Dr. D. José Rodríguez Martínez – Colón Español, hijo de Pontevedra (1955)

Colón Español

 

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http://archive.org/details/hijodepontevedra00rodrrich – Colon, español, hijo de Pontevedra; (pref. 1920)

 

COLON, ESPAÑOL


HIJO DE PONTEVEDRA




PRÓLOGO DE ANTONIO REY SOTO


LITOGRAFÍA IMPRENTA ROEL


LA CORONA


t. C. Gebrian

Dedicatoria


Don Ramón Peinador


 


r’UñnJO tos gattegos cócñban respecto de “Colón, español” debe ser ofrendado. Tú mantuviste el fuego sagrado del entusiasmo de Celso, hasta los últimos instantes de su vida, procurándole el placer inefable de ver editado su libro, le infundiste el aliento de tu constante perseverancia, que hizo a Prudencio Otero seguir en los estudios brillantemente comenzados por La Riega.


 


En el lecho del dolor, pocos días antes de morir, me parecía que el ilustre La Riega, me encargaba la continuación de su obra.


 


Tú has querido que su nombre y el mió vayan unidos en este humilde esfuerzo. Acepto ser un modesto i’ocef’o rapsodista, de la obra genial del inmortal Celso la Riega.


 


(Y al contemplarla hoy enguirnaldada con los laureles de la victoria, modestamente te olrezco el folleto, convencido de que a ti pertenece.


 


Tu fraternal amigo,


 


El Médico Rodríguez


 


 


 


 


 


 


PRÓLOGO


 


 


 


A quien conozca, siquiera sea de vista, la procer figura del Doctor Rodríguez, no puede sorprenderle que este asunto de la patria de Colón, desde el primer momento, le haya apasionado hasta la médula, y le encendiese la lengua, y le templase la pluma, y le llenase de una nueva y austera majestad, el amplio gesto y la mirada firme y poderosa.


Porque el Doctor Rodríguez que es un cerebro, es, al propio tiempo, un corazón, cosa que no puede decirse hoy de la casi absoluta totalidad de nuestros intelectuales , cuyas producciones se resienten notoriamente de la ausencia de fervor cordial , de calentura de amor, de eso que ha dado en llamarse, con cierto tonillo irónico e impertinente: «aliento ro-


mántico».


 


Basta verle pasear para comprender que, aunque no por los años todavía, es un hombre de otra época por su figura, por su indumentaria, por el modo de andar, de gesticular, de dejarse crecer el pelo y la barba : aquél enmarañado sobre la bóveda craneana , al modo de Daudet , y ésta , fluvial , caudalosa , desbordada y salvaje , tal como las que en otro tiempo bañaron los rudos pechos de los viejos guerreros germánicos. Su frente es alta y espaciosa, a propósito para que en ella se anide el azor -pensamiento, pero también su pecho es amplio y combado, y sus pectorales recios y desarrollados, escudos del corazón grande, siempre en llamas, que los pulmones, como fuelles, empujan mil veces hasta la boca, para que las palabras salgan como chispas y estrellas encendidas. Así imaginamos a Demóstenes y a Cicerón, y así fueron Bossuet, y Mirabeau y Emilio Castelar.


 


Dolor grande es para mí, gran amigo y admirador profundo de esta naturaleza de elección que Dios donó con mano pródiga al Doctor Rodríguez, no poder aplaudir — porque antes que nada soy sacerdote de Jesucristo — en todo momento las ideas que salen de sus labios, aunque siempre me admire y me deslumbre el fausto de su ropaje y la opulencia y belleza de su forma. Sí; dolor grande es éste para ambos, de tener muchas veces las manos enlazadas , en un fuerte y cordialísimo apretón, en el que quisiéramos fundirnos completamente, pero nuestras caras están vueltas, y nuestros ojos miran a opuestos horizontes… Y entonces nuestros ojos se llenan siempre de lágrimas silenciosas y amargas .


 


Pero no es ésta ocasión de lamentaciones ni de sombras de reproches, siquiera vayan empapados en fraterna ternura, sino que es hora de júbilo, de exaltación, de entusiasmo y de aplauso caluroso. Y esta hora la ha preparado y hecho sonar el Doctor Rodríguez , con la magnífica conferencia a que estas deslabazadas cuartillas sirven de modestísimo proemio.


 


La patria del Almirante, su verdadera cuna, fué siempre un misterio. Su hijo Don Fernando, el primer biógrafo del descubridor, no tuvo preocupación más grande que averiguar quiénes eran sus deudos, y jamás pudo desvanecerla. La afirmación que su padre hizo en su testamento atribuyéndose un origen genovés, le llevó a dirigir sus investigaciones por es.te lado, pero su desencanto no tuvo límites al convencerse de que laboraba en el vacío. Y la incógnita, que no logró despejar el hijo, continuó siendo un enigma y una obsesión para los historiadores . Ni Fernández, ni Oviedo, ni Las Casas, ni Cromara, ni Herrera, ni el Inca (Garcilaso se atrevieron con él, entre los españoles, como ni Gallo, ni Giustiniani, ni Foglieta, ni Caffaro, ni Casoni, en Italia, quienes encontraron más cómodo dar por buena la afirmación testamentaria del Almirante, y apropiarse la gloria que de ello les venía. Claro está que los historiadores subsiguientes no hicieron otra cosa más que copiar la especie, para que así se formase la enorme bola de nieve, el inatacable lugar común histórico, que parecen defender como torres inexpugnables tantos nombres ilustres, durante tres siglos, desde Barros a Spotorno, desde Guido Antonio Mala baila hasta Fernández Duro y R. de Uhagón , pasando por Muñoz, Lafuente, Harrise, el P. Denesmondi, Alfonso López y cien y cien más compiladores, investigadores y eruditos de todo linaje.


 


Así estaban las cosas, cuando nuestro ilustre paisano


Don Celso García de la Riega lanzó a la publicidad su Colón, Español. Y fué como si lanzase un peñón en un estanque de ranas croadoras, en una serena noche de Mayo. Todo el mundo se calló, de pronto, sobrecogido por los formidables documentos aportados por el escritor gallego, documentos que demostraban palmariamente que Colón no sólo había nacido en España, sino que era gallego, pontevedrés, del enxebre barrio de Porto Santo… Después vino… Pero no he de relataros una historia harto conocida. La muerte inmediata del gran García de la Riega acreció las energías de sus impugnadores, y su obra, el sueño de su vida, quizá quedase oscurecido para siempre, si hombres generosos, si espíritus y corazones gemelos, no lo impidiesen con conferencias y discursos y folletos y libros, tales como el tan divulgado del benemérito Dr. Horta y Pardo y ahora éste del Dr. Rodríguez Martínez , en que todo el amor que éste siente por Galicia , como que se enfoca y con centra a través del nombre de Colón , en un solo punto de deslumbradora claridad y de fuerte , irresistible, ardor, que ha de levantar llamas de entusiasmo en cuantos nacieron en esta tierra.


 


¿Mi opinión ante el problema? Sin dudas, sin vacilaciones, de ferviente colombismo galaico. Y tanto es así, que en el telar queda un drama, cuyo eje gira en torno de ésta para mi evidentísima verdad . Si alguna vez hubiese dudado de ella, bastaría para reavivar mi fe inextinguiblemente esta conferencia tan completa, tan diáfana, tan acabada, tan perfecta de Rodríguez Martínez. Después de leerla, no es posible dejar de convenir en la gloriosa verdad halagadora. Yo que me precio de conocer, acaso todo lo que hasta ahora se ha escrito acerca de esta cuestión tan debatida, declaro (]ue de hoy más ya no hay lugar a la discusión razonada y serena . Sólo faltan por salir a luz esos anunciados documentos avasalladores , últimamente encontrados en los archivos tudenses y pontevedreses por el señor Otero, para que el pleito quede fallado en todas las instancias.


 


Y esto, en verdad, no ha de sorprender a ningún erudito realmente desapasionado , sabiendo que ya en el tomo XIX de la colección histórica de Onken , salido a luz hace pocos meses, se inserta íntegro el folleto de Beltrán y Rózpide acerca de este punto, y en el que tan definitivamente combate a Colón genovés, y se le da completa beligerencia en una nota aclaratoria a nuestro insigne García de la Riega, al lado de Ambieri, Corbani, Peretti y Franceschi.


 


Tú, lector, que vas a saborear las páginas lapidarias de Rodríguez Martínez , que han de saberte a poco , formarás también tu criterio y sentirás cómo, si ha}^ dudas en tu espíritu acerca del galleguismo de Colón, estas dudas se disipan, y la luz se hace, y tu fe en la verdad evidentísima, arraiga en tu alma para no morir sino cuando tú mueras.


Como do pocos libros — de poquísimos — puede decirse esto, al despedirme de ti , te ruego que me dos las gracias, pues te he acompañado hasta la puerta de tal morada .


 


Antonio REY SOTO.


Orense, 8 de Mayo de 1920.


 


 


 


 


 


 


ALREDEDOR DE LA TESIS


 


 


 


Em este título general, queremos recoger ciertas charlas y comentarios, que a modo de misceláneas congruentes con la tesis, no forman intrínsecamente parte de ella. Ayúdanos en esta labor la prensa periódica, a la que personalmente tanto debemos, y que será la palanca de Arquímedes, propulsora de esta justificadísima rectificación de la Historia.


 


 


 


Coeficiente mesológico.


 


Por nuestra posición geográfica, como puede verse en el siguiente diseño, por lo que pudiéramos llamar el coeficiente mesológico, era natural que portugueses y gallegos, enclavados en la costa occidental de la Península, fuesen los exploradores del Océano Atlántico.


 


Portugueses fueron los Vasco de Gama, los Díaz, los Cabral , descubridores en el Atlántico de las costas septentrionales y occidentales del África, llegando a doblar Bartolomé Díaz, el cabo de las Tormentas, llamado de Buena Esperanza en 1486.


 


Hacia Occidente, en el Océano Austral, descubrió Cabral en 1447, las islas Azores, donde Colón había de recoger los indicios de que hablamos en la conferencia, para realizar su prodigioso descubrimiento en 1492.


 


Bajo este aspecto, el preclaro hijo de Pontevedra, conocedor de estos descubrimientos, aventurero perseverante y tenaz, siguió la ruta de sus predecesores. También es de advertir que por estos tiempos, Juan II de Portugal, en 1481, promovía la admisión en sus Estados de los judíos expulsados de España.


 


De entonces acá, a través de los siglos, la corriente interoceánica de la raza galaica no se ha interrumpido. Y todos los que somos hijos de las costas occidentales, oímos hablar desde la infancia, de las Américas, como de países vecinos.


 


Nuestra relación emigratoria la impone la Geografía, la determina la constante influencia ancestral, tenaz y aventurera de nuestra raza, el ejemplo de nuestros antepasados y coetáneos.


 


Casi pudiera afirmarse sin mayor exageración, que no hay acaso una sola familia gallega, que no tenga entre los suyos algún pariente que haya estado o esté en América. Y esto trasciende a nuestros intereses, a nuestras costumbres, a nuestras aspiraciones, 3^ en una palabra, a nuestra total personalidad étnica.


 


De aquí la enorme potencialidad y prestigio de los centros gallegos americanos, habiendo alguno, como el Centro Gallego de la Habana, que cuenta cerca de sesenta mil socios. Y no hablemos de los miles y miles de gallegos expandidos por las diez y nueve repúblicas hispano – americanas.


 


Decíamos en la conferencia de Vigo, que Galicia formaba un ser orgánico, en el cual pudieran representar Lugo, Orense las ciudades corazón, — bien sabido es que el corazón es doble — , y la «ciudad de la oliva» (Vigo) y la «ciudad sonrisa» (La Coruña), los dos hemisferios cerebrales, adentrados en el Atlántico, enfrente de las costas americanas.


 


Y para que estas bellas ciudades marítimas dejen de cultivar la frivolidad y afronten valientemente el porvenir, no olviden ni un solo momento que más al Sur, en las mismas costas atlánticas, tenemos la ciudad de Lisboa.


 


No cabe duda que el porvenir de la civilización atlántica es tan inmenso, que ha3′ espacio suficiente para la vida de estos grandes puertos, sin anulación total de sus intereses .


 


Pero no hay que olvidar que la vida moderna exige previsión , tenacidad y rapidez.


 


El exotismo.


 


También decíamos que los modestísimos sabios historiadores gallegos, Celso La Riega y Prudencio Otero, como no se llaman Irving, ni Lorgues d’Orgne, ni Denesmondi, y con ellos nos codeamos diariamente, sus testimonios no tienen el valor de estos historiadores exóticos, tanto más prestigiados, cuantas más equis, elles y zetas tengan en sus apellidos y más difíciles sean de pronunciar.


 


Esta afición al exotismo, no es sólo mal gallego y español , sino quo es universal , pues en todos los idiomas hay el. apotegma, o su equivalente, do que «nadie en su patria es profeta ».


 


 


 


“El dolor del Almirante”.


 


Nuestro queridísimo amigo, el eximio poeta Rey Soto, tiene la bondad de avalorar este humilde folleto con el engarce brillante de su prosa exquisita y sentimental. No queremos agobiar su modestia, verdaderamente cristiana, con elogios que él pudiera considerar excesivos y el público interesados. Los hiperbólicos que de mí hace, son hijos de su bondad y benevolencia, acaso aun mayores que la excelsitud de su incomparable poesía.


 


Hidalgo y caballero, tributa a su amigo de cabeza tormentosa y atormentada, el bálsamo consolador de su caridad en Jesucristo.


