La verdadera identidad de Colón, al fin al descubierto

ALFONSO PHILIPPOT ABELEDO – VIGO – 13-06-2010

 

Después de 50 años siguiendo la pista de Colón, 35 con investigaciones intensas, el vigués Alfonso Philippot ha recopilado sus resultados: su tesis es conocida, Colón era el gallego Pedro Madruga, y tuvo casa en Vigo.

El vigués Alfonso Philippot, en una de sus charlas sobre la identidad del Descubridor. Foto: Archivo

Hacia 1433 tuvo por amante a una joven de Porto Santo (Pontevedra), llamada Constanza Gonçálves-Soutelo y Colón, de cuya relación nació el futuro almirante de la Mar Océana. Posteriormente, y habiéndose casado Constanza con un marinero al servicio del propio Fernán Eanes (244), el infante pasó a ser tutelado por su padre biológico y rebautizado con el nombre de Pedro de Soutomaior; manifestando aquél su deseo de que el bastardo siguiera la carrera eclesiástica, bajo la dirección de su tío Fray Esteban de Soutelo. Más tarde, Constanza tuvo a Bartolomé y a Diego Gonçálves Colón (Árboles 65 y 65ª). Del matrimonio de Fernán Eanes con Leonor Messía nació un único hijo llamado Álvaro Páez, quien habiéndose casado con Maria de Ulloa, su prima segunda (Árbol 3), no tuvo descendencia.

Para salvaguardar el patrimonio familiar, don Álvaro solicitó a los Reyes poder adoptar a su medio hermano, que en lo sucesivo fue conocido como Pedro Álvarez o ‘Pedro Madruga’. No obstante, desoyendo éste la manda testamentaria de su padre, abandonó el convento de los dominicos de Tui, hacia 1446, ‘y se dio al arte de la mar’ (249), navegando por espacio de 23 años. Álvaro Páez falleció en 1468, a causa de las heridas recibidas durante la revuelta ‘Irmandiña’ (274), y Pedro Madruga regresó a Galicia para hacerse cargo de la herencia; contrayendo matrimonio posteriormente con doña Teresa de Távora (Árbol 10), pariente de la Casa Real Portuguesa.

Durante los años siguientes tomó parte en las continuas guerras promovidas por los señores feudales, y en 1476 participó en la famosa batalla de Toro, luchando al lado de los portugueses. Alfonso V, le premió con el título de conde de Camiña (278), y Madruga tuvo que refugiarse en el país vecino. A finales de 1479 se estableció en Lisboa (293), bajo el nombre de Cristóbal Colón, alojándose en la ‘Chaneca’, residencia de Pedro Correa de Acuña -primo de Teresa de Távora (Árbol 46)casado con Elena o Izeu Perestrello. Pedro Correa (1440-1497) era gobernador de la Isla Graciosa, y le facilitó valiosa información sobre los extraños ha-llazgos de las Azores, relacionados con la existencia de tierras allende el Mar Tenebroso. (Al referirnos a Izeu Perestrello –media hermana de Felipa Muñíz (Árbol 55) debemos señalar que a través de un autógrafo suyo, hallado por el célebre cronista portugués Gaspar Frutuoso, sabemos que el verdadero nombre de pila de ‘Madruga’ era Cristóbal Pedro; acerca de lo cual nos informa, asimismo, Lucio Marineo Sículo en ‘De rebus Hispaniae meorabilibus…’, al citar al gran navegante bajo el apelativo de ‘Petrum Colonum’). Ausente Pedro Madruga, los Reyes Católicos confiscaron todos sus bienes en Galicia, pero a ruegos de Teresa de Távora nombraron a su hijo Álvaro apoderado y administrador de los mismos (297). Hacia 1481, Colón viajó con Felipa Muñiz a la Isla de Porto Santo (en Madeira), de la que su padre, Bartolomé Perestrello, era el gobernador. Y al año siguiente nació su hijo Diego (segundo de este nombre) y participó en una expedición al Castillo de la Mina (299), que administraba Diego de Azambu Azambuja, primo de Teresa de Távora (Arbol 46). A su regreso a Lisboa, en 1484, presentó a Juan II su proyecto de descubrimiento (301), que fue acogido en principio con cierto interés. Según Washington Irving, la asamblea estaba formada por los cosmógrafos más brillantes del reino, y por el confesor de Juan II, Diego Ortiz de Cazadilla, obispo de Ceuta. Finalmente, la idea no satisfizo al monarca, pero hirió el orgullo nacional del almirante Pedro de Me-neses, marqués de Villareal -primo de doña Teresa de Távora (Árbol 48)que ensalzó la figura de Colón y defendió su propuesta. Madruga permaneció expectante en Lisboa hasta finales de 1485, pero informado de los cambios que había sufrido su casa en Galicia, bajo la ocupación de don Álvaro, decidió regresar a Castilla. El 10 de enero de 1486 otorgó testamento en Refojos (término de la ciudad de Oporto), y se dirigió a la Corte, que se hallaba en Alcalá de Henares con la intención de recuperar sus propiedades. En opinión de varios historiadores, fue el Cardenal Mendoza quien preparó dicha audien cia (309 – Arbol 4).

Volviendo al polémico viaje de Pedro Madruga a la Corte, señala López Ferreiro: ‘Figurándose que en Castilla, con la protección de sus parientes y amigos, como los hijos del Maestre de Calatrava, don Gutiérrez de Soutomaior y el Duque de Alba (don García), podría llegar a un arreglo con su hijo Álvaro y obtener el perdón de los Reyes, abandonó Portugal ‘ (321).

