madre, interpretó erróneamente todo ello; y la duda sobre la virtud de su madre fué atormentán­dole, hasta el punto de mostrar frialdad y despego hacia ella, como se deduce de sus escritos, llegando este funesto senti­miento a hacerle renunciar íntegramente a la herencia de su madre, en favor de su primo Pedro de Arana, sobrino de Bea­triz. Este despego del hijo para con su madre, que ya pre­sentía el Almirante, fué otro de los motivos poderosos que pe­saban en su conciencia.

Con todo lo dicho, estimamos demostrado que la inter­vención de Santángel, en enero de 1492, es inexistente, ya que el asiento para el descubrimiento fué hecho en octubre de 1491, antes de recibir Colón en La Rábida los veinte mil maravedís. Asimismo, queda patente la oposición de Colón a contraer matrimonio con Beatriz, para no descubrir su ori­gen, evitando con ello se sospechara en la Corte su pasada adhesión a la Beltraneja. Del mismo modo, para no provo­car murmuraciones y escándalo, tuvo que renunciar al amor de Beatriz, y, además, a sus derechos de patria potestad, a fin de que sus hijos quedaran legitimados y se educaran y criaran bajo la protección de los reyes; y Beatriz pasó por el angustioso trance de entregar su hijo para siempre. Por otra parte, doña Isabel de Castilla, que puso por cima de la pros­peridad de su Corona, el servicio de Dios, hasta el punto de condicionar la empresa a que el descubridor adaptase su vi­da a la más estricta moral católica, acogió maternalmente a los hijos de éste. Y, como colofón sublime que marca la mi­sión de apostolado de esta grandiosa epopeya Fray Juan Pe- rez, hijo del Seráfico de Asis, salvó todos los obstáculos que se oponían a la realización del descubrimiento, que había de alumbrar un nuevo mundo a la fe de Cristo, llevada, con su espíritu, por la raza hispana.

Artículos publicados en la revista CUMBRE en Julio-Agosto y Oc­tubre, Murcia, 1955.

 

Interpretación de las siglas de la firma de Cristóbal Colón

Antonio Fernández y Fernández, 1957

S25C-113061914580No quisiera, amigo lector, que este fuera un surco más, intrans­cendente, en la vida fecunda de imaginaciones y errores como ha si­do para muchos autores la del primer Almirante de la Mar Océana.

Antes de iniciar esta obra, hemos leído todo cuanto hemos podido —mucho, por cierto sobre Cristóbal Colón. De todo ello hemos se­leccionado cuanto consideramos como más aprovechable y veraz; sin embargo, hemos ido amontonando en un rincón muchas contra­dicciones, muchos errores y hasta muchas suposiciones faltas de ló­gica con las que fueron profanadas inmaculadas páginas.

Este capítulo sobre el ilustre Almirante supone la constante la­bor de bastante tiempo dedicado a la investigación; en ella hemos puesto los mejores deseos, la mejor voluntad. Creemos de esta for­ma hacer un noble servicio a la Historia.

Hemos de agradecer A. Angel Gutiérrez, D. Luis Viñas y D. José Ramón Fontán, la colaboración que en la forma literaria y en la busca de datos, nos ha permitido una mejor expresión y más com­pletos argumentos a esta interpretación.

Hay un detalle en la vida y obra del Almirante Don Cris­tóbal Colón, para muchos sin mayor importancia, pero al que él ha dado la mayor transcendencia al mandar, con es­pecial cuidado, a sus herederos su conservación y uso. De­talle al que el Almirante concedió tanta importancia, lo cons­tituyen las siglas de su firma.

Varios han sido los autores que han estudiado tales si­glas. Unos han querido ver en ellas reflejado el espíritu, la tendencia al misterio que creen ver en Colón, quizá porque no pudieron alcanzar su significado; otros, la mayoría, vé en las siglas una jaculatoria piadosa, al uso de aquellos tiempos, mas, que sepamos, nadie dió con la clave de su significado desde el siglo XVI hasta nuestros días. Pero lo que Colón quiso significar en su firma no es otra cosa que ensalzar y rendir adoración y pleitesía, con la mayor buena fé, a sus valedores. ¿A quiénes considera como tales?…

Después de un comparado estudio de cuantos trataron este tema, veamos el resultado.

El primero que estudia el significado de las siglas es Geov. Batista Spotorno y de él han copiado muchos, pero siendo inicial el error de interpretación, lógicamente, por iner­cia, sus continuadores habían de seguir errando; otros se han dedicado a la cábala; algunos, le consideran como un de­talle simple y sin importancia en su vida; y otros por fin,, caen en el error de suprimir, por cuenta propia, rasgos y vir­gulas de las siglas y firma del Almirante sin tener en cuenta la importancia que éste dió a tales signos y su colocación.

Creemos ha sido lamentable error no haber estudiado de­tenidamente sus siglas y firma toda vez que en ellas se con­densan la vida, obra, intención y anhelos del Almirante Don Cristóbal Colón.

Para argumentar debidamente nuestras conclusiones, va­mos a presentar, de forma esquemática y ordenada, las tesis, y las conjeturas de estos autores, exponiendo sus datos má¿ destacados; y por fin, formularemos nuestras conclusiones.

 

Así firmaba el Almirante Cristóbal Colón:

firma_colon

En una de las cláusulas del documento de la Institución de Mayorazgo, dice el Almirante:

“…Don Diego, mi hijo, o cualquier otro que heredase este Ma­yorazgo, después de haber heredado y estar en posesión de ello, firme de mi firma, la cual AGORA acostumbro, que es una X encima y una M con una A romana encima, y encima de ella una S y después una Y griega con una S encima con sus rayas y vírgulas como yo AGORA fago; y se parecerá por mis fir­mas, de las cuales se hallarán muchas y por esto parecerá…* (x).

Instituido el Mayorazgo y muerto el Descubridor del Nuevo Mundo, surge la leyenda tenebrosa con la que habían rodeado los tratadistas que relataron su vida, algunos de los cuales incluso habían sido sus compañeros.

Washington Irving, en su libro ‘‘Los viajes de Cristóbal Colón”, en uno de los apéndices al estudiar la firma del Al­mirante, dice: :

“…Como todo lo que se refiere a Colón está lleno de interés, su firma ha dado margen a varias discusiones. Participaba del carácter pedantesco y preocupado del siglo, y tal vez, del ca­rácter peculiar del hombre que considerándose misteriosamen­te elegido y puesto aparte, d© entre los hombres para ciertos grandes designios, adoptó una formalidad y solemnidad corres­pondiente en todos sus negocios…”

“La primera mitad de la firma Xpo (por Cristo) está en letras griegas; la segunda FERENS, en latín. Tal era el uso de aque­llos días. Las cifras e iniciales que sirven de antefirma se su­pone representan una ejeculacion piadosa. Para leerla se de­be empezar por las letras inferiores y coordinarlas con las de arriba.»

“Era uso antiguo en España, que no ha pasado del todo, acompañar la firma con algunas palabras de significación re­ligiosa. El objeto de esta práctica no tenía otra finalidad que manifestar que el escritor era cristiano cosa de gran importancia en un país en que los judíos y los mahometanos estabais perseguidos y proscritos”.

[box type=»warning»] (x). Sin embargo, de eso, es de advertir que el propio Almiran­te en carta a su hijo Diego, desde Sevilla, el 29 de abril —sin año-— coloca entre puntos la primera S, la X, la M y la Y. Ese documento, único de Colón en que ocurre tal cosa, ha sido aceptado como au­téntico por los investigadores.- F. A. G.[/box]

 

‘‘Don Fernando, hijo del Almirante, decía que su padre, cuan­do tomaba la pluma siempre empezaba escribiendo: JESUS CUM MARIA SIT NOVIS IN VIA, y el libro que Colón envió a los So­beranos conteniendo las profecías que consideraba referirse a sus descubrimientos y al rescate del Santo Sepulcro, empieza con las mismas palabras. Esta práctica se parece a la de poner por an­tefirma las iniciales de palabras piadosas y de mucha probabi­lidad al modo como sean descifradas…”

Washington Irving, cuando escribió su libro relaciona­do con los viajes de Cristóbal Colón, siguió el orden y los datos que, del primer tercio del siglo XVI, le proporcionó Fer­nández de Navarrete; sin embargo, Irving, que completó su trabajo con apéndices posteriores, no ha podido sustraerse al ambiente de misterio que rodea la figura del Almirante y a quien presenta considerándole un elegido providencial pa­ra contradecirse más tarde, al considerarlo participando del carácter pedantesco y preocupado de su época.

Insistimos, cerca del que leyere, en que preste atención especial a cuantas partes hacemos resaltar mediante la letra negrilla y las mayúscula, ya que será valioso elemento de jui­cio al ponderar las distintas interpretaciones.

Son diversas las interpretaciones dadas a la firma de Co­lón. Citaremos como primera, la de Geov. Batista Spotorno, que la razona de esta manera:

“Christus (Cristo); Sancta Mariae, Jesús; ó: Sálvame, Xristus, Mariae, Jesús…”

La revista del Norte de América de Abril de 1827, in­dica la sustitución de JESUS, por JOSEPHUS, que parece me­jorar la sugestión de Sportono.

Interpreta también las siglas, en la firma de Colón, el Conde Roselly de Lorgues, quien padece un error elemental al suprimir, en la copia, las vírgulas que han de preceder ne­cesariamente a las tres eses superiores de la firma y, por su cuenta y riesgo, coloca puntos a continuación de cada una de las restantes iniciales, cosa que Colón no ha hecho en nin­guna de sus firmas. Dice el Conde Roselly de Lorgues:

“…Su rúbrica está formada por las iniciales siguientes:

S.

S. A. S.

X. M. J.

XPo FERENS

Cuyas iniciales significan:

SERVUS.—3UPLEX, ANTISSIMI, SALVATORIS.—CHRISTU.

MARIAE, JOSEPH.— CRISTO REFERENS.

Traducción:

SIERVO, SUPLICANTE, del ALTISIMO, SALVADO.— CRISTO, MARIA, JOSE Que LLEVA A CRISTO.

Cronau, dice que esta interpretación, no es de Lorgues, sino que es la realizada por V. Margry”. Cambian, además, la Y por una J. Otro de los interpretadores de las siglas es Bécher quien, „ copiado por Rodolfo Cronau, las traduce de esta forma:

“SERVIDOR DE SUS ALLTEZAS SACRAS JESUS MARIA ISA­BEL. CHRIST OFERENS…»

Don Salvador de Madariaga, con un marcado afán de reforma geométrica, en la cuarta edición de su libro sobre Cristóbal Colón, al referirse a la firma del Almirante dice:

“Lo primero que llama la atención en esta firma es su índole . triangular (?). Lleva inevitablemente la imaginación a la ca­bala. Así el propio Colón al adoptar esta rigurosa costumbre tan poco usual de firmar con un triángulo de letras, e impo­nérsela además a sus sucesores, nos obliga a pensar en la cien­cia oculta de los judíos. Esto bastaría para añadir otro elemen­to de interés a los abundantes indicios ya apuntados de su ori­gen hebreo; pero ocurre que la interpretación cabalística de este triángulo de letras y en particular las eses puntuadas, transfi­gura esta firma en el Escudo de David: Doble triángulo o hexa- grama.»

Observando el estudio geométrico del Sr. Madariaga al contemplar la firma cuyo original se reproduce anteriormen­te creemos que no se ajusta a la realidad de las ciencias exac­tas y sí a un decidido propósito de hacer judío al descubri­dor de las Indias Occidentales.

Pero no es solamente el Sr. Madariaga el que intenta ha­cer a Colón hebreo: Maurice David, en “Who was Colum- bus”, copiado por Madariaga en su libro, explica estas siglas como un Kaddish, “para apaciguar la conciencia ju­día de Colón”.