 


¿Quién sabe si tanta bondad y ternura podrán influir en los últimos años de la vida, de quien nunca se creyó anticristiano, y viene buscando ansioso, por los caminos de la intuición y del raciocinio, el supremo Misterio del origen y del destino de los seres?


 


En el fondo de cada conciencia, acaso exista un reflejo de la Divinidad.


 


Pero más aún que tales bondades y propósitos , — excelsos por lo inefables y sinceros, estimaré yo que lleve al teatro el prodigio de su drama El dolor del Almirante , cuya artística trama conozco, y que enjoyelado por las rimas clásicas calderonianas del autor de Amor que vence al amor, harán más en favor de la tesis «Colón, gallego», que cuantos alegatos hemos aportado los rapsodistas vulgares.


 


El hijo de Pontevedra, exornado con las galas de la fantasía del poeta de Orense, recorrerá el mundo triunfador en la excelsa nave de la inspiración artística.


 


 


 


UNA CHARLA Y DOS GONFERENGIAS


 


 


 


A franca confianza que siempre dispensó al repórter la amabilidad de su culto y querido amigo el popular médico Rodríguez, es probable que sea restringida desde el momento en que caiga en manos del ilustre y simpático doctor, el presente número de El Noroeste. Sólo le queda al repórter la esperanza de que el médico Rodríguez tiene un conocimiento en proporción inversa de lo que es el rencor y de lo que son los deberes periodísticos , 3^ sabrá perdonar la indiscreción que significan estas cuartillas , nacidas del abuso de confianza a que antes aludíamos.


 


Es el caso, queridos lectores, que ayer, al ir, como otras veces, el repórter, a tomar café y dei^artir un rato con su buen amigo, encontró a éste atareado en la preparación de las dos conferencias que sobre el interesantísimo tema «Colón , español» habrá de dar en breve en la Reunión de Artesanos, que tan acertadamente preside el docto y elocuente conferenciante.


 


Creyendo éste que hablaba sólo con el amigo y olvidándose del periodista, no se limitó a regalar al repórter con una admirable lectura de las dos conferencias — que para nosotros fué una sola y nos supo a poco — , sino que , además de estas primicias, brindóle las de una charla amenísima, como todas ]as del dolicioso «canseur», que tenemos la persuasión do que constituye un adelanto de la que el médico Rodríguez se propone poner como exordio a sus próximas disertaciones en el Circo de Artesanos.


 


La tentación reporteril fué venciendo los escrúpulos del amigo. Y mientras nos compenetrábamos del gran valor de las pruebas documentales, indiciarias y de orden psicológico que demuestran que el descubridor de América nació en Pontevedra, decidimos recoger lo más exactamente posible la charla -exordio, para ofrecérsela a nuestros lectores en la misma forma aparentemente deshilvanada con que salía de los labios de nuestro amigo, lamentando que no pueda apreciarse, como cuando la subrayaba el gesto y el tono del conversador amenísimo, la fina ironía que como granos de mostacilla literaria se desliza por los párrafos de la charla a que nos referimos.


 


Entre frecuentes y entusiastas elogios a sus grandes amigos don Ramón Peinador y el ilustre polígrafo yíi fallecido don Celso de la Riega, fué expresándose así el popularísimo gallego:


 


«Yo vengo conociendo, en mis ocios otoñales y en las convalecencias de mis achaques y operaciones quirúrgicas, hace más de doce años , en este asunto singular de recabar para España y para Galicia, la justa gloria de haber sido la patria de Colón.


 


»Yo tengo un amigo, de edad ya avanzada, pero con un corazón de veinticinco años. A este entrañable amigo, Ramón Peinador, debo yo el haber conocido a Celso de la Riega y el haberle asistido como enfermo , en consultas que se desenvolvían siempre dentro de la tesis coloniana. La Riega era un valiente ; sabíase morir, y en vez de pócimas y jaropes, propinábase lecturas, y escribía cuartillas. Temía fenecer sin terminar su libro, su gran libro. ¡Qué conmovedora abnegación! ¡Y qué desinteresadísima! Proveyó el señor Peinador a editarlo, y Celso renunció a los derechos de propiedad. ¡Un negocio loco! Todos los editores pueden reimprimirla, y ya lo están haciendo en Barcelona. ¡Qué visión hermosa la de los libros rojos , en la agonía del heroico anciano!


 


*Claro está que el tema «Colón, español», en esta época de carestía de las subsistencias, es un tema ultra -romántico que no satisface necesidad alguna.


 


»Colón español o griego, como creyó alguien, o genovés, como creyeron los más, o chileno o turco o de Pontevedra… ¡qué más da! ¿Bajarán el pan o la carne al saberse que nació en la ciudad de Teucro? Pues entonces…

» Acaso tengan razón; acaso no la tengan.


 


»Pero, ¿estorbaría a España, a Galicia, a Pontevedra, que, en esta ansiedad de viajar característica de la vida moderna, las gentes adineradas, los turistas que no tienen la cabeza por mero adorno, entendiesen que era una gran atracción visitar ]a patria del Almirante?


 


» Cuentan que para peregrinar a la casa donde nació Washington, se construyeron dos ferrocarriles funiculares y un hotel enorme. ¿Es que hay quien crea capaces a los gallegos de imitar la conducta de los americanos?


 


»Pero, para probar esta tesis de «Colón, gallego» — se dirá por algunos — , ¿no basta con presentar la fe de bautismo? — Sí; pero hay la pequeña dificultad de que entonces no había Registro civil , ni eclesiástico.


 


¿Y entonces, cómo probarlo? — Pues ahí verán ustedes — respondo a mis supuestos interlocutores — , si quieren ver y atender… (Y señalaba las cuartillas de las conferencias).


 


»Si es tan notorio que Colón nació en Pontevedra, ¿cómo no acudir al testimonio de la Academia de la Historia?


 


>Por ahí, por ahí va el agua al río. El señor Peinador ya la intentó y la comisión se nombró y se arbitraron recursos para los gastos…


 


»Pero quien había de presidir esa comisión — creo que el Padre Fita — se murió, y luego, los académicos siguieron la costumbre española de los dos bandos y se hicieron dicolonistas: italianistas, unos, y pontevedristas , otros; los belmontistas, los joselistas, etc., etc.)


 


»Claro está que los académicos aun no fueron a Pontevedra. Seguramente irán cuando todo el mundo empiece a olvidarse y a aburrirse, harto de saber que Colón nació en Pontevedra.»


 


Siguió la plática por esta suerte de derroteros, pero la faltar de espacio no nos permite seguir reflejándola.


 


Como mostrásemos nuestra extrañeza por el hecho de que, contra su costumbre, leyese, en vez de pronunciarlas, las dos conferencias , nos manifestó el señor Rodríguez :


 


«Lo hago por varias razones, entre ellas las siguientes: porque acordó publicarlas; porque quiero romper la enormidad de notas de rapsodista que me llenan un enorme cajón y me revuelven la cabeza; porque deseo enaltecer a los señores La Riega y otros verdaderos historiadores de Colón y, finalmente — y acaso esta razón última sea la primera en justicia — ■, porque quiero dedicar esas conferencias a mi amigo Ramón Peinador, que es el verdadero culpable de que yo me haya metido a rapsodista evangelizador de la tesis «Colón, español, hijo de Pontevedra».


 


El Noroeste, del 18 Abril 1920.


 


 


CONFERENCIA DEL MÉDICO RODRÍGUEZ


 


 


 


Charla -exordio.


 


Siguiendo la españolísima mala costumbre que sólo tiene excepción paradógica en la no menos española ni menos mala fiesta llamada nacional, la puntualidad en el comienzo de la conferencia del popular médico señor Rodríguez Martínez en el Circo de Artesanos, sufrió un quebranto, por demora ¡claro está!, de tres cuartos de hora, un poco corridos.


 


Pero la ley de las compensaciones resarció con creces a la numerosa y selecta concurrencia , de la larga espera , pues le hizo disfrutar durante hora y media, de una charla amenísima y de una notable disertación en extremo interesante y sobre un tema de innegable importancia histórica para España y para Galicia especialmente.


 


Según habíamos anunciado en una información repor teril, para cuya indiscreción trocó la amabilidad del conferenciante en elogios lo que debieran ser censuras, precedió a la conferencia una charla amenísima y muy enjundiosa , como lo son todas las del exquisito «causeur» que ayer ocupó la tribuna en el salón de fiestas del simpático Circo de Artesanos. Tal charla es, realmente, incopiable, pues al llevarla a la letra impresa pierde grandísima parte de su «esprit» característico y delicioso; pero, esto no obstante, recogeremos algunos de sus conceptos, registrados deficientemente en nuestras notas tomadas al oído:


 


*Mis amigos los periodistas — comenzó diciendo el culto conferenciante — tratan de mi vejez con gran cariño: le llaman «veteranía». El veterano doctor…, la veterana sociedad Circo de Artesanos…, el veteranísimo Colón, de cinco siglos de fecha… Todos veteranos, todos viejos… ¡Qué hacerle!


 


»Si yo supiese el secreto de la inmortalidad, me lo reservaría, temeroso de que hasta las piedras de la calle se alzasen contra mí, por el espanto de vivir siempre.


 


»A la espiga madura le espera la hoz del segador; a la vida ya cumplida, la segur de la muerte. ¡Tornar a la juventud! Acaso fuera agradable; pero tal vez lo fuese por una sola vez; quizá nadie quisiese repetir la segunda. Al llegar a cierto límite, la única solución que veo es la de una retirada al campo del estoicismo, con la consoladora esperanza de que, así como de la harina extraída de la espiga segada por madura sale el pan ázimo de la comunión espiritual, brote de nuestras cenizas, como ave fénix, la vida imperecedera de nuestros ensueños ideológicos. Porque, — diremos con el gran escéptico — : ¡No será mayor el milagro de volver a nacer, que el milagro de haber nacido!»


 


Enaltece, luego, en un brillante período, la memoria del ilustre polígrafo Celso de la Riega, confortado en el lecho de muerte por la visión de los libros rojos que llevaban en su dorso la leyenda «Colón, español», suma y compendio de los afanes patrióticos del valiente anciano moribundo.


 


La tesis «Colón; español» —añade — es tesis de estudio y de controversia , faltándole sólo la popularización necesaria y, para los espíritus legalistas, la consagración del fallo de la Academia de la Historia. Pero la popularización ha comenzado y continúa, y la confirmación académica, suspendida por la muerte del P. Pita, volverá de nuevo.


 


Recoge , a continuación , los conceptos expuestos por El Noroeste en su artículo de ayer «La ciudad alegre y confiada» y los glosa de modo admirable, fustigando a las ciudades frivolas y descuidadas, entregadas al infecundo «sport» de lanzar saetas de ironía contra el blanco de cualquier manifestación de verdadera vida progresiva , ínterin otras , más modernas y más conscientes de sus intereses, acucian a cuantos elementos juzgan utilizables para la concesión de los millones de pesetas que necesitan para encaminarse con rápido paso hacia la prosperidad en todos los órdenes.


 


Justifica, finalmente, que la conferencia sea leída y no hablada, como en él es inveterada costumbre, y termina su gratísima charla diciendo:


 


«Añadiré tan solo, al retirarme de la tribuna hablada (oratoria del corazón), a la tribuna leída (oratoria del pensamiento), que no hagáis caso de los difamadores de la elocuencia, de los mudos que maldicen del arte de hablar. Yo excito a esa juventud brillante que está dotada de condiciones oratorias, a que esgriman éstas sin recelo, hablando en público siempre que ello sea preciso o conveniente y sin poner a sus discursos otra condición que la sinceridad en la expresión de las ideas.»


Una ovación entusiasta y prolongadísima resumió los aplausos prodigados por el selecto auditorio, durante el curso de la charla -exordio.


 


 


La conferencia.


 


Aparte su gran extensión, que hace imposible reseñarla ni en extracto, la consideración de que va a ser publicada muy en breve nos obligaría a no mermar con una publicidad anticipada, el éxito indudable que espera a la notabilísima conferencia leída ayer por el prestigioso médico Rodríguez, sobre el tema «Colón, gallego».


 


Digamos únicamente que el trabajo objeto de esta información, es un verdadero modelo en su género, por lo bien trazado del plan , por el enlace lógico de la argumentación , por el acertado agrupamiento de las pruebas de diferente carácter, por el concienzudo análisis de todas y cada una de éstas, por el interés creciente que su exposición despierta, por la amenidad del lenguaje, y sobre todo, por la íntima, profunda convicción que lleva al ánimo del oyente o del lector, respecto a los fundamentos de verdad en que el conferenciante cimenta la tesis por él sostenida , de recabar como justa, para Galicia, la gloria de ser la patria del gran Almirante.


 


A este fin , aporta el médico Rodríguez en su hermoso trabajo «Colón, gallego», innúmeras pruebas de todos órdenes: conjeturales, documentales, histórico – críticas , arqueológicas, lingüísticas, etc., etc.; pero donde más resalta la labor del médico Rodríguez, donde brilla con más explendor su gran talento de analizador de almas, es cuando hace el estudio psicológico de la personalidad de Cristóbal Colón, haciendo, con el escalpelo de su intuición portentosa , una verdadera disección del carácter del descubridor de América, mostrándonos al genial nauta como gallego indiscutible por su modo de pensar, de hablar, de escribir y de conducirse en la vida.


 


Toda la conferencia, plena de erudición, de orden analítico y de admirable reconstrucción sintética , fué escuchada con vivísima atención por el público, que después de aplaudir efusivamente al conferenciante, salió del local gratísimamente impresionado, haciendo unánimes comentarios de elogio.


 


El ilustre médico señor Rodríguez Martínez , fué objeto de muchísimas y calurosas felicitaciones, a las cuales unimos la nuestra, tan modesta y sincera.


