García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra y Virrey de México

La estirpe de los Sarmientos

EL linaje de los Sarmientos dio tributo a la historia de América, desde la iniciación del descubrimiento y va unido a los Sotomayor. Lo hacía notar en 1567 nuestro Sarmiento de Gamboa —el más científico y humanista de los almirantes— cuando afirmaba que había imitado a sus deudos. Un García Sarmiento fue piloto de la “Pinta”3. Un hijo de Pedro Madruga pasó a las Indias, con mala fortuna3. Un nieto se enfrentó a Drake. Otros Sarmientos figuran entre los pobladores de Filipinas, Santo Domingo, Magallanes… En el gobierno espiritual y político se distinguieron: Santiago, Diego, Francisco, Alonso… El más ilustre de todos, el Conde de Gondomar, diplomático, mecenas, “Grande de Europa”, intervino en altos temas de Estado referentes a América4. Ya el licenciado Molina en su “Descripción de Galicia” ponderaba “las yemas sin cuento” de estos “Sarmientos”.

Miembros de una de las más poderosas estirpes de Galicia desde los tiempos de Alfonso X, enriquecidos por los mercedes enriqueñas y más tarde con el tributo de la Ponte Maior de Ourense y con importantes señoríos. En 1483 García Sarmiento funda lo que hoy es Villa de Ponteareas, al lograr la concesión real de la feria de Cañedo. Tuvieron los condados de Santa Marta y Ribadavia, los estados de Salvatierra y Sobroso y Val de Achas. Don García IV de Sarmiento y Sotomayor heredaba de sus inmediatos antecesores una posición encumbrada. El abuelo, después de participar en las guerras de Inglaterra, Flandes y Portugal, fue mayordomo de la Emperatriz Doña María, viuda de Maximiliano de Austria. Su esposa había sido dama de la Reina Doña Juana de Portugal. Una de sus hijas, María Agustina, muy bella, centra el cuadro de “Las Meninas” ofreciendo a la infanta Margarita un “púcaro de Estresnoz”. El padre, gentilhombre de Felipe III, Capitán General de Sevilla, fue el primer “Conde de Salvatierra”, donde fundó el Convento de Franciscanos4.

Virrey de México

DON García IV, había desempeñado cargos militares, como el de Maestre de Campo del Cuerpo de Infantería de Galicia (1631). Después pasó a Sevilla, donde ocupó el puesto de Asistente (1634) y Capitán de Caballería en Badajoz.
Fue designado Capitán General y Virrey de México en 16425, sucediendo al Marqués de Villena, don Diego López Pacheco, destituido y puesto en prisión por las denuncias de su adversario don Juan de Palafox, Prelado de Puebla, que lo acusaba, entre otras infracciones, de simpatizar con los independentistas portugueses. Una de las primeras determinaciones de García Sarmiento fue la de ponerlo en libertad. El acceso a uno de los más altos puestos de la monarquía venía a coincidir con una de sus mayores desventuras: la destrucción del palacio de Salvaterra y de la iglesia de San Francisco, en la guerra con Portugal.

El más arduo conflicto al que se vio envuelto fue de carácter político-religioso: el enfrentamiento entre la Compañía de Jesús y el Venerable Palafox, Visitador General, acostumbrado a ejercer prácticamente el Gobierno6. Era el choque de un reformador con la situación existente, y reflejaba la oposición entre las órdenes mendicantes y los jesuítas; pero, en el fondo, latía la contraposición social entre los criollos y el funcionariado burocrático7. García Sarmiento se inclinó en favor de los jesuitas, frente al Prelado. Finalmente triunfaría éste al lograr el traslado del Virrey, que, pese a su actitud, contó con la colaboración de los franciscanos de las misiones de la Baja California y favoreció sus obras.

Virrey del Perú

EL ocho de julio de 1647, Sarmiento era nombrado Virrey del Perú, adonde llegó un año después, siguiendo, con fortuna, la futa de Acapulco. Sucedía a don Pedro de Toledo, Marqués de Mancera.

Nombró Capitán General del Callao y dio el mando de las naves del Sur a su hermano Alvaro. Otro, Francisco, fue Obispo de Michoacán. Tuvo como secretario a Juan de Oya Troncoso y el asesoramiento espiritual de un franciscano, Fr. Pedro de Arauz. Dejó un rico legado al Convento del Perú. Aleccionado por la experiencia mexicana, se inhibió cuanto pudo en el conflicto entre los jesuitas y el Obispo Cárdenas.

 

La fuente de Lima

 

EL Virrey Sarmiento embelleció las ciudades del Virreinato. Muchas de esas obras de mediados del siglo XVII fueron destruidas o dañadas por los seísmos.

 

De las realizaciones de Virrey, la más ponderada fue la Fuente de la “Plaza de Armas” o “Principal” de Lima (1660). Quizás al erigirla habrá pensado en los “chafarices” gallegos y del Norte de Portugal, como el nuestro de la “Ferrería”, aunque la suya no es de granito, como las nuestras, sino de bronce.

Fue alabada con estos versos que juegan con el apellido y título de Virrey:

 “De fuente tan prodigiosa el

mundo se maravilla, que dar

un Sarmiento agua ha sido

cosa divina.

El agua que de ella corre no corre

como solía, y se ve

de tierra salva y por

Salvatierra, limpia”.

 

Defensa del indio y persecución de fraudes

SU gestión, se caracterizó por defender a los indios, mitigando la “mita” de levas para la minería y la “composición de tierras”, que tanto los perjudicaban, y recomendó a su sucesor que los protegiera. Persiguió la corrupción y el fraude a la Real Hacienda y, pese a la merma introducida en la ocupación de predios, envió a España, en 1652, cerca de dos millones de pesos. Tras el naufragio de la nao capitana de la armada en Guayaquil, logró rescatar no menos de trece millones.

Tuvo que hacer frente a otras tragedias; la más grave, el terremoto que convirtió en ruinas la ciudad de Cuzco, en 1650.

Favoreció las misiones de la Compañía en Paraguay, importantísimo modelo comunitario.

Cese y muerte

GARCIA Sarmiento cesó en su virreinato el 24 de febrero de 1655. Fue sustituido por su tío Luis Hernríquez de Guzmán, Conde de Alba de Liste. No pudo regresar a España; “le dio una grave enfermedad, que perdió el juicio, y algunos días antes de su muerte se lo volvió Nuestro Señor y dis­puso sus cosas”. Fue enterrado en la iglesia de San Francisco (1659)°.