Biografía de Cristóbal de Sotomayor.

escudo-puerto-ricoRecibo una carta de Barack Obama, quien se identifica como presidente de losEEUU, casado, dos hijas. Dice así:

Querido Rodrigo:
Siento curiosidad por la figura de Cristóbal de Sotomayor, hijo del conde de Camiña y primer conquistador de Puerto Rico. ¿Podrías, please, escribir y publicar su biografía si no quieres que toda tu familia sea asesinada por mis servicios secretos? Mi esposa Michelle y yo estaríamos encantados bla, bla, bla.
Así, he decidido publicar el capítulo dedicado a Cristóbal de Sotomayor en mi libro “Colón, Pontevedra, Caminha“. Creo que es, hasta la fecha, el primer intento de reconstruir la vida de este caballero pontevedrés, y creo que es un buen punto de partida para posteriores estudios biográficos.
Ahí va.
 
Capítulo IV: 
Un hijo de Pedro Madruga: Cristóbal “Colón” de Sotomayor, el favorito de los reyes.
Hasta ahora teníamos noticia de la amistad entre Hernando Colón, el hijo menor del descubridor y Cristóbal de Sotomayor, hijo de Pedro Madruga, a través de una anotación hecha por el propio Hernando en su ejemplar del libro “Sedacina Totius”:
“Diómelo con la “Suma” de Geber, don Xristóbal de Sotomayor hijo de la condesa de Camiña…”
En aquellos tiempos un libro era una posesión rara y valiosísima. Existían “bibliotecas” que no pasaban de una docena de ejemplares, y raras eran las que superaban esa cantidad que no se encontraran en un monasterio. Pero para Hernando Colón, el mayor bibliófilo de su época, quien dedicó la mayor parte de su vida y su dinero a fundar la “Biblioteca Fernandina”, luego llamada “Colombina”, debió significar un gran gesto de amistad recibir nada menos que dos ejemplares de obras significativas del hijo de Pedro Madruga, y así lo hizo constar. Y Cristóbal de Sotomayor debía tener poderosos motivos para desprenderse de tan preciada mercancía.
Pero hoy podemos demostrar además que la amistad entre estos dos personajes se extendía también a otro hijo de Colón, Diego Colón, quien sucedió a su padre en el título de almirante.
Este Cristóbal de Sotomayor fue un protegido de la reina Isabel prácticamente desde su infancia. No deja de sorprendernos que la reina mostrase tanto interés por el hijo menor de Pedro Madruga, quien en tiempos fuera uno de sus más feroces enemigos. Téngase en cuenta que el benjamín de un señor nombrado en Portugal conde de primera generación tampoco era tan importante en comparación con muchos otros nobles de mucho mayor linaje que no recibieron ni por asomo tantas atenciones por parte de los reyes como Cristóbal de Sotomayor.
Y más sorprendente aún es el seguimiento que la corona hace de este personaje hasta después de su muerte, que, como veremos, causó conmoción al rey Fernando. Ya no sería tan sorprendente, sin embargo, si Pedro Madruga y Colón fueran una misma persona, pues ese trato privilegiado a Cristóbal Sotomayor se entendería como una graciosa concesión de los reyes al descubridor.
El primer documento que hace referencia a este personaje lo encontramos en los archivos del Patronato Real una carta fechada en octubre de 1498 con la siguiente descripción:
“Carta de los Reyes Católicos al Doctor Puebla recomendando a Cristóbal de Sotomayor, hijo de la Condesa de Camiña, enviado a Inglaterra para servir al Príncipe de Gales”
En 1498 Cristóbal de Sotomayor tendría 12 años, por lo que su función junto al príncipe de Gales, futuro yerno de Isabel la Católica, sería con toda probabilidad la de servir como paje, un honor solamente reservado a niños de la nobleza cuyo futuro, en realidad, se pretende asegurar. La carta al doctor Puebla, embajador en Londres nos demuestra el interés de los reyes Isabel y Fernando.