 


 


 


El Noroeste, del 24 Abril 1!)2().


 


 


 


 


 


COLÓN, GALLEGO


 


 


 


CONFORME estaba anunciado dio ayer su conferencia en la «Reunión de Artesanos» su presidente D. José Rodríguez Martínez sobre el interesantísimo asunto «Colón, gallego » .


 


Asistió mucho público, viéndose ocupados los lugares destinados a los invitados por personas distinguidas.


 


Comenzó el elocuente conferenciante ofreciendo a sus oyentes una charla breve y una lectura larga.


 


La charla fué breve y amena y la lectura aunque fué larga, en efecto, por exigirlo así la índole del asunto, no lo pareció.


 


En la charla dio gracias a los periodistas por los elogios que han hecho por anticipado de su labor y por haberle dado el calificativo de veterano.


 


Habló con este motivo de la ancianidad, de la terminación de la vida y de la vida futura, diciendo que cuales quiera que sean las creencias no debe admirar el milagro de una nueva vida, después de conocer el milagro de haber nacido.


 


Dice que hay mucha labor hecha en el asunto de «Colón, gallego» y cita al efecto los trabajos de La Riega y Otero; pefo que es necesario vulgarizar, hacer llegar a las gentes lo que de este asunto interesante conocen algunos.


 


En su lectura aporta datos numerosísimos en pro del origen gallego de Colón y en contra del origen genovés.


 


Resulta magistral el estudio psicológico en que se basa para destruir el único dato en contra de este origen gallego, dato que es una afirmación del mismo gran navegante, el cual en la institución mayorazgo que haco en Valladolid , dice: «De Genova salí y en ella nací». El señor Rodríguez atribuye esta afirmación al deseo de ocultar su origen (lo


cree judío) y al de aparecer genovés por las ventajas que esto pudiera reportarle dado el prestigio que en cuestiones de navegación tenían los genoveses de la época.


 


La afirmación del origen gallego de Colón la apoya en datos materiales, en sus rasgos psicológicos, en sus mani festaciones literarias, comparando versos suyos con otros de Jorge Manrique, en giros, modismos y frases recogidas de sus escritos y en haber dado a tierras descubiertas nombres gallegos y especialmente nombres de accidentes de la ría de Pontevedra, probando además que Colón no conocía el italiano.


 


Como la conferencia del señor Rodríguez se publicará, podrán nuestros lectores conocer tan documentado e intere santísimo trabajo de un modo más completo que lo que permite una reseña hecha en estas condiciones.


 


La conferencia fué ilustrada con diseños geográficos y proyecciones de monumentos e inscripciones de gran valor, como prueba evidente del origen gallego de Colón.


 


El público, interesadísimo durante toda la hermosa conferencia, aplaudió repetidas veces e hizo al final una verdadera ovación al señor Rodríguez, que fué muy felicitado.


 


El Orzan, del 24 Abril 1920.


 


 


 


 


INTERCAMBIO HISPANO-AMERIGANO


 


 


 


COMO presentación que hizo ol señor Rodríguez del conferenciante D. Ángel Castillo, en la conferencia que dio en el «Circo de Artesanos» el 6 de Mayo de este año, acerca de Galicia monumental y artística, conferencia unánimemente elogiada, copiamos de El Noroeste los siguientes párrafos :


 


«El presidente, en un breve discurso liizo relación de las conferencias anteriores, enlazadas todas en el ciclo de resurgimiento del pueblo gallego.


 


»Recogió la salutación de la alta intelectualidad de Orense, llamando a nuestra ciudad la Atenas gallega; mencionó el concepto de la Barcelona del Noroeste y de la Barcelona atlántica , atribuido a nuestra capital ; citó a los «Irmáns da Fala» , que laboran “admirablemente por el perfeccionamiento de nuestro hermoso idioma. Y con alusiones para Risco, Viqueira, Castelao, Cabanillas y el señor Zarate, mostróse gozoso porque sea el Circo de Artesanos el centro en que se van enlazando todos los valores gallegos para restablecer la personalidad de nuestra tierra.


 


»No ocurren estas cosas al azar; dependen, seguramente, de dos factores tan enlazados que pudiéramos considerar en uno solo: nuestra posición geográfica y el carácter trabajador, aventurero y tenaz de nuestra raza galaica.


 


»Por nuestra posición geográfica, teniendo enfrente las Indias Occidentales , era natural que fuese un hijo de Pontevedra, el insigne Colón., quien descubriese las Américas. Acortadas hoy las distancias por los medios de comunicación moderna, también es obligado que eF centro de la civilización se haya trasladado desde el mar de la historia, el Mediterráneo — mar entre tierras — , hasta este amplio Océano de extensos horizontes, en que se resolverán los problemas del intercambio hispanoamericano.


 


» Y es nuestra raza , con nuestros hermanos de Portugal , también de posición atlántica, la mejor dotada para estas empresas del porvenir.


 


»Pero si esta expansión excéntrica del pueblo gallego, alcanza tantísima importancia, no la tiene menor el movimiento concéntrico que al presente se está operando. Empezamos a conocernos y a poner de relieve nuestros valores.


 


»A este fin , la conferencia del señor Castillo tiene, como luego veréis, tan excelso relieve, que ella será parte principalísima a la reconstrucción histórica y artística de nuestra personalidad ».


 


 


 


 


 


 


COLÓN, ESPAÑOL


 


 


 


PREÁMBULO


 


 


 


 


DADO lo extenso del tema y el enlace lógico de la argumentación, de cuyo conjunto derívase la consecuencia inconcusa de ser Colón español, hijo de Pontevedra, impónese sintetizar en una sola conferencia los principales argumentos de la tesis, suficientes a crear una convicción indestructible; pero seguramente incompletos, por la imposibilidad material de analizarlos todos en una sola sesión. Si esta conferencia llega a publicarse o creo obligada otra, ocasión tendremos de ampliar detalles muy importantes y evacuar citas confirmatorias de esta proposición.


 


 


Después de la obra inmortal de Celso de ia Riega, verdadero descubridor de la cuna de Colón, es preciso esperar la definitiva de D. Prudencio Otero,, que pronto verá la luz pública.


 


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Es realmente singular que diciéndose Colón hijo de Genova y figurando como tal, durante cuatro siglos, en las historias vulgares, la investigación y la crítica hayan destruido tal aserto. No cabe duda de que hay aquí un misterio que importa desentrañar.


 


La duda de la oriundez italiana de Colón es ya del tiempo de su vida, como veremos por el testimonio de sus contemporáneos; pero sin los admirables estudios del señor La Riega, hechos a propósito de la aparición de testimonios paleográficos y epigráficos, descubiertos en Pontevedra, y de los que nos ocuparemos en otro lugar; sin los estudios, repito, de aquel modesto sabio, la afirmación genovesa perduraría no sólo por cuatro siglos, sino por los siglos de los siglos, arrebatando a España la gloria inmarcesible de la paternidad del Almirante. Algo diremos también, aunque muy brevemente, de estos errores históricos, más frecuentes de lo que se cree.


 


 


 


Fundamentos principales de la tesis :


 


1.° El estudio histórico -crítico hecho por el citado La Riega, publicado en un libro agotado, Colón, Español, y continuado después por otros investigadores, entre los que descuellan Calzada, Horta, Eva Canel, Rózpide y muy señaladamente D. Prudencio Otero, cuya obra reedita íntegra la de La Riega y otros trabajos posteriores, y tiene para mí, y para cuantos la conocemos, el carácter de concluyente y definitiva, en favor de la tesis «Colón , español.»


 


2. o Los historiadores críticos extranjeros, entre los que pueden citarse a los bien conocidos Humbold y Malte-Brum; a Yon Ostoe, a Raynal, Vignan, Serpa Pinto y al eminente Teófilo Braga. Todos éstos, y otros que pudiéramos mencionar, o dudan o niegan terminantemente su origen genovés. Teófilo Braga lo declara gallego. Rosselly de Lorgue, uno de sus mejores historiógrafos, y el conocidísimo Irving, dicen que es un verdadero laberinto la cuna de Colón


 


3.® Toscanelli no lo consideraba compatriota, suponiéndolo portugués ; y los españoles Fernández Oviedo, Andrés Bernárdez y el Padre Las Casas, dudaban de su origen italiano ; los dos últimos le conocieron y trataron hablando siempre español.


 


4.” La historia de su hijo Fernando, que afirma reiteradas veces ser voluntad de su padre dejar obscura e incierta su cuna, y que después de recorrer inútilmente varias ciudades de Italia, donde abundaban los Columbos, no los Colones, le fué imposible hacer una genealogía del ilustre Almirante.


 


5.° La aparición de testimonios y documentos pontevedreses , que a pesar de las acres censuras y aun insultantes acrimonias de que fueron objeto, acreditan irrefragablemente la existencia de Colones antes y después de la época del descubrimiento. Y al hacer el estudio de la prueba documental , añadiremos que también abundan los Fonterosas, segundo apellido de Colón, de los cuales hay registrados en el Arzobispado de Tuy un crecido número durante los siglos XVI, XVII y XVIII.


 


6.° La tradición popular, acerca de la cual se hizo por el señor Gobernador civil D. Luis Tur, vocal de la Sociedad Greográfica, una importante información.


 


7.° Su psicología galaico -hebraica.


 


8.° Su lenguaje.


 


9.° Las toponimias o nombres con que bautizaba los lugares que iba descubriendo.


 


Antítesis o datos en contra.


 


1.® La manifestación hecha por el Almirante al habilitar la institución mayorazga (documento diplomático), como raíz y pie de grandeza, diciendo:


De Genova salí… y en ella nací.


 


2.** El peso oficial de cuatro siglos y medio de afirmación clásica, en que ya por antonomasia se le llama a Colón, en las geografías e historias vulgares, el nauta genovés.


 


 


 


LA síntesis


 

Es muy original, que declarándose Colón hijo de Genova, como decimos antes, lo mismo, entre sus contemporáneos que posteriormente, haya encontrado tantos incrédulos. Y esta particularidad depende de que no hay «congruencia» entre toda su vida bien conocida, genuinamente española, y la oriundez italiana. Por otra parte el carácter heráldico, diplomático, del documento— diplomacia y verdad no siempre van juntas, por razones que más adelante expondremos, carece del valimiento que pretenden otorgarle los partidarios de la teoría genovesa. Y a mayor abundamiento, al excluir clara y terminantemente en este documento a los Colombos italianos, contradice directamente haber nacido de ellos, o en otros términos, contradice la afirmación de ser hijo de Grénova. Volveremos repetidas veces sobre este importante asunto.


 


Continuando con la prueba indiciarla o conjetural, sin perjuicio de analizar mas adelante las otras pruebas v^aliosísimas, y aducir los oportunos argumentos, -íidjuntemos en esta síntesis algunos razonamientos inmediatos.


 


Su hijo Fernando, el primer historiador del Almirante, afirma muy repetidas veces, que su padre omitió cuidadosamente su cuna y el abolengo de su famiha. En sus viajes por Italia, fracasó en la empresa de buscarle ascendientes .


 


Ya queda indicado que sus contemporáneos dudaron de su oriundez genovesa y que Toscanelli , con quien sostuvo correspondencia en castellano, le supuso siempre hijo de Portugal.


 


No hablaba ni escribía italiano.


 


Exceptuando Anghiera, que le llama vagamente ligurio, hijo de Liguria, sus contemporáneos, italianos y españoles, no le tienen por genovés.


 


Confirma lo obscuro e incierto de su origen , el hecho de disputarse su cuna diecisiete ciudades de Italia, sin aportar datos demostrativos; siendo aun más significativo el que en sus múltiples cartas, acerca de toda clase de asuntos, no hace la más leve mención de la ciudad que ehgió por cuna, ni de las personas que en ella hubiese tratado; ni de ninguno de sus maestros, ni de ninguno de sus parientes. El nombre de Genova fué para él tan sólo un recurso ostentoso en la fundación del mayorazgo. Dice muy bien el señor La Riega: ((Colón tenía un secreto y lo guardó escrupulosamente, secundado en primer lugar por su hermano Bartolomé, que también se presentó en Inglaterra como genovós, porque en aquella época los marinos de Genova y Venecia, así como los cartógrafos italianos, gozaban fama extraordinaria y eran acogidos con gran favor y solicitud en todas partes».


 


No hay testimonio de que hablase o escribiese italiano, y aun buscó interpretes, cuando se dirigió — en castellano — , al Banco de San Griorgio y a la Señoría de Glénova .


 


En carta a los reyes catóhcos, llama al castellano «nuestro romance». Dice así la epístola: «En el Kathay domina un gran príncipe que en nuestro romance significa Rey de Reyes», etc.


 


Aludiendo a la conquista que él soñaba de Jerusalen , dice en el famoso libro de las Profecías , que «de España había de salii-, según los viejos profetas, quien acometiese la empresa de reedificar el templo de Sión».


 


Al fundar la institución mayorazga, ratificada en el codicilo, afirmó que «su único verdadero linaje, era el de los llamados de Colón con antecesores de Colón».


 


Y finalmente, terminamos esta exposición sumaria conjetural, que luego ampliaremos, manifestando que Colón fué escribiendo su verdadera fe de bautismo, intachable, imperecedera e indestructible, poniendo nombres españoles, gran número de ellos ponte vedreses, a las islas, tierras y cabos que iba descubriendo en las Indias Occidentales.


 


Y contra este cúmulo de datos que forman una trabazón armónica perfecta, preséntase un solo documento, heráldico, como intencionadamente dice


el señor Olmet, documento indispensable para que el humilde navegante de antaño, establezca ogaño una jerarquía de nobleza. Es singularísimo, por otra parte, que se le haya dispensado la nacionalización española, como se exigió a otros almirantes, debido acaso a que no se dudó de que era español .


