PERO ÁLVAREZ DE SOUTOMAIOR, I CONDE DE CAMINHA, ALTER EGO DE CRISTÓBAL COLÓN.
Estudiaba para clérigo cuando su medio hermano lo instituyó heredero universal, y le hallamos ya en posesión de sus bienes en 5 Jun 1471. Consiguió de Enrique IV el título de Primer Vizconde de Tuy desde 1473, mientras que el rey de Portugal Don Alonso V, le nombró conde de Camiña. En 8 May 1482, renunciaba al vizcondado de Tuy y a las usurpaciones llevadas a cabo en su obispado tanto por él como por su medio hermano y antecesor; testó en Portugal, en el pazo de San Mamed, a 10 Jan 1486, mandando se le dé sepultura en el templo de Santo Domingo de Pontevedra; deshereda a su hijo mayor Alvaro porque dice que le tenía fortaleza y casa de Sotomayor, siendo causa del desfallecimiento de sus estados y de su vida, mandando “se contente con cinco reales” por toda herencia; que su hijo Fernando herede la villa de Camiña, e instituye por herederos de lo remanente de sus bienes a sus hijos.

Castillo de Sotomayor - Pontevedra
En este mismo testamento, y además de numeroísimas mandas a sus pajes y escuderos, declara tener un hijo natural, llamado Pedro, y ordena se le dé cuanto necesite para criarse y educarse, dedicándole a la carrera eclesiástica. Del espíritu caballeroso de Hernán Yáñez da idea la forma en que se expresa con respecto a su hijo: [Ytem mando a Pedro de Sotomayor, mi fixo bastardo, que lo obe de una mujer que sabe bien su nombre, y quién ella es, Alfón García Dardán, mi escudero, y el dicho Rodrigo de Deza, mi sobrino, que le den al dicho mi fixo bastardo todas las cosas que menester obiera para se criar y con que de prenda en estudio porque es mi voluntad que sea fecho y se faga a bien y vista de Fray Esteban de Soutelo, maestro en Santa Teología, y del dicho Alfón García Dardán. Item mando que den a la madre de dicho Pedro mi fixo vastardo por el cargo que de ella tengo doscientos florines de oro y de la dicha ley y cuño de Aragón.] Parece ser que la madre de Pedro fue una doncella noble del linaje de los Vidal de Santiago.
“… Protegido por los Reyes de Portugal y de Castilla, casado con una rica hembra, investido por Enrique IV con su representación y amplios poderes para contener la arrogancia del Arzobispo de Santiago, como consta en la instrucción autógrafa dada por S.M. a Fernández Sardina, pudo don Pedro Madruga ser uno de los primeros personajes de su época y desempeñar altos y elevados cargos. Desde luego fue un gángster muy importante, como hoy, por ejemplo, lo son los grandes políticos norteamericanos, hombres decididos, valientes y con mínimos escrúpulos. Pero don Pero, como el Mariscal Pedro Pardo de Cela, son la genuina representación de aquella nobleza altiva y revoltosa, verdaderos simpáticos lobos, viviendo al día, ora poderosos, ora ocultos, indomables y fieros y poco legalistas. Si la Corona se oponía a sus deseos, luchaban contra ella y se quedaban tan satisfechos. Los labradores se alzaron contra los Señores, al mando de otro Señor, Alonso de Lanzós, contituyéndose en Hermandad en 1468.

Ciudad de Tui - Galicia .- Donde cursó sus primeros estudios. Ciudad que pertenecía al señorío de los Sotomayor.
Pero Alvarez de Sotomayor se retiró a Portugal, donde se casó, mientras alborotada el buen pueblo por la campiña gallega. Pero los Señores y el Arzobispo de Santiago, viendo que la situación era insostenible, llamaron a Sotomayor para que sofocase la rebelión.
Como era “muy mañoso e muy sotil e muy sabio en cosas de guerras”, según Vasco de Aponte, Per Alvarez derrotó a los villanos en el primer encuentro. Intentaron éstos cortarle el paso junto a Pontevedra para que no se reuniera con los Arzobispos, pero él vadó el Lérez aprovechando la marea baja, y “porque iba muy feroz, nadie se ponía delante”.
Unido a don Juan Pimentel, hermano del Conde de Benavente, venció a los de la Hermandad y les obligó a reconstruir las fortalezas que habían derribado. Pero pronto recomenzaron las discordias otra vez en Galicia, pues los señores amaban la guerra, hermosísimo ejercicio para un fijodalgo.