Poco tiempo después, en mayo de 1501, tenemos de nuevo a la corona española, en este caso solamente a la reina, ocupándose del pequeño Cristóbal:
“A Alonso de Morales, tesorero, que libre a Cristóbal de Sotomayor, hijo del conde de Camiña, 50.000 mrs para ayuda de mantenimiento”
Sirva el subrayado para resaltar lo que consideramos una inusual anomalía: generalmente cuando se trata de identificar a un hidalgo a través de su linaje se cita siempre al pariente vivo. Así, supuestamente en esa fecha, ya “fallecido” quien ostenta el título, lo normal hubiera sido referirse a Cristóbal de Sotomayor como “hijo de la condesa de Camiña”, tal como se hace habitualmente.
Desconocemos cuánto tiempo permanece en Londres el hijo de Pedro Madruga, pero sabemos por distintas fuentes que posteriormente ejerce como secretario de Felipe el Hermoso. El efímero reinado del marido de Juana la Loca debe dejar descolocado a Cristóbal de Sotomayor y, tras su corto período como Secretario Real, en 1509 se decide su viaje a América.
La isla de Puerto Rico, aún despoblada, parecía un buen destino, y muchos se pelearon por él. Pero el rey Fernando en persona decide adjudicárselo a Cristóbal de Sotomayor. Nos lo cuenta José Ferrer de Couto en su “Historia de la Marina Real Española” que trata de lo acontecido “desde el descubrimiento de las Américas hasta el combate de Trafalgar”, edición de 1856:
“Las nuevas que de la isla de San Juan (de Puerto Rico) se habían tenido en España…despertaron las ambiciones, siempre exigentes de parciales y favoritos; y por estas, antes de conocer bien a fondo la importancia de la dicha isla, si no era por las anteriores negociaciones y asientos hechos con Vicente Yáñes Pinzón y por los informes del primer almirante, el rey hubo de conceder licencia para ir a poblar en ella a un don Cristóbal de Sotomayor, hijo de la condesa de Camiña…”
O sea que a pesar de los insistentes y “exigentes” ruegos de “parciales y favoritos” el Rey se decanta por “un don Cristóbal de Sotomayor”. El autor del texto parece, como nosotros, sorprendido ante la decisión del monarca, que da la vacante a “un” hidalgo que no es, a priori, favorito.
Y un desfile de cédulas reales firmadas el 9 de enero pretenden garantizar que su estancia allí sea lo más cómoda posible, asignándole un papel destacado en la colonización de Puerto Rico. Veamos el resultado:
“Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación para que dejen pasar dos caballos y dos yeguas a la Española a don Cristóbal de Sotomayor”
El uso de caballos estaba reservado a las familias de la nobleza, pero además este caso sugiere que la intención de Cristóbal de Sotomayor es la de criarlos, con lo que se asegura una fuente de ingresos. 
“Real Cédula a don Diego Colón, gobernador de Indias, recomendando a don Cristóbal de Sotomayor.”
Esta cédula sobraba, pues Diego Colón  trató siempre con deferencia al hijo de Pedro Madruga. Juan Castellanos es un cronista a quien se hace poco caso por haberse tomado la molestia de escribir en verso su crónica “Elegías de Varones Ilustres de Indias”. Aún por encima. Nos cuenta así la llegada del hijo de Pedro Madruga a Puerto Rico:
“El don Diego Colón trae consigo
Un Sotomayor, hombre generoso;
Don Diego se le daba por amigo,
Por ser hijo de Conde Valeroso,
Y el rey a éste por hacer bienes
Dió la gobernación de Boriquenes.”
Aparte de que este cronista nos confirma la amistad entre Diego Colón y Cristóbal de Sotomayor, es ambiguo a la hora de definir cuál de los dos es el “hijo de Conde Valeroso”. Por otra parte, es preciso afirmar que Diego Colón conocía a todos los hijos de condes valerosos que había en el reino, y no por eso era amigo de todos ellos.
Durante siglos se ha especulado con la posibilidad de que en principio el destino de Cristóbal de Sotomayor fuera el de gobernador de la isla de San Juan de Puerto Rico. Algunos cronistas así lo refieren, y cuentan que Diego Colón se negó a ratificar tal responsabilidad a Sotomayor por considerarlo una intromisión en sus privilegios, que incluían el nombramiento de cargos. Pero no encontramos ningún documento que avale tal teoría, y si los siguientes que demuestran, entre otras cosas, que el gobierno de la isla ya estaba asignado.