 


Y para ir allanando el camino de la difícil investigación , ustraigíimonos a la pesadumbre de cuatro siglos y medio de afirmación genovesa, considerando que no es éste el único error que perdura en las historias, lo cual trataremos en el siguiente capítulo.


 


 


RECTIFICACIÓN DE LA HISTORIA


 


 


UNQUE la historia, llamada por Cicerón «la maestra de la vida», pesa mucho en la opidíóu de las gentes, lo que pesa y lo que vale son los hechos, no las historias ^ y hay que pensar (5on Altamira, que en vez de la asidua investigación de los mismos, se cae con frecuencia en la idolatría del libro: en creer como artículo de fe que lo dicho por un historiador, más o menos ilustre, necesariamente ha de ser cierto. Claro es que por este procedimiento, el error se petrifica y llega a onvertirse en dogma.


 


Pasaron años y siglos, y aun perduran hoy en historias vulgares, las fantasías y relatos maravillosos de Ctezias, acerca de Niño y de Semíramis, a pesar de su inverosimilitud. Fué necesario que antes de promediar el siglo xix, se descubriese la escritura cuneiforme, y se realizasen numerosas excavaciones en Caldea y Asirla, con la aparición de ladrillos e inscripciones, para rehacer la auténtica y verdadera historia del Imperio asirlo.


 


Sin ir tan lejos, el notable escritor D. Eduardo Saavedra, ha demostrado hace cerca de cuarenta años, que no ha existido la batalla del uadalete, que en nuestros epítomes corrientes pone fin al imperio visigodo.


 


Aun hoy espera confirmación definitiva saber quién fué el verdadero descubridor de la circulación de la sangre.


 


Finalmente, la canción a las ruinas de Itálica y la famosa Epístola moral, fueron atribuidas a Rioja, hasta que la crítica moderna —dos siglos más tarde demostró ser escritas por Fernández de Andrade y por Rodrigo Caro, respectivamente.


 


 


 


Dice muy bien el señor La Riega en su hermoso libro Colón, Español:


 


«Tengo la pretensión de creer que sucede una cosa parecida con respecto a la patria genovesa de Colón; el error se ha petrificado y convertido en dogma, a causa de que se ha incurrido en la idolatría del libro.


 


» Sobre la obscuridad que existe en la vida de Colón, anterior a su presentación en Castilla y sobre varios de sus actos posteriores, obscuridad que en ningún libro he visto aclarada, no se ha hecho otra cosa, a mi juicio, que salvar las dificultades y soslayar los problemas por medio de raciocinios aparatosos y de citas de autores más o menos ilustres.


 


)»La obscuridad subsiste: la verdadera historia de Colón está por hacer. »


 


 


 


DOCUMENTOS, DOCUMENTOS Y DOCUMENTOS


 


 


 


 


OK muelio que yo (|uierii abreviar en esta coferencia sumaria, aun corriendo el riesgo de fatigaros, es indispensable ocuparse de la tan


controvertida prueba documental, a la que se ha concedido, por accidentes de que trataremos, con carácter definitivo y terminante.


 


Tiene indudablemente gran valor, y derrama torrentes de luz, sobre la tesis «Colón, pontevedrós».


 


Pero cúmpleme decir antes, siguiendo en esto la opinión del señor La Riega, que no son más que un detalle confirmatorio, si bien importantísimo, del conjunto general de nuestra teoría: «Tal es la fuerza de la verdad — dice el ilustre ponte vedrés— cuando sus elementos son homogéneos, y cuando concurren, sencillamente, a darle unidad bajo todos sus aspectos». Un tío de La Riega, en ]892; un vecino de Pontevedra, D. Joaquín Núñez; el ilustradísimo presidente de la Sociedad Arqueológica, D. Casto San Pedro, y el tantas veces citado y meritísimo don Celso, fueron los descubridores de numerosos documentos de fines del siglo xv y xvi, en que figuran los apellidos de Colón y Fonterosa. La labor del modesto, erudito y sabio autor de Galicia Antigua y otras valiosas obras, distinguióse por su perseverancia y tenacidad; por el estudio profundo de todo lo referente al Almirante y por un análisis crítico, sagaz y profundo, que con documentos y sin documentos, demostró brillantemente, inconcusamente, la oriundez pontevedresa del Almirante de los Almirantes.


 


Y no empaña su gloria inmarcesible,’ que llevará su nombre a la historia mundial, el exceso de celo, explicable en un cerebro pictórico de un pensamiento lijo, el que para dar relieve y mayor claridad para la fotografía de los documentos, cometiese la ligereza de retocar algunas letras. No por defender a mi querido amigo, a quien la historia hará cumplida justicia; pero sí para desbaratar la urdimbre de acres y desconsideradas censuras; para refrenar las lenguas viperinas y envidiosas, que lloran con pesar la dicha ajena, referiré todo lo que ha ocurrido en este fraude apasionado y patriótico, tan minúsculo como lo fué el de Cristóbal Colón al decirse hijo de Genova.


 


El mismo Celso confesó su ligereza, y si bien las almas piadosas, los malhechores del bien, parecieron indignarse y poner el grito en el Cielo, las gentes nobles y honradas, conocedoras de la complicada psicología humana, explican el exceso de celo del anciano entusiasta y la momentánea excitación del paleógrafo que descubre los calcos y las tachaduras (1). Pasan los momentos de pasión y las aguas vuelven a su nivel: al nivel altísimo en que las colocó Celso, descubriendo la verdadera cuna y la verdadera historia de su paisano Cristóbal Colón.


 


Publicó La Riega en su notable libro, hoy agotado. Colón, Español, trece fotografías de los documentos ponte vedreses. Disponíamonos varios amigos entusiastas a dar conferencias de popularización sobre su tesis, cuando cayó como una bomba un artículo publicado hace dos o tres años, en la Revista de Archivos y Bibliotecas, en el cual el señor Serrano 8auz, impugna como tachados y fraudulentos los documentos del libro de La Riega. El efecto fue realmente desastroso — que tanto alarma el fraude por ligero que sea— . Pero seguramente fué exagerado; pues discurriendo con mis amigos de Orense — donde había de darse la primer conferencia — los señores Macías (D. Marcelo), Martínez Sueiro, Gaite, Alonso Fernández y otros ilustres ateneístas, les hice fijar su atención en que, en dicho artículo se declaraban auténticos, sin mácula ni corrección, por el mismo señor Serrano Sauz, tres documentos acreditativos de que en Pontevedra, en 1496, existían tres Colones varones y una Constanza Colón. Y como lo que a la prueba documental se le exige, es la demostración del apellido Colón en Pontevedra, con un solo documento bien autenticado e irreprochable, la tesis resulta triunfante. Pudiéramos afirmar, sin la menor exageración, que de los tres documentos impolutos, así declarados por un contradictor, sobran dos.


 


 


 


Pero hay más aún: eu poder del señor Casto SanPedro, testimonio de gran valía no sólo por su notable competencia, sino que también por mantener su juicio reservado, hemos visto algún documento de Colones ponte vedreses intachable.


 

Después de la muerte de La Riega aparecieron nuevos documentos, y mis amigos D. Ramón Peinador, el más fervoroso entusiasta y protector decidido de la tesis, y D. Prudencio Otero, continuador glorioso de la obra del señor La Riega, me enviaron para su anáUsis un crecido número de viejos y nue.vos fotograbados.


 


Y en mi modesto gabinete, aleccionándome en estas difíciles investigaciones, pasó todo un día analizando las nuevas fotografías, el ilustradísimo archivero Sr. Oviedo Arce, anticuario y polígrafo eminente, hace poco tiempo fallecido.


 


Y dio un informe desfavorable para varios de dichos documentos, informe creo que afanosamente publicado en alguna revista regional; pero ocurrió lo que con el señor Sauz: su noble imparcialidad le obligó a reconocer que no todos los documentos estaban retocados.


 


Las buenas almas, que tanto abundan en estas tierras galicianas, dignas de mayores virtudes, echaron las campanas a vuelo, apelando a los mayores dicterios y frases insultantes, de que es mejor olvidarse. Afortunadamente, del análisis del señor Oviedo quedaron en pie tres o cuatro documentos, del todo auténticos e inmaculados.


 


Pero aun no paró en esto la singular historia que intitulo Documentos, documentos y (locumenfos. El señor Otero, varias veces aludido como glorioso sucesor de La Riega, tiene en su poder trece o catorce más, que publicará en su obra, a los cuales es imposible encontrar la menor tachadura o superchería, ni aun vistos con la lente de aumento del prejuicio sistemático de fraudulencia.


 

Por estas y otras razones, que sería muy prolijo enumerar, me produjo cierta «indignación pasajera» leer en el tomo xxv de la Nuera Colección de Autores Españoles, recientemente publicado, el juicio crítico que el reincidente señor Serrano Sanz hace de la maravillosa labor de D. Celso La Riega.


Y en la conferencia de Pontevedra o en la de Vigo — no recuerdo en cual — , hube de decir, poco más o menos, lo siguiente: « Parécenle muy pocos al señor Serrano Sanz estos cuatro Colones existentes en el siglo xv en Pontevedra. Este eminente polígrafo, seguramente académico — y si no lo es deben hacerlo — , mira con marcado desden las po- derosísimas razones alegadas por l^a Riega, en su libro inmortal, al extremo despectivo de ni siquiera mentarlas. No me parece el señor Serrano Sanz aparte de su competencia poligráfica, que respeto ~-, crítico proporcionado a los preclaros talentos y eximias virtudes del insigne Celso.»


 


Excítase la sensibilidad religiosa del señor Serrano Sanz — acaso un mucho exaltada — , porque al señor Olmet le parezca Colón de raza judaica. Y dice a tal propósito tales plaisanteries — lo diremos en francés para mayor eufemismo–, que no merecen contestarse. Copiando la actitud despectiva del ilustre crítico catalán, sonreiremos, en vez de enfadarnos.


 


 


¡Ah!, se nos olvidaba añadir una peregrina ocurrencia del señor Serrano Sanz. Dice, literalmente, en el mencionado libro de autores españoles:


«Después de todo, lo que menos nos importa es que Colón fuese o no español. (¡Esta sí que es buena/) Bástale a España la gloria inmarcesible y única de haber comprendido y realizado las intuiciones de aquel hombre genial, a quien verdaderamente podemos juzgar iluminado por Dios, como también a los Reyes Católicos, ejecutores del más alto hecho providencial que registra la historia de todo el mundo en la Edad Moderna. »


 


Muy bien , señor Serrano, muy bien ; pero por muy inspirado y muy iluminado que por Dios estuviese el Almirante, precisáronse flotas y hombres y dineros, y aun tesoreros judíos que los adelantasen.


 


 


Pero volvamos a nuestro asunto, añadiendo que está perfectamente acreditado en documentos indiscutibles, no relacionados con la historia ponteve- dresa de Colón , que alrededor del descubrimiento,en 1489 (2), un Andrés de Colón fué perseguido por la Inquisición de Tarragona. Y también interesa, para las deducciones que se harán más adelante, la particularidad de que los apellidos de Colón y Fonterosa, aparecen unidos a nombres judaicos como Benjamín, Abraham, Jacob, Eleazar, etc., etc.


 


 


 


 


Casa y crucero llamados «de Colón»


 


 


 


LA PRUEBA ARQUEOLÓGICA


 


 


 


NDiCAMOS somevameute que el Groberiiador don Luis Tuv hizo una información popular, liamando a los más ancianos de Porto Santo y sus inmediaciones, para recoger verbalmente la tradición, muy extendida y continuada a través délas generaciones, de que en esa casita en ruinas que veis en la pantalla, vivió el ilustre Almirante. Poco valdría este argumento, si fuese solo; pero debemos hacer constar por detalles arquitectónicos, entre otros, esa piedra, acaso ladronera o matacán, que corona la cresta de la pared, y otra igual caída entre los escombros, que la arquitectura es del siglo xv. Aun más curioso es el crucero, cuya parte superior es, indudablemente, de la época, y en cuyo basamento leyeron algunos polígrafos el nombre de Colón (3). Acerca de estos indicios, controvertidos como todo cuanto a este asunto se reftere, posee el continuador de la obra de La Riega D. Prudencio Otero,(datos importantes, enti’e oti’os, los que se refieren a la trasmisión de la propiedad de dicha casa.


 


Pero si esto de la casa y del crucero no tienen el valor del todo probatorio, porque alguien dijo que manos piadosas rasparon el letrero después de haber sido examinado por polígrafos, que sacaron una prueba fotográfica — ¡parece increíble que llegue a tanto la infernal envidia! — ahí tenéis esa lápida de piedra encontrada en la iglesia de Santa María al derrumbar un viejo altar de madera.


 


La lápida no contiene borrones, ni tachaduras, ni tintas simpáticas, ni recalcos, ni fraudulentas enmiendas .


Dice clara y limpiamente:


 


«Os do cerco de Joao Neto e de Joao de Colón feceron esta capilla».


 


Hay que fijarse bien que a los de Joao Neto no precede la partícula de y sí precede a los de Colón , como dijo el Almirante en la institución mayorazga y en el codicilo, que han de llamarse los de su verdadero linaje .


 


Huelga decir que la iglesia de Santa María y la capilla, corresponden a la época anterior y posterior del descubrimiento. Y aun cuando yo reconozca ser este iirgumento el de mayor peso probatorio, no debo callar que en las impostas de una pequeña puerta lateral hay dos medallones con retratos que también deben ser estudiados, pues uno de ellos es evidentemente de mariuero y otro dicen que de mujer, por una gola que tiene al cuello; es posible, pero dicha gola pudiera ser signo de alta gerarquía marítima.


