Cristóbal Colón y Cristoforo Columbo por Ricardo Beltrán y Rózpide – 1921

CRISTÓBAL COLÓN

Y

CRISTÓFORO COLUMBU

 

ESTUDIO CRÍTICO DOCUMENTAL

POR

Ricardo Beltrán y Rózpide

De la Real Academia de la HletorIa Secretario general de La Real Sociedad Geográfica.

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SEGUNDA EDICIÓN

CON NUEVAS NOTAS Y UN APÉNDICE

La mayor parte de los modernos autores que tratan de la vida de Colón consideran los docu­mentos italianos referentes á Cristóforo Columbo y su familia como la regla de criterio á que hay que ajustar los documentos españoles, aun los de mayor autoridad, que son las cartas escritas por el mismo D. Cristóbal Colón. Si hay divergencia entre unos y otros, se resuelve en último término la cuestión afirmando que aquél faltó á la verdad ó la ocultó por estas ó las otras razones. Los docu­mentos italianos son así poco menos que artículos de fe.

Pero cabe adoptar—y es, ciertamente, más ra­zonable— el procedimiento inverso: tomar como norma crítica y como si fuera artículo de fe lo que D. Cristóbal Colón dijo de sí mismo y ajustar á ello lo que digan los documentos italianos, acep­tando éstos si se hallan de acuerdo con los documentos españoles, desechándolos si resulta evidente la contradicción o el anacronismo.

 

Entre las escrituras ó actas notariales encon­tradas en Genova y en Savona, referentes á una de las familias apellidadas Columbo que por en­tonces vivían en aquellas y otras localidades del Norte de Italia, hay algunas en que aparece perso­nándose como otorgante ó como testigo un Cristóforo Columbo ó Colombo, hijo de Dominico de Co­lumbo y de Susana de Fontanarubea (1).

(1) Hay reproducción impresa de estos documentos y otros anteriores y posteriores relativos á actos y contratos de la citada familia en la liaccolta di documenti e studi pubblicati dalla B. Commissione colombiana peí quarto centenario dalla scoperta dell’America; 1892-94.—Vol. I de la Parte II.—Además, entre los arios trabajos en que previo estudio y crítica de estos ú otros documentos se identifica al Cristóbal Colón, descubridor de América, oon el Cristóforo Columbo, lanero de Genova, merecen citarse preferentemente los siguientes:

Christophe Colomb: son origine, sa vie, ses voyages, sa famille et ses descendants, d’aprés des documents inédits tirés des archives de Genes, de Savone, de Sé- viUe et de Madrid: études critiques par Henby Habbisse.—París, 1884.—2 volúmenes.

Études critiques sur la vie de Colomb avant ses dé- cowvertes: les origines de sa famiUe: les deux Colombo, tes prétendus parents; la vraie date de sa naissance; les études et les premieres campagnes qu’il aurait faites; son arrivée en Portugal et le combat naval det 1476; son voyage au Nord; son établissement en Portugal; son mariage; sa famiUe portugaise.—Par Henby Vig- naud_—París, 1905.—1 volumen.

La Patria de D. Cristóbal Colón, según las actas no­tariales de Italia, por D. Angel de Altolaguieke.—En el Boletín de la Real Academia de la Historia, Marzo de 1918, Ó sea tomo VXXII, páginas 200-224.

No faltan autores que han sostenido lo contrario; esto es, que Colón no perteneció á la familia de Dominioo de Columbo, entre ellos los que, como Ambiveri, Corbani, Peretti y Franceschi en Italia, y García de la Riega en España, creen que el descubridor de América no fué genovés.

Este último, en su obra titulada Colón, español: su origen y patria, Madrid, 1914, no da la prueba evidente de que el descubridor de América perteneciese á la fami­lia de los Colones, de Pontevedra; pero hace muy razo­nada crítica de las escrituras notariales de Genova y Savona, y las deja bastante mal paradas.

Refuerza, bajo todos conceptos, la argumentación de García de la Riega, especialmente en cuanto á lo que pudiera servir de prueba de indicios, el Sr. D. Rafael Calzada en; su obra La patria de Colón, publicada en 1920, en Buenos Aires.

En la misma Italia y en nuestros mismos días no hay conformidad respecto á la cuna de Colón. En 1919 se publicó el folleto titulado La Trinitá e la patria di Cristoforo Colombo, cuyo autor, «il cav. uff. Tortarolo Lorenzo, Ingegnere Capo del Genio Civile», sostiene que Cristóforo Colombo nació en Albisola, opinión! cierta­mente, que no es una  novedad. Véase la obra de Giuseppe Garbarini Cenni storici intorno al borgo di Al­bisola- Marina, patria di Cristoforo Colombo; Génova, 1886.

Según escritura de 22 de Septiembre de 1470, otorgada en Genova, Dominico d© Columbo y su hijo Cristóforo se comprometen á aceptar la deci­sión de ün árbitro en pleito ó cuestión que tenían con un acreedor. Seis días después, el 28, dicta fallo el árbitro condenando al padre y al hijo á pagar determinada cantidad. •

En 31 de Octubre del mismo año, Cristóforo de Colombo, hijo de Dominico y mayor de diez y nueve años, en presencia y con autorización, con­sejo y consentimiento del padre, declara que debe determinada cantidad por una partida de vino que había comprado.

En 1472 están en Savona el padre y el hijo. El 20 de Marzo Cristóforo de Columbo, lanero de Génova, es testigo en un testamento otorgado en aquella ciudad. Los demás testigos, cuyo oficio tam­bién se indica, son tres sastres, un tundidor y un zapatero.

El 26 de Agosto de 1472 Dominico, lanero, y su hijo Cristóforo se reconocen deudores de un tal Juan Signorio, á quien habían comprado siete quintales de lana.

Al año siguiente, el 7 de Agosto de 1473, Su­sana, hija de Jacobo de Fontanarubea (1) y esposa de Dominico de Colombo, ratifica, ante notario de Savona, la venta que de una casa había hecho su marido, con el consentimiento y la presencia en el acto de Cristóforo y Juan Pelegrino, hijos de Do­minico y Susana.

(1) Este apellido, traducido del latín al italiano en Fóntanarossa, era el segundo, ó sea el materno del pe­laire Cristóforo Columbo. El descubridor de América, Cristóbal Colón, jamás usó ni aludió á su apellido ma­terno.

Esta familia de Columbos ó Colombos parece ser la misma á que se refirió, á principios del si­glo xvi, el notario- Antonio Gallo, Canciller del Banco de San Jorge, en Genova, diciendo que el descubridor de las nuevas tierras occidentales era un sobrino de Antonio Colombo, el hermano de Do- minioo, con quien Gallo estaba en relaciones, pues hubo entre ellos préstamos ó cesiones de crédito.

En los documentos citados y en otros se men­ciona á Dominico y sus hijos y parientes como cardadores de lana, tejedores de paño, tenderos, hor- meros y sastres (un hijo del Antonio Columbo apa­rece como aprendiz de sastre). Fueron, pues, estos Columbos gentes de oficio manual, y además, de escasos recursos ó algo manirrotos, á juzgar por las deudas que contraían. Dominico y Cristóforo tenían bastantes acreedores, y algunos de éstos, creyendo que el afortunado descubridor de países en que abundaba el oro era el Cristóforo Columbo, su deudor, se pusieron en movimiento para hacer efectivo el crédito. Tal es el caso de los hermanos Juan, Mateo y Amigeto de Columbo, los que—se­gún consta en una de esas innumerables actas no­tariales que nos van dando cuenta de todo lo que hacía la documentada familia—se comprometieron, en 11 de Octubre de 1496, á costear el viaje que uno de ellos, Juan (el antiguo aprendiz de sastre), debía hacer á España en busca del pariente rioo y personaje, para exigirle el pago de la deuda. Este compromiso no tuvo resonancia más allá del protocolo del notario; no hay noticia de que el viaje se efectuara ni se sabe que el Almirante ni nadie en España se diera por enterado de la ges­tión de los Columbos.