“Real Cédula al gobernador de la isla de San Juan recomendándole a don Cristóbal de Sotomayor y a los oficiales que lleva con él para levantar la casa de fundición en esa isla”
Otro negocio, y en este caso importante. A medida que los descubrimientos de nuevas tierras revelaban los recursos que en ellas había se hacía necesario poner los medios para extraerlos y procesarlos, ése era, en definitiva, el propósito del primer viaje de Colón: la búsqueda de riqueza para sí mismo y para los reyes, y la gestión de una casa de fundición era uno de los mayores negocios que se podían proporcionar.
“Real Cédula al gobernador de la Isla de San Juan para que den vecindad a las personas que acompañaren a don Cristóbal de Sotomayor”
Pretende el rey asegurar que el séquito de Cristóbal de Sotomayor se instale sin problemas en la isla.
“Real Cédula a don Cristóbal de Sotomayor para que pueda poblar en la isla de San Juan, tomando los indios y tierras que necesitare.”
La escasez de indios, ya en esa época, se había convertido en un serio problema. Vicente Murga, en “El Concejo o Cabildo de la ciudad de San Juan de Puerto Rico (1527-1550)” nos da cifras:
“… la población india no era tan grande como muchos historiadores han escrito, porque Cristóbal de Sotomayor, a quien se le había asignado «el principal de los caciques», o sea Agüeybaná, sólo tenía seiscientos indios”
Por otra parte, tenemos los datos de la isla facilitados por la “Revista de Indias, 2002, vol. LXII, núm. 225” sobre la población aborigen de Puerto Rico:
“Otro documento considerado como un hito en este debate es el censo que el gobernador Francisco Manuel de Lando realizó en 1530. Este presentaba una población amerindia entre 1.148, de acuerdo a la interpretación de Brau, y 1.043, de acuerdo a Damiani Cósimi”
Si en 1530, dos décadas después de la llegada del hijo de Pedro Madruga a Puerto Rico el censo total se cifraba en torno a 1.100 indios, por mucho que hubiera descendido la población en ese periodo debemos admitir que la posesión de 600 indios era enorme, máxime si tenemos en cuenta que ni siquiera Ponce de León, capitán de Cristóbal de Sotomayor tenía tantos indios como su subalterno. Volvemos a la Revista de Indias:
“Lo más significativo es, que de acuerdo a ambas interpretaciones, con la excepción de la Corona, y quizás Sotomayor, nadie recibió más de doscientos indios, y la mayoría recibieron muchos menos. O sea que, a pesar de cualquier posible irregularidad, ningún colono obtuvo una cantidad enorme de hombres.”
Salvo el hijo Pedro Madruga, conde de Camiña, que obtuvo 600, tres veces más que los elegidos que recibían 200, “y la mayoría recibieron muchos menos”.
Ni el Propio Luis Colón, sucesor del descubridor y almirante de Indias tenía años más tarde, en 1557, las facilidades que tuvo el hijo de Pedro Madruga:
“Real Cédula a los oficiales reales de la isla Española y a los de Tierra Firme; que se ha hecho merced a Don Luis Colon almirante de las Indias y duque de la Vega de darle licencia para que… pueda pasar a las Indias …cuatrocientos esclavos negros, la tercia parte hembras, libres de derechos por cuanto se obligó de pagar los 3.600 ducados que montan dichos derechos a razón de nueve ducados cada esclavo en tres anualidades… Que tengan especial cuidado de cobrar para el 23 de noviembre de este año y de los dos siguientes los respectivos tercios de a 1.200 ducados descontándoles de la renta del dicho almirante y enviarlos registrados en nombre de S.M. a la Casa de la Contratación”
A este almirante se le conceden solamente 400 esclavos, 200 menos que a Sotomayor, pero ha de pagar por ellos una cifra nada desdeñable y la corona insiste en que se ponga especial celo en el cobro, condiciones que no se aplicaron a Cristóbal de Sotomayor.
Y la facultad que se le confiere a Cristóbal de tomar cuantas tierras e indios “necesitare”, es decir, aquellos recursos y mano de obra que quiera coger, suponen un privilegio del que, como se ve, no disfrutaba nadie. Una vez más debemos preguntarnos qué compromiso unía a la Corona con este hijo de Pedro Madruga para concederle mercedes de las que no gozaban otros. A mediados del mismo año, ya don Cristóbal instalado en San Juan se emite un nuevo documento:
“Real Cédula concediendo permiso a don Cristóbal de Sotomayor para que tenga dos carabelas en la isla de San Juan para llevar indios de las islas comarcanas.”