Su primera entrevista tuvo lugar el viernes 20 de Enero de 1486 en el Palacio Arzobispal (fecha que coincide con la que señala Colón en el Diario de a bordo), pero no figura en las actas oficiales que se conservan de aquellos días, probablemente debido al carácter privado de la misma. Como testigos de excepción, dos altos dignatarios de la Iglesia: el referido Pedro González de Mendoza y el Prior de Prado, Fray Hernando de Talavera . Lo que más le apremiaba a los Reyes era conocer las intenciones de su gran oponente, don Juan II, sus proyectos de expansión y el destino de la ‘Excelente Señora’, doña Juana, recluida en un convento. Respecto al futuro inmediato de Soutomaior el fallo inapelable de los Soberanos fue que renunciase a su señorío de Galicia, en favor de don Álvaro, permitiéndole a cambio residir en Castilla, pero alejado de toda actividad política. En cuanto a la viabilidad de su proyecto, debía pronunciarse una junta de sabios que se reuniría en Salamanca; quedando él, entretanto, encomendado a Fray Hernando de Talavera .

El 22 de Febrero de aquel mismo año, los Reyes emprendieron viaje a Madrid, no sin antes concederle al Conde de Camiña una segunda audiencia en la que confirmaron su decisión de nombrar a don Álvaro apoderado del estado de Soutomaior. Conocido el itinerario de Isabel y Fernando durante este año de 1486, sabemos que desde Madrid se trasladaron a Segovia. En Arévalo pasaron cuatro días (del 5 al 9 de Marzo), y desde allí se fueron a Medina donde permanecieron hasta el 4 de Abril. Pero enterados del fallecimiento de la Duquesa de Béjar, doña Leonor Pimentel, y con la intención de darle el pésame al marido, prosiguieron viaje hacia aquella ciudad, deteniéndose antes en Salamanca y Alba de Tormes.

Durante este tiempo, aconsejado por el Prior de Prado, Colón se encaminó al Monasterio de San Leonardo, donde debía aguardar por la junta que estudiaría su propuesta. ‘Advertido el Duque –don Garcíade la próxima llegada de los Reyes –señala el cronista Vasco Da Pontedíjole a don Pedro el tiempo en que habían de venir sus Altezas. Esperoles el Conde de Camiña, y venido el Rey y la Reina a Alba de Tormes, recogíose al Monasterio de los Jerónimos’. El testimonio de Vasco Da Ponte es concluyente y prueba, sin lugar a dudas, que Pedro Madruga se hallaba en aquella localidad el 11 de Abril; correspondiendo esta fecha, precisamente, a la única visita que los Soberanos hicieron a la villa ducal en el transcurso de 1486 (323). La estancia de Pedro Madruga en San Leonardo, debió prolongarse por espacio de seis meses, esto es, de primeros de Abril a finales de Octubre de 1486. Según Vasco Da Ponte, que debió hacerse eco del testimonio de Pedro Falcón, criado de don Pedro: ‘Habló el Duque al Rey, mas no pudo negociar nada, y unos dixeron que el Conde muriera allí de dos carbunclos, otros dixeron que el Alcalde Proiano entrara en el Monasterio con sus porquerones , y que le echara un garrote al pescuezo; unos dicen que fue de una manera y otros dicen que fue de otra; quizás fue de entrambas maneras…’ . Versión fantástica, y en cierto modo malintencionada, pues no ha faltado quien sugiriese la idea de un vil asesinato ordenado por los propios Reyes. Lo único cierto es que el Conde desapareció misteriosamente, sin dejar rastro; y en el peor de los casos, sin haber reclamado siquiera su familia el derecho a darle sepultura. La nebulosa que vela el destino de Pedro Madruga, a partir del relato de Vasco Da Ponte, es la misma que oculta la incógnita andadura de Cristóbal Colón. En el testamento que otorgó Diego de Muros en Ciudad Rodrigo, el 8 de Diciembre de 1491 mandó a la Iglesia de Tui cien mil maravedís de los setecientos mil que le debía el Conde de Camiña, previniendo a sus albaceas que no le entregasen a dicho Conde la fortaleza de Fornelos, mientras no pasase al Cabildo Catedralicio la cantidad que le dejaba ordenada. ‘Lo que supone –señala señala el historiador Benito Vicettoque Pedro Álvarez de Soutomaior vivía aún a finales de 1491’ (325). Durante su estancia en Salamanca, y por el parentesco que le unía con Diego de Deza (Árbol 25) Colón fue huésped del Convento de San Esteban, así como de la casa de Valcuevo, donde tuvieron lugar, entre Noviembre y Enero de 1487, las famosas Juntas en las que se discutió la viabilidad del viaje a Indias, siendo el fallo contrario a sus pretensiones.

No obstante, a partir del 5 de Mayo del año siguiente recibió por orden de la Reina distintas cantidades para su mantenimiento, correspondiendo la última al 18 de Octubre, por once mil maravedís; consignándose en el libro de cuentas del ‘limosnero’ Pedro de Toledo, como receptor o beneficiario de dicha cantidad a un ‘portugués’ cuyo nombre figura en blanco. El hecho de llamarle ‘portugués’ a Cristóbal Colón en un documento oficial, suscita nuevas reflexiones sobre su controvertida personalidad, dada la costumbre que a la sazón existía de confundir a los portugueses con los naturales del sur de Galicia (332). A finales de 1487 Colón fijó su residencia en Córdoba y se relacionó con los Enríquez de Arana, nietos de Juan Ruiz de Biedma, quien a su vez lo era de Fernán Ruiz y de su esposa, Marina Páez de Soutomaior, hija de Paio Gómez Chariño (Árbol 65b). Relación que le condujo hasta Beatriz Enríquez, ‘señora de noble alcurnia’, según aseguran, de la que tuvo por hijo a don Hernando (361).