“Estimo que yerra (dice al copiarlo Madariaga), pues su inte­rrupción implica la integración en el Kaddish de la última lí­nea de la firma “XPO FERENS” para que diga:

SHADAI, SHADAY, ADONOY, SHADAI, YEHDRA, MOLAI, CHESED, NANTHAI, O, VOU PESHA CHATNO…’*

Aunque, según los informes del Sr. Madariaga, la trans­cripción a nuestro alfabeto —que el Sr. Maurice David hace de su Kaddish—, es inexacta y, por ello, debe leerse como sigue:

S h a d a i

S h a d a i — A d a n o i — S h a d a i YHWH — male — Chesed

n o s e —–  o v o n    p e s h a        chata’ ah

El profesor Mosen Ben Sabat Amzalak, en su libro “In- terpretacao de assignatura de Cristoyan Colombo”, publica­do en Lisboa en 1927, sostiene también la tesis de Colón he­breo. Madariaga también la copia y agrupando de esta suer­te a cuantos pueden reflejar alguna afinidad con su teoría, re­firiéndose a su autor, nos dice:

“…Traslada las letras que usa Colón en los caracteres hebreos más allegados, leyendo así en esta firma las expresiones:

DIOS DE LOS EJERCITOS Y DIOS SANTO Y UNO.

Es muy posible, pero no es seguro, que Colón SUPIESE hebreo, aunque hay, SIN DUDA, una semejanza muy sugestiva entre la letra hebrea “DIN” y la forma especial que Colón da siem­pre a la Y que en su forma le correspondería…”

Según el Sr. Madariaga, otro portugués, el Doctor Bar­bosa Sueiro, en su “A NACIONALIDADE PORTUGUESA DE CRISTOBAM COLOMBO”, editada en el año 1927 en Lisboa, hace una interpretación “cabalística”.

No podemos transcribir su opinión respecto a la firma, por carecer del necesario ejemplar de dicha obra.

Alejandro de Humboldt, en el tomo II de su “Cristóbal Colón y el descubrimiento de América”, que publicó en el año 1824, al referirse a la firma dice:

“…Los españoles han conservado hasta nuestros días en la vi­da ordinaria la firma con rúbrica acompañada frecuentemente con rasgos complicadísimos y repetidos con completa igualdad. En la edad Media, para diferenciarse de los moros y de los ju­díos, tan numerosos en la Península antes del sitio de Granada, precedían a su firma, por devoción, algunas iniciales de un pasaje bíblico o el nombre de un santo de la especial devoción del que firmaba.

El Almirante firmó siempre, aun en las cartas familiares a sus hijos.

.s.                                                                            .s.

.S. A .S.                                                                   .S. A .S.

X M Y                                                                      X M Y

Xpo FERENS                                                         EL ALMIRANTE

La segunda forma sólo se encuentra una vez en la firma del testamento y de la institución del Mayorazgo, el 22 de febre­ro del 1.498.

La palabra “Almirante”, puesta en lugar de CHRISTO- FRENS, acaso fue la causa de la condición impuesta en el mis­mo documento a Don Diego y a su descendencia directa de fir- far solamente “El Almirante”, aunque tuviera otros títulos.

Admira seguramente al ver las cartas de Colón, la pedantes­ca uniformidad con que el gran hombre pintaba esta larga fir­ma, separando con puntos solamente cuatro de las misteriosas iniciales.

La autenticidad de un documento firmado por Colón se pone en duda (Navarrete tomo II, Pag. 307), cuando las iniciales X M Y tienen también puntos; y sí, en el XPO FERENS, el Xpo. no está separado del FERENS.

La imitación de esta larga y fastidiosa firma, en la que desa­parece el nombre de Colón, está especialmente prescrita a los Sucesores del Mayorazgo (Copia el párrafo del documento del ;       Mayorazgo, que corresponde a la firma) y sigue…

La expresión de rayas y vírgulas es para mí poco inteligible,.

porque las quince firmas que poseemos en las cartas de Cris­tóbal Colón, publicadas en Genova, en el Códice Colombo Ame­ricano, y en Madrid en los Documentos Diplomáticos de Nava- rrete, no tienen vírgulas, SINO LOS CUATRO PUNTOS, cuya importancia acabamos de mencionar.

En cuanto al sitio de estos DESGRACIADOS PUNTOS, hay errores en las firmas presentadas en la mayoría de las obra3 impresas, que repiten la firma de Colón, exceptuándose las obras de Navarrete y de Bossi.

La recomendación que el Almirante hace a su hijo relati­vamente a las iniciales, objeto de recientes y graves polémicas prueba de un modo claro que las iniciales S. A. S. son acceso­rias en relación con las X M e Y. Los puntos indican, al pare­cer la terminación de las tres palabras:

Christus (X…S)

María Sancta (M…A)

Yosephus (Y…)

La última letra de las desinencias está colocada por últi­mo de X M Y, como algebráicamente se coloca un EXPO­NENTE. Para llegar al misterioso número de las siete letras, la S de María Sancta se encuentra encima de toda la firma del Almirante.

No deja de ser interesante, y aún sabrosa, la exposición del Sr. Humboldt, que hemos copiado en su parte más sus­tancial.

Desde luego no podemos por menos estar de acuerdo con que, en la Edad Media, cuando más exacerbado se halla­ba el espíritu religioso español y cuando, para diferenciarse de los enemigos de la Fe Católica, elegían una contraseña li­túrgica, preferentemente la invocación de un Santo o de al­guna parte del Símbolo, de la especial devoción del que fir­maba; creemos también que Colón, participando del espíri­tu de su época, la del hierro belicoso y de la religión fuerte y, ^n manifestación de su acrisolada fé, de la que, en todas las circunstancias de su vida, ha dado las más expresivas mues­tras, principalmente en aquellos momentos de gran peligro cuando en la inmensidad del Mar Tenebroso y sin esperanzas de regresar a la vieja Europa se hace más patente su devo­ción; creemos, también, que el Descubridor de América eli­gió además de una invocación religiosa que mostrara cía- ramente su religiosidad, una cimera para su firma: La expre­sión de las Personas Divinas de su mayor devoción.

Estamos conformes, asimismo, con el Sr. Humboldt, en los errores existentes en la mayoría de las obras impresas en cuanto al “lugar” de estos “desgraciados puntos”, y de ahí que haya aumentado el error, con lo sencillo que resultaría hacer los estudios sobre la propia firma del Almirante y no —como han hecho muchos— por observación de una repro­ducción mal lograda.

Hay algo en lo que no podemos estar de acuerdo con el Sr. Humboldt: Afirma que los cuatro puntos que aparecen en la firma, tienen un significado algo misterioso Hemos de rectificarle al establecer que sos seis los puntos que obran en esta agrupación de signos, los cuales puntos, en grupos de dos, anteceden y siguen a cada una de las eses superiores.

Dice Bossi:

“Encuentro aventuradas todas las tentativas de explicación…’*

Desde luego, cuando un fundamento es falso, como la mayoría de los usados por los que han tratado este asunto, nada tiene de particular que se emita un juicio tan breve y, sobre todo, tan cómodo, en la investigación.

El que fué Obispo de Tuy y Arzobispo de Santiago de Compostela, Doctor Lago González, en un informe dirigido a la Academia de la Historia dice, textualmente:

“…Omito preámbulos y disquisiciones, que tal vez exponga en ocasión oportuna y paso a tratar de la lectura de las siglas

LA CUAL HA DE AJUSTARSE A ESTAS NORMAS:

  1. —              Las letras han de leerse en el orden que Colón que­ría que se leyesen.
  2. —             Estas letras son abreviaturas como se advierte al con­templarlas y se deduce de las mismas palabras del Almirante.
  3. —           La frase expresada en estas abreviaturas, debe de acomodarse a la significación del nombre de Colón o de alguna idea predominante en el inmortal descubridor.

Mi interpretación responde a las tres normas:

(El Doctor Lago González copia las siglas y la cláusu­la del documento de la institución de Mayorazgo y sigue…)

Las siglas, por tanto, se han de leer de abajo arriba (X con S encima; M con A encima y S encima de la A y finalmen­te Y griega con S encima también), es decir, en abreviatura, pues sólo en abreviaturas se usan en los manuscritos y las le­tras superpuestas; así resultarán:

S

S A S

X M Y

Y teniendo en cuenta que Xs es la abreviatura de Chritus; MAS la de María y las otras dos del grupo por natural exi­gencia de la frase, la de la palabra Uios, la lectura total resultará:

CHRISTOS MARIAS UIOS (Cristo, Hijo de María).

Colón, que conocía la significación de su nombre (Chris- toforos, el que llevaba a Cristo) hasta el punto de traducir al latín la segunda parte de él firmando Xpo. FERENS, que amaba con devoción a la Santísima Virgen y veía en ella la primera CHRISTOFOROS, y que creía haber recibido de Dios la misión, de LLEVAR A CRISTO A LAS INDIAS, reunió estas ideas en las siglas que eligió para su firma y las enlazó con su nombre que escribió debajo en forma que a todos le fuese asequible su significado ( ? ) .

Solo una dificultad podría oponerse a la lectura de las si­glas en griego: la de que Colón NO CONOCIESE ESTA LEN­GUA. Pero, ¿quién puede asegurar que el marino que había re­corrido todos los mares y que había visitado los puertos de Gre­cia y otros del Oriente, no conocía lo poco de griego que se ne­cesita para entender y adoptar una frase de tres palabras de las cuales una es solamente puramente griega, pues las otras dos son habreas y han pasado a latín y castellano?; ¿no entendía también, como he demostrado, la palabra FOROS? ¿y no podía haber aprendido esta frase de alguno que supiera griego, si él no lo sabía ?

Como esta interpretación tatisface cumplidamente a todas las condiciones del problema, creo que debemos leer las siglas de la firma del descubridor del Nuevo Mundo:

CHRISTIS MARIAS UIOS (Cristo, hijo de María), dan­do por RESUELTA la cuestión que ha preocupado hasta aho­ra a los investigadores de asuntos históricos”.

Consideramos que ha sido prematura tal afirmación de nuestro ilustre paisano el Arzobispo Compostelano Doctor Lago González al definir así la firma de Colón.

 

En su libro sobre “COLON ESPAÑOL”, dice el Sr. Rey Sánchez:

“La dificultad en descifrar las siglas nació en no haber reparado en que, del testimonio de su hijo don Fernando, el descubridor de las Indias encabezaba sus escritos con estas pa­labras: “Jesús cum María sit nobi in via”.

Vicente Paredes, en su hipótesis: “Colón Extremeño”, di­ce lo siguiente:

En la primera línea la X con la S encima significa Xpo- ferens. La M con una A romana encima y sobre ella una S es igual a MAtriS y leyendo de arriba abajo SAntae Mariae. En la tercera línea la Y griega con la S. encima significa el Ysa- bet Soror. La lectura será, pues,

Xpoferens ex Elesabet soror matris Sanctae Mariae. El nom­bre hebreo de Pablo de Santa María era Halevi Selemoh y pa­rece también implicado en la firma, porque la H. latina equi­vale a la Yod hebrea y a la Y griega con la que se sustituye.

Y   comenta:

Colón tuvo singular empeño en que sus sucesores no variasen la firma, y que en sus laberínticos rasgos quedara encubierto, el nombre del abuelo Pablo de Santa María y el secreto de su oriundez judía… La madre de Colón, versada como ccs herma­nos en los textos bíblicos, debió de instruir en ellos a su hijo… El descubridor todo lo hacía en nombre de Santa María, ape­llido de su estirpe…

Ulloa, el paladín del “Colón Catalán”, descifra las si­glas de la siguiente forma:

Observa que tiene la forma de triángulo y expresa la idea de la Trinidad. Las S S. combinadas con la A horizontal o per- pendicularmente forman la sílaba SA, prefijo de varios apelli­dos catalanes: Sa Costa, Sa Plana, etc., inclinándose a Sa Cos­ta. La A con la M equivale a Ave María, salutación angélica del Espíritu Santo en el seno de la Trinidad. No olvidemos que la expresión simbólica del Espíritu Santo es la paloma (Colom- bus, Colón). La X es la inicial griega de Cristo y de Cristo- ferens, el nombre simbólico adoptado por Colón. La M es la inicial de María, en este caso María de la Concepción, nombre de la madre del descubridor. La última letra, Y, es la inicial de lacobus (Yago o Jaume), nombre del padre de Colón.

Se pueden, pues, leer las siglas San Cristóbal-Santa Ave María- Sant Yago.

Patrocinio Ribeiro, en la hipótesis de “Colón Portugués”, lee la antefirma con un espejo.

Aprecia que la M y la Y se convierten en omega y landa del alfabeto griego.

y Pestaña Júnior, en la misma hipótesis y con el mismo pro- cedimiento del espejo, la interpreta de forma que, traducida, dice:

Yo solo traje a la cristiandad las perlas, las esmeraldas, las ge­mas preciosas desde el ocaso del Sol.