El control que ejercía el estado sobre el tráfico de mercancías impedía a cualquiera tener carabelas sin licencia real. Para ello necesitaban un permiso como este que se concede al hijo de Pedro Madruga. Pero además lo habilitan tácitamente para tomar esclavos de otras islas, ya que debió toparse a su llegada con la carestía de nativos antes explicada.
“Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación para que dejen llevar a don Cristóbal de Sotomayor dos carabelas a la isla de San Juan.”
Esta cédula se emite dos meses después de la anterior, por lo que debe hacer referencia a las mismas dos carabelas.
Debió tener el personaje algún problema burocrático con la posesión de esclavos, pues en febrero de 1511 se emite una nueva cédula que confirma sus derechos:
“Real Cédula a Juan Ponce de León, capitán de la isla de San Juan, para que no se le quiten a don Cristóbal de Sotomayor, que reside en esa isla, el cacique e indios que se le dieron no habiendo motivos por los que deba perderlos.”
La “posesión” de un cacique era valiosa, pues con él se aseguraba, en principio, la obediencia del resto de los indios que estaban bajo su mando. Esa fue, quizás la causa de la muerte de don Cristóbal, como explicaremos más adelante.
Esclavos, carabelas, caballos y yeguas, casa de fundición, recursos, todo se le da y se le otorga al hijo de Pedro Madruga, hasta el punto de ocuparse el rey en persona de eliminar trabas administrativas para facilitarle las cosas hasta extremos que podrían parecer insultantes a otros que no contaban con tal “enchufe”.
Durante su estancia en Puerto Rico, Cristóbal de Sotomayor funda primero la villa de Távora, en honor a su madre, Teresa de Távora. Poco después este pueblo es abandonado por las difíciles condiciones que ofrece y una nueva villa, llamada Sotomayor, surge en el sitio de Aguada. Así nos lo cuenta Juan de Castellanos:
“…Fundólo don Cristóbal do decimos
Que es el Sotomayor que referimos.
Mas donde manifiestan mis escritos
No comportó la gente ser poblada,
Por ser tanta la copia de mosquitos
Que nunca se vió plaga tan pesada;
Y ansí, vencido ya de tantos gritos,
La pasó don Cristóbal al Aguada,
Que es al oeste norueste desta vía
Con nombre del renombre que él tenía.”
La elección de este lugar se suma a las “casualidades” que nos acompañan desde el principio, pues “Aguada de Colón” era el primer lugar descubierto por Colón en Puerto Rico, y era llamado así porque allí se había detenido el almirante para cargar agua para su flota. El rebautizar precisamente ese lugar como Sotomayor parece un doble homenaje a Pedro Madruga. En ese lugar, hoy simplemente llamado Aguada, se refieren aún actualmente a Cristóbal de Sotomayor como “Cristóbal Colón de Sotomayor”. Reproducimos a continuación la información oficial que ofrece el municipio de la Aguada:
“En 1493 Cristobal Colón desembarcó en Puerto Rico por una bahía en el noreste y tomó posesión de la isla. Acampó dos días y se aprovisionó de agua en los manantiales que encontró cerca de la orilla y se le llamó más tarde como Pozos Colombinos, y al lugar de la bahía La Aguada de Colón en Puerto Rico.
En los años 1508-1510, Ponce de León ordenó a su lugarteniente, Don Cristóbal Colón de Sotomayor, fundar la segunda población de la isla en la región de el Puerto de los Pozos de la Aguada de Colón. 
Sotomayor levantó el primer poblado en el 1510 con el nombre de La Villade Sotomayor.”
Es decir, Cristóbal “Colón” de Sotomayor eligió un lugar llamado “Aguada de Colón” para fundar un pueblo llamado “Villa de Sotomayor”. Y lo hizo “con nombre del renombre que él tenía”.
