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ILDEFONSO
OLMEDO. Santo Domingo
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«PUZZLE» DE HUESOS.
Reconstrucción del esqueleto a partir de los restos
dominicanos y los hallados en la Cartuja en 1950
(atribuidos a Diego, el hermano). Según Carlos Dobal,
estos últimos son la mitad de la osamenta de Colón
que nunca viajó a La Española. |
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Así fue como dice que lo vio, translúcido y nítido a la vez:
caminaba erguido y con porte, como si la artrosis que tanto castigó
sus articulaciones hubiera desaparecido con los siglos y su quinto y
definitivo viaje al Nuevo Mundo, hecho ya como difunto y reducido a
huesos, le hubiera aliviado para siempre de sus males. Ataviado con
nobles galas, Cristóbal Colón recorría la nave central del templo
más antiguo de América, tierra que él siempre creyó las Indias.
La visión de José María Arquero Méndez, sacristán de la catedral de
Santo Domingo, fue la de un espectro. Todo estaba a punto para que
los restos que los dominicanos dicen del descubridor dejaran la
catedral caribeña y pasaran al mostrenco monumento (Faro a Colón)
erigido a su mayor gloria. Fue entonces, 1990, a poco del
conmemorativo V Centenario, cuando el sacristán tuvo delante al
mismísimo almirante. «Yo vi a Cristóbal Colón en espíritu.Caminaba
solemnemente por la catedral», susurra al visitante mientras indica
con el dedo el cuadro que, colgado en una capilla de la catedral,
representa la llegada a la isla de La Española (hoy República
Dominicana) de los restos de Colón procedentes de la Cartuja
sevillana, alrededor de 1540.
En España, esta semana don Cristóbal (o al menos lo que la Academia
de la Historia dice que son sus huesos) también ha salido de su
tumba en la catedral de Sevilla. Acompañado de su hijo Hernando (con
sepulcro, desde su muerte en 1539, en el mismo templo) y de su
hermano pequeño, Diego (exhumado en la fábrica de cerámicas Pickman,
aunque antes estuvo enterrado en la Cartuja), el navegante volvió al
lugar donde con los Reyes Católicos firmó las capitulaciones de
Santa Fe, prólogo de la aventura oceánica que ensanchó el mundo.
La cita, en tierras granadinas, volvió a ser con la Historia.Y con
la ciencia. Aunque esta vez hablarán sólo sus huesos (los exámenes
preliminares han dictaminado ya que son de tres varones mayores de
40 años). A través del ADN, el especialista en identificación
genética de cadáveres José Antonio Lorente y su equipo intentarán
decirnos lo que el propio navegante no quiso contar del todo en
vida: quién era realmente. También lo que los historiadores, tras
siglos de disputas, no han sabido aclarar: dónde está en verdad
enterrado, en Sevilla o en Santo Domingo.
¿O acaso está aquí y allá? Ésa es la teoría salomónica que sostiene
el académico dominicano de la Historia, ex embajador de su país ante
la Santa Sede, Carlos Dobal. El almirante habría sido partido en dos
en su tránsito postrero hacia las Indias, donde dejó dicho que
quería descansar eternamente. Y la mitad de su desnuda osamenta
quedó lapidada en secreto en la cripta de la capilla de Santa Ana,
en la Cartuja sevillana de las Cuevas.
Según la teoría del almirante demediado, que Carlos Dobal recoge en
un libro desconocido en esta orilla (¿Dónde están los huesos del
Almirante?), el verdadero esqueleto de Colón está en la República
Dominicana, pero sólo en su mitad. La otra es la que en España se
atribuye al hermano cura y nunca salió de la Cartuja. ¿Por qué?
El propio Dobal apunta varias posibles respuestas. Una: «Los restos
debían ser pocos para que cupieran en una caja pequeña, pues ésta
debía de ser embarcada en secreto y oculta, ya que de lo contrario,
por el miedo de la marinería a viajar con muertos, al primer mal
tiempo la arrojarían al mar». Dos: «La virreina [autorizada por el
emperador Carlos V a realizar el traslado de los Colón], por temor a
la pérdida de los restos de tan importantes personajes de su
familia, prefirió dejar parte de los huesos en España». Tres: «Fray
Gaspar Gorriccio, depositario de las joyas y documentos del
almirante y que había sido su gran confidente y capellán, no quería
desligar su monasterio de la familia Colón».Dice más en su tesis el
historiador Dobal. Cuenta cómo la virreina, al contratar pasaje a La
Española en 1544, sólo declara llevar 15 toneladas de ropa y 50
personas para las que se dispusieron dos cámaras de popa. No
aparecen en la carga las dos cajas con los huesos de los Colón.