 


Si nos fijamos imparcialmente en la prueba documental, hay siete u ocho documentos acreditativos


 


 


Frente de la casa de Colón


 


La almena que aparece encima de la puerta, apenas visible constituye un detalle de época


 


 


 


 


:Os do cerco de Joao Neto e de Joao «de Colón» feceron esta capilla»


 


 


 


de la existencia de Colones en Pontevedra. Si unimos a esto los numerosos Fonterosas de Tuy y los trece o catorce documentos inéditos e impolutos que tiene en su poder y publicará D. Prudencio Otero, tenemos que convenir en que sobran documentos y documentos para probar la existencia de Colones y Fonterosas en Pontevedra, en las épocas coetáneas al descubrimiento de América. Si se quiere impugnar el valor probatorio del crucero y de la casita, aun llamada hoy por los paisanos « del americano » o «de Colón», y los retratos, en que yo me fijé, de la puerta lateral de Santa María; si fuese posible la enormidad de declarar falsos cerca de veinte documentos estudiados por paleógrafos contrarios a la tesis, en el orden arqueológico sería suficiente esa

intachable lápida, aparecida providencialmente en los días en que La Riega mandaba a la imprenta las cuartillas de su imperecedero libro.


 


Y repetiré una, cien y mil veces, que con ser tan importante el testimonio gráfico y arqueológico de piedras y documentos, valen tanto o más las pruebas conjeturales y críticas que integran la tesis coloniana española.


 


Cuando las desenvolvamos más ampliamente y aportemos otras no menos interesantes, convendréis conmigo que lo insólito, lo extraordinario, lo verda- deramente inverosímil, es que Colón fuera hijo de Genova.


 


Seguro estoy de que si tenéis paciencia para seguirme en esta farragosa y enorme enumeración de argumentos, indicios y razonamientos,concluiréis con la afirmación rotunda de que todo fué español en el descubrimiento. Y que Colón , a pesar de su meditada e indispensable falacia o superchería de llamarse hijo de Genova, dejó pruebas abundantísimas y premeditadas, para que algún día se supiese que era español por los cuatro costados, y gallego enxebre, ponte vedrés, por su psicología, por su len- guaje, por sus escritos y por otras mil demostraciones que iremos analizando.


 


 


 


 


 


 


PSICOLOGÍA DE COLÓN


 


 


 


 


I queréis conocer un hombre, una familia,una raza, tenéis que estudiar sus obras. El ‘ hecho portentoso del descubrimiento, aun rebasando sus propias concepciones; la tenacidad desplegada en las heroicas labores realizadas para su consecución, acredítanlo de hombre -cumbre, extraordinario, de verdadero genio.


 


 


 


Su origen humilde.


 


En esto hay conformidad en todos los testimonios, tanto en los de su verdadero linaje de navegante , como en los del otro linaje no verdadero de cardador de lana. No se compadece bien la idiosincrasia del «lobo marino» ponte vedrés, «embarcado durante veintitrés años, sin pasar en tierra tiempo que sea de contar» — como el mismo declara — , con las apacibles , terrestres y sedentarias labores de cardador. Pero aparte el testimonio de su hijo y demás coetáneos, Cristóbal Colón aparece en el escenario de su vida bien conocida, nadando sobre un remo, arribando a las playas de Portugal, en huida de una nave veneciana, donde acaso iba embarcado y que naufraga a su vista.


 


El mismo confirma su humildad en este notable pasaje de una carta que escribe a Juana Torres, aya de la reina, cuando ya había llegado a la apoteosis de su triunfo: «Pónganme el nombre que quisieren, que al fin David, rey muy sabio, guardó ovejas, y yo soy siervo del Señor que puso a David en tal estado».


 


Su presentación en España.


 


Después de mil andanzas buscando protectores y dineros para sus locos proyectos, aparece en España hablando español, acompañado de su hijo


Diego, de once a doce años, que hablaba el mismo idioma, y para quien llegó a mendigar pan en el monasterio de la Rábida.


 


Entre otros protectores, y después de luchar tenazmente con los doctores de Córdoba y Salamanca, ‘ son de señalar : el escribano de ración — tesorero — , Santangel Coloma, judío converso, que adelantó a la reina los dineros para el primer viaje, y fray Diego de Deza, qué le hospedó y le protegió resueltamente.


 


De la protección de estos contemporáneos , como del hecho de aparecer el apellido Colón unido a nombres hebraicos , ya indicado, y el de ser perseguido un Colón en Tarragona, dedúcense, entre otras conjeturas, la de pertenecer el Almirante a la raza judaica.


 


Respecto de sus relaciones con fray Diego de Deza, existe una carta dirigida a su hijo Diego Colón, ea que se hace alusión a una lejana y fraternal camaradería, como añoranza de recuerdos infantiles. Dice así : « Si el Obispo de Falencia (fray Deza) es venido o viene, dile cuánto me ha placido su prosperidad y que si yo voy allá que he de posar con su merced, aunque él no quiera, y que habemos de volver al primer amor fraterno, y no lo podrá negar», etc., etc.


 


¡Singularísima confraternidad, llaneza y confianza, entre un Almirante y un Obispo español, de quien hay barruntos que en tiempos coetáneos de la infancia del Almirante estudiaba latín en el monasterio de Poyo, inmediato a la ciudad de Pontevedra!


 


¿Serían condiscípulos? ¿Serían de una misma raza el judío converso Santangel y el judío converso Colón?


 

Ambas conjeturas son de una lógica suprema; pues si bien en la vida el encuentro casual suele engendrar simpatías, los hondos cariños y las protecciones y saci’iñcios acreditan antiguas y profundas afecciones: la amistad de la infancia, la sangre de la raza.


 


¿Su llegada como náufrago a las playas de Portugal, supone, como creen varios historiadores y se inclina a afirmarlo el académico señor Beltrán y Rózpide, que estuviese Colón al servicio de corsarios?


 


El Almirante, nada, absolutamente nada dijo de estos antecedentes; pero lo que sí es positivo e incuestionable, es que tuvo sumo cuidado en ocultarlos,


 


Su carácter.


 


Refléjase en sus actuaciones y también en sus escritos. Por sus acciones fué Colón tenaz, cauto, perseverante y utilitario. Fué también sagacísimo, visionario y profundamente religioso. Su ansia de lucros fué tal, que ella dio varias veces al traste sus negociaciones con el rey de Portugal y con los propios Reyes Católicos. Está bien probado que sin la tenacidad recalcitrante del judío Santangel, la última tentativa con la reina Isabel hubiera fracasado, pues ya se había despedido de ella para seguir su éxodo peticionario a Francia o a Inglaterra. El tesorero fué a buscarle, encontrándole ya lejos, y al volver a presencia de la reina reanudáronse las negociaciones. Contrasta esta avidez de lucros — y ello revela también tener conciencia de lo magno de su empresa— con su profunda ensoñación religiosa, procurando aplicar las fabulosas ganancias a la conquista del templo de Sión. Y bueno es añadir también que su gran protectora la reina Isabel, llegó a enojarse cuando Colón, aceptando la esclavitud como lo más corriente de su tiempo, enviaba más y más « manadas de indios » para vender en los mercados de Andalucía (4).


 


Debe fijarse el psicólogo para explicar esta enojosa avaricia, sin desdoro mayor para el Almirante, que en su exaltación morbosa de ultra cristiano, aquellos indios que la reina mandó libertar y no quiso vender, eran seres faltos de fe religiosa ; no eran sus semejantes, no eran personas.


 


Contrastes de su vida.


 


Hombre tan extraordinario, forzosamente había de pasar por los terribles contrastes que la realidad y las asperezas de la vida suelen impoDer al Genio.


 


El obscuro náufrago de las playas de Aveiro; el mendicante de la Rábida; el tenaz obsesionado y vidente, hubo de pasar de la máxima pobreza a las


cúspides de la fortuna y de la gloria, que suelen atraer el rayo. Toda su previsión, cautela y astucia, su sabia desconfianza, el ansia de lucros, las ambiciones extraordinarias y generosas del creyente, no alcanzaron a librarle de la envidia y de la persecución . En lo humano, ni el genio puede sustraerse a las miserias de la realidad . Esta cobra a muy alto precio los galardones de la gloria. Dicho sea en su honor, él vuelve a España cargado de cadenas, pero vuelve con dignidad y grandeza, que no le abandonaron ni en la enfermedad ni en la desgracia.


 


Su profunda fe , su genial confianza en sí mismo, explican estas virtudes sobrehumanas, y él se define maravillosamente a sí mismo con estas palabras del libro de las Profecías: «Para la realización del viaje a las Indias , de nada me han servido los razonamientos, ni las matemáticas, ni los mapas mundis. Se cumplió sencillamente lo que predijo el profeta Isaías».


 


Practícismo. — Espiritualidad.


 


Al llegar a la cima de sus ambiciones, renace de nuevo el hombre práctico, interesado, cauteloso, tenaz y precavido. Es la hora de recoger el producto de sus heroicos esfuerzos. Es el momento de establecer fundos de nobleza y poderío. Y a las prolijas y muy meditadas Estipulaciones de Santa Fe, en las que procura definir sus derechos y preeminencias ante la Corona, añade las muy hábiles manifestaciones de su famosa institución inayorazga. Declara en ella su verdadero linaje de los de Colón, en antecesores y sucesores, para que no vengan extraños Columbos, de cuya existencia seguramente él sabía.


Repudia definitivamente — como se comprobó más adelante — los homónimos equívocos de Italia; y al mismo tiempo declaróse cautelosamente hijo de Genova, para que la poderosa República, en caso de desatenciones, que su experiencia le hizo prever, le defendiese en sus derechos y privilegios. Y esta previsión se realizó, pues como veremos más adelante,cauteloso y diplomático, dirigióse a Grénova buscando ciertos apoyos.


 


¿No veis en este hombre ensoñador y vidente, al par que cauto e interesado, las características de practicismo y espiritualidad propias de la raza judaica?


 


¿No atisbáis por desconfiado y pleiteante, detallista y prolijo, características y vislumbres de la raza galaica? (5).


 


Y aunque el detalle parezca nimio, debo apuntarlo como médico El artritismo, de que padeció Colón, como lo revelan su calvicie prematura y la gota que tanto le hizo sufrir, no sólo abunda en la raza judía, sino también en los países húmedos como Pontevedra .


 


Juicios de valimiento.


 


Castelar, su insigne admirador, dijo del Almirante: «Era avaro, interesado y pleiteante, por sus privilegios, dignidades, fueros, participaciones y cargas de justicia, juros, rentas y mercedes, como cualquier vulgar».


 


Y Lombroso, cuando nadie dudaba de su origen italiano, hizo su juicio psicológico, concretado en estas palabras: < Hombre colosal , demostrando entre otras cosas, que con tal de alcanzar sus fines, era capaz de las mayores supercherías » .


 


Don Rafael Calzada, que alcanzó a tratar al sabio psiquiatría de Turín, cuando ya se discutía la verdadera cuna de Colón, preguntó a Lombroso si le creía capaz de simular su patria. A lo cual respondió el fundador de la escuela antropológica italiana : «Si le convenía o era necesario, eso era lo menos que podía hacer».


 


Rossely de Lorgue, uno de sus historiadores, dijo que en asuntos de interés propio, Colón sabía mucho más de lo que se piensa.


 


El Padre Las Casas, su amigo personal, lo juzgó con estas palabras: «Era sobrio y moderado en el vestir, en el comer y en el calzar, como un hombre para el cual todo gasto representaba un sacrificio!.


 


Los conocimientos de Colón.


 


«Home sabio que tiene mucha plática y gran experiencia en cosas de mar», le llamó la gran Isabel la Católica.


 


Están bien probadas sus relaciones con el cosmógrafo Toscanelli. Fué cartógrafo y ejerció en Portugal esta profesión. Tenía nociones de la esfe- ridad de la Tierra. Seguía con verdadero afán las navegaciones y descubrimientos de los portugueses. Residiendo en las Azores, de las que fué gobernador su suegro, recogió plantas exóticas, maderas labradas y una gran piragua, hecha de un tronco, que le indicaban que hacia Occidente debía haber tierras habitadas .


 


 


Su literatura.


 


Puramente judaica, según el Sr. Olmet, como que contiene pasajes que parecen del Antiguo Testamento; pero después de hacerme conocer el señor Otero los versos que luego veréis proyectados en la pantalla, puede añadirse, con Valle Inclán, que netamente española, tanto que por las ideas, la estructura y el ritmo, parecen versos de Jorge Manrique.


 


 


 


INSTITUCIÓN MAYORAZGA


 


 


 


 


PARA penetrarse bien del espíritu del único argumento, en favor de su naturaleza genovesa, aun cumple fijarse en el modo extraño de esta anteposición singular:


 


De Genova salí… y en ella nací.


 


No podemos olvidar, ni un solo momento, las condiciones psíquicas de cautela y previsión del avisado gallego.


 


De Genova salí. . . como si lo primero fuera salir a navegar a descubrir las Indias Occidentales , y lo secundario, lo de después, fuera nacer…


 


Tenía razón el Almirante: lo primero era salir a buscar el nuevo mundo que el genio entreveía en su cerebro. ¡Qué importaba, para ello, donde naciera!


 


Díjose al llegar a Castilla geno vés, por necesidad de silenciar su origen y por prestancia obligada como marino. Y luego, después del descubrimiento, avanzado ya el triunfo, y cuando debía establecer un fundo de nobleza para alcanzar los títulos de gran Almirante y Viso Rey de las Indias , aleccionado por las malaventuras de los Bobadillas, y las ingratitudes y envidias de sus émulos, temió por los grandes intereses que creaba para sus descendientes, insistió en su inocente superchería, en tanto no perjudicaba a tercero, poniendo sus derechos y preeminencias bajo la salvaguardia de la poderosa República de Génova.