Y, a todo esto, confiesa que le sobra una J.

Otra traducción del mismo es:

A mi Simón Moniz, llamado también Christo ferens.

Y   como Simón Moniz es igual a Simón Palha, navegan­te portugués, queda resuelta la cuestión.

       o O o

Veamos una de las más recientes versiones para la in­terpretación del viejo problema, según la explicación que de las tan repetidas siglas, hace Don Armando Alvarez Pedroso en la biografía de Cristóbal Colón, publicada en La Habana en el año de 1944:

.S.           equivale a Señor; tratamiento de Almirante.

.S. .A. .S. equivale a Su Alta Señoría; tratamiento de Virrey.

X M Y equivale a Excelente, Magnífico, Ilustre; tratamiento de Gobernadores, Capitanes Generales y Miembros del Con­sejo.

       o O o

Expuestas las tesis de los que han estudiado la firma de Colón, es tiempo de que hagamos nosotros algunas observa­ciones: Washington Irving adopta la apreciación subjetiva y adaptada a la época; Spotorno, el Conde Roselly de Lorgues, Becher, el Doctor Lago González y Humboldt, inter­pretan las siglas fundados en los sentimientos cristianos de Colón y a los mismos adaptan su tesis; Ulloa puede considerársele de la misma tendencia e incluso vislumbra la inter­pretación de la idea de la Santísima Trinidad; Madariaga, David, Mosén Ben Sabat y Paredes buscan, intentan, preten­den la significación hebraica; Barbosa Sueiro, Patrocinio Ribeiro y Pestaña Júnior se inclinan hacia la interpretación ca­balística; y Alvarez Pedroso vé en las siglas una manifesta­ción vanidosa, cortesana.

Washington Irving, lleno de prejuicios, enfoca su estu­dio a través de la leyenda formada en torno del Almirante, pero no profundiza, limitándose, como hemos visto, a comen­tar las siglas y firma de Colón.

Forma la base de la interpretación del Dr. Lago González y la de Humboldt, el orden en que, Colón, enumera las le­tras, en el citado documento fundacional del Mayorazgo. Es­to, a nuestro parecer, es accidental, ya que bastaría intentar explicar las siglas en orden más lógico que el que el Almi­rante emplea y se verá que —para igual claridad— hace fal­ta emplear muchas más palabras que las usadas por él. Pro­bablemente, por esta razón, Don Cristóbal las reseñó en un orden que, sin ser corriente, es claro y sencillo, y que al fin y al cabo, en nada afecta a la idea fundamental.

Léanse descripciones de la misma época y se hallará en ellas un similar estilo cuando de concretar se trata, vb. gr. en heráldica y en los testamentos.

El Sr. Madariaga, para mantener a ultranza su tesis da ascendencia o naturaleza judía de Colón, “inventa” un dobie triángulo o un hexagrama, totalmente inexistentes, quizá so­lamente para hallar, o mejor, buscar atisbos de las ciencias ocultas hebraicas. Y Maurice David acomoda, caprichosa­mente, palabras de su idioma a las letras de la firma. Fue­ran otras letras y firmemente creemos que, David, hubiera hallado otras palabras.

De los demás autores podríamos decir algo parecido a lo que hemos dicho de Irving, muy especialmente de la fal­ta de profundo estudio de la materia.

Es de tener en cuenta que en todas las interpretaciones comentadas se atendió, casi exclusivamente, a las letras y só­lo vagas referencias se ha hecho a los puntos y vírgulas, tan sólo, como hemos visto, para extrañarse de los mismos o de su colocación, más nadie explica tales puntos y vírgulas en los que TANTO HINCAPIE hizo Colón, no quedando otro remedio que optar por las figuras geométricas, cuando no prescindir de aquellos signos. Insistimos en que la mayoría de los autores o los han ignorado o los despreciaron olímpi­camente, ignorando también, de paso, el mandato del fun­dador del Mayorazgo.

FUNDAMENTO DE NUESTRA INTERPRETACION

Queremos reiterar que destacaremos con letras mayúscu­las todas las palabras o frases, de los textos de las distintas notas, que interese hacer resaltar, y que sirven de base a nues­tra tesis; los títulos de las cartas de donde se han tomado irán destacados en negrita.

Carta de Cristóbal Colón al Escribano de Ración de los Reyes Católicos, don Luis Santangel, el 15-2-1.493.

Señor: Porque sé que habéis placer de la grande victo­ria que NUESTRO SEÑOR ME HA DADO EN MI VIAJE… a la primera que fallé puse por nombre SAN SALVADOR en con­memoración de su ALTA MAJESTAD… DAR GRACIAS SO­LEMNES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, ayuntándose tantos pueblos a NUESTRA SANTA FE…

Historia del tercer viaje del Cristóbal Colón, como la en­vió a los Reyes, desde la Isla Española.

Serenísimos e muy Altos Poderosos Príncipes, Rey e Rei­na, nuestros señores: LA SANTA TRINIDAD MOVIO a vues­tras Altezas a ESTA EMPRESA de las Indias, v nor su INFI­NITA BONDAD, HIZO A MI MENSAJERO DELLO… y no la palabra de Dios, y que se cumplirá todo lo que dijo; EL CUAL tan claro habló de estas tierras por la boca de Isaías en tantos lugares de su escritura, afirmando que de España les sería di­vulgado su santo nombre, E PARTI EN NOMBRE DE LA SAN­TISIMA TRINIDAD… tornáronme a enviar Vuestras Altezas, y en poco espacio, digo no de… le DESCUBRI POR VIRTUD DI­VINAL 333 leguas de la tierra firme… PARTI EN NOMBRE DE LA SANTISIMA TRINIDAD, miércoles 30 de mayo (de 1.498) de la Villa de San Lucar… y como su ALTA MAJES­TAD haya usado de misericordia siempre CONMIGO, por acer­tamiento subió un marinero a la gavia, y vido al poniente TRES MONTAÑAS JUNTAS: dijimos la Salve Regina y otras prosas… a un cabo que le dije de la Galea después de haber nombrado a la Isla, DE LA TRINIDAD… y les dije ía policía y nobleza de todos los cristianos, y LA FE QUE EN LA SANTA TRINIDAD TIENEN… y me enviarán a mandar, y se CUMPLIRA CON AYUDA DE LA SANTA TRINIDAD con toda diligencia en manera que Vuestras Altezas sean servidas y hayan placer, Deo Gracias.

Carta del Almirante a ¡a que había siáo ama del Príncipe D. Juan, escrita a fines del 1.500.

…LA ESPERANZA DE AQUEL QUE CRIO A TODOS ME SOSTIENE: SU SOCORRO FUE SIEMPRE MUY PRESTO… a la REINA MI SEÑORA dió dello el espíritu de inteligencia y es­fuerzo grande e la HIZO DE TODO HEREDERA como a cara y muy amada hija. La POSESION DE TODO FUI YO A TO­MAR EN SU REAL NOMBRE… Ya mucho quisiera despedir el negocio si fuese honesto con MI REINA; EL ESFUERZO DE NUESTRO SEÑOR Y DE SU ALTEZA FIZO QUE YO CONTI­NUASE… del NUEVO CIELO Y TIERRA que decía NUESTRO SEÑOR por San Juan en el Apocalipsis, después de dicho por boca de Isaías, ME HIZO DELLO MENSAJERO Y AMOSTRO EN CUAL PARTE… ME CONSOLO NUESTRO SEÑOR MI­LAGROSAMENTE y dijo; esfuerza, no desmayes ni temas: YO PROVEERE EN TODO…

Carta de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos, del cuar­to viaje. Isla de Jamaica a 7 de Julio de 1503.

Desque naciste, SIEMPRE EL TUVO DE TI MUY GRAN CARGO. Cuando te vido en edad de que él fué contento. MA­RAVILLOSAMENTE HIZO SONAR TU NOMBRE EN LA TIE­RRA… PARTI EN NOMBRE DE LA SANTISIMA TRINIDAD, la noche de Pascua con los navios podridos… después que yo, por VOLUNTAD DIVINA, les hube puesto debajo de su real y Alto Señorío… Cuya vida y alto estado LA SANTA TRINI­DAD guarde y acreciente.

Carta a los Reyes Católicos. Año de 1.502. Raccolta, parte IK vol. II, página 82.

…Ya dise que para la HESECUCION DE LA YMPRESA DE LAS INDIAS no me aprovechó rasón, ni matematica y ny mapamundos: llanamente SE COMPLIO LO QUE DIXO ISAIAS.

Carta de Cristóbal Colón a Fray D. Gaspar del I 1-5-1.503. …Mi partida será en NOMBRE DE LA SANTA TRINIDAD, el miércoles a la mañana…

Carta de Cristóbal Colón a Fray D. Gaspar del 20-5-1.503*.

…Agora será mi viaje en NOMBRE DE LA SANTA TRINIDAD Y ESPERO DELLA LA VICTORIA.

Carta de Cristóbal Colón a su hijo Diego del 1-12-1.504.

…PLEGA A LA SANTA TRINIDAD de dar salud a la REI­NA NUESTRA SEÑORA, porque con ello se asiente lo que ya va levantado…

Institución del Mayorazgo del 22-2-1.498.

…EN EL NOMBRE DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL CUAL ME PUSO EN MEMORIA, Y DESPUES LLEGO A PER­FECTA INTELIGENCIA QUE PODRIA NAVEGAR E IR A LAS INDIAS DESDE ESPAÑA, PASANDO DEL MAR OCEANO AL PONIENTE, y así lo notifiqué al Rey D. Fernando y la Reina D.® Isabel, nuestros señores…

…E plugo a NUESTRO SEÑOR TODOPODEROSO que el año de noventa y dos, DESCUBRIESE la tierra firme de las In­dias y muchas islas… Después volví a Castilla a S. S. A. A. y me tomaron a recibir a la EMPRESA e a poblar e a descobrir más, e ansí ME DIO NUESTRO SEÑOR VICTORIA… y por la guisa y forma que vo le ordené para siempre jamás, porque SEA SERVICIO DE DIOS TODO PODEROSO y pie y raiz de mi linaje…

Carta a los Reyes D. Felipe y D.* Juana de Abril de 1.506.

LA SANTA TRINIDAD guarde y acresciente el muy alto» y real estado de Vuestras Altezas…

Testamento del 22 de Febrero de 1.506.

…Digo a D. Diego, mi hijo e mando que tanto que él ten­ga renta del dicho Mayorazgo y herencia, que pueda sostener en una Capilla que se haya de facer, TRES Capellanes que di­gan cada dia TRES misas, una a HONRA de la SANTA TRI­NIDAD, e otra a la CONCEPCION DE NUESTRA SEÑORA, la otra por anima de todos los fieles difuntos e por MI anima e de MI PADRE e Madre e Mujer. E que si su facultad abas­tara que haga la dicha Capilla honrosa, y la acreciente las ora­ciones y preces por el HONOR de la SANTA TRINIDAD, e si esto puede ser en la Isla Española que DIOS ME DIO MILA­GROSAMENTE, holgaria que fuese allí donde yo la invoqué» que es en la Vega que se dice DE LA CONCEPCION.

OTROS DATOS

M. Sales Ferre.— El Descubrimiento de América. — Sevi­lla 1893, pág. 106.

…Cristóbal Colón, cuando habla de la PROTECCION da­da a la EMPRESA antes de las Capitulaciones, no suele nom­brar sino a Su Alteza en SINGULAR, QUE ES LA REINA.

De la pág. 109.—– Declaraciones de Juan Moreno. (Infor­mación de Cuba, 15-2-15 15).

…Oyó decir que el Rey Nuestro Señor no quería que el dicho Almirante pasase en estas partes de las indias a descu- bryrlas… y la REINA NUESTRA SEÑORA D.a ISABEL, que santa gloria haya, LO ARMO E DIO LICENCIA PARA VENIR A DESCUBRYRLE.

De la pág. 115.—– La declaración del físico García Fer­nández, dice en toda ella que las gestiones para el descubrimien­to sólo fueron kechas con la REINA.

Washington Irving.— Vida y viajes de Cristóbal Colón, pág. 24- ISABEL fué de allí adelante el ALMA de esta gran EMPRE­SA.

Pág. 26.—- Todos los documentos reales expedidos en es­ta ocasión, llevan la firma de Fernando e Isabel, aunque la se­parada CORONA DE ESTA hiciese exclusivamente los GASTOS.