‘Después de Gallo y en el primer tercio del si­glo xvi, Seranega y Giustiniani copian en sus obras lo  que aquél dijo, con algún otro detalle que hacía resaltar la humilde posición social de los Colum­bos, y la escasa instrucción ó cultura intelectual que tenía el Cristóforo. Aun vivían Fernando Co­lón, el hijo del Almirante, y Bartolomé de las Ca­sas, y uno y otro negaron el parentesco de Cristó­bal Colón con semejante familia.

Resulta, pues, que, según los documentos y ci­tas mencionados, Cristóforo Columbo fué un la­nero ó tejedor, como su padre, y que con éste se dedicaba á la compra de lana y de vino; que el medio social é intelectual en que vivió era el pro­pio de artesanos ó gentes de oficio; que erminguna de las escrituras en que aparecen Cristóforo y los Columbos hay la menor alusión á viajes que aquél hiciera por mar ni á su profesión de marino; que en los años 1470 á 1473 estuvo en Genova y en Sa­vona; que en el día 31 de Octubre de 1470 tenía diez y nueve años cumplidos, y que, por consi­guiente, había nacido en 1450 ó en 1451.

Este fué Cristóforo Columbo.

II

¿Quién fué Cristóbal Colón?

El primer documento que debe mencionarse, como punto de partida de las breves consideracio­nes que voy á hacer, es la llamada Carta rarísima, que Colón dirigió á los Reyes Católicos, fechada en «las Indias, en la isla de lamaica, a siete de Iulio de mil i quinientos y tres años».

En ella se lee el siguiente párrafo:

«Yo vine a servir de veinte i ocho años, i agora no tenga cavello, en mi persona, que no sea cano, i’ el cuerpo enfermo, i gastado quanto me quedo de aquellos, i me fue tomado y hendido, i a mis her­manos fasta el saio, sin ser oido, ni visto con gran­des honor mió» (1).

(1) la Copia de la Carta que escriuio Don Cristoval

Sabiendo cuándo y á quién vino á servir Colón, con veinte y ocho años de edad, tendremos base para fijar la época de su nacimiento.

Del párrafo transcrito se han dado varias in­terpretaciones.

  1. a Tenía veintiocho años cuando vino á servir á los Reyes Católicos. Y ¿en qué época fué esto? Es opinión general que vino Colón á España á fines de 1484 ó principios de 1485.

Colon, Virrey y Almirante de las Indias, a los Cristianissimos i mui poderosos Rei y Reina de España nues­tros señores, en que les notifica quanto le ha aconteoido en su viaje; i las tierras, Provincias, Ciudades, Ríos y otras cosas maravillosas, y donde ai minas de Oro en mucha cantidad, i otras cosas de gran riqueza y valor».— Existente en la Biblioteca particular de S. M. y copiada á su vez-en 1898 por el Excmo. Sr. D. Julio Betancourt, E. E. y Ministro Plenipotenciario de Colombia, autori­zado para ello en virtud de orden expediría por la In­tendencia general de la Real Casa y Patrimonio, fecha 21 de J unió del citado año. Difiere algo de la que pu­blicó Navarrete en 1825 (cotejada en 1807), porque aquél respetó la ortografía del manuscrito existente en la Bi­blioteca de S. M., y éste, Navarrete, la modernizó, corrigió palabras y escribió en letra todos los guarismos. Pero en una y otra están en letra y muy claro los veinte i ocho años. El Sr. Betancourt hizo é imprimió la copia con motivo del pleito de límites entre Costa Rica y Co­lombia, y también se tradujo al francés y se imprimió en París el 12 de Octubre de 1899, con el siguiente título: *Lettera Iíarissima» de Christophe Colomb sur la dé- couverte de la Terre-ferme, accompagnée de Ultinéraire de Diego de Porras et d’une partie” de la Relation de Diego Mendez.—Folleto en folio de 40 páginas.

Poco más ó menos, con la relativa exactitud que cabe cuando el que escribe no se propone precisar fecha, porque trata de otro asunto ó incidental­mente habla de tiempos que pasaron, Colón, al alu­dir en sus cartas á la época en que vino á España y entró al servicio d© los Reyes, se refiere siempre á un período comprendido entre 1483 y 1486.

En la misma carta de 1503, en párrafo anterior al transcrito, quejándose del mal pago que en Cas­tilla se había dado á sus servicios, decía: «poco me án aprovechado veinte años de servicio que yo he servido con tantos trabaxos, i peligros».

Si en Julio de 1503 contaba veinte años de ser­vicios, es que había venido á servir á mediados ó fines de 1483.

En otro pasaje de la citada carta escribe: «(Siete años estuve io en su Real Corte, que a cuantos se fablo de esta empresa, todos aúna dixeron que era burla; agora fasta los sastres suplican por descubrir». Resulta, pues, que de los ocho años que mediaron poco más ó menos entre su llegada á España y su salida hacia lo desconocido, siete los pasó en la Real Corte.

En la carta que hacia fines de 1500 escribió al ama (que había sido) del Príncipe D. Juan, lla­mada Doña Juana de la Torre, decía Colón: «Siete años se pasaron en la plática y nueve ejecutando cosas muy señaladas y dignas de memoria (1).

Es decir, diez y seis años, antes de fin de 1500, ó sea desde 1484. A fin de este año, 6 meses antes (puesto que las pláticas no pudieron empezar en el día en que Colón puso el pie en España) llegó á territorio español. Lo confirma la «hoja suelta en papel de mano del Almirante escrita al parecer (fines de 1500) cuando le trajeron preso», y que empieza así:

((Señores: Ya son diez y siete años que yo vine á servir estos Príncipes con la impresa de las Indias: los ocho fui traído en disputas, y en fin se dio mi aviso por cosa de burla» (2). Según este do­cumento, son diez y siete los años anteriores á fin de 1500; podemos, pues, llegar á 1483, y como hubo ocho años de disputa, y las Capitulaciones de Granada son de Abril de 1492, la disputa ó las pláticas pudieron empezar á principios de 1484.

También hay datos sobre el particular en el Diario del primer viaje de Colón (3). En las ano­taciones del lunes 14 de Enero de 1493, se lee: ((y han seido causa que la Corona Real de vuestras Altezas no tenga cien cuentos de renta más de la que tiene después que yo vine á les servir, que son siete años agora á veinte días de Enero este mismo mes» (1). Como se vé, aquí precisa mucho Colón, pues fija hasta ei día en que empezó á servir. Debe referirse á alguna disposición de los Reyes en di­cha época, favorable á sus pretensiones, probable­mente la de que, acabada la guerra de Granada, resolverían sobre aquéllas, y entre tanto le admi­tían en la Corte á su servicio, mandando que se le diera para ayuda de costa algunos miles de mara­vedís, como se hizo, cuando ya llevaba tiempo en Andalucía padeciendo necesidad y pobreza, agota­dos ó muy escasos los recursos que le proporciona­ban algunas personas á quienes vino recomendado ó los que obtenía como «mercader de libros de es­tampas».

(1)   Colección de los viages y descubrimientos que hi­cieron por mar los españoles desde fines del siglo xv, por D. Martín Fernández de Navarrete.—Tomo I, pá­gina 266.

(2/ Colección de los Viages, eto., de Fernández de Navarrete.—Tomo II, página 254.

(3)   «Este es el primer viage, y las derrotas, y cami­nos que hizo el Almirante D. Cristóbal Colón cuando descubrió las Indias: en la Colección de los Viages, eto., por Fernández de Navarrete.—Tomo I, páginas 1-166.