El belicioso Arzobispo Fonseca cercó la fortaleza de ALtamira de Lope de Moscoso, llamando éste en auxilio a sus deudos y amigos. Pero Sotomayor no acudía y era quien podía hacer levantar el cerco. Y cuando ya deseperaban de que llegase, amaneció éste con gran refuerzo, diciendo: “Parientes e amigos, a tales bodas como aquestas no era razón qeu se hicieran sin mí, vayamos a ellas y sea presto.”
Sufrieron las tropas del Prelado vergonzosa derrota y Fonseca tuvo que desfogar sus ansias de venganza con sus satisfechas concubinas. Pues Sotomayor vivo no había que pensar en el desquite.
Ciudad de Tui -Galicia.- Catedral
Por esta época fue cuando el Rey de Portugal otorgó a don Pedro, que era ya Vizconde de Tuy desde 25 de julio de 1473, el Condado de Camiña, haciéndole merced del Don, que usó siempre entonces.
Motivos tenía don ALonso V para querer congraciarse la buena voluntad de la nobleza gallega, pues a la muerte de Enrique IV de Castilla, casi todos se declararon por él, como prometido de doña Juana de Beltraneja, presunta hija del Monarca castellano. A la cabeza de este movimiento se puso do Pedro, a quien comenzaban a llamar Madruga, ya porque amanecía en un punto cuando había pernoctado en otro, ya “porque madrugaba mucho cuando facía sus cabalgadas”, como dice Aponto…” “… Don Pedro fue fiel al de Portugal siempre, aunque, claro está, barriendo para casa, y por eso aprovechó los disturbios producidos por la guerra entre los partidarios de la Beltraneja, apoyada por loslusos, y doña Isabel de Castilla, para apoderarse de la ciudad de Tuy. Para procurarse armas, recurría a mil ardiles, como el que se relata en una cónica que hallamos en el archivo de los Duques de la Roca (Archivo de los Duques de la Roca, Casa de Sotomayor, legajo 19, número 41). En él relata cómo “la causa por donde se lebantó fue que ha venido a protar a la ría de Vigo, cerca de (Casa de Don Pero), una nave de unos germnaos que trahían 180 mosquetes o arcabuces, y él pidió se los vendiesen y ellos no quisieron, y usó de un disfraz para hurtárselos, que es le siguiente: Mandó en la playa de igo hacer unas fiestas en que con danzas de espadas desnudas y corriendo patos salieron los germanos a ver la dicha fiestas, y después que fueron en tierra todos con barcos qeu tenía, mandó disimuladamente a un Capitán suyo, llamado Pedro Veloso, natural de Bayona, y cogió las dichas armas, y con ellas hizo grandes locuras”. Estas locuras fueron que en menos de dos años se apoderó de Bayona, y Monte del Buey, que eran de la Corona, y de Pontevedra, Padrón, Redondela, Vigo y Caldas, qeu eran del Arzobispo de Santiago.
Tomó el castillo de Sobroso a García Sarmiento, enemigo declarado de su linaje, y guarneciendo bien sus posesiones, incluso, según algunos, se proclamó Rey de Galicia, hipótesis poco plausible, pues Madruga era práctico e inteligente y sensato en medio de su belicosidad.
Este estado de cosas decidió a los Reyes Católicos a mandar una flota para poner Galicia en orden. Por promesas y medio a los Monarcas, muchos caballeros abandonaro al fiero Sotomayor. Le traicionó hasta su viejo conmilitón el Conde de Altamira, Lope de Moscoso, a quien más de una vez salvó la vida. Dos años mantuvo don Pedro sus plazas fuertes, y por su parte, encerrado en Pontevedra, resistió el asedio, haciendo frecuentes salidas para abastecer la plaza. Dos veces tuvieron los de la Reina Isabel que levantar el cerco, sacando “poca honra de todo esto”. Trataron de asesinarle, pero Madruga les “madrugó” siempre.
Los caballeros adictos a los Reyes Católicos, si bien no seguían ya la bandera de don Pedro de Sotomayor, no eran tan maleables como suponían el Conde de Benavente y don Ladrón de Guevara, agentes de los Monarcas. Así es que en los períodos de tregua estaban en inteligencia con Madruga; esto fue lo que le perdió, pues yendo a visitar a Lope Sánchez de Moscoso, fue preso por el Conde de Benavente, que no admitió ni los rehenes ni el dinero qeu ofreció por su rescate.
Para evitar que forzaran por las armas su rescate, Benavente le llevó a Orense. Pero nadie le ayudó, a él, que tan leal había sido con sus amigos. “En verdad, dice Aponte, lo juro, que si el Conde de Camiña estuviera suelto y viera ir preso a cualquiera de los señores que había en Galicia por la tierra que lo llevaron a él preso, que lo librare y tomara aunque el Conde de Benavente lo llevara con dos tanto de gente.”