Sin duda que, entre los demás escritos dejados por Colón, tienen que aparecer más alusiones a la Santísima Trinidad y demás invocaciones relacionadas con las siglas de su antefir­ma, como también con el significado que a su firma, propia­mente dicha, ha querido dar; mas creemos que, con lo expues­to, sea suficiente para percatarnos de cuales eran sus devocio­nes predilectas y cual su intención.

 

NUESTRA INTERPRETACION DE LAS SIGLAS

Si, como acabamos de ver, Colón no hace nada, sin antes encomendarse o dar las gracias a la Santísima Trinidad.

Si era costumbre de los españoles de aquellas épocas, el preceder la firma, “por devoción, de algunas iniciales de un pasaje bíblico, o el NOMBRE DE UN SANTO DE LA ES­PECIAL DEVOCION DEL QUE FIRMABA”.

Deduciremos de los datos anteriores, que el “Santo” de la devoción de Colón, era la Santísima Trinidad, y adoptó pa­ra su representación simbólica una forma muy ingeniosa, tres eses con dos puntos cada una, en tres grupos.

.S.

.S.         .S.

Las TRES ESES con los PUNTOS o vírgulas que le acompañan, representan o son, el SIMBOLO DE LA SANTI­SIMA TRINIDAD: SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS.

TRES cosas DISTINTAS e IGUALES al mismo tiempo; y, a su vez, CADA UNA (una S con sus dos puntos) ES, al mismo tiempo, las TRES cosas.

Se comprenderá ahora el por qué Colón hace tanto hinca­pié en lo de los puntos o vírgulas, ya que, si se suprimiesen al­gunos de los dichos puntos, el símbolo que representan que­daría mal escrito, porque CADA cosa o grupo tiene que ser o representar, a su vez, TRES cosas, y que, por ser rara, des­usada, la colocación de algunos de esos puntos; la de los que queceden a las letras, sería fácil no ponerlos, y por ello es ne­cesario INSISTIR, para que NO SE OMITA NINGUNO de los dichosos AFORTUNADOS PUNTOS, que cumplen su misión MARAVILLOSAMENTE.

Al extremo de que EN TAL ERROR han incurrido muchos historiadores, A PESAR DE RECALCARLO Colón, en su des­cripción de las siglas.

De esta manera, creemos que queda explicada la preocu­pación máxima de las siglas, CUAL ES EL POR QUE DE LA ATENCION EN LOS PUNTOS O VIRGULAS.

.S.

.S. A .S.

La A es la inicial de ALMIRANTE. Está resguardada, cu­bierta y amparada esta letra, y por lo tanto su significado, por el símbolo de la Santísima Trinidad.

Hemos visto, como lo afirma y repite Colón constantemen­te, en sus escritos, ya que gracias A SU AYUDA, DESCUBRIO las Indias ES quien ES y llegó a ser ALMIRANTE.

.S.

.S. A .S.

X M

La X, es la inicial de XRISTO.

La M, es la de MARIA.

O sea, la abreviatura de Ja invocación que usa constante­mente: XESUS CUM MARIA SIT NOVIS IN VIA, la que en­cabeza casi todos sus escritos y que, de esta manera, han de poner para siempre sus herederos, en cuantos documentos ten­gan que llevar dichas siglas.

En estas iniciales coinciden todos los historiadores de ten­dencia cristiana y se equivocan únicamente, en la forma de leer las siglas para su interpretación.

.S.

.S. A .S.

X M Y

La Y, es la inicial de Ysabel, “su” Reina.

Lo que también, es muy natural, que quede como recuer­do perenne, a quien todo se lo debe, en esta vida.

En las condiciones más adversas y contra la opinión de todo el mundo, salvo rarísimas excepciones, fué su defensora máxima en la tierra.

Creía, también, pues así lo dice que era ella, la Reina Ysabel, la predestinada por mandato divino al descubrimien­to de las Indias, y la heredera “como a cara y muy amada hi­ja” de todo lo que descubriera.

Esta letra, también, la interpreta bien Bécher, como he­mos visto.

.S.

.S. A .S.

X M X Xpo FERENS

Veamos ahora la interpretación de Xpo FERENS.

La Abreviatura en latín de Cristo es Xs.

La misma en griego es Xp.

Como Colón empleó al Xpo, deducen la mayoría de los es­critores que ésta es la abreviatura de Cristo en griego, pero mal escrita, ya que le sobra la o final.

A muchos, y a nosotros también, extrañó esta forma de­fectuosa de escribir la abreviatura de Cristo, dados los conoci­mientos teológicos que Colón tenía y, aunque no supiese grie­go, se hace penoso admitir que no supiese que en griego, la abreviatura de Cristo es Xp, ya que, por fuerza, tuvo que ha­berla visto en muchos libros.

Por otro lado, es muy raro que dado que FERENS está escrito en latín, y al no querer poner CHISTOFORUS, y pre­tender que sean dos palabras, es raro, digo, que no haya usa­do el Xs del latín al igual que el FERENS, con lo que habría conseguido lo que pretendía, y era más lógico poner las dos palabras en latín, pero suponiendo que no hubiese querido ha­cerlo así, es inadmisible, como decimos anteriormente, que no supiese que en griego es Xp, la abreviatura de Cristo.

Veámoslo por otro lado; la abreviatura Xpo está escrita en muchos documentos galaico-pprtugueses de la época como abreviatura de Cristóbal (Xhristo-bo), y siendo FERENS la traducción latina de MENSAJERO, la significación normal, sin llamarle a Colón ignorante, es:

Xpo FERENS, igual a: CRISTOBAL MENSAJERO

Es obligado, por lo tanto, poner la o final al Xpo, para que diga CRISTOBAL, y luego el FERENS sea otra palabra, y di­ga MENSAJERO.

Si pusiese Xs. o Xp., como quieren algunos historiadores, entonces, Xp FERENS, sería, como pretenden, equivalente a CHISTOFORUS, ó CHRISTOFERENS, pero se vé que Colón no coincide en su forma de pensar y proceder con la de aque­llos; dicen que no ha sabido escribir correctamente la abrevia­tura de Cristo en griego, lo que es cierto, pero nada más.

Si en las siglas anteriores vimos el símbolo de la Santísi­ma Trinidad, y las iniciales de Jesús, María e Ysabel. Si se con­sidera portador de la Fé y del Imperio de su Reina( ¿hay cosa más lógica que debajo ponga, que él —Cristobo— fué el MEN­SAJERO de aquellos, al Nuevo Mundo?

Y  nos atrevemos a decir algo más, basándonos en que:

lº— No conocemos ningún escrito de Colón con la firma COLUMBUS, ni creemos la haya usado, por la siguiente ra­zón: si usaba la palabra latina FERENS, como apellido, lo que significa, portador, mensajero, etc., y siendo el COLUMBUS o paloma, igualmente el símbolo de los mensajeros, etc., era más propio usar este apellido, que cumplía tal finalidad, a efecto de ser mensajero de lo que las siglas significan, vemos, pues, en esto, una deliberada tendencia a no usar la palabra CO­LUMBUS.

2º— Cuando la Reina Isabel le dá su escudo de armas, de­jando el cuarto cuartel, para que pusiese sus armas anteriores, y el Jefe de Armas de los Reyes, Diego de Urbina, le compone el escudo, poniendo en dicho cuartel, la paloma, símbolo de los apellidos Colombos, Colomos, Colom, etc., Colón no se lo acep­ta, poniendo él, en tal lugar, las anclas de los Enríquez, detalle, que parece indicar, también, que no quería nada con los Co­lombos.

3º— Colón en sus escritos, dice varias veces que DIOS o la SANTISIMA TRINIDAD, “ME HIZO A MI MENSAJERO DELLO”.

O sea, que Xpo FERENS, es igual que CRISTOBAL MENSAJERO, y a su vez que CRISTOBAL COLON, o sea su firma y nombre, de forma que CUMPLA LAS DOS FINALI­DADES, además de su nombre, el ser mensajero de lo que las siglas significan.

Viene en ayuda de esta tesis el que, Colón, en algunas de sus cartas y cuentas particulares, firmaba simplemente Xpo FERENS, en lugar de Cristóbal Colón, que sería lo natural. De los que se desprende también su equivalencia, por este lado.

RESUMEN

Las TRES ESES con los DOS PUNTOS A CADA LADO, significan, representan o son, el SIMBOLO DE LA SANTISI­MA TRINIDAD: Sanctus, Sanctus, Sanctus.

La A romana, es la inicial de ALMIRANTE.

La X, es la de CRISTO.

La M, es la de MARIA.

La Y, la de YSABEL.

Xpo FERENS, equivale a CRISTOBAL COLON.

 

CONSECUENCIAS COINCIDENTES CON ESTA INTERPRETACION

lº—Dice Colón, “FIRME DE MI FIRMA, LA CUAL AGORA ACOSTUMBRO”, al referirse a las siglas, cuya interpre­tación correcta es; que ANTES de ser ALMIRANTE no firmaba de esta manera, o sea, con las siglas que señala en su documento, pues es lógico que NO PODIA NI DE­BIA HACERLO DE AQUELLA MANERA; aunque fue­se de una forma SIMBOLICA.

Algunos historiadores, al desconocer la verdadera interpretación de las siglas, pretenden que en esta frase se refiere Colón a su apellido, o sea que antes firmaba Colombo.

Nótese que, en la Institución del Mayorazgo, Colón repite dos veces el adverbio AGORA, como queriendo re­calcar que sus siglas las emplea desde que adquirió es­tado o categoría que, conocidas las circunstancias que le rodean, no podría ser otra que el Almirantazgo. Por otra parte, es muy interesante hacer resaltar que, precisamen­te, cuando encontramos, debajo de sus siglas, como úni­ca firma —que impone para siempre a sus herederos— «el Almirante”.

Ello quiere decir, sin duda alguna y como está de­mostrado por los documentos relacionados, que su fir­ma, en el estricto sentido, era, hasta entonces Xpo FE­RENS y “AGORA” quería que se firmase con su solo título (El Almirante) ya que la SIGLA, de ser personalí- sima pasaba a ser de quién o quiénes heredasen aquella Institución, el Mayorazgo.

2º—Esta interpretación se ajusta perfectamente a sus creen­cias religiosas.

Todos los historiadores que han profundizado sus estudios en los escritos de Colón, aprecian y hacen resal­tar su inclinación hacia la Santísima Trinidad, además de saber y decir, que era costumbre de aquella época el anteponer a la firma alguna alusión al santo de su devo­ción, cosa que queda plenamente confirmada con esta in­terpretación.

3º—Se ajusta a sus creencias proféticas.

Todos los historiadores han coincidido en que Co­lón, se creía un predestinado, un enviado de Dios, y ya nada más natural, que situarse simbólicamente entre “sus santos” para que lo amparen, a él y a sus herederos, co­mo afirma que siempre lo han hecho con él.

4º—El hacer firmar con estas siglas a sus herederos, no a to- dos, sino a los que ESTEN en posesión del título de AL­MIRANTE, es natural, pues si son Almirantes lo son por bondad divina, y no por méritos propios, y DEBEN de acordarse de quien todo se lo dio, y por eso les obliga Colón a que así lo hagan.

5º—Cuando dice Colón “y no escribirán sino EL ALMIRAN­TE, puesto que otros títulos el Rey le diese o ganase: es* to se entiende en la firma y no en su dictado, que podrán escribir todos sus títulos como les pluguiere; solamente en la firma escribirán “EL ALMIRANTE”.

Y  así tiene que ser, pues ¿qué otros títulos terrena­les se les pueden añadir a los que los tienen resguarda­dos y por voluntad divina?

6º—Colón se hace referencia a sí misma en las siglas, en la A del Almirante y en Xpo FERENS.

A muchos historiadores les extrañaba al interpretar mal estas siglas, que Colón no se hiciese referencia a si mismo, cosa que no parece natural, pero no sabían de donde procedía el mal.

7º—Dice Navarrete “Que duda de la autenticidad de un docu­mento firmado por Colón, cuando las iniciales X, M o Y tienen también puntos; esto es lógico, pues al poner los puntos que acompañan a las ESES son también puntos de abreviatura por eso no los puso Colón, ya que su sig­nificación, como hemos visto en el complemento del sím­bolo de la Trinidad, y para que no hubiese duda, los pu­so solamente en las eses y uno a cada lado, para for­mar el trío simbólico, o sea que Navarrete se percata del detalle, aunque sin saber su finalidad, y se vé que no iba desacertado.

