El secreto de Colón, ¿está en el Vaticano?

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Como celebración de los 522 años del descubrimiento, os regalo este artículo de Josefina.

Fue uno de los últimos que escribió sobre Cristóbal Colón. A pesar del tiempo transcurrido, sé que a los interesados en el tema les sorprenderá algún dato desconocido por ellos. Ya en su libro “El enigma del gran Almirante”, publicado va a hacer ahora un año, el prologuista Guillermo García de la Riega, entre otras muchas cosas,  dijo:

“…aporta datos históricos, fehacientes y contrastables, también incluye documentación novedosa, alguna yo no la conocía y creo que otros colonianos con conocimientos más profundos en el tema que yo, tampoco…”

Espero os guste y os ilustre.

 EL SECRETO DE COLÓN, ¿ESTÁ EN EL VATICANO?

 Cristóbal Colón y su beatificación futura.

Pío IX no llegaría a ver la culminación de su gran deseo,

puesto que fallecería antes de que la

Sagrada Congregación de Ritos examinase

los testimonios y documentos aportados.

En más de una ocasión me he hecho esta pregunta, posiblemente absurda, pero me resultó difícil no volver a pensar sobre ello. Y todo comenzó bastantes años atrás, al enterarme del intento de llevar hasta los altares la conflictiva personalidad de Cristóbal Colón.

Biografía del almirante

Me pareció que era una idea tremendamente ambiciosa y sin duda equívoca, pero lo cierto es que fue amparada por dos pontífices del siglo pasado, estando su origen en la petición de Pío IX al escritor francés Roselly de Lorges de que escribiese una biografía del almirante lo más documentada posible.

El conde Roselly, que en su época fue un destacado historiador, puso un gran interés en su cometido, pero fue inevitable que la obra presentase grandes lagunas. Pío Nono, quizás un poco desilusionado, dejó pasar de este modo hasta trece años, en que recibió una carta del cardenal Donet, arzobispo de Burdeos, que proponía al pontífice “la veneración por los fieles hacia el servidor de Dios, Cristóbal Colón, solicitando encarecidamente que se introdujese dicha causa por vía extraordinaria”.

Y esto dio origen a que surgiese la conflictiva obra de León Bloy ya con un fin concreto: “Cristóbal Colón y su beatificación futura”.

No obstante, Pío IX no llegaría a ver la culminación de su gran deseo, puesto que fallecería antes de los seis años exigidos para que la Sagrada Congregación de Ritos procediese al examen de los testimonios y documentos aportados.

León XIII

Su sucesor, León XIII, pontífice que se recuerda por su sabiduría y austeridad, vivió momentos conflictivos antes de reanudar la causa ya establecida, y por lo mismo, decidió recurrir a todo el poder de la iglesia para investigar los orígenes y la vida del descubridor, tanto en España como en Portugal y en Génova.

Después de un intento fallido, la causa se reanudó por segunda vez, respaldada nada menos que con las firmas de 850 obispos, eligiéndose como postulador al erudito José Bladi, que gozaba de gran consideración en el Vaticano y que era Genovés.

Pese a los auspicios, la beatificación proyectada resultó mucho más difícil de lo que en un principio se había pensado, puesto que los congregantes acogieron con muchas reticencias, frases como la de Roselly, que afirmaba que “Cristóbal Colón fue un santo, ofrecido por la voluntad del Señor, allí donde Satanás era un rey”, y la de León Bloy que solicitaba la santidad para su patrocinado, afirmando que “la esclavitud fue una escuela de abnegación y mansedumbre”.

 El origen semítico

Es evidente, que también surgió la posibilidad del origen semítico del almirante, tan patente en sus hechos y en sus escritos, aunque también es cierto que son muchos los nombres que con ese origen o ascendencia se encuentran en el santoral, como sucede con Santa Teresa de Jesús.

El amor de su vida

Luego, es comprensible que sucediesen acaloradas discusiones sobre la relación que el descubridor sostuvo con Beatriz Enríquez, el gran amor de su vida, y de la cual nació su hijo Fernando, sin que llegase nunca a contraer matrimonio, actitud que contrastaba con sus austeras costumbres, ya que ni aún sus más encarnizados enemigos pudieron acusarlo de libertino, cosa que precisamente no sucedió con su hermano Bartolomé, que llegó a ser llamado por los historiadores el “don Juan de las Indias”.

Así sucede que al finalizar los actos de la Congregación y efectuar el escrutinio, hay la inevitable sorpresa de que de aquellos numerosos votos, quede solamente uno afirmativo.

De este modo se cierran definitivamente los archivos eclesiásticos, guardando quizás para siempre lo que podría esclarecer muchos misterios. Sin embargo, a nosotros los gallegos, nos interesaría posiblemente mucho más, el estudio minucioso con los modernos métodos con que se cuenta hoy día, de los meritorios trabajos de Celso García de la Riega, el gran historiador e investigador pontevedrés que con su gran capacidad de cultura pronunció ante el mundo el origen gallego del almirante.

Josefina López de Serantes

El Correo Gallego, 5 de Agosto de 1990