Un amigo muy leal y muy poderoso quedábale, sin embargo, al Conde de Camiña. Era éste el Rey de Portugal, que, teniendo en su poder a dos caballeros muy principales de Castilla, ofreció su libertad a cambio de la de don Pedro.
Después de un año de cautiverio, salió de su prisión el Vizconde de Tuy, hallando al Arzobispo dueño de Vigo y Pontevedra; a Guevara, apoderado de Bayona, y no contando por suyas más que Salvatierra, Sotomayor y Fornelos. En una montaña frente a Sotomayor había edificado el Arzobispo Fonseca un fuerte que dominaba el castillo y dos torres guardaban la entrada del puente de Sampayo. Las represalias que ejerció el de Tuy fueron feroces. Ora vencedor, ora oculto o viviendo disfrazado entre sus enemigos cuando éstos lo creían más distante, los senderos de la montaña, las asperezas del suelo servían sus planes. Recobró varias plazas, y pretendiendo a García Sarmiento, puso nuevamente cerco a la fortaleza de Sobroso, que jamás se rindió, originando esta singular resistencia de una plaza cuyo señor padecía estrecho cautiverio, innumerables fábulas y leyendas. Defendía el castillo, según Aponte, Lope de Avalle, cuñado de García Sarmiento.
El Conde de Camiña extendió un repostero a las puertas de la fortaleza; puso sobre él a García Sarmiento: “¿Veis a nuestro Señor?”, les decía; “Si no me dais la casa, cortarle he la cabeza”. “¡Ah!, fidalgos, exclamaba Sarmiento, dade esa casa y no moriré.”
Esta operación se repitió varias veces, y el tozudo defensor del castillo respondía siempre con fiereza: “Bien lo podéis matar, pero aquí no entraréis.” Sin embargo, Camiña no llevó a cabo su amenaza. Según Zurita, por esta época Pedro Alvarez de Sotomayor disponía de 300 lanzas y 5.000 peones. Interrogado por algunos sobre cuál era su objeto al destruir tanta fortaleza y dejar sin aparo a más de una noble familia, solía contestar con arrogancia: “En Galicia, con mi casa de Sotomayor queda bastante.”
Necesitando subsidios y haciendo ya largo tiempo que nada cobraba por la ciudad de Tuy, resolvió Madruga apoderarse de su Prelado, do Diego de Muros, y aprovechado la coyuntura de haberse éste trasladado a Bayona por motivos de salud, lo hizo prender su Capitán Pedro Veloso, que ya conocemos. La indignación del Cabildo de Tuy se traduce por un documento en el cual dicho Cabildo acuerda “que nunca ningún descendiente de Veloso, Capitán del Conde de Camiña, pudiese tener bienes en la dicha iglesia, y sobre esto hicieron todos juramento poniendo las manos sobre el pecho”.
Entretanto, do Pedro no soltaba al Obispo, llevándolo en su retaguardia y tratándolo muy mal de palabra y de obra. Los escasos amigos de Madruga no cesaban de aconsejarle que se deshiciese del Prelado, metiéndolo en una mazmorra, o que le retableciese en su sede contoda clase de honores, pues era vengativo el de Muros. Y más duramente se expresaba aún Suero Gómez de Sotomayor, que decía a Madruga: “Señor primo, haced de dos una, o tomad a este Obispo y ponedle a la Seu de Tuy tan honradamente como nunca trujeron Obispo y despedid de vuestro servicio quantos le prendieron o tomadlo y echadlo en un pozo, porque los Mortos no saben falar a este Obispo es muy falsa besta” (Vasco de Aponte, Manuscrito “Linajes de Galicia, folio 188 v.) No eschuchó a nadie Madruga, y no soltó a don Diego de Muros hasta que éste se resolvió a ceder pechándole algo. Setecientos mil maravedís costó al Obispo su rescate, lo cual ocasionó el dicho que se atribuye al Comendador Saldaña, refiriéndose a la curación de este prelado durante su andariego cautiverio, “que lo mismo daba haber pagado por ella a don Pedro de Sotomayor qu a un físico cualquiera”.
Habiendo los Reyes Católicos ordenado que se persiguiera a los malhechores que asolaban el reino de Galicia, don Pedro hizo correr la voz de que él defendería a cuantos se acogiesen a su persona o tomaran su servicio. Pero como, por lo visto, no fue el único que los protegió, abierta o encubiertamente, enviaron los Reyes a don Fernando de Acuña, nombrándole Virrey y ordenándole que pacificase el reino, usando del mayor rigor para acabar de una vez con los desórdenes de aquel rincón de España.