8º—Dice Navarrete lo mismo, respecto de escribir el Xpo FE­RENS todo junto, y así sucede, pues en este caso, al no ser dos las palabras, cabe confundirlo con el nombre propio de Cristóbal, perdiendo, por tanto, el significado que Colón quería darle, o sea dos palabras; y también acer­tó Navarrete.

9º—Vemos también que el Xpo FERENS, no se lo obliga a poner a sus herederos, sino únicamente las siglas, por lo que se desprende que el Xpo FERENS es la firma parti­cularísima de Cristóbal Colón.

10º—En una carta a su hijo Diego, la termina Colón de la si­guiente manera: “A lo que — tu padre Xpo FERENS”.

Está claro, que Xpo FERENS es equivalente en esta caso a CRISTOBAL COLON.

Creemos que, con todo lo dicho anteriormente en es­ta interpretación de las siglas de Cristóbal Colón, coin­ciden de tal manera todos sus detalles, con el modo de proceder, pensar e inclinaciones del Almirante, que nos aventuramos a decir que es el fiel reflejo de lo que él qui­so significar con ellas. AMEN.

Tu verás, lector, si hemos acertado, o sabes de al­gún detalle de la Vida de D. Cristóbal Colón, que vaya en contra de esta interpretación.

VIGO, 1957

 

 

 

 

 

La Patria de Colón

Da la “Revista «le las Antillas” del mes de Agosto de 1914.

Con motivo de nuestra permanencia en el establecimiento hidroterápico de Mon­dan?., hicimos una excursión a la her­mosa ciudad de Pontevedra, cuna de fa­mosos almirantes y osados navegantes, en donde reside el sabio historiador ga­liciano doctor Celso García de la Riega, que, como todo el mundo sabe, fue el que corrió el velo que cubría la verda­dera patria del excelso marino Cristóbal Colón y Fonterosa, descubridor del Con­tinente Americano y primer virrey de las Indias.

En la grata visita que hicimos al Ilustre La Riega, fuimos recibidos en su estudio-biblioteca, donde pudimos ad­mirar la existencia de libros en todos los idiomas y de todas las ramas de los humanos conocimientos, y principalmente sobre ciencias históricas, sobresaliendo tomos, volúmenes, monografías, folle­tos, revistas y periódicos, que tratan del descubrimiento de América y de la personalidad del gran Almirante.

Durante nuestra ingresante visita, por el mundo civilizado; el asentimiento dado por la opinión mundial, y princi­palmente en los Estados Unidos, Alema­nia, Inglaterra, Austria. América Latina y otros países, al descubrimiento he­cho por La Riega: de la propaganda de la nacionalidad española de Colón, he­cha por el libro, el folleto, los periódicos v las conferencias que han abierto bre­cha en la errónea tradición de cuatro si­glos; de la existencia de diez revistas colombinas y la publicación de siete li­bros.—uno en francés y otro en inglés— apoyando la tésis galiciana de La Rie­ga: y, del estado de la opinión coloniana en Europa y América.

El lexicógrafo La Riega es hombre de vasta cultura, conoce el latín, el griego y las raíces de los idiomas neolatinos, con más tres idiomas vivos de la vieja Europa, y ha desempeñado altos cargos en la administración colonial y peninsu­lar. Ha sido diputado al Parlamento Español y Gobernador de Provincias etc. etc.; es autor de varias obras y trabajos sobre historia y geografía antigua, y en­tre ellas, “Galicia Prehistórica,” “Geo­grafía Antigua de Galicia” “O estrimnio Ophinsa”, “El Amadís de Gaula”, “La Gallega”, “La Carabela capitana de Colón en el descubrimiento de Amé­rica”, y muchos trabajos de polémica” sobre errores históricos en que han incu­rrido algunos historiadores gallegos (Murguía) y castellanos, que de las cosas de Galicia se han ocupado.

El erudito La Riega, lleva, según me informa, más de treinta años con pacien­cia benedictina, investigando en el cam­po de la Historia, revisando documen­tos oficiales y textos de los tiempos co­lombinos, compulsando fechas, examinan do papeles, cotejando escrituras, y ha­ciendo estudios caligráficos, grafológicos y arqueológicos; glosando libros, to­mos y volúmenes escritos por varios au­tores en distintos idiomas, para buscar la verdadera patria del insigne descu­bridor de América, lo que ha conseguido después de prolijas investigaciones, ím­probas disquisiciones, y pacientísimos trabajos, vindicando para Galicia una gloria que la hermosa Italia había usur­pado a España.

El crítico La Riega, tiene ultimado su interesante y curioso libro sobre “La Verdadera Patria de Cristóbal Colón”. Que consta de millares de cuartillas, facsímiles de los principales documentos exhumados del polvo de los archivos, vistas de los lugares y sitios en que na­ció y pasó los primeros años de su in­fancia el descubridor de América; ilus­traciones de las tierras que descubrió y que bautizó con nombres de lugares y sitios de la provincia de Pontevedra, y que llevan los mismos nombres; retra­tos de familiares de Colón y de los prin­cipales personajes que han apoyado la empresa de Colón para el descubrimiento de nuevas tierras; datos, noticias y opi­niones de autoridades históricas, y entre ellas las de Teodoro Roosevelt y William Taft, expresidentes de los Estados Unidos de América, forman y constituyen el conjunto de la laboriosa y erudi­ta obra del sabio La Riega.

En este libro se demuestra y prueba el descubrimiento de la naturaleza galiciana de Colón, con la autenticidad de varios testimonios de documentos en pergamino y escrituras en papel, desenterradas de los viejos archivos, minutas notariales con todas las condiciones de autenticidad; habiendo sido el pergami­no, el papel, la tinta, la ortografía, la redacción de los documentos o escrituras que con frases sacramentales se usaban en aquellos tiempos, reconocidas por in­teligentes peritos calígrafos y paleó­grafos, no obstante llevar la fecha en que fueron otorgadas; y debido a la ac­ción del tiempo transcurrido, se hallan algunos de ellos agujereados y otros con los bordes rotos y frases casi ininteligibles, habiéndose sacado fotografías «le algunos por turistas argentinos, ingleses y alemanes.

La prueba que en nuestro libro llamamos “ indiciaría está fundada en bases verdaderas, en tradiciones histó­ricas, en indicios seguros, y sobre todo en los nombres que Colón iba dando a las tierras qtie descubría, que son una ofrenda amorosa de su recuerdo de loslugares, sitios, templos, plazas, ríos, y babías donde nació y pasó los primeros años de su infancia, si que también el nombre de “La Gallega”, dado a una de las islas que descubrió, que dennuestran plenamente que en su yo pensan­te, estaba la tierra de sus amores, no habiéndosele ocurrido dar nombres de los países en que se dice que nació y vivió.

LAS ULTIMAS INVESTIGACIONES DE LA RIEGA

Entre los últimos hallazgos hechos por el sociólogo La Riega, merecen especial mención los siguientes: un documento que entre otras cosas, dice en lengua galiciana: “Diante Das Casas Que Quiemou Domingos de Colón o Mozo”; en otro documento recientemente exhuma­do, se encuentran los apellidos DEZA, con la preposición “de” antepuesta, que viene a ser el apellido de Fray Die­go de Deza, protector de Colón y su defensor ante la célebre junta de Sala­manca ; y en dos lápidas o sepulturas que se acaban do desenterrar de las ruinas de una de las iglesias de esta ciudad, se hallan inscripciones en el romance de aquellos tiempos, que se refie­ren a dos  individuos de apellido Colón, con la preposición “de” antepuesta, cuyos nombres se mencionan en uno do los documentos que La Riega presenta ante el mundo civilizado para probar la verdadera patria del descubridor del Continente Americano.

También se acaba de comprobar con el hallazgo de nuevos documentos, que en el siglo XVI, existía en Pontevedra una rama de la familia del insigne na­vegante,—aparte de la rama de Doña Catalina León de Portugal,—que estaba representada por don Enrique Colón de Portugal, que fue Alcalde Mayor de México, y este Colón lo cita el histo­riador La Riega, en su obra “La cara­bela “La Gallega”, como uno del los hijos ilustres de Pontevedra.

Por otra parte, el Almirante del Océano al constituir su mayorazgo en 22 de febrero de 1498, y también en su tes­tamento, declara que su linaje verdade­ro es de Colón y lo mismo el de sus ante­cesores, esto es que su apellido lleva an­tepuesta la preposición “de» que en aquellos tiempos demostraba nobleza o linaje ilustre; y los apellidos de las es­crituras, documentos lápidas y sepultu­ras encontradlas, todas llevan la prepo­sición “de” antepuesta.

Y extinguida en la línea masculina el Mayorazgo de la casa del Almirante de las Indias, que fue a los ochenta años de su fundación se presentaron dos su­puestos parientes italianos de apellido Colombo, poniendo pleito a la casa de Colón, para la sucesión de su casa y honores, siendo desestimadas las dos demandas presentadas, por no haberse probado el parentesco; y de los Colombos de Génova, cuyo apellido había usa­do algún tiempo Colón, no se presentó ninguno, lo cual demuestra que no te­nían parentesco alguno con la familia del descubridor de América, y que la nacionalidad genovesa que a Colón se atribuía era falsa.

Un cubano ilustre y galicianófilo, residente en Baracoa (Isla de Cuba) aca­ba de enviar al erudito La Riega el pla­no y fotografía de la Bahía de Porto Santo, hoy Miel, situada cerca de Ba­racoa, provincia de Santiago de Cuba, que fue el nombre con que Colón bauti­zó la primera bahía que descubrió des­de el puente de la nave capitana, cuyo nombre era el de la ensenada de San­ta María de la provincia de Ponteve­dra; y cotejada la fotografía enviada con la figura que afecta la ensenada de Porto Santo, se observa la misma igual­dad y pareoido de los demás detalles, hecho que ha sido comprobado por nosotros.

En Porto Santo aún existen ancianos de ochenta años, que recuerdan haber oído a sus ascendientes, que en estos lugares habían existido vecinos de apellido Colón, y que se decía que un miembro de esa familia era un navegante célebre, y que algunos vecinos pagaban alcabala a un señor de apellido Colón.

El historiógrafo La Riega, ha recibi­do muchos testimonios y cartas de los historiadores y eruditos de los Estados Unidos, Inglaterra. Alemania y otros países, en los que se le felicita por el descubrimiento de la nacionalidad espa­ñola del descubridor de América, y al gunos autores de libros de historia le ofrecen corregir el error histórico en las nuevas ediciones de sus obras.

Entre la información periodística se ha distinguido el gran rotativo norte­americano “The New York Tribune” que publica varios artículos «sobre la verdadera  patria de Colón en uno de ellos que exorna con el retrato del des­cubridor de América, dice: “la fiesta que la Colonia Italiana de New York celebra el 12 de octubre en conmemora­ción del descubrimiento de América no tiene razón de ser, por haberse descu­bierto que Colón no nació en Italia.”

Hay que convenir, que si la historia del descubrimiento de América aceptó y propagó la nacionalidad genovesa de Colón, fue porque carecía de prueba do­cumental y admitió las manifestaciones de Colón, porque al constituirse su mayorazgo por acta de 22 de Febrero, en la Ciudad de Sevilla dijo “que había nacido en Génova”, lo mismo que hoy se admite la confesión de nacionalidad de cualquier ciudadano, al decir que es hijo o que nació en tal o cual país o nación.

Las claras y fundadas probanzas que ante el mundo civilizado presenta el his­toriador La Riega, demuestran de una manera clara y patente, que no da lugar a la menor duda que el descubridor de la virgen América, nació en la provin­cia de Pontevedra.

Y, como dice un ilustre americanista, la prueba documental presentada por el historiador La Riega, descorrió las som­bras y aclaró la obscuridad que envolvía la patria del descubridor del Nuevo Mundo, cuyos documentos revisten to­dos los caracteres y condiciones de au­tenticidad; y mientras esa prueba no sea declarada apócrifa, será la única para justificar o demostrar la patria del gran Cristóbal Colón.

En su virtud es necesario volver por los fueros de la verdad histórica, recti­ficando las falsas opiniones emitidas, di­ciendo que el descubridor de las Indias Occidentales, ha nacido en Génova; es preciso borrar esa página de la historia del descubrimiento de América de los libres para la enseñanza en las escuelas y colegios, restableciendo la verdad triunfante de la Historia, que es el fallo y juicio de la posteridad.