En una carta, llamada rarísima, que para otros efectos analizaremos luego, quéjase del abandono en que se dejan sus derechos y preeminencias, y busca en Genova protección. Nada en Grénova consiguió, porque acaso era desconocido, y sus gestiones diplomáticas con Oderigo, embajador de aquella ciudad en España, resultaron baldías.


 


¿Cómo el humilde marinero de Pontevedra, latinista en su infancia del Monasterio de Poyo, judío converso como su amigo y protector Santangel, acaso pariente del judío perseguido por la Inquisición de Tarragona en 1489, y seguramente descendiente de alguno de los Jacobos, Abrahams o Benjamines aparecidos en los documentos de Pontevedra, iba a declarar su origen? En aquella época de revueltas y emigraciones en que había en la ciudad del Lérez un barrio de judíos, y luchas constantes entre el Conde Sotomayor y la ciudad, que se declarara partidaria de la Beltraneja, y peleaba contra los Reyes Católicos, auxiliando a los portugueses, ¿iba a decir Colón que era ponte vedrés , humilde marinero, acaso corsario y sobre todo judío? ¡Valiente genealogía para solicitar la protección de los augustos catolicísimos reyes!


 


De aquí su indispensable superchería, sin la cual hubiesen fracasado todos sus proyectos. Es singular que dispensasen al supuesto genovés su nacionalización española, como exigieron a otros almirantes. Hay que tener en cuenta un importante detalle que Colón conocía, y es a saber: que otro Almirante español, hijo de Burgos, Bonifaz, de tiempos de Fernando III el Santo, habíase declarado por pura vanidad hijo de Genova. ¿Tiene alguna importancia en un documento diplomático, para efectos puramente exotéricos una tan inocente falacia, que a nadie perjudica? Revísense los archivos diplomáticos de todos los países y encontraránse otras mucho mayores, y más inmorales y criminales embustes.


 


 


COLUMBOS Y COLONES


 


 


 


 


nO nos fijemos en que el apellido Colón, sea el aumentativo de la palabra coló en gallego, ni si la traducción del Columbo italiano al español, sería realmente Palomo, apellido corriente en España. Sin dejar de tener importancia estas cuestiones lingüísticas (6), no son necesarias para demostrar la tesis. Sería muy extraña esta adaptación del apellido italiano Columbo al Colón español , cuando no se han españolizado en la antigüedad los Visconti, los Spinelli y los Manzoui, y actualmente decimos los Trevez, los Turati, los Conti y los Pittalugas, radicados en España. Precisamente los apellidos son intraducibies, y Fernández, Rodríguez, con alguna modificación al pronunciarlos, se escriben lo mismo en todos los idiomas.


 


Bastaría por otra parte la declaración terminante de la institución mayorazga , que han de ser de este verdadero linaje los antecesores y sucesores de Colón, encuéntrense aquí o en otro cabo del mundo. Pero es tanto lo que se ha debatido acerca de esta confusión de Columbos y Colones, que es necesario, por iD menos, hacer algunas indicaciones pam orientarse. El académico Sr. Altolaguirre, aun partidario de la tesis genovesa, hizo una genealogía de los Columbos, que ni los propios interesados pudieran alegarla mejor. Don Prudencio Otero, dando testimonio de imparcialidad, copíala íntegramente y la rebate dato por dato, fecha por fecha, siguiendo la vida conocida del Almirante , año por año, para demostrar cronológicamente de que el Colón ponte vedrós no procede de los Columbos italianos, ni tiene nada que ver con ellos.


 


Son otros López, que decimos vulgarmente, o como dice muy bien el Sr. Beltrán y Rózpide, también académico:


 


«El Colón de los documentos españoles no es el Columbo de los documentos italianos».


 


No hay más genealogía de Colón español que la que él quiso darnos. El excluyó terminantemente de su verdadero linaje (7) a los Columbos de Italia, y a él, al Colón de Pontevedra, tenemos que atenernos.


Aun cuando el libro^ inédito, de D. Prudencio Otero, no tuviese otro mérito — que ciertamente tiene muchos más — que el de dejar del todo resuelta esta lamentable confusión, ello solo bastaría para acreditarle de digno sucesor del señor La Riega.


 


Terminemos con una rápida enumeración confirmatoria :


 


Colón le llaman cuando pidió y obtuvo los subsidios para el viaje.


 


Colón en las cuentas finiquitas presentadas a Santangel y Penedo.


 


Colón en las capitulaciones de Granada.


 


Colón le llamaron los reyes de Portugal y los de España.


 


Colón se llama a sí mismo en el preámbulo del diario de abordo.


 


ColÓ7i en la Institución Mayorazga, en la que pone tanto empeño en afirmar que los de Colón, aquí o en otro cabo del mundo, son los únicos de sti verdadero linaje.


 


No sólo son claros, precisos y terminantes, el espíritu y la letra de excluir a los Columbos italianos, sino que también es muy racional y lógica la inducción del señor La Riega, al suponer que el Almirante, al aludir de ese modo misterioso e intencionado a ese otro cabo del mundo, pensaba en Finisterre y en los Colones de Pontevedra, de cuya indiscutible existencia habían de aparecer tan super abundantes testimonios.


 


 


 


GRAFOLOGIA Y LENGUAJE


 


 


 


 


NADA caracteriza tanto a los hombres, a los pueblos y a las épocas, como su lenguaje oral o escrito. Cada persona, como cada pueblo, como cada siglo, tienen algo de propio y peculiar en su escritura. En esto se funda la Grrafología, que llega a definir el carácter de las personas, y en ciertas ocasiones los estados de salud y enfermedad. Cada siglo, cada pueblo, tiene sus grafías propias, distintas una de otras. Esto, como saben muy bien los polígrafos, es más acentuado en los siglos pretéritos, en donde por menos relaciones y menos mezcla de razas , son más puros y más diferenciados los caracteres gráficos étnicos (8).


 


La escritura inglesa difiere de la italiana y la española, no sólo por el léxico, sino que también por las peculiaridades en la forma y en los rasgos de las grafías . Igual ocurre con los escritos de los distintos siglos .


 


 


La letra de los escritos auténticos de Colón, analizados y fotografiados por D. Rafael Calzada, es pura y netamente española, y las diferencias gráficas con las escrituras italianas de la misma época, tan visibles y salientes, que saltan a la vista del menos versado en estos estudios.


 


No puede omitirse que cuando Colón escribió a Genova, con cuya ciudad mantuvo correspondencia diplomática, después del descubrimiento, en carta dirigida a Oderigo, — que fuera embajador en España — , le suplica fuera lector e intérprete de la que escribió al italiano Micer José Luis. Esta carta llamada con razón rarhima por el Conde d’Orgue, siendo reservada, pues en ella se daban quejas de cierta gravedad, obligado era que fuese escrita en italiano, si el Almirante lo conociese, con lo cual se mantendría la reserva diplomática, sin precisar de intérprete, que, como Oderigo, conocía el castellano. Pues bien, no sólo se escribió en este idioma, sino que — ¡detalle singular! — en ella se empleó uno de los modismos más enxebremente gallegos. Y es que la carta era honda, reflejaba el estado de ánimo del Almirante, y en esos momentos de emoción y de pena, el espíritu acude a expresarse en los modos geniales del idioma de la raza. Formándose el cerebro por estractificaciones , como dice Sergi, en las más hondas y primitivas están las de la especie, después las de la raza, la tribu, la nación, el país. En las grandes emociones habla el lenguaje vernal, el de la cuna, que en Colón era el gallego. Luego comprobaremos esto.


 


 


VERSOS DE COLÓN


 


 


 


 


DEBO a la amabilidad de D. Prudencio Otero, copia de los versos del Almirante, de los cuales entresaco esa estrofa, para parangonarla con esa otra conocidísima de Jorge Manrique, poeta del mismo tiempo de Colón. Literatura clásicamente española, como dijo Valle Inclán.


 


Fijaos bien en la ideología de estos versos, en su estructura y en su ritmo, y a ver si puede darse nada más netamente español .


 


 


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Con;o í< ii;£io??r 69 ¿Hacer genovés? E,aya verosímil, cuasi absurdo. seguidamente veremos cómo españolísimo era hasta la médula de su raza. ■^^Sr– 9S^^Í^^ 9^^í^^ 9S^ 9^^!^^ R ?J r I) r?^ f jf I ? n MODISMOS GALLEGOS que contienen algunas gallegas, todas, características particular trata sólo, modo local ver (9). Además, lectura obras anotaron próximamente treinta palabras, análisis ambos declaran incompleto. Cuatro cinco, pantalla, enxebremente pontevedresas: CARANTOÑA CARRASCOS OSCURADA SESUA (apellido Pontevedra) PIXOTA TONINA INCHIR (encher) ANDAR LA RELINGA QUIEN O COMÚN NO SIRVE A NINGÚN 71 Reflexionemos momento. ¿Es admisible genovés escriba versos españoles emplea repetidos modismos gallegos, numerosos escritos? ¿Cómo aludir jamás patria, hablar escribir idioma, contener lenguaje solo italianismo? particular; antes presentar proyección definitiva, bautismo pontevedrés, permitidme reca- pitulación, trueque repetirme, seguro omitido olvido detalles labor, hecha retazos mo- mentos sumario, suficiente crear convicción personal. falta ri- gor didáctico convenientes desenvolvimien tos. Para ello precisaría yo competencia tiem- po carezco. Quien quiera asunto, tendrá esperar conjunta Celso ver- daderos historiadores -*^^^^^^- ^§^ ^^ CONDENSACIÓN SINTÉTICA lÁMONOS Tartufos imputan irre- verencia contradecir afirmación, llaman solemne, decir: salí… nací. Bien claras singular, subrepticia, misteriosa, diplomática ñn. Creo dejar indispensable Olvidemos juicios valiosísimos Castelar, Lombroso, Rossely l?Orgue Casas, validar afirmación galaico -judaica. Dejemos aire judío converso Santangel. persecución, acreditada, Inquisición Andrés 1489. amistad infancia condiscípulos Monasterio Poyo, Deza Colón. Las revueltas, guerras emigraciones habidas famoso pleito 73 sión Beltraneja (defendida Galicia), persecución hijos Jacob. Tomemos presenta his- toria actuación conocida: nadando sobre remo hacia playas Portugal Sigámosle reino España, silencian- do obstinadamente cuna abolengo, perse- verando heroicamente propósitos descu- brir Occidentales. Nadie discute origen humilde, reafir- ma pasaje citado. alega méritos veintitrés na- vegación i Valiente cardador lana ! dirían clásicos Aparecen superabundan temente, aquel tiempo. Su hermano Bartolomé G-alicia, extingue sucesión masculina Almirante. probado, menos López, (aun todo convencido tesis), nieto visitador general eclesiástico diócesis años valles hacer visita pudiera ter- minar semanas Prudencio Otero testimoniar siguieron viviendo Colones, otros, capilla lápida. Un italiano, falso linaje viene reclamar de- rechos deudas español Columbo obtiene nada, consigue 74 siquiera hagan caso. Bieu tam- Genova nadie enteró, hizo, reclamó, in- mortal descubrimiento. Enarboló insignia Gallega, construida arsenales cuarta expedición, bautizó Gallego, uno bajeles. ¿Se precisan datos? Pues si, más, diría Lisandro. Bahía Miel, Baracoa (Cuba) bautizada Santo Ensenada PortoSanto, Pontevedra TOPONIMIAS UN indestructible, formidable argumento toponimias: está formado cabos promontorios descubriendo viajes. preclaro hijo Pontevedra, llevaba terruño fondo alma, iba poniendo luga- descubría, le eran familia- res desde infancia. Puso devoción acaso otra mostrando oreja galleguismo, porque castellano Salvador; Salvador modis- mo nuestra tierra. aludiendo al pueblo en que nació, (parecida configuración, demuestran esas publicadas racoa). parecido puertos, bautizar primero descubre Baracoa Porto-Santo, hoy tradición popular supone nacido Almirante, significativa. Bautizó Santiago, lugares descubiertos. esparciendo cabos, bahías islas, Miguel, Santa Catalina, Nicolás, Juan Bautista, todos cofradías, sazón existentes Fe bautismo. Y ahí va fe bautismo, firmada rubricada pontevedrés. Fijaos mapa representa entrada maravillosa Fué bautizando ordenadamente, misma orientación ese mapa, nombres Porto- Santo, San Salvador, Galea Punta Lanzada: perímetro ría pontevedresa. prodigioso, previsor investiga- ciones porvenir, llegar cuna! ¡Qué genio portentoso, inmenso, infinito, Colón, gallego! dicho. «=”»^^^P^-” trz Ql_ UJ ^ -^ cu a3 CZI CZD < Q_ ^^^M^^^sii^i^^^H^^^ai NOTAS (1) De trece o catorce fotograbados que obran en su poder, contamos cuatro cinco con autenticidad irreprochable declarados impecables impolutos contradictores Bastan sobran cuanto prueban superabundantemente existencia Fonterosas antes, después época descubrimiento, nos devanemos sesos truculenta cuestión tachaduras Nos ocurrido suceso demuestra cuan fácil caer —con honrada intención mundo puede reputarse ligereza. Celso, claridad fotografías entintó palabras: confesó noblemente. Nosotros, obtener fotografía clara famosa lápida, resaltase leyenda, tuvimos dar tiza piedra leyenda inscrita. ¿Diríase esto hemos modificado valor testimonio? Allí permanece inatacable impoluto, documento gra- nito, lápida fotografiada. Varios documentos origi- nales, dicho, pudieron fotografiarse reto- que; éste preciso, ven bien claros rasgos originales recalcados. arte fotográfico retoca pule ciertos perfiles faltar ni cam biar parecido. nada hay decurso tiempo acallar pasiones restablecer explícase indignación 79 polígrafo, momento escudriñadora mira- da, auxiliada lupa, encuentra pequeño rasgo sospechosa enmienda. dueña señora vida espiritual restablécese tiempo, sólo acu mulando nuevas pruebas forman total armónico, sino descartando pasión momento, obscurece dora serenidad augusta crítica. Explícanse ligerezas indignaciones; verdad impávida camino. (2) Esta cita perseguido inquisición Tarragona, corresponde conferencia notable publicista Rafael Calzada, pronunciada recuerdo qué República Argentina. Este distin- guido colonista, aportó datos refiero conferencia. (3) Los polígrafos señores Qoroztola Fernández Gil Horta, leído fotografiado basamento crucero. El Sr. Horta según referencia docto franciscano Padre Atanasio López escrito algo acerca punto concreto. llegué trabajo. (4) comentario detalle copiamos hermosa nota, final Ma- nuel Rodríguez Navas: «En ninguna parte mundo, pasados, una ordenanza oficial parecida siguiente dictada Reyes Católicos 20 junio 1500: «Los indios vinieron Nuevo Mundo fueron vendidos esa ciudad (Sevilla) arzobispado partes An- dalucía Almirante Indias vos nuestro mandato tenéis depósito, mandamos ahora pongan libertad haga cargo ellos comendador fray Francisco Bobadilla, lleve Indias.» Está además probado España gasto América muchas veces allí recaudó, llevar ella artes industrias oficios talleres fábricas imprentas Universidades colegios ganados semillas ; hombres 80 pudieran enseñar oficios; maestros supieran dirigir inteligencia voluntad; Casas Beneficencia pudie- ran socorrer necesitados. Pero dominación codicia crueldad significación real historia colonización española.» (5) Acerca cautela raza, apuntaré suce- dido ingenuidad reviste caracteres ex perimento psicología. Una niña, mí queridísima, ¡quién quiere sus nietos! amante lectu- ras históricas impresionada texto famosas ca pitulaciones Granada, hubo interpretar debía conocer aquellas tierras, tan prolijas excesivas imponía reyes, ejercer virreinato Gobierno privilegiado mismas. nieta, Almi- rante, suponía ya vuelta, cuando vidente ponte ve drés aun había hecho ida podrá dudar condiciones previsión cautela, son enxebremente galicianas, aseguró Ca- moens. (6) Es interesantísimo respecto apellido Co- lón«scribió Riega maravilloso libro. Sin extender- *en consideraciones e indicios históricos importan – cierto — estimo lógicamente derive reducción colono. Como Escriban, escribano, Patrón, patrono. esto, todo, obra autor Gali- cia Antigua, insuperable. (7) Huelga insistir lo intencionado su verdadero linaje, lleva implícita idea él sabe otro lina- je verdadero: Columbos italianos. (8) Recuerdo haber visto lec- tura graduada, unos cuadernos escritura diferen- tes siglos, con plausible fin niños vayan desci- frando grafías siglos pretéritos algunas XIV xv, verdaderamente geroglíficas. No sé si pre- sente sistema escuelas, positivamente útil preparación poligráfica; poco engorroso impaciencia infantil . Seguramente 6 81 niño habrá dado al diablo garrapateos viejas es- crituras. (9) Pudieran citarse varias palabras gallegas; pero creo muy curiosos estos modismos, acotados La Riega, Dice Colón: «los rayos solares tienen espeto», equi- valente frase gallega «hoxe sol ten espetas», decir, quema punzando como incandescente. Sabido -que espeto varilla puntiaguda asador, para ensartar piezas asarse. «Navegando costa Paria, puso unas islas