A partir de una investigación sobre los huesos custodiados hoy en el
Faro a Colón de Santo Domingo y los encontrados en 1950 por Carlos
Serra y Pickman, marqués de San José de Serra, en la Cartuja de
Sevilla (atribuidos por lo general a Diego Colón, el hermano cura
del navegante), Dobal asegura haber reconstruido el esqueleto casi
completo del disputado Colón. ¿La cuadratura del círculo?
Cristóbal Colón (si genovés o hijo del Príncipe de Viana ya lo dirá
el ADN) había muerto en Valladolid el 20 de mayo de 1506.Tres años
después, sus restos -en su primer enterramiento fueron amortajados
con hábito franciscano- fueron trasladados a la Cartuja de Sevilla,
donde luego también encontraron sepultura su hermano pequeño Diego
(muerto en 1515) y su hijo mayor, Diego Colón Moniz (fallecido en
1526), quien le había sucedido en el almirantazgo, virreinato y
gobernación de las Indias. Fue la virreina María de Toledo, viuda de
Diego el hijo, quien logró en 1537 del emperador Carlos V la merced
de poder enterrar al almirante y a su esposo en la capilla mayor de
la catedral de Santo Domingo, lo que finalmente se llevó a cabo
alrededor de 1540. Y todo siguió así hasta que España, dos siglos
después, en 1795, cedió su parte de la isla a Francia. Entonces,
Colón volvió a ser exhumado y trasladado a Cuba, y de allí a Sevilla
cuando, en 1898, se perdió la colonia caribeña. Pero ni siquiera en
su mausoleo hispalense encontró paz eterna.
En 1877, cuando los dominicanos llevaban ya casi un siglo resignados
a la pérdida de las reliquias de Colón, unas obras en el altar mayor
de la catedral de Santo Domingo sacaron a la luz una urna funeraria
de plomo en cuyo interior se leía la inscripción: «Ilustre y
Esclarecido Varón Don Cristoval Colón». Para ellos enseguida estuvo
claro: los españoles se equivocaron en 1795 y se llevaron los restos
de Diego, el hijo. El gran almirante seguía en la isla, aunque una
bala de plomo aparecida entre sus restos tuviera difícil explicación
(Colón nunca fue herido por arma de fuego, ni las medidas del
proyectil eran de su época).
Desde entonces, la polémica sobre el lugar donde reposa Colón no
cesa. La teoría de Dobal riza aún más el rizo. Tras ver cómo en su
viaje a La Española la virreina no declaró llevar consigo los restos
de su esposo (Diego) y su ilustre suegro (Cristóbal), otra ausencia
le puso a cavilar. A los restos cadavéricos hallados por el marqués
sevillano en la que había sido capilla cartujana de los Colones les
faltaban los pies (lo que quedaba de la calavera desapareció luego,
tras ser llevada a analizar a la facultad de Medicina de Sevilla).
Conocía también Dobal las tesis del catedrático de Historia de la
Iglesia Manuel Giménez Fernández, quien había hecho suya la teoría
del citado marqués según la cual la osamenta de Colón nunca viajó a
La Española. ¿Y si eso era cierto a medias y los dos pies que sí
había entre los restos incompletos de Santo Domingo eran del
esqueleto de la Cartuja?
SUMA DE HUESOS
Decidido a encontrar en los huesos la respuesta, Carlos Dobal se
preocupó de reunir y comparar todos los exámenes practicados a las
osamentas de Santo Domingo (tres: en 1877, 1945 y 1959) y la Cartuja
(1950 y 1961). Número de huesos aparte (se complementan hasta dar
forma a un único esqueleto semicompleto), los expertos que los
habían analizado coincidían en que se correspondían, tanto unos como
otros, a despojos mortales de un varón de alrededor de 1,70 de
estatura, con un peso mayor a 60 kilos, de edad comprendida entre
los 60 y 70 años (Diego Colón, el hermano cura a quien se atribuyen
los huesos cartujanos, murió alrededor de los 47 años) y que había
padecido en vida artrosis (enfermedad que sufrió Colón, a quien un
historiador testigo directo de la conquista de América había
descrito así: «De buena estatura y aspecto más alto que mediano y de
recios miembros»).
En el puzzle de huesos de Dobal, reconoce él, hay cuatro piezas
(fragmentos de omoplato y peroné, una vértebra lumbar y la mitad de
la cabeza de un húmero) que aparentemente sobran. La explicación: un
posible error en el recuento más antiguo, que data de 1877.O, como
indica el propio Dobal, «los huesos suplementarios pueden ser sólo
fragmentos, o pertenecer al esqueleto de don Diego enterrado junto a
su padre y exhumado al mismo tiempo».
«Toda la teoría es preciosa», dice sin ir más allá el historiador
Marcial Castro, miembro del equipo de investigadores andaluces que,
capitaneados por el forense José Antonio Lorente, esta semana sacó
de sus tumbas los restos españoles de tres Colones (Cristóbal, su
hermano cura Diego y su hijo Hernando) para arrancarles del ADN sus
últimas, y quién sabe si definitivas, palabras. |