Así pues, no fue un genovés, italiano o corso, quien sobre navío español, se­gún diciendo se venía, descubrió la vir­gen América; fue un gallego pontevedrés navegando en la nave “La Gallega”, como primeramente se llamó la carabela “Santa María”, en los astilleros de Pontevedra construida, quien llevó a cabo la gigantesca empresa del descubrimiento del Continente Americano.

Publicado en varios números de la revista cubana «Eco de Galicia» durante el año 1917, no aparece el autor, todo apunta a Horta y Pardo.

La Academia Gallega y el Colón gallego

La Academia Gallega

revista06_Página_01

La Habana, 20 de julio de 1927. por José M. Riguera Montero

 

“La Idea Moderna”, de Lugo. En su número del 28 de mayo último, publicó una nota oficiosa de la Real Academia Gallega, nota que ningún periódico coru­ñés quiso insertar, por entender que es una vergüenza para la región y un baldón insigne para aquella entidad que vive a expensas de los gallegos residentes en la Habana, engañados por los académicos que dirigen y mangonean la llamada cueva céltica. En esa nota se hacía público el acuerdo adoptado por dicha Corporación de salir al paso de los defensores de la idea de que Colón fue gallego; para im­pugnarla por todos los medios, porque ella—la Academia—no puede tolerar que se propale tal descubrimiento.

Es decir: que la Academia Gallega, pre­sidida por don Manuel Martínez Murguia, de quien no cabe afirmar siquiera que es gallego, porque ni en gallego es­cribe ni por Galicia ha hecho nada si no recoger la pecunia que le libran religiosa­mente de la Habana y de las provincias de la región, no es capaz, de depurar nuestra lengua y ni saca a flote el Diccionario ni la Gramática; pero, en cambio, dedica su esfuerzo a negar glorias reconocidas por los de fuera y admitidas como gallegas por doctas entidades con las que en vano tratará de competir.

Y confieso mi pecado: he sido hasta ahora académico, pero me consideré en el caso de lanzarme voluntariamente fue­ra de ella después de la sesión ridícula y antipatriótica por aquel centro celebrada y en la cual se acordó solemnemente, asis­tiendo los 4  mangoneadores que ayudan a Murguía a disfrutar de la prebenda que le dispensan los gallegos de Cuba, em­prender una propaganda activísima para demostrar (mucho demostrar sería) que Colón ni fue natural ni siquiera oriundo de Galicia.

Empecemos por sentar la proposición previa de que la Academia Gallega, que es de la Ijcngua y no de la Historia, no es. no puede ser. la llamada a ventilar este asunto que se aparta de su jurisdicción. Murguía sigue cabalgando, en brioso ala­zán, asistiendo al combate de Clavijo, del cual no pasará su Historia que tantos mi­les de pesetas lleva costado a Galicia; el Diccionario y la Gramática aparecerán pa­ra las calendas griegas; y gracias que los buenos hablistas usan las lecciones del sabio Saco Arce; pero, en cambio, no pue­de soportar la doctísima Corporación que Galicia tenga una gloria más. Es cosa que le enfada, le enoja, le molesta, le exci­ta, le exalta, le exaspera.

Y la explicación es bien sencilla. Mur­guía odió mortalmente a Celso García de la Riega, le odió como odia a todo hom­bre que vale, porque él quiere ser el úni­co valor literario de esta región, sin ad­vertir que este valor va muy en mengua, porque cada cual sabe el secreto de todas estas cosas.

Cuando Celso García de la Riega, en­fermo de cuerpo, pero sano, muy sano, de intelecto, escribía desde el lecho de do­lor,  aquellas diatribas que hicieron a Murguía morder el polvo del mayor ridículo y del fracaso más señalado, el Presidente de la Real Academia Gallega, guardó un estudiado silencio que fue comentadísimo, porque a través de él, se veía al derrota­do Murguía, estilista brillante, acaso, no es historiador, ni gramático, ni siquiera hombre erudito, capaz de contender con un escritor del fuste de la Riega.

Murió éste para desventura de Galicia; la región perdió un sabio que soñaba con las glorias de su país, al cual consagra­ba todo su valer incalculable.

Y entonces, Murguía, que no pudo lu­char con García de la Riega, vivo y en ple­nitud de facultades intelectuales, pensó vengarse después de muerto aquel ilustre escritor y publicista. La pluma gallarda, el estilete penetrante habían sido rotas por la muerte y ya nada tenía que temer el Presidente de la Real Academia Gallega.

Derechamente va a ello, y arrastra a la manada de ovejas que le siguen y ayudan a gozar de las pesetas de los paisanos que en Cuba residen para lanzar urbi et orbi que Colón n0 fue gallego ni de aquí origi­nario, que todo eso es una patraña y que Galicia, unida por lazos espirituales y de cariño a América, no quiere llamarse ma­dre del hombre ilustre que descubrió aquel país de nuestros afectos.

La labor 110 puede ser más antipatrióti­ca y a atajarla debemos dedicarnos los gallegos amantes de las glorias de nues­tra región, desenmascarando a los farsan­tes que tratan de restarlas y poniendo al desnudo ante el mundo entero a esos en­diosados pigmeos que no son gallegos en sentimientos ni merecen ser llamados así, porque realizan obra contra Galicia.

Es preciso que se sepa en todas partes que esta región nada tiene que ver con cuatro mentecatos dispuestos a halagar solo a quienes le suministran el condumio, aunque para ello sea preciso llevar a cabo todas las humillaciones, pero que no son capaces de ninguna labor noble, lle­gando hasta negar a su propia patria.

Que el sacrificio que hacen los gallegos por sostener esta mal llamada Academia no continúe; que se descubra quien es Murguía el litiputiense de cuerpo y de alma, que no tiene corazón para sentir ni entendimiento para dar a Galicia lo que han sabido darle hombres de la talla de Celso García de la Riega.

Un Coruñés,

Ex-académico de la Gallega.

(el que escribe es José M. Riguera Montero)

 

Los editores de Eco de Galicia, responden en el número siguiente, al revuelo que el artículo de Riguera Montero le dedicó al LITIPUTIENSE ANTIPATRIOTA, Murguía.-  en la Habana, 10 de agosto de 1917:

La Academia Gallega y la Patria de Colón 

revista08_Página_01Revuelo y grande ha causado entre algunos elementos de la colonia gallega el artículo que sobre el señor Murguía y la patria de Colón, hemos publicado en el número antepasado y que firmaba “Un Coruñés ex-académico.”

Y antes de dedicarle nuestros comentarios, nos parece bueno advertir que el citado trabajo era de colaboración, y que, por lo tanto, esta revista no se hacía, por el hecho de haberlo publica­do, solidaria decidida de los ataques, más o menos duros, con que fustiga su au­tor al ilustre presidente de la Real Aca­demia.

Lo mismo el señor Murguía que el se­ñor Riguera Montero, a quien algunos atribuyen la paternidad de aquel artícu­lo, nos merecen todo género de respetos y consideraciones. Ambos son gallegos meritísimos. Y esta publicación, consecuente con su credo de no zaherir repu­taciones y menos de la talla mental de Murguía y Riguera Montero, no puede sino lamentar profundamente el que, entre personalidades de honorabilidad cien veces probada, se den motivos pa­ra discusiones que siempre han de resul­tar enojosas e improcedentes.

Es verdad que la Academia Gallega tiene en la misma región y sobre todo en La Coruña, detractores irreconcilia­bles que no pueden disimular evidentes despechos e inconfesadas inquinas; originario todo, según el decir de algunos, a que en la docta corporación domina una especie de “trust’’ donde se coti­zan y expenden mercenariamente paten­tes de intelecto más o menos efectivo. Y hasta hace poco, la Academia padecía, además, el mal de la inercia. Es innega­ble que la Academia no halló la ayuda eficaz que debía esperar de los centros oficiales; pero nos parece de una candi­dez supina creer que estas entidades han de vivir de las dádivas o limosnas del Estado. Hasta ahora, que sepamos, los dirigentes de la Academia no han rea­lizado nada tendente a acrecentar sus re­cursos entre los particulares, a fin de re­forzar la acción económica de los galle­gos de América. Y ello acusa una negli­gencia censurable e incomprensible.

Ahora bien. ¿Es el señor Riguera Mon­tero el inspirador o autor del trabajo contra el venerable señor Murguía? Si lo es, ¿es producto de sus simpatías ha­cia la obra de Celso García de la Riega, su trabajo? Venga en buena hora la vin­dicación del malogrado difundidor de la verdadera patria de Colón, si es así. Pe­ro si, por el contrario, el señor Riguera Montero obra a impulsos de ocultos y antiguos resabios contra el presidente de La Academia, es inadmisible la forma de ataque al señor Murguía por el punto de vista que sostiene, quizás con honra­dez.

Por nuestra parte, entendemos que cualquiera, menos el Presidente de la Real Academia Gallega, puede invitar­nos a dejar por absurdas las conclusio­nes obtenidas tras largos años de estu­dios profundamente pacientísimos del di­funto García de la Riega, acerca de la verdadera patria de Colón. Y si el ilus­tre historiador de Galicia era enemigo de La Riega, peor que peor.

Sin embargo, a nosotros nos parece duro e injusto el calificativo aplicado al señor Murguía por “Un coruñés ex- académico” de antipatriota. Cuando más, puede acusarse al venerable presi­dente de la Academia, de indiscreto, ya que su obstinación en presentar los tra­bajos de García de la Riega como pro­ducto de una imaginación anormal, tiene necesariamente que herir en lo más hondo, a cuantos desde hace tiempo venimos siguiendo y admirando la labor realiza­da por el pontevedrés preclaro y sus continuadores.

Nosotros, que miramos con simpatía la labor de la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Real Academia Gallega, y que a su sostenimiento contribuimos como cuadra a nuestras limitadas fuer­zas, queremos hacer constar que ningún empeño temimos en restarle prestigios, que dicho sea de paso, los tiene ganados en buenas y honrosas lides.

Amamos la Academia Gallega como el que más; por eso, precisamente, nos duele que los que la dirigen allá, en la tierra, la pongan en evidencia con de­claraciones que pugnan lastimosamente con la sagrada misión que se les tiene confiada.

ACERCA DE UNA RECTIFICACIÓN HISTORICA

revista46_Página_01Habana 19 de mayo de 1918

El pleito de la verdadera patria de Cristóbal Colón continúa siendo objeto de fuertes discusiones, de controversias más o menos apasionadas, lo cual no tiene ciertamente nada de ex­traño, tratándose de asunto de tanta monta co­mo lo es una rectificación histórica.

Ahora bien: si en el hecho de investigar, desmenuzar los detalles, someter al examen de la crítica la prueba documental e indiciaría que se señala a Pontevedra como la verdadera cuna del esclarecido navegante, no hay nada de censurable, lo hay, en cambio, en ese afán de combatir, en ese rencor que dura más allá de la muerte, en juicio crítico donde no asoma por ningún la­do la imparcialidad necesaria en tal clase de trabajos.

Y lo más lamentable del caso es que, culpable de ese delito, sea un organismo con fines pa­trióticos fundado, un centro docente, cuya misión es fomentar el idioma, el dulce idioma de Galicia; proteger y encauzar las artes y las ciencias  y desvanecer las nieblas misteriosas que envuelven la gloria del pasado, la Real Academia Gallega, en fin, quetantas esperanzas había des­pertado a raíz de su fundación.

Pudo haberse equivocado García de la Riega en  su afirmación bien reforzada está con datos que no es posible rechazar; pero en fin, si existe error, combátese este; señálense los pun­tos inciertos con argumentos razonados; pero no se espera a la muerte de un hombre que que era un sabio y una gloria de Galicia, para escarnecerle vituperarle y lanzar sobre su tumba la terrible acusación de falsificador, de la cual desde luego protestamos.

¿Porqué en vida de García de la Riega guardó silencio la Academía? ¿Es lógico que ahora, cuando han trancurrido algunos años de su muerte, se haya descubierto el error o la alteración de los documentos que dieron origen al resurgir de la verdad histórica?

Hacemos estos comentarios dolorosos por la penosa impresión que en nosotros produjo el número del boletín de la Aaademía correspondiente a Octubre pasado, en el cual se inserta el informe rendirlo por el Académico, por cierto ya en la actualidad fallecido, señor Oviedo y Arce, Boletín que los miembros de la Sociedad Protectora de la Academía han de ver con natural asombro y desagrado.