Aun habla Colón en la historia del tercer via­je de los «seis ó siete años de grave pena» que pasó antes de que los Reyes determinaran «questo se pusiese en obra» (2) ; y otra vez aparecen los siete años y las disputas en una carta que escribió al Rey y la Reina, y cuyo borrador está en el Libro de las Profecías (1), carta que no tiene fecha, mas por citas y notas que hay en este libro se deduce que corresponde al año 1501. «Siete años, dice, pasé aquí en su lleal Corte disputando el caso con tantas personas de tanta autoridad y sabios en to­das artes, y en fin concluyeron que todo era vano, y se desistieron con esto dello: después paró en lo que Jesucristo Nuestro Redentor dijo». Como se vé, aquí los siete años concluyen con la negativa de los Reyes á favorecer los proyectos de Colón.

 

(1)   Colección de los Viages, eto., por Fernández de Navarrete.—Tomo I, página 137.

(2)   «La historia del viage quel A’miranto D. Cristó­bal Colon hizo la tercera vez que vino á las Indias cuando descubrió la tierra firme, como lo envió á loe Reyes desde la Isla Española».—Colección de los Viages, etc.t por Fernández de Navarrete.—Tomo I, página 242.

En suma, resulta que hubo siete ú ocho años de pláticas antes de 1492, y contando alguna que otra ausencia de la Corte y el tiempo transcurri­do desde que vino Colón á España hasta que entró al servicio de los Reyes, llegaremos á los ocho ó nueve años anteriores al 1492, ó sea á 1483-1484.

(1)   Corresponde esta carta al folio IV del Libro, se­gún la descripción que de él hizo D. Juan Bautista Mtí* ñoz. Hállase dicho libro en la Biblioteca Colombina, y la carta figura impresa en la Colección de los Viages, etcétera, de Fernández de Navarrete, tomo II, pági­na 262. Más datos hay en el Discurso que sobre el tema Libros y autógrafos de D. Cristóbal Colón leyó en 1891 el Dr. D. Simón de la Rosa ante la Real Academia Se­villana de Buenos Aires.

Pero mi objeto en este estudio no es precisar el año en que vino Colón á España ó en que empezó á servir á los Reyes; es fijar los límites extremos del período en que pudo hacerlo y demostrar que sea cual fuere el año en que esto sucedió, Cristóbal Colón no podía tener la edad que un acta notarial atribuye á Cristóforo Columbo.

Colón vino á Castilla, ó vino á servir ó empezó á servir á los Beyes Católicos, ó empezaron las pláti­cas 6 la disputa, etc., etc., entre 1483 y 1486. Por entonces, en uno de estos años, Colón tenía vein­tiocho. No podía ser mayor de diez y nueva años el SI de Octubre de 1^70, que es la edad que según acta notarial tenía Columbo en dicho día.

  1. a Colón no dice que tenía veintiocho años cuando vino á servir á lo3 Reyes Católicos, sino cuando vino á servir, sin expresar dónde ni á quién. Pudo referirse á la época en que empezó á servir á otros, como á René ó Renato de Anjou, el’ enemigo de la Casa de Aragón, ó al llamado Coulon ó Coullon por los franceses, Cullan por los portugueses, Colón por los españoles y Colombo ó Colomb por los italianos y demás autores extran­jeros, el mayor de los corsarios que en aquellos tiempos había y en cuya compañía estuvo y anduvo mucho tiempo Cristóbal Colón, según escribie­ron el hijo de éste, D. Fernando, y el P. Las Casas, aunque refiriéndose á Colón el Mozo, que acom­pañaba á Colón el Viejo en las últimas corre­rías (1).

Lo mismo Fernando Colón que Las Casas trans­criben parte de una carta en que Colón, en Enero de 1495, decía á los Reyes- «A mí acaeció que el Rey Reynel (Rene ó Renato), que Dios tiene, me envió á Túnez para prender la galeaza Fernandina, etc.» (2). >Esto, según erudito y razonado estu­dio que hace años publicó D, Angel de Altolaguirre, debió ocurrir en 1472 (3).

En cuanto á las campañas que Cristóbal Colón pudo hacer, á las órdenes ó al servicio dél corsario francés—á quien en los últimos tiempos, como se ha dicho, acompañaba otro corsario llamado Colombo Júnior, Colón el Joven ó Colón’ el < Mozo, «hombre muy señalado de su apellido y familia»

(1)   Historia de las Indias escrita por Fray Bartolimét de las Gasas, obispo de Chiapa, ahora por primera vez dada á luz, por el marqués de lá Fuensanta del Vallé y D. José Sancho Rayón.—Madrid, 1875.—Libro I, capítulo IV, en el tomo I, página 51.

(2)   Historia de las Indias, etc., por Las Casas: li­bro I, capítulo III, en el tomo I, página 48.—Historia del Almirante D. Cristóbal Colón, por Fernando Colón.— Capítulo IV.

(3) Llegada de Cristóbal Colón á Portugal, en el Boletín de la Jleal Academia de la Historia, tomo XXI, página 481.

(1), es decir, del apellido y familia de Cristó­bal Colón—preciso es referirlas también á esta época, entre 1472 y 1477, puesto que parece que Co­lón se estableció en Portugal después del combate naval del Cabo de San Vicente, librado en Agosto de 1476 entre los citados corsarios y los portugue­ses por una parto y naves genovesas por otra.

En este punto no cabe llegar á deducciones au­torizadas por escritos de nuestro Almirante, que tal vez no quiso aludir nunca ai período de su vida en que sirvió al que «espantaban con su nombre hasta los niños en la cuna» (2), al orgulloso, al insolente, al perverso Colón de que nos habla Alonso de Palencia, al «crudelísimo pirata Columbo» citado en las Cartas del Senado veneciano (3), aquel «Ca­pitán de la Armada del Rey de Francia», según frase de Zurita (4), que pirateó á favor de éste.

(1)   Según frase de D. Fernando Colón. Conviene ad­vertir que los columbistas han puesto resuelto empeño en negar, que D. Cristóbal Colón fuera de esta familia, para que sobresalga el error ó la mentira de D. Fernando y sea más fácil identificar al descubridor de América con el lanero de Génova.

(2)   Frase de D. Fernando Colón, refiriéndose á Colón el Mozo, en el capítulo V de la Historia del Almirante.

(3)   Coleccionadas con otras muchas por el Sr. Sal- vagnini en el volumen III de la parte II de la Raccolta. tomo IV, folio 262 recto y vuelto: «De la venida del Capitán Colon con la Armada del Rey de Francia á la costa de Vizcaya».

(4)   Libro XIX de los Anales de la Corona de Ara­gón, compuestos por Geronymo Qurita.—Año MDCX y dél Rey de Portugal contra Aragón y Castilla y que atacó ó intentó acometidas contra puertos de Vizcaya y de Galicia en 1474 y 1476. Hay que atenerse á pasajes de Fernando Colón y del Pa­dre Las Casas y á estudios de modernos investiga­dores y críticos, y dar por muy probable que á con­secuencia del combate antes citado Cristóbal Co­lón, que iba con los corsarios, fijó su residencia en Portugal (1).

(1) Sin duda, estos antecedentes son los que induje­ron al angloamericano Aaron Goodrich á decir que Co­lón ni fue hijo de Dominico, ni genovés, ni siquiera Cris­tóbal Colón. Cree que era un tal Giovanni ó Zorzi, com­pañero de Colón el Joven (cuyo nombre tampoco era éste, sino Nicolo Griego) que tomó el sobrenombre de Colón ó Colombo y se distinguió como pirata y negrero. Con el nombre usurpado de Colón, se casó con la portuguesa Felipa Muñú de Percstrello y domiciliado en la isla de Madera se apoderó de los mapas y documentos del náu­frago Alonso Sánchez de Huelva, marino á qu^en una tempestad había arrojado á las costas de América.— A History of the Character and Achievements of the so-called Christopher Columbus, with numerous IUustra- tions and an Appendix.—New-York, 1874.—Un vol. en 8.° de 403 páginas, con grabados.