Y según el investigador Lino Gómez Canedo, durante una visita efectuada al Archivo Nacional de Puerto Rico, existía allí en 1960 una copia de la Cartaenviada por Juan Cerón al rey en que da cuenta de la muerte de Cristóbal refiriéndose a él con ese mismo apellido Colón. “Cristóbal Colón de Sotomayor”. Y Juan Cerón, alcalde mayor de San Juan conoció personalmente a Cristóbal Colón y a Cristóbal de Sotomayor, por lo que no parece un error gratuito. Lo cierto es que la información oficial que ofrece aún hoy el ayuntamiento de Aguada, como hemos visto, también utiliza el apellido Colón para nombrar al hijo de Pedro Madruga. Otra impactante “casualidad”. Pero sigamos con las preocupaciones del rey Fernando:
“Real Cédula a don Diego Colón, almirante y gobernador de las Indias, para que deje sacar de la isla Española para la de San Juan ciertas yeguas, vestidos y otras cosas que dejó allí don Cristóbal de Sotomayor”
Este documento prueba que el hijo de Pedro Madruga tenía línea directa con el rey, y nuevamente tenemos a la corona ocupándose de un asunto menor en defensa de su protegido. Probablemente Cristóbal tuvo otra vez algún impedimento formal para trasladar sus “yeguas, vestidos y otras cosas” y el rey en persona toma cartas en el asunto ordenando directamente a Diego Colón, que tampoco perdía su tiempo en estas bagatelas, que se encargue del asunto.
Durante su corta estancia en Puerto Rico, este Cristóbal “Colón” de Sotomayor se enamoró de una hermana del cacique de su propiedad, con quien llegó a tener un hijo llamado Pedro. Este cacique, quien seguramente con toda razón estaba harto del colonizador de sus tierras, y humillado por la relación que mantenía con su hermana, le tiende una celada en la que son asesinados el propio Cristóbal “Colón” de Sotomayor, un sobrino suyo y la hermana del cacique.
La muerte del hijo de Pedro Madruga causa una nueva remesa de cédulas. Llegando ya al año 1511, casi dos décadas después del primer viaje de Colón en 1492, no era el hijo de Pedro Madruga el primer hidalgo que moría en América. Y si contamos las muertes producidas en otros territorios de los reinos de Fernando el Católico y la poca importancia que el rey daba a los asuntos del nuevo mundo, sorprende una vez más la conmoción que causa el asesinato de Cristóbal “Colón” de Sotomayor. En octubre de 1511, al poco de la muerte del hijo de Pedro Madruga, el rey se preocupa por su herencia:
“Real Cédula a don Diego Colón, almirante,  virrey y gobernador de Indias, y a otras justicias de la isla Española y de San Juan para que acudan a don Diego de Sotomayor o a la persona que tenga su poder, con todos los bienes que su hermano don Cristóbal de Sotomayor dejó cuando le mataron los indios de la isla de San Juan, si no están embargados por deudas, y asimismo le acudan con una carabela que don Cristóbal dio al piloto Martín Núñez, vecino de Palos, para que se la llevase a la isla de San Juan.”
Poco después, el 13 de Diciembre de 1511 Fernando el Católico escribe a su nieto el príncipe Carlos (futuro emperador Carlos V) dando cuenta de la muerte de Cristóbal de Sotomayor
“…quen la Isla de Sant Xoan, todos los más de los yndios quen ella estaban, mataron a trayción e alevosamente a Don Crystobal de Sotomayor, Lugar-Thyniente de Nuestro Capitan de la dicha Isla, e a Don Diego de Sotomayor, su sobrino, e a otros muchos crystianos quen la dicha Isla estaban, e ellos pidieron a voces los matar, e abrasaron un lugar de la dicha Isla, de dos quen ella abia, e matando todos los crysthianos que tomaron, dempues se alzaron e rrebelaron contra Nuestro servycio, e a thernido forma como todos los otros yndios que quedaban en la dicha Isla de Sant Xoan se rrebelaban como lo están rrebelados, faciendo guerra a los crysthianos…”
Éste documento, reproducido en 1915 por  Cayetano Coll y Toste en, “Boletín histórico de Puerto Rico, tomo II”, prueba la preocupación ya no solamente institucional, también personal, que siente la corona por la muerte de tan querido vasallo. Y saltándose una orden previa, dada seguramente en América por algún capitán o gobernador, el rey Fernando se ocupa de vengar el asesinato:
“Real Cédula a Juan Cerón, alcalde mayor de la fortaleza de San Juan y a Miguel Díaz, alguacil mayor de la misma, para que no obstante el mandamiento que se les dio para enviar a la Española los indios que tomasen a la fuerza de los que estaban rebelados por la muerte de don Cristóbal de Sotomayor, los tengan ahí aherrojados y en las minas de Su Majestad para que los que los vean tomen ejemplo.”