Nosotros reconocemos en la leal Academia gallega, organismo que preside el prestigio res­petado del patriarca de nuestras letras, señor Murguía, autoridad en estos asuntos; pero no escatimamos nuestras censuras para el hecho de que el rencor, el recuerdo de pasadas discordias, de lejanas querellas, desnaturalicen la misión de la Academia que debe ser ante todo, por sobre todo, imparcial y justa.

¿Que dice a esto el doctor Horta, uno de los más entusiastas defensores de la nacionalidad gallega de Colón, e inteligentísimo apologista de la misma?

La Academia de la Historia de Madrid a cuyo fallo ha sido sometido el pleito que se ventila, no ha hecho conocer aun su opinión; pero sea esta la que sea favorable o adversaria a la cuna pontevedresa del gran Almirante, nosotros con­vencidos estamos de que dicha gloria cabe a la bella ciudad del Lérez, porque los datos aducidos en su abono son irrefutables.

Mercedes Vieito Bouza

Castro Sampedro  puesto al descubierto por Don Prudencio Otero Sánchez:

Prudencio Otero

CARTA ABIERTA Progreso 07/07/1917

A MI AMIGO CASTO SAMPEDRO

Mi querido amigo: Acabo de leer el comunicado que V dirigió e insertaron hoy el “Progreso” y “Faro de Vigo”, con lo cual, según V. manifiesta a los Directores de esos diarios, pretende contribuir a evitar los errores y conclusiones en que sigue envuelta la investigación sobrela patria y origen del gran navegante.

Creame, mi querido amigo que lo he leído con vivísimo interés buscando en el algo que nos trajese la luz en asunto de tal importancia para España, ya para, afirmar la tesis sostenida por García de la Riega o ya para desecharla por haber encontrado V. la clave de la verdadera cuna del gran Almirante.

Pero por más que he buscado en su escrito algo nuevo, no lo he encontrado y veo que él se concreta única y exclusivamente a manifestar que son auténticos los documentos cuyas fotografías he presentado a la Comisión pro-colón, y que en consecuencia es falsa la aseveración que hizo el Sr Oviedo en su artículo reinserto en el “Boletín de la Academia de la Historia” y al cual, aludí en mi telegrama al presidente de esta Corporación.

Para esclarecer esto hace V. la aclaración de que ha sido V. quien ha encontrado los documentos, y ha tenido que ir a leerlos en los archivos; esto mismo lo he manifestado yo bajo mi firma y se ha publicado en la prensa de casi todas las regiones de España y aun en América, y yo he dicho más, he dicho “que el único que en esta capital había registrado todos los archivos de ella ha sido V., que gracias a V., que se puede volver sobre la tesis de García de la Riega; por haber dado con generosidad increíble los documentos a que alude; he dicho en fin todo lo que es verdad, que V sabio arqueólogo, paleógrafo, historiador y no he dicho que era miembro de la Academia de la Historia y de la Real Academia Gallega de la Lengua Gallega porque no lo sabia”, y aun deje de decir muchas otras cosas que lo enaltecen a V. por que espero ha de llegar el momento oportuno de hacerlo.

Pero V. parece que tiene empeño en llevar este asunto por otro camino buscando recaiga la nota ridícula sobre mi pequeña personalidad, y sin fijarse en que con esto quien desea dar gusto a la galería es V.primeramente sacando a relucir el Crucero de Porto Santo en su voto particular ante la Comisión provincial y ahora llamándome irónicamente paleógrafo, epigrafista e historiógrafo.

Yo le emplazo V. aque busque en mis escritos algo que pueda mortificar V. ni a nadie: a este terreno acuden solo los que no tienen o no encuentran otros elementos para emitir sus pensamientos, los verdaderos sabios como usted, cuando tienen algo que censurar, lo hacen ilustrando, y esto es lo que yo esperaba encontrar y aun espero en sus escritos; y es por esto que me voy a permitir manifestar a V. mi opinión, no mi consejo ( entiéndalo bien) y es que cuando V. quiera censurar lo que yo escriba, lo haga rebatiendo los errores que contenga, ilustrándome, pero no haciéndolo con la ironía ni el ridículo, por que quiero serle a V. franco y noble, en este terreno lleva V. mucha desventaja, por que yo he tenido y aun conservo algo de gracia y sal ática y V. es muy serio para poder contender conmigo en este terreno.

A mi me han instado a que contestase a su voto particular y no quise hacerlo por que creo que el asunto cuyo esclarecimiento se busca, no deben envenenarlo pequeñas pasiones, ni cuentos ni chismes de vecindad, sino que sostenga cada uno sus ideas sin entrar en el terreno a que han llegado V. y el finado García de la Riega,merced a chismes de amigos oficiosos que han envenenado esa amistad de hombres eruditos y que tanta gloria hubieran dado a su patria y a este rinconcito de Galicia que tanto amamos, si hubieran marchado de consuno, de común acuerdo.

Respecto a la defensa que V. hace de su amigo Oviedo, a quien tengo el gusto de no conocer, no debo decirle más que lo siguiente: al manifestar en mi telegrama al señor presidente de la Academia de la Historia “que sentía que llevasen las bajas pasiones más allá de la tumba” era refiriéndome a quien me había llamado falsificador; pero V. se lo aplica a si mismo: usted sabrá por qué.

Esa defensa que V. hace de ese señor Oviedo, guárdela para los Tribunales, cuando llegue la oportunidad, pues yo no soy abogado y no puedo defenderme ante ellos: allí demostrará V. que no es verdad que haya dicho que los documentos presentados por mí son falsos.

Concluyo rogándole que con esta primera y última carta terminemos esta cuestión, pues yo ya le he dicho a su simpático hijo Ricardo, a sus sobrinos y a todos los que quieren oirme, que pienso tener una conferencia con V. pues deseo mantener la buena amistad que hemos sostenido tantos años, sin dar gusto a la galería, a la que yo no busco, y si en este asunto he recurrido y necesitado de la publicidad es para hacer revivir una idea grande para la patria, porque sinceramente creo que Colón es español, como supongo que V. sinceramente cree que es genovés.

Téngame siempre por suyo afectísimo amigo.

Prudencio Otero Sánchez

FARO DE VIGO Sábado 29 de Diciembre de 1928

Una Carta

La Nacionalidad de Colón

Señor Director de el Faro de Vigo.

Muy señor mío: Acabo de leer en su número de día de hoy (28/12/1928) una carta del señor Casto Sampedro, en que me alude y según me aseguran ya lo hizo en números anteriores.

Ruego a V. que haga el obsequio de insertar la contestación, que una sola vez tengo de darle a aquel señor, pues necesito mi tiempo para emplearlo en asuntos particulares y en algo de más importancia que las cuestiones de amor propio de si fue él, o el señor García de la Riega o el señor Castiñeiras; el primero que sustentó y planteó la idea de si Colón fué genovés o español.

Muy agradecido de antemano por la inserción que solicito de V. salúdole con la consideración más distinguida su afectísimo

Prudencio Otero Sánchez

 

Sr D. Casto Sampedro.

Mi antiguo amigo y ex-compañero: Ya hace bastantes días que me dicen que está usted empeñado en que los lectores del Faro de Vigo se enteren de que fué usted el primero en concebir la idea de que el Gran Almirante Cristóbal Colón podía ser natural de Pontevedra y para ello acota V. con lo que manifiesto en mi libro “España Patria de Colón”.

Así lo creía y por lo tanto me creo con el derecho a hacer a V. una sola pregunta.

¿ Adquirió V. esa idea, al ver documentos impolutos, sin mácula alguna, con los apellidos Colón y Fonterosa, o con los documentos que están en su poder y que envió a la Real Academia, según propia afirmación de V. burdamente alterados, calcados, enmendados, raspados, etc?Espero de su caballerosidad la pública contestación.

Suyo afectísimo

Prudencio Otero Sánchez

 

El Sr. Álvarez Limeses intercede en la refriega:

 

FARO DE VIGO Domingo 30 de Diciembre de 1928

Un Asunto en Litigio

Los Documentos de Colón

Al leer la carta de D. Casto Sampedro publicada en el Faro de Vigo el 28 de Diciembre nuestro asombro no ha tenido límites, pudiéramos poner otra palabra más fuerte, pera acudimos a la serenidad, pensando que es el atributo que hace al hombre imponer su razón.

El señor Sampedro no se ha dado cuenta sin duda, de la gravedad de sus palabras, ni de la situación más grave aún en que se ha colocado, al acusar terminantemente a García de la Riega -entre otras personas- de hacer alteraciones gravísimas en documentos ajenos que en confianza se le habían prestado.

Nosotros tenemos que hacerle ver a Don Casto la seria transcendencia de su hecho y la delicada situación en que se ha puesto. Para ello debemos empezar por repetir sus mismas expresiones:

“En cuanto se va a decir, queremos y pedimos, que se tengan por salvados toods los respetos debidos a Don Casto. Si algo, parece que se sale de este marco, póngase a la cuenta del señor Sampedro que nos obliga a ello.”

En el Libro de D. Celso García de la Riega”Colón español” se han publicado fotografías de 13 documentos. De estos están en poder del hijo de D. Celso, los siguientes:

1 Nicolás Oderigo

2 Bartolomé de Colón

3 Domingo de Colón “el Mozo”

4 Blanca de Colón

5 Domingo de Colón 2el Viejo”

6 María de Colón

9 Cristovo de Colón

10 Juan de Colón y Constanza de colón

11 Abrahan Fonterosa y su hijo

En poder del Señor Sampedro:

7 Domingo de Colón y Benjamin Fonterosa

8 Antonio de Colón

12 Benjamin Fonterosa

13 Jacob Fonterosa

De todos los documentos han sido declarados indubitables por el señor Serrano Sanz – en vista de los fotograbados- el 9 y el 10, en poder de García de la Riega, y el 8, que tiene D. Casto

De todos los documentos -excepto tres- habló D. Celso en su conferencia de 1898, Sociedad Geográfica, que fué publicada en folleto, y de los no reseñados entonces, los números 11 y 8 proceden de D. Casto y el 3 del señor Nuñez.

De manera que ya conocía el señor Sampedro en 1898 todos los documentos, que fotograbados, figuran en el libro “Colón español”, publicado en 1914, y no solo los conocía sino que además, el señor Sampedro facilitó los principales; según propia manifestación hecha en su carta publicada el 26 de Enero 1914, ratificada hace pocos días.

El señor Sampedro acusa ahora a la Riega de alterar esos principales documentos que él le dío; y que se diga esto, es monstruosos, inconcebible y no puede pasar sin la más enérgica repulsa.

¿Se puede creer que el señor la Riega fuese a alterar esos importantes documentos que iba hallando y le facilitaba el señor Sampedro?.

¿es comprensible que el señor Sampedro callase hasta el momento, hecho tan grave?

¿Cabe en cabeza humana que el señor la Riega fuese a estropear esos documentos importantes, perjudicando su misma obra?

¿Cómo se explica D. Casto, que al publicarse la conferencia de 1898, y más tarde fotografias de muchos de los documentos, y de todos ellos en 1914, no hizo público que estaban alterados?

¿ Cómo se explica también, que los documentos que están en su poder -que no permitió que saliesen de su despacho, y tuvo que ir allí el fotógrafo señor Pintos, para poder obtener de ellos las fotos que luego figuraron en el libro “Colón español”- resulta precisamente ahora, que están alterados hasta el extremo que nos cuenta, sin que él antes hubiese dicho nada y los dejase fotografiar y publicar tranquilamente?

¿A qué obedece que estos documentos custodiados por el señor Sampedro con tanto celo -como vemos por el párrafo anterior- sean los que últimamente a la Academia- y que según el Debate tienen raspaduras, manchas, retoques, empleo de tintas diferentes, etc- y en cambio otros que tiene D. Casto en su poder perfectamente inmaculados no los haya enviado -que nosotros sepamos- a examen de la docta Corporación?

¿Por qué extraña coincidencia, el señor la Riega fué a insertar en su libro documentos facilitados por D. Casto, que ahora tienen reparo, y este tenía y tiene, otros sin la menor mácula; el del Cristóbal Colón visitador, del que nos habló hace pocos días, por ejemplo?