Otros autores, Brown, Salvagnini, Harrisse, Vignaud, etcétera, hablan de Zorzi, Jorge, Juan y Nicolo el Grie­go. Sus eruditos trabajos son muy apreciables; pero no acaban de aponer bien en claro la personalidad del lia- de los tripulantes se arrojaron al agua. Uno de ellos fue Cristóbal Colón, que a nado y con ayuda de un remo ó tabla ú otro medio salvador pudo lle­gar á la costa del Algarve. A esto, sin duda, se mado Colón el Joven, en relación con la de Cristóbal Colón.

Respecto á Goodrich, conviene tener muy en cuenta que es uno de los escritores extranjeros de quienes dijo el Sr. Asensio, en su discurso de recepción en la Acade­mia de la Historia, que «han venido á discutir las glorias de los descubridores para ofender las de España, y han desnaturalizado el carácter de Cristóbal Colón y sus re­laciones con los Reyes Católicos». En efecto, es Goodrich el mayor detractor de Colón, y de ello dan perfecta idea las siguientes lineas que traducimos de la página 359 de su obra: «Cuando Europa, Asia y Africa pregunten á América hasta cuándo continuará honrando al que robó á un muerto, se hizo pasar por descubridor y redujo á escla­vitud á sus compañeros ¿qué podrá contestar América?»

En cuanto al viaje de Sánchez de Huelva, ee ha con­trovertido mucho acerca de su verosimilitud, y hay opi­niones muy varias, desde la del citado Asensio que lo considera como una fábula que patrocinó y acrecentó el Inca Garcilaso en sus Comentarios Reales, hasta la de Fernández Duro que terminaba uno de sus magistrales informes ante la Academia de la Historia, con el si­guiente párrafo: «Quien supiese quo la ciudad de Bos­ton en los Estados Unidos de América ha erigido estatua, inaugurada con magníficas fiestas, al northman Leif Erik- sen porque se presume que en el siglo xi, al igual del perdonavida de Cervantes, llegó allí, fuese y no hubo nada, discurrirá que con más razón pudiera levantarla Huelva al piloto humilde que honra, al mismo tiempo que’su nombre, el de la Marina española».—(«La tradi­ción de Alonso Sánchez de Huelva, descubridor de tierras incógnitas» : Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXI, páginas 33-53).

Se refiere en una de sus cartas, que ha conservado lias Casas, y que empieza’ así:

«Muy alto Rey, Dios,, nuestro Señor, milagro­samente me envió acá porque yo sirviese á Vues­tra Alteza; dije milagrosam nte, porque fui á aportar á Portugal, á donde el Rey de allí enten­día en el descubrir más que otro, él le atajó la vis­ta, oído y todos los sentidos, que en catorce años no le pude hacer entender lo que yo dije. También dije milagrosamente, porque hobe cartas de ruego de tres Príncipes que la Reina, que Dios haya, vi do y se las leyó el doctor V Halón» (1).

Transcribo íntegro este párrafo porque sirve para confirmar lo que se lia indicado respecto á la época de llegada de Colón á Portugal. En efecto, quiere aquél decir que en ó dentro de un período de catorce años hubo negociaciones ó tratos, que pudieron durar ó interrumpirse más ó menos, para convencer al portugués, sin poderlo conseguir, de la existencia de tierras al Oeste de Europa. Se han contado los catorce años antes de la venida de Colón á España, es decir, inmediatamente antes de 1483-1485; mas conviene tener en cuenta que las gestiones con Portugal se prosiguieron después de la- venida de Colón á España. Consta que en Marzo de 1488 había correspondencia entre Colón y el monarca portugués, y que éste le daba segu­ridades para que pudiese volver á su Reino (1). En el mismo párrafo transcrito se lee que la Reina vió cartas de tres Príncipes dirigidas á Colón; quié­nes eran esos Príncipes nos lo dice éste en otro escrito suyo, la hoja suelta ya mencionada, en los siguientes términos: «y en fin se dio mi aviso por cosa de burla. Yo con amor proseguí en ello, y res­pondí á Francia y á Inglaterra y á Portogal, que para el Rey y la Reyna, mis Señores, eran esas tie­rras y Señoríos. Las promesas no eran pocas ni vanas» (2).

(1)   Carta sin fecha; pero del texto de Las Casas se deduce que debió escribirse en Mayo ó Junio de 1505. Historia de las Indias, etc., por Fray Bartolomé de las Casas: Ubro II, capítulo XXXVII, en el tomo III, pá­gina 187.

(1)   Carta del rey de Portugal á Cristóbal Colón. Original en el Archivo del Duque de Veragua y publi­cada por Fernández Navarrete en su Colección de los Viages, etc., tomo II, página 5.

(2)   Bien se vé la conformidad entro los varios escritos de Colón. Por esto, con unas cartas se explica y corrobora lo que dice en otras.

De modo que cuando aquí en España se acogía el proyecto de Colón como cosa de burla y éste pro­seguía en su pretensión cerca de los Reyes, ha­cíanle ruegos y valiosas promesas Francia, Ingla­terra y Portugal. Aunque Colón exagerase y diera mayor importancia de la que tenía á esos ruegos y promesas, lo cierto es que hay motivos suficientes para creer en la continuación de las negociaciones pendientes con Portugal hasta 1490 ó 1491, es decir, mientras Colón no tuvo seguridad de que los Reyes de España iban á facilitarle los medios de acome­ter la empresa. Por consiguiente, si de 1490 á 1491 restamos los catorce años mencionados, estaremos en 1476 ó 1477, época generalmente admitida, se­gún se ha dicho, como la de llegada de Colón á Portugal. Con ella, con la época en que fué á apor­tar á Portugal, relaciona Colón los catorce años, según se deduce del párrafo antes transcrito (1).

(1) Aportó Colón á Portugal catorce años antes de dar por terminadas las negociaciones con Juan II para ir á descubrir. Según escribió D. Fernando en su citada Historia, estando Colón en Portugal «empezó á conjetu­rar que del mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía, podría navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel viaje». Después, en el capítulo X de la misma obra, añade que cuando su padre trató «de correr el Océano buscando las tierras referidas», propuso la empresa al rey D. Juan. Este, como príncipe, y aún con el título de Rey (llegó á coro­narse como tal el 11 de Noviembre de 1477) gobernaba en Portugal desde 1476, ó sea cuando Colón llegó á este país, y después también durante las prolongadas ausen­cia de su padre Alfonso Y.

Es muy probable que de esta época, ó sea del tiempo en que vivió en Portugal, daten las relaciones que tuvo con mercaderes y banqueros genoveses, á quienes debió ayuda ó favores. Los legados que hizo en su codicilio de 1506 fueron casi todos para ginoveses, á quienes man­dó dar tales ó cuales cantidades expresadas en reales por­tugueses ó reís, ó en ducados (á ra ón de 375 reis el du- oado). Se trata, pues, de obligaciones ó amistades qus contrajo en Portugal, sin ;que la similitud de algunos nombres autorice para relacionar estos legados con deu­das que el pelaire Columbo contrajo treinta y seis años antes en Génova, en libras y en cantidad distinta de las que legó D. Cristóbal.

De todo lo dicho resulta como conclusión, en cuanto al problema capital aquí planteado, que Cristóbal Colón sirvió á Renato de Anjou y á los Colones corsarios entre 1471 y 1476 (1). Si en cual­quiera de estos años tenía veintiocho de edad, ha­bía nacido entre 1443 y 1448. No podía tener diez y nueve años en Octubre de 1490.