los meses de marzo y abril de 1914. Es decir, que no hace


tres años , sino seis , que el citado señor Serrano dio a luz


su estudio crítico, bajo el epígrafe de Colón, español. Su ori-


gen y su patria.


 


El tomo XXV de la «Nueva Colección de Autores Espa-


ñoles», donde vuelve a tratar este asunto, se publicó el año


pasado de 1919.


 


Como se puede ver en la leyenda que acompaña al di-


bujo original de Castelao, aun siguen apareciendo los apelli-


dos de Colón en Pontevedra.


 


 


 


El estudioso erudito, nuestro querido amigo D. Rodrigo Sanz, después de la conferencia dada en Madrid, nos ha facilitado la siguiente nota, que copiamos tal como está en el original, y traducimos al español :


 


«Si faccia un’altra riflessione. Era tutti gl’italiani »ch’ebbero parte nelle scoperte del Nuovo Mondo, niuno » puó contrastare el primo posto al Colombo, anzi nemmen» venire a confronto con lui. Ora quest’ nomo inmortale fu, » f ra tutti gl’italiani, quello che minor premura ebbe di » pubblicare magnifiche relazioni delle sue scoperte, né di » lui si videro se non che alcune prívate lettere. Se io dicessi »che in ció mostró il Colombo un carattere di vero spagnuolo, » mi si rinfaccerebbe la piíi affettata parzialitá; ma il Colombo certamen te fu nomo d’ un carattere conforme assai » a quello degli spagnuoli. . . »


 


«Hágase otra reflexión. Entre todos los italianos que tomaron parte en el descubrimiento del Nuevo Mundo, ninguno puede disputar el primer lugar a Colón, ni aun compararse con él .


 


» Este hombre inmortal fué , entre todos los italianos , el que tuvo menos prisa de publicar relaciones magníficas de sus descubrimientos, ni se vieron de él más que algunas cartas particulares.


 


»Si yo dijese que en esto demostró Colón tener un ca-rácter de verdadero español , se me echaría en cara la más cariñosa parcialidad: sin embargo, Colón fué, ciertamente, hombre de un carácter bastante conforme con el de los españoles…»


 


(Estudio histórico -apologético de la Literatura española, por el abate D. Saverib


Lampillas, parte 2.’, tomo I, páginas 269-70, edición de Genova, 1779).


 


 


 


ITINERARIO


 


El turista o viajero que atraído por la legítima fama mundial de Cristóbal Colón de Fonterosa, quiera conocer su verdadera cuna, tiene que trasladarse a Pontevedra y seguir el siguiente itinerario :


 


Desde la Casa Ayuntamiento, situada en la hermosa Alameda de la capital, tomará por la amplia calle de Echegaray, pasando a la vista del Cuartel de Infantería , y al final de la misma calle, encuentra el puente de Las Barcas, que cruza sobre el río Lérez.


 


Al terminar este puente, sigue una carretera que a menos de cien metros se bifurca en dos ramales, uno pequeño, a la derecha, que conduce a «La Caeyra», famosa finca del Marqués de Riestra , y otro mayor, a la izquierda , formado por la carretera del Grove y la Toja.


 


Ya en esta carretera, casi enfrente del camino de «La Caeyra», se encuentra la entrada del camino vecinal de Porto Santo. Un paseo de un cuarto de hora, entre frondas de verdura y con vistas admirables a la ría , nos conduce a la casa de Colón y al famoso crucero que tiene enfrente como puede verse en nuestros grabados — y que no llegan a distar un kilómetro del Ayuntamiento de la capital.


 


Visitando Porto -Santo, veis enfrente la famosa iglesia de Santa María , de donde acaso tomó Colón el nombre de la nave capitana, que también rebautizó con el nombre de La Gallega. En dicha iglesia parroquial, de arquitectura portentosa, encuéntrase la famosa lápida de nuestro fotograbado.


 


Si conocéis la historia pontevedresa del gran Almirante, seguramente visitaréis San Salvador de Poyo, donde es casi seguro que Colón estudió latín en su infancia. Dista este hermoso monasterio, dos kilómetros de la capital, encontrándose a menos de medio kilómetro, la hermosa finca de la actual marquesa de Besada.


 


Para completar vuestra excursión histórico – col oniana, debéis seguir por la carretera del Grove y la Toja, encontrando, a la izquierda, a 25 kilómetros, la gran playa — una de las más hermosas de Europa — de la Lanzada, y casi enfrente, como podéis ver en el plano de la ría, la Punta Galea.


 


Porto-Santo, San Salvador, Punta Lanzada, Punta Galea: ¡las cuatro columnas inconmovibles en que se sustenta la cuna del inmortal Almirante Cristóbal Colón !


 


 


 


 


APÉNDICE


 


 


 


DON CELSO GARCÍA DE LA RIEGA


 


CELSO García de la Riega, hijo de D. Pedro García y de Dña. María de la Riega, nació en Pontevedra el día 26 de agosto de 1844, falleciendo el 3 de febrero de 1914 en la citada capital , a los sesenta y nueve años de edad , siendo descendiente por la línea materna, de una hermana del famoso sabio benedictino fray Martín Sarmiento.


 


Se hizo bachiller en el Instituto de Pontevedra, y por fallecimiento de su padre D. Pedro, no pudo seguir carrera, teniendo que optar por la vida de empleado, siéndolo en diversas oficinas y ministerios, obteniendo su primer destino en 1859 como escribiente segundo del Consejo Provincial de Pontevedra, con 273’75 pesetas anuales.


 


En 1878 desempeñó el cargo de secretario del Gobierno Civil de la Habana, y después fué jefe de negociado y de administración en los ministerios de la Gobernación y de Hacienda, contador en el Tribunal de Cuentas del Reino, y últimamente Delegado de Hacienda de la provincia de Santander, destino que no pudo aceptar por el estado delicado de su salud, obteniendo la jubilación en diciembre de 1900, habiéndosele concedido en enero de 1901, honores de Jefe superior de Administración, de primera clase.


 


Entusiasta liberal, gran admirador de Sagasta y consecuente amigo de D. Pío Gullón, fué Diputado a Cortes por Cambados en 1886, y Gobernador de León en 1888-91.


 


 


En 1873, el Ministro de Ultramar lo designó para acompañarle a la visita qtie verificó a la Isla de Cuba , cuyo servicio desempeñó con la categoría de Jefe de Negociado de primera clase. También formó parte de la junta creada por real decreto, en julio de 1894, para la organización del servicio de estadística del trabajo.


 


Estaba condecorado con la cruz de primera clase del Mérito Militar, distintivo blanco, por servicios prestados en la Isla de Cuba, a las órdenes de los generales Jovellar y Martínez Campos. También tenía la medalla de los voluntarios de Cuba, y era Caballero de la Orden de Leopoldo de Bélgica.


 


Verdadero amante de la literatura , hizo varios trabajos literarios, históricos y periodísticos, habiendo publicado artículos en los comienzos de El Diario de Pontevedra y en otro periódico, ya fenecido, que se tituló El Progreso. También escribió en La Correspondencia Gallega, de Pontevedra; en La Temporada, de Mondariz , y en los periódicos madrileños El Imparcial y La Correspondencia de España.


 


Como escritor, publicó La Gallega, donde demuestra que la nave capitana de Colón, en su primer viaje de descubrimientos, fué construida en Galicia, y probablemente en los astilleros que por aquel entonces había en Pontevedra. También publicó el folleto O. A., probando la procedencia griega de dicho elemento gramatical en el dialecto gallego; Galicia Antigua, estudio histórico de Galicia, obra declarada de mérito relevante por la Academia de la Historia ; Entremeses literarios, colección de diversos trabajos en prosa y verso, y el Amadis de Gaula, donde procura comprobar que esta famosa obra fué escrita primitivamente en lengua gallega y por un autor gallego.


 


En diciembre de 1898, y por invitación de la junta de la Sociedad Geográfica de Madrid , que tuvo noticia de los datos e interesantes documentos hallados en los Archivos de Pontevedra, reveladores de la existencia en este pueblo, a mediados del siglo xv, de los apellidos paternos y maternos del descubridor de América, dio una conferencia en dicha Sociedad, exhibiendo la teoría de que Colón era español, nacido en Pontevedra. La conferencia se publicó, en el Boletín Oficial de aquella ilustre corporación , correspondiente al cuarto trimestre de 1898.


 


 


La nueva teoría fué elogiada y aceptada por notables escritores nacionales y extranjeros, habiendo dado conferencias acerca del asunto, el acreditado hispanófilo M. Hume, de Londres, y la distinguida escritora Eva Canel , de Buenos Aires.


 


La España Moderna, revista de Madrid, en julio de 1910, insertó un extenso artículo del elocuente escritor don Fernando Antón del Olmet, defendiendo dicha teoría.


 


El último libro que publicó G-arcía de la Riega, y en el que puso todos sus amores y las energías de una salud quebrantada, luchando con los achaques que amodorrado lo tenían postrado en el lecho, fué Colón, español, obra que se imprimió y salió a luz unos días antes de su fallecimiento, y en la que documentalmente demuestra que Colón era español y gallego.


 


Dejó varios trabajos inéditos, tales como poesías, cuentos y obras teatrales, entre las que se cuentan El 486, comedia en tres actos (esta comedia, y no sabemos si algún otro trabajo, está publicada); Peripecias de la vida, drama en tres actos; Una diablura, juguete lírico en un acto y dos cuadros; El precioso Arturo, juguete cómico en un acto; Un golpe de Estado, comedia en tres actos, y las zarzuelas también en tres actos El canto de salvación y Los zapatos d,el Bey, en colaboración de su íntimo amigo D. Claudio Cuveiro, fallecido el 27 de diciembre de 1915en Barcelona.