¿A qué raro suceso se debe el que los documentos en poder del hijo de D. Celso, hayan sido examinados por un técnico como Mansfield, y los considere avivados- no todos- pero buenos y diciendo lo que decían en su primitivo estado?.

Hay que pensar con todo esto, que D. Casto no ha procedido con la seriedad y rectitud que correspondía a un hombre de su cultura, y que además, le ha cegado una pasión contra García de la Riega que se descubre a través de todos sus escritos, y que le arrastra a hacer y decir, cosas que no corresponden a un hombre de su predicamento.

Su última acusación hemos aclarado que es improcedente, injusta y altamente depresiva para el que la hace.

D. Celso era incapaz de hacer lo que se le acusa y máximo sabiendo que así estropea toda una larga labor de desvelos y trabajos.El origen de las alteraciones

El origen de las alteraciones que ahora se descubren, será probablemente un misterio más en la vida. Nosotros no quisiéramos nunca llegar a descubrirlo.

Lo interesante es que la tesis triunfa; va arriba y nadie ni nada, puede ya contenerla.

Estos momentos de los más rudos golpes contra García de la Riega, son precisamente los del mayor triunfo de su tesis.

Cristofforus Columbo, de Génova, hijo de Domenicus, según el fallo del tribunal internacional de “ABC” no tienen nada que ver con el descubridor del Nuevo Mundo. Ha caído, pues, definitivamente, la genealogía genovesa, de que tan enamorado estaba don Casto, y que queda viva la pontevedresa -aunque no completa- esperando que hombres de valor y mérito, que trabajan con fe e investigan con entusiasmo, encuentren la prueba definitiva que nos dé la gloria de ser Galicia y España la patria del gran nauta.

Para todos sería un día de inmensa alegría y más para nosotros, por constituir el mejor homenaje que pudiéramos hacer a la memoria del historiador García de la Riega, tan duramente y con tanta injusticia combatido

José Álvarez Limeses

Cartas entre Victor Said Armesto y Murguía sobre Celso García de la Riega

 Historia de una canallada IV

Conferencia Maria Del Carmen Hidalgo -Jefa del Servicio de Patrimonio Documental del IPCE-

Pontevedra, la cuna de Colón

revista01_Página_01El proceso de la verdadera patria del des­cubridor de América, acalla de entrar en nna nueva fase, por virtud de los nuevos hallazgos de seis documentos exhumados de los históricos Archivos de Pontevedra, cu­yos documentos reúnen todas las condicio­nes de autenticidad, por haher sido otorga­dos ante notario o fedatario público, en los que aparecen los nombres de Cristóbal de Colón, Juan de Colón y otras per­sonas de la genealogía del Descubridor.

Los documentos encontrados se refieren: los unos a cuentas de obras efectuadas en la Iglesia de Santa María la grande, de Pontevedra, y los otros al Gremio de Mareantes, que venimos siguiendo el curso de los des­cubrimientos históricos referentes a la cu­na del Gran Almirante, somos de opinión de que este tan debatido problema histó­rico, se halla ya resuelto.

La gloria de haber despejado la incóg­nita y corrido las sombras que envolvía i el pueblo en que vino al mundo el descu­bridor de las ludias Occidentales, cúpole el eminente historiador y polígrafo doctor Celso Garcia de la Riega, que acaba de bajar a la tumba, después de treinta años de pacientísimas investigaciones históricas para reivindicar para España la partía de Colón: legando a los pueblos de América de al cual pertenecía la gente de mar: dichos documentos de autenticidad indubitada, fueron sometidos a la consideración de las Reales Academias de la Historia de Espa­ña y ile Portugal, y vinieron no sólo a rea­firmar la téxis galiciana dé La Riega, sí que también, aclarar o desvanecer alguna duda y correr una tenue sombra, que aún existía para los profanos c incrédulos, en el proceso de la patria española del des­cubridor del Continente Americano; por más que, para los colombistas y personas origen hispano, su monumental obra C. Colón Español, de la que se ha publicado un estracto, y de cuyo libro se han hecho traducciones a los principales idiomas y se saca­ron fasxímiles de todos los documentos encontrados en los Archivos de Pontevedra, en cuyos < loen ínclitos se mencionan los nom­bres, apellidos paterno y materno de los fa­miliares delnavegante Cristóbal Colón y Fonterosa.

constantino-horta-y-pardoPara continuar, o más claro, para coronar la obra del historiógrafo La Riega, se ha constituido en galicia una comisión o junta de patriotas, formada o integrada por his­toriadores eruditos, literatos periodistas, arqueólogos, paleógrafos, etc., a la que se ha invitado a la Real Academia de la Historia, para que, sometiendo a un atento examen la labor histórica del lexicógrafo La Riega, dictaminen, después de adquiri­da la firme convicción de que Colón nació en Pontevedra, v eleven su dictamen a la docta Real Academia de la Historia, para que esta sabia corporación rectifique el error histórico de que Colón nació en Génova, proclamando urbe et orbi, ante la faz de las naciones, de que Colón nació en Ponte­vedra, o lo que es lo mismo, en España.

Para cuyo efecto la Comisión Colombina o Colonia na, ha dado comienzo a un minu­cioso examen de revisión histórica, desen­trañando la prueba documental y aquila­tando la prueba indiciaría aportada al pro­ceso histórico, y que La Riega presente an­te el mundo civilizado, para justificar su texis, fundada y razonada, de que el Almi­rante del Océano y Primer Virrey de las Indias y Tierra Firme, no no ha nacido en Génova, o más claro, en Italia, como errónea­mente se ha venido diciendo a través de la Historia, y si nació en Pontevedra, cuyos trabajos se hallan muy adelantados; diri­giéndose, asimismo, la Comisión Coloniaua, a los municipios, provincias, corporacio­nes de cultura, para que a la vez que pres­ten su apoyo, voten los créditos necesarios para la publicación de los trabajos histó­ricos que se están efectuando, para la pro­clamación de la patria española del des­cubridor de América.

La obscuridad en que se hallaba envuelta la verdadera patria del descubridor de es­ta hermosa tierra cubana, las sombras que cubrían su nacimiento, su infancia, sus ascendientes y su vida hasta la aparición en España con el proyecto de descubrimien­to de nuevas tierras, más allá del Mar Te­nebroso; la confusión y divergencia de opi­niones entre los autores que han tratado de su vida; la deficiencia de los documentos presentados al proceso por las ciudades ita­lianas que se disputaban su cuna, habían creado innumerables dudas, dando lugar a que muchos historiadores le negasen la ca­lidad de genovés.

Asimismo ninguno de los biógrafos e his­toriadores generales o particulares de las Indias coetáneos al Descubrimiento y con­temporáneos de Colón, que le siguieron los unos y acompañaron los otros en sus viajes, ninguno afirma que Colón hubiera nacido en Génova; es más, dudan que aquel gran­de hombre fuera italiano, pues en parti­culares conversaciones, en sus relaciones más intimas, nunca se le oyó hablar de los pueblos de Italia, y monos aún en lenguaje italiano del que no dejó escrito ni una sola frase, pues la carta dirigida al Oficio de San Jorge, de Genova, está escrita en latín.

Por otra parte, sus amigos más íntimos, que más cerca siguieron sus pasos, acompañándole en sus viajes y asesorándole en sus empresas  y gestionándole sus asuntos en la Corte de los Royes Católicos, ningu­no dice que sea genovés; ni sus mujeres, ni sus hijos pudieron responder, a ciencia cier­ta, sobre la patria de su padre. To«lo lo cual viene a corroborar la afirmación de su hi­jo Fernando que, en su obra La Vida del Almirante, dice: «que su padre quiso hacer desconocido e incierto su origen y patria» cuya historia dió a conocer al mundo civilizado, sin haber dicho donde había naci­do su padre; y todo esto que decimos pue­de verse en los libros existentes en la Bi­blioteca Colombina de Sevilla, que tratan del descubrimiento de América y de la per­sonalidad del grán Almirante.

Ahora bien, la Historia del Descubri­miento aceptó y propagó la nacionalidad genovesa de Colón, por carecer de pruebas evidentes basadas en auténticos respetables y autorizados documentos, revestidos de todas las solemnidades que el caso requería, como son los que ante el mundo civilizado presenta el polígrafo La Riega ; pues la prueba que aportan las ciudades italianas toda está ba­sada en la frase: de Génova salí y en Génova nací, cuya frase fue estampada al constituirse la institución de su Mayo­razgo.

Desde Colón hasta nuestros días ningún hitoriador lia probado nada, limitándose los unos a copiar los errores de los otros; pues los testimonios presentados por las ciudades italianas están fundados en el apellido Colombo, que Colón usó algún tiempo, para hacerse pasar por descendien­te de marinos ilustres de la República de Génova, cuyos testimonios fueron desecha­dos por la crítica histórica por su dudosaa autenticidad; y los documentos justifi­cativos son apócrifos los unos y mixtifica­dos los otros con falsedades notariales, por haberse agotado en Italia las fuentes de información respecto a la supuesta proge­nie de Colón.

El único historiador que prueba que ha investigado es el etnólogo La Riega, que ha estudiado concienzudamente todos los libros y folletos que sobre el descubrimiento de América se han publicado en los principales idiomas. Hablar de la labor in­telectual del erudito La Riega es hablar del esfuerzo de un gigante, de un trabaja­dor incansable, que ha consagrado la mi­tad de su vida al firme propósito de llevar a cabo la vindicación de la patria española del descubridor del Hemisferio Americano.

La Comisión Colombina que viene es­tudiando atenta y detenidamente la prueba documental o indiciaría, presentada ante el mundo americano por el historiógrafo La Riega, ha establecido hasta ahora, las siguientes deducciones:

Que, Cristóbal Colón o de Colón, des­cubridor de América, nació en Pontevedra, cu el año 1436 o en 1437, habiendo sido sus padres Domingo de Colón, llama­do o conocido por el Mozo; su madre, Su­sana Fonterosa; y su abuelo, Domingo de Colón, el viejo, que tuvo por hermanos a Blanca y a Bartolomé de Colón, emigran­do este a Córdova.

Que, Antonio de Colón, fue padre de Juan de Colón, y si Abraham Fonterosa o Jacobo Fonterosa, el Viejo, fue padre de Susana, se deduce que Benjamín Eleasar era primo de Susana, madre de Co­lón, siendo de origen semítico.

Que, el Almirante de las Indias, hubo de estudiar el idioma o lengua latina en al­guno de los conventos de Pontevedra, así como también nociones o ideas de cosmo­grafía y matemáticas con el cosmógrafo Gonzalo de Velasco, autor de una carta  Mapa-Mundi con que el Concejo de Pon­tevedra obsequió al Arzobispo de Santia­go, Señor de Pontevdra.

Que, por el año 1451, y como a los 14 años de edad. Colón se embarcó, empezando su carrera de marino; y, emigrados de Pontevedra sus padres y su hermano Bar­tolomé a fines de 1452 que pasaron a Por­tugal y de este país emigraron a Italia, es­tableciéndose en Génova y más tarde en Saona.

Que, Colon era mareante, cosmógrafo, cartógrafo y piloto, que había sido criado en las rías gallegas que miran al Océano, y que en Italia se dedicó a la navegación en bu­ques genoveses, y lo mismo su hermano Bartolomé que navegó en barcos lusitanos que traficaban con los puertos del Medite­rráneo, y debido a esta circunstancia Cris­tóbal se trasladó a Lisboa, etc., etc.

En su virtud, es necesario volver pol­los fueros de la verdad histórica, rectifi­cando las falsas opiniones emitidas, dicien­do que el descubridor de América ha na­cido en Génova; es preciso borrar esa pá­gina de la historia del Descubrimiento de América, de los libros para la enseñanza en las escuelas y colegios, restableciendo la verdad triunfante de la Historia, que es el fallo y juicio de la posteridad. Y, co­mo quiera que todos los historiadores del Descubrimiento están conformes en que la nave capitana de Colón se llamó primeramente “La Gallega’ y había sido construi­da en los astilleros de Pontevedra, ya podemos gritar: «no fue un genovés, italiano o corso quien sobre navío español, según diciendo se venía, descubrió la virgen América; due un gallego pontevedres, navegan­do en la nave «La Gallega», como primeramente se llamó la carabela “Santa Ma­ría», en los astilleros de Pontevedra cons­truida, quien llevó a cabo la gigantesca empresa del descubrimiento del Continente Americano

La Habana, mayo 20 de  1917.

Constantino Horta