La rotunda afirmación que hace el Almi­rante d© qu© tenía veintiocho años cuando vino á servir á los Reyes de España, no se aviene con las varias opiniones según las que Colón murió entre los sesenta y los setenta años de edad. Por esto se ha indicado la posibilidad de un error de copista, que escribió veinte y ocho en lugar de treinta y ocho ó cuarenta y ocho. Admitida tal suposición, resultaría que nació Colón entre 1445 y 1448, ó en­tre 1435 y 1438, y si nos atenemos”a servicio hecho á los otros, entre 1433-1438, ó éntre 1423-1428. Elí­jase el año que se quiera, no podít tener diez y nueve años en Octubre de llflO (1).

(1) Para los hechos de este período puede leerse, ade­más de las partes correspondientes de la Raccolta y del citado estudio del Sr. Altolaguirre, el del Sr. Paz y Melia, que se titula «Más datos para la vida de Cris­tóbal Colón», y fué publicado en la revista El Cente­nario, 1892, números 23 y 24.

Además de la diferencia de edad entre Colum­bo, lanero, y Colón, marino, hay manifiesta in­compatibilidad entre uno y otro desde el punto de vista de la habitual residencia y por láTclase social á que pertenecían.

(1) Para poner de acuerdo la edad de Columbo con la edad de Colón se ha dicho que acaso entonces, en Ge­nova, bastaría tener diez y nueve años para determinados actos ó contratos, y que el notario, con la frase major annis decemnovem quiso decir que Cristóforo Columbo era mayor de diez y nueve años, aunque menor de veinti­cinco, por lo cual podía tener hasta veinticuatro años. Así, en el supuesto de los treinta y ocho años cuando Colón vino á servir á los Reyes Católicos, pudo Colombo haber nacido en el mismo año que aquél, en 1446, por ejemplo, tener veinticuatro años en 1470 y ser por consi­guiente mayor de diez y nueve. Aparte otras considera­ciones, eruditos estudios acerca de la legislación vigente sobre el particular en aquella época, han demostrado que no hay fundamento para tal interpretación. (Véas? Vig- naud, obra citada, páginas 222-229 y 254 267).

Por I03 documentos italianos sabemos dónde es­taba y qué hacía Columbo en carias épocas del pe­ríodo 1470-1473. Residía en Génova y en Sayona, oompraba vino y lana, era de profesión lanero y vivía entre gentes de su clase, modestos menestra­les, zapateros, tundidores, hormeroa, fruteros, ten­deros y sastres (que de todo hay en las actas nota­riales de Italia), oficio este de algún individuo de la familia Columbo y del que tan pobre idea tenía Colón, pues ya hemos visto cuán despectivamente habla de los sastres en la carta de 1503.

Entre tanto, Colón navegaba, pues había en­trado en la mar desde su más pequeña edad, y se nacía el marino atrevido, inteligente y experimen­tado que él marino nos retrata en sus escritos (1) y confirma con sus hecho3. Navegando, y no car­dando lana ó tejiendo paño, pudo adquirir los co­nocimientos y la práctica del mar que le pusieron en disposición acometer y realizar el descubri­miento de las Indias.

En 21 de Diciembre de 1492 decía Colón: «Yo he andado veinte y tres años en la mar, sin salir della tiempo que se haya de contar, y vi todo el Levante y Poniente, que dice por ir al camino de Septentrión, que es Inglaterra, y he andado la Guinea» (1).

(1) Entre otros puedo verse la Carta á los Reyes de 6 de Febrero de 1502, en .que expone observaciones sobre el arte de navegar: Cartas de Indias, página, 7.

Si los veintitrés años s© cuentan desde el día en que escribe, estaba en la mar desde principios de 1470. Si por haber salido del mar durante el tiempo—que valía la pena de contarlo— en que es­tuvo en España, debe hacerse el cálculo de los vein­titrés años antes de venir á nuestra patria, llega­remos á 1460 ó 1461. En tal caso, es evidente que hacia 1470-73, cuando Columbo compraba vino y lana, y actuaba de testigo en testamentos y com­parecía en otros actos notariales, Colón era y te­nía que ser bien conocido como hombre de mar en localidad en que hubiese nacido y donde resi­diera su familia. Si él hubiera sido el Columbo que se obliga y testifica en Genova y en Savona, no es verosímil que en las correspondientes escri­turas, en que se hace constar el oficio de los que Otorgan ó comparecen, se omitiese su profesión de marino para adjudicarle un oficio que no ejercía.

Hay otro documento que aun más declara la profesión á que se dedicó Colón durante toda su vida. Es la carta antes citada quo se conserva con el Libro de Las Profecías en la Biblioteca Colombina.

(1) «Derrotas y caminos que hizo el Almirante, etc.» : en la Colección de los Viages, etc., de Fernández de Na­varrete, tomo I, página 101.

En el principio d© la carta decía Colón: «Muy al­tos Reyes: De muy pequeña edad entre en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cua­renta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy s© navega, todo lo he andado». Como se vé, resulta de esta carta lo mismo que d© la cita del Diario del viaje, correspondiente al 21 de Di­ciembre de 1492, ó sea la de los veintitrés años andados en la mar antes de 1483-1484. En 1501 Colón nos dice que ya pasaba de los cuarenta años el tiempo durante el cual venía navegando; por tánto navegaba—sin descontar aquí salidas del mar—desde 1460 ó 1461.

IV

Volvamos á la carta del 7 de Julio de 1503, la más importante d© todas las que escribió Colón. Es el único documento en que nos habla de su edad. Clara y terminantemente dice que tenía veintiocho años cuando vino á servir.

Hay que aceptar la primera de las interpretacio­nes á que antes m© h© referido: Colón vino á ser­vir á los Beyes Católicos á los veintiocho añoa de edad, y no cabe referir ]a frase á otros servicios.

Tal ó cual pasaje dudoso de cualquier docu­mento debe interpretarse ante todo en relación con el texto del mismo. La carta de 1503 está dirigida á los Reyes Católicos; á ellos viene siempre refi­riéndose Colón, y la frase «io vine a seruir de veinte y ocho años» está inmediatamente á continuación de otras en que aquél, habla de las tierras que obedecen al rey y reina de España   de las tie­rras que hulo puesto bajo su Real y alto Seño­río. , de que él fué preso y echado con dos her­manos en un navio que nadie podría creer que iba á alzarse contra sus Reyes…….. sin causa ni sin abrazo de otro Príncipe……. y teniendo todos sus hi­jos en la Real Corte. La duda acerca de si s© trata ó no de servicios á los Reyes de España sólo cabe en quien no haya leído la carta.

Y   leyendo más, lo que sigue á veinte y ocho años y antes he transcrito—«i agora no tengo ca- uello, en mi persona, que no sea cano, i el cuerpo enfermo»—, se comprenderá por qué Colón alude á’ la ©dad que tenía cuando vino á servir á los Re­yes Católicos. Se vé bien claro que Colón lamenta su prematura vejez. Poco más ó menos viene á de­cir esto que hubiera dicho en castellano más mo­derno :

«Era yo muy joven cuando vine á servir á Vues­tras Altezas; 110 tenía más que veintiocho años, y tanto he trabajado y tanto he sufrido que ahora, en 1503, á los cuarenta y ocho años, estoy hecho un viejo, completamente canoso, enfermo y abatido».

Otro documento hay que plenamente confirma esta conclusión relativa á la juventud del Almi­rante. Es la hoja suelta antes mencionada, de fines de 1500, ó sea el papel escrito de propia mano del Almirante, que original se conserva en el Archivo del Duque de Veragua y que según D. Martín Fer­nández de Navarrete es una minuta ó borrador de la carta que escribiría, cuando le trajeron preso, á algunas de las personas que le favorecían en la Corte, interesándolos en su desgracia.