La primera persona con quien tuvo que habérselas el Virrey fue con don Alonso de Fonseca, Arzobispo de Santiago, que, acostumbrado a tomarse la justicia por su mano, quiso impedirle qu entrase en Santiago. Don Pedro Alvarez de Sotomayor, al ver el giro que adquirían las cosas, sobre todo desde la prisión del Obispo de Tuy, había mandado a su doña Teresa de Tavora a la Corte para que tratara de sincerrarle cerca de los Reyes y explicase las extravagancias de su conducta. Muerto el Conde de Lemos, que siempre le había protegido, no quedando definitivamente por suyas más fortalezas que Salvatierra, Sotomayor y Fornelos, sitiado en esta última por varios señores, entre los que se hallaban Lope de Avalle y su hermano, García Sarmiento y Lope de de Montenegro, todos encarnizados enemigos suyos, viendo el ejemplo de la suerte cabida al Mariscal Pedro Pardo de Cela, ajusticiado en Burgos, resolvió don Pedro trasladarse en persona a Salamanca, pues las gestiones de doña Teresa ante los Reyes no daban resultado.
Esta señora, considerando perdida la causa de su marido, pidió a los Reyes que dejaran disfrutar de los bienes de la casa a su hijo don Alvaro, lo cual le fue concedido sin duda, porque don Alvaro, aún mozo, no habfa tomado parte en las conspiraciones y revueltas qeu trastornaban a la nobleza gallega, salvando de ese modo los estados de Sotomayor de una confiscación que parecía inevitable.
Requirió don Alvaro a su padre para que le diera posesión de las fortalezas, y don Pedro recibió a la gente de curia amenazándola “con romperles un palo en la cabeza”. Entonces don Alvaro, siguiendo las secretas instrucciones de su madre, que veía a su marido perdido y quería, por lo menos, salvar la legítima de sus hijos, usó de un ardid para penetrar disfrazado en la fortaleza de Sotomayor, plaza que creía inexpugnable, y una vez de ella, se dio a conocer a sus criados, descubriéndoles el gran favor recibido de los Reyes. Obedecieron éstos, unos por su grado y otros a la fuerza, y encolerizado Madruga, fue a pedir socorro al Conde de Altamira. Prometióle éste cuanto quiso, pero recibió de la Corte orden de estarse quedo y de dejar que los acontecimientos siguieran el curso que habían tomado.
Antes de trasladarse a Salamanca, el Conde de Camiña hizo un testamento (de fecha 10 de enero de 1486), en el cual deshereda a don Alvaro y “le manda que se contente con cinco reales, por haber sido desobediente, haberse levantado contra él, haberle tomado la fortaleza y casa de Sotomayor, ser causa del desfallecimiento de sus estados, apocamiento de su vida y causa de su muerte”.(En otro testamento, otorgado mucho antes en Tuy, ante Suero Pérez, el 15 de Diciembre de 1476, se titula Conde de Camiña, Vizconde de Tuy, Mariscal de Bayona, y de esos títulos hace mayorazgo en su hijo Alvaro. Nombra por hijos a Diego, Alfonso, Mayor y Constanza) Los parientes de Madruga tenía en la Corte veían mal remedio a estos sucesos, y aunque el Duque de Alba habló en favor suyo a los Reyes, no pudo conseguir nada de ellos. Esta y otras causas motivaron que, abatido por la adversidad, abandonado por aquellos a quienes tanto favoreciera, soportando mal desdenes, y no pudiéndose resolver a humillar la cabeza para suplicar, él, que acostumbraba a imponer sus voluntades, manteniéndolas con la fuerza de las armas, aniano, achacoso y enfermo, falleció don Pedro Alvarez de Sotomayor en el monasterio en que se hospedaba en Alba de Tormes, lejos e su país natal, de aquellas montañas de Galicia cuyas asperezas se amoldaban mejor a la noble altivez de su carácter. Muchos han querido atribuir esta muerte a la justicia de los Reyes Católicos, que, según algunos cronistas, le mandaron dar garrote en el propio monasterio que le servía de asilo; pero no es admisible esta versión, pues no faltaban otros medios menos rastreros para deshacerse del Conde de Camiña, y es más de suponer que el caudillo audaz, el águila salvaje, rotas las alas y cortadas las garras, no pudiera sobrevivir al rigor de su desgracia.”
El Conde de Camiña fue un título creado por Don Alfonso V, Rey de Portugal por carta de 5 de Julio de 1476 a favor de Pedro Alvarez de Sotomayor