Ciertamente, da la impresión que el rey no tenga otros asuntos de los que ocuparse. El interés que pone en Cristóbal de Sotomayor es inusual de todo punto. Cientos de cortesanos, de nobles, llaman a diario a las puertas de palacio para pedir favores para sí o sus hijos. Y el rey desplaza sus atenciones a un hidalgo que se encuentra al otro lado del Atlántico, y que no tiene más galones que exhibir que los de ser el hijo pequeño del mayor enemigo que tuvo el rey en otros tiempos. Repetimos, solamente entendiendo que Pedro Madruga y Colón sean una misma persona podemos explicar este desmesurado interés por Cristóbal “Colón” Sotomayor.
Pero todavía el rey hacia el fin de su vida se sigue ocupando de la familia, esta vez del hijo que Cristóbal tuvo con la hermana del cacique. Así, en 1515, dicta una nueva cédula:
“Real Cédula al Adelantado Juan Ponce de León y al licenciado Velásquez, repartidores de indios de la isla de San Juan, para que encomienden a D. Pedro de Sotomayor los indios que tenía su padre D. Cristóbal de Sotomayor, difunto, como merced por los servicios de éste, y entretanto llega D. Pedro a la isla, tenga los indios el contador Antonio Sedeño.”
Este Pedro debía contar apenas cinco o seis años de edad, por lo que difícilmente podría ocuparse de “sus” indios, pero el rey pretende asegurar el futuro del niño, como ya hiciera con su padre. Cristóbal nunca llegó a casarse con la india, por lo que el tratamiento de “don” otorgado al niño bastardo sugiere que fue legitimado, seguramente a petición de su tío Diego de Sotomayor,  otro hijo de Pedro Madruga, a quien se hace referencia en el documento anterior, y que residía en Extremadura ocupando un cargo en la Orden de Alcántara y a quien dedicamos capítulo aparte.
Desconocemos si Pedro de Sotomayor, el hijo de Cristóbal “Colón” Sotomayor llegó finalmente a Puerto Rico, pero encontramos aún otro documento, ya fechado en 1528, en que tenemos una clara referencia a la amistad entre los Colón y los Sotomayor, también difícil de explicar:
“Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de La Española, para que hagan justicia a Juan de Espinosa, sobre cien indios que tenía encomendados por fray Nicolás de Ovando y dice que le quitó el Almirante Don Diego Colón injustamente para dárselos a un tal Sotomayor, su criado, y de cuyas pérdidas, aunque prometió descargarle, como vino a España y murió no lo llegó a hacer, con lo cual sufre gran agravio.”
Tenemos aquí a Diego Colón apoderándose de nada menos que un centenar de esclavos, que tanto escaseaban, en beneficio de un Sotomayor que ya tenía seiscientos. Casualidad. Advirtamos que, en aquellos tiempos, “criado” era todo aquel que estaba al servicio de otra persona, fuera cual fuese el cargo que ocupara. Así, por ejemplo, el propio Colón, almirante, virrey y gobernador, era criado de los reyes.
Pero volviendo al documento anterior, no conocemos la fecha del robo de los cien esclavos. Únicamente nos dicen que, tras esperar en vano la compensación prometida y viendo que el almirante Diego Colón ha fallecido, el bueno de Juan de Espinosa pide justicia. No teniendo noticia de otros Sotomayor en América por esas fechas (que en todo caso serían también familiares de Pedro Madruga, pues todas las personas que llevaban y llevan el apellido Sotomayor proceden de un único tronco familiar) sólo podemos suponer que se refiere al propio Cristóbal “Colón” Sotomayor cuando aún vivía. De cualquier forma tenemos aquí otra “casualidad” para sumar a todas las anteriores y a las que están por venir, que no son pocas. Ese favoritismo que muestra Diego Colón hacia un Sotomayor se parece sospechosamente a la posición que adoptaban los reyes cuando se trataba de beneficiar al hijo de Pedro Madruga en detrimento de otros con más derechos.
Tampoco acaban aquí, ni mucho menos, las relaciones entre miembros de ambas familias. En realidad, esto es solamente el principio de una larga amistad que duró siglos.