Empieza Colón hablando de los años que trans­currieron y disputas que hubo antes de poder aco­meter la empresa de las Indias, y continúa: «Allá he puesto so su Señorío (el de los Reyes) mas tie­rra que non es Africa y Europa, y mas de mil y sietecientas islas, allende la Española que boja mas que toda España. En ellas se cree que flore­cerá la Santa Iglesia grandemente.—Del temporal se puede esperar lo que va diz el vulgo.—En siete años hice yo esta conquista por voluntad Divina. Al tiempo que yo pensé de haber mercedes y des­canso, de improviso fui preso y traído cargado de fierros, con rancho^ deshonor mío, y poco servicio de SS. AA.—La causa fue formada en malicia. La fe de ello fue de personas civiles, y los cuales se habían alzado, y se quisieron aseñorear de la tie­rra. La fe y este que fue á esto, levaba cargo de quedar por Gobernador si la pesquisa fuese grave. ¿Quién ni adonde se juzgará esto por cosa justa? Yo he perdido en esto mi juventud, y la parte que me pertenece de estas cosas y la honra dello». Co­lón, pues, el mismo Colón, y de su propio puño y letra, nos deja escrito que había perdido su ju­ventud en los siete años (1493-1500) en que hizo la conquista de las Indias. Esta “juventud perdida es la dél hombre que vino á servir á los Reyes de Es­paña cuando tenía veintiocho años de edad, y los sirvió, conquistando todas aquellas tierras ó islas, entre los treinta y siete y los cuarenta y cuatro 6 cuarenta y cinco años. Al llegar á esta edad, ya nos dice que había perdido su juventud, ya se conside­raba viejo. Escribe, pues, á fin de 1500 lo mismo que había de escribir á mediados de 1503.

Si como se ha supuesto, murió Colón (1506) en­tre los sesenta y los setenta años, ¿qué juventud’ era esa que había perdido en los siete años de con­quista? ¿La juventud de los cuarenta y siete á los cincuenta y cuatro años? ¿La juventud de los cin­cuenta y siete á los sesenta y cuatro años?

No parece que Colón ni nadie pueda llamar  juventud á estos períodos de la vida del hombre. Sin embargo, dada la confusión que suele haber entre los conceptos de juventud y virilidad, cabe sospechar que al hablar de aquélla quiso referirse Colón á la edad viril, la comprendida entre los treinta y cincuenta años poco más ó menos, esa edad en que vulgarmente se dice que aún se es jo­ven  porque no se ha llegado á viejo. Esta pudo ser la relativa juventud perdida por Colón entro 1493 y 1500. En tal caso, podría admitirse el error del copista que escribió veintiocho en lugar de treinta y ocho, resultando así que en 1483-85 Co­lón tenía treinta y ocho años, que por consiguiente había nacido hacia 1446, que había perdido el vi­gor propio de la edad viril, es decir, lo que él lla­maba juventud, entre los cuarenta y siete y los cincuenta y cuatro años, y que cuando lamentaba su prematura vejez, tres años antes de morir, te­nía cincuenta y siete ó cincuenta y ocho, edad en que por regla general sólo presentan el aspecto de la senectud los hombres que han sufrido y traba­jado mucho.

Pero de todos modos, con más ó menos años, aunque siempre dentro del límite de esa juventud relativa que una y otra vez 6e atribuye, Colón ha­bía estado en la mar desde 1^61, 6 sea veintitrés años antes de 1484, y estaba navegando desde 1^61 ó 1^60, o sea cuarenta años largos antes do 1501. Y admitido el error del copista, aun estará también de acuerdo con las anteriores afirmaciones la que hizo D. Fernando Colón con referencia á otro escrito de sn padre (1), á saber: que había empezado á navegar á los catorce años de edad, es decir, en 1460.

En resumen, Colón nació cuando él lo dice, vein­tiocho años antes de su venida á España, ó treinta y ocho años antes, si así lo dijo, pero hubo error de copia en el documento tantas veces citado.

Colón fué marino y empezó su vida de hombre de mar cuando él lo dice, desde muy pequeña edad; veintitrés años antes de su venida á España, ó sea hacia 1460 ó 1461; cuarenta años ya cumplidos an­tes d© 1501, es decir, hacia 1460 ó 1461, cuando muy pequeño, niño aún, si nació hacia 1456, ó. ya entrado en la adolescencia, si nació hacia .1446* debía acompañar en sus navegaciones ó en otras faenas del mar á los mayores de la desconocida fa­milia á que perteneció. „

Colón aportó á Portugal cuando él lo dice, hacia 1476, ó sea catorce años antes de dar por ter­minadas sus gestiones para convencer al monarca lusitano.

 

(1) En el capítulo IV de la Historia del Almirante, etcétera.

Colón vino á España para entrar al servicio de sus Reyes cuando él lo dice; esto es, en 1483-1485.

Colón murió cuando tenía cincuenta y uno ó sesenta y un años de edad, achacoso, envejecido, con todo el aspecto del hombre que ha llegado á los setenta años. Por esto, los contemporáneos que ha­blan de la edad de Colón le suponen más viejo de lo que era.

Cristóbal Colón, por último, el hombre que es­cribió la carta de 7 de Julio de 1503 y las demás que de él se conocen, no puede ser el Cristóforo Columbo, lanero j humilde menestral de Gónova. Entre todos los escritos de Colón hay siempre rela­tiva conformidad, aun admitiendo distintas inter­pretaciones. No la hay de ningún modo, tómense los documentos que se tomen, háganse las interpre­taciones que se hagan, entre los escritos de don Cristóbal Colón y las citas y escrituras de Génova y Savona referentes á Cristóforo Columbo,

El Colón de los documentos españoles no es el Columbo de los documentos italianos.

Para que Cristóbal Colón, el navegante desde la más pequeña edad por todos los mares conocidos *n 6u tiempo, pudiera ser el sedentario artesano é industrial de la familia Columbo – Fontanarubea de Génova, habría que rasgar todos los papeles escri­tos por el primer Almirante de las Indias, y supo­ner en éste, con el propósito de ocultar su origen, tal previsión de lo porvenir, que se pasó la vida calculando qué era lo que debía consignar acerca dé sus primeros años para anticiparse á desmentir’ lo que resultase de documentos que siglo tras siglo fueran apareciendo en los protocolos notariales de Génova y Savona.

APÉNDICE

Como se ha visto, en el estudio que precede nada se afirma, de modo concreto y preciso, res­pecto á la cuna ó patria de D. Cristóbal Colón. Mi propósito ha sido demostrar que, según todos los escritos que de aquél conocemos, no pudo ser el Cristóforo Columbo con quien se le viene identi­ficando.

Mas aun no siéndolo, pudo pertenecer á familia genovesa, haber nacido en la Ciudad de Génova y haber salido de ella, como se lee en la institución de mayorazgo y mandatos que hizo á su hijo don Diego ó á la persona que heredase el mayorazgo. Todo ello, repito, pudo ser ó suceder. P; ro ¿fue?

So  pena de afirmar que D. Cristóbal mintió ó que es apócrifo el documento citado, la rotunda declaración que aquél hizo parece que obliga á re­conocer que fue genovés. Pero genovés nacido en la ciudad de Génova. No cabe, pues, hablar de Saona, de Cogoleto, de Albisola ó de cualquier otro lugar, dependiente ó no de Génova, como cuna del descubridor de América. Si hubo alguien ó algunos que oyeron decir que era de Saona ó de cualquier otro punto, oyeron mal, ó si oyeron bien, aquel á quien oyeron faltó á la verdad. El mismo Colón lo desmiente.

En el documento á que me refiero, se añade : «y de familia cuyo apellido era y había sido siempre de Colón, y que el heredero del mayorazgo ((había de ser hombre de mi linaje verdadero que se hubiese llamado y llamaran él y sus antecesores de Colón.