 


 


DON PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ


 


 


 


EL distinguido continuador de la obra de La Riega, es un cumplido caballero, hijo de Pontevedra, que siguiendo la tradición de la raza, embarcó muy’ joven para la República Argentina.


 


Hombre de actividad extraordinaria , ameno trato y espíritu perspicaz , logró crearse una regular fortuna , con la que vivió espléndidamente, desmintiendo una vez más el carácter encogido y pazguato conque nos califican a los gallegos, los que nos desconocen.


 


Fué en su juventud un hombre de mundo, un verdadero gentleman, por lo pródigo y fastuoso; obsequiando a sus numerosas relaciones en su lujosa quinta de campo, y en artísticas excursiones realizadas por las incomparables rías gallegas, a bordo de un magnífico yate.


 


La influencia americana , tan útil a los emigrantes de nuestra tierra, desenvolvió en el señor Otero el afán de los negocios, en los que se mostró siempre tan activo y emprendedor, como caballeroso e inteligente.


 


Secundó las excelentes labores del marqués de Riestra , para crear esa maravilla de salud, riqueza y belleza incomparable, que se llama Balneario de la Toja.


 


Los electores del distrito Caldas -Cambados, le confirieron su representación en la Diputación provincial, cargo que viene desempeñando hace treinta años. Como diputado, presidente de varias Comisiones y Vice- Presidente de la Corporación , dejó sentir la influencia de su poderosa actividad, amor al estudio y celo imponderable.


 


Con entusiasmo juvenil, le he oído hablar del magno proyecto de una carretera de turismo, que. debe estar terminándose y que por el enlace de todas las que bordean estas rías de ensueño, forma el más hermoso circuito de España, para viajes de automóvil.


 


Llevó sus fecundas iniciativas al Gasino, de que fué presidente, y en el seno de la Diputación provincial presentó informes luminosos respecto de la tesis Colon , gallego.


 


Sostuvo brillantes campañas contra los impugnadores , dirigiéndose a los señores Altolaguirre y Beltrán y Rózpide , con motivo de solicitar de la Academia de la Historia el envío de una Comisión de técnicos , para patentizar legalmen te la oriundez pontevedresa del gran Almirante.


 


Sorprendió a muchos , menos a los que le conocíamos , el talento y actividad desplegadas en el estudio de esta tesis.


 


Al señor Otero débense algunos descubrimientos: pues admirador de la labor de Celso La Riega, y como éste, tenaz y perseverante, leyó infinitas obras acerca de Colón, rebuscó Archivos y Bibliotecas, y en sus frecuentes viajes a América conferenció con el señor Calzada distinguido hombre público hispano -americano, de quien nos ocupamos en la conferencia — .


 


Tiene en su poder documentos de autenticidad indudable, y, entre otros notables estudios, es autor de una crítica de los Colombos italianos, verdaderamente concluyente para demostrar su falta de relación con los Colones españoles.


 


Su obra , extensa , documentada , producto de una labor de cuatro o cinco años , es esperada con ansiedad por los que sabemos de ella. Seguramente al regreso de este viaje de América, verá la luz pública, y como dice elocuentemente el eximio Rey Soto, fallará, en todas las instancias, el pleito ganado por España y por Galicia, de haber nacido Cristóbal Colón y Fonterosa , Almirante de los Almirantes , en el pueblecito de Porto -Santo, de esta maravillosa ría de Pontevedra,


 


J. R. M.


 


 


 


COLÓN, ESPAÑOL


 


 


 


Comité pontevedrés


 


EL Comité Directivo de Pontevedra , designado después de la conferencia pronunciada por el doctor Rodríguez Martínez sobre Colón, español, quedó constituido en la siguiente forma:


 


Presidente, D. Vicente Riestra Calderón.


 


Vices, D. Prudencio Otero Sánchez y Alcalde de Pontevedra.


 


Secretarios, D. Isidoro Millán y D. Juan Bautista Andrade.


 


Contador, D. José Otero Rúa.


 


Tesorero, D. Santiago Riestra Calderón.


 


Vocales: D. Ramón Sobrino, D. Valentín Villanueva, D. Gerardo Alvarez Limeses, D. Perfecto Feijóo, Directores de los Establecimientos docentes. Presidentes del Casino y de Artesanos, y Directores de los periódicos Diario de Pontevedra y Progreso.


 


PRESIDENTES HONORARIOS


 


Como Presidentes honorarios fueron designados:


Señora Condesa de Pardo Bazán.


 


Excmo. Sr. D. Ricardo Beltrán y Rózpide, de la Academia de la Historia.


 


Dr. D. José Rodríguez Martínez.


 


 


SOCIOS HONORARIOS


 


Entre los socios honorarios nombrados, figuran:


 


Sr. Bonilla Sanmartín, de la Academia de la Historia.


 


Sr. Arana, de la misma Academia.


 


Excmo. Sr. D. Leopoldo Eijo, Obispo de Vitoria.


 


Ilmo. Sr. D. Antonio Garrido, académico y publicista.


 


D. Rafael Calzada, abogado y publicista.


 


P. Atanasio López, cronista de la Orden Franciscana.


 


Julio J. Casal, cónsul del Uruguay y poeta.


 


D. Benito Fernández Alonso, cronista de Orense.


 


D. Marcelo Maclas, catedrático.


 


D. Antonio Rey Soto, escritor.


 


D. Enrique Fajardo («Fabián Vidal»), escritor.


 


D. Ramón del Valle Inclán, escritor.


 


D. Enrique María de Arribas y Turrull, diputado a


Cortes .


 


D. Constantino Horta, publicista.


 


D. Rafael López de Haro, escritor.


 


Presidente del Gremio de Mareantes de Pontevedra.


 


D. Enrique Zaratiegui, bibliotecario.


 


D. Manuel Otero Acevedo, escritor.


 


D. Celso García de la Riega y Quiñones, hijo del autor


de Colón, español.


 


D. Juan Fernández Gil, publicista.


 


Señora doña Eva Canel, escritora.


 


D. Manuel Quiroga Losada, artista.


 


D. Luis Tur y Palau, de la Sociedad Geográfica.


 


D. Pablo Pérez Costanti, archivero.


 


D. Jaime Sola, escritor.


 


D. José Rodríguez Carracido.


 


D. José Rodríguez Mourelo.


 


D. Eduardo Palacios.


 


D. Francisco Llorens.


 


D. Fernando A. de Sotomayor.


 


D. Manuel Ángel.


 


D. Arturo Fernández Cersa.


 


D. Alfonso R. Castelao.


 


D. Wenceslao Fernández Flórez.


 


 


 


 


Comité de Vigo


 


Fueron designados interinamente para constituir el Comité definitivo, los señores Bernárdez, Lustres Riscas y Agrá, en representación de la prensa, y los señores López (D. Raúl), presidente del Casino, Barreras y Borrajo, en representación de las sociedades. Propusieron como socios de


honor, al Sr. Otero y al Sr. Rodríguez.


 


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En Santiago, en Orense, Lugo y demás ciudades gallegas, propúgnase también por constituir los Comités de Colón, español.


 


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En el momento de mandar estas cuartillas a las cajas, recibimos la comunicación siguiente:


 


Habana, 19 de abril de 1920.


 


Sr. Dr. D. José Rodríguez Martínez.


 


Coruña.


Muy distinguido señor mío:


 


Por la presente me es muy grato comunicar a usted que, el «Comité Pro-Colón, español», recientemente creado en la Habana, y que me honro en presidir, ha acordado nombrar a usted miembro de honor del mismo, teniendo en cuenta sus propagandas en pro del origen gallego del inmortal Cristóbal Colón.


 


Debido, pues, a que el mencionado título no podremos remitírselo por algún tiempo, es por lo que le anticipamos las presentes líneas, notificándole el acuerdo en cuestión, y «1 regocijo con que el Comité se ha enterado de sus entusiasmos en pro del esclarecimiento de una de las glorias más puras y legítimas de Galicia.


 


Esperamos, señor, se digne aceptar la merecida designación de miembro de este Comité, el cual tiende a difundir, por todos los medios a su alcance, la patria española del insigne descubridor de América.


 


Sirvan, pues, estas líneas, de sincera felicitación, en nombre del Comité y del mío propio, rogándole prosiga la labor por usted emprendida.


 


 


 


Lo que me complazco en participar a usted para su conocimiento y satisfacción.


 


De usted con la mayor consideración,


 


Ramón Marcóte,


Presidente.


 


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Socios fundadores de la colectividad “Pro-Col6n, Español” establecida en Pontevedra


 


 


 


Ramón Peinador.


Diego Pazos.


Antonio Tapia.


Joaquín A. Piñeiro.


José Quiroga.


Amando Luaces.


José Casal del Rey.


Eulogio Estévez Abal.


Renato Ulloa.


Arturo Rey.


Ramón Romero.


Antonio M. Malvar.


Teófilo Sorey.


Francisco Cés.


Manuel Couto.


.Edmundo Novoa.


Ramón Blanco.


Antonio Vinos.


Ramón Santamaría.


Julio Montero Mouriño.


José M. Marangos.


Enrique Martínez Besada.


Ricardo Silva Suárez.


Rafael Sanz Diez.


Domingo Pórtela.


Javier Puig.


Aquilino Ferreira.


Carlos Rubido.


Enrique Tobío.


Ramiro Santos.


Javier Dapena.


Avelino Junquera.


José Rey Duran.


Eduardo García.


Evaristo Carmueza.


Manuel Cabanillas.


Valentín Suárez González.


Alvaro Sánchez.


Carlos Viñas .


Víctor F. Soler.


Ricardo Abal Santos.


Ángel Fernández.


Juan Pérez.


Luis Lacarrera.


Indalecio Viñas.


Joaquín Posa.


Laureano Iglesias.


Luis Castillo Martínez.


Antonio Rodríguez.


Lino Corbal.


Germán Rodríguez.


Celestino C. Peón.


Manuel Díaz Gómez.


Gervasio Vidueira.


Maximiliano P. Prego.


Jacinto Otero.


Benito Quintáns.


Evaristo Abal.


Luis Magdalena.


Roque Rodríguez.


Manuel Casqueiro.


Florencio Abal.


José García Seijas.


Sebastián Berdeal.


Ignacio Rey.


Jesús Montes.


Diego Esté vez Abal.


Higinio Blanco.


Manuel Ruy mares.


Enrique Chulian.


Manuel Paredes.


Ricardo Santos Riveira.


Valentín Paz Andrade.


Bonifacio Vázquez.


Perfecto Meijón.


Vicente Quintas.


Manuel Barreiro.


Modesto Bara.


Genaro Puga.


A. Otero Callón.


Manuel Ruibal.


Joaquín Vinos.


Fausto Posa.


Francisco Sanmartín.


Cándido Hermida Tilve.


Leopoldo del Río.


Hermo Pose Juncal.


Luis Martínez.


Luciano Otero.


Cándido Vinos.


José Vidal Montero.


Juan E. Barreira.


Amadeo Fernández.


Ruperto Santos Villaverde.


José Rodríguez.


Prudencio O. Sánchez.


Perfecto Feijóo Pañete.


Ramón Sobrino.


Vicente Riestra.


Santiago Riestra.


Isidoro Millán.


Fran cisco Riestra Calderón .


Eduardo Dapena.


Miguel Carragal.


Modesto Martínez.


L. Valentín Briones.


José M. Vinos.


Manuel Riva.


José Couto.


José Gómez.


Florentino Gómez.


Celso Sánchez Martínez.


José Calvo Acuña.


Peregrino Paz.


Enrique S. Mogrovejo.


Gonzalo Benítez Lozano.


Francisco Pórtela Paz.


Manuel Braña.


Manuel Villar Vaamonde.


Eladio Pórtela.


Camilo Vidal.


Julio Silva.


Antonio S. Mogrovejo.


Gabriel Esté vez. .


Mariano García.


Saturno Paz Martínez.


Saturno Fernández.


Guillermo Mon.


Celestino Pozas.


 


 


 


 


Terminada ya la impresión de este libro, no resistimos el deseo de ampliarlo con una página más, a fin de recoger en ella las tres noticias siguientes :


 


d CRISTÓBAL COLÓN, PORTUGUÉS P


 


El laborioso investigador Sr. Patrocinio Ribeiro, acaba de llevar a cabo nn descubrimiento. Después de profundos estudios, logró descifrar, de una manera terminante y clara, la firma jeroglífica del inmortal descubridor de América.


 


La firma está en latín y en caracteres griegos invertidos, y en ella se manifiesta claramente la oriundez del navegante, que es lusitana y de una pequeña villa: de Al entejo.


 


Como el laborioso investigador piensa publicar un folleto — según dice O SécuJo — , aguardamos a ver entonces el resultado definitivo de sus trabajos.


 


 


 


El notable orador, Reverendo Padre Paulino Turiso, en el elocuente discurso pronunciado en la Función del Voto, el domingo l.*^ de Agosto, afirmó rotundamente la oriundez española y ponte vedresa de Cristóbal Colón.


 


 


 


Tenemos entendido que el notable escritor D. Prudencio Otero —que acaba de regresar de América — , no sólo se dispone a publicar su importante obra, sino que reanudará sus gestiones oficiales para conseguir que la Academia de la Historia nombre la Comisión, tantas veces intentada, para


estudiar en Pontevedra todos los datos referentes a la tesis Colón, Español.


 


Va siendo tiempo de que este descubrimiento se solemnice oficialmente, así como de establecer en el lugar de Porto-Santo un museo colombiano.


 


 


 


RESERVADOS LOS DERECHOS DE REPRODUCCIÓN


 


ADAPTACIÓN Y TRADUCCIÓN PARA TODOS LOS PAÍSES


 


Queda hecho el depósito que marca la ley