Luego ante la afirmación, muy rotunda tam­bién, que hace D. Cristóbal de tener él y su familia y todos los de su linaje verdadero el apellido Co­lón, preciso es reconocer que el descubridor de América, nacido en la ciudad de Génova, se llamó en ésta como se habían llamado sus antecesores, Colón y no Columbo ó Colombo, á no ser que S3 admita, como se hace generalmente, la identidad entre las voces Colón y Colombo.

Si se admite, como el Colombo ó Columbo de las actas notariales de Génova y Saona no puede ser, según se ha demostrado, el descubridor de América, hay que dar con otros Colombos que puedan conside­rarse como los antecesores del primer Almirante de las Indias. Y ciertamente, habría donde elegirle parientes y linajes; sólo del siglo xv cita Harrise 124 individuos de ese apellido en el Genovesado, algunos nautas y aun algún pirata, Vicenzo Co­lombo, á quien ahorcaron en Génova el 18 de Di­ciembre de 1492. (Harrise, tomo II, Apéndice F.: en la lista de Colombos aparecen 12 Bartolomés y 6 Giácomos ó Diegos). Pero bien sabido es que na­die ha podido probar el parentesco de nuestro Co­lón con ninguno de los numerosos Colombos que vi­vían en Italia en el siglo xvi.

Si no se admite la tal identidad, hay que buscar el verdadero linaje de los que siempre se habían llamado, de apellido, Colón. No hay ó no se han encontrado Colones en Italia.

De modo, pues, que no han existido ó no son conocidos en Génova linajes ó familias de Colones 6 Colombos á que hubiera podido pertenecer el que en España se llamó Cristóbal Colón.

De aquí—aparte otras razones—las dudas que ha habido y hay acerca del origen del gran navegante.

Reflejo de estas dudas son los párrafos de otro escrito mío (Cristóbal Colón y la Fiesta de la Ra­za; Junio de 1918). En ellos, al hablar de la magna empresa que realizaron navegantes españoles, dirígidos por Cristóbal Colón y los Pinzones, recor­daba yo que todo en aquélla fué español, pues hasta el mismo Colón que como extranjero se había pre­sentado en Castilla, como natural de estos Reinos se consideraba, hasta tal punto que, aparte el latín que empleó en algunas ocasiones, en castellano ha­bló y escribió siempre. Con razón un ilustre ora­dor colombiano, Antonio Gómez Restrepo, decía en la Fiesta de la Raza, en 1917, en Bogotá, que el castellano fué el idioma que usó Colón «aun en aquellos escritos d© tal manera íntimos y persona­les que sólo se redactan en la lengua que se ha aprendido á hablar desde la cuna. Fn castellano consignó los incidentes de sus portentosos viajes, en forma de diario; en castellano están sus cartas; en castellano fué escrito el libro extraño de las Profecía-s, que nos revela hasta dónde alcanzaba la exaltación de su espíritu de iluminado en aquel hom­bre de sentido tan práctico y tan positivo. No em­pleó Colón en los momentos decisivos de su existen­cia el idioma del Dante, que ya por entonces había llegado á su perfección clásica, sino la lengua vi­gorosa, enérgica, ruda todavía, pero próxima á los esplendores de la Edad de oro, de la cual había de decir Carlos V, poco después, que era el idioma más apropiado para hablar con Dios».

Se ha dicho que D. Cristóbal Colón escribía mal el castellano, aduciendo esta circunstancia como una prueba de que era lo que él decía ser, extranjero. Lo escribía, sin embargo, mucho mejor que gran número de castellanos contemporáneos suyos y posteriores, que nada tenían de extranje­ros. Léanse, por ejemplo, algunas Memorias de nuestros Virreyes en América y multitud de docu­mentos oficiales y cartas particulares, y crónicas y descripciones geográficas de los siglos xvi y xvii.

Pero no hay dificultad en admitir que las inco­rrecciones de lenguaje que ¡en los funcionarios pú­blicos y otros escritores de la época se debían á su es­casa cultura literaria, en Colón procedían de esto mismo y de haber hablado antes otros idiomas: el portugués en los años inmediatamente anterio­res á la época en que vino á Castilla; en su juventud ó en su infancia, el italiano, ó acaso la jerga que solían hablar los marinos del Mediterráneo en el siglo xv. Navegó, como él dijo, ((desde muy pe­queña edad», viviendo, pues, entre gente de mar, tosca, y de humilde condición, y habló el idioma que hablasen y como lo hablasen las personas con quie­nes navegaba.

Si  nació en Genova y con italianos convivió en sus primeros años, dialecto italiano debió hablar. Sin embargo, á juzgar por algunas notas margina­les escritas en códices que poseía y han llegado hasta nosotros, y en las que se leen palabras y fra­ses de dicha lengua, debió haber hablado en ella muy poco y muy mal. Conocía este idioma mucho menos que el portugués y el castellano, idiomas de países en los que, como sabemos, pasó casi toda su vida, cuando no estaba en el mar.

En los textos latinos de Colón adviértese con toda, claridad la influencia del castellano y el por­tugués, circunstancia que hizo notar el Sr. César de Lollis (1), uno de los autores de la Raccolta Co­lombiana. Claro es que ni Lollis ni los demás crí­ticos italianos deducen de aquí que Colón hubiera sido español ó portugués; pero sí que aprendió el latín en Portugal ó en Castilla, es decir, cuando ya hablaba corrientemente los idiomas de estos Rei nos. No puede decirse lo mismo del idioma italia­no. Lo desconocía ó lo había olvidado, hasta tal punto que no lo empleó ni en cartas dirigidas al Papa y á la Señoría de Génova (1).

(1)   «On peut meme ajouter que le latin de Colomb sent de trop prés l’influence de l’espagnol (on du porlu- gaia) pour ne pas donner lieu au soupgon que ce fut dans la peninsule ibérique qu’il aborda pour la premiére fois le langue de Cicerón: ainsi, par exeraple, au nominatif pluriel des substantifs il donne pres que toujours la dési- nonco espagnole as ou os». («¿Qui a découvert rAmóri- que?—Christophe Colomb et Paolo Toscanelli».—Revue des Itevues, 15 Enero 1898, páginas 146-159).

Una vez más se demuestra, pues, que si Colón salió de Génova, debió salir, como él dijo, en muy pequeña edad. No era el pelaire de Génova que des­pués de los diez y nueve años estaba en dicha ciu­dad y hablaba y declaraba en italiano (2).

*

* *

La cuestión de los apellidos Colón y Colombo merece algunas consideraciones. En España se ha dicho siempre Colón. Fuera de España se dice Colombo y Colomb. Aun entre nosotros, al latinizar, se ha optado por la forma Columbus, y también hemos admitido los adjetivos Colombino y Colom­biano.

(1)   El mismo Lollis, en el artículo antes citado, ad­vierto como circunstancia muy digna de interés, que Cris­tóbal Colón volvió á su lengua nativa, el italiano, en los últimos años de su vida, cuando empezaba ya á dudar de la gratitud española. Pero tiene que reconocer y declarar que todo el italiano de los últimos años de Colón queda reducido á dos breves notas, una intercalada en el Libro de las Profecías, y otra marginal puesta en el ejemplar de una edición de Plinio. Se trata do las notas que estu­dió D. Simón de la Rosa, entre ellas la que, como so dice en la nota siguiente, ha servido al Sr. Calzada para demostrar que Colón no sabía escribir en italiano.

(2)   D. Rafael Calzada en su reciente obra La, Patria de Colón examina, critica y reproduce en facsímil un c autógrafo de Colón demostrativo de que éste no era italiano». Se trata del autógrafo que D. Simón de la Rosa consideró como uno de los más indubitados del Al­mirante y que empieza : « del ambra es cierto nascere», mezcla de palabras castellanas, italianas y latinas que según el Sr. Calzada usó Colón para dar color de verdad á su simulación de extranjería.

Se ha supuesto que el Colombo italiano, pa­sando por las formas Colomo y Colom, llegó á ser Colón en Castilla y en toda España; donde, sin embargo, á fines del siglo xv y antes había ya Colones que nada tenían de italianos y que se citan en documentos de Castilla, de Aragón, de Galicia, etcétera.

Ya sabemos que, según D. Cristóbal, el apellido verdadero suyo y de su linaje y familia y de sus antecesores era Colón. Dada la identidad que se ha venido admitiendo entre Colón y Colombo, se supone que el fundador del mayorazgo debió creer que aunque escribiese Colón, todo el mundo enten­dería Colombo, y que entre los Colombos oriundos de Génova se buscaría al individuo cuyo verdadero apellido fuese Colón!

La cosa es tan rara, es tan peregrina esta ma­nera de discurrir, que hace dudar si tienen <5 no razón los que sospechan que mintió el Almirante cuando dijo que era de Génova. Acaso por no sa­ber que había en esta ciudad individuos apellida­dos Colombo ó por no haberle asaltado el temor de que los Colombos pudieran convertirse en Colones y en parientes suyos, se hizo pasar por genovés. Lo que sí parece evidente es que Colón no tenía la me­nor noticia de la existencia de los Colombos-Fontanarubea de Génova. En efecto, si se propuso ocul­tar su origen, resulta “bien extraño que el único do­cumento en que dijo que era de Génova sea la Ins­titución de .Mayorazgo, precisamente la institu­ción que sirve para perpetuar la nobleza, por él adquirida, en sus hijos y sucesores. Admitido aquel propósito, ¿es lógico que Colón abra camino para investigar su humilde origen, dando el nombre de la ciudad donde nació y de donde salió y, por con­siguiente, si los Colones eran los Colombos laneros, dando facilidades para descubrir á su familia, de modo que pudiera saberse que los Colones, los Al­mirantes de las Indias, los Duques de Veragua, descendían de pelaires, sastres, hormeros, etc., et­cétera? Lo lógico sería suponer que Colón nació en cualquier parte del mundo, menos en Génova. El ideal de Colón debió ser que nadie pudiera pa­sar en la historia de su familia más allá del fun­dador del Mayorazgo, es decir, de él mismo. Y, ciertamente, lo ha conseguido. Kan transcurrido más de cuatro siglos, y aun se sigue discutiendo acerca de su patria y familia.

Mas dejando aparte suposiciones, el hecho in­dudable es que nunca en documentos oficiales, en Reales Cédulas, provisiones, títulos, asientos, me­moriales y cartas relativos al Almirante D. Cristó­bal Colón (1), aparece el apellido Colombo, ni se alude en ningún escrito del Almirante á la familia que dieron como suya los analistas ó historiadores genoveses.

Según hic© notar en el artículo antes citado, Colón se presentó en ‘Andalucía como extranjero que había pasado casi toda su vida en el mar desde muy temprana edad, sin referirse nunca á su pa­tria y familia; era un desconocido que no ss decía español, pero que usaba un apellido bastante co­mún en España. Colomo, Colom y Colón se apelli­daba cuando pidió y obtuvo, de 1487 á 1492, los auxilios pecuniarios que de orden de los Reyes le entregaban los tesoreros ó contadores, y Colom y Colón se le apellidaba en el finiquito de las Cuen­tas de Santángel y Pinelo; Colomo escribe el Du­que de Medinaceli en carta de 19 de Marzo de 1493 dirigida al Gran Cardenal de España; Colón le llama en su carta el Rey de Portugal; Colón se le llama en las Capitulaciones de Granada, que re­frendó un español casi de su mismo apellidos Juan de Coloma,, y aun este apellido, Coloma, es el que le da Aníbal Januarius al noticiar la llegada, á Lis­boa de «uno que ha descubierto ciertas islas»; Co­lón se apellida él mismo en el preámbulo del Diario de á bordo; Colom se lee al pie de la postdata de las cartas que escribió á Luis de Santángel y á Rafael Sánchez al regresar d© su primer viaje; Colón y no Colombo es el dilecto hijo de que habla Alejandro VI en su Bula de 1493 ; por último, Co­lón so apellidaban los de su linaje, según declara en la institución de mayorazgo, en ese documento que debió escribir con la vista puesta en el país de los Colimbos, en la República de Génova, su «amantísima patria» según el codicilo militar apócrifo de 1506, én la ciudad de Génova, ((de donde salió y en donde nació» según la citada institución de ma­yorazgo. Y sin embargo, tan españolizado ó caste­llanizado estaba el Almirante que, suponiendo que fuera de la familia ¿e aquellos Colombos, no recor­daba ó no tuvo en cuenta, aun tratándose de acto en que tanta trascendencia tiene el apellido, que en Génova los d© su linaje se llamaban Colombos y no Colones.

(1) Bibliografía colombina: enumeración de libros y documentos concernientes á Cristóbal Colón y sus viajes. Obra que publicó la Real Academia de la Historia por encargo de la Junta Directiva del IV Centenario del Descubrimiento de América.—Madrid* 1892.

¿Que Colombo, por una parte, y Colón, Colom ó Colomo, por otra, son un mismo apellido? ¿Que los Colombos italianos se llamaban Colones en Es­paña y los Colones ó Colomos españoles eran Co­lombos en Italia?

Puede ser ó no ser. Pero lo indudable es que Cristóbal Colón s:empre, hasta el último momento de su vida, quiso llamarse Colón, á la española, y no Colombo, á la italiana. Siempre desdeñó á Ita­lia. Ni un solo nombre de lugar de este país, ni • uno solo que recordara á personas ó cosas de Co­lombos de Génova, aparecen en las tierras que des­cubrió (1). Todo es hispano (castellano, portugués, gallego)’.

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(1) Hay un nombre entre esas tierras que parece ita­liano. Es la Saona, isleta situada cerca de la extremidad S.E. de la isla Española. Se ha pretendido que se le dió tal nombre en memoria de la Savona de Italia; pero no hay fundamento para tal pretensión. Sin aludir á aquélla, habla Colón, en una nota del libro de las Pro­fecías, de la isla Saona: «el año de 1494, estando yo en la ysla saona que es al cabo oriental de la isla española, obo eclipsis de la luna a 14 de setiembre y se falló que había diferencia de allí al cabo de S. Vicente en Portu­gal cinco oras y más de media». La mención de este eclipse la repite Colón en la carta que escribió á S. S. en Febrero de 1502, aunque sin nombrar á Saona. Esta voz parece ser indígena; por aquella parte de la isla Espa­ñola los indios llamaban al oro caona, que con cedilla suena caona, saona. «Caona llamaban al oro en la ma­yor parte de la isla Española». (Fernández de Nava­rrete, tomo I, página 134).

 

Las consideraciones que preceden pudieran su­gerir la idea de que Cristóbal Colón fue español u oriundo de tierras hispanas. Para creerlo así hay, en efecto, muchos indicios; pero no bastan. Hacen falta pruebas muy fehacientes para negar la cua­lidad d© extranjero á quien como tal se calificaba él mismo hasta en sus últimos años, en aquella Carta rarísima de 1503…….. «quien creerá que un pobre estrangero se oviese de alzar en tal lugar contra V. A » (1).

Pero repito que siempre procedió como español, y como si fuera natural de España lo consideraban los Reyes que, en Abril de 1497, al darle fa­cultad para fundar uno ó más mayorazgos, razonaban la merced, entre otros motivos, en que es propia cosa de Reyes y Príncipes «honrar e subli­mar á sus súbditos y naturales».

(1) Si, como algunos han supuesto, fué portugués, pudo, sin faltar á la verdad, calificarse de extranjero en los Reinos de Castilla